Archivo de la etiqueta: madridismo

Riégala otra vez, Zizou

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El jardinero fiel.

Tras la exhibición de Gareth ante el Celta, me preguntó Juanma Castaño en la tertulia dominical de Tiempo de Juego si la alineación para Kiev debería consistir en Bale y 10 más. Elegí la respuesta fácil, la más conservadora: dije que sí. Pero ahora me doy cuenta de que debería haber arriesgado aún menos para contestar con la primera evidencia de la era de las tres finales consecutivas: «Zidane y 11 más».

Entiendo que haya aficionados y periodistas que se atareen estos días en confeccionar la alineación adecuada que el Madrid debe sacar frente al Liverpool. Lo que no entiendo es que sean madridistas quienes se entreguen a tan superfluo pasatiempo. Personalmente no he perdido un solo minuto en estudiar las ventajas de apostar por el control que garantizan Isco o Benzema; o si conviene explotar la velocidad del galés a la espalda de un equipo vertical que promete salir al ataque; o si los galones que se han ganado Lucas y Asensio con su trabajo demandan meritocrático reconocimiento en forma de titularidad. Descubro a gente muy afanada estos días opinando al respecto, con lo cansado que es opinar, mucho más con argumentos. La pereza mental no ha encontrado mejor abogado que el entrenador que ganó dos Champions seguidas y opta en diez días a la tercera.

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15 mayo, 2018 · 10:18

Ensayo sobre la ceguera

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Hernández, el nuevo Saramago.

Tuve que leer dos veces el tuit de Gabriel Rufián mediada la segunda parte del clásico: «Que alguien le diga al árbitro que el Barça ya ha ganado la Liga». No todas las tardes el madridismo entero puede descubrirse reflejado con exactitud en las palabras del diputado más dicharachero de Esquerra Republicana de Catalunya. Pero así era y no había nada que añadir. Con esos apellidos, Hernández Hernández sabía muy bien que solo tenía una manera de inscribir su nombre en la historia, y eso hizo. Su actuación fue un ensayo sobre la ceguera que ya se ha convertido en el alegato más poderoso a favor de la inteligencia artificial desde aquel piloto alemán que estrelló su Airbus contra los Alpes. En el caso del canario, tanto da un dron con GPS o la esfera armilar ptolemaica de la Biblioteca de El Escorial: no será difícil que cualquier objeto inanimado mejore el rango de precisión sensorial de Hernández Hernández.

Lo peor de la deficiencia visual de Hernández es que le privaría de solazarse con el espectáculo teatral que en estos partidos programa siempre el Barcelona, en desleal competencia con el Liceo. Algunos de sus mejores jugadores, como Busquets o Suárez, han desarrollado un talento interpretativo hasta extremos que amarillearían de envidia a Núria Espert. Primero fingen la agresión y después coreografían el acoso arbitral, con la ventaja de que al final no necesitan pasar la gorra porque el público de Camp Nou ha pagado la entrada previamente para ver exactamente lo que le echan. La obra está ya muy vista, pero también la no investidura de Puigdemont lo está y no solo se sigue representando sino que sale de gira por Europa. Pese a todo, las malas lenguas aseguran que hasta los culés se cansan de la farsa, por lo que Piqué tuvo que obligar a los pobres utilleros a aplaudir en fila. Que él sin su dosis de adoración no se quedaba.

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8 mayo, 2018 · 15:28

Karim, mátalos suavemente

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El héroe tranquilo.

El Real Madrid alcanzó otra final de Champions porque ni sus jugadores ni su afición estaban preparados para otra cosa. Sencillamente. El coste de la alternativa era tan incalculable que se prefirió la opción más cómoda: conquistar la tercera final consecutiva.

El partido me pilló en Múnich -mis padres no contemplan los cruces de primavera con el Bayern cuando planean viajes familiares, pero deberían-, así que pude testar el ambiente desde las entrañas mismas de la bestia. En ellas solo encontré prudencia y cerveza. A las ocho me metí en una peña muniquesa cercana a la Estación Central. Estaba decorada de arriba abajo con camisetas rojas, bufandas rojas y caras rojas de bávaros extrañamente circunspectos que bebían en silencio para desmentir su fiereza y proclamar su respeto al rey de Europa. Hoy mismo llamo a Elvira Roca para anunciarle que la leyenda negra empieza a amainar: hay bandera blanca. Cuando los hinchas colorados me reconocieron español, y probablemente madridista, casi me pagan la pinta.

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2 mayo, 2018 · 19:31

El esfínter de Múnich

15246938273239.jpgQuizá vaya siendo hora de revisar aquella frase de Salihamidzic, cuando Múnich era un castillo custodiado por un dragón llamado Kahn: “Al Madrid si le presionas se caga en los pantalones”. Por más que la cara de Heynckes luciera tan tersa como en la Séptima, si no más, lo cierto es que el tiempo ha pasado, un puñado de orejonas han crecido en las vitrinas blancas y ahora las heces del miedo -por muy alta que hagan la presión- las pone el Bayern.

¿Cómo explicar, si no, las lesiones de Robben y Boateng? El miedo es un sentimiento caprichoso y a veces se aloja en músculos distintos del esfínter, como por ejemplo los abductores. Y eso que en la primera parte no hubo razón para el pánico alemán porque el Madrid cedía a la presión local, fallaba despejes y controles y recelaba de James, que llevaba la venganza cosida a la zurda. De ahí nació la contra que cogió a Marcelo flotando en una dimensión alternativa y que Kimmich finalizó con la ayuda de Keylor, un portero tan religioso que a veces confunde la caridad con la concentración. Pero el madridista sabe que maldecir a Marcelo y Navas suele ser el paso previo del más amargo arrepentimiento: lo puede desatar una volea cruzada al filo del descanso del brasileño o una sucesión de paradas inverosímiles del costarricense. Lo cierto es que el gol del Bayern llegó en el mejor momento del Madrid y el de Marcelo cuando los centros al área de Keylor llovían como bombas V2. Al partido le había llegado el empate antes que la lógica, y eso nunca es buena señal para un alemán.

