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El bucle esperpéntico

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En los cursos de verano de la Universidad Europea Miguel de Cervantes.

Ayer en Valladolid, camino del restaurante, Arcadi Espada formuló en el coche la más terrible de sus sentencias terribles: ‘Lo que más miedo me da de las terceras elecciones son las cuartas’. En efecto. Del mismo modo que reconocer el derecho de autodeterminación de un territorio del Estado extiende de suyo ese pretendido derecho a las comarcas incómodas en ese mismo territorio -el Valle de Arán respecto de Cataluña, por ejemplo, o Escocia en un Reino Unido autoexiliado-, la posibilidad misma de las terceras elecciones, que como su nombre indica sucederían a las segundas, que como su nombre indica sucedieron a las primeras, amenaza con retrotraer a España al entrañable bucle tragicómico del siglo XIX, solo que con urnas frenéticas en el papel de espadones a caballo hollando el Parlamento cada dos años.

Demasiados articulistas han sobado ya la repetición marxiana de la tragedia como farsa, pero ¿qué pasa cuando es la propia farsa la que se repite? Tan solo que el género avanza un estadio más y se precipita hacia el esperpento. Nada tan español, hay que reconocer Valle mediante, ni menos civilizado. El grotesco espectáculo que la partidocracia española está dando al mundo solo podría encontrar redención por el arte, en las novelas de sátira política que no tenemos tiempo de escribir, o por el turismo, en los recorridos para guiris procedentes de democracias asentadas a los que se mostraría el plató rotundo del No, el sagrado despacho del y el inverosímil restaurante de la Abstención. Spain is different otra vez. Y una tapita de jamón.

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Último Parnasillo de la temporada en COPE: grandes clásicos sobre el verano

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Y si Cataluña rompe España, ¿qué?

Cubierta del libro digital coordinado por Cristian Campos y Paula F. Bobadilla.

Cubierta del libro digital coordinado por Cristian Campos y Paula F. Bobadilla.

[Copio a continuación, respondido, el cuestionario que Cristian Campos y Paula F. Bobadilla me enviaron para confeccionar su inteligente, divertido y urgente libro sobre el proceso independentista que nos atufa, un volumen de entrevistas donde se dice todo lo que hay que saber sobre Cataluña en la hora grave de la enésima charlotada. Imprescindible]

¿España roba a los catalanes más de lo que roba al resto de los españoles? ¿Debe tener límites la solidaridad de los catalanes con el resto de los españoles?

“España roba” ya es un predicado inválido. España existe, y como cualquier Estado europeo existe anudada por una trama histórica de lazos varios, de los afectivos a los futbolísticos, pasando por los fiscales. Los impuestos pagan la comida de las abuelas extremeñas y el techo de los huérfanos andaluces. Un madrileño debería estar orgulloso de contribuir más que un catalán a estos nobles fines. Pagar unos impuestos justos es el orgullo de un ciudadano ilustrado, como la avaricia del rico es una regresión a la barbarie feudal. La solidaridad tiene grados, claro: desde el heroico del santo franciscano al egoísmo del avaro nacionalista. El sensato término medio que negocien los representantes públicos, mandatados por todos los españoles, marcará el límite debido.

¿Es viable social, política, cultural y económicamente una Cataluña independiente?

En demostrar que no, se perderían varias generaciones que acabarían odiando a sus padres por su ruinoso egoísmo.

¿Es viable social, política, cultural y económicamente una España sin Cataluña?

En demostrar que tampoco, se perderían muchos años de revancha centralista cateta y estéril.

¿A usted le importaría que el idioma catalán desapareciera? ¿Por qué?

Boadella y Juaristi, que han tratado bastante bien sus respectivas lenguas vernáculas, han abrazado el darwinismo lingüístico y declarado que si catalán y euskera se diluyen en la koiné global en un futuro, qué se le va a hacer. También el dodo era un animal entrañable. Pero yo no soy tan racionalista. A mí me gustaría hablar todas las lenguas de España. Con todos sus acentos.

¿Y si el que desapareciera fuera el idioma español?

Pues lo mismo a escala amplia. Pero mi destino es la lengua castellana, como escribió el bilingüe Borges. El destino de otros 500 millones.

¿Y por qué no debería permitirse que los catalanes se independizaran si así lo desean mayoritariamente?

