Archivo de la etiqueta: la puta crisis

Pedro Sánchez, patrono del aire

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Nada.

La ventaja de ser Sánchez es que puedes enterrar a 50.000 compatriotas, reducir la cifra oficial a la mitad y salir luego a la tribuna a presumir de que aún te quedan vivos 450.000. A la conciencia de este hombre se asomó Munch antes de pintar El grito, pero lo que vio no fue el horror sino el vacío. La nada. El abismo.

Desde ese vértigo existencial no le costará nada presumir, cuando vayamos por seis millones de parados, de que todavía hay españoles con empleo. Y será de malnacidos que no se lo agradezcan a él a pachas con la Virgen del Carmen, patrona del mar a la que el patrono del aire (por el valor de su palabra) contraprograma con una misa laica de la que esperamos, como mínimo, una serenata al piano –allegro ma non troppo– de Rhodes. James, no Cecil. Y un coro milenial de OT rodilla en tierra.

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18 junio, 2020 · 9:52

Revolución en mocasines

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Revolucionario.

La equívoca categoría del pijo la inventó Tolstoi cuando escribió esa estupidez de que todas las familias felices se parecen pero las desgraciadas lo son cada una a su manera. Siempre hubo variedades exóticas en la felicidad, mientras que hoy recorre el mundo una misma desgracia matando a ricos y pobres antes de ponerse a igualarlos por abajo. El resentimiento de clase que mueve el pequeño corazón de la izquierda cañí tiende a confundir la clase con la ideología, y por eso no repara en que hay pijos de derechas como pijos de izquierdas, ni en que estos segundos a menudo tienen más dinero y viven en mejores barrios que los primeros, cuando no en los mismos, culpa que los atormenta y que purgan votando a Podemos o lamiéndole la alarma a Sánchez, cuya ideología conocida es la sanchista. En cuanto a Podemos, no ha sido más que el atajo que tomó el hatajo de Somosaguas para escalar de clase sin abrazar la coherencia ni renunciar a la ideología.

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17 mayo, 2020 · 23:07

La última noche de Madrid

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Solo en Sol.

Madrid es una ciudad de más de 2.940 contagiados y 133 cadáveres, según las últimas estadísticas. Un enemigo silencioso y voraz se encargará pronto de caducarlas: para cuando usted lea esto, sus víctimas serán más. Y quizá muchas más. Madrid es el rompeolas de una pandemia y es también la capital de un país en estado de alarma. Como a otras urbes del mundo, pero con la saña adicional que nació de la imprudencia política, la ataca la cólera abstracta del Covid-19. Los madrileños no oyen bombardeos ni gritos de dolor, ni cuentan con un aparato que mida la radiación arrojada al aire tras un accidente nuclear. Por eso se resisten a confinarse del todo. Porque el madrileño es un pueblo vitalista y hedónico que necesita ver para creer, sentir para cambiar y sufrir para obedecer.

Es viernes por la tarde y el presidente del Gobierno acaba de anunciar un decreto de medidas extraordinarias que entrará en vigor mañana. Será interesante descubrir cómo interpreta Madrid esta víspera tensa, prórroga inverosímil, fruto de la improvisación si no de la irresponsabilidad.

Desde su pedestal en Colón la cabeza blanca de Julia se alza sobre una ciudad conmocionada. Ahora ya sabemos por qué Jaume Plensa la esculpió con los ojos cerrados: para no ver cómo una metrópoli concebida para el ruido enmudece lentamente. Demasiado lentamente a juicio de las autoridades. Los viandantes transportan bolsas de avituallamiento por el Paseo de Recoletos, los ciclistas pedalean contentos de no tener que compartir calzada con los coches y los runners consideran que corren más rápido que el coronavirus. Los políticos han apelado a la responsabilidad individual, un concepto que lleva cogiendo polvo en el desván del primer mundo desde que se inventó el consumo de masas y el paternalismo de Estado, más o menos.

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15 marzo, 2020 · 23:44

La gélida Lagarde

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FMI: el mundo nunca es suficiente.

