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Un filósofo en el dentista

Los que acusaban a Ortega de ser el filósofo de lo obvio no leyeron a Byung-Chul Han, que es el pensador de moda en un tiempo en que pensar no está de moda. Para pensar ya están las máquinas, terrible competencia para Han, que defiende el fruto artesanal de su cerebro como el pastelero de proximidad arremetería contra la bollería industrial. «La inteligencia artificial no piensa. A la inteligencia artificial no se le pone la carne de gallina», afirma en El País. Para Han pensar es como salir de la ducha en diciembre, greguería digna de Ramón: «¿Qué es el arte? Morirte de frío». ¿Qué es filosofía para nuestro filósofo? Una confitería de galletas chinas. Coreanas, de hecho.

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26 octubre, 2021 · 12:12

Entrevista a Arcadi Espada

Lleva quizá el único apellido parlante del columnismo español. Un centelleo, un chasquido y un corte seco. El estilo de Arcadi Espada (Barcelona 1957) ofrece el magisterio afilado de una idea ejecutada con limpieza. En su nuevo libro, que lleva un finísimo prólogo de Ferrán Caballero, se bate en duelo contra la superchería.

Se non è vero, è ben trovato. Usted ha construido su carrera contra ese refrán. Contra el peligro de elevar la verosimilitud al lugar de la verdad. 

Sí, pero no lo considero una rareza. O no debería. El paradigma de la verosimilitud es honrado, pero no es el de nuestro oficio. Lo que sabemos con seguridad sobre lo verosímil es que no ha sucedido. Yo soy un escritor que trabaja con la veracidad. Los que trabajan con la verosimilitud son los novelistas realistas. Otra cosa es que hayamos perdido la perspectiva de lo que es este trabajo hasta el punto de que esta distinción parezca una rareza.

La foto de Capa del miliciano muerto. Es un montaje pero servía a la propaganda, que es lo que sustituye a la verdad en las guerras. ¿La primacía hoy de la posverdad significa que estamos en guerra, aunque sea cultural? 

Sospecho que hay cosas que pasan por primera vez. La posverdad no son las antiguas mentiras: el mentiroso no deja de tener un cierto respeto por la verdad, como el gángster lo tiene por la ley. De ahí su mala conciencia. El caso Trump -digo Trump por no decir Sánchez-, que es el símbolo de todo esto, no es la simple manipulación de la verdad, no se sitúa en el paradigma orwelliano de la neolengua: es que la verdad ha dejado de interesarle. Por eso va a montar su propia red social. Siente hacia los hechos una indiferencia total. Por ejemplo hacia el hecho de perder las elecciones. Y lo avisó: que no lo reconocería. Hizo lo que se esperaba de un hombre al que no le interesan los hechos. Se mueve por un paradigma religioso. Importa la trascendencia, y toda trascendencia es subjetiva.

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24 octubre, 2021 · 9:31

La ley y la rasta

Al derecho le está pasando como a la salud mental o a las erecciones: que son cosa del pasado. Vestigios aparatosos de aquellos animales racionales que anteponían la ley a los sentimientos, preferían el imperio de la cordura a las misericordiosas cuotas de tarados y hasta se empalmaban de vez en cuando. A la luz de esta revolución moral comprendemos que Meritxell Batet se resistiera a darse por enterada de lo que el Supremo le requería: que retirara ya el acta a un diputado condenado en firme por patear a un policía. Hasta un niño de cinco años entendería que un agresor sentenciado no debe ostentar la representación pública de los españoles. Pero si traemos aquí al niño de Groucho, descubriremos con horror que tiene cuarenta tacos y ocupa varios ministerios y una vicepresidencia. Todos los cargos podemios del Gobierno han arremetido contra la Justicia bajo la mágica premisa de que un policía jamás puede ser víctima, aunque pruebe el daño, y un sedicente activista social jamás puede ser agresor, aunque patee. «Señora diosa, bájese la venda, contemple las rastas rusonianas de nuestro buen salvaje y obre en consecuencia», exige el populismo, esa enfermedad infantil que ha destruido a la izquierda española.

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24 octubre, 2021 · 9:25

Lágrimas de serpiente, jeta de jabalí

Sánchez un día se puso a contar votos y dijo coño, si esos muchachotes vascos tiene ya grupo propio en el Congreso y van segundos en Euskadi. Además son progresistas, feministas y ecologistas. ¡Parecen hechos para apoyarme! Ahora se trata de que los demás, siempre tardos, lo vean tan claramente como yo.

