Archivo de la etiqueta: Cristiano Ronaldo

Un Madrid bajo anestesia

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El hambre sin las ganas de comer.

Nunca me he sentido tan identificado con Sergio Ramos como cuando lo vi chorreando sangre por la nariz el sábado. Y no por una noción camachista del pundonor que ya no se lleva ni en la Brigada Paracaidista, sino porque la semana pasada a mí también me partieron el tabique, solo que no fue el central Lucas Hernández en el Wanda Metropolitano, sino el otorrino González en la Fundación Jiménez Díaz. Digamos que me aplicaron el 155 a un cartílago que nació desviado como la conciencia de un supremacista.

Se me aducirá que el parangón es inmerecido, porque lo de Ramos cursó sin anestesia. Pero he aprendido que quizá la anestesia no sea un invento tan ventajoso como nos lo pintan los narcotraficantes y las multinacionales farmacéuticas. Hoy mantengo que la anestesia agrava el dolor posterior a la intervención, porque este sobreviene en forma traicionera, justo cuando creemos que vamos a seguir sin sentir nada el resto de nuestra vida. Uno puede afrontar el dolor con lucidez, pero no puede preparar ninguna estrategia frente a la anestesia, que primero te engaña, luego te aturde y por último te abandona en el momento más cruel.

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21 noviembre, 2017 · 11:04

No temas, di crisis

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Diván de oro.

Uno toma verdadera conciencia de lo que está pasando en Cataluña cuando el Real Madrid se pone a ocho puntos del Barça y no ocurre gran cosa. Nadie pide la cabeza del entrenador, ni unas elecciones anticipadas, ni la exhumación de Juanito. Las críticas resultan más bien convencionales: el físico, el gol, el hambre, el quilombo táctico de Marcelo. Hasta Morata, que nunca fue un soberano delantero completamente independizado de la cantera, se entrega a previsibles accesos de melancolía que sólo confirman el acierto de su traspaso. Todo esto significa que la crisis de juego y resultados por la que atraviesa el Madrid está discurriendo con sordina; y el silencio, lejos de beneficiar a un club acostumbrado a existir entre la hegemonía o el apocalipsis, perjudica seriamente su recuperación.

Así que quizá el Real Madrid, como las pensiones o las novedades en el caso Lezo, no es más que otra víctima de la sobrerrepresentación procesista en los medios. A sus aficionados se les está escamoteando la familiar trompetería del fin del mundo que acompaña a cada derrota, precisamente por tratarse de un hecho excepcional. No digo que no se haya incurrido con puntualidad en el tópico del matagigantes -¿alguien duda que el rey David era catalán?-, pero la máquina de señalar culpables tampoco parece funcionar a pleno rendimiento y así será muy difícil recobrar la tensión competitiva. Yo no creo que la Liga esté perdida, pero pronto lo estará si nadie le recuerda al equipo que lo siguen mirando.

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31 octubre, 2017 · 11:15

Honrarás a tu atleta

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Héroes de nuestro tiempo.

Ayer en Olimpia las sacerdotisas prendieron de nuevo la llama sagrada al pie del templo de Hera. La antorcha recorrerá dos mil kilómetros hasta la ciudad surcoreana de PyeongChang, donde se celebrarán en febrero los Juegos de Invierno. En estos casos la noticia suele ser el destino, pero a uno le importa más el origen, que siempre es el mismo: Grecia. Este verano me fue concedida la oportunidad de pisar Olimpia, ingresar en el gimnasio, atravesar la palestra, descubrir el taller de Fidias, merodear junto al templo de Zeus y desembocar al fin en el gran estadio. Mientras caminaba entre vestigios tan majestuosos que no me atrevería a llamarlos ruinas, comprendí la lógica profunda por la que el deporte acapara tantos minutos de telediario, y por la que la FIFA organiza una gala para premiar a Cristiano que antecede a otra gala que también premiará a Cristiano, a la espera de una tercera gala que premie inevitablemente a Cristiano.