Se pasa uno los días pontificando contra el populismo. Advirtiendo de su tramposa estrategia de confrontación entre pueblo virtuoso y elite perversa. Discutiéndole la propiedad política de los sentimientos -no hay emoción superior a la libertad-, condenando su resentimiento fratricida y sometiendo sus apocalípticos diagnósticos al desmentido cotidiano de la cuarta economía del euro. Y llega doña Lagarde, del Fondo Monetario Internacional, se chupa su gélido dedo, lo levanta al viento y sentencia: “El momento populista ha pasado. Ya pueden proceder a congelar las pensiones y fomentar la privatización”.

Si doña Lagarde se piensa que la victoria de Macron cierra el ciclo en que vivimos peligrosamente es que no se ha enterado de nada; trastorno autista, por lo demás, de lo más prevalente entre los culos afelpados del FMI. Es justamente ahora cuando la democracia liberal bienestarista se la juega porque, como enseña Escohotado -que ha escrito la historia entera del anticapitalismo-, las revoluciones se hacen siempre en tiempos de prosperidad: no en las crisis sino al salir de ellas, porque unos salen mejor que otros, que es lo que indigna.

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Una entrevista de Carlos Barragán donde prescindo un poco del pudor

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19 julio, 2017 · 13:05

La (pen)última agonía de la socialdemocracia

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Felipe, Willy Brandt y Olof Palme en los días de vino y rosas.

La crisis del PSOE ofrece líneas argumentales propias, pero sería absurdo sustraerla al relato general de la agonía socialdemócrata en Europa. El modelo del Estado de Bienestar pactado por la derecha democristiana y la izquierda socialdemócrata tras la II Guerra Mundial hace aguas desde hace mucho tiempo, no porque sus objetivos asistenciales pierdan vigencia, sino porque cada vez resulta más difícil financiarlos. El capitalismo ha mutado, la demografía también y las políticas redistributivas que ondean en el pabellón histórico de la socialdemocracia quedaron hechas jirones al paso huracanado de la crisis económica. La disputa del espacio propiamente socialista por parte de conservadores y populistas termina de componer la pinza que está ahogando a los partidos socialistas del continente. Pero vayamos por partes.

¿A qué llamamos socialdemocracia desde el punto de vista académico? Según Pedro Fraile, catedrático de Historia Económica en la Carlos III, la socialdemocracia «no surgió como una anomalía o una desviación del comunismo, según pretendía Lenin, sino por un giro teórico de algunos socialistas que aprendieron a analizar el mercado. Muchos habían pasado por Londres, donde leyeron a Marshall, como el propio Bernstein. Rechazada la falacia marxista del valor-trabajo, entendieron que el único avance posible a largo plazo para los trabajadores era procurar el incremento de la productividad (y por lo tanto de los salarios reales) en un contexto político de libertades». Recuperar este vínculo con el liberalismo marca, para Fraile, el camino de retorno a las raíces de partidos como el PSOE. «El problema es que muchos socialistas no comprenden que la lucha contra la pobreza y la exclusión ha de hacerse a través de mecanismos de mercado, en vez de usar la fiscalidad y la redistribución como panacea», afirma.

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Mi sección semanal de El bueno (Guardia Civil), el feo (Francisco Correa) y el malo (Josep Téllez) en La Linterna de COPE

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16 octubre, 2016 · 19:58

Zidane no es Di Caprio

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La opinión pública y el florentinismo, tras el derbi.

No se puede acusar al Real Madrid de faltar a su representación del momento nacional. El equipo está como el país, duerme siestas largas de las que la ciudadanía despierta bruscamente para entregarse al vértigo derogatorio: que se vayan los que están, que quien venga es lo de menos. Eso ya lo hemos vivido, como diría el renacido Di Caprio.

El derbi escenificó el choque entre un equipo que no quería jugar y otro que no podía. Empezó el Madrid con la empanada de las sobremesas heroicas, ofreciendo una sucesión de pérdidas y bostezos, fútbol menopáusico, solidariamente correspondido en el error por los chicos de Simeone: gran coalición de la cagada. Pero al Atlético no se le exige construir, y aunque su idea numantina la plasmó a la perfección, y eso requiere esfuerzo, alguien tiene que decir que destruir siempre es más fácil y menos valioso. Un coñazo gordo que se vuelve estrategia fina en las voces oportunas de los carroñeros de guardia. A lo del Atleti ni siquiera se le puede llamar el autobús, porque los autobuses como mínimo tienen dos entradas y el Madrid no encontró ninguna, más allá de los cabezazos suspensorios de Cristiano y unos pocos remates de juanete. Con decir que Danilo fue el mejor atacante blanco se dicen muchas cosas, todas melancólicas.

