Archivo de la etiqueta: el tabarrón catalán

Pestífero lamedal

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“Si me necesitas ya sabes”.

Si una diputada parecida a Jane Austen se dispone a presidir el pleno, será fácil que todo lo que ocurra después resulte escandaloso. Pero si es el mismo Valle-Inclán el encargado de abrir la sesión constitutiva de las Cortes, ya nada de lo que venga luego debería sorprendernos. Con este magistral manejo de las expectativas -a la baja- arrancó la XIII Legislatura en un Parlamento feo, poco católico y demasiado sentimental. Y sin embargo Agustín Zamarrón, nombre del diputado socialista identificado con el padre del esperpento así en la barba como en el verbo, fue el parlamentario más exquisito de la mañana. Un caballero de otro tiempo que instaba a sus señorías a «dejar expedito el pasillo» en evitación de colas tan largas como «las del pan en época de carestía», y deliciosas apelaciones por el estilo. Nos quitamos el cráneo ante un diputado capaz de declarar que «se hiere al pueblo cuando se habla con simpleza».

El problema del pueblo es que ya no existe. Ahora hay tribus en liza, y lo que hiere a una tribu reconforta a otra. Lo expresó bien Meritxell Batet en su discurso inaugural: «Somos del pueblo, no somos el pueblo». Pero su voluntarioso llamamiento a la tolerancia vino precedido de una permisividad culpable ante el grotesco espectáculo de unas fórmulas de acatamiento humillantes para cualquier español que aprecie su democracia, contestadas con las pataletas patrioteras de los voxeros -un 155 acústico-, estratégicamente colocados en la chepa de Pedro Sánchez. Uno mira ese hemiciclo tomado por carlistas de todos los partidos, incluido el de Pisarello, que ya no sé cuál es, y no está seguro de que contenga más creyentes en el 78 que ateos o escépticos. Con esa yunta de bueyes y jabalíes mal puede arar recto la presidenta Batet. Más le vale olvidar los tacticismos electorales y suspender ya a los diputados presos o nunca empezará a revestirse de la mínima autoridad que pide el cargo. Que se fije en Marchena.

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22 mayo, 2019 · 10:04

El casting de la posteridad

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Leviatán.

-Lo ves, ¿no?

Explicaba lo que para él era evidente y remataba así cada lección para cerciorarse de que para mí también lo era. Blandía la pinza del índice y el pulgar en gesto característico, mientras achinaba los ojos de replicante de regreso de Orión, esos ojos que parecían las ranuras de una persiana por donde se filtrase el crepúsculo de un gran poder. “Lo ves, ¿no?” Y a veces no lo veía, pero tampoco me habría atrevido a interrumpir a Rubalcaba, que estaba sentado a mi izquierda, en el mismo restaurante donde Rajoy se resignó a perder la Moncloa y el partido. Ese Rajoy con el que mi interlocutor había tejido delicadamente el último tapiz del 78, que fue la sucesión en la Corona.

Una tarde de finales del año pasado me llamó Eduardo Madina. Me dijo que Rubalcaba había leído algo mío y quería conocerme. Confieso la ilusión sentida a una edad en que la mitomanía ya no genera excesivas ilusiones, por más que siga apasionándome la actualización diaria de los códigos fijados por Maquiavelo. Crecí bajo la leyenda Rubalcaba, bajo la resonancia temible de aquel apellido que murmuraban en voz baja los etarras en los pisos francos y que maldecían todos los aquejados de manía persecutoria. Lo que no significa que, en efecto, Rubalcaba no los persiguiera alguna vez.

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12 mayo, 2019 · 22:10

La década sanchista

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Plurinacionalizando.

Tan antigua y profunda es la pasión de España por la guerra civil que se las ha arreglado para reducir a la pugna de dos únicos bandos unas elecciones a las que concurren cinco partidos nacionales. El 28-A ha quedado configurado como un revival posmoderno y tristísimo de las dos Españas, donde los nietos de los vencedores se han cansado de esperar las credenciales democráticas extendidas en régimen de monopolio desde hace décadas por los nietos de los vencidos.

