Archivo de la etiqueta: fútbol es fútbol

Solari el reformista

1093669088_20190113204254069-kcgf-u454119693002xcg-980x554@mundodeportivo-web

Reforma o muerte.

Solari sacó a Cristo esperando el milagro, pero el milagro lo hizo Ceballos y luego pidió perdón. Son gestos y nombres que alojan la vivencia madridista en una esfera religiosa, siempre entre el tormento y el éxtasis, entre el apocalipsis y la resurrección, entre Isco y Vinicius. De la primera vuelta de la Liga podemos concluir el infierno que vivió Lopetegui y el purgatorio por el que atraviesa Solari, con la fe puesta en el paraíso de la Champions. Pero no seremos como falsos mesías que predican una esperanza vana: reconozcamos que tocar el cielo está jodido este año.

La ventaja del purgatorio, como saben los teólogos, es que cumplido su plazo sólo se puede ir a mejor. Esa conciencia desesperada de finitud es la que convierte a Solari en un entrenador interesante: como sabe que está de paso, se atreve a subordinar la diplomacia a la libertad de decisión. Es como el político que emprende reformas profundas con el alivio que da no presentarse a las próximas elecciones. Luego obtendrá resultados o no, y si los obtiene igual hasta concurre a los comicios de verano y gana su continuidad.

Leer más…

Anuncios

Deja un comentario

15 enero, 2019 · 11:26

Camisetas blancas, chalecos amarillos

15468863880372

Héroes cansados.

A un equipo que no se respeta a sí mismo le termina perdiendo el respeto hasta la tecnología. Eso le ocurre al Madrid, por más que el aficionado sienta la tentación de buscar consuelo en el más justificado de los ataques al VAR. El error en el penalti a Vinicius -¿germen de Robinho, Savio o Romario?- es peor que un escándalo: es prevaricación. Pero aunque el Madrid hubiera empatado el partido, condenar al madridista a no subestimar los empates es mucha condena cuando se viene de ganar cuatro Champions en cinco años. O quizá esta saciedad de gloria explique precisamente la agonía de sentido del juego y de sentido de la vergüenza que vemos jornada tras jornada. Son camisetas blancas pero parecen chalecos amarillos protestando sin jefes ni programa contra el orden y la razón.

Señalar un culpable individual de un problema complejo es una ordinariez propia de vagos mentales y de populistas, valga la redundancia. Errores hay muchos, desde la planificación de la plantilla a las decisiones de Lopetegui pasando por el caciquismo de los mandamases del vestuario o la degeneración de jóvenes geniales en viejos abúlicos: Isco y Asensio pugnan por el papel protagonista en la segunda parte de Benjamin Button. Solari solo es culpable de aceptar un reto envenenado sin la colaboración de demasiados de sus jugadores, que asumen su autoridad pero no la respetan.

Leer más…

Deja un comentario

8 enero, 2019 · 10:37

Grandes esperanzas

15450836494162

Extras de Oliver Twist.

Dicen que el sorteo de Champions ha sido benévolo para el Madrid, pero este es el año en que se volvió científico el tópico de que no hay enemigo pequeño: el Kashima infunde en el madridista el mismo respeto que el Ajax. Tiene su encanto vivir en este estado de angustia novedosa, de amenaza insospechada. El Madrid post-Zidane ha hecho más por la empatía con los desfavorecidos que las campañas de marquesina de Carmena. Acostumbrados a viajar en el helicóptero del napalm con Wagner a todo trapo, los hinchas siguen ahora al campeón de Europa a pie por un arrozal sembrado de minas, con varios reclutas patosos en la patrulla, otros siempre a punto de mutilación y un vietnamita inadvertido preparando la emboscada en octavos de final. Es una experiencia pedagógica que ayuda a compadecer los brotes chamánicos de Simeone que han estomagado a dos europeos apolíneos como Modric y Courtois.

