Archivo de la etiqueta: el tabarrón catalán

No estaba muerta, no, no

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Herederos del 78.

El constitucionalismo corre el peligro de parecerse al columnismo según Umbral: el de llevar todos los días flores a su propia tumba. Cada 6 de diciembre nuestros representantes depositan flores al pie de la Constitución, sin reparar en la fúnebre resonancia de su ofrenda, aunque enseguida debemos añadir que ¡todavía! se llevan flores a las mujeres de las que uno se enamora. Eros o Thanatos: he aquí el dilema afectivo de la reforma constitucional. El muerto insigne del constitucionalismo ha sido este año don Manuel Marín, a quien ahora aman todos los compañeros que hace no mucho lo enterraban en críticas. Susana Díaz compareció de negro luctuoso para encarecer su ejemplo -“manchego, español, europeo”- y para pedir una reforma igualitaria de la financiación autonómica, que fue la verdadera protagonista de los corrillos, muy por encima de la constitucional. Entre la identidad y el dinero, los barones lo tienen claro. Lo cual nos hace dudar de que sean cosas diferentes. Uno es lo que da y lo que recibe, como ya sospecharon los fenicios. “Nosotros vamos a coincidir antes con Feijóo o con Juan Vicente que con algunos de nuestro partido”, me confesaron los socialistas manchegos con impecable criterio liberal. Porque los derechos, los servicios públicos, son de las personas, que luego van y votan.

Para conjurar el riesgo narcisista y necrófilo de homenajear un texto difunto, Ana Pastor introdujo una astuta cita nada menos que de Cambó en su discurso: “España es una cosa viva, una sustancia”. De la cual los nacionalismos serían los accidentes, en pura lógica aristotélica. Yo miraba a Alfonso Guerra, que fue quien puso palabras a aquello que allí nos congregaba, cabeceando discretamente en una esquina. Pastor, flanqueada por maceros -uno de los cuales parecía dirigir un partido de tenis con la mirada, a modo de ojo de halcón institucional-, desgranaba la exitosa transformación de España a lo largo de los últimos 40 años, incurriendo en ese lenguaje como de editorial viejuno sobre el consenso que nos hemos dado y el que todavía nos vamos a dar. Rajoy, siempre pragmático pese a su nebulosa reputación retórica, lo había expresado antes bajo la carpa del patio: “En este tiempo la renta per cápita de cada español se ha duplicado”. O sea, cada español es hoy la mitad de pobre o el doble de rico que en 1978. Después de eso, si somos honestos, no habría que desperdiciar una sola palabra más en el examen de la Transición.

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7 diciembre, 2017 · 11:39

Bajo el peso de la gran boina

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Baldoví, un valenciano desesperado por Montoro.

Amaneció el Congreso de los Diputados bajo una boina gigantesca, pero no era atmosférica sino foral. Era la gran txapela del Cupo vasco, que sigue cubriendo los cráneos privilegiados del septentrión peninsular exactamente como en tiempos de Cánovas. La boina de polución que tizna el cielo de Madrid es más reciente, pero me temo que los madrileños respiraremos oxígeno hiperbárico, como Raúl en aquella cabina donde dormía para estirar su carrera, antes de que los vascos o los navarros renuncien a su derecho a ser superiores. Porque, efectivamente, el privilegio vasco-navarro es el único supremacismo consagrado expresamente por la Constitución. Qué le vamos a hacer, dirán los padres patrios, si en aquellos años ETA ponía cien muertos al año encima de la mesa de negociación.

Amenábar estará lamentando que Aitor Esteban haya destripado el suspense de la lotería de este año: ya sabemos todos que el gordo -1.400 millones de euros- ha caído íntegro en Euskadi. Las cámaras habrá que mandarlas a los batzokis, donde ya están festejando que podrán tapar agujeros del tamaño de una galaxia, que por otra parte es la medida común en el mismo Bilbao. Sin embargo, Esteban se cuidó de mentar el asunto y preguntó por la ley de secretos oficiales a cuenta del Piolín. A Rajoy le faltaron reflejos para contestar: “Pero Aitor, qué secretos vamos a tener entre nosotros, ladrón”.

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22 noviembre, 2017 · 20:19

El deber del Derecho

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Animales con presunción de inocencia.

Cuando yo era adolescente, elegir carrera consistía en hallar razones para descartar la matrícula en Derecho. Todos los de letras terminaban estudiando Derecho de un modo indefectible -“Tiene muchas salidas”-, y resistirse a aquel determinismo jurídico obligaba a un acopio de personalidad impropio de la edad. Se ofertaba en todos lados y pedían un cinco como nota de corte. Sus legendarias cafeterías cautivaban la imaginación. Derecho estudiaron españoles tan distintos como Mario Conde y Pablo Iglesias, aunque ni la conducta del primero ni el discurso del segundo delatan un escrúpulo legal precisamente calvinista. Pero no son casos aislados.

