Archivo de la etiqueta: Alternativa naranja

El centro ha muerto, ¡viva el centro!

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El túnel.

El hundimiento de Ciudadanos es la sinécdoque del hundimiento de la democracia del 78, que anoche expiró a eso de las diez de una gélida noche de noviembre. Ha muerto a manos de los sospechosos habituales, la izquierda y la derecha, las dos únicas maneras permitidas de ser español a excepción de la independentista.

Albert Rivera llevó el partido a la gloria en abril y lo ha conducido a la UVI ahora, pero cada bando ofrece explicaciones contradictorias entre sí. Para unos le mató el veto a Sánchez en primavera, para otros haberlo levantado en septiembre. En realidad da lo mismo. Rivera, detestado ya por todos los nacionalismos, declaró además la guerra a las dos maquinarias de poder más formidables del Estado -Génova y Ferraz-, al tiempo que despreciaba al populismo conservador. Ningún quijote sale victorioso de semejante arremetida contra gigantescos molinos.

Se convirtió en el enemigo número uno de todo el país. Fue masacrado durante meses. Se lanzaron campañas públicas y subterráneas para convertir su imagen personal en un comedero de cormoranes. Cometió el error de aislarse, desentenderse de los cuadros del partido y pasar de la prensa. Pero ninguno de esos errores alcanzaba a justificar el delirante tratamiento al que fue sometido en los medios; al final ya el perro Lucas generaba el mismo escándalo que la cal viva de los GAL. Rivera perdió el derecho a ser escuchado, pese a que en la recta final, recuperado ya el discurso originario, entregó algunas de las mejoras muestras de su oratoria.

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12 noviembre, 2019 · 11:05

El nadador

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Un político valiente.

No era el más erudito ni el más piadoso, pero era un político valiente. Le gustaba nadar y debatir, y se aferró a ambas destrezas cuando, veinteañero, le encomendaron el liderazgo de la rebelión entonces testimonial contra la hegemonía pujolista. Siempre a contracorriente. Se encaró el primero con el padrino de Cataluña y sus innumerables hijos, del acomplejado Montilla al demencial Puigdemont pasando por el sibilino Mas. Empezó a ganar votos hace 13 años y en el instante en que dejó de hacerlo, el domingo pasado, abandonó cargo y escaño para devolverles a los suyos el tiempo que la política les robó. “Quiero seguir siendo feliz. Permitidme que siga mi camino”.

La política española no es un lugar donde hoy se pueda ser feliz; solo en el necio vomitorio de la red social, allí donde babean su espeso resentimiento todos los caínes sin sexo ni fortuna, se puede creer que compense su ejercicio. Entre todos hemos conseguido que así sea. Pero hubo unos años, entre el 15-M y la moción de censura, en que una generación de españoles contrajo un vínculo con una idea al fin ilusionante de la representación pública. Rivera bajó desde Cataluña y llegó hasta Cádiz, desplegando un discurso antiguo pero nuevo -eso será siempre el liberalismo en España- que hizo decir a muchos: “Por fin voto para saber que existo”. Una desaforada voluntad de hombre de acción le llevaba a fundar estrategias sobre expectativas aún no creadas, y ese ha sido su error como también su acierto: un líder origina su propio espacio, no espera a heredarlo. Su carácter era imposible porque estaba forjado bajo un fuego que nunca se apaga: la quemazón de criarse odiado por vecinos racistas y no tolerarlo. Su misión no consistía en la simpatía mendicante de los icetas sino en el coraje borde de ser libre, por el que ha de pagarse un alto precio.

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11 noviembre, 2019 · 18:14

Catalanes que sueñan tiranos

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Ensoñaciones.

Cuando supe de la unánime apuesta del Supremo por el poder de las ficciones, recordé la descripción que hace Hannah Arendt del súbdito ideal de un régimen totalitario: “No es el nazi convencido o el comunista convencido, sino personas para quienes la distinción entre hecho y ficción, entre lo verdadero y lo falso, ya no existe”. Sujetos banales, ebrios de emociones y capados de razón cuya propia inconsciencia es el aceite que engrasa la maquinaria del mal. Son operarios robotizados en la cadena de montaje de su república en conserva, y no pueden levantar la cabeza de la mercancía que manipulan y con la que comercian desde hace años. Pero cuando la maquinaria de las mentiras se detiene, pongamos que al topar con la ley, los súbditos más ingenuos -que son siempre los más violentos- acusan el golpe contra el principio de realidad. Toda herida sirve para cobrar conciencia, en este caso la de haber sido engañados. Y entonces se ponen a buscar culpables, incapaces por su propia banalidad de reconocerse a sí mismos como los estúpidos necesarios para el éxito de cualquier timo. Y ahí los tenemos, tomando conciencia en las calles a su manera, que es la manera primitiva de la especie recién separada del mono: descubriendo el fuego.