Porque el 90% de los catalanes constituyen un porcentaje todavía minoritario de españoles. A ver si nos enteramos: la Historia y la Ley dicen que yo soy copropietario, cosoberano de Barcelona como uno de Reus es copropietario del Barrio de Salamanca. Jurídicamente es así. Y es natural que todo español reaccione cuando pretenden expropiarle y segregarle. Que el sistema autonómico haya incurrido en deformaciones asimétricas es lo que hay que corregir en la Constitución, no acentuar aún más los privilegios de los españoles de primera que son por ejemplos los vascos y navarros gracias al cupo. La construcción europea debería aplastar todas estas zarandajas decimonónicas. De todos modos si 40 años de adoctrinamiento subvencionado no han podido cosechar más de un 40% de indepes, es que ese el techo de la estulticia, o de la mera codicia con coartada patriotera. Así que el paleto mezquino de Mas, si fuera en serio, perdería la guerra civil catalana que alienta simbólicamente contra los catalanes españolistas por puro número.

¿A usted le gusta España? Suponiendo que se le permitiera vivir con su mismo nivel de vida actual en cualquier país del mundo, ¿escogería España?

España le gusta a todo el mundo, desde un etarra a un hincha del West Ham. Por eso hay que decir que no nos gusta, del mismo modo que uno pasa 15 días en Nueva York y vuelve loando sus maravillas aunque haya vivido como un refugiado. El turismo no es ciego, y el papanatismo acomplejado del español es oceánico como la estupidez y el universo.

¿Por qué debería creerme que en una Cataluña independiente se respetarían los derechos de los españoles si en la Cataluña dependiente se ha multado a comerciantes por rotular su negocio en español?

Si es que no va a pasar nada, hombre. ¡Hablamos de Cataluña, la tierra del diseño, del postureo! Todo es una farsa para tocar a menos bocas y blindar el caciquismo local. Pero en fin, la respuesta histórica a la hipótesis es que quien pierde el respeto a la ley de instancias superiores, acaba perdiendo el respeto a los derechos de sus gobernados.

¿Es España algo más que un ente administrativo puramente instrumental? ¿Qué, en concreto? ¿Lo es Cataluña?

Todavía lo es, pero acarrea más complejos de culpa por su confortable sometimiento a Franco y su Una-Grande-Libre que cualquier otra nación moderna con parecidos traumas y errores históricos, como ha probado Raymond Carr. El patriotismo constitucional es un ente demasiado sofisticado para las entendederas nativas, que sin embargo tienen extraordinariamente desarrollado el terruñismo. En la España de la taifa eterna el patriotismo lo acapara mi pueblo. Por su pueblo el español mata. Por su Estado, psché. Cataluña, como taifa española, es lo mismo: ahí está el nacionalismo del Valle de Arán.

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21 septiembre, 2015 · 10:50

Alcaldes de Altamira

Sima de los Huesos.

Ascensor evolutivo de la especie detenido.

Enternece que se les llame nueva izquierda cuando sus primeros dos meses de poder los retrotrae aproximadamente al estadio magdaleniense de la evolución, cuando nos empoderábamos pintando bisontes en el techo de Altamira. Y no nos referimos ahora a lo rupestre de su indumentaria (aunque al parecer Kichi se ha comprado ya su primer traje, y no sé por qué el Ibex no ha repuntado de gozo celebrándolo), ni al escaso refinamiento de su protocolo y dicción, ni a que se muevan en bici, lo que no deja de ser un alarde tecnológico respecto de la mula; sino al hecho entrañable de que los Kichi, Colau, Carmena, Ferreiro o Ribó se empeñen en gobernar en un plano puramente simbólico, altamirano, infantil. Una cabecita real en una caja, un consistorio que abre su balcón al pueblo, unas pellas traviesas en la misa del patrón, un callejero por renombrar.

Si la derecha descuida o ignora el principio empático del genuino liderazgo, nuestro populismo zurdo sustituye directamente la gestión por el gesto, el futuro por la nostalgia, la representación por el revanchismo y -pronto- el equilibrio presupuestario por el regadío ideológico. Programa este compartido por Artur Mas, en quien el chamán enajenado se ha impuesto al tecnócrata resentido de un modo ya irreversible. Que su lista de país integre a burgueses acomplejados y a antisistema con ambición en un mismo delirio identitario no puede escandalizar a Duran: nacionalismo y populismo casan tan dulcemente como tres por ciento y concejal de CiU.