«¡Programan deporte como una religión! ¡Es el nuevo opio del pueblo!», se oye decir. Retorna la chapa de los redentores de clase preocupados de que el fútbol distraiga a los obreros de sus obligaciones con la revolución pendiente. Ignoran que para los griegos el deporte no es que fuera como una religión: es que era la religión misma. La competición deportiva desarrollaba un rito hondo y solemne, y por eso el recinto olímpico ofrece hoy la panorámica de un gigantesco santuario. Los atletas se entrenaban rodeados de altares, agradecidos a los dioses que les permitían competir por el honor de su ciudad. Aquellos que incurrían en el nefando delito de sobornar a los jueces -y esto el COI ya podría aplicárselo- debían pagar a modo de sanción de bronce una estatua de tamaño proporcional a su falta que, colocada a la entrada del estadio, eternizase su vergüenza y la de su ciudad de origen. Por el contrario, a quienes retornaban ciñendo la corona de laurel se les recibía derruyendo las murallas, en la convicción de que la polis de un campeón olímpico no precisaba de protección añadida. El campeón se bastaría solo para defenderla en caso de asedio.

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24 octubre, 2017 · 12:27

De los ‘Jordis’ a los ‘Harrys’

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Keylor atajando a Kane.

Vamos a reconocerle a Pochettino que ha armado un equipo de ingleses lozanos y marciales, capaces de humedecer las papilas de cualquier supremacista. Si el Procés tiene a los Jordis, el Tottenham tiene a los Harrys, o sea, Winks y Kane, que es un Ryan Gosling satinado y sin bozo pero con muy mala idea. Su gol no lo metió él sino Varane, pero el Bernabéu, siempre ecuménico con quien mejor le daña, habría preferido anotárselo a Kane.

El Madrid presentaba su medular constitucional, la que forman Kroos, Modric y Casemiro, pero a menudo no se bastaron para someter a esta Albión rubia e insolente. Isco parpadeaba sin llegar a iluminar y Achraf, que podría ser una continuación de Asensio por vías árabes, enseñaba el alfanje desde el costado sin acabar de hundirlo. Cristiano se desesperaba a voces con su estadística interior y Benzema seguía a lo suyo, que es el fútbol tántrico: acopia descontento tribunero a base de fallos hasta que el embalse del odio está lleno, y entonces se da el gustazo de romper ese dique de injusticia en el momento menos pensado, como hizo contra el Getafe.

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18 octubre, 2017 · 16:50

El tanga de la Cibeles

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Mocita madrileña.

Una serie de catastróficas victorias está malcriando a toda una generación de niños madridistas. Van a crecer pensando que la vida era esto, que consiste en una piñata de cuatro títulos al año con los que uno se presenta luego en el cole a perdonar la existencia de sus amiguitos antimadridistas. Estos días azules y este sol de la infancia no durarán siempre, niño blanco; pero tampoco te sé decir cuándo acabarán. Porque uno mira a Zidane, que es el niño más grande de todos, con su insondable sonrisa de custodio del santo grial, y no le adivina un declive próximo a este equipo de leyenda. Estos jugadores están creando más felicidad de la que la realidad es capaz de sostener, según todos los filósofos. Están cronificando la ilusión.

Quizá por eso su avión volvía de Cardiff en silencio: porque rumiaban los héroes la contrapartida del éxito rotundo, que siempre es una decepción futura. O quizá es que estaban molidos, pues ganar por ganar resulta agotador. Tiene más mérito comer sin hambre. Se diría que en el estómago de estos futbolistas habita una tenia insaciable que les pide copas a cambio de no torturarles por dentro. Su líder y su emblema se llama Cristiano, el goleador caníbal.

La mañana del triunfo se prestaba a religiosas consideraciones a la altura de la iglesia de San Juan Bautista. Una hoja parroquial anunciaba: “The kingdom come”. Premonición o no, horas después se certificó el advenimiento del reino madridista a Europa; hegemonía muy poco cristiana, pues cuando el Madrid salta al campo, la caridad se la deja fuera. No reparte la gloria con nadie. Muy cerca se alza el National Stadium, un campo cuidadosamente escondido entre tabernas para prevenir que nadie llegue sobrio a una final. Llegaban sedientos los aficionados tras una notable caminata, pues los accesos por coche al centro estaban cortados por barricadas de seguridad. En Cardiff hemos visto armas que solo existían en los videojuegos, pero la amenaza real se preparaba en Londres.

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5 junio, 2017 · 11:55

El hábito de lo extraordinario

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Canta la cólera musa…

La grandeza del Real Madrid no consiste, como creen los madridistas, en imponerse a todos sus rivales, sino en vencerse primero a sí mismo. Nadie duda ya de que Cardiff instala la hegemonía blanca en el fútbol mundial. Pero si el ciclo de Di Stéfano tiranizó Europa sin fisuras, esta moderna hegemonía en color admite la zozobra y el improperio en propia meta. Quizá el Madrid sea lo suficientemente ancho como para contener la negación de sí mismo, porque gana a menudo poco minutos después de que los madridistas lo hayan desahuciado. Así fue en Lisboa, así en Milán y así en Cardiff hasta que Cristiano marcó el segundo.

