Archivo de la etiqueta: feminismo responsable

No bonita, no machote

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Sororicidio.

Supongo que habrá que esperar sentado a que Adriana Lastra o Irene Montero o incluso Lidia Falcón se graben un vídeo elogiando alguna cosa de Inés Arrimadas, Cayetana Álvarez de Toledo o Rocío Monasterio. La gran virtud del vídeo del PP es que aplica por primera vez la sororidad, la fraternidad femenina por encima de ideologías, al pestífero lamedal (Valle-Inclán) de dos orillas que es la política española. Pero la izquierda no hará ese vídeo jamás. No puede permitirse empatizar con el adversario porque en ese instante perdería su bien más preciado: el sentimiento de superioridad moral. Sin esa superstición propiciatoria correría el peligro de empezar a ser valorada exclusivamente por sus méritos, tales como la aptitud jurídica para redactar reformas del código penal.

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8 marzo, 2020 · 23:27

La voz inaudible

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Cantante.

No basta con que Plácido Domingo pierda su futuro: es preciso que pierda también su pasado. Domingo es un ídolo de otro tiempo, uno ya remoto en que la ejemplaridad del artista importaba mucho menos que su talento, y los ídolos antiguos han de ser derribados para que los escribas del nuevo tiempo puedan anunciar su evangelio. A ese antiquísimo procedimiento de sustitución por el que todo poder constituyente reescribe un ayer inicuo para legitimar un hoy brillante los romanos lo llamaban damnatio memoriae, y en el caso de Domingo ya está en marcha: el Palau de les Arts de Valencia, que tanto le debe, se ha entregado a la penitencia de las vestales moradas -no en vano es el color de la cuaresma- y no solo ha suspendido todas las funciones del tenor sino que ha retirado su nombre al centro de perfeccionamiento. Es improbable que de ese centro salga un cantante tan perfeccionado como Domingo, pero al menos los mediocres del futuro no habrán sido formados bajo una advocación herética.

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3 marzo, 2020 · 10:35

¡Colectivízate!

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Gimeno, Safo de Sánchez.

El primer colectivo auxiliado por el Ministerio de Igualdad de Irene Montero no es el de los racializados o las sexualizadas, sino el de los columnistas. ¡Es tan tentador rendirse al último delirio identitario de la Coalición de Progreso! Esa directora de Diversidad Racial que ha batido la marca de caducidad de Màxim Huerta dimitiendo por no pertenecer a un “colectivo racializado” y cediendo la sinecura a Rita Bosaho, de inequívocas credenciales ecuatoguineanas. O esa directora del Instituto de la Mujer, la incalculable Beatriz Gimeno, para quien la heterosexualidad fue un invento del varón para someter a la hembra y el feminismo es la lucha por “limitar los daños que la heterosexualidad provoca en las mujeres”. ¿Quién se quejará de que le paguemos el sueldo? ¿Cómo no detraer del erario los derechos de autor de esta creadora?

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17 enero, 2020 · 11:38

Universidades y prostíbulos

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Teas ardientes.

-Hay una gran diferencia entre querer abolir la prostitución y querer abolir los debates sobre prostitución. Negar disensos y silenciar a las prostitutas recuerda a lo peor de la cultura dogmática contra la que el feminismo tiene que ser una alternativa.

Así habló Clara Serra, de Más Madrid. Y supimos que un verdadero espíritu liberal se había apoderado de ella. Los propios la machacaron y los ajenos la ridiculizaron, unidos ambos polos en una sola pinza moralista. Aquel día probó Serra la hispánica soledad del liberalismo, que desprecia por igual la sagrada tradición del azul y la ortodoxa ideología del rojo. El liberal a menudo estará solo, pero es el precio que debe pagar por rebelarse contra la autoridad del ayer y contra la utopía del mañana. Ser liberal es también defenderte de quienes se empeñan en salvarte del pecado consentido.

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14 septiembre, 2019 · 14:45

Anatomía de un machista

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Existe.

