La historia del fútbol ha necesitado siglo y medio para ofrecer al mundo el antagonismo perfecto. El campeón americano contra el campeón europeo. El corazón contra la cabeza. El mejor solista contra la polifonía de los chicos del coro. La escuela del potrero contra la cátedra del toque. Incluso la sangre de los nietos contra la de los abuelos, si despenalizamos el humor de Rajoy.
Lo avisaba en el artículo de la discordia a modo de profecía autocumplida: «Está el patio como para asomar la cabeza». Pero el estilo es el hombre, así que terminó asomando ese reguero paródico de tautologías que solo los tontos se toman en serio. Si los artículos de Rajoy no dicen nada es porque están escritos en una particular tinta invisible más pensada para revelar a quien lee que a revelar lo leído. El tonto literal cae invariablemente en la trampa y se retrata. Le ha vuelto a pasar a Rufián, que el verano pasado se atrevió a evacuar en El País un relato alucinógeno, entre el porno para mamás y el cantautor con diabetes.
Entre los signos que manifiestan un nuevo renacimiento de la fe entre nosotros suele citarse el disco de Rosalía, la película de Alauda Ruiz de Azúa y el premio Princesa de Asturias del filósofo católico Byung-Chul Han; pero inexplicablemente nadie ha mencionado todavía el papel determinante de Pedro Sánchez en la revigorización de la creencia. Desde Tertuliano, apologeta cristiano del siglo II que no ocultó a los romanos la irracionalidad de su credo sino que la reivindicó («Credo quia absurdum»: «Creo porque es absurdo»), nadie había exigido un salto de fe parecido a sus correligionarios.
La ola autocrática que se prepara para descargarnos encima una amnistía infame se estrelló este domingo contra el rompeolas alzado en la plaza de Felipe II, el rey que decidió la capitalidad de Madrid. El escenario era nuevo y el formato también: ni aún manifestación ni ya acto de partido, el gentío desbordó las costuras propias del mitin cerrado y colapsó las calles adyacentes al WiZink Center -O’Donnell, Alcalá , Goya, Conde de Peñalver- con la desorientación propia de la falta de costumbre. Otra cosa que la gente de orden jamás perdonará a Pedro Sánchez es haberla obligado a manifestarse. Los papeles tradicionales están invertidos: la izquierda insta al silencio frente al privilegio y la derecha se echa a la calle en defensa de la igualdad. Otra revolución psiquiátrica que le debemos al sanchismo.
Los animales solo salen de su madriguera de confort cuando están desesperados, pero de la entrevista que Sánchez al fin concedió a Alsina me interesaban mayormente las preguntas. Una repuesta de Sánchez no importa a nadie porque procede de un animal invertebrado cuyo principal atributo es la liquidez: la abolición de la correspondencia entre lo dicho y lo hecho, entre la voluntad y la responsabilidad. Si se le inquiere por lo que ve cuando se mira al espejo, él contesta que pandemias y volcanes y guerras. La entrevista entera se redujo a una única pregunta sin respuesta que quedó flotando en el aire de las ondas como la canción de Dylan: por qué nos ha mentido tanto, presidente. «En qué», tuvo el cuajo de replicar. No quiso Alsina rematarlo en un susurro: tengo una lista pero no hará falta, Pedro, porque todo tú eres mentira.
Nadie cae del cielo de las finanzas a la celda del talego sin experimentar un íntimo cambio. Rodrigo Rato (Madrid, 1949) rompe un silencio de 10 años para contar su versión de la historia que mejor encarna el auge y la caída de un hombre que fue una época. Llega en moto, se quita el casco, posa paciente y descarga su conciencia con sosiego y más ajustes de cuentas que actos de contrición. Para penar ya está Soto del Real.
Usted defiende que la politización no fue el problema de las cajas en España.
Los problemas que tuve en Caja Madrid y los que vi en las otras seis cajas no eran los créditos políticos. Eran operaciones bancarias, casi todas relacionadas con hipotecas. Caja Madrid tenía sobre todo hipotecas a inmigrantes que eran un problema, y otras, como Bancaja, tenían además préstamos a promotores en los que la caja entraba con un porcentaje. Eso es típico cuando las cosas van bien. Pero cuando la demanda se frena, los bancos se adaptan ampliando capital. Las cajas no tienen a quién cargarle las pérdidas porque no pueden ampliar capital. Ahí el timing es fundamental. Todo esto empieza en 2007. En ese momento todos los partidos tenían cajas regionales y no quieren privatizarlas. Y ahí se pierde un tiempo precioso. Pero las cajas han financiado la vivienda de las clases medias españolas.
A este cronista le dijo una vez Pedro J. Ramírez: «Federico cree que la izquierda es mala y que la derecha es tonta». A esa conclusión solo se llega después de militar en ambas y conocerlas a fondo. En El retorno de la derecha -pronto best seller- la voz más influyente de la derecha española desde la Transición repasa las siglas de la no izquierda -UCD, AP, PP, UPyD, Cs, Vox- para constatar su adecuación o su traición a los principios inmutables de su base social, que hoy espera ganar la batalla contra el sanchismo.
Afirmas que todos los problemas de la derecha se resumen en que los representantes no se reconocen en los representados y viceversa. ¿No pasa lo mismo en la izquierda?
No, porque la derecha ha cambiado hasta nueve veces de partido. La izquierda tiene al PSOE y a los comunistas. El bloque numérico de la derecha social no ha cambiado: son 10, 11 millones desde la Transición. ¿Qué es lo que cambia? La derecha no cree en la política profesional. Cree en la familia, la nación, la propiedad, la Historia de España, la religión o al menos la tradición religiosa, cosas más de sociedad civil que política. Pero tiene una idea instrumental de los partidos. El problema es que en la derecha se instala una negación de su pasado, que no viene del alzamiento de Franco sino de antes: del sectarismo republicano. Las raíces de la derecha están en aquella vivencia traumática, y en cómo luego los mataban por ir a misa o les quitaban lo que habían heredado de sus padres. ¿Cómo no va a tener derecho a existir y a gobernar media España? Y esa injusticia, convertida en terror ya en la guerra, explica que la derecha se entregara a Franco. Dicen, vamos a dedicarnos a la familia, a lo nuestro, a rehacer nuestra propiedad, se casan con los del otro bando, reanudan la vida fuera de la política. En ese sentido Franco les viene bien, pero al mismo tiempo que salva al enfermo lo escayola. Y cuando al escayolado le quitan la escayola en democracia, no puede andar.
De la contienda parlamentaria en el Senado extrajimos una sospecha: Pedro Sánchez cultiva una secreta vocación de promotor inmobiliario, o al menos de vendedor de pisos. De esto último la planta siempre la ha tenido. Lo que sabemos desde este martes es que además se ve capaz de levantar una vivienda en cada centímetro de España menos en Doñana. Feijóo lo llama «el milagro de los panes y de los pisos»: aquel Pedro caminaba sobre el agua y este sobre pisos, aunque no hay ni una cosa ni la otra.