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28 febrero, 2016 · 18:00

Bipartidismo: no apto para jóvenes

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La cola de la capilla ardiente de Suárez, marzo de 2014.

Rara vez el primer borrador de la historia que es el periodismo ofrece dos imágenes tan sucesivas y tan opuestas para resumir un cambio de ciclo. El sábado 22 de marzo de 2014, ocho columnas de manifestantes salidas de los cuatro puntos cardinales del país confluyeron en Madrid para formar la llamada Marcha de la Dignidad, que condensó la indignación social por los parados, los desahucios y los recortes. La manifestación del 22-M discurrió con normalidad hasta que hacia el final de la jornada desembocó en disturbios entre radicales y agentes de policía, con un balance de 24 detenidos y un centenar de heridos. Pero sobre todo sirvió para aglutinar la base social del partido que por entonces se preparaba para dar la campanada en las elecciones europeas de mayo: Podemos. «Fue un día muy emocionante, ver a tanta gente en las calles queriendo cambiar las cosas», rememora Cruz Díez, de 35 años, educadora y activista señera de la marea verde que ha canalizado las protestas contra los recortes en la enseñanza pública. «Ahora quienes han cambiado son los de Podemos», apostilla.

Al día siguiente, con la Castellana todavía sin barrer, saltó la noticia de la muerte de Adolfo Suárez, el piloto de la Transición que ese nuevo partido tildaba de apaño y venía a impugnar. Cerca de 30.000 españoles devotos de su figura desfilaron por la larga cola que daba la vuelta al madrileño barrio de Cortes hasta adentrarse en el Congreso de los Diputados, donde se había ubicado la capilla ardiente del primer presidente de la democracia. «En la cola había personas de todas las edades, pero la mayoría superaba los 40. Parecían de la generación anterior a la del difunto: estarían en la adolescencia o la primera juventud cuando Suárez llegó al poder, y vivirían aquellos acontecimientos con la excitación de los grandes cambios políticos», explica Marta, que hizo tres horas de cola para despedirse del féretro del hombre que renombró Barajas. Ella no quería perderse lo que consideraba un momento histórico aunque reconoce que su edad -no ha cumplido los 30- era la menos representada en el cortejo fúnebre que rodeaba la Carrera de San Jerónimo.

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23 noviembre, 2015 · 11:20

Nuestro Tsipras

"Ya tú sabes".

“Ya tú sabes”.

Es sabido que en cualquier noche electoral, como en cualquier estudio general de medios, suelen ganar todos los partidos, que además celebran con unánime júbilo la fiesta de la democracia. Pero nunca antes habían ganado, a la vez que Alexis Tsipras, tantos actores y tan dispares.

A uno, que ha consumido mucha ‘bildungsroman’ y se declara ‘viejoven’ por naturaleza y por ambición, le fascina el proceso de sanchificación de los quijotes antes que el inverso: me gusta sentarme en el porche a contemplar el choque epifánico del revolucionario contra la realidad, llámese deuda. Ha ganado un Tsipras muy distinto del populista desorejado que llegó al poder prometiendo el gran ‘simpa’. La pedagogía intensiva de la ‘realpolitik’ arroja un Tsipras domesticado, europeísta y pragmático, que a cambio de renunciar a la magia -y de hundir a su país un poco más- ha logrado su objetivo: llegar al poder y consolidar en él a su partido, arrebatando la hegemonía de la izquierda aceptada al Pasok. O sea, lo que pretende hacerle al PSOE Iglesias -otro ganador del domingo- con su metamorfosis socialdemócrata. Que Podemos se le ‘syrice’, escindiéndose por Aragón o Andalucía, ya no le preocupa: la facción purista de Syriza ni siquiera ha entrado en el parlamento. Errejón tenía razón y Monedero queda para animar auditorios en el papel de folclórica comunista.

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22 septiembre, 2015 · 12:19