Archivo de la etiqueta: Rajoy at work

¿Y si Sánchez somos todos?

Según los indicios más acreditados, España tiene un Gobierno. Ese Gobierno despreció las alertas de la primera ola, externalizó la gestión de la segunda y la tercera le ha pillado ya directamente tocando la zambomba sobre un palé de Pfizer. Porque gobernar, como ya averiguó don Mariano, es un verdadero lío; una tarea desde luego mucho más enojosa que redecorar Doñana o disponer las penúltimas consignas en la escaleta de tu periodista cremáster.

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22 diciembre, 2020 · 8:53

Entrevista a Albert Rivera

Albert Rivera es un político muerto pero un hombre resucitado. La muerte política le sienta singularmente bien. «Se le ha quitado el velo que tenía en la mirada», cuenta uno de sus colaboradores. Uno que soportó a su lado la minuciosa destrucción -otros dirán autodestrucción- del líder liberal. Rivera llevó a Ciudadanos al cielo en abril y al infierno en noviembre, previo paso por un purgatorio que ahora se atreve a confesar. Entrevistar hoy a Rivera es constatar no lo que la política hace con los hombres, sino lo que deja de hacerles cuando los libera. Crónica se encuentra con él en la Casa de América, por donde dicen que ronda el fantasma de una niña que seguramente también es abstencionista de Cs. 

Todo español, especialmente los que jamás le votaron, tiene su propia teoría sobre las causas del hundimiento naranja.Pero es al autor de Un ciudadano libre (Espasa) a quien hay que preguntar cuándo se jodió Cs. Él aduce cuatro causas.

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27 septiembre, 2020 · 11:43

Cayetana no sabe militar

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Política francesa.

Ya puede escribir Cayetana Álvarez de Toledo un libro sobre su caso titulado “El malentendido”. Será un libro bien escrito, lo que sin duda su ¿antiguo? gremio tomará como una nueva provocación, porque hoy un partido es una factoría de ágrafos alineados. Y será un libro melancólico, jovellanesco, donde explicará por qué cometió el error de meterse en política por segunda vez. Pudiendo ejercer el periodismo, que es la política sin responsabilidad, y decir su verdad quizá desatendida pero blindada a toda represalia fuera del gusto del lector, se empeñó en militar bajo Rajoy primero y bajo Casado después.

Pero CAT, pese a su marcial apellido, no sabe militar. Contra ambos liderazgos, el de Rajoy y el de Casado, ahormados por la ley de hierro de la oligarquía mucho más que por los temperamentos personales de cada jefe, se han terminado estrellando su obstinada concepción de la política como una épica batalla de ideas racionalmente defendidas en el ágora y su nulo instinto de poder para sobrevivir en la política real: un turbio negocio donde se trafica con emociones simples hacia afuera y con lealtades complejas hacia dentro.

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31 agosto, 2020 · 8:06

Autonomías Confederadas

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Aliado del PSOE.

Nada más melancólico que un jacobino español. Heredero de la Revolución francesa, el jacobino defiende el centralismo republicano: un Estado fuerte e igualitario edificado sobre las ruinas de las privilegios históricos que ostentan las élites territoriales de toda vieja nación. Desde que en Francia esa utopía se hizo realidad a un precio nada módico en litros de sangre, la izquierda es jacobina y la derecha es tradicionalista. Hoy diríamos nacionalista.

Pero en España las ideas no evolucionaron de forma tan académica. La CEDA cumplía con la norma regionalista del conservadurismo convencional, pero el franquismo embutió a la derecha en el uniforme imperial del falangismo: una, grande y libre. Así que a medida que la derecha se hacía centralista a la fuerza, la izquierda se enajenaba con el narcisismo de la diferencia. Y hoy, en nuestra turulata opinión pública la filiación ideológica ya no depende de la conciencia de clase o los intereses materiales, sino de la identidad territorial y su folclore simbólico. En España ahora eres de izquierdas si empatizas con la autodeterminación fiscal de los burgueses de periferia y eres de derechas si celebras el mestizo libertinaje de Madrid. La izquierda española realmente existente, la de Sánchez e Iglesias, no es un proyecto nacional sino una amalgama de recelos identitarios que erosiona más y más el basamento de la democracia moderna, que es la igualdad entre ciudadanos racionales. Tanto mendigaron PSOE y Podemos la bendición nacionalista para aislar a la derecha que los nacionalistas, viéndoles de hinojos, hicieron lo que saben: robarles los votos después de la cartera. La nación, aunque sea ficticia, ha engullido a la clase, aunque sea trabajadora.

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14 julio, 2020 · 10:16

Lecciones para el celibato ajeno

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De risas entre bambalinas.

La ideología del PP es como el celibato de los curas: quienes más acaloradamente lo cuestionan son quienes jamás se plantearían abrazarlo. Con Cs ocurre lo mismo solo que peor, porque una parte lo ve siempre demasiado de derechas y la otra parte lo ve siempre demasiado de izquierdas, y al final no lo votan ni los viejos exquisitos ni los nuevos conservadores, razón que explica su centrismo incurable tanto como su pobre expectativa en la España bipolar. La educación política del español ha consistido en oír que el fascismo es Aznar, luego Rajoy, luego Rivera, luego Casado, y cuando llega Abascal el término está tan gastado que Pablo Iglesias, el nieto de Manuel, admirador de los “logros sociales” del Caudillo, tiene que ir por ahí diciendo “ultraultraderecha” después de echarse unas risas de extranjis con Espinosa de los Monteros.