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26 abril, 2018 · 11:41

Y el miedo se quedó blanco

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Alfredo Di Stéfano.

¿Adónde va el miedo cuando se esfuma? Sabemos dónde se esconde mientras dura: en una zona indeterminada entre la garganta y el duodeno. Pero llega el minuto 90, Cristiano marca su penalti y el miedo sale del cuerpo como una exhalación. ¿Adónde irá? ¿Seguirá hospedado en los pechos de los culés? Esa sensación la compartió el madridismo durante una hora, y esa hora de dolor simétrico ante el coraje italiano se recordará como el centímetro más estrecho de empatía registrado entre Madrid y Barcelona desde el pacto del Majestic. Lo único que lamentamos los madridistas es que el penalti no fuera injusto. En cuyo caso, mal está confesarlo, el placer habría sido mayor. En los medios se tratará hoy de probar que no hubo falta sobre Lucas, y son esfuerzos que debemos agradecer porque van encaminados a aumentar nuestro gozo.

Sufrió el Madrid, pero a diferencia del Barça acumuló ocasiones suficientes como para evitarle al hincha esa clase de angustia que al periodista deportivo le obliga a sentenciar, a falta de mayor ingenio: “Qué bonito es el fútbol”. Bonito los cojones.

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12 abril, 2018 · 15:35

Normas para la chilena perfecta

15227913002198Todos hemos soñado con marcar un gol de chilena. Me refiero a una chilena perfecta, una chilena rara como una gema, como el oro de los buscadores febriles. La chilena es el último ochomil de los remates, el himalaya del gol. El cabezazo imperial, la falta ajustada, el disparo por la escuadra e incluso el taconazo burlón son golazos de ley. Pero la chilena es lo máximo, todos los niños sueñan con ella, y cuando dejan de ser niños alargan la infancia figurándose que aún tienen edad para marcarla si les llegara el balón adecuado.

Los niños que crecimos con la chilena de Hugo Sánchez al Logroñés siempre la reputamos la chilena perfecta. Por la altura alcanzada en el escorzo, por la plasticidad del movimiento, por la parábola implacable del balón. Recordamos también aquella de Ezquerro. Pero la de Hugo cuajó un modelo, era la chilena platónica materializada en el mundo. Ese molde ideal saltó anoche en mil pedazos en el minuto 64 de un Juventus-Real Madrid.

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4 abril, 2018 · 9:24

Reo Ronaldo

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Sinceridad cristiana.

Hace poco revisité la declaración de Cristiano Ronaldo ante la jueza, una de esas cosas que hacemos en domingos lluviosos. Hay un momento de la vista en que el goleador, quien como toda celebridad global está dotado de una autoconciencia agudísima, se desdobla para verse a sí mismo desde fuera. Y descubre entonces nada más que un acusado en el banquillo de un tribunal. Y entonces deja escapar una reflexión en voz alta, al borde del llanto: «Señoría, yo no sé qué hago aquí. Tengo hasta sexto de escolaridad. Yo la única cosa que hago bien es jugar al fútbol». Y a diferencia de un imputado cualquiera del procés, todos percibimos la radical sinceridad de su declaración. Lo cual no le exime de pagar hasta el último céntimo que adeude.

Cuando se retire y se amplíe la perspectiva, quizá entendamos que la sinceridad fue la principal virtud humana de Ronaldo, por encima de la disciplina o la ambición. Fue un hombre tan silvestre que no acató el primer mandamiento para sobrellevar la convivencia en sociedad: la hipocresía. La falsa humildad, que allana ante la opinión pública el disfrute íntimo de tus bien ganados privilegios. La asombrosa carrera del portugués se puede resumir así: «Prometió disparates, y cumplió con lo prometido». Decía que volvería a ser el de antes, el de siempre, cuando hasta los aficionados de su equipo -ese equipo en el que batió la marca goleadora de Alfredo Di Stéfano– lamentaban no haberlo vendido a Qatar. Y Cristiano volvía, a veces con una Copa de Europa bajo el brazo.

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20 marzo, 2018 · 10:37

París era una siesta

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Vigilia blanca.

Ya que los ultras no dejaron dormir a los jugadores del Madrid, los jugadores del Madrid decidieron presentarse en el campo de empalmada y cerraron la eliminatoria sin pestañear. Uno no gana tres Copas de Europa en cuatro años si no sabe administrar bien sus vigilias. De este modo la sorpresa se la llevan todos los que te habían dado por dormido. Y no les culpamos, porque Zidane es hombre tan sosegado que lleva a equívocos fatales. Hay que imaginarle como la mantis religiosa que primero se confunde con la planta sobre la que reposa y un minuto después aparece devorando tranquilamente a su presa, que muere antes de empezar a saber qué falló. De ahí la cara de Emery, por quien deberíamos empezar a llevar un lazo todos los demócratas.

Ahora ustedes escucharán más mofas de Emery que elogios a Zidane. De súbito el PSG habrá perdido toda su capacidad de intimidación y habrá vuelto a ser el eterno conglomerado de mercenarios sin pedigrí reunidos a golpe de petrodólar. Pero eso en cristiano se llama lanzada a moro muerto, y que el jeque Al-Khelaifi me perdone. Si París fue una siesta es porque el entrenador francés planteó una malla en el centro de campo tejida por la ubicuidad de Casemiro y sujetada por Lucas y Kovacic, y el partido entero quedó retenida en ella.

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7 marzo, 2018 · 13:32