Archivo de la etiqueta: Genios absolutos

El síndrome de Gauguin

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Tita, hijo y Gauguin.

Viene un tiempo feo sin síndrome de Stendhal pero con síndrome de Gauguin, aquel pintor francés que se tomó verdaderamente en serio la crisis de los cuarenta. Gauguin, se nos dice, dejó una vida de corredor de bolsa sobre el alienante asfalto de París para entregarse al arte por el arte en el edén polinesio. Podríamos verle como un sucesor de Thoreau, solo que sin puritanismo, o como un precursor de Greta Thunberg, solo que con talento. Lo que se nos oculta es que Gauguin no encontró precisamente la felicidad en las paradisíacas islas Marquesas, donde murió sifilítico perdido, abandonado por los marchantes y deprimido hasta el intento de suicidio. Así que el síndrome de Gauguin no debería servir para alentar el deseo infantil de retroceder al confort uterino cuando el adulto alcanza el arduo ecuador de una vida secuestrada por el capitalismo, sino para advertir de que esa huida puede acabar en un infierno peor que el purgatorio del que se pretende escapar cuando el problema lo tiene el afectado y no su entorno. Son innumerables las novelas y películas escritas con este argumento, por no hablar de los beneficios que esa garrafal pulsión emancipatoria ha reportado a los concesionarios de coches pintureros y a los bufetes de abogados matrimonialistas.

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26 julio, 2020 · 22:38

Señoritos de mierda

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Un escritor honesto.

Cuando una pija marxista de tantas como sigue expidiendo la universidad española -y más en Barcelona- se acercó a Marsé para revelarle que Últimas tardes con Teresa era en realidad un ajuste de cuentas con la burguesía opresora, el escritor ensayó una educada negativa.

-Pues yo no lo creo… Quizá de forma inconsciente se me ha escapado algo, pero…

-No, no. La hemos estudiado a fondo y ajusta cuentas con la burguesía. Está claro.

Entonces, como siempre que la clase privilegiada le daba lecciones, se calentó:

-Mira, nena. Te voy a decir qué fue lo que me inspiró. Yo siempre he querido follarme a una chica rubia de ojos azules como tú. Pero como soy feo, he tenido que escribir esta novela para embellecer mi mundo. De haber podido follarme a alguien como tú, no la habría escrito.

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21 julio, 2020 · 10:31

La música del paraíso

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El padre Gabriel al oboe.

Un misionero atado a una cruz flota boca arriba sobre el agua oscura. Su condena parece tan inexorable como la corriente de un río. El crucificado zozobra unos segundos entre los rápidos del Iguazú antes de ser engullido por la gran catarata. Ni la piedad ni la fe tienen cabida en los dominios salvajes de un mundo donde la virginidad es la garantía misma del brutalismo. Pero el padre Gabriel toma su oboe y una biblia y se interna en la selva para averiguar si Dios quiere otro mártir o fundar su misión. Remonta el río, se sienta en una piedra y comienza a tocar. La melodía fluye de él hacia la espesura e incluso los pájaros enmudecen. Indígenas armados de flechas no tardan en rodear al intruso que debería seguir a su precursor hasta el negro vientre de la catarata. Pero Gabriel no se inmuta, sigue tocando, se aferra a la música que puede salvarle. Dios expulsó a los hombres del edén y confundió sus lenguas, pero les dejó el idioma universal de la música para que supieran el camino de regreso al paraíso.

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7 julio, 2020 · 10:05

El Prado: el arte de volver

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Edén.

Los museos se inventaron para reservar un espacio a las cosas valiosas. Para conceder a la belleza o al menos a la curiosidad una habitación propia. Los museos son espacios protegidos y ordenados dentro del espacio salvaje y caótico de la ciudad. Pero hay un museo que es distinto de los demás porque no se define en relación con el espacio, sino en relación con el tiempo. Sus salas no acumulan y disponen cosas bellas con mayor o menor armonía. Sus salas exhiben el tiempo mismo. Solo hay una cosa que Saturno no puede devorar: lo que Tiziano o Goya hicieron con él.

Por eso El Prado es único. Porque en los espejos de sus obras maestras se detiene a mirar la historia del arte, que es la historia del hombre. Sus paredes devuelven el reflejo de lo que fuimos cuando no lo sabíamos, de lo que somos y no queremos reconocer y hasta de lo que soñamos sin atrevernos a serlo. Pintores de pintores se desafiaron a través de los siglos para capturar el tiempo humano en un lienzo y lo lograron. A un costado del bullicioso paseo que lleva su nombre están inmortalizadas todas las vidas posibles, de las más sublimes a las más oscuras. Rey o bufón con Velázquez. Pecador con El Bosco o santo con Zurbarán. Muertos todos para Bruegel o delicadamente ascendidos al cielo por Murillo. El Prado habla del tiempo en que la monarquía española dominaba el mundo, y también del tiempo en que ajusticiaba a sus héroes, pero sobre todo le habla al espectador de hoy. Su colección está viva, se compone de obras que se comunican entre sí cuando cae la noche y las puertas se cierran. Nunca desde la Guerra Civil habían permanecido tanto tiempo cerradas. Ahora se reabren, Madrid se desconfina y entretanto los cuadros de El Prado se han movido para contar su historia perenne de una forma nueva. Volver también es un arte.

