Archivo de la etiqueta: humanismo o muerte

Alemania al fin aburre

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El fin de la historia.

A nuestra corresponsal en Berlín le ha tocado cubrir “una de las campañas electorales más aburridas de los últimos tiempos”. Los que tenemos que escribir sobre Cataluña la compadecemos. Uno se hace periodista en la esperanza de cubrir al menos una revolución en su vida, pero no parece que la Alemania de Merkel vaya a satisfacer próximamente esta romántica fantasía. Hablamos de la cuna continental del romanticismo, y de cosas aún peores. Pero tras liarla parda a lo largo de los siglos, el alma germana ha encontrado la paz. Ya no tiene ganas de provocar la caída del Imperio Romano, ni de originar un cisma que parta el cristianismo, ni de vengarse de Francia, ni siquiera de invadir Polonia. Ya no compone sublimes sinfonías ni redacta metafísica trascendental. Hoy se conforma con oponerse a la mutualización de la deuda y copar el mercado europeo del automóvil.

Ahora bien, la principal exportación alemana es el consenso político. El domingo va a ganar Merkel, pero daría lo mismo que ganara Schulz. El debate televisivo que sostuvieron los coaligados contrincantes fue de tal cortesía que la audiencia declaró vencedor al cámara. Se peleaban literalmente por darse la razón. El socioliberalismo alemán, camino de su cuarto mandato, se nos antoja el verdadero fin de la historia, alcanzado por la misma nación exhausta y feliz que antaño no solo aceleraba los acontecimientos, reescribiendo el atlas cada semana, sino que describió el mecanismo dialéctico para teorizar su propio avance inexorable hacia la plenitud nacional. Ya los alemanes no quieren ni oír hablar de Herder, el formulador de esa pulsión primero lírica y luego criminal llamada nacionalismo, ni tampoco de Carl Schmitt, doctrinario del antagonismo amigo-enemigo que ahora recupera el populismo para fundamentar sus revanchas callejeras contra la democracia liberal. En Alemania está prohibido el nazismo, el comunismo y el independentismo. Esto es como plantarse en la cueva de Zugarramurdi, petada de brujas y hechiceros, e instalar fibra óptica. Se ahorra uno muchos siglos de parloteo estéril y sacrificios humanos.

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22 septiembre, 2017 · 11:26

Hacia el catalán puro

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Una raza nueva.

Si una sagaz feminista escribió que “no se nace mujer, sino que se llega a serlo”, puede que tampoco se nazca catalán, sino que se llega a serlo… tras haber nacido español. Para convencer en Oxford el separatismo necesita mayor aparato crítico, empezando por someter a Gaby Rufián a examen antropológico. ¿Puede un charnego común, en un esfuerzo supremo de voluntad, encaramarse a la noble condición del catalán puro, es decir, ex español? ¿Es posible que Rufián sea la Simone de Beauvoir del soberanismo?

Mi respuesta es que sí, y puedo argumentarla partiendo del Renacimiento italiano. Rufián encarna el final de un largo camino filosófico que emprendió Pico della Mirandola en su conocida Oración sobre la dignidad del hombre de 1486, que pone en boca del mismo Dios la fórmula de la excepción humana a las leyes naturales:

-La naturaleza encierra a otras especies dentro de unas leyes por mí establecidas. Pero tú, a quien nada limita, por tu propio arbitrio, te defines a ti mismo. No te he hecho ni celeste, ni terrestre, ni mortal, ni inmortal, a fin de que tú mismo, libremente, a la manera de un buen pintor o un hábil escultor, remates tu propia forma.

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El bueno (Maza), la fea (Colau) y el malo (Otegi) en La Linterna de COPE

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15 septiembre, 2017 · 10:57

El dilema de Mitilene

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Hamlet celta.

Soy muy consciente de lo que se espera de mí, advirtió lentamente Rajoy en un discurso notable, forma y fondo cosidos a la solemne pero no enfática voluntad del estadista desafiado. De sus palabras se deduce que ha aceptado la reducción de su larga carrera al temario único del que el juicio de la historia terminará examinándole. Y no será la corrupción, ni siquiera la gestión de la crisis: será el aspecto del paisaje institucional que deje la rebelión catalana una vez sofocada. Porque será sofocada. Desde que compartimos solar, los españoles salimos a un par de rebrotes indepes por siglo a cargo de los inquietos nobles del viejo reino de Aragón, deseosos de engordar la bolsa y adelgazar los tributos. Ambición tan vulgar que requiere generosas partidas en folclore para justificar hechos diferenciales. Pero Rajoy no es el conde duque de Olivares: en todos sus anuncios se esmera por acompañar la garantía de firmeza con la promesa de proporcionalidad. A esa facultad de la razón práctica que se basa en la experiencia y la medida los griegos la llamaban phronesis (prudentia, en latín), para diferenciarla de la sophia, que reservaban al conocimiento teórico. A la razón pura.

