Archivo de la etiqueta: liquidez sanchista

Las orejas alfa de Pedro Sánchez

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Alfa.

Hemos vivido largo tiempo en la ignorancia. La sombra del oscurantismo franquista aún se proyecta sobre nuestros juicios políticos. Nos ha impedido, por ejemplo, reparar en la excelencia auricular del sanchismo. Si Ian Gibson nos enseñó quién era Lorca, ha tenido que venir otro hispanista británico, John Carlin, para reconciliarnos con lo mejor de nuestro presente, que son las orejas de Sánchez. Solo un biógrafo de Mandela podía revelarnos su “forma de rombo, con un punto aerodinámico” que le recuerda la cola de un avión. “Quizá sean señal de macho alfa, que Sánchez lo es, o quizá le ayuden a conservar energía durante los 10 kilómetros que cuentan que corre cada día”. Nos preside una mezcla de atleta, fresco de Buonarroti y elástico semental.

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30 junio, 2020 · 10:12

La crisis restituyente de Carmen Calvo

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Consenso.

Aún es pronto pero ya se espesa el calor en el hemiciclo. Han intervenido el presidente y el líder de la oposición, el vicepresidente y el secretario general, la portavoz parlamentaria y la vicepresidenta Calvo. Pero Calvo todavía no ha dicho su última palabra. Ni siquiera sospecha que la posteridad se ha citado con ella esa mañana para llevarla al olimpo del lapsus parlamentario, para encaramarla a lo más alto de la liga de los anacolutos extraordinarios. Sus señorías se debaten entre el aplauso automatizado y el tedio interior cuando Espinosa de los Monteros toma la palabra y pregunta a Calvo si piensa el Gobierno hacer algo por restituir la credibilidad de las instituciones desde que Sánchez llegó al poder. Entonces sucede. Calvo se pone en pie para responder, pero lo hace demasiado rápido: se olvida la sintaxis en el escaño como si fuera el bolso de Soraya. Y desasistida de toda lógica, huérfana de sujeto y predicado, responde: “No se puede restituir lo que no ha existido”. Ovación cerrada de la bancada socialista al destape antisistema o crisis restituyente de la dos del Ejecutivo.

La anécdota encierra categoría: quizá sea el lapsus la única forma de autocrítica que el sanchismo nos permitirá conocer, de igual modo que la rectificación es su camino más seguro hacia el acierto. Pero lo peor no es el nivel oratorio al que una nación desciende cuando las palabras de sus representantes no logran corresponderse con sus pensamientos, sino el hecho de que esas mismas palabras vuelen emancipadas de cualquier compromiso con los hechos.

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24 junio, 2020 · 17:36

Pedro Sánchez, patrono del aire

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Nada.

La ventaja de ser Sánchez es que puedes enterrar a 50.000 compatriotas, reducir la cifra oficial a la mitad y salir luego a la tribuna a presumir de que aún te quedan vivos 450.000. A la conciencia de este hombre se asomó Munch antes de pintar El grito, pero lo que vio no fue el horror sino el vacío. La nada. El abismo.

Desde ese vértigo existencial no le costará nada presumir, cuando vayamos por seis millones de parados, de que todavía hay españoles con empleo. Y será de malnacidos que no se lo agradezcan a él a pachas con la Virgen del Carmen, patrona del mar a la que el patrono del aire (por el valor de su palabra) contraprograma con una misa laica de la que esperamos, como mínimo, una serenata al piano –allegro ma non troppo– de Rhodes. James, no Cecil. Y un coro milenial de OT rodilla en tierra.

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18 junio, 2020 · 9:52

No hay dinero ni para crispar

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Tinglado.

Para compensar que el fútbol ha vuelto con las gradas vacías, al Congreso han regresado los aplausos de bancada. El decibelio gregario es un marcador decisivo para calibrar el estado de ánimo de los grupos o tribus parlamentarias. Así sabemos, por ejemplo, que la bancada del PSOE aplaude con más ganas a Pablo Iglesias y a Marlaska que a cualquier otro, incluido el jefe del tinglado o presidente del Gobierno. A Iglesias lo aplauden por el turbio placer de la agresividad, ese jugador destructivo que uno quiere siempre en su equipo, porque contra el PP nadie frunce el ceño como él; a Marlaska, por la pulsión de la piedad y el desagravio, porque urge aparentar que lo suyo ya pasó.

