Archivo de la etiqueta: liquidez sanchista

La piedra de los fracasos

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Escollos maxilares.

El problema es usted, señor Sánchez. Su Persona. Federico siempre me dice que no, que el problema es el PSOE mismo, pero yo creo que Page no hubiera hecho esa moción de censura. Ni la cumbre de Pedralbes. Ni habría legitimado a Bildu. Ni demonizado a Cs. El PSOE padeció a Zapatero, pero aún dio a Javier Fernández. Hoy el escollo de España, la piedra en la que España tropieza una y otra vez desde 2016, se llama Pedro. Y sobre su jeta de feldespato, donde la crispación mandibular esculpe abdominales fuera de sitio en las fotos de perfil, se levanta la iglesia sanchista, secta de Estado entregada al apostolado de la discordia. O usted o el caos.

Qué envejecido se le vio en la investidura, señor Sánchez. Qué meteórico deterioro. Una cana por cada no, una arruga por cada alarde de resistencia. Y de fondo el murmullo secreto del motor que le mueve: la revancha. Tachar cada noche otro palito en la pared de Moncloa y clavar otro alfiler en el muñeco vudú de los que decían que no valía. Cómo se parecían el jueves sus ojos vidriosos a los de aquel octubre en Ferraz.

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27 julio, 2019 · 14:19

Pedro Frankenstein de Beukelaer

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El Pensador.

Había una vez un apuesto candidato que quería ser príncipe, pero solo podía serlo besando unos sapos muy feos de color amarillo y morado. Así que los besó, y todos en el reino le vieron besarlos, y él sentía vergüenza de haberlos besado. Pero como ya era el príncipe, lanzó desde palacio una campaña contra una plaga de sapos más feos que los suyos, de un verde intenso, y el pueblo tuvo miedo y creyó la versión de palacio, aunque su inquilino seguía necesitando a sus sapos para reinar. El príncipe viajó por Europa, donde odian a los batracios, y decidió que él era un europeo demasiado guapo para depender de ningún sapo, así que hizo un discurso de investidura destinado a “hombres y mujeres libres e iguales en armonía con la naturaleza”. Pero entonces los sapos amarillos y morados que le habían llevado a palacio se sintieron repudiados y dolidos. Y ahora todo el reino aguarda el final del cuento: no se sabe si el príncipe tendrá que volver a comerse sus sapos o provocará elecciones para que el pueblo le reconozca como príncipe absoluto, cosa que es muy difícil porque el sapo verde ya no da tanto miedo como antes.

Pedro Sánchez nos ha contado un cuento de investidura tan fantasioso que las taquígrafas de las Cortes iban ruborizándose al transcribirlo. Rubalcaba, que era científico, aportó la taxonomía precisa del engendro –Frankenstein-, pero Iván Redondo, que es guionista de ficción, se empeña en vendernos al Príncipe de Beukalaer. ¿Cómo se pasa del verde monstruoso al rubio angelical? Pues negando la realidad como los niños: tapándose la cabeza con la manta para no ver al elefante morado en la habitación. Eso ha sido el discurso de Sánchez. Un acarreo de solemnidad plúmbea, clamorosas omisiones -¿Cataluña? ¿No está eso debajo del país de Emmanuel?-, estomagante cursilería y propuestas legislativas muy por encima de sus posibilidades parlamentarias. Tengo anotadas una Ley de Startups, un Estatuto del Trabajador y la Trabajadora, un Estatuto del Artista (y la Artista), una Ley de Igualdad de Trato (esta vez no de Trata), un reconocimiento del Derecho a Jugar de los Niños, otro del Derecho a Respirar Aire Limpio, una ¡Ley de Plásticos de Un Solo Uso! y hasta una Ley de Libertad de Conciencia. Que jurídicamente es algo así como una normativa de Respiración Espontánea. Todo ello en medio de amargos lamentos por “tres años de bloqueo político”, expresión que en boca del padre de todos los noes motivó el respingo de Pablo Casado, que se giró asombrado hacia Teodoro García Egea para luego abstenerse de verbalizar la fascinante desvergüenza del hombre que va a gobernarnos.

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22 julio, 2019 · 17:13

Carta franca a Pablo Iglesias

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Enemigos íntimos.

Está usted ganándose mi respeto, se lo confieso. Toda persona que ofrece resistencia al sanchismo se lo gana, igual que todo lacayo de su inescrupuloso poder, sea político o periodista, lo pierde completamente. Usted sabía que pronto iba a ocupar el lugar de Rivera en la máquina de picar carne del Estado que Sánchez ha poblado de sicofantes a sueldo, pues Sánchez sabe, como lo sabía Michael Corleone, que la lealtad de sus hombres -y mujeres- depende exclusivamente de que estén bien pagados. De su carisma humano o su magnetismo intelectual no se fía, y hace bien. Nadie sigue a un maniquí, a menos que el maniquí reparta nóminas.