Para ser un país petado de juristas, el título no cunde. España sigue siendo un país de moralistas intuitivos donde el rigor de la ley causa tanto escándalo como el sol en Noruega o la sobriedad en Rusia. No es que los españoles no queramos juzgar; al contrario, lo juzgamos todo compulsivamente. Lo que ocurre es que juzgar, para nosotros, constituye un acto tan natural que no entendemos que requiera una formación específica. Por eso nos hacemos tertulianos. Por eso criticamos a los tertulianos. Por eso, ante cualquier problema, sentimos nacer en la incubadora caliente de nuestras meninges el cigoto de un juicio que en la mente de un alemán exigiría semanas de gestación, mientras que nosotros lo parimos perfectamente formado en décimas de segundo. Quizá porque no se trata de un juicio, sino de un prejuicio. Por eso cuando llegamos a la universidad ya es tarde: ya no hay nada que puedan enseñarnos.

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La buena (Susana Díaz), la fea (tesorera del PP) y la mala (Marta Rovira)

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19 noviembre, 2017 · 22:33

Ante Rufián, todos somos Valderrama

Sesión de control al Gobierno

Monologuismo.

Las esposas de Rufián. Parece el título de un romance compuesto por un viajero romántico al pie de la Alhambra. Pero la solemne zoquetería del personaje no invita tanto a tañer la lira como a rescatar el astracán de Muñoz Seca: “¡Mora de la morería! / ¡Mora que a mi lado moras! / ¡Mora que ligó sus horas / a la triste suerte mía!” Con la tristeza final del Procés concluye la segunda parte de La venganza de don Mendo, es decir, de don Mariano, que se ha vengado de cinco años de involución medieval de la forma más cruel, la única que conoce: en frío. Mientras todos los cabecillas del osado desafío caen en fuera de juego, hacen talleres en la trena o huyen a un exilio tartarinesco, Rajoy desliza en lo de Herreraque se volverá a presentar a las elecciones. Quizá le haya podido al fin la curiosidad de saber qué siente cualquiera de sus víctimas, así que va a nombrarse antagonista electoral de su propia tozudez y que sea lo que Dios quiera. La obra es redonda. Como en Don Mendo, aquí muere hasta el apuntador, pero nadie llora, sino que se entrega al meme.

Algún mosso muy fan o una madame divertida le prestó a Rufián unas esposas para justificar ese salario que solo Ciudadanos le quiere retirar, no por payaso, sino por absentista. Algunos cronistas, en cambio, se lo restituiríamos de nuestro bolsillo precisamente por su productividad cómica, porque el día que se vaya tendremos que escribir sobre leyes que mejoran la vida de los españoles y ya nadie clicaría en nuestras piezas.

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15 noviembre, 2017 · 19:29

Un elefante en el hemiciclo

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En los escaños vacíos se sienta el 155.

Sabemos que el compromiso en nuestro tiempo se expresa a través de lacitos. Los diputados indepes han elegido el amarillo porque el resto de la paleta ya está pillada, de modo que han de poner mucho cuidado al elegir por la mañana el lacito adecuado, no vaya a ser que pretendan exigir la libertad de los Jordis y acaben protestando contra el cáncer de mama. Si los androides sueñan con ovejas eléctricas, los cronistas ya soñamos con diputados cromáticos que no tengan que hablar, sino solo exhibir camisetas o blandir símbolos en cámaras perfectamente demudadas. Es cierto que ya no lo podremos llamar democracia parlamentaria, pero a cambio bajarán los niveles de contaminación acústica y alargaremos la vida de las sufridas taquígrafas, cuyo puesto ocuparán señaleros aeroportuarios. A los daltónicos se les negará el derecho al sufragio pasivo para prevenir el transfuguismo.

Ahora bien: ni siquiera entonces auguro sesiones pacíficas. El caso candente de la camiseta de Adidas demuestra que los españoles, a falta de palabras, somos muy capaces de discutir en colores. Nadie negará, por ejemplo, que al lazo de Rufián le conviene el amarillo chillón.

Hay un elefante blanco en el hemiciclo marcado como una res con el número 155. Sus señorías no evitan referirse a él, de hecho lo hacen continuamente, pero más bien habituadas a su imponente presencia, pues tampoco llegan noticias de que el polémico paquidermo haya entrado en Cataluña como en una cacharrería sino con un tacto felino. Tanto, que Albert Rivera no comprendía cómo una huelga sin seguimiento reseñable consiguió bloquear los accesos al área metropolitana de Barcelona por la sencilla razón de que el Gobierno interventor de Cataluña no quiere fabricar más ganadores de concursos de fotografía bélica de andar por casa como fabricó el 1 de octubre. Así que nuestro elefante es más retórico que verdaderamente agresivo. La pregunta iba dirigida a la vicepresidenta, pero tuvo que hacérsela a Montoro porque Soraya selecciona muy bien las batallas que libra: aquellas que puede ganar con comodidad, normalmente contra portavoces de Podemos. Ayer abusó de un Domènech presa de las contradicciones que el CIS delata, con las maletas ya hechas para unirse a Colau.