Una garrafal polarización se ha larvado durante años en el subsuelo de lo establecido. Era un rumor de fondo al que el marianismo puso sordina y al que el sanchismo se la ha quitado por cálculo electoral: ahora señala a voces a su criatura desenterrada para espanto de almas bellas en busca de cantautor. Si Franco no sale de la montaña, la montaña sale al encuentro de Franco.

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16 abril, 2019 · 11:04

Cibeles estelada

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Mitología.

Un separatista en gayumbos llegó más lejos el sábado que Raúl en toda su gloria: se subió a la Cibeles y colgó de la diosa una estelada en feroz duelo de mitologías. El combate en favor de los restos del procés se parece al combate contra los restos de Franco porque ambos suceden en el plano del símbolo. Hay un catalán irremediablemente capturado por la leyenda que cree que el referéndum vinculante es el decimotercer trabajo de Hércules. Fijémonos en la imagen de ese alpinista estelado que trepa al regazo de la diosa madre del madridismo convencido de que es un astronauta del Institut Nova Història hollando un planeta desconocido y plantándole su bandera. No creo que el constitucionalismo -¡ni el madridismo!- pueda aspirar a mayor reconocimiento que el de este entrañable paleto de canillas desnudas con derecho a voto que ha consumado el delirio de la confusión entre política y religión, entre realidad y deseo, entre hombres y dioses.

Pensemos que nuestro separatista vino de lejos para hacer lo que hizo. Se tomó sus molestias. Trazó un plan y lo ejecutó con la determinación que sólo nos asiste cuando nos quedamos en calzoncillos ante una mujer, aunque sea una mujer de piedra. Ella, atónita, ni siquiera parpadeó. Se encomendó a la libertad de expresión consignada en la Carta Magna mientras rezaba con los labios inmóviles para que el trance pasara rápido y algún mortal caritativo procediera a retirarle pronto el trapo aquel de sus santos hombros.

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19 marzo, 2019 · 11:55

Un colchón de lazos amarillos

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El pasado y el futuro de Sánchez.

Sabemos que hemos entrado en campaña porque el Gobierno redobla su oposición a la oposición. Si a Pedro Sánchez ya era difícil pillarle en una verdad en periodo ordinario, ahora todos sus guionistas en La Moncloa y en las redacciones amigas se van a poner a competir con Irene Lozano en el Gran Certamen de Autoficción del Sanchismo, concurso de cuentos que dirimirá quién viste mejor al maniquí de paradigma de la moderación y el constitucionalismo.

Volvía Sánchez al Congreso -lo pisa tan poco que imaginamos a un ujier susurrándole: “España, presidente, hoy está en España”- y Pablo Casado le recibió con obligada cita de Fray Luis antes de someterlo a su ya clásica fórmula de pregunta-racimo, del Aquarius a Cuba, de la desaceleración a la feria de vanidades del ya inmortal Manual de resistencia. Coronó su diatriba en alto: “Empaquete el colchón, señor Sánchez, porque lo sacará de La Moncloa en dos meses”. Larga ovación de los suyos. Por la unanimidad militar de las palmas en los grupos parlamentarios también advertimos que estamos en campaña, pese a que muchos saben que son los últimos aplausos con que pelotean al líder: susanistas y marianistas -Celia Villalobos la primera- van a la purga de cabeza.

Sánchez replicó a Casado usando la técnica Carmen Calvo, un desafío al principio lógico de no contradicción que consiste en llamar retrógrado al adversario y a continuación reprocharle que crispe e insulte. El sanchismo ha hecho de la desfachatez un arte desahogado por el que puede separar a conveniencia a Pedro Sánchez del presidente Sánchez o al dialogante Torra del racista Torra, y así todo.

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20 febrero, 2019 · 13:27

El santo y el cínico

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La Historia en el banquillo.

Contra el prestigio martirial de Junqueras conspira una frase terrible de Oscar Wilde: “Nadie muere por lo que sabe que es cierto”. Al exquisito irlandés le repugnaba el mecanismo religioso por el que el sufrimiento personal legitima una impostura intelectual. La cruz solemniza cualquier ficción. El ilustrado sabe que una causa es buena o mala en sí misma y no en función del dolor invertido en su reivindicación; pero la razón pura no opera fuera de la ciencia y desde luego no en la política, hábitat impuro donde la emoción mueve a diario voluntades contra toda lógica. El propio Wilde experimentó la necesidad de aferrarse a la trascendencia en la cárcel de Reading, donde su prosa más profunda se despojó de ironía.

