Archivo de la etiqueta: estirpe de Camba

Entrevista con El debate de hoy

jorge-bustos-si-sanchez-pegara-un-tiro-a-un-vecino-en-la-gran-via-la-mitad-de-los-tertulianos-redactores-y-tuiteros-del-pais-le-justificaria-1048x542

El editor de este blog.

Es reconocible por su facilidad para sonreír, aunque lo intenta disimular una barba desordenada como la mesa de un viejo redactor. Es una sonrisa algo pícara e inocente, de ese niño que pensaba que llevar la corbata sin anudar ya era ser un gamberro. Quizá por eso a veces introduce —como puñetazo de terciopelo— alguna palabra gruesa en sus columnas. O quizá sea la compleja herencia de un milenio que expiró viendo a ancianos quejumbrosos como Francisco Umbral, Fernando Fernán Gómez o Camilo José Cela, y a jóvenes insolentes como Tarantino. O quizá no otra cosa que la franqueza castellana de los Quevedo y los Cervantes, o la crudeza latina de los Marcial y Horacio.

En la universidad se entregó, precisamente, a los clásicos y también a autores muy modernos. De hecho, desde sus inicios, ha dedicado innumerables horas a la crítica literaria; por ejemplo, sus docenas de reseñas en Aceprensa. A partir de entonces, ha ido subiendo escalón a escalón —revistas locales, La Gaceta de los Negocios antes y después de Intereconomía, Jot Down, un copioso etcétera—, hasta dirigir la sección de Opinión de El Mundo. Lo compagina con otra tarea del oficio, como son las tertulias de La Sexta o algún rato que charla en la COPE. Y con la publicación de varios libros que deambulan entre el ensayo más o menos sólito —La granja humana (2015), El hígado de Prometeo (2016)—, el colectivo —su colaboración en La España de Abel (2018) y en La sorpresa Vox (2019)— y el «dietario de juventud» de sus Crónicas biliares (2017), o la semblanza de personajes históricos en Vidas Cipotudas (2018).

El madrileño y merengón Jorge Bustos Táuler (1982) parece que es creyente de alguna suerte de constitucionalismo liberal sin rigideces, etiquetas ni adjetivos tajantes, pero, sobre todo, es un irónico practicante. De esa ironía que escuece a los fuertes y que, por lo general, solo aspira a atemperar el puritanismo. Por eso puede disfrutar con un Mourinho desencadenado y que escupe en el mármol impoluto del Olimpo donde se micciona perfume de azahar. Porque sabe que es un Olimpo de cartón piedra y que ese perfume no es más que colonia barata. Pero, en el verdadero Palacio de Invierno, Bustos es capaz incluso de acicalarse la barba y vestir con la discreción que bien le enseñaron en casa.

Pregunta: Hughes, Jabois, su querido Gistau, Soto Ivars, usted… Todos con barba.

Respuesta: Y no te dejes a Isco ni a Benzema. La barba es una moda cómoda, pero quizá también sea una decisión vital: un «ahora nos toca» o algo así, pero sin los rancios compromisos de los barbudos setenteros.

Leer más…

Deja un comentario

8 junio, 2020 · 11:03

Los que van a jugar te saludan

15818929396369

El homenaje.

Ave, David. Los que van a jugar te saludan. Los jugadores del Madrid formaron como gladiadores blancos frente a los del Celta, firmes y quietos, guardando un minuto de silencio por el bardo que unas veces cantó sus hazañas y otras muchas se negó a cantarlas, porque Gistau era muy madridista pero antes incluso que su madridismo estaba su soberano criterio. Asistimos a una inversión de la épica: Aquiles rindiendo tributo a Homero y no al revés.

Leer más…

Deja un comentario

17 febrero, 2020 · 10:52

Se declara desierto el Premio Gistau

IMG_0217

En el boxeo.

Pero dejemos la anécdota memorable en el cofre de la intimidad y hablemos de la obra de Gistau, que es lo que ha de quedar. Si el estilo es el hombre y el carácter es el destino, David estaba obligado a llevar al folio su temperamento, que no es fácil de categorizar. Una buena parte de republicanismo afrancesado, una porción de americano vocacional, otra de casticismo de Chamartín y un torrente de sangre jacobina. Gistau no distinguía entre alta cultura y cultura pop, de modo que en la coctelera de sus referencias nadan mezclados Woody Allen, una legión romana, el Maradona previo a su narcodegradación, las camisetas de Motörhead, el madridismo ochentero, las novelas de Salter y los reportajes de Mailer, el Ali que meó sangre de por vida tras vencer a Frazier en Manila, un torero llamado Mazzantini que decía que era su antepasado y todos los clanes mafiosos que caben en la geografía del sur de Italia. Y ahí se alimentaba, más o menos.