Y en eso estamos, damas y caballeros. Se acelera el plan de blanqueamiento de los colegas de los gudaris que troceaban niños, amputaban mujeres, pulverizaban guardias civiles y culminaron con éxito la limpieza ideológica de una tierra donde el pluralismo ha sido extirpado literalmente a hostias. Ahora allí se mueren de viejos, pero eso sí, todos muy vascos y con el alzheimer oportuno, no vaya a ser que a la vejez se les recuerde el medio siglo de cobardía cuando no de complicidad sin las cuales ETA no habría durado lo que duró. Qué digo, sin las cuales las nuevas euskocamadas no seguirían hoy romantizando los bombazos de sus boomers. Y ojo porque quien justifica políticamente la violencia pasada solo necesita un gobierno de PP y Vox para justificar la futura.

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21 octubre, 2021 · 11:50

Petrificar a Rubalcaba

A todo aquel que alcanza el poder de forma heterodoxa le conviene borrar el rastro de su ascenso. Porque cuando llega el tiempo de la tribulación -es la economía, estúpido-, el mero poder ya no se basta para disciplinar a los propios, que tan pronto detectan la debilidad del jefe como experimentan la tentación de abandonarlo para ganar mejor plaza en la carrera de relevos. El ejercicio del poder necesita ahí una garantía adicional de sumisión, una emoción de pertenencia que selle las grietas como la pez sobre los barcos astillados. En las tribus el chamán recurre a los mitos ancestrales, en las dictaduras sobra con el terror y en las partidocracias se atiza el patriotismo de partido. Por eso lo que vimos este fin de semana no fue un congreso político sino una ceremonia religiosa donde el líder orquesta su legitimación ante lo que ha de venir.

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19 octubre, 2021 · 10:18

Antifa antes que madre

Una antifa madre -por este orden- cuenta en Twitter su desgracia: ha encontrado una pulsera de Vox con la bandera de España en un cajón del cuarto de su hijo. Lo primero que le ha pedido el cuerpo ha sido escandalizarse ante las legiones de desconocidos de una red social caracterizada por la kilométrica distancia desde la que se emiten los juicios más sumarios. A esta usuaria antes que antifa y a esta antifa antes que madre la mueve una pulsión digital que los anglosociólogos tienen ya diagnosticada: virtue signalling (postureo ético, recomienda la Fundéu). Vivimos en un mundo abierto de par en par a la mirada del otro que forma una hilera de egos yuxtapuestos y solitarios conectados por la ansiedad de la anuencia. Pasamos horas en las redes en pos de la aprobación de usuarios a los que no conocemos sino a través de una identidad compartida. Pero cuando exhibir esa militancia abstracta importa más a una madre que proteger la privacidad de su hijo, cuando alardeas ante tus seguidores con triangulito rojo -el sello de la discoteca antifascista que se enseña al entrar- de que serás capaz de echar de casa a ese Adolfito en ciernes si continúa por la senda fascista, entonces contemplamos aterrados la victoria de la ideología sobre la biología.

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16 octubre, 2021 · 17:53

A Frankenstein le aprietan los tornillos

No era por los abucheos del Doce de Octubre por lo que a Sánchez le temblaba la mano que sujetaba el papelito donde tenía apuntadas las respuestas a la oposición. A Pedro el Abucheado solo le hace temblar la idea de perder el poder, y su poder hoy por hoy no depende de los decibelios de la calle sino de los votos del Parlamento. De unos más que de otros. Por ejemplo del PNV, que fue quien le puso en La Moncloa con aquella moción de censura a Rajoy de la que los muchachos extractivos de Aitor Esteban por momentos parecen arrepentirse.

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14 octubre, 2021 · 9:13

La mente del calamar

Cómo no va a tener éxito El juego del calamar si es una traducción perfecta de la mente populista a la narrativa audiovisual, y nadie cuenta cuentos mejor que un populista. El populismo no es una ideología y ni siquiera una estrategia; no es una oferta de soluciones simples a problemas complejos ni tampoco el cultivo calculado del antagonismo entre élites culpables y pueblo engañado. Es más bien el conjunto kantiano de condiciones perceptivas que determinan el juicio de los votantes asustados. El miedo es la premisa emocional del populismo; por eso el primer deber del líder o del partido populista es identificar la clase de amenaza que se cierne sobre su audiencia: la casta, el globalismo, las eléctricas, los inmigrantes, el hombre blanco, la mujer pantera, los fondos buitre, los burócratas europeos. Si el público acepta la premisa narrativa, el pacto de ficción queda sólidamente establecido y la trama empieza a fluir, con sus héroes, sus villanos y su carne de cañón.

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12 octubre, 2021 · 10:08