Archivo de la etiqueta: Genios absolutos

Descendimiento

15865368128877

Un estudio del dolor.

Confinada en una tabla demasiado pequeña para la grandeza del drama que representa, la escena que Rogier Van der Weyden talló más que pintó en El descendimiento lleva seis siglos interpelando a su destinatario. Que no es el gremio de ballesteros de Lovaina que lo encargó sino que somos todos, porque todos conoceremos el sufrimiento. Una obra maestra lo es porque no termina de decir lo que tiene que decir; porque cada generación, al enfrentarse a ella, le añade un significado propio. Miramos el cuadro un Viernes Santo de 2020, con la mitad de la población del planeta obligada a permanecer en casa por la amenaza de una pandemia que habrá acabado con cientos de miles de personas y arruinado a muchos millones cuando concluya su paso exterminador. Si nos acercamos comprobaremos que el más profundo estudio del dolor humano del siglo XV reviste plena actualidad en el XXI.

Leer más…

Deja un comentario

12 abril, 2020 · 22:12

La voz inaudible

15831774898923

Cantante.

No basta con que Plácido Domingo pierda su futuro: es preciso que pierda también su pasado. Domingo es un ídolo de otro tiempo, uno ya remoto en que la ejemplaridad del artista importaba mucho menos que su talento, y los ídolos antiguos han de ser derribados para que los escribas del nuevo tiempo puedan anunciar su evangelio. A ese antiquísimo procedimiento de sustitución por el que todo poder constituyente reescribe un ayer inicuo para legitimar un hoy brillante los romanos lo llamaban damnatio memoriae, y en el caso de Domingo ya está en marcha: el Palau de les Arts de Valencia, que tanto le debe, se ha entregado a la penitencia de las vestales moradas -no en vano es el color de la cuaresma- y no solo ha suspendido todas las funciones del tenor sino que ha retirado su nombre al centro de perfeccionamiento. Es improbable que de ese centro salga un cantante tan perfeccionado como Domingo, pero al menos los mediocres del futuro no habrán sido formados bajo una advocación herética.

Leer más…

1 comentario

3 marzo, 2020 · 10:35

Se declara desierto el Premio Gistau

IMG_0217

En el boxeo.

Pero dejemos la anécdota memorable en el cofre de la intimidad y hablemos de la obra de Gistau, que es lo que ha de quedar. Si el estilo es el hombre y el carácter es el destino, David estaba obligado a llevar al folio su temperamento, que no es fácil de categorizar. Una buena parte de republicanismo afrancesado, una porción de americano vocacional, otra de casticismo de Chamartín y un torrente de sangre jacobina. Gistau no distinguía entre alta cultura y cultura pop, de modo que en la coctelera de sus referencias nadan mezclados Woody Allen, una legión romana, el Maradona previo a su narcodegradación, las camisetas de Motörhead, el madridismo ochentero, las novelas de Salter y los reportajes de Mailer, el Ali que meó sangre de por vida tras vencer a Frazier en Manila, un torero llamado Mazzantini que decía que era su antepasado y todos los clanes mafiosos que caben en la geografía del sur de Italia. Y ahí se alimentaba, más o menos.

Leer más…

Deja un comentario

13 febrero, 2020 · 9:48

Nunca bajarás del ring

94c8627a-8c5c-4fa3-81b4-622ff2de8338

Kiev, 2018.

Yo no tengo corazón para hacer esto. Yo no quiero escribir sobre David como si David no fuera a leerme mañana, porque aquí todos escribimos para alguien. Yo no puedo conjugar los verbos en pasado cuando me refiero a él, porque las palabras crean las noticias y hay palabras que deberían pronunciar siempre los otros y hay noticias que no se deberían dar jamás. Fue David quien me enseñó que un columnista que se precie nunca sonríe en su foto del periódico, pero eso es una cosa y otra distinta es empapar estas teclas que odio como un huérfano torpe al que le han abandonado de pronto las frases, el oficio y la alegría.

David, por supuesto, se avergonzaría. Cuando murió Jorge Berlanga, escribió de su compañero de contraportada el más aséptico de los obituarios porque así se lo pidió Jorge desde la cama terminal del hospital. A diferencia de la nuestra, la suya es una generación que aprendió la insinceridad espantable de la cursilería. Recuerdo un día, en los tiempos en que le daba la tabarra propia del aprendiz, que se rió de mí cuando le propuse que habláramos de poesía, como si los versos fueran un pasatiempo de nenazas. Pero el dominio del lenguaje de Gistau no se aprende en los gimnasios, donde a cambio se aprenden otras cosas.

Leer más…

Deja un comentario

10 febrero, 2020 · 22:40

La manta de Rembrandt

Rembrandt_Harmensz._van_Rijn_058

“Sagrada familia”, de Rembrandt.

La navidad es una tiranía binaria que cada año parte en dos el alma de la sociedad. La fecha está demasiado cargada de identidad colectiva y de memoria personal como para librar espacio al tercerismo de la indiferencia. La navidad gusta o se odia, enternece o irrita, nos devuelve a la soberanía de la ilusión que fue la infancia o pulsa en nuestro recuerdo la llaga de los que no están. El ternurismo ñoño de mal lector de Dickens, el porno emocional de la lotería y el tam-tam invasivo de las campañas de publicidad se alían para convencernos de que lo propio de esta época es la alegría, la piedad o el derroche. Pero el verdadero espíritu navideño parte siempre de la tristeza, el dolor y la privación. Tabúes del primer mundo.

Leer más…

Deja un comentario

24 diciembre, 2019 · 10:41

Pensar sin asideros, de Hannah Arendt

Maquetación 1

Hannah.