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Cortesía de Arcadi Espada

Cortesía de un lector de La granja humana

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Elogio de la opacidad

Pudo prometer en la tele porque pudo obrar fuera de ella.

Pudo prometer en la tele porque pudo obrar fuera de ella.

Pues a mí, perdonadme, no me parece que tengamos que meter cámaras y micros en los reservados donde casta vieja y casta nueva pactan a escondidas. Y no por el chasco que nos llevaríamos luego al enterarnos de que en realidad charlaban de baloncesto. Sino porque, en cuanto vieran aparecer una cámara, estos políticos nuestros que por una vez ejercían de civilizados comensales -tal y como necesita el país- de inmediato empezarían a representar un papel, la misma cansina función que nos han propinado durante la campaña, el bucle melancólico de la retórica sectaria en la que giran como hámsteres los candidatos.

La presencia de una cámara mitiniza inevitablemente el lenguaje. La sociedad de la información, con su insomne ojo digital, actúa sobre la política según el principio de incertidumbre de Heisenberg: la posición del observador altera siempre la realidad observada. Un político razonable en los pasillos del Congreso se vuelve un basilisco en la tribuna de oradores: ¿qué ha pasado entre medias? ¿Se extinguió el efecto de la pastilla matinal? No: es la televisión, estúpido. De ahí que uno prefiera la opacidad responsable a la telecracia festivalera, y mientras esta exija roles enfrentados para salivación de sus hinchadas cautivas, será imposible hacer normal en los medios lo que ya es normal en los pasillos del Congreso y en los reservados de hotel, por parafrasear a nuestro primer telécrata.

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Cortesía por este artículo de Arcadi Espada en su carta sabatina.

Entrevista en Cope por La granja humana, a partir del minuto 39.

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Si duele es bueno, Albert

Rivera bajo el foco.

Rivera bajo el foco.

Era cuestión de tiempo que Albert Rivera metiera la gamba. Su grado de exposición mediática desde que comenzó el año ha sido tan disparatado que por pura coherencia tenía que acabar diciendo disparates. Si las cámaras fueran el sol y la faz de Rivera un panel que almacenara la potencia de foco absorbida en los últimos cuatro meses, podríamos iluminar con ella durante siete días cuatro aeropuertos como el de Castellón, e incluso hacer aterrizar en ellos el avión de Al Gore alimentándolo en exclusiva con energías renovables. Todo lo cual se vería desde el espacio, parpadeando junto a la Muralla China.

Perder la virginidad no es pactar con Susana, como dicen los tertulianos, sino anunciar tu primera gran sandez y que sea reconocida como tal por los medios que hasta el momento te miraban con simpatía. Incluso por los intelectuales que te fundaron. Eso acaba de ocurrirle al doncel que lidera Ciudadanos, cuyo himen de sensatez ha sangrado aparatosamente sobre el catre gitano que a veces reviste la forma de columna de opinión.

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Adopta (a) un tío

La lonja.

La lonja.

Compruebo con melancolía que esta campaña, «Adopta un tío», no suscita la más tímida queja entre los claudicantes miembros de mi sexo, antaño el fuerte. No será por la ambigüedad del mensaje: se trata de poner chulazos a disposición on line del furor uterino, que tiene sus urgencias como el mar sus símbolos. El eslogan que da nombre al lúbrico portal resulta tan sofisticado como un neón de carretera; hay champús más condescendientes con la espiritualidad femenina. Así que las causas de esta omertá camuflada de liberal tolerancia hay que buscarlas en el miedo, como siempre.

¿Deja el lenguaje de ser sexista si atenta contra el varón? Aquí operan un tabú consciente y una capitulación inconsciente: el primero, claro, lo vigila el feminismo más o menos histérico, que pone gritos automáticos en el cielo de la igualdad a partir de un número dado de azafatas o de centímetros de escote; la segunda presupone que siglos de patriarcado merecen no reparación sino revancha simétrica: una completa inversión de la ofensa histórica que el macho debe aceptar como expiación. Ambos factores, el tabú de unas y la capitulación de otros, confluyen naturalmente en la autocensura, de modo que nos situamos ante el género como el viñetista ante Mahoma.

