Archivo de la etiqueta: liquidez sanchista

Sostiene Sánchez

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Performance.

¡Qué escándalo, Pedro Sánchez usando el atril de Moncloa para lanzar el primer mitin de campaña! Pero por Dios, que es Pedro Sánchez, el hombre de la urna tras el biombo en Ferraz, aquel al que todo escrúpulo democrático le resultó siempre ajeno. Ni una sola institución de los españoles ha dejado sin colonizar la ambición sanchista, desde la propia figura de la moción de censura -que estipula un programa constructivo y no una simple mayoría de rechazo- hasta los aviones y residencias del Estado; desde el CIS hasta Correos pasando por RTVE; desde el uso alternativo del Parlamento hasta el abuso obsceno del decreto ley. Y no ha avanzado en el magreo con relator de la Constitución porque fueron los suyos los que dijeron no es no.

Al cabo de nueve meses el sanchismo ha parido al fin las urnas por pura necesidad y no por deseo del padre de la criatura. Se trata de un parto inducido por los mismos sementales que le sedujeron una tarde de mayo: los separatistas. Ellos le llevaron a Moncloa y ellos le obligan a disolver las Cortes tumbándole los Presupuestos. Y ahora toca urdir un relato fantasioso para que los votantes hagan caso a Sánchez y no a sus propios ojos. Ahora toca mentir como si no hubiera un mañana tras el 28 de abril.

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17 febrero, 2019 · 10:56

Colón activa el tictac contra Sánchez

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La parte liberal.

La víspera dormí mal. Carezco de experiencia sobre el terreno en los Balcanes o Sudán del Sur, y sin embargo mi periódico se empeñaba en enviarme a cubrir una manifestación que según el PSOE y sus terminales mediáticas iba a convertir la Plaza de Colón en Nüremberg 1933. Claro que mis miedos se mezclaban con la promesa de la adrenalina: 36 años escuchando alertas antifascistas y por fin amanecía la jornada epifánica en que iba a conocer el rostro de la bestia.

Nada más llegar, sin embargo, me topé con una señora que regateaba con el vendedor de banderas estratégicamente apostado junto al Museo de Cera. Donde debían resonar las botas encontraba más bien mocasines, y la única muestra de agresividad que pude anotar la protagonizó una niña de seis años que llamaba “golpista” a su hermanito por haberle efectivamente golpeado bajo la condenatoria mirada de su madre. La niña habría leído la palabra en el cartel de “Golpistas, a prisión” adherido al pedestal de la estatua de Blas de Lezo, un lugar de lo más pertinente para esa proclama. Como pertinente parecía el título de la serie que Netflix publicitaba en la fachada del edifico Barclays: “Examen de conciencia”. Una necesidad colectiva tras ocho meses de sanchismo.

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11 febrero, 2019 · 11:05

Manual de venganza

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El momento y el semblante de la jura: 1 de octubre de 2016.

Lamento que Sánchez no haya escrito su libro porque solo Sánchez puede explicar la mente de Sánchez. Por muy cercana a él que se sienta Irene Lozano, ningún hagiógrafo puede arañar el blindaje de sus emociones o justificar el sentido de sus bandazos. Una súbita luz, sin embargo, me ha revelado la arcana razón de su comportamiento, esa que los analistas persiguen sin éxito porque se obstinan en encontrarle una lógica política a lo que solo es una afección psicológica.

No digo que Sánchez esté loco. Gente que le conoce me insiste a menudo en un trastorno clínico de personalidad narcisista, pero grandes líderes de la historia lo han sufrido en igual o mayor grado: la psicopatía no te convierte sin más en Napoleón, como queda demostrado a la vista de un Sánchez. Además hace falta talento. Y no es lo mismo ser Napoleón que ir voceándolo por el psiquiátrico. Lo que explica esta olímpica defecación en la ética de la responsabilidad que llamamos sanchismo es una desdicha personal que en algunos caracteres echa negras raíces: la expulsión de tu propia tribu. Cuando los socialistas echaron a Sánchez en octubre de 2016 no sabían lo que estaban creando. Cierto: no podían seguir bajo su mando si aspiraban a conservar una identidad política reconocible, pero no se ocuparon de desactivar también la espoleta retardada de las primarias, que en tiempos de cólera populista no son sino una garantía de darwinismo invertido para la supervivencia del más tóxico. Y así, Sánchez regresó al trono de Ferraz.