Por eso es infame comparar los disturbios de Cataluña con los de Hong Kong. En esta esquina democrática del Mediterráneo unos sujetos totalitarios que ignoran que lo son luchan por destruir un sistema pluralista para instaurar un monocultivo identitario. En aquella esquina autoritaria del Pacífico unos sujetos celosos de sus libertades luchan por conservarlas contra el avance de un régimen de partido único. Pero siendo esto así, la sucursal catalana del PSOE aún funambulea entre pluralismo y nacionalismo, entre libertad e identidad, entre España y China. Es el mismo partido que llamaría montapollos a los demócratas hongkoneses como hace con Ciudadanos, que tuvo que fundarse para amparar el derecho a la existencia en Cataluña de catalanes españoles traicionados por el PSC.

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17 octubre, 2019 · 17:36

Albert Rivera regresa a Ítaca

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Buscando al votante.

El votante de Cs es un animal exótico, infiel como un delfín y narciso como un pavo real, aunque su rasgo definitorio a juzgar por los sondeos lo comparte con el unicornio: en realidad no existe. En abril fueron avistados 4,2 millones de ejemplares, pero los pastores del bipartidismo aseguran que los que no campan por la intemperie de la abstención se han refugiado casi todos en su redil. A falta de voces alternativas en Animal farm, cunde la extinción de la especie naranja. ¿Es así?

Parece evidente que el votante de Cs no ha entendido los movimientos de su líder, si bien no se diferencian de los movimientos de otros líderes. Todos los políticos se mueven por el afán de alcanzar el poder y conservarlo, en los mejores casos para ejecutar después un programa de reformas. Pedir a un político que se disculpe por su ambición es como pedirle a un gallo que se quede calladito al amanecer. Por eso Rivera no pide perdón por haber pretendido el liderazgo de la derecha, operación a medio plazo que requería una agónica legislatura Frankenstein de Sánchez y un desgaste judicial del PP aún pendiente. Si Iglesias llega a aceptar la coalición quizá le habría salido bien, pues se quedó a nueve escaños del sorpasso. Pero Sánchez entendió que debía traicionar a sus socios de censura para durar en Moncloa. Y rompió con Iglesias como Casado está rompiendo con Aznar: ambos giran porque los votantes están hartos de bloques bloqueándose. Cuando cambian las circunstancias, los inteligentes cambian con ellas y los fanáticos se atrincheran.

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11 octubre, 2019 · 9:49

Riña de seis

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Mintiendo.

Iba a volver el bipartidismo, aseguraban los tertulianos del bipartidismo -qué bien se vivía, suspiran-, y en esas parió Errejón. De modo que tenemos seis partidos nacionales dispuestos en formación de combate de tres contra tres que a la vez se aprestan al fratricidio intrabloque con españolísima fruición. Los viejos (PP y PSOE) contra los nuevos (Podemos y Cs) y los novísimos (Vox y Errejón) también contra los nuevos y alineados con los intereses de los viejos. Con semejante riña hexapartita usted lo primero que debe hacer es no fiarse de ningún tertuliano, empezando por mí, y mucho menos de encuesta alguna, todas impotentes y efímeras como los amores de barra. La situación es estrictamente impredecible, los españoles desprecian a los políticos solo un poco menos que a los periodistas y el cuento lleno de ruido y furia que no significa nada no tiene final porque únicamente un idiota puede escribirlo, aunque entre los propagandistas de Moncloa hay algún adicto a la farsa convencido de ser Shakespeare.

Pero como detesto el cacareo populista de los cobardes que socializan la culpa entre todos los políticos, iré por partes. El relato de Iglesias vende izquierda genuina, recupera la épica de la derrota de los humillados por los socialtraidores de siempre y hasta incorporó en el último momento algún giro vistoso como una coalición temporal revisable. Lo hizo, sabiendo que Sánchez se burlaría, por lo mismo que Rivera ofreció su abstención a cambio de marginar al partido de ETA, a quién se le ocurre pedirle eso a Sánchez. Iglesias y Rivera buscaban empezar la campaña desnudando la soberbia de un carácter vengativo que entiende el poder como destrucción del adversario después de purgar al compañero, única razón de que haya forzado el 10-N. Vox va de quitarse los últimos complejos -¡quedaba alguno!-, fotografiarse con Salvini y que sea lo que Dios quiera, literalmente. Errejón va de izquierda hospitalaria y sensible, venid a mí los que huís de la berrea de los dos machos alfa. Casado ha descubierto el poder de la elipsis, ese silencio que administra el buen narrador, pero no puede llegar a noviembre sin pronunciar palabra y las dos que más pronuncia, España Suma, suenan a abrazo del oso, a cierre de filas bipartidista, a reloj parado en 2015.

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24 septiembre, 2019 · 11:41

Los abortos de la nostalgia

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Contra lo establecido.