Le están cocinando a fuego lento, señor Iglesias. No es que Podemos no intente también utilizar en su favor a los medios, pero usted no puede competir con la maquinaria de Moncloa. No descarte tampoco un trabajito de las cloacas, vista la catadura del tal Marlaska. Y sin embargo la estoica contención que está usted demostrando -y que para mí quisiera cuando contemplo el aceitoso cierre de filas de la sauna sanchista- le está permitiendo ganar la batalla de la imagen. Su posición es particularmente interesante porque usted, a diferencia de Sánchez, sí es de izquierdas, y sabe que en España la izquierda decide el relato desde la muerte de Franco. Ahora bien, el monopolio del guion lo ha ostentado siempre el PSOE. Y como buen partido sistémico, el PSOE no admite competencia en el negocio. Así que ahora la opinión pública zurda tiene que elegir entre la coherencia o el poder. Entre Podemos o PSOE.

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15 julio, 2019 · 14:01

Ahora vas y lo invistes

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Maestro y discípulo.

Todos los estudiosos del sanchismo sabemos que el sanchismo no es una categoría fija. Puesto que Sánchez es un significante vacío, un donut de ambición -la nada contorneada por el azúcar-, sus movimientos se acomodan a la mudanza de las circunstancias; lo único importante es que el maniquí se almacene cada noche en La Moncloa. En estos momentos, por ejemplo, el sanchismo es una mezcla de la abulia de Rajoy y el cinismo de Zapatero.

Del primero ha adoptado la renuncia al trabajoso deber de gobernar, que se ha puesto imposible desde que hay tanto partido pidiendo cosas, así que se conforma con durar en funciones y prorrogar el último presupuesto de Montoro, a quien tengo pendiente preguntar qué se siente gobernando España después de muerto. De Zapatero hereda Sánchez el desprecio a la concordia del 78 camuflado de diálogo sonriente. Hace falta tener un estómago de hierro para sonreír como sonríe Zapatero tragando lo que traga Zapatero. El mismo que se reunió con Otegi en septiembre para recordar con nostalgia aquellas negociaciones de caserío; el mismo que aceptó incluir en ellas la baza de Navarra; el mismo que arruinó el país, después arruinó su credibilidad y ahora está terminando de arruinar Venezuela, todo sin dejar de sonreír. Uno escruta los ojos de Zapatero, esa glauca fijeza almohadillada de insomnio, y recuerda la sentencia en bronce de Pla: “Cuando les das el poder a los virtuosos, todo el mundo se muere de hambre».

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26 junio, 2019 · 11:08

Entrevista falsa a Rivera

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Resistente.

Albert Rivera lleva días confinado dentro de un reactor nuclear. Sobrevive de momento a la radiación, pero Sánchez confía en achicharrarlo un poco más antes de relevarle en otro Chernóbil: el de una legislatura dependiente de Podemos y ERC. ¿Siente la presión, señor Rivera? Bueno, mi carrera es una historia de resistencia a la presión. ¿Pero no se ha bunquerizado en una posición que la opinión pública no entiende? Yo no conozco a la opinión pública nada más que cuando abro las urnas. ¿No conoce a Francesc de Carreras? Mucho. Pero con Cs empezó a equivocarse al poco de su fundación, y desde entonces no ha parado. ¿No nació Cs para dar estabilidad al bipartidismo? El PSOE nació para ayudar a los obreros y hoy es el partido preferido del Ibex y aliado de la burguesía soberanista vasca y catalana. A mí me votaron para oponerme a Sánchez, no para hacerle presidente. ¿Pero no cree que un Gobierno de PSOE y Cs sería bueno para España? Lo sería, claro, peroal frente del PSOE ahora hay un tipo tan interesado en cogobernar con Cs como yo en pactar con Otegi. Otra cosa es que su orwelliano aparato de propaganda difunda que se muere por moderarse mientras entrega Navarra y Baleares al nacionalismo. Sánchez es Sánchez. Y es irremediable.

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24 junio, 2019 · 10:15

Los guisantes de Vox

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Otro político.

El gallinero no es el lugar que Vox merece en el hemiciclo no ya por su número de escaños sino de horas de conversación pública. Vox ha recuperado el foco perdido tras el pinchazo electoral gracias a los tiernos desvelos de la izquierda, que necesita que la amenaza inverosímil de Vox sea creíble para que la amenaza inminente de Frankenstein II sea excusable. Por eso comete un error Adriana Lastra enviando al gallinero a la sigla de cuya presencia intimidante depende, por contraste, la inmunidad mediática del sanchismo. Me lo explicó una dirigente del PP cuando Podemos irrumpió en las Cortes y el primer impulso de la Mesa fue mandarlos al gallinero: “¡Pero si lo que nos interesa es que se les vea!”. Fue así como Pablo Iglesias y compañía fueron recolocados en lugar mas céntrico. Tania, Errejón o Bescansa perderían visibilidad más tarde, pero eso ya fue un asunto de familia.