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10 febrero, 2019 · 11:04

Total respaldo de Sánchez

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Fría diplomacia.

¿Oiga, Juan Guaidó? Sí, soy Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España. Sí, yo soy el presidente del Gobierno. ¿Cómo estás, Juan? Perdona que te tutee, estoy en Davos, en plan informal. Precisamente acabo de hablar con Iván Duque, el colombiano. Dice que allí tienen campos de niños venezolanos prostituyéndose por comida. Menudo lío, ¿eh? Le has echado cojones, muchacho, las cosas como son. Tienes mi total respaldo. ¿Tu reconocimiento? Hombre, esas cosas llevan sus trámites, Juan. Somos Europa, aquí no funcionamos así. Cuba no te reconoce y por algo será, paseé por el Malecón hace poco y es una maravilla. ¿Trudeau? ¡A Begoña le cayó fenomenal! En principio no iba a acompañarme pero no sabes la barrila que me dio, fan del canadiense hasta la histeria, chico.

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27 enero, 2019 · 23:34

Puente aéreo

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Tarradellas y Suárez.

Resulta descriptible mi entusiasmo por el redondismo, pero debo rendirme a don Iván si suya ha sido la idea de rebautizar El Prat con el nombre de Josep Tarradellas. Estamos ante un nuevo brote cuántico de sanchismo, un nuevo desafío metafísico al principio de no contradicción por el cual el Sánchez real, el que firma la calculada omisión de la Constitución con sus agresores, se opone al Sánchez simbólico: el que adjudica al aeropuerto de Barcelona la identidad del enemigo encarnizado de Jordi Pujol.

Tarradellas fue el primero en denunciar la «dictadura blanca» de aquel milhombres corrupto -“iguana epiléptica” le llamó Federico, orfebre del denuesto, en una de las cumbres de su repertorio- de cuyos hispanófobos legatarios depende hoy el Gobierno de España. He aquí otro hito de la bipolaridad sanchista: reivindica con gesto solemne a un patriarca de la Transición mientras dinamita su obra por la vía clamorosa de los hechos. Tarradellas fue leal a Suárez, y de esa lealtad nació el Estatuto de Cataluña. Pero pronto llegaría Pujol, procedente de Andorra, y sus coletazos de iguana descargaron durante años sobre las bases de aquel pacto de caballeros, hasta que no han quedado en pie más que un Torra y un Sánchez midiéndose mano a mano la profundidad de sus traiciones respectivas.

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24 diciembre, 2018 · 11:59

El sanchismo es autoinmune

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Sánchez.

Nos estamos equivocando con Sánchez. Nos empeñamos en seguir la doctrina Calvo respecto de la cualidad esquizoide que permite disociar a Pedro Sánchez del presidente del Gobierno en función de la impertinencia con que le golpee la hemeroteca. Pero quizá Sánchez no sea el pícaro sin escrúpulos que muda de posición y se opone a sí mismo con descaro para escamotear toda responsabilidad. Quizá Sánchez es el político del futuro, el prototipo que se adelanta a la era de la política biónica, el líder mitad humano mitad máquina alimentada con energías renovables. Sánchez es ese muñeco cilíndrico de plástico hueco que unos chorros de aire inflan y bambolean arbitrariamente, y que se emplea para decorar los conciertos y la fan zone de las finales de Champions. Ese muñeco nos gobierna sin poder gobernarse a sí mismo.

Yo pensaba hasta ahora -y conmigo numerosos diputados susanistas- que la conducta de Sánchez era materia más apropiada a la terapia de los psicólogos que a la ciencia de los politólogos. Nada de eso: es un caso para la física. Estamos ante un presidente cuántico. La física cuántica admite los comportamientos paradójicos, porque una partícula cuántica no posee un valor único, definido, sino que los admite todos al mismo tiempo; esta propiedad de superposición no excluye la capacidad de transportarse a través del espacio vacío. Ahí es donde entra el Falcon. El espacio vacío equivale a la gestión de Sánchez estos siete meses.

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12 diciembre, 2018 · 16:03

Cicerona Calvo

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Oradores con cara de oradores.