Que el machista es la primera víctima de sí mismo hay que decirlo más. Las mujeres denuncian con motivo la presión a la que las somete un canon estético y un modelo unívoco de éxito social -tiene escrito Rosa Belmonte que la mayoría de las mujeres prefieren que las llamen putas a que las llamen gordas-, pero los hombres aún no se atreven a reconocer la imposibilidad de rayar a la altura del paradigma macho:proveedor, líder, empático, seguro de sí mismo de día y empotrador de noche. Sabe que ni lo es ni lo será nunca, pero le falta coraje para asumirlo. Y ese ruidoso autoengaño gesta monstruos. Si practicamos la anatomía de un machista descubriremos a un hombre torturado por la distancia entre su yo ideal y su yo real. Esa conciencia lacerante de lo incumplido, ese complejo del hijo que ha defraudado las expectativas que su padre depositó en él ha generado una rica veta novelesca y un pingüe negocio psicoanalítico, pero también un reguero de cadáveres. De mujeres, de otros hombres. De homicidios y de suicidios.

¿El machista nace o se hace? El puro mandato de la biología le empezará a persuadir en la adolescencia de que su superioridad física y sus urgencias hormonales avalan cada uno de sus impulsos hacia las mujeres, pero una socialización básica debería enseñarle a tiempo la diferencia entre las personas y las cosas, el principio de realidad y el principio del deseo, por no hablar de la epifanía del primer amor. Ahora bien, una culpa asumida impide al machista amar a nadie más que a la imagen utópica que tiene de sí mismo. Ideal que se derrumba al contacto con otro varón mejor que él, causa de hondo resentimiento, pero sobre todo al contacto con una mujer mejor que él, causa de algo mucho peor. El maltrato no es más que la venganza del machista contra su acusadora debilidad, su maloliente autoodio. Por eso las mujeres maltratadas deben saber, si sirviera para consolarlas, que lo que no se les perdonó es que fueran superiores al pobre diablo que las apalizaba. Un hombre verdaderamente viril no culpa a su mujer ni de aquello que es culpa de su mujer; un patético machito transfiere a su mujer la propia mediocridad que le atormenta para poder combatirla en ella -a golpes si es preciso- en vez de cambiar él. El machismo es el seudónimo de la cobardía.

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11 marzo, 2019 · 10:41

Manual de dopaje

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Rasputín Redondo.

Esta del dopaje electoral fue una metáfora afortunada, de gran eficacia contra el PP de Mariano Rajoy, reconocido aficionado al ciclismo. Tan eficaz que un juez amigo de la ministra Delgado -de quien se rumorea que irá en la cabecera de la manifa del 8-M con una pancarta que proclame “¡Éxito asegurado!”- certificó ese dopaje a título lucrativo en las campañas de Pozuelo y Majadahonda, que no son precisamente etapas reina, y al PP terminaron echándolo de la competición. O sea, de La Moncloa. No deja de entrañar cierta justicia poética que ahora sea la última marianista, Ana Pastor, quien recupere la acusación de dopaje contra el verdugo de Rajoy, con la diferencia de que Sánchez no dopa su campaña con dinero B sino directamente con el presupuesto general del Estado, que se confunde con el Gobierno, que se confunde con el partido, que se confunde con el candidato. Sánchez es el ciclista oficial del Estado español e Iván Redondo es su Eufemiano Fuentes.

Por la exclusiva de EL MUNDO hemos sabido que Redondo anda redondeando el manual de dopaje presidencial, que consiste en detraer recursos de todos los niveles de la Administración no solo a mayor gloria de su cliente sino en perjuicio de todos sus adversarios. Ministerios, funcionarios, periodistas de RTVE, sociólogos del CIS: todo agente es reclutado, toda munición es bienvenida y la guerra no ha hecho más que empezar. Ni siquiera Twitter se libra del cíclope monclovita, que con el ojo omnisciente patrulla y con la mano larga descuelga un teléfono. Pero así se conduce nuestro Gobierno de centro liberal-socialdemócrata con ribetes weberianos, contra el que solo un fascista osaría alzar su trifálica voz.