Sánchez se cargará a su pararrayos de Interior cuando no le quepa una descarga más, pero nadie le quitará la ovación que cosechó cuando replicó a Macarena Olona, que había aludido a un bochornoso episodio acaecido en Bilbao hace 20 años en el que arraigaría el odio de Marlaska a la Benemérita: “Sea valiente y diga lo que hice o dejé de hacer. Hace mucho tiempo me libré de la dictadura de la mirada ajena, pero también de los silencios”. Primer mandamiento del populismo: lo personal es político. Segundo: cuando hayas perdido la razón, inténtalo con la pena. Estos dos mandamientos se resumen en uno: camuflarás siempre tu brutalidad de cursilería.

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12 junio, 2020 · 9:44

Entrevista con El debate de hoy

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El editor de este blog.

Es reconocible por su facilidad para sonreír, aunque lo intenta disimular una barba desordenada como la mesa de un viejo redactor. Es una sonrisa algo pícara e inocente, de ese niño que pensaba que llevar la corbata sin anudar ya era ser un gamberro. Quizá por eso a veces introduce —como puñetazo de terciopelo— alguna palabra gruesa en sus columnas. O quizá sea la compleja herencia de un milenio que expiró viendo a ancianos quejumbrosos como Francisco Umbral, Fernando Fernán Gómez o Camilo José Cela, y a jóvenes insolentes como Tarantino. O quizá no otra cosa que la franqueza castellana de los Quevedo y los Cervantes, o la crudeza latina de los Marcial y Horacio.

En la universidad se entregó, precisamente, a los clásicos y también a autores muy modernos. De hecho, desde sus inicios, ha dedicado innumerables horas a la crítica literaria; por ejemplo, sus docenas de reseñas en Aceprensa. A partir de entonces, ha ido subiendo escalón a escalón —revistas locales, La Gaceta de los Negocios antes y después de Intereconomía, Jot Down, un copioso etcétera—, hasta dirigir la sección de Opinión de El Mundo. Lo compagina con otra tarea del oficio, como son las tertulias de La Sexta o algún rato que charla en la COPE. Y con la publicación de varios libros que deambulan entre el ensayo más o menos sólito —La granja humana (2015), El hígado de Prometeo (2016)—, el colectivo —su colaboración en La España de Abel (2018) y en La sorpresa Vox (2019)— y el «dietario de juventud» de sus Crónicas biliares (2017), o la semblanza de personajes históricos en Vidas Cipotudas (2018).

El madrileño y merengón Jorge Bustos Táuler (1982) parece que es creyente de alguna suerte de constitucionalismo liberal sin rigideces, etiquetas ni adjetivos tajantes, pero, sobre todo, es un irónico practicante. De esa ironía que escuece a los fuertes y que, por lo general, solo aspira a atemperar el puritanismo. Por eso puede disfrutar con un Mourinho desencadenado y que escupe en el mármol impoluto del Olimpo donde se micciona perfume de azahar. Porque sabe que es un Olimpo de cartón piedra y que ese perfume no es más que colonia barata. Pero, en el verdadero Palacio de Invierno, Bustos es capaz incluso de acicalarse la barba y vestir con la discreción que bien le enseñaron en casa.

Pregunta: Hughes, Jabois, su querido Gistau, Soto Ivars, usted… Todos con barba.

Respuesta: Y no te dejes a Isco ni a Benzema. La barba es una moda cómoda, pero quizá también sea una decisión vital: un «ahora nos toca» o algo así, pero sin los rancios compromisos de los barbudos setenteros.

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8 junio, 2020 · 11:03

No odiéis a Sánchez

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Torrentismo.