Este Ajax, por supuesto, no es el de los hermanos De Boer, Litmanen, Finidi, Overmars y Kluivert, esa maquinaria arrogante que sembró el pánico en las mentes preadolescentes de mi generación, antes del gol de Mijatovic y en pleno apogeo del PC Fútbol. Pero cuando unos rusos innominados te ridiculizan en casa y cuando ese De Gaulle alargado que guarda la garita libra a Occidente de empatar con el Rayo, no cabe concebir grandes esperanzas, salvo las de Dickens. Lo cual no significa que el Madrid no siga siendo naturalmente el favorito para ganar su cuarta Copa de Europa consecutiva, la quinta en seis años. Por la sencilla razón de que nadie esperaba que ganara la del año en curso, cuando a estas alturas no localizaba al Barça en la Liga por la tabla clasificatoria sino por el Google Earth.

Leer más…

Deja un comentario

18 diciembre, 2018 · 10:38

Envidia de tribu

15444731917617

El buen salvaje.

Argentina encarnada en la rivalidad Boca-River pasó por Madrid, levantando en los nativos unánime admiración. A los españoles se les concedió el olvidado espectáculo de la pasión sin las contrapartidas incómodas de su hermana la brutalidad. El periodismo deportivo, descontando sus confianzas con la hipérbole, comparte veredicto: jamás cubrió un partido tan emocionante. Se diría que el domingo ocurrió la navidad del fútbol, se redescubrió el balompié en España, lo que explicaría la amplísima cobertura y el entusiasmo plumífero.

Del Bernabéu ya se quejaba Bernabéu por la cicatería emocional del madridista, que malacostumbrado por la victoria acude a Chamartín a que le animen, mientras el hincha argentino va a animar porque no ha tenido ocasión de que el triunfo reiterado le aburguese. Así que el Boca-River en el Bernabéu, además de un tributo póstumo a don Alfredo, ha deparado sobre todo un choque cultural: un neocolonialismo invertido por el cual la metrópoli mira con envidia a la antigua colonia. Esas gradas frías se calentaron por una noche no por la calidad del juego practicado -lo que sucedía en el césped dañaba la vista- sino por el fervor de unos buenos salvajes. Ante semejante fenómeno, el madridista examina su conciencia y se pregunta por qué no grita ni llora como esos porteños que no saben lo que es ganar tres Champions seguidas. Se pregunta, asustado, qué harían si las ganaran.

Leer más…

Deja un comentario

11 diciembre, 2018 · 13:45

El peso de Modric en oro

15438742952066

El héroe menudo.

Baste decir que el último ganador del Balón de Oro fuera de la rivalidad MessiCristiano -empatados a cinco trofeos cada uno- fue Kaká. Que ya se retiró, y no sé si incluso ascendió a los cielos. De quienes siguen en activo sobre la tierra, al margen por tanto de los dos extraterrestres citados, el mejor de todos se llama Luka Modric y es centrocampista. Su triunfo emancipa la distinción individual más importante del fútbol de la tiranía comprensible de los goleadores. Recordamos a Cannavaro y a Kahn precisamente porque el Balón de Oro no suelen dárselo a centrales ni a porteros, aunque también lo ganó un sedicente delantero como Owen; lo suyo fue algo así como el Nobel de Echegaray.

Nunca he sostenido en las manos un Balón de Oro pero calculo que pesará más o menos lo mismo que Modric, lo cual da una idea de la grandeza del croata. Hablaremos siempre del Real Madrid de Cristiano, el que conquistó cuatro Copas de Europa en cinco años, pero todo había empezado con un gol de Lukita al Manchester United en Old Trafford en marzo de 2013. Aquel año, el último de Mourinho, no se ganó la Champions pero se ganó el medio del campo, una plaza que se había declarado desierta desde la marcha de Makelele y Redondo. Allí crecían los rastrojos y merodeaban bandas de aluniceros. El menudo Luka -hasta aquel día cuestionado por los 35 millones de su fichaje, hoy unánimemente considerados una irrisoria propina- se apoderó de aquel territorio sin ley como si fuera serbio y puso orden. Y dotó al juego de un sentido nuevo, estético y fluido, incisivo y conservador, de cuya muerte el apenado madridismo ya tiene el recuerdo, echándolo de menos mucho antes de que su artífice haya dado el último pase con el exterior.

