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Bale y la memoria

Se va Gareth Bale y muchos madridistas añadirán que por fin, porque el madridista es tan desmemoriado como cualquiera y el fútbol es la dictadura del presente. Así debe ser, y desde luego el galés no se ha esforzado lo más mínimo por regresar de sus mejores ayeres. Bale ha vivido últimamente como un rentista olímpico, y solo saltaba motivado a un campo si le acompañaba un caddie

Confieso que siempre me han atraído los caracteres que desprecian abiertamente el sentir popular, lo mismo en literatura que en política o en el paddock de la Fórmula 1. En una época tiranizada por la ansiedad del Me Gusta, encuentro heroica la resistencia de algunos elegidos a cumplir con el gesto de compunción que te exige el personal para perdonarte la vida o tus 17 millones anuales, caso de Bale. Pero el malditismo también es meritocrático. Para desafiar las convenciones morales de la opinión pública, el maldito tiene que podérselo permitir. Uno puede comportarse como Best si luego juega como Best.

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18 septiembre, 2020 · 10:13

Sergio Ramos, el último cipotudo

15964564807527No será el más exquisito ni quizá el más laureado, pero es el único futbolista que juega como si acabara de apearse de su propia estatua ecuestre. Y cuando acaba el partido, Sergio Ramos vuelve al parque donde se levantan los monumentos a los héroes de la patria, se encarama a su pedestal y se petrifica para seguir ejerciendo de gloria nacional el tiempo que media hasta el próximo compromiso sobre el césped. Noble y bélico adalid, caballero del honor.

Ramos es un cipotudo nato, un hombre que sobrelleva con asombrosa naturalidad la convivencia con su grandeza. El día que fue presentado en el Bernabéu, recién fichado del Sevilla por una cifra exorbitante -27 millones de euros de 2005 por un defensa de 19 años-, ya empezó a escandalizarnos su desparpajo. Allí estaba ese crío, llegando al vestuario de Zidane, Roberto Carlos, Raúl, Beckham o Ronaldo, mostrando con sonrisa suficiente el dorsal número 4 que acaba de dejar vacante nada menos que Fernando Hierro. Hoy Hierro es el tipo que una vez llevó el 4 de Sergio Ramos.

Nació en Camas, seguramente en un descampado, aterrorizando a las piedras contra las que chocaban sus tiernas rodillas al caer. Dejó tal huella en las categorías inferiores del Sevilla que ni le han perdonado su marcha ni se la perdonarán jamás; a él, que como Gengis Kan en el fondo es un sentimental, los abucheos en el Pizjuán todavía le duelen y ha tenido la debilidad de confesarlo más de una vez. No quiere entender que cada pitido furioso de los Biris, los ultras sevillistas, suma el más sinfónico tributo de admiración a que puede aspirar alguien criado en Nervión pero demasiado incontenible para caber entre sus orillas.

La virilidad de Ramos es tan arquetípica, tan caudalosa, que si Zorrilla reviviera lo convertiría en protagonista de un Don Juan cani de masas. De hecho, sus ilegales apuestas estéticas no son más que intentos infructuosos de matizar esa masculinidad animal que le constituye y que se derrama por el timbre cavernoso de su voz o la fijeza escalofriante de su mirada de escualo.

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13 agosto, 2020 · 13:48

Respetarás a Zidane

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La estrella.

“Que le critiquen los que quieran, que nosotros seguiremos ganando títulos”. Lleva muchos años Florentino Pérez disciplinando al forofo que le habita, pero con la Liga de la pandemia en la vitrina y preguntado por Zidane, no pudo contenerse. Es sabido que el presidente del Madrid tiende a considerar que la figura del entrenador está sobrevalorada, pero a ningún entrenador ha concedido tanto autogobierno como a Zidane, soberano de sus impredecibles alineaciones. Quizá porque no le considera algo tan pedestre como un entrenador de fútbol sino, literalmente, una “bendición del cielo”.

Pero si así habló Florentino es porque Los Que Saben De Fútbol -saber de fútbol: qué ordinariez- se han pasado toda la temporada tratando de minusvalorar al francés. Gestor de vestuarios, alineador, ex futbolista, el de la flor, sin estilo definido, parco en titulares. Perdónales, Zizou, porque no saben lo que dicen, aunque cobren por decirlo.

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17 julio, 2020 · 11:06

El espejo roto de Zidane

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Posesiones.

Poseer es el más dulce y el más odioso de los verbos. Hay que poseer lo valioso, como por ejemplo un 1-0. Y hay que desprenderse de lo superfluo, como por ejemplo un empate a nada. Zidane quiso vencer al profeta de la posesión en su especialidad y lo logró durante la primera parte poblando el centro del campo. Pero cuando tuvo el partido de cara no acertó a posesionarse de esa ventaja con el celo preciso: terminó saliendo Bale en lugar de Kroos y el equipo acabó naufragando en la pérdida del balón, de la victoria y hasta del empate.