Junqueras cree que su padecimiento es el peaje que Dios y la Historia le exigen para realizar en la tierra la república catalana. Y quizá el sacrificio -el mismo al que no están dispuestos ni Puigdemont ni Torra ni Torrent ni la mayoría filistea de los catalanes que los votan- sea para la independencia una condición necesaria, pero nunca suficiente. De la obsesión pueril que delata el anhelo de martirio ya nos advirtió, riéndose de sí misma, esa catalana llamada Teresa de Ávila que a los siete años partió a pie hacia Granada para que la descabezasen los moros; alcanzar la santidad le costó bastante más. Junqueras es libre de creer que su cautiverio aproxima la desintegración de la nación que dice amar, pero eso solo sucederá si el público -si todos los españoles- se rinde al espectáculo de su tormento y accede a liquidar la soberanía en referéndum constituyente. Acierta en cambio cuando declara que una condena no resolverá “el conflicto”, lo cual es como decir que castigar a un ladrón no conviene a la redistribución de la riqueza. Oiga, apliquemos la ley sin desatender la fiscalidad.

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17 febrero, 2019 · 11:01

Colón activa el tictac contra Sánchez

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La parte liberal.

La víspera dormí mal. Carezco de experiencia sobre el terreno en los Balcanes o Sudán del Sur, y sin embargo mi periódico se empeñaba en enviarme a cubrir una manifestación que según el PSOE y sus terminales mediáticas iba a convertir la Plaza de Colón en Nüremberg 1933. Claro que mis miedos se mezclaban con la promesa de la adrenalina: 36 años escuchando alertas antifascistas y por fin amanecía la jornada epifánica en que iba a conocer el rostro de la bestia.

Nada más llegar, sin embargo, me topé con una señora que regateaba con el vendedor de banderas estratégicamente apostado junto al Museo de Cera. Donde debían resonar las botas encontraba más bien mocasines, y la única muestra de agresividad que pude anotar la protagonizó una niña de seis años que llamaba “golpista” a su hermanito por haberle efectivamente golpeado bajo la condenatoria mirada de su madre. La niña habría leído la palabra en el cartel de “Golpistas, a prisión” adherido al pedestal de la estatua de Blas de Lezo, un lugar de lo más pertinente para esa proclama. Como pertinente parecía el título de la serie que Netflix publicitaba en la fachada del edifico Barclays: “Examen de conciencia”. Una necesidad colectiva tras ocho meses de sanchismo.

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11 febrero, 2019 · 11:05

Puente aéreo

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Tarradellas y Suárez.

Resulta descriptible mi entusiasmo por el redondismo, pero debo rendirme a don Iván si suya ha sido la idea de rebautizar El Prat con el nombre de Josep Tarradellas. Estamos ante un nuevo brote cuántico de sanchismo, un nuevo desafío metafísico al principio de no contradicción por el cual el Sánchez real, el que firma la calculada omisión de la Constitución con sus agresores, se opone al Sánchez simbólico: el que adjudica al aeropuerto de Barcelona la identidad del enemigo encarnizado de Jordi Pujol.

Tarradellas fue el primero en denunciar la «dictadura blanca» de aquel milhombres corrupto -“iguana epiléptica” le llamó Federico, orfebre del denuesto, en una de las cumbres de su repertorio- de cuyos hispanófobos legatarios depende hoy el Gobierno de España. He aquí otro hito de la bipolaridad sanchista: reivindica con gesto solemne a un patriarca de la Transición mientras dinamita su obra por la vía clamorosa de los hechos. Tarradellas fue leal a Suárez, y de esa lealtad nació el Estatuto de Cataluña. Pero pronto llegaría Pujol, procedente de Andorra, y sus coletazos de iguana descargaron durante años sobre las bases de aquel pacto de caballeros, hasta que no han quedado en pie más que un Torra y un Sánchez midiéndose mano a mano la profundidad de sus traiciones respectivas.

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24 diciembre, 2018 · 11:59