Leer a Hannah Arendt (1906-1975), sobre todo si uno viene de cubrir una campaña electoral de 2019, provoca el mismo efecto que subir en ascensor ultrarrápido desde un sótano enrarecido hasta la azotea de un imponente rascacielos. Pero ese efecto no sólo lo produce la gigantesca estatura intelectual de la pensadora judía, sino igualmente su coraje temerario a la hora de defender posiciones que ella creía verdaderas al margen de las desagradables consecuencias que su claridad le acarrease en el mundo académico como en el mediático, e incluso entre los de su raza.

Estos dos volúmenes que recogen su obra ensayística inédita en forma de libro -desde artículos y conferencias hasta coloquios y entrevistas- no en vano se titulan Pensar sin asideros. Arendt llevó la disposición insobornable del filósofo liberal al extremo de su compromiso, y ya se sabe que el precio de la independencia a menudo suele ser la soledad. Despreciaba la tradición de la metafísica occidental -en eso era marxista- no por soberbia, sino porque se daba cuenta de que el siglo que le había tocado vivir, el terrible siglo XX, había liquidado las categorías de lo concebible hasta entonces. Tocaba levantar un nuevo corpus filosófico para comprender al hombre. Al hombre capaz, por ejemplo, de diseñar el Holocausto o el Gulag.

Leer más…

Deja un comentario

19 noviembre, 2019 · 10:21

Contra los periodistas y otros contras

42203_1

Karl Kraus.

Al vitriólico Karl Kraus (1874-1936) la vida austriaca le parecía un “bello cadáver”. En Berlín comen ostras, decía, pero en Viena se contentan con ver comer ostras a los demás. Había nacido en el seno de una familia judía acomodada, pero un insobornable espíritu de contradicción le impedía valorar el discreto encanto de la burguesía, cuyos vicios -en especial la mezquindad de imaginación y la cursilería- fustigó sin piedad. Cargó lo mismo contra la decadencia imperial austrohúngara que contra el pangermanismo nacionalista con valentía y lucidez proféticas, y sin privarse ni por un instante de paladear la más refinada oferta cultural de Europa, que bullía en la Viena primisecular. Pocos nombres como el suyo están tan asociados a la cultura vienesa, a la literatura de café -ese género netamente vienés del folletón que tanto recuerda a nuestro columnismo costumbrista-, a la emergencia de las vanguardias en todos los órdenes del arte y el pensamiento: del dodecafonismo al psicoanálisis, del expresionismo a la Bauhaus.

Y sin embargo se erigió al mismo tiempo en un icono de la sátira, del pesimismo y de la misantropía: era un liberal que escribía con el tono ácido del reaccionario. A su imagen temible contribuyó en buena medida su actividad periodística al frente de la revista Die Fackel (La antorcha), que editó y redactó casi en solitario durante 37 años. Cada una de sus entregas, que no dejaban títere con cabeza, era esperada con avidez por genios tan dispares como Wittgenstein, Musil, Schönberg o Canetti.

Leer más…

Deja un comentario

16 abril, 2019 · 10:47

Ferlosiana

15541433121075

Un clásico.

De una España que idolatra la cocina, el gimnasio y las mascotas ya estaba tardando en bajarse Rafael Sánchez Ferlosio, que consagró su vida a las anfetas, la sintaxis y los hombres. Tiene suerte de haberse muerto antes de tener que soportar la humillación del elogio unánime, el gran contestatario devenido autoridad, el iconoclasta hecho mármol, el ceñudo revelado en su ternura. Lo cierto es que el inmortal ha muerto y ha hecho bien, porque nada de lo que podía ofrecerle el mundo podía ya interesarle.

El columnista capaz de escribir “sinaítico” porque quizá veterotestamentario le parecía manido está mejor en los libros de texto -¿los hay aún?- que en su tertulia del barrio de la Prospe. El español que se medía con Ortega, y en ocasiones lo vencía, no tenía espacio en los zascas de Twitter. El humanista que acusó a Walt Disney de ser “un corruptor de menores nunca bastante execrado, el más mortífero cáncer cerebral del siglo XX”, jamás habría podido exonerar a sus discípulos, especistas descongelados que propugnan los derechos humanos de los animales. El anarquista que clamaba lo mismo contra “el furor de dominación” del Estado y contra “el furor de lucro” del mercado no encajaba en el troquel binario con que se empeñan en seguir sexándonos como a pollos sin cabeza. El ciudadano ahíto ya en los 80 de la “empachosa onfaloscopia” –omphalós en griego significa ombligo- por la que la lucha cívica de la igualdad cedía al empuje disgregador de las identidades no resistía otra ojeada a los frentes judaicos populares en que ha degenerado la izquierda. El ateo irreductible que se mofaba del macizo de la raza marcha de aquí antes de aguantar la nueva ola de narcisismo folclórico que esencializa la romería del Rocío o eleva la tauromaquia a misión histórica. El moralista escatológico que denunciaba “la moral del pedo” ha preferido morirse antes de seguir oliendo el tufo a sacristía laica de tanta oenegé, colectivo, minoría, activista de agravio vivo e intestino muerto cuyo gas noble solo complace al que por su culo lo predica. Y el jacobino, en fin, que hace un año ya confesaba el tedio oceánico que le producía el tabarrón catalán ha decidido fallecer oportunamente antes de seguir tolerando “esta peste catastrófica de las autonomías, las identidades, las peculiaridades distintivas, las conciencias históricas y los patrimonios culturales”, por culpa de lo cual la inteligencia de los españoles -afirmaba- va degradándose hasta acercarse peligrosamente a los umbrales de la oligofrenia.

Leer más…

2 comentarios

2 abril, 2019 · 11:37