A usted le estarán dando la turra con una frase de este tenor literal: “¡Vaya con la nueva política!”. O de este: “¡Echo de menos el bipartidismo!”. Es probable, si nos ponemos dramáticos, que usted mismo la haya pronunciado. Sería usted el tonto útil de una astuta operación por la que los que han mandado siempre, han robado casi siempre o han bloqueado el cortijo para no compartirlo consiguen aparecer como las víctimas de la situación. El truco funciona por esa confusión entre temporalidad y causalidad que los lógicos escolásticos llamaron post hoc ergo propter hoc: los problemas de estabilidad empezaron con el fin del bipartidismo, luego la culpa es de los nuevos partidos. Pero si acercamos la lupa al bonito tapiz de la propaganda descubriremos las costuras.

Podemos y Ciudadanos no irrumpieron con fuerza en el Congreso por las ayudas de Maduro o el cariño del Ibex: lo hicieron porque conectaron con los intereses de una nueva generación de españoles cuyas necesidades -precariedad, transparencia, modernidad, transversalidad- eran sistemáticamente orilladas por el bipartidismo. Total si esos no votan, pensaban sus estrategas. Hasta que votaron. Con esos votos Podemos pactó con el PSOE, apuntaló autonomías socialistas y gobernó ciudades importantes; que su ineficiente gestión fuera castigada o que el orgullo de su líder frustrara la coalición no debe opacar el hecho crudo de que Sánchez debe todo su poder a Iglesias, que negoció la moción con los independentistas y le dio gratis el sí. Rivera, por su parte, apoyó la investidura de Sánchez en 2016; y cuando Sánchez bloqueó la salida, hizo girar la bisagra hacia el sí a Rajoy a cambio de una regeneración que Rajoy despreció. Pagó esa displicencia con la censura, pero aun entonces Cs votó en contra. Y después ha compensado con su apoyo territorial la caída estrepitosa del PP. Pese a esto, la campaña de Sánchez va de matar a Iglesias y la de Casado de matar a Rivera.

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22 septiembre, 2019 · 23:34

El kairós de Rivera

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Abrir la puerta.

Retratar con un solo movimiento la disposición de Pablo Casado a sumar por España y la credibilidad de Pedro Sánchez cuando niega el plan de forzar elecciones a su mayor gloria personal. La jugada estaba tan clara que solo sorprende el momento elegido. ¿Por qué Albert Rivera ha esperado hasta el final? Esta es la pregunta, claro. Y hay razones para explicar por qué.

La primera es que su previsión -como la de la inmensa mayoría de los analistas que se asomaron a los resultados de abril- daba por hecha una investidura de Pedro Sánchez con sus socios de la moción de censura. Era lo lógico, por la trayectoria de Sánchez y porque con Rivera no, botaba Ferraz. Sánchez se sentó a esperar las elecciones de mayo, en las que Podemos quedó malherido. Y luego viajó por Europa, donde le convencieron de que era el último eslabón de la estirpe de Willy Brandt -y nos creemos que se lo creyera-, pero que para seguir siéndolo debía prescindir de tratos con esos pelanas marxistas que le habían hecho presidente gratis. Con un Tsipras hemos tenido bastante, le comunicó Bruselas.

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17 septiembre, 2019 · 10:21

Fuego y cenizas en Ciudadanos

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Un adiós sonoro.

Nadie se irá del PSOE por los pactos con Bildu como se ha ido Toni Roldán de Cs por entenderse con Vox. Del enfado del marianismo con Casado tras su giro conservador solo supimos por una filtración periodística. El bipartidismo lleva años sin que uno de los suyos lave los trapos sucios en público. Pero precisamente ese superior nivel de exigencia justificó el nacimiento y la expansión de un nuevo partido de centro reformista, que soñó con la pureza como todos los adolescentes. El problema de la virginidad en política es que mantenerla demasiado tiempo lo único que consigue es aumentar la expectativa de su pérdida. Y cuando sucede, apareces en la portada de todas las revistas.

Roldán se ha subido a un atril y ha hecho lo único que jamás hace un político profesional: soltar todo lo que lleva dentro. La cruda honestidad de su discurso de despedida demuestra, de hecho, que él entró en Cs sin que la mentalidad de partido llegara a entrar en él. Es de los muy pocos que está estaba en el hemiciclo perdiendo dinero y un brillante futuro en la universidad o la empresa. No necesita el sillón: se va porque se niega a seguir tragando los sapos de la estrategia de competición por la derecha. Es verdad que ya se los tragó cuando votó a favor del veto a Sánchez en la Ejecutiva, y que estuvo en Colón -de donde salió con mal cuerpo, como la mayoría de dirigentes de Cs-, y que contribuyó decisivamente a armar el Gobierno de la Junta de Andalucía que acaba de aprobar unos buenos presupuestos con el apoyo de Vox, mucho más barato de lo esperado. Pero se ha imaginado cuatro años -¿ocho?- de oposición al sanchismo desde el flanco derecho y no ha podido resistirlo. “Al final uno se tiene que poder reconocer en el espejo cada mañana”, explicaba el hoy ex diputado a quien le preguntaba por los rumores de su inminente salida.

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25 junio, 2019 · 8:03