Archivo de la etiqueta: Rajoy at work

Del contubernio al tubérculo

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Tardá en su Lepanto particular.

Reconforta que los debates que llevan tiempo en la calle desemboquen naturalmente en el Parlamento, sede de la representación ciudadana. Nos referimos al debate sobre la tortilla de patata, que incendia las redes desde hace años. Cómo cocinamos la tortilla. Con cuánta patata. Y de qué variedad, pues el tubérculo es un vegetal identitario: está la patata valenciana reivindicada por Baldoví, la euskopatata de Esteban, el cachelo galaico, la papa canaria o la patata caliente de Puigdemont, que tiene cinco días para decidir si la quiere con cebolla. O sea, con el 155.

Sabemos que el debate se produce porque la receta de la tortilla española quedó demasiado imprecisa en el título octavo de la Constitución. A diferencia de la tortilla francesa, que no lleva patata y por tanto goza de mayor uniformidad, la tortilla española corre siempre el peligro de descomponerse como Míster Potato, ese juguete que tratado a golpes (de Estado) acaba perdiendo los ojos, las narices y el bigote porque cada una de estas extremidades decide proclamarse juguete soberano. Queda entonces un cuerpo ocre y mutilado que sería Castilla. Abandono ya la fiebre metafórica, pero es que ya no sabe uno cómo explicar a los niños el concepto de soberanía nacional.

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12 octubre, 2017 · 13:49

Los restos de La Moncloa

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Stevens y miss Kenton, la película.

Desde que supe el nombre del Nobel de Literatura no dejo de figurarme a su personaje más célebre, el mayordomo Stevens, con las mismas impasibles facciones de don Mariano. Lo imagino estos días atravesando en soledad los pasillos de La Moncloa, recolocando un cuadro torcido, estudiando el lustre de los zócalos, descorriendo audaz algún visillo para volver a correrlo enseguida con un mohín de repugnancia: “Cuánta sentimentalidad desatada ahí fuera. Qué falta de contención. Unos se atreven a imponerme la aplicación de cierto artículo de bárbara contundencia. Los otros se obstinan en desobedecer las leyes, como si tal cosa fuera concebible. Nunca encareceré lo suficiente las ventajas educativas que reporta ser hijo de un juez”, reflexiona flemático al oído de Miss Kenton, el ama de llaves, que es Soraya.

El mayordomo del Ejecutivo se considera a sí mismo un hombre cabal. El único estadista en pie tras la desagradable urgencia manifestada por el joven monarca. Hace mucho que Stevens/Rajoy se niega a expresar sus sentimientos fuera del ámbito estrictamente deportivo. Mezclar el corazón con la política: qué grosería. No es eso lo que me ha traído hasta aquí, rememora. Ni lo que le ha mantenido allí en tiempos de mudanza de todo lo considerado inmutable. ¿Por qué el sarampión sedicioso de Cataluña iba a requerir un tratamiento diferente? El tiempo lo cura todo. ¡No se cambia lo que funciona!

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8 octubre, 2017 · 18:50

Fuga de cerebros catalanes

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¿Preparado para las esposas?

El Parlamento español es muy capaz de unanimidades siempre que las inspire una desdicha extranjera, como el terremoto de México, pero jamás una propia, como la mutilación de un miembro vital de su cuerpo político. Por eso la sesión se abrió con un conmovedor minuto de silencio en recuerdo de las víctimas mexicanas y terminó con la fuga de los diputados catalanes que entre la insolidaridad y la cobardía no son capaces de elegir: abrazan excitados las dos. Insolidaridad, porque la utopía indepe no es más que la revuelta de unos pijos con folclore propio que no quieren contribuir a las pensiones de las viejas extremeñas sin reparar en que, constituidos en estado europeo, tendrían que contribuir a la sanidad de las viejas croatas. Cobardía, porque fuera de Cs, del PP y de algunos ediles socialistas mal protegidos por la retórica preservativa del sanchismo -España sí, pero con condón-, no va quedando un solo político catalán con los atributos necesarios para soportar la coacción fascista que resulta de fundir calle y poder, escraches en Layetana y clausura del Parlament, escaños amordazados y cristales rotos.