Si Rajoy fuera la clase de gobernante que aplica la razón pura, hace tiempo que la autonomía catalana habría sido suspendida. Pero la prudencia marianista, que complace antes a la izquierda o al centro que a la derecha huérfana de autoridad, muy pronto va a probar su condición de virtud o de vicio. Para los atenienses la democracia no era sino la expresión política de la phronesis, mientras que para los espartanos el miramiento ateniense delataba una fragilidad incompatible con el poder del Estado. Ambas ciudades se batieron en las guerras del Peloponeso, cuyo mejor corresponsal, Tucídides, recoge un episodio quizá instructivo para la democracia española de 2017.

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Vuelve El bueno (Rajoy), el feo (Coscubiela) y la mala (Forcadell) en La Linterna de COPE

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8 septiembre, 2017 · 12:45

Dos entrevistas

jorge-bustos-en-zendaSOBRE JORGE BUSTOS Y LA HIJA DE LOS CLUTTER

Hay poco pudor en las páginas de este libro, bastante poco. Será porque nadie en su sano juicio querría releerse en voz alta o enseñar fotos suyas, de niño, abrazado a un osito de felpa. Y algo de eso tiene Crónicas biliares, el libro que Jorge Bustos acaba de publicar con Círculo de Tiza. Pero bueno, es él. Que Jorge Bustos es un arrogante es algo que hasta él admite de buena gana. Alguien a quien sus arrebatos de prosista le pueden y que sin embargo sobrevive al exceso de confianza por su capacidad de hacer humanismo a contrarreloj: desde hablar de la alineación de Zidane hasta revisitar las fábulas de Esopo. Y eso, a su manera, adjetiva, explica y hasta redime.

Leo a Jorge Bustos desde mucho antes de su fichaje como columnista de El Mundo,  y lo hago sólo para estar en desacuerdo con él. Algo así como una terapia con sanguijuelas. Esa forma rara de empatía que pueden entablar quienes se llevan la contraria. He llegado incluso a pensar que la discrepancia se ha convertido en una secreta amistad y una modalidad respeto. ¡Jorge, por Dios!, exclamo ante el papel poroso de sus glosas futboleras de los lunes y qué decir de sus opiniones sobre asuntos tan variados que abarcan desde los vestidos de la Pedroche en año nuevo hasta las mociones de censura. ¡Jorge, por Dios!, digo llevándome la mano a la coronilla. Pero regreso, siempre regreso. Y esa es la razón de este encuentro.

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Afilada entrevista me hace aquí, a partir del minuto 15, Cristina López Schlichting en COPE

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23 julio, 2017 · 17:25

Dalí profanado

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Obra sin título.

Cada mañana se levantaba experimentando la exquisita alegría de ser Salvador Dalí y se preguntaba: “¿Qué cosas maravillosas logrará hoy Salvador Dalí?”. El pintor de Figueras fue un genio porque se propuso serlo con determinación absoluta, y se labró su propia genialidad pintando tetas voladoras y calzándose chaquetas adornadas con chupitos de pippermint. Pero desde que murió, Dalí ya no puede levantarse entusiasmado consigo mismo, lo cual no quiere decir que su obra haya quedado interrumpida: únicamente se tumbó a esperar a que nuestra pertinaz necrofilia terminase el trabajo. Finalmente el surrealismo daliniano alumbró ayer su obra maestra, que no fue la muerte del genio, como el mismo Dalí pensaba, sino su resurrección por orden del juez para acreditar una paternidad póstuma. El círculo creativo del ácido desoxirribonucleico ha sido cerrado.

