Archivo mensual: septiembre 2016

Corrupción sobrevalorada

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Encapirotados de Goya.

Por la atención que concedemos a la corrupción se diría que la Colombia de Pablo Escobar, al lado de la España de Mariano Rajoy, era un convento jansenista. No es que eso que don Mariano llama «ruido» o «martilleo» carezca de toda gravedad, ni que por lo demás no esté siendo juzgado con tanto escrúpulo como transparencia; es que la alarma que alcanza cada hito procesal de Taula, Púnica, Gürtel o ERE no se corresponde con las proporciones reales de la lacra. Los casos en tela de juicio informan de un pasado cleptocrático, sí, pero pasado, mientras el presente político del país aplaza desafíos infinitamente más relevantes, el primero de ellos un pintoresco bloqueo decimonónico que tiene a Moscovici jurando en belga y al general Pavía revolviéndose en su tumba. El hecho es que la corrupción está sobrevalorada y creo saber por qué.

A los medios nos gusta una buena hoguera lo que a un tonto una tiza. Sin el queroseno del corrupto diario me dirá usted cómo alimentamos la tertulia con un mínimo de audiencia. El negocio es redondo: el periodista cumple su orgullosa función de contrapoder y el público ve masajeado el órgano de su indignación, que en el español siempre está empinado. A ti, noble ciudadano, te arde la hemoglobina democrática cuando ves a Rita o a Chaves en el cepo catódico, pero eso no va a convencerte de que dejes de pedir 200.000 euros en A y 100.000 en B al próximo interesado que llame preguntando por ese piso remozado que has puesto a la venta en Idealista. Y luego que si políticos chorizos. Por el camino, se ha hundido el prestigio de la democracia representativa. Personalmente, cuando me sirven en la mesa de debate una paella de pícaros valencianos o un gazpacho de malversadores andaluces me atrapa un silencio angustioso. No se me ocurre qué añadir al proceso judicial del que toque opinar, más allá de pedir muchas dimisiones. Será porque nunca sentí la llamada del periodismo de investigación.

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16 septiembre, 2016 · 10:26

Decimos que llueve

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Sobre mojado.

A veces llega la lluvia a mojar problemas resecos con el fin de que florezcan como si fuesen nuevos. Es el otoño húmedo de lo penal que en el PP riega el abono de la corrupción. Matas, Bárcenas, Barberá, De Guindos, cada uno en su laberinto de muy distinto reproche, buscando el modo de salir vivos del fin del verano como sale vivo ahora el toro de Tordesillas, quizá sin tanta fortuna. A veces la lluvia refresca cainismos aplazados con el fin de sustituir a la gente por el bando. Es la pelea cismática de Podemos, cuyos partisanos han madurado tan rápido que ya miden lo mismo que la endogamia de sus mayores. A veces llueve también sobre el búnker de Ferraz, impermeable aún a razones que repiquetean monótonas sobre el amianto mental de un líder acartonado. Este aguacero nos trae el recuerdo de su muerte política, aunque no será en París. Y llueve sobre el centro, que más no puede mojarse, y cae sobre Cataluña y Esukadi un ácido granizo identitario.

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14 septiembre, 2016 · 12:01

Viaje al paraíso perdido del PSE

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El horno «María Ángeles», en Sestao.

El Puente Colgante de Portugalete lleva desde 1893 salvando las distancias que se dirían insalvables. Las que guarda la Vizcaya obrera con el París de Eiffel, por ejemplo, en ese punto grácil y metálico donde la ingeniería linda con el arte. Pero ese puente y alguno más han servido sobre todo para coser las orillas del Nervión, cuya ría aún marca una distancia tan geográfica como sociológica, tan económica como mental.

Durante décadas las mujeres de los barrios proletarios que trepan por las colinas de la Margen Izquierda cruzaban la ría al amanecer para servir en las señoriales casas de la burguesía. Eso hacía cada mañana la madre de Nicolás Redondo Terreros cuando su padre, Nicolás Redondo Urbieta, perdió su puesto de trabajo en el naval por absentismo: le fue imposible presentarse en la fábrica básicamente porque estaba preso. En 1972 tenía un precio participar en una protesta sindical. Pero Redondo Urbieta acabaría saliendo de la cárcel, implantando el socialismo por toda España desde su cuna vizcaína, liderando la UGT entre 1976 y 1994, haciendo a Felipe secretario general en Suresnes y ejerciendo para los restos de conciencia incómoda (por insobornable) de la izquierda cuando el Gobierno socialista se desviaba de sus principios fundacionales.

