Archivo de la etiqueta: La sombra de Caín

El casting de la posteridad

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Leviatán.

-Lo ves, ¿no?

Explicaba lo que para él era evidente y remataba así cada lección para cerciorarse de que para mí también lo era. Blandía la pinza del índice y el pulgar en gesto característico, mientras achinaba los ojos de replicante de regreso de Orión, esos ojos que parecían las ranuras de una persiana por donde se filtrase el crepúsculo de un gran poder. “Lo ves, ¿no?” Y a veces no lo veía, pero tampoco me habría atrevido a interrumpir a Rubalcaba, que estaba sentado a mi izquierda, en el mismo restaurante donde Rajoy se resignó a perder la Moncloa y el partido. Ese Rajoy con el que mi interlocutor había tejido delicadamente el último tapiz del 78, que fue la sucesión en la Corona.

Una tarde de finales del año pasado me llamó Eduardo Madina. Me dijo que Rubalcaba había leído algo mío y quería conocerme. Confieso la ilusión sentida a una edad en que la mitomanía ya no genera excesivas ilusiones, por más que siga apasionándome la actualización diaria de los códigos fijados por Maquiavelo. Crecí bajo la leyenda Rubalcaba, bajo la resonancia temible de aquel apellido que murmuraban en voz baja los etarras en los pisos francos y que maldecían todos los aquejados de manía persecutoria. Lo que no significa que, en efecto, Rubalcaba no los persiguiera alguna vez.

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12 mayo, 2019 · 22:10

Me pareció ver un lindo gatito

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La sonrisa del destino.

A las dos de la tarde de ayer Moncloa distribuyó una foto del encuentro entre Sánchez y Casado que resulta letal para la verosimilitud de la farsa cainita que ambos llevaban ensayando diez meses y cuyo estreno, el último domingo de abril, logró la suspensión de la incredulidad de gran número de abstencionistas. La obra llevaba por título No pasarán esta vez, y versionaba un famoso drama de los años 30 con Pedro Sánchez en el papel de galán antifascista. Un público impresionable que no pisaba el cine desde la Transición se tragó el montaje entero, y las consecuencias se advierten en la inocultable satisfacción con que posa el laureado protagonista. En la foto, Sánchez sonríe como el gato que acaba de comerse al canario y Casado sale de espaldas, aunque no cuesta imaginar que también está sonriendo, porque Casado sonríe cuando ataca, cuando defiende y cuando persigue el empate, que es lo que hace desde que tiene 66 escaños. Pero lo interesante de la foto es la sonrisa de Sánchez, que proclama un relajamiento poscoital, la clase de expresión que no puede impostarse y que solo aflora tras un esfuerzo sudoroso de representación con final feliz. Sánchez ha encarnado al fin la sonrisa del destino que le auguró Iglesias cuando ejercía de profeta ceñudo.

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7 mayo, 2019 · 11:58

María en Príncipe Pío

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Twitter.

Han linchado a María Rey por decir Franco en vez de Napoleón a propósito del 2 de mayo. Hay que reconocer que hemos progresado mucho y ya no te fusilan con nocturnidad al pie de la montaña de Príncipe Pío, pero los que disparan siguen haciéndolo embozados, hurtando el rostro como los pintó Goya para vaticinar que el horror moderno sería industrial y anónimo como lo es la trolería tuitera. Si las redes entrañan un peligro totalitario no es por el grado de violencia sino por la imposibilidad de identificar a sus responsables. Por eso Eichmann en Jerusalén parecía un probo funcionario, una pieza desalmada en un engranaje automático. El fin de la responsabilidad individual es el fin de la civilización.