Olía el estadio a hierba fresca, que es el napalm del Madrid. Empezó la final cómo empiezan todas, tímidas, indecisas, huyendo del sí como niñas recatadas. Dybalase movía grácil con sus calcetines a media asta, y la afición turinesa disponía de un fondo más amplio -y un madridismo más pipero- para hacerse oír. A la final le faltaba guionista. Tenía que ser Cristiano. Pero la tijera de Mandzukic desató el thriller. Rajoy, que ve estos partidos incorporado -suspense que en el escaño no es capaz de provocarle la oposición-, se atusó la barba, mientras Cifuentes comentaba la amarilla a Ramos, que venía a ser como el precio de la alegría. Al descanso ni siquiera la lucidez balcánica de Mijatovic se atrevía a profetizar un final feliz.

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4 junio, 2017 · 12:38

Cristiana sepultura

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El tirano.

Desde hace años el Real Madrid acostumbra a formar con un orden ofensivo llamado BBC. Son tres jugadores bastante buenos que han dado unos cuantos títulos al Madrid. El resultado del mantenimiento de ese orden equivale al que obtenemos de su negación: el Madrid gana en Champions jugando con la BBC o sin ella. La BBC es la tesis de un Madrid dialéctico que, forzado a rotar por lesión o por capricho técnico, acaba ofreciendo una misma síntesis, es decir, la hegemonía europea. Si este año el Madrid conquista la Liga, o la Champions, o ambas, nadie podrá explicar cómo lo ha hecho a falta de Hegel, que está muerto. El Madrid, en cambio, en primavera y en Europa, suele estar vivo.

Era Isco el jugador propuesto por el pueblo para suplir a Bale, y Zidane, que no por votar a Macron deja de ser pueblo, atendió la demanda con tanta solicitud como perseverancia probó alineando a Benzema, a quien las tricoteuses esperan a pie de guillotina. Tampoco Cristiano se salva del furor iconoclasta: duele recordar que lo tasan mejor los antimadridistas con su miedo que el ‘pipero’ con su cicatería. No sólo cumplió en su avatar de ariete biónico sino que recuperó su memoria de extremo profundo: desborde y centro. Cristiano tiene con el gol la relación del tirano con el poder. En el segundo tuvo tiempo de vestirse de mameluco antes de fusilar a Oblak. Por fardar de banquillo Zidane sacaría después a Asensio y Lucas, pero bastó un solo hombre para dar Cristiana sepultura al Atleti.

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3 mayo, 2017 · 10:50

Perdonado por perdonar

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Un tal Cristiano.

No sé si pesó más la renuncia al feo cálculo o la belleza de la temeridad, pero el partido fue espectacular porque Madrid y Bayern saltaron al campo a jugar como lo que son: la aristocracia de Europa chocando las cabezas en cuartos de la Champions. Ningún emperador romano tenía derecho a pasar por debajo del Arco del Triunfo si antes no había matado a cinco mil enemigos, que fue más o menos el número de ocasiones que fallaron entre los dos equipos solamente en la primera parte. Qué magnánimo derroche el de Kroos y Cristiano: no habíamos visto tanta misericordia desde el último jubileo de Francisco. Al descanso corrió el rumor de que Podemos meditaba la posibilidad de fletar un tramabús rotulado con las interjecciones escapadas del palco del Bernabéu.

Al principio, el partido se le hacía largo al madridista. Luego se le alargaría mucho más. El cronómetro avanzaba des-pa-si-to. Vidal salió nervioso, pero fue ganando confianza y terminó por cazar a Isco y obtener la amarilla que le facilitaría la roja que lo serenara definitivamente. Ribéry parecía más guapo, ‘Carletto’ más delgado: había que reaccionar. El Madrid lo hizo sirviéndose de contras rápidas y segundas jugadas, todas falladas con precisión de relojero. Conté media docena de goles platónicos, ideales, de esos que no computan en el marcador, pero sí en el lamento amargo del aficionado que sabe que quien perdona, se acuerda.

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19 abril, 2017 · 17:41