
Por primera vez desde que un ambicioso puñado de etruscos del Lacio comenzó a expandirse, la próxima potencia dominante podría no ser occidental. Más allá de la multipolaridad salvaje de la Edad Media, a partir del Renacimiento el mundo no ha conocido otra hegemonía que la de Europa o la de su esqueje americano: Estados Unidos.







Un domingo nocturno, día y hora en que uno vadearía sin temor la Estigia con tal de llegar al otro extremo, lo utilicé para ver, o visionar si se prefiere ‘El imperio del sol’, otra de esas experiencias que ni por el director de la película ni por el escritor del libro en que está basada hubiese tenido la temeridad de sondear un día cualquiera. Y bueno, la cosa discurría más bien lentamente, mostrándonos la visión de un niñato extranjero del Sangay colonial hasta que los japoneses deciden que fuera todo el mundo. En la desbandada siguiente una mujer china decide arramblar con el mobiliario de la casa del crío cuando éste, subido en su caballo de superioridad moral HSBC pregunta a la mujer qué está haciendo: ésta se acerca a la criatura y le vuelve la cara del revés. Sin aliento me dejó. Ya era hora. Apagué el video y me retiré como si hubiese visto el fin de un mundo que, de verdad, apestaba.