Archivo de la etiqueta: no le toques ya más que así es el PP

Sánchez pone el ruido, Abascal la furia

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La pinza que nos aprieta.

Para el votante de Vox es difícil de aceptar que el partido que le gusta, el partido de las verdades del barquero que no verás en los medios, el de los españoles aguerridos que se baten contra la asfixia progre… constituya precisamente el mejor aliado de la asfixia progre. Su garantía de permanencia en el poder. Sé que para el voxero esta afirmación es contraintuitiva, incluso aberrante. Pero es así. A más Abascal, más Sánchez.

Llevamos dos años explicándolo pero lo haremos una vez más: Vox fragmenta el voto de la alternativa al sanchismo y moviliza a la izquierda. Es la única razón -el miedo a Vox de una mayoría de españoles ubicados en el centroizquierda- de que el personal termine votando con pinzas a alguien como Sánchez. La ley electoral y la sobredimensión nacionalista se encarga del resto. Así que mientras Vox se empeñe en seguir al dedillo contra el PP el mismo manual de Podemos contra el PSOE, consolidará a Sánchez en Moncloa como Iglesias prolongó la vida útil de Rajoy. Por eso esbozó una unánime sonrisa la bancada socialista, arrejuntada en pleno norcoreano, cuando Abascal anunció la moción de censura para septiembre.

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29 julio, 2020 · 16:20

Autonomías Confederadas

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Aliado del PSOE.

Nada más melancólico que un jacobino español. Heredero de la Revolución francesa, el jacobino defiende el centralismo republicano: un Estado fuerte e igualitario edificado sobre las ruinas de las privilegios históricos que ostentan las élites territoriales de toda vieja nación. Desde que en Francia esa utopía se hizo realidad a un precio nada módico en litros de sangre, la izquierda es jacobina y la derecha es tradicionalista. Hoy diríamos nacionalista.

Pero en España las ideas no evolucionaron de forma tan académica. La CEDA cumplía con la norma regionalista del conservadurismo convencional, pero el franquismo embutió a la derecha en el uniforme imperial del falangismo: una, grande y libre. Así que a medida que la derecha se hacía centralista a la fuerza, la izquierda se enajenaba con el narcisismo de la diferencia. Y hoy, en nuestra turulata opinión pública la filiación ideológica ya no depende de la conciencia de clase o los intereses materiales, sino de la identidad territorial y su folclore simbólico. En España ahora eres de izquierdas si empatizas con la autodeterminación fiscal de los burgueses de periferia y eres de derechas si celebras el mestizo libertinaje de Madrid. La izquierda española realmente existente, la de Sánchez e Iglesias, no es un proyecto nacional sino una amalgama de recelos identitarios que erosiona más y más el basamento de la democracia moderna, que es la igualdad entre ciudadanos racionales. Tanto mendigaron PSOE y Podemos la bendición nacionalista para aislar a la derecha que los nacionalistas, viéndoles de hinojos, hicieron lo que saben: robarles los votos después de la cartera. La nación, aunque sea ficticia, ha engullido a la clase, aunque sea trabajadora.

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14 julio, 2020 · 10:16

Del cayado de Feijóo al hacha de Otegi

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Un ganador.

Se nos dijo que en Galicia y País Vasco no se trataba tanto de elegir presidente como líderes de la oposición y no se nos mentía. Lo que han elegido vascos y gallegos es estabilidad en el poder y radicalismo en la alternativa, un reparto de papeles muy propio de este teatro de enfrentamiento entre establishment y populismo a que ha quedado reducido el mundo occidental por el efecto combinado de la tecnología y la globalización. Antes ganaba uno pero tampoco pasaba nada si ganaba el otro; ahora cada elección se vive como si pudiera ser la última, lo cual acerca el análisis político a los dominios de la teología o del cine de superhéroes.

Pablo Iglesias es el perdedor de la noche y debería empezar a insultar a periodistas o a proclamar repúblicas este mismo lunes para tapar la debacle. Su partido, que tenía 14 escaños y gobernó capitales como Santiago o La Coruña, ha desaparecido: la marea se convirtió en mero reflujo en el vientre del BNG. Tampoco fue la semana más feliz de Pedro Sánchez, al que no solo le han birlado la presidencia del Eurogrupo sino que su marca se muestra incapaz de capitalizar el desplome de Podemos. El sorpasso del BNG es especialmente doloroso porque revela que el socialismo gallego no compite ni en sensibilidad social ni en sentimentalidad territorial. Se ha quedado sin discurso, más allá de las vatios navideños de Abel Caballero.

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13 julio, 2020 · 9:38

Crisparse no es para el verano

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Morse.

La encuesta que publicaba este diario coincide con otras en augurar el retorno del bipartidismo, lo cual significaría que no estamos tan crispados como dicen. Tras unos años experimentales el personal se va reagrupando en torno a los malos conocidos y abandona sus escarceos excitantes pero fugaces con los extremos del espectro político. PSOE y PP son máquinas fiables de generar decepción, y el español regresa siempre a ellas porque, igual que pasa con las gafas de colores, se cansa rápido de las formas excesivamente vanguardistas de decepción que trajeron los nuevos partidos. Echa de menos que le defrauden como antes. “Yo soy muy selectivo con mi voto. No quiero jugármela con incumplimientos demasiado novedosos. Por muy tentadora que resulte la idea de que te estafe alguien distinto, lo mejor será confiar en aquellos en los que ya sabíamos que no podemos confiar”, se dice el español. De modo que ya se prepara para encomendar a PSOE y a PP la madre de todas las decepciones, nada menos que la reconstrucción económica del país tras la devastación pandémica.

