
Lo avisaba en el artículo de la discordia a modo de profecía autocumplida: «Está el patio como para asomar la cabeza». Pero el estilo es el hombre, así que terminó asomando ese reguero paródico de tautologías que solo los tontos se toman en serio. Si los artículos de Rajoy no dicen nada es porque están escritos en una particular tinta invisible más pensada para revelar a quien lee que a revelar lo leído. El tonto literal cae invariablemente en la trampa y se retrata. Le ha vuelto a pasar a Rufián, que el verano pasado se atrevió a evacuar en El País un relato alucinógeno, entre el porno para mamás y el cantautor con diabetes.