A medida que el discurso de Abascal, Espinosa o Monasterio se modera -solo un tramposo negará que ya no dicen las mismas cosas que en campaña-, redoblan sus relatos apocalípticos las brigadas sanchistas de la opinión. En Andalucía han brindado dos años de estabilidad al Gobierno de PP y Cs sin que se pueda señalar a cambio una sola imposición reaccionaria. A la factoría argumental de Moncloa, sin embargo, le bastan las fotos y le sobran los hechos, razón de que invente que PP y Cs se están radicalizando cuando lo cierto es que Vox acaba de aceptar un aumento de gasto en las partidas de lucha contra la violencia machista, veletismo de madurez que solo cabe aplaudir.

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17 junio, 2019 · 22:00

M. Sánchez

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Marianos.

Cada día que pasa Pedro Sánchez se parece más a Mariano Rajoy, con la diferencia de que Rajoy sacó su oposición y Sánchez no escribió su tesis. El poder, sin embargo, termina borrando los matices y allanando la memoria. Ahora toca decir que Sánchez, el chico de Pepiño, es en realidad el heredero de Willy Brandt. Pero si algún doctorado corresponde en justicia a Sánchez es el de la impostura: es maestro indiscutible en rentabilizar méritos ajenos en provecho propio. Ganó las primarias con el discurso de Iglesias y las elecciones gracias al megáfono de Abascal, y hoy sigue gobernando -es un decir- con los presupuestos de Montoro y la reforma laboral de Báñez. La obsesión por el marketing la tomó de Rivera, empezando por aquel gabinete-spot con ministro astronauta. Y ahora ansía confundirse con el hombre al que regeneró de golpe hace un año. Nace así el marianismo sanchista, prórroga de una acreditada forma de durar en Moncloa por el galaico método de ocultarse, no meterse en política y relativizar todo problema menos el único relativo de veras: la amenaza bufa de la ultraderecha. Al menos el espantajo rojo que agitaba don Mariano tenía 71 escaños; el dragón facha de Sánchez apenas llegó a 24.

Aciertan los de mantenimiento instalando el programa marianista en el disco duro de Sánchez, porque Rajoy mostró el camino para conservar el puesto tras el fin del bipartidismo: o yo o elecciones, que también soy yo. Así fue como Rajoy logró torcer la voluntad de Rivera y luego la del PSOE, del que se desmarcó el maverick del no es no para demostrar que la vetocracia funciona, razón de que no quiera que los demás se la apliquen a él. ¿Logrará Sánchez -que tiene los mismos insuficientes 123 escaños- reeditar en 2019 el verano de 2016? La campaña para invertir la carga de la responsabilidad y que sea Cs el que se abstenga ya está en marcha, pero cuando el sanchismo insiste en jugar a los buzos con Rivera, como en aquella peli de De Niro, comete dos errores de cálculo: confunde a los opinadores con los votantes, que le dieron 57 escaños a Cs por presentarse como alternativa al sanchismo; e ignora que Rivera vive bajo presión cómodo como nadador en una piscina.

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11 junio, 2019 · 10:11

El Sansón de Galapagar

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El ayer.

Rajoy votó en Aravaca y no había una sola cámara esperándole. No hemos visto esa imagen. Y a nadie parece haberle importado. Esta atroz indiferencia hacia quien malversó como presidente el mayor poder territorial de la historia del PP (2011-2015) vale como metáfora del tiempo político que se abre, del cual el centroderecha parece tan excluido como lo estuvo el PSOE durante su travesía del desierto. Vuelve a cumplirse el efecto Mateo, que citaba Mostaza: al que tiene, que es Sánchez, se le dará, y al que no tiene aun lo que tiene le será arrebatado. Si la voz del pueblo es la voz de Dios, la moraleja es que Dios no perdona a quienes se dejan el poder en un bar. Los barones que mataron a Sánchez hoy imperan gracias a su censura y su manejo del calendario.

Pablo Casado heredó la ruina y en las generales quedó a la intemperie, expuesto como un nudista en un funeral. Pasó el mes temblando, implorando la misma carambola de Andalucía, donde la implantación territorial de su partido le permitió ganar perdiendo. Y los dioses de Galapagar se la han concedido. La balsámica victoria en la capital se la deberá siempre Casado a Iglesias, que lanzó a Sánchez Mato contra Carmena en la operación más narcisa y contraproducente desde que Sansón se tiró el templo encima solo por aplastar también a los filisteos. Para que el símil termine de ser exacto, el aún líder de Podemos debería cortarse la coleta. Porque fue el gran derrotado de la noche en que observó la drástica mengua de su poder. No solo pierde todas las llamadas alcaldías del cambio (las mareas pasan a denominarse las resacas): es que su más significado contradictor, Kichi, es el único que retiene el mando en plaza. Si Iglesias no consigue que Sánchez le cobije en el ministerio soñado -si era improbable antes, tras esta debacle más-, en Vistalegre III le va a tocar hacer el papel de Robespierre. El del final, no el del principio.

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27 mayo, 2019 · 12:15