La rareza de Dalí no consiste en su arte sino en su optimismo, que es voluntad proyectada al futuro. Si en España la genialidad escasea es porque se resiste a abandonar su idiosincrásico fatalismo, que es voluntad encadenada al pasado. La política regala ejemplos a diario. ¿Pacto educativo, reforma de las pensiones, modelo fiscal? ¿A quién le importan las ilusiones de la próxima generación si movilizan más las penas de las generaciones perdidas? Aquí la memoria histórica no es un precepto compartido sino una parafilia grupal. La Transición no se acaba nunca, para impugnarla o para extenderla hasta Doña Leonor. Franco es una presencia cada día más amenazante, hasta el punto de que don Lambán se ha visto obligado a arbitrar sanciones millonarias para contener las riadas de fascistas que bajan por el Ebro cantando el Cara al sol. Los callejeros se renombran obsesivamente. Las mociones de censura se dirigen contra Cánovas del Castillo. Las comisiones de investigación se remontan a las meriendas de Fraga, y se reclaman otras nuevas para revivir la dulce guerrilla urbana cuando lo de Irak o para adjudicar nuevas culpas por el accidente de Angrois. Ni siquiera el suicidio de Blesa extingue la fruición justiciera del español estafado, que desearía hacer con su cadáver lo que Twain con el de Jane Austen: desenterrarlo y golpearle el cráneo con su propia tibia. La muerte en España nunca muere: es como el semen de Dalí, que engendra demandantes después de enterrado. El mismo semen que el adolescente Salvador metió en un bote y envió a su padre con este mensaje: “Ahora no te debo nada”. Admirable ejercicio de emancipación liberal que, en el solar de papá Estado, singulariza más al artista que sus asnos podridos y sus relojes licuados.

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21 julio, 2017 · 12:34

La guerra de Fundéu

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El cristal de la Fundéu.

Sobre la mampara de cristal de la sala de reuniones de la Fundéu están pintadas las cuatro últimas palabras del año. En 2013 fue escrache, en 2014 selfie, en 2015 refugiado y en 2016 populismo. Realmente están bien elegidas: leídas una detrás de la otra describen la parábola espiritual de la época. Sintetizan el reciente devenir de nuestro mundo -ese en el que lo real coincide con lo escrito: lo que no se publica no existe- a través de los respectivos movimientos del alma: la ira, la vanidad y la compasión. Lo curioso es que la suma de esas tres pasiones da como resultado la cuarta palabra: populismo. Que es, efectivamente, el estado de ánimo propio del narciso cabreado por la pena que siente de sí mismo.

La Fundéu no tiene por misión crear el lenguaje -y por tanto la realidad- sino registrarlo y sancionarlo. Pero a menudo se dirigen a ella españoles cabreados (valga el pleonasmo) para exigirle que prohíba determinada expresión machista o que imponga tal otra fraseología inclusiva. Prohibir e imponer son dos aficiones entrañables de este pueblo de poetas que no aspira a comunicar el mundo sino a inaugurarlo. Porque de eso trata la buena poesía, cuya raíz nace de un verbo griego, poiein, que no significa decir, o versificar, sino justamente hacer.

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El bueno (Garicano), la fea (Isabel Rodríguez) y el malo (Puigdemont) de la semana en La Linterna de COPE

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11 julio, 2017 · 16:34

Tres cortesías

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Sanguinetti, Bustos, Olmos.

[Doy noticia a continuación

No éramos muchos, pero tampoco importaba. En Tipos infames, una librería madrileña cercana a Tribunal con una barra de bar a mano izquierda y las paredes llenas de libros, el periodista Jorge Bustos, que escribe en El Mundo, presenta un libro que no es nuevo. Porque Crónicas biliares, editado por Círculo de Tiza, es un compendio de artículos no publicados y escritos hace casi diez años, entre 2008 y 2009, cuando moría cada tarde trabajando en un periódico local de Vicálvaro, informando sobre acontecimientos triviales como las operaciones de asfaltado.

No ha pasado tanto tiempo, pero ha ocurrido mucho. “Este libro es un artefacto verbal”, dice Bustos, como quien comienza a andar. El libro es un cúmulo de crónicas impregnadas de soberbia, de frases sentenciosas, de verdades sostenidas con ferocidad por un joven que había leído mucho, pero había vivido poco. “La soberbia es un motor literario poderosísimo”, dice tajante. “Quizá sea el único motor”.

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ENTREVISTA EN RADIO 3

El periodista Jorge Bustos está acostumbrado a provocar incendios, él huye de etiquetas y dice que cuando era joven esa rabia con la que escribe era peor. Círculo de Tiza publica sus primeras Crónicas biliares, lo trae Víctor Guerrero. A partir del minuto 10.04.

 

ENTREVISTA EN RADIO NACIONAL

En La buena vida, con Ángel Antonio Herrera, nos acompaña el periodista Jorge Bustos, autor del libro Crónicas biliares (Círculo de tiza). Aquí se oye.

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7 julio, 2017 · 14:09

Dos entrevistas

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El autor, postureando para la foto.