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27 febrero, 2020 · 10:01

Los que van a jugar te saludan

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El homenaje.

Ave, David. Los que van a jugar te saludan. Los jugadores del Madrid formaron como gladiadores blancos frente a los del Celta, firmes y quietos, guardando un minuto de silencio por el bardo que unas veces cantó sus hazañas y otras muchas se negó a cantarlas, porque Gistau era muy madridista pero antes incluso que su madridismo estaba su soberano criterio. Asistimos a una inversión de la épica: Aquiles rindiendo tributo a Homero y no al revés.

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17 febrero, 2020 · 10:52

Se declara desierto el Premio Gistau

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En el boxeo.

Pero dejemos la anécdota memorable en el cofre de la intimidad y hablemos de la obra de Gistau, que es lo que ha de quedar. Si el estilo es el hombre y el carácter es el destino, David estaba obligado a llevar al folio su temperamento, que no es fácil de categorizar. Una buena parte de republicanismo afrancesado, una porción de americano vocacional, otra de casticismo de Chamartín y un torrente de sangre jacobina. Gistau no distinguía entre alta cultura y cultura pop, de modo que en la coctelera de sus referencias nadan mezclados Woody Allen, una legión romana, el Maradona previo a su narcodegradación, las camisetas de Motörhead, el madridismo ochentero, las novelas de Salter y los reportajes de Mailer, el Ali que meó sangre de por vida tras vencer a Frazier en Manila, un torero llamado Mazzantini que decía que era su antepasado y todos los clanes mafiosos que caben en la geografía del sur de Italia. Y ahí se alimentaba, más o menos.

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13 febrero, 2020 · 9:48

Todos los relatores van de amarillo

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Política.

El clásico empezó decepcionando: al final resultó ser un partido de fútbol. Se habían depositado en el Camp Nou grandes esperanzas de ruptura del orden constitucional, o al menos de alteración del orden público, pero la única quiebra de la legalidad se constató en el área del Barça cuando Varane recibió dos penaltis que ni pitó el árbitro ni quiso revisar el VAR. Como otras tantas infracciones ocurridas últimamente en Cataluña, estas dos también quedaron impunes.

Salió el Madrid en tromba, con esa descarada falta de complejos que conviene exhibir en los territorios hostiles. El imperio de Valverde y Casemiro borró enseguida el mediocampo culé, al que le faltaba Busquets. Los balones largos a Bale buscando la espalda de la defensa lograban su efecto intimidatorio. Para cuando llegó el temido minuto 17.14 no quedaban ganas de invadir nada: el tsunami existía pero no era democrático sino una despótica secuencia blanca de disparos a media distancia -qué dos voleas enchufó Valverde-, centros cabeceados en cadena y todo género de aproximaciones carnales de las que la portería de Ter Stegen salió virgen, nadie sabe cómo. Entretanto, en las afueras empezaban a relacionarse los independentistas y los Boixos Nois en ese idioma primitivo suyo hecho de piedras, palos y cosas ardiendo. A algunas tribus les viene grande no ya la patria sino hasta la patria potestad.

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19 diciembre, 2019 · 11:52

Perdónales, Zizou

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Belleza bajo la lluvia.

Al madridista, que a la vida solo le pide ganar, que exige la victoria como razón de Estado por lo épico o por lo costumbrista, que transige con todo lo accesorio como el llamado estilo de juego, quizá le cueste entender el extraordinario valor del empate de su equipo contra el París Saint Germain. Hizo el mejor partido en muchos meses, practicó un fútbol delicado contra un rival poderoso, lo sometió durante todo el encuentro y acabó encajando dos goles estúpidos en un suspiro, en un despiste idiota, injusto y cruel. Pero no importa. La recuperación del mejor Madrid es un hecho contrastado ante todo un PSG, el mismo equipo que casi prejubila la segunda venida de Zidane en el Parque de los Príncipes. Perdónales, Zizou, porque te perdieron la fe y te negaron la esperanza.

Fue un espectáculo. Valverde se desplegaba a sí mismo como un latifundista codicioso, midiendo el campo por el rasero elástico de su zancada. Marcelo volvía a doblarse de extremo profundo, haciendo tanto daño por el flanco izquierdo como ya le gustaría a Pablo Iglesias. Isco curraba en la presión para ganarse al jefe y al resto de contribuyentes. Benzema, conde de Montecristo, enseñaba a los franceses quién es el rey desterrado pero legítimo de les bleus. Y Paraíso Hazard, como lo llama Silvita, nos daba únicamente las manzanas del árbol del bien, con su elegancia de esquiador y su tracción de velocista, hasta que un Caín rencoroso le taló el tobillo y nos expulsó a todos del edén. Con él y Valverde fuera del campo se produjo el eclipse momentáneo del que el Madrid se despertó empatado.

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27 noviembre, 2019 · 17:26