El tuitero que disfruta haciendo escarnio representa un tipo humano despreciable, pero tan viejo como el público festivo que madrugaba para coger sitio en la plaza donde esa mañana se programaba ejecución y al día siguiente mercado de abastos. La pulsión punitiva, el deseo de castigar al otro -especialmente si el castigado es más famoso que el castigador- supone la oportunidad de aliviar algo la propia irrelevancia mediante el desahogo de un narcisismo imbécil, porque hay que ser imbécil para creer que María Rey ignora de verdad que Franco no existía en 1808. Los trols -salvo los más estólidos- sabían bien que se trataba de un lapsus, pero reconocerlo y contenerse les habría arruinado el goce del ajuste de cuentas ideológico aprovechando que la memoria histórica pasaba por el Manzanares. Otras veces las balas provienen de la trinchera opuesta, la que se presume faro del progreso y resulta más cruel porque a la vesania une la superioridad moral, lo que bloquea cualquier remordimiento. Y así, por el mísero placer de unos parafílicos escondidos, estamos poniendo perdida el ágora del siglo XXI que se suponía que era internet.

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5 mayo, 2019 · 18:48

El Sánchez con el que sueño

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¿Qué Sánchez será Sánchez?

Reconozco que contra Sánchez se vive estupendamente, así que deberían aguardarme como mínimo cuatro años más de felicidad. Pero tampoco me importaría sacrificar mi placer personal en el altar de la geometría variable y posicionarme algún día a favor de Sánchez. No solo para saber lo que se siente militando del lado del Periodismo, o sea, ascendiendo de la umbría caverna al cielo socialdemócrata por la escala luminosa del rayo del progreso, sino porque eso significaría que incluso Sánchez puede ser distinto de Sánchez si se dan las condiciones adecuadas. Y eso brindaría una esperanza decisiva a todo adulto atrapado en una identidad inmadura de la que ansía liberarse.

Veamos. Sánchez tiene 123 escaños y suma 175 con Podemos, PNV, CC, Compromís y un señor enviado a Madrid por Revilla, nuestro primer populista, el hombre de Altamira de la política espectáculo. Yo mismo, que soy uno de los antisanchistas más reconocibles del país, podría experimentar una tímida floración de sanchismo si Sánchez se comprometiera a no pactar con ERC ni Bildu el resto de la legislatura, aunque ello le obligase a trabajar alianzas más arduas y respetuosas con la Constitución y la decencia. A ello le ayudaría Iglesias, que ahora va de cura obrero del 78 poseído por el ánima de Pérez-Llorca.

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30 abril, 2019 · 11:29

La España de la idea

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La rabia o la idea.

Cuando Cs comenzó su expansión por España, quedaban tres años para que el nacionalismo tratara de separar de un golpe a los puros de los mestizos y a los ricos de los pobres. Por eso su discurso, sin olvidar la resistencia a la ingeniería social pujolista que les hizo nacer -nacer para sobrevivir-, se centraba en la impugnación de la trampa bipartidista. En la que necesariamente caía el españolito que venía al mundo por falta de opciones. Una amiga me dio entonces una razón singular para votar a Cs: “Votaré para saber que existo”. Había votado al PSOE y al PP, le gustaban cosas de unos y otros, y no quería resignarse a parecer facha cuatro años y roja los cuatro siguientes. El apoyo al partido que reivindica la ciudadanía se convertía así en voto identitario: “No soy lo que queréis que sea: ni la tesis de unos ni la antítesis de otros”. El futuro, tercia Hegel, pertenece a quienes logran la síntesis.

El resurgimiento deliberado de las dos Españas en esta campaña devuelve vigencia a esa rebeldía. La moción abrió una brecha en el constitucionalismo y Sánchez, una vulgar criatura de aparato obsesionada con el poder a cualquier precio, cavó más honda la zanja cada viernes para lucrarse de ese maniqueísmo: a un lado los fachas, al otro él. Y cada miércoles, en el Congreso, apuntaba a Rivera como el mayor obstáculo para el crédito de su relato, empujándolo al bando conservador para quedarse el votante de centro, el que hace frontera con el PSOE. El que mañana lo decide todo. El que, si no se traga la propaganda gubernamental y apoya a Cs, desaloja a Sánchez.

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28 abril, 2019 · 17:39

Las brigadas de Caín

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Mirada sanchista.