JORGE BUSTOS: “EL COLUMNISMO ES COMO EL MADRID: CUANTO MÁS LO ATACAN, MÁS SE IMPONE”

Ha llegado lejos en el periodismo sin claudicar ante los dogmas del maniqueísmo imperante ni tomar como objeto de culto el esnobismo estético de la cultura de moda. Aun conociendo sus epicentros, bordeando sus núcleos. Un riesgo que suma mérito y coherencia a su propuesta, ¿o no es tan dogmático el que abraza un precepto sin condición como aquel que piensa en que bajo tal sesgo todos son iguales, y renuncia la compañía? Jorge Bustos (Madrid, 1982) es un tipo tan desclasado y complejo que puede permitirse el lujo de triunfar en la página de la prensa nacional con lectores, que no es lo mismo que hacerlo con seguidores, o con palmeros. Una cultura poco común en su generación y una mirada original con la que abordar el diario de España son las claves de su personalidad. Una personalidad cuyo estilo incorpora lo mejor del ensayismo y del articulismo español. Y europeo. Occidental, vaya. De Steiner a Camba.

Bustos acaba de publicar, aunque escrito con diez años de antelación, Crónicas biliares –editorial Círculo de Tiza-, una recopilación de breves divagaciones, ensayos, reflexiones sobre sus circunstancias, con una caótica unidad de relación temática entre ellos. El estilo, algo más ampuloso del que ofrece en sus columnas de El Mundo, o el de aquellas lejanas crónicas y extensos artículos de Zoom News, Jot Down o Revista de Libros, acaso sorprenda al lector habitual. No es defecto o inconveniente, aunque la forma varía respecto del Bustos de hoy, el fondo se mantiene idéntico: depuración y voluntad de estilo en la elaboración de la prosa y fino pensamiento en su envoltorio.

Con Bustos no se habla, se conversa, y a pesar de que no somos primerizos en el asunto, el respeto se impone. También la certeza de saber que cualquier respuesta generará ironía, sapiencia, gusto, agudeza: un buen rato para el lector. “Lo que no puede uno ser, si es que ama la placidez, es periodista, porque a todos les gusta matar al mensajero”, escribe Jorge Bustos en una de las páginas de Crónicas biliares. Y con el ánimo de rechazar la comodidad, con ganas de que maten al mensajero, nos acercamos a su encuentro.

–Este libro lo escribiste a los veinticinco y lo publicas metido ya en la treintena. ¿Te reconoces en sus páginas?

Ese ha sido el reto. Desempolvarlo, releerlo y podarlo para adaptarlo a mi yo actual, pero con dos premisas: no añadir nada y respetar mi voz de entonces. Eso supuso preservar algunas páginas que no me representan, ni por pensamiento ni por estilo. Pero también descubrí que, en algunos aspectos, yo era mucho mejor que ahora. Ha sido un ejercicio inquietante, a veces claustrofóbico, a veces entusiasta.

–Pueden darse dos opciones: o que naciste viejoven o que no has madurado desde entonces. Creo que es lo primero. Y que presumes de ello.

Un viejoven está exonerado del deber de madurar, de modo que la primera opción excluye la segunda. Y sí, yo fui educado para prescindir de las vergonzantes gilipolleces de la adolescencia. Y lo hice. Luego he ido conciliando, como Benjamin Button.

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BUSTOS: UN LEÓN EN EL CUERPO DE UN GATITO

Crónicas biliares (Círculo de Tiza), el tercer libro de Jorge Bustos es, a la vez, la explicación y el negativo fotográfico de todo lo que hemos leído hasta ahora de su autor. Es la explicación porque cuenta de dónde salió Bustos con sus obsesiones y sus temas. Y es el negativo porque el dibujo se reconoce pero los blancos y los negros aparecen del revés.

Hace 10 años, cuando escribió Crónicas biliares. Bustos tenía veintitantos y hacía periodismo por carreteras secundarias. Se sentía como un león encerrado en el cuerpo de un gatito y escribía en casa, de noche, porque algo tenía que hacer con sus delirios de grandeza. «Veamos. Había terminado la carrera de Teoría de la Literatura dos años atrás; tenía la cabeza infestada de teorías estéticas, novela de vanguardia y autores europeos ilegibles a los que quería parecerme. Pero mi lado pragmático me había inducido a huir de la academia y meterme en el periodismo, lo que ya entonces, año 2007, era difícil. Solo encontré hueco en un periódico local con sede en Vicálvaro».

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27 junio, 2017 · 10:33