Archivo de la etiqueta: Genios absolutos

Por qué hacen falta toreros

Solo dos personas en este mundo contingente pueden permitirse creer que hacen falta, y además decirlo:

-Está feo que yo lo diga, pero vuelvo porque hago falta.

Uno es Donald Trump, que volvió a la Casa Blanca para terminar la obra que dejó inacabada en su primer mandato, sea esta la que sea. El otro, que es quien realmente pronunció esas palabras el Domingo de Resurrección en La Maestranza, es Morante de la Puebla.

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7 abril, 2026 · 19:15

Retorno a Waugh: ‘the love that makes us one’

La tarde del jueves, que aquí en la campiña inglesa llaman Maundy Thursday, entré en una iglesia anglicana a conocer sus oficios. La liturgia no es muy distinta de la católica, con la salvedad de que los ingleses se toman quizá demasiado a pecho la observación de San Agustín: «Quien canta reza dos veces». El caso es que se pasan la misa interpretando himnos que el cura dirige con seguridad de barítono: más que misal, tienen repertorio. Uno de esos himnos, escrito por un tal Brian Wren (¿inspiraría al protagonista de los Monty Python?), terminaba así: «The love that makes us one«.

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6 abril, 2026 · 16:40

El vicio eres tú

El eco de su espectáculo hiere la sensibilidad del pagano y no le queda más remedio que reconocerlo: algo tendrá Rosalía cuando la bendicen. El pagano quizá nunca llegue a recibir la luz de Lux, pero siguiendo a Chesterton está bien dispuesto a creer en cualquier cosa que no sea Dios, a diferencia de los creyentes ortodoxos (empezando por la Conferencia Episcopal), que desconfían científicamente del fervorín levantado en torno a la más universal de nuestras cantantes.

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6 abril, 2026 · 16:30

Un drama de Benavente o los conflictos del mal querer

No tenemos tantos premios Nobel en España como para poder permitirnos despreciar a ninguno. Puede que la obra del primero de todos, don José Echegaray -del que tanto se burlaron los modernistas- nos quede definitivamente lejos, anclada en un romanticismo tardío y declamatorio que vuelve imposible su rescate.

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28 marzo, 2026 · 10:13

No es elegante hacer la guerra en zapatillas

Ocurrió el miércoles a la salida del velorio de Raúl del Pozo donde tanto nos divertimos en su nombre, porque él no soportaba a los solemnes. Estábamos Latorre y yo saliendo de Casa Ciriaco, que juntó a comer al todo Madrid bajo la mirada burlona de Camba, atento a la dispar comensalía desde su retrato de la pared. Que yo recuerde había un general, dos poetas de periódico, un capitán de novela, nuestra concejala de cultura, una estrella de rock en la intimidad, el valido del presidente y la última comunista del país.

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14 marzo, 2026 · 9:25

Enmudece la calle: Raúl del Pozo ha muerto

Escribió una vez Raúl del Pozo que ya no pensaba ir a ningún entierro más que al suyo. Finalmente ha cumplido su palabra. Ha subido a la barca y ha cruzado la laguna dejándonos clavados en tierra, escurriendo la contraportada del periódico como un pañuelo empapado, mirando su nombre alejarse hacia la orilla de la leyenda.

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11 marzo, 2026 · 19:03

Cosmética para el alma

El relato literario, para serlo, debe declararle la guerra al relato político. La literatura contribuyó a acelerar el fin de la era victoriana cuando se puso a denunciar su monumental hipocresía, la elaborada patraña que la civilización británica se contaba a sí misma. Señalar al monstruo moral que podía ocultarse tras las maneras impecables del gentleman: ese fue el propósito narrativo que guio entre otros a Robert Louis Stevenson y a Oscar Wilde.

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25 febrero, 2026 · 17:54

Facilidades del psicópata para acceder a un arma en España

Me saqué el permiso de armas hace quince años. No aspiraba a convertirme en un Abelló, ni siquiera a rivalizar con la mortífera precisión de Landaluce: el plan era cazar conejos en la finca manchega de mi amigo Alberto para echarlos luego a la paella. Humanistas tan cuajados como Delibes saben bien que no hay afición más satisfactoria que un fin de semana consagrado al campo, levantándose al alba para desafiar el relente crudo de la estepa, pisando la dudosa luz del día con la escopeta al hombro y un temor reverencial a que el súbito arranque de la presa te obligue a romper el santo silencio del monte con un perdigonazo impertinente. Acertar era lo de menos: la pitanza hipercalórica y el vino generoso entre amigos, lo de más.

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21 febrero, 2026 · 12:44