Ya me gustaría no escribir sobre Sánchez, ocupación menestral que da una pena que tizna cuando estalla según Miguel Hernández. Pero no a todas las generaciones les es dado atestiguar la transformación de su democracia en un comedero de patos, encabezado por el Gran Cormorán.

El mecanismo mental de Sánchez no es más sofisticado que el de un chupete: es un niño que tiraniza a los demás para satisfacer su capricho y que desconoce cualquier noción de responsabilidad. Pero por si se me escapara algo me he puesto a ver la serie que le recomendó a su compay Iglesias, Baron noir. Esperaba encontrar maniobras políticas de una diabólica sofisticación, pero me he encontrado con una serie llena de ingenuidad por comparación con el brutalismo institucional del caso Marlaska, sin ir más lejos. En Baron noir, de hecho, los ministros de izquierdas dimiten cuando la mierda rebosa la bañera. La serie es de 2016 y se nota: el partido socialista francés aún existía y Trump aún no había enseñado a los líderes-niño de este mundo que los límites son para los perdedores.

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6 junio, 2020 · 15:39

Elige tu propio villano

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Caciquín.

Ya no vivimos en una democracia deliberativa -si lo hicimos alguna vez fuera de la Transición-, sino en una agonista, donde cada partido se define no por la defensa de su programa sino por la elección de su villano favorito y donde el votante se moviliza contra alguien más que a favor de algo. Quizá lo propio de los periodos de decadencia sea la predilección por la vía negativa hacia el conocimiento: escepticismo respecto de los valores propios y fanatismo contra los ajenos. Ya que no podemos ser dioses, retratemos con esmero a nuestros demonios. Así, cada portavoz se delata por el énfasis que pone en aquello que más detesta.

Sánchez, por ejemplo. Es un apasionado de la división. Ha construido toda su carrera sobre la negación del otro, soplando las brasas del enfrentamiento allí por donde ha pasado: entre socialistas, entre votantes, entre banderas, entre instituciones, entre poderes del Estado, entre facciones de su propia coalición gubernamental. No hay moderación que no haya rehuido ni radicalismo que no haya convertido en aliado. Por eso mismo finalizó su discurso con una apelación franciscana al consenso que jamás practicó, consciente de que enseguida subiría Casado a la tribuna a descargar su indignación sobre los escándalos encadenados de este Gobierno.

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3 junio, 2020 · 20:29

Sánchez, Pedro

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Será olvido.

Sánchez Pérez-Castejón, Pedro. Político español, Madrid 1972. Era guapo, lo que le impidió desarrollar capacidades adicionales de socialización. De niño, como a cualquier niño, le contaron el cuento de Pedro y el lobo, pero no entendió el final. Un día se miró al espejo y decidió que era un niño guapo, y algo más: que seguiría siendo niño y guapo para siempre. Se dio cuenta pronto de que su prometedora apostura le abría puertas sin necesidad de atar sus obras a sus promesas, e incluso negando haberlas hecho. Intuyó un programa de vida en este don cuántico y se metió en el PSOE, donde llegó a la cima mintiendo al aparato y cuando lo echaron regresó mintiendo a las bases. Más tarde ganó las elecciones mintiendo a los españoles y se mantuvo en el poder mintiendo a sus socios.

Su trayectoria es la historia de una mentira laberíntica, un ovillo de trolas que los historiadores más ociosos han probado a desenredar como gatos aburridos. Hoy rige cierto consenso en torno a la pírrica certeza de que Sánchez fue varón y español, pero el resto de sus atributos permanece en la más intrincada de las sombras. Ningún politólogo -y los que tuvo en nómina son ahora los más críticos- se arriesgaría a afirmar que fue socialista, que legisló para el obrero o que liderara algo más que un equipo de guionistas febriles vagamente preocupados por la obesidad infantil y el dióxido de carbono, pero obligados a escribir cada día el mismo cuento del fascismo a las puertas. En aquella época Netflix llegó a contactar con Moncloa para explorar una fusión. Pero se la pegaron con Caracas TV.

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29 mayo, 2020 · 11:53