Los brigadistas de Sánchez enviados a salvarnos del fascismo parecen nerviosos. El número de votantes que está respondiendo a la llamada a filas gubernamental para combatir al dragón tricéfalo podría ser menor del que se airea. Si se trata de dragones al personal le sobra con Juego de Tronos, mero neorrealismo al lado del no es no de Sánchez a los independentistas (emoticono de llorar de risa), los cuales ya ni disimulan su gana de investirlo.

Con lo bien que estaba saliendo la farsa. Después de agitar el espantajo de Franco desde el minuto uno, de recuperar el lenguaje años 30 de “las derechas”, de hacerse la foto en la tumba de Machado como si le hubiera leído y de camuflar bajo coartadas sociales su afición bahamondiana al decretazo, el tinglado da señales de fatiga. Sería una catástrofe que al cuento de Caperucita se le descubriera el lobo en la semana culminante.

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23 abril, 2019 · 10:15

Votar a Barrabás

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“¿Y qué hago con Jesús?”

Entonces Pilato dio a elegir al pueblo entre Jesús y Barrabás, porque era costumbre por pascua indultar a un preso, y el pueblo eligió: “A ese no, suelta a Barrabás”. “¿Y qué hago con Jesús?”, empezó a rendirse el político. “Crucifícalo”, sentenció la voz del pueblo, voz de Dios, voz de ángeles unívocos que siempre terminan siendo ángeles exterminadores.

He aquí, evangélicamente fijado, el eterno mecanismo del referéndum del que jamás aprenderemos. La degradación de la democracia a oclocracia, o mandato directo de la masa. El sometimiento de la letra clara de la ley al espíritu turbio de la opinión pública. La confirmación de la greguería de Ramón que avisa de que un tumulto no es más que un bulto que les suele salir a las multitudes. Ese bulto que bulle en los escraches y crece tumoral en las redes, aplastando el criterio bienintencionado de los políticos débiles. Los del siglo I como los del XXI.

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21 abril, 2019 · 20:36

Y la pegada cambió de bando

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Pelea en el barro.

Un debate a seis puede ser cualquier cosa menos un debate, pero esto ya lo saben todos ustedes, que no se sientan ante el televisor en la campaña más polarizada del siglo para oír argumentos sino para calibrar gestos, ponderar reflejos, aplaudir sarcasmos, maldecir presencias o extrañar ausencias. Fue una velada de boxeo en la que el cartel de los asaltos lo paseaban dos varones medrosos –Aitor Esteban y Gabriel Rufián– y los guantazos corrían de parte de dos mujeres capaces de redefinir ellas solas los roles tradicionales de género sin cobrar un solo euro de ninguna asociación.

Cayetana Álvarez de Toledo salió de su esquina como salía Tyson en los 80; la ministra Montero tenía un plan, la consabida impostura del estadismo sanchista, pero como decía Tyson todo el mundo tiene un plan hasta que le cae el primer puñetazo. “Es una anomalía que no esté aquí Sánchez, ese vanidoso útil del separatismo, de coraje discutido y discutible…” Y a partir de ahí hacia arriba. Abusó de sus turnos de palabra tanto como del hígado del adversario, que unas veces eran las Montero y otras veces era Rufián. Solo una vez trató de defender la propuesta fiscal del PP, pero no acertó a desgranarla bien. Y qué coño, ha vuelto a la política para disfrutar. Protagonizó el momento más tenso de la noche con Irene Montero, que cometió el error fatal de tratar a Álvarez de Toledo como si fuera la caricatura de Álvarez de Toledo que el feminismo de tea ardiente quema a escondidas en sus aquelarres digitales. Pero topó con carne, hueso y cerebro. La estrategia de frontalidad de la candidata popular le asegura el foco del debate. Acaso entraña un único riesgo, que no sé si lo es en estos tiempos: una irradiación de suficiencia que atraerá a muchos y disuadirá a otros.

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17 abril, 2019 · 11:25