Leer más…

Deja un comentario

4 diciembre, 2018 · 13:53

Once Viriatos

imagen-sin-titulo

Elegía.

¡Cómo lo vio venir Zizou! Es el lamento de los madridistas en estos días fríos y sentimentales, cuando constatan el alcance de la enfermedad o el espejismo de una recuperación que murió en Ipurua. La afición no puede reprocharle al francés su lucidez, trágicamente cifrada en 20 puntos de 39 posibles, pero yo sigo reprochándole -Dios me perdone- su mutismo. Si Zidane vio venir de lejos la decadencia de una plantilla histórica, si sabía que ni él ni nadie podía extraer ya más líquido vital de las piernas de sus campeones, ¿por qué no avisó en enero de que se iría pasara lo que pasara, a fin de dar tiempo al club para buscar al pertinente cirujano de hierro que necesita el vestuario? He formulado la pregunta a eso que llamamos fuentes cercanas y fuentes cercanas contestan: «Hasta el final pensó que encontraría el modo de enderezar a los jugadores para seguir ganando. Solo se decidió a última hora, y cuando lo hizo fue imposible hacerle cambiar de opinión». Podía haberse decidido antes, pero quién sabe marcharse en esta vida. Mucho menos del Madrid, de donde solo salen bien los fracasados.

Ahora bien. Nos parece entre obtuso y miserable ponerse a matar ahora a Solari, que sigue presentando un balance de cuatro victorias por una derrota y de cuya inteligencia -otro de los nombres de la capacidad de adaptación- cabe seguir esperando decisiones con sentido. El parón de selecciones cortó la progresión anímica del equipo y el argentino quizá se confió demasiado tras la firma del contrato, que es un acto que siempre relaja mucho, como saben todos los parados. Entonces se dejó llevar por el criterio diplomático, más atento a los galones que a los cojones. Pero habrá tomado nota y esperemos que este martes salten al campo contra la Roma once Viriatos, se llamen como se llamen.

Leer más…

Deja un comentario

27 noviembre, 2018 · 10:02

‘Yucatán’ y diez más

02181147_xl

Ramos y ‘Yucatán’, dos purasangres.

El parón de selecciones es un tormento del calendario que le ha servido al madridista para dar tiempo a que se vacíe la enfermería y para fantasear con Harry Kane, ese caballero del área escapado de Carros de fuego o de Dunkerque que se asocia como Benzema y remata como Van Nistelrooy. Su único defecto es el precio, 250 kilos de disuasión fijados por el presidente del Tottenham, que es el tipo en el que se inspiró Shakespeare para El mercader de Venecia.

Los corazones blancos están pacificados tras la llegada de Solari, pero tampoco pueden evitar enamorarse de vez en cuando como las mocitas del himno, y lo cierto es que resulta mucho más fácil enamorarse de Kane que de Mario Hermoso, pese al apellido. De la España de Luis Enrique no obtiene de momento el madridismo otra cosa que un tedio cruel -aguantar un amistoso entero de este equipo debería desgravar en concepto de patriotismo- y la pertinaz convalecencia de Isco y Asensio, decepción compensada por el alivio de ver fallar a Morata, a quien siempre se le agradece esa manera suya garrafal de confirmar el acierto de su traspaso. A Isco o bien le duele el apéndice fantasma que le fue extirpado o bien le duele Andalucía, sumida en otra campaña bochornosa en la que los candidatos rivalizan por el insulto más descarnado a la inteligencia del andaluz. En cuanto a Asensio, seguimos sin saber si quedará para la posteridad por encima o por debajo de Martín Vázquez, con quien comparte parecida aleación de talento y pusilanimidad. ¿Y si le inyectaran hormonas de Yucatán, el semental de la cuadra de Sergio Ramos que acaba de ser campeón del mundo? Teniendo en cuenta la pura sangre española del caballo, nadie de la última lista del asturiano debería sentirse titular indiscutible. Ni siquiera su dueño.