«Culpan a Zapatero, pero todo empezó cuando Felipe dijo que prefería un precario a un parado. También el posibilismo debe graduarse. Ahora nos hemos convertido en un partido banal y los adversarios no están en la derecha: salen de nuestro seno. Aunque Podemos es decepcionante: se ha pasado a la coña esa del derecho de autodeterminación», se enfada don Nicolás en su piso de Portugalete, cuya modestia desmiente -entre otras condecoraciones- la Legión de Honor que cuelga de la pared. «Hemos renunciado a nuestro ideario. ¿A beneficio de quién se creó este partido? ¡Las Casas del Pueblo no son sólo para tomar vinos!». Es la acritud de un padre que quiere lo mejor para su hijo descarriado. La coherencia radical de Redondo Urbieta -«los políticos ya no viven donde vivían y como vivían. Parecen hechos a troquel»- remite a un tiempo en que el liderazgo político no estaba disociado de la exigencia moral, de la vocación abnegada.

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13 septiembre, 2016 · 9:59

Otro burro podrido

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Abajo a la derecha, burro diado.

Escribir del tabarrón catalán se parece mucho a pintar otro burro podrido de Dalí. La primera Diada indepe, como el primer asno putrefacto, producía un cierto efecto en el espectador, no lo vamos a negar. Aquellas cadenas, aquellas uves, aquel kitsch coreano. Pero cuando la excentricidad se vuelve normativa, el cuadro deja de ser surreal y desciende a tedioso costumbrismo. Hasta los portaestandartes más adictos se aburren de verse la jeta otro septiembre con la estrellada sudorosa en una mano y el DNI español en el bolsillo. El año menos pensado te ponen la calçotada o el torneo del niño el día 11 y acabas traicionando la construcción de la patria.

Yo soy muy consciente de que los promotores del Procés persiguen la expropiación de la soberanía y la acotación de la solidaridad, y que se trata por tanto de un proyecto perverso. Pero a uno, como ocurre con tantas cosas dalinianas, le cuesta tomarse en serio la performance si repasa la talla de sus adalides, de Gabriel Rufián, el diputado que profesionalizó la dislalia, a Marc Crosas, futbolista gerundense del Tenerife según el cual hay muchos jugadores independentistas que no lo confiesan «por pereza». Sabemos que Romanones y Alcalá-Zamora acordaron la marcha del Rey y el advenimiento de la II República en el piso de Marañón (Serrano 43), pero yo no veo a Junqueras firmando la secesión con De Guindos en El Prat, y mucho menos a Puigdemont y a Laporta saliendo al balcón de la masía de Rahola a proclamar: «¡Al loro, que somos independientes!». Y no lo harán -como argumenta el centrocampista Crosas- mayormente por pereza.

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12 septiembre, 2016 · 12:05

Pax Zidania

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El yin y el yang.

Confieso que me senté a ver el derbi de Manchester con espíritu olímpico, o sea, creyéndome por encima de la rivalidad MouPep que tanta satisfacción me dio en los días felices de la trinchera. Pero fue verlos saludarse y una pulsión reptiliana que creía extinguida comenzó a moverse desde lo hondo de su cueva primordial. A los 15 minutos ya estaba agarrado a la botella, y para cuando el maldito árbitro pitó el descanso me había partido tres uñas contra el reposabrazos y proyectado un par de denuncias ante el TC.

Mi yo racional diría que Pep impuso su juego el tiempo suficiente para que la reacción honorable y visceral de los de Mou equilibrase el partido. Pero un juicio tan ecuménico palidece frente al apasionamiento que todavía desencadena el choque entre estos dos profetas de nuestra era. Con toda humildad, dejo consignada la involuntaria terquedad de mi mourinhismo, solo aliviada por una simétrica prevalencia del antimourinhismo que ni los comentaristas de Movistar acertaban a reprimir. En alguna capa profunda de la psique colectiva nos seguimos rigiendo por la dialéctica Guardiola-Mourinho, quizá por la misma razón por la que los niños recuerdan mejor los crímenes del Antiguo Testamento que los perdones del Nuevo.

Vayamos con la Pax Zidania, esos 15 partidos consecutivos que el Madrid no ganaba en Liga desde Muñoz. Cristiano salió, recibió y marcó. Y fue sustituido en el 65 por Karim, que aprovechó para entrenar disparos al larguero. ¿Muestra Zidane intenciones de dosificar a CR o solo se preocupa de su lesión? La bolsa de hielo sobre la santa rodilla argüía lo segundo.

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11 septiembre, 2016 · 13:08

Teatro pánico en Ferraz

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Arrabal, en chino.