El sanchismo es un abuso gradual de la paciencia que primero nos polariza para luego domesticarnos. Cada día estira un poquito más las costuras del traje del 78 para desfigurarlo sin romperlo aparentemente. Se trata de que los publicistas del rey desnudo puedan seguir diciendo que vamos vestidos de constitucionalistas, aunque en realidad ya no nos reconozca ni la madre que nos parió hace ahora 40 años, cuando el nacionalismo era un invitado más del juego y no el croupier que amenaza con volcar la mesa. Una moción de censura pactada con los autores políticos de una rebelión, la colonización hortera de cada nómina pública por el rasero del sectarismo, el aislamiento del Monarca constitucional, la mofa cínica del propio listón ético proclamado por un antiguo avatar de Pedro Sánchez, la asunción de la demagogia económica bolivariana en un plan de Presupuestos, el pasteleo zafio para acomodar las togas a los tiempos políticos… El pedrisco sanchista va cayendo semana tras semana sobre el sembrado institucional hasta que lo aceptemos como una maldición cósmica, inexorable.

Ahora bien. Algunos estrechos todavía no hemos dilatado el esfínter lo suficiente como para cumplir con el papel que se nos pide en esta sauna. Que Carmen Calvo, una catedrática de Cabra que confunde el latín con los dibujos animados, se compare con Cicerón es demasiado. Nadie como Calvo ilustra el atrevimiento de la ignorancia, pero si se atreve a tanto quizá no sea solo por la ridícula soberbia que le afeó Melisa Rodríguez, sino porque la oposición no se le está oponiendo como debería. Hablo con unos y con otros, charlo con compañeros que cubren PP y la impresión es unánime: el casadismo no cuaja. Bien por la corrupción del pasado, bien por la bisoñez del presente, el primer partido de España está trazando una deriva errática que desmiente su aún poderosa representación. Y eso no se soluciona con intervenciones altisonantes muy subidas de adjetivo. ¿De qué sirve que Emilio del Río -buen latinista, por cierto- cargue contra los infames manejos en la Abogacía del Estado de Dolores Delgado si su compañero Rafael Catalá acaba de blanquearla repartiéndose con ella los vocales del CGPJ? ¿Qué hacía Catalá con una corbata fucsia si debía llevarla negra por el luto debido a la decencia de su sigla? ¿Puede convencernos el PP de que no ha cedido la hegemonía judicial al PSOE a cambio de un control de daños en sus casos de corrupción, empezando por la protección pactada para un Mariano Rajoy que ha perdido el aforamiento?

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14 noviembre, 2018 · 14:04

Operación Salomón

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Robin Hood.

De vez en cuando conviene decirle la verdad a la gente, y perdonen ustedes este arranque populista impropio de mí. Pero hoy pujaré por una plaza mediática en la petada convocatoria nacional de tribunos de la plebe. Porque la monumental farsa que empezó con unos ropones lavando en público sus sucias puñetas y acaba con un decretazo sanchista -es decir, sin escrúpulos- en el BOE merece que alguien la desnude, al menos por la vergüenza que puedan pasar, si es que la tienen.

La crisis de las hipotecas no la han resuelto ni la banca ni los jueces ni los diputados de Gobierno o de oposición ni nuestro Kennedy comprado en los chinos, sino una tácita concertación de las voluntades e intereses de todos ellos en las tres semanas que duró la insólita prórroga de la decisión final. Cuando Carlos Lesmes, el abad del convento que decidió cargarse dentro, salió después de poner el huevo de la discordia y emplazó a los diputados -“Las Cortes tienen una magnífica ocasión para clarificar el asunto”-, quedó clara al fin no solo la doctrina hipotecaria del Supremo sino el salomónico enjuague que la había parido. Una típica operación de Estado made in lo peor del 78 por el cual los tres poderes se distribuyen las responsabilidades bajo la atenta mirada del cuarto, que no es la prensa -ay de mí- sino la banca. El Judicial le saca al Ejecutivo las castañas tributarias del fuego electoral a cambio de que el Ejecutivo obligue al Legislativo a convalidar un decreto desinflamatorio que con una mano aparta la retroactividad de las pesadillas bancarias y con la otra relaja el ceño de la gente, oportunamente fruncido por Podemos, que no es sino otro poder del Estado: comparte con la Liga la función vital del desahogo popular. Los bancos recobran la salud bursátil, los tribunales esquivan la amenaza de colapso, los barones siguen repartiendo viruta preelectoral y el presidente se hace un selfi con arco y calzas verdes en el bosque de Sherwood. Todos contentos.

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14 noviembre, 2018 · 11:50