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Aprovecha esta columna Arcadi Espada para darme en su blog la bienvenida al periódico. Algunos lectores me dicen que menuda hospitalidad, recibir corrigiendo; pero si conozco algo a nuestro Espada, sospecho que no hay para él forma más elevada de deferencia que la crítica. Sabido es que entre articulistas solo rigen dos formas de desprecio: la olímpica indiferencia o el elogio envenenado. Así que retuiteé su adenda agradecido, más cuando, revisada la norma gramatical, compruebo que el eslogan “adopta un tío” es frase correcta sin preposición, por cuanto elige tomar al complemento directo en especie y no en su condición de persona humana, con todos sus derechos; pero esta misma elección comporta una decisión (in)moral en cuyo señalamiento coincide Arcadi. Por eso, no puedo aceptar este sintagma suyo, “incluso sin saberlo”, que me atribuye una ignorancia que por una vez no me es propia, pues sé -y así se desprendía de mi columna- perfectamente lo que pretenden “estas tipas” con las que nos jugamos nuestra maltrecha dignidad viril.

Sigue con salud,
J.

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Entrevista en Neupic

[Agradezco a Alfonso Basallo esta larga, por momentos mordaz, y siempre grata entrevista que me hace para Neupic. Su generoso interés por mis opiniones resulta a todos luces desmedido]
 
Hughes, Bustos, Ignacio Ruiz Quintano y Manuel Jabois.

Hughes, Bustos, Ignacio Ruiz Quintano y Manuel Jabois.

Acaba de fichar por El Mundo, donde se estrena como columnista bajo una galería de retratos ilustres, presidida por el maestro Umbral. Dará que hablar. Y hará reír. Ya saben: “castigat ridendo mores”.

Sé que no es fácil, pero cómo calificaría a los nuevos columnistas: ¿generación perdida, umbralianos posmodernos, Miquelarenas despeinados, Julios Cambas con la camisa por fuera del pantalón?
Lo mejor que se podría decir de los nuevos columnistas es que huelen a viejo. Es decir, a tradición. Es decir, que han leído a los clásicos del género y escriben sobre el mundo de hoy a hombros de aquellos gigantes. Mis detractores suelen decirme que escribo como un viejo, cuando probablemente quieren decir que escribo como cuando se sabía escribir: así que no saben el elogio que me hacen. El clasicismo es la modernidad constante.
 
Cuénteme su árbol genealógico: ¿es usted nieto de Ruano, hijo del matrimonio (periodístico ojo) de Alcántara y Umbral, y ahijado de Gistau pongamos por caso?
En la columna española, después de Larra, hay dos maestros genesíacos: Camba, del que nace la finura irónica y redonda, y Ruano, del que brota el costumbrismo lírico, apoyándose en Ramón. Son los Mozart y Beethoven de esto y hay que saberse a los dos. Luego cada temperamento propende a una veta u otra. Más hacia acá surge Umbral como gran heredero del género y a la vez creador de escuela. Con él conviven maestros como Alcántara y Campmany.
 

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2 febrero, 2015 · 11:30

Debutando en EL MUNDO

Cuando la noticia es el periodista, pese al sonrojo.

Cuando la noticia es el periodista, pese al sonrojo.

Escribo este post desde la redacción del periódico El Mundo. Literalmente, un sueño cumplido. La redacción es silenciosa, pulcra, moderna, y está llena de personas acogedoras, divertidas, con un colmillo retorcido que echaba mucho de menos. En la hora de la felicidad completa, es de justicia recordar a las personas que me han ayudado a llegar hasta aquí. Mi primera gratitud es para Casimiro, a quien espero a convencer de la bondad de su decisión. Citaré después a algunos mayores míos en el noble estamento de la columna que han sido muy generosos conmigo: David Gistau, Rubén Amón, el propio Jabois en cuyo ordenador me siento, Salvador Sostres, Arcadi Espada; y a amigos de periódicos de la competencia como Ignacio Ruiz Quintano y Hughes. Y, por supuesto, a Maite Alfageme. A todos debo algo que no sé si podré pagar.

Como sea, ahora se trata de escribir. Es lo malo de los fichajes, que no se quedan en el glamuroso estadio del anuncio: resulta que luego hay que trabajar. Trataré de vaciarme en este periódico con el que fantaseé, y lo sabes. Columnas, crónicas, reportajes, fútbol, política, cultura. Quizá menos o quizá más. Mantendré las estrictas colaboraciones en radio y tele de mi etapa nómada que me han autorizado: Radio Nacional, Real Madrid TV, Al Rojo Vivo. Se irá viendo, que diría don Mariano. Gracias a mis seguidores por su insensata fidelidad.

Aquí, mi primera columna.

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