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7 junio, 2020 · 11:47

‘Air’ Jordan toma tierra

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Cuando volaba.

Es noticia que Michael Jordan comunique al mundo tres párrafos de indignación racial por la muerte de George Floyd. Es noticia porque Jordan, como más alto símbolo de los 90, estaba por encima de las categorías identitarias de raza, sexo y nacionalidad en las que se viene fundando el compromiso político desde que la izquierda perdió ante la derecha la gestión material y se especializó en la espiritual. El mejor deportista de la historia habitaba por derecho propio un olimpo incompatible con militancias pedestres. Jordan era global, a Jordan no se le conocían indignaciones ajenas al drama puramente atlético que se desarrolla en una cancha, Jordan ni siquiera era negro. Otros que sí lo eran, como Spike Lee o Barak Obama, entre medias de su incontenible admiración deslizan en The last dance reproches a la neutralidad ideológica del ídolo, que evitó pronunciarse en público contra un candidato racista republicano -aunque donó dinero en privado a su contrincante- con la madre de todas las declaraciones neoliberales: “Los republicanos también compran zapatillas”. Y sin embargo cualquier activista ha de reconocer que Jordan hizo más por el empoderamiento de los negros que cualquier película de denuncia o que la presidencia histórica de Obama, más histórica que presidencia.

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2 junio, 2020 · 13:19

Descendimiento

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Un estudio del dolor.

Confinada en una tabla demasiado pequeña para la grandeza del drama que representa, la escena que Rogier Van der Weyden talló más que pintó en El descendimiento lleva seis siglos interpelando a su destinatario. Que no es el gremio de ballesteros de Lovaina que lo encargó sino que somos todos, porque todos conoceremos el sufrimiento. Una obra maestra lo es porque no termina de decir lo que tiene que decir; porque cada generación, al enfrentarse a ella, le añade un significado propio. Miramos el cuadro un Viernes Santo de 2020, con la mitad de la población del planeta obligada a permanecer en casa por la amenaza de una pandemia que habrá acabado con cientos de miles de personas y arruinado a muchos millones cuando concluya su paso exterminador. Si nos acercamos comprobaremos que el más profundo estudio del dolor humano del siglo XV reviste plena actualidad en el XXI.

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12 abril, 2020 · 22:12

La voz inaudible

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Cantante.

No basta con que Plácido Domingo pierda su futuro: es preciso que pierda también su pasado. Domingo es un ídolo de otro tiempo, uno ya remoto en que la ejemplaridad del artista importaba mucho menos que su talento, y los ídolos antiguos han de ser derribados para que los escribas del nuevo tiempo puedan anunciar su evangelio. A ese antiquísimo procedimiento de sustitución por el que todo poder constituyente reescribe un ayer inicuo para legitimar un hoy brillante los romanos lo llamaban damnatio memoriae, y en el caso de Domingo ya está en marcha: el Palau de les Arts de Valencia, que tanto le debe, se ha entregado a la penitencia de las vestales moradas -no en vano es el color de la cuaresma- y no solo ha suspendido todas las funciones del tenor sino que ha retirado su nombre al centro de perfeccionamiento. Es improbable que de ese centro salga un cantante tan perfeccionado como Domingo, pero al menos los mediocres del futuro no habrán sido formados bajo una advocación herética.

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3 marzo, 2020 · 10:35

Se declara desierto el Premio Gistau

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En el boxeo.

Pero dejemos la anécdota memorable en el cofre de la intimidad y hablemos de la obra de Gistau, que es lo que ha de quedar. Si el estilo es el hombre y el carácter es el destino, David estaba obligado a llevar al folio su temperamento, que no es fácil de categorizar. Una buena parte de republicanismo afrancesado, una porción de americano vocacional, otra de casticismo de Chamartín y un torrente de sangre jacobina. Gistau no distinguía entre alta cultura y cultura pop, de modo que en la coctelera de sus referencias nadan mezclados Woody Allen, una legión romana, el Maradona previo a su narcodegradación, las camisetas de Motörhead, el madridismo ochentero, las novelas de Salter y los reportajes de Mailer, el Ali que meó sangre de por vida tras vencer a Frazier en Manila, un torero llamado Mazzantini que decía que era su antepasado y todos los clanes mafiosos que caben en la geografía del sur de Italia. Y ahí se alimentaba, más o menos.

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13 febrero, 2020 · 9:48