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8 noviembre, 2017 · 17:55

Ruth Beitia y la teoría del centímetro

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Ruth Beitia, atleta española.

Mi tío, que es golfista y propende al lenguaje sentencioso, ha desarrollado una teoría del centímetro cuyo alcance extiende a todos los ámbitos de la vida. Uno nace bien o mal por un centímetro. Uno accede o no a la carrera que desea por centímetros de nota de corte. Uno se enamora por centímetros de distancia, una se desenamora porque el centímetro importa. El éxito en determinadas fiestas depende de unos centímetros de cuenta corriente. Y podríamos seguir.

Mi tío ya pensaba así antes de que Woody Allen rodase la escena final de Match Point, cuyo mismo título avala la teoría del centímetro. «Un centímetro lo es todo», resume Ruth Beitia, que comparte desde luego este centimetrismo existencial. Por estirarse hasta superar el centímetro que marca la gloria o el fracaso, Beitia ha hecho cosas atroces a lo largo de 27 años de una carrera fundida en oro, plata y bronce. Se levanta dolorida cada mañana sin saber por qué, y es porque lleva 27 años ahormando su cuerpo a las exigencias de la alta competición. Solo que Beitia, a diferencia de los atletas cuya excelencia fue puramente mecánica, ha trabajado al mismo tiempo esa horma de la conciencia que se llama compromiso. Por eso se metió en política sin esperar a retirarse primero, arriesgándose a diezmar las adhesiones de la afición en un país ideológicamente binario, donde la fidelidad expresa a unas siglas granjea el odio automático de los abanderados opuestos. De ahí el ahínco que ponen los cobardes en separar la política del deporte.

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7 noviembre, 2017 · 10:19

La campaña Python

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Próxima lista de Juntos por el Sí.

Hubo un tiempo en que los procesionarios ofrecían orgullosamente las muñecas a las cámaras. ¡Podéis encarcelarnos, no tenemos miedo! Y en grupo llevaban razón, porque individualmente sabían que su orgullo corría a cargo de la libertad y hacienda de sus representantes. De ahí las lágrimas vertidas en el parque de la Audiencia y los cafés sorbidos de incógnito en Bruselas. En un furgón no cabe la voluntad de un pueblo, pero hay espacio de sobra para varios consejeros.

Los patriotas, como los borrachos, siempre dicen la verdad, aunque luego no quieren responsabilizarse de lo dicho y de lo hecho. La patria es un alcohol que hay que consumir con moderación. Cuando la perdemos, empezamos a sentir que para nosotros no rigen las leyes, la de gravedad en primer lugar. Y a la gravedad le da igual que creamos en ella o no. El borracho se proclamará independiente de ella, pero ella nunca se independiza del borracho, y cuenta con maneras dolorosas de recordarle su tenaz soberanía.

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Vuelve El bueno (Lamela y Llarena), el feo (Santi Vila) y el malo (Dante Fachin) en La Linterna de Cope

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4 noviembre, 2017 · 11:07

No temas, di crisis

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Diván de oro.

Uno toma verdadera conciencia de lo que está pasando en Cataluña cuando el Real Madrid se pone a ocho puntos del Barça y no ocurre gran cosa. Nadie pide la cabeza del entrenador, ni unas elecciones anticipadas, ni la exhumación de Juanito. Las críticas resultan más bien convencionales: el físico, el gol, el hambre, el quilombo táctico de Marcelo. Hasta Morata, que nunca fue un soberano delantero completamente independizado de la cantera, se entrega a previsibles accesos de melancolía que sólo confirman el acierto de su traspaso. Todo esto significa que la crisis de juego y resultados por la que atraviesa el Madrid está discurriendo con sordina; y el silencio, lejos de beneficiar a un club acostumbrado a existir entre la hegemonía o el apocalipsis, perjudica seriamente su recuperación.

Así que quizá el Real Madrid, como las pensiones o las novedades en el caso Lezo, no es más que otra víctima de la sobrerrepresentación procesista en los medios. A sus aficionados se les está escamoteando la familiar trompetería del fin del mundo que acompaña a cada derrota, precisamente por tratarse de un hecho excepcional. No digo que no se haya incurrido con puntualidad en el tópico del matagigantes -¿alguien duda que el rey David era catalán?-, pero la máquina de señalar culpables tampoco parece funcionar a pleno rendimiento y así será muy difícil recobrar la tensión competitiva. Yo no creo que la Liga esté perdida, pero pronto lo estará si nadie le recuerda al equipo que lo siguen mirando.

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31 octubre, 2017 · 11:15