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25 febrero, 2020 · 10:08

Rajoy superventas

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Autor de éxito.

Dos expresidentes salen últimamente en las noticias pero uno concita una aprobación más transversal que otro. Cuando sale Zapatero, normalmente para celebrar la continuidad de Maduro o lo mucho que aprendió de Evo, hay división de opiniones: unos se acuerdan de su padre y otros de su madre; hasta tiene partidarios, todos ellos ya entrevistados en La Tuerka. Cuando sale Rajoy, normalmente para hablar de su libro o para no desmentir el desmentido que miente sobre su mentirosa candidatura a la Federación, se produce una súbita floración de añoranza que arraiga en el conservador pero alcanza al socialdemócrata. Muchos de los que hoy echan de menos a don Mariano no solo no le votaron, y no solo no le votarían si volviera, sino que en vida política le ridiculizaron con saña proporcional a la nostalgia que hoy profesan a su figura. Mariano Rajoy es el autor más vendido de 2019 junto con Arturo Pérez-Reverte. ¿Cuántos españoles compraron aquel lastimero truño titulado El dilema: 600 días de vértigo con el que Zapatero trató de justificarse primero por haber negado la crisis y después, como resultado de esa negligencia, por haber sometido el Estado de bienestar a su poda más cruel?

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26 enero, 2020 · 22:05

La cofradía del Santo Relato

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El puto amo.

Nos gustan las series basadas en hechos reales, como Chernobyl, pero nos irrita la política real basada en series de ficción, como las negociaciones para la investidura de Sánchez. Que también resultaron tóxicas. Pero el vertido de desafección que se extenderá por septiembre tampoco es responsabilidad del inquilino de Doñana, o de Quintos de Mora, o de Moncloa, sino de todos nosotros. Porque seguimos esperando de la política actual las cosas que le pedíamos a la política analógica.

Asumamos ya que el móvil inteligente y las redes sociales han invertido las proporciones de la vieja receta. Antes un político se pasaba el 80% del tiempo tomando decisiones y el 20% interpretando un papel; hoy se conforma con que el BOE no le joda los posados. El mejor epitafio del marianismo lo escribió anticipadamente Tajani: “A mí me gusta Mariano, que no habla muchísimo pero hace muchísimo”. Es posible que Rajoy ni hiciera ni hablara, pero no hacer ni decir nada ya es una forma de hacer algo, y si lo que no se hace es muchísimo, entonces es muchísimo lo que se hace no haciendo muchísimo, dicho sea como tributo sintáctico al expresidente.

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2 septiembre, 2019 · 11:18

M. Sánchez

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Marianos.

Cada día que pasa Pedro Sánchez se parece más a Mariano Rajoy, con la diferencia de que Rajoy sacó su oposición y Sánchez no escribió su tesis. El poder, sin embargo, termina borrando los matices y allanando la memoria. Ahora toca decir que Sánchez, el chico de Pepiño, es en realidad el heredero de Willy Brandt. Pero si algún doctorado corresponde en justicia a Sánchez es el de la impostura: es maestro indiscutible en rentabilizar méritos ajenos en provecho propio. Ganó las primarias con el discurso de Iglesias y las elecciones gracias al megáfono de Abascal, y hoy sigue gobernando -es un decir- con los presupuestos de Montoro y la reforma laboral de Báñez. La obsesión por el marketing la tomó de Rivera, empezando por aquel gabinete-spot con ministro astronauta. Y ahora ansía confundirse con el hombre al que regeneró de golpe hace un año. Nace así el marianismo sanchista, prórroga de una acreditada forma de durar en Moncloa por el galaico método de ocultarse, no meterse en política y relativizar todo problema menos el único relativo de veras: la amenaza bufa de la ultraderecha. Al menos el espantajo rojo que agitaba don Mariano tenía 71 escaños; el dragón facha de Sánchez apenas llegó a 24.

Aciertan los de mantenimiento instalando el programa marianista en el disco duro de Sánchez, porque Rajoy mostró el camino para conservar el puesto tras el fin del bipartidismo: o yo o elecciones, que también soy yo. Así fue como Rajoy logró torcer la voluntad de Rivera y luego la del PSOE, del que se desmarcó el maverick del no es no para demostrar que la vetocracia funciona, razón de que no quiera que los demás se la apliquen a él. ¿Logrará Sánchez -que tiene los mismos insuficientes 123 escaños- reeditar en 2019 el verano de 2016? La campaña para invertir la carga de la responsabilidad y que sea Cs el que se abstenga ya está en marcha, pero cuando el sanchismo insiste en jugar a los buzos con Rivera, como en aquella peli de De Niro, comete dos errores de cálculo: confunde a los opinadores con los votantes, que le dieron 57 escaños a Cs por presentarse como alternativa al sanchismo; e ignora que Rivera vive bajo presión cómodo como nadador en una piscina.

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11 junio, 2019 · 10:11