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23 junio, 2020 · 10:20

Pedro Sánchez, patrono del aire

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Nada.

La ventaja de ser Sánchez es que puedes enterrar a 50.000 compatriotas, reducir la cifra oficial a la mitad y salir luego a la tribuna a presumir de que aún te quedan vivos 450.000. A la conciencia de este hombre se asomó Munch antes de pintar El grito, pero lo que vio no fue el horror sino el vacío. La nada. El abismo.

Desde ese vértigo existencial no le costará nada presumir, cuando vayamos por seis millones de parados, de que todavía hay españoles con empleo. Y será de malnacidos que no se lo agradezcan a él a pachas con la Virgen del Carmen, patrona del mar a la que el patrono del aire (por el valor de su palabra) contraprograma con una misa laica de la que esperamos, como mínimo, una serenata al piano –allegro ma non troppo– de Rhodes. James, no Cecil. Y un coro milenial de OT rodilla en tierra.

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18 junio, 2020 · 9:52

Pablo Casado, demasiado decente

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Con escrúpulos.

Empieza a cundir la idea de que Casado es demasiado decente para llegar a La Moncloa. No está dotado para el cinismo, dicen, en grado remotamente comparable al de su adversario, contra quien los escrúpulos morales, lejos de ser una ventaja apreciada por el electorado, suponen una rémora imperdonable: contra alguien como Sánchez el propietario de una conciencia salta al ring con una mano atada a la espalda. Y al final los aplausos son solo para el ganador, no importa la forma de imponerse. La mayor victoria del sanchismo es la subversión ética: ya no solo se señala la integridad como una antigualla estúpida y castrante sino que así lo reconoce por igual el votante del PSOE con una sonrisa de triunfo y el del PP con una mueca de resignación. Los años que Sánchez aguante en el cargo habrán servido para instalar entre nosotros la afición a un maquiavelismo hortera, la degradante celebración de la desfachatez si sirve a la conservación del poder. Los principios son cosa de pardillos, de perdedores: el pueblo adora al villano que lo somete sin mostrar debilidad. Si el símil futbolístico es tolerable, la política española ha pasado de alabar el toque limpio y vulnerable de Valerón a premiar la marrullería subterránea y destructiva de Javi Navarro.

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12 mayo, 2020 · 10:17

No mientas, binario

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Él o él.

¿Lo oyes? Es el péndulo que tienes por cabeza. Viaja de una posición a su contraria impulsado por la propaganda, que solo se transmite en el vacío del juicio propio. Pararse a pensar, decimos, porque es difícil pensar en movimiento, pero tu cabeza no para de dar bandazos para acallar esos acúfenos que Aristóteles llamó término medio.

Te pongo ejemplos. Cuestionar el estado de alarma no es fomentar la propagación del virus: hay leyes que permiten gobernar la desescalada sin laminar derechos fundamentales ni deprimir la economía. Llamar asesino al PP por resistirse al chantaje perpetuo no es hacer periodismo: es dártelas de ilustrado cuando estás quemando brujas. Defender que las autonomías recuperen todas sus competencias no significa debilitar la unidad de España: tan solo reconocer que el mando único de Sánchez ha fracasado y que España es la nación que su Constitución dice que es: descentralización administrativa, soberanía indivisible. Desear moderación fiscal no significa subastar el Estado de bienestar: tan solo acotar la tendencia parasitaria de esas clases no productivas llamadas partidos políticos. Creer en el mercado no significa que el Estado no deba comparecer en situaciones excepcionales, siempre y cuando intervenga con eficacia y retroceda con prontitud a sus tasados cuarteles para que renazca la libertad, y con ella la única prosperidad posible.

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4 mayo, 2020 · 19:55

Almeida

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Un alcalde.

No es el más alto ni el más carismático, pero es un político decente. Uno con más principios que estrategias. Las estrategias sirven para salir favorecido en los medios, y esa batalla la tenía perdida José Luis Martínez-Almeida desde que se metió en el PP, un partido en inmunodeficiencia mediática en gran parte por su culpa. Los principios, en cambio, sirven para saber lo que hay que hacer cuando todo el mundo a tu alrededor pierde la cabeza, empezando por el presidente de tu país. Mientras los estrategas forcejeaban con sus propios argumentarios y el virus se propagaba feliz, Almeida oyó la voz interior que en su gremio suele yacer bajo toneladas de tacticismo y le puso un micrófono: los ciudadanos se merecen la verdad; no cabe descartar el cierre de Madrid; los jóvenes deben estar a la altura del legado de sus mayores; necesitamos medidas económicas ya: aquí van las nuestras. Almeida no esperó a consensuar estas declaraciones con nadie porque hay momentos especialmente contraindicados para las mesas de negociación, sobre todo si al otro lado se sienta tu conciencia. Tu deber.

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17 marzo, 2020 · 10:55