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5 marzo, 2019 · 10:14

Un Midas cutre

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El presidente, y Sánchez a su lado.

El sanchismo -Moncloa, Ferraz, redacciones amigas- trabaja a toda máquina en su relato de campaña. Es poco original pero ellos confían en su vieja eficacia: “Ponte la pinza en la nariz si quieres pero vótanos, que vienen los fachas”. El autor de esta filigrana intelectual es el mismo que convenció a Xavier García Albiol de que limpiar Badalona de inmigrantes era una promesa lícita si servía para ganar. Esto es el sanchismo: una impostura estructural diseñada por aprendices de brujo persuadidos de que el votante es un tarado con amnesia que creerá lo que dices, olvidando lo que hiciste y engañándose respecto de lo que harás, a condición de que repique tu doctrina un número suficiente de terminales.

Todo en Sánchez es mentira desde que empezó a escalar en el aparato de su partido. Es el hermano cutre del rey Midas, que convierte en plástico todo lo que toca. Se forra la carpeta con Machado, que dejó escrito: “Creo que el Estatuto de Cataluña es en lo referente a Hacienda un verdadero atraco y en lo tocante a enseñanza algo verdaderamente intolerable”. Pero el poeta no puede remover la lápida de Colliure para salir a reprocharle a Sánchez la mesa con relator, el negacionismo del adoctrinamiento escolar o las asimetrías presupuestarias. Machado, por lo demás, se preocupaba de escribir los dolientes libros que firmaba, mientras el Resistente no supo componer ni su tesis cum laude ni su verbenera hagiografía, y tampoco alcanza a avergonzarse por someter a ministros con estudios al humillante culto de su personalidad en una grotesca presentación literaria.

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26 febrero, 2019 · 13:51

Jinetes del cromosoma Y

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Vuelve el hombre.

La irrupción de Vox dibuja un pentapartidismo cuyo centro geométrico y político ocupa Cs, en buena medida gracias a los ataques simétricos de sus rivales: dos por la izquierda y dos por la derecha. A Rivera le ataca el PP por los votos que robó a Rajoy, el PSOE por los que roba a Sánchez, Podemos por paranoia anticapi y Vox por una entrañable mezcla de paranoia masónica y rencor práctico, pues Cs impide que Casado se diluya en el abrazo del oso de Abascal. Rivera tiene hoy la ocasión de demostrar dos de sus frases favoritas: que a la idea insólita de un centro español le ha llegado su momento y que a la política se viene llorado de casa.

La violencia de género se ha convertido en caballo de batalla -nunca mejor dicho- de Abascal para hacerse valer en el cambio andaluz. Está bien elegido porque encarna la mayor guerra cultural de nuestro tiempo, y ya se sabe que la primera víctima de la guerra -y el último verdugo del populista- es la verdad. Es tan cierto que Cs criticó la asimetría penal por machismo como que se cayó rápido de ese caballo pardo -hace cuatro años ya- y ha trabajado decididamente en favor del Pacto de Estado, aprobándolo por cierto con un voto particular que exigía el carácter finalista de todas las subvenciones. Este giro que en realidad reclama el nombre de madurez sirve a la acusación de veletismo pero también a la reconciliación con el arte de lo posible ajeno a fanáticos de nicho: la pureza ideológica solo se la puede permitir el irrelevante, el comentarista, el trol. Cuando Vox se presenta como partido de principios inmutables y refugio de hombres maltratados se condena a la marginalidad o a la traición, porque tendrá que retratarse votando medidas de apoyo a la mujer: si las rechaza conservará el fervor minoritario de su votante macho más movilizado al precio de no participar en cambios legislativos reales. Abascal siempre puede asumir la legislación feminista y abrirse a negociar una ley complementaria de violencia intrafamiliar, pero entonces estaría sumando con Rivera y no chocando con él, que es lo que le da fama. Al tradicionalismo el pacto no le sienta tan bien como al liberalismo.

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6 enero, 2019 · 18:37