Por eso salieron del hemiciclo los rufianes, los pedecatos y los comunes comunistas concomitantes, a tiempo de coger el AVE para que les guarden cacho en la inminente república, que ellos trabajan en Madrid, pero no mucho. La excusa para licuarse de gusto en el 1-O la diseñó la factoría Iglesias a la salida de casa Roures: ellos son las Rosa Parks y los Luther King de esta movida. Los picoletos nos reprimen, no se puede consentir, cantemos La estaca, camaradas. Todos desfilaron hacia la puerta, pero al irse olvidaron dejar sobre el escaño las nóminas que les abona puntualmente el Estado opresor. Asistimos a una fuga de cerebros catalanes. Lo que no sabemos es hacia dónde. Hacia qué unidad de destino en lo universal.

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20 septiembre, 2017 · 21:46

El país del que no se vuelve

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Gaby es nombre de payaso.

Todos los septiembres, en la vuelta al cole, cada niño acostumbra a traer a clase una rutilante adquisición con la que fardar: un forro fluorescente, un boli bicolor, unas Nike con cámara de aire. Gaby Rufián trajo una impresora. Sí: la secesión ya es una manualidad infantil. El problema es que la impresora, como me apuntó el diputado Jordi Roca -uno de los Otros Catalanes-, es propiedad del Reino de España, porque Gaby la había cogido del despacho. La metáfora es elocuente: incluso los materiales que usa el separatismo pertenecen a todos los españoles, empezando por el material genético. Se lo explicaba con escandalosa sencillez Pla a Soler Serrano: “El catalán es alguien que se ha pasado toda la vida siendo un español al cien por cien y le han dicho que tiene que ser otra cosa”.

Lo que necesitaría el castizo Rufián, además de sentido de la vergüenza, es una impresora en 3D para imprimir su propio Estado cómodamente en casa, que en la Europa del siglo XXI será la única manera de independizarse. “¡Dejen de hacer el ridículo!”, exclamaba Rufián a la bancada del Gobierno con la impresora en la mano, en un ejercicio asombroso de autoproyección. Sáenz de Santamaría no iba a desaprovechar semejante oportunidad. Abusó, por decirlo en jerga escolar: “Esta democracia que tanto le asfixia le permite hasta sus teatrillos y sus antologías de tuits semanales, mientras lo que vimos en el Parlament fue un ejercicio de tiranía que nadie puede defender”. Claro que la eficacia de la pedagogía al final depende de las entendederas del niño.

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14 septiembre, 2017 · 9:32

El dilema de Mitilene

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Hamlet celta.

Soy muy consciente de lo que se espera de mí, advirtió lentamente Rajoy en un discurso notable, forma y fondo cosidos a la solemne pero no enfática voluntad del estadista desafiado. De sus palabras se deduce que ha aceptado la reducción de su larga carrera al temario único del que el juicio de la historia terminará examinándole. Y no será la corrupción, ni siquiera la gestión de la crisis: será el aspecto del paisaje institucional que deje la rebelión catalana una vez sofocada. Porque será sofocada. Desde que compartimos solar, los españoles salimos a un par de rebrotes indepes por siglo a cargo de los inquietos nobles del viejo reino de Aragón, deseosos de engordar la bolsa y adelgazar los tributos. Ambición tan vulgar que requiere generosas partidas en folclore para justificar hechos diferenciales. Pero Rajoy no es el conde duque de Olivares: en todos sus anuncios se esmera por acompañar la garantía de firmeza con la promesa de proporcionalidad. A esa facultad de la razón práctica que se basa en la experiencia y la medida los griegos la llamaban phronesis (prudentia, en latín), para diferenciarla de la sophia, que reservaban al conocimiento teórico. A la razón pura.

Si Rajoy fuera la clase de gobernante que aplica la razón pura, hace tiempo que la autonomía catalana habría sido suspendida. Pero la prudencia marianista, que complace antes a la izquierda o al centro que a la derecha huérfana de autoridad, muy pronto va a probar su condición de virtud o de vicio. Para los atenienses la democracia no era sino la expresión política de la phronesis, mientras que para los espartanos el miramiento ateniense delataba una fragilidad incompatible con el poder del Estado. Ambas ciudades se batieron en las guerras del Peloponeso, cuyo mejor corresponsal, Tucídides, recoge un episodio quizá instructivo para la democracia española de 2017.

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Vuelve El bueno (Rajoy), el feo (Coscubiela) y la mala (Forcadell) en La Linterna de COPE

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8 septiembre, 2017 · 12:45

Rajoy átono y atónito

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El temple celta viendo pasar el tren.