Se abre el telón y vemos al galán, interpretado por el actor madrileño Sánchez Pérez, cortejando siglas -unas más monjiles, más lúbricas otras-, que en todo caso se prestan de buena gana a la comedia. La obra nos suena, la estrenaron en primavera y la reponen ahora no bajo demanda del público sino a causa de la cicatería de los programadores, la escueta imaginación de los guionistas y la convalecencia del divo más veterano del escalafón, gallego de origen y de ejercicio. Nuestro Tenorio se esmera, declama con énfasis ayudado por el timbre cavernoso de su voz, pero no logra pactar con el espectador la suspensión de su incredulidad. Es una farsa y todos lo saben. El más consciente de que pisa tablas y no suelo es el mismo protagonista, lo cual garantiza el anunciado fracaso del reestreno.

Claro que quizá no se trate de una simple opereta. Quizá se trate de una pieza de teatro pánico, ese que debe morir en el momento exacto de nacer. Porque las evoluciones de Sánchez están sentenciadas desde el instante de su concepción ideológica, que es un aborto, y continúan sentenciadas sobre la mesa de operaciones aritméticas, que es una aporía. Así que quizá Sánchez sea un antihéroe de Arrabal, un emperador de Asiria desdoblado en arquitecto de su propia soledad.

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9 septiembre, 2016 · 10:57

El fútbol (no) es así

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Boda argentina por el rito maradoniano.

El antropólogo Manuel Mandianes es enviado por él mismo al planeta fútbol como un etnógrafo a una tribu remota, y desde el centro de aquella jungla envía este informe pericial que retrata al deporte rey como aquello en lo que ya se ha convertido: la primera expresión antropológica de nuestro tiempo. La genuina religión de las sociedades secularizadas y hedonistas. La actualización solo en apariencia trivial de la frase de Carlyle según la cual toda comunidad humana se funda sobre el culto a sus héroes.

Más que un ensayo, este libro es un curioso estudio académico, escrito con el tono técnico de un científico del CSIC, que analiza los diferentes aspectos del fútbol -del entramado industrial al impacto mediático, del comportamiento de los jugadores al de los hinchas- como si Mandianes jamás hubiera oído hablar de semejante fenómeno. El asombro estratégico que adopta el autor ante algo tan abrumadoramente invasivo y cotidiano causa asombro a su vez en el lector, pero ayuda a desautomatizar las muchas verdades que tenemos interiorizadas sobre el fútbol, que ya no sabemos si sigue siendo la más importante de las cosas sin importancia o algo mucho más importante que una cuestión de vida o muerte, como sugería Shankly.

Mandianes acierta al presentar este juego global como la expresión religiosa más rica de nuestro tiempo, insistiendo en lo que tiene de rito y de fe para proporcionar un sentido de pertenencia a los hijos de la fragmentariedad posmoderna, en la cual la producción de sentido existencial ya no se confía a los fundamentos sino a los acontecimientos. Acontecimientos tales como un partido de fútbol. Se sirve para ello de un estilo poco elaborado, arrítmico, pautado por recortes de prensa cuya actualidad ha caducado aunque no su valor documental; pero ya hemos dicho que el autor no ha querido escribir un ensayo, sino un informe casi despersonalizado, sin juicios de valor. Se conduce como un Lévi-Strauss en un estadio.

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7 septiembre, 2016 · 12:32

Rajoy: haberlo, haylo

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«Con dinero y sin dinero, hago sieeempre lo que quiero…»

De Rajoy dicen algunos lo mismo que de las meigas: haberlo, haylo. Otros -quizá por darse importancia- afirman que lo vieron una vez, y juran que se movía como un hombre, y que hablaba un idioma muy parecido al castellano. Los más audaces sentencian que en realidad no existió nunca, y que convendría dar crédito de charlatanes a los visionarios que lo han situado últimamente en la China popular.

A mi juicio de aficionado a la marianología, que es una rama de la ufología, lo más probable es que Mariano Rajoy sea una criatura de Cunqueiro, para quien el gallego era un pueblo ahistórico que no guarda memoria de los hechos sino de las leyendas, razón de su rica tradición oral. A los gallegos, sostenía, les aburre la historia y en cuanto pueden la sustituyen por la fantasía, por no hablar de lo que hacen con las promesas electorales. Don Mariano, como el sochantre de Cunqueiro, cuenta con que nada de lo que haga o diga será entendido exactamente como sucedió, sino fabulado por cronistas hiperbólicos, debatido por hechiceros de tertulia y más pronto que tarde condenado al lluvioso olvido. Por eso ni se afana en conferir verosimilitud a sus compromisos.

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5 septiembre, 2016 · 11:33