Leer más…

Deja un comentario

20 noviembre, 2018 · 20:12

Blanca catedral

IMG_1653

Hughes, Marta del Riego, Ángel del Riego y Jorge Bustos (o sea, yo).

[Reproduzco a continuación mi prólogo a La Biblia blanca, de Ángel y Marta del Riego Anta, editorial Córner]

No sabemos si la publicación de una biblia madridista, valga la redundancia, es una obsesión de fanáticos o una empresa propia del Renacimiento. Pero si se trata de tender un puente entre los Ultra Sur y el cardenal Cisneros, yo quiero formar parte de tan santo pontificado. Mis credenciales son inequívocas: el madridismo, bajo la forma militante del mourinhismo, constituyó mi última religión profesada con fervor, es decir, sin respeto, con verdadero espíritu de cruzada. La vida lo atempera a uno y lo vuelve más cínico y quizá más sabio, pero yo no puedo olvidar la pasión personalmente exaltante que coloreó aquellos días de ruido y furia. Después de aquello gané cuatro copas de Europa seguidas, y en las cuatro finales estuve en el estadio, pero no me importa reconocer que ya nunca volveré a vivir el fútbol con la intensidad del sacro trienio en que Yahvé fue del Madrid y Mourinho su profeta. Aquellos pentecostés en que el Espíritu bajaba en lenguas de fuego y prendía la sala de prensa. Aquellos clásicos que parecían guerras de religión rodadas por Mel Gibson y donde echábamos las semanas posteriores recontando cadáveres, arrastrando los suyos por el barro y dándoles a los nuestros cristiana sepultura.

Hay muchas especies de fe, pero solo una religión verdadera. No lo dijo un papa sino Kant, que no era precisamente de los que mojaban la pluma en agua bendita. Hay muchas aficiones y luego está el aficionado del Real Madrid, que es el único club verdadero, con su curia vaticana y sus parroquias de barrio. Como toda religión verdadera el Real Madrid sufre cismas periódicos, es agitado por heresiarcas ambiciosos y telepredicadores sombríos, sucumbe a travesías por el desierto durante las cuales el pueblo es tentado por la idolatría y finalmente conoce el restablecimiento de la ortodoxia en el cónclave de los socios, que siguen siendo los dueños de su fe y de su templo.

Ahora bien: la religión madridista no es ecuménica. No practica el entendimiento buenista entre todas las confesiones y la redistribución del palmarés, sino la hegemonía más rapaz, una suerte de dominación feudal, aristocrática pero inmisericorde. En esto se separa del imperativo categórico de Kant, que ruega a los madridistas que no ganen todo aquello que les gustaría ganar a los demás, y abraza en su lugar la voluntad de poder de Nietzsche, que no reconoce más criterio moral que la conquista perpetua, el eterno retorno de las copas de Europa. El madridismo, por tanto, no es un credo evangélico –mucho menos protestante: este sería el del Atleti– salvo por una frase: “Al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene”.

Un día paseaba Heine con un amigo por el interior de una grandiosa catedral europea. Su amigo, abrumado por la belleza que levantaron nuestros antepasados, comparó tanta magnanimidad con la mediocridad de su tiempo y le preguntó entristecido a Heine por qué los europeos ya no eran capaces de edificar catedrales. El gran poeta alemán respondió: “Nosotros, los modernos, no tenemos más que opiniones, y para elevar una catedral gótica se necesita algo más que una opinión”. Efectivamente: se necesita una fe. Por eso el Madrid continúa levantando por todo el continente orejonas como catedrales: París, Madrid, Bruselas, Stuttgart, Glasgow, Bruselas otra vez, Ámsterdam, París, Glasgow otra vez, Lisboa, Milán, Cardiff, Kiev. Al fin y al cabo, todo el mundo tiene una opinión, pero solo el Madrid tiene trece copas de Europa.

Deja un comentario

15 noviembre, 2018 · 14:02