El político moderno, desde Maquiavelo, no tiene ideología sino talante. Una acuosa disposición del carácter que permite aislar la acción de la moral al objeto de conservar el poder. Fue Zapatero quien puso de moda el concepto entre nosotros, pero junto con el talante Zapatero incorporaba también la ideología, y no poca. El primer presidente antiideológico que hemos tenido, el primero en perfeccionar la adopción del mero temperamento como estrategia integral de poder, se llama Rajoy.

La política puramente temperamental de don Mariano, para cualquiera que haya ganado suficientes créditos presenciales en sus últimas catequesis parlamentarias, se cifra en dos sentencias que suele pronunciar con moroso deleite y el índice enhiesto, como el profesor que asesta una lección de vida a su audiencia desarmada e imberbe. La primera máxima del marianismo teórico reza: “Toda realidad ignorada prepara su venganza”. Yo se la he oído aplicar a la recuperación económica, y en ese contexto se convierte en refutación del catastrofismo botswanés con que la oposición explota el cuanto peor, mejor, el suyo, etcétera. Dicha máxima se complementa con otra: “Todo lo exagerado acaba por volverse irrelevante”. Lo que, aplicado al catastrofismo botswanés con que la oposición denuncia la cleptomanía del partido-más-corrupto-de-Europa, pretende la gratuidad total para las recientes traiciones del PP al liberalismo y la decencia. En ambos casos, el talante marianista le aconseja desoír a las casandras y seguir a lo suyo, en la rocosa confianza de que lo suyo coincide con la realidad, que se impone sola.

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1 septiembre, 2017 · 8:56

Diego Gago: “La dirección del PP me ha pedido que sea una voz vanguardista”

EL GALLEGO DIEGO GAGO SERA EL PROXIMO PRESIDENTE DE NUEVAS GENERACIONES

Diego Gago.

Por joven que sea, un político gallego siempre es algo con lo que no conviene bromear. «Galicia es una tierra de sardinas y de políticos. Las sardinas nacen unas de otras, y los políticos también», escribió Julio Camba, que sabía de lo que hablaba. Dicen de Diego Gago Bugarín, vigués de 29 años, que es el próximo Núñez Feijóo, pero podría ser el próximo Rajoy, o el próximo Fraga. Tiene a los tres por referentes confesos, y sobre todo es tan gallego como ellos, lo cual debería bastar para desanimar a sus competidores por el futuro trono del PP.

Pero Gago no cree que Galicia sea cantera natural de su sigla. «El partido escoge personas, no cuotas. Que sean gallegos es anecdótico, no creo que Galicia mande más en el PP que cualquier otro territorio. ¿Las mayorías absolutas? Sólo indican que el modelo de gestión es bueno y se puede extender a otras comunidades», afirma muy serio quien ostenta la presidencia de Nuevas Generaciones desde el pasado abril, cargo al que concurrió en solitario. Salió elegido por el 95,33% de los votos. Debería hacérselo mirar: don Mariano sacó en la Caja Mágica el 95,65%.

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9 agosto, 2017 · 11:38

Ningún significado ninguno

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Mariano Benítez de Lugo, un personaje de Buñuel.

El día en que su presidente acudió a prestar declaración, España se levantó -como suele- partida en dos mitades: una estaba de veraneo y la otra tricotando al pie de la guillotina, que para eso la justicia ahora se echa por televisión. Se trata de dos formas españolas del placer, el asueto y el escarnio, y como tales presentan el inconveniente de lo efímero. Cuando Rajoy se levantó del aseado pupitre que le habían preparado sobre la tarima en atención a sus institucionales encantos y salió disparado hacia el garaje, los españoles se miraron con estupor e incluso con un punto de tristeza poscoital: ¿Ya ha terminado? ¿Y eso es todo?

Pues era todo, sí. Al menos hasta que se juzgue la causa de los papeles de Bárcenas y vuelvan a llamar al presidente, que para entonces debería haber labrado, a modo de escudo heráldico y paradoja mnemotécnica, una flor de adormidera sobre la mesa del pupitre. No me acuerdo, hasta donde yo sé, sinceramente no lo recuerdo, y así. Pero eso fue en el segundo tiempo del partido, frente al sobrio y técnico Virgilio Latorre, quien demostró que el Derecho es más eficaz que la ideología para incomodar a alguien como Mariano Rajoy. Atacó su flanco más débil, que es la naturaleza y alcance de su relación con Bárcenas y con Correa. Pero Latorre no lo hizo con latiguillos de tertulia sino mediante documentos pertinentes. Y entonces el testigo hubo de refugiarse en la evasiva y en la amnesia.

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27 julio, 2017 · 10:57