Leer más…

Deja un comentario

13 febrero, 2020 · 9:48

Nunca bajarás del ring

94c8627a-8c5c-4fa3-81b4-622ff2de8338

Kiev, 2018.

Yo no tengo corazón para hacer esto. Yo no quiero escribir sobre David como si David no fuera a leerme mañana, porque aquí todos escribimos para alguien. Yo no puedo conjugar los verbos en pasado cuando me refiero a él, porque las palabras crean las noticias y hay palabras que deberían pronunciar siempre los otros y hay noticias que no se deberían dar jamás. Fue David quien me enseñó que un columnista que se precie nunca sonríe en su foto del periódico, pero eso es una cosa y otra distinta es empapar estas teclas que odio como un huérfano torpe al que le han abandonado de pronto las frases, el oficio y la alegría.

David, por supuesto, se avergonzaría. Cuando murió Jorge Berlanga, escribió de su compañero de contraportada el más aséptico de los obituarios porque así se lo pidió Jorge desde la cama terminal del hospital. A diferencia de la nuestra, la suya es una generación que aprendió la insinceridad espantable de la cursilería. Recuerdo un día, en los tiempos en que le daba la tabarra propia del aprendiz, que se rió de mí cuando le propuse que habláramos de poesía, como si los versos fueran un pasatiempo de nenazas. Pero el dominio del lenguaje de Gistau no se aprende en los gimnasios, donde a cambio se aprenden otras cosas.

Leer más…

Deja un comentario

10 febrero, 2020 · 22:40

La tumba recobrada de Chaves Nogales

15736737668960

En el cementerio de North Sheen, Londres.

Él era eso que los sociólogos llamarían un pequeñoburgués liberal, ciudadano de una república democrática y parlamentaria. Ganaba su pan y su libertad confeccionando periódicos y escribiendo artículos, y con ellos se hacía la ilusión de animar el espíritu de sus compatriotas. Nunca creyó en la virtud salutífera de las grandes conmociones y sentía un odio insuperable a la estupidez y la crueldad, porque sabía que el único pecado que no tiene perdón es el pecado contra la inteligencia. Hoy reposa en una tumba sin lápida y sin fecha, bajo el negro graznido de los cuervos y el rutinario rugir de los aviones que surcan el cielo sobre el cementerio de North Sheen, Londres, lejos de la patria que mantuvo su nombre en el olvido durante medio siglo porque a nadie convenía su memoria.

Se llamaba Manuel Chaves Nogales, y se presentaba como un simple periodista cuando un simple periodista podía custodiar a solas la herencia siempre amenazada de la civilización. Ese «peso moral» que destacó Ignacio Peyró, artífice desde el Instituto Cervantes de Londres de un homenaje tan necesario que no entendemos cómo no se había hecho hasta ahora. A Chaves le tocó atestiguar la epidemia de cainismo que enfebreció al pobre celtíbero, cuya sangre y cuyo fuego testimonió como nadie durando aún la contienda con la inverosímil lucidez de un historiador. Sus palabras, hoy canónicas, para serlo debieron primero ser rescatadas por Abelardo Linares y Andrés Trapiello, quien ayer al pie de su tumba confesó el secreto de la memoria histórica bien entendida: recordar que hay que olvidar para ganar la paz. «Llamé a Abelardo y le dije que en Chaves había encontrado la clave de bóveda de mi libro». Ese libro era y es Las armas y las letras, que es la obra que Abel escribiría sobre su hermano con una mirada de paz, de piedad y de perdón, pero jamás de olvido.

Leer más…

Deja un comentario

14 noviembre, 2019 · 15:05

27 renglones de Olivetti

15555211055557

In memoriam.

De sus mejillas cóncavas y sus pantalones abolsados uno solo podía sacar la conclusión de que Alcántara había burlado a la muerte por pura falta de incentivos. ¿Qué quedaba en él, en ese cuerpo esquemático en donde la carne había sido completamente devorada por las palabras, en donde el espíritu había borrado el rastro de la biología, que pudiera seguir interesándole a la muerte? “Solo se me ocurre a mí / pasarme toda la vida / viendo la muerte venir”, había escrito para convencernos de que no era inmortal, aunque a esas alturas ninguno le creíamos. En cada nuevo cumpleaños nos daba las gracias por acudir a su entierro, pero lo decía armado de un Ducados y un dry martini, y su estampa de metódico hedonista arruinaba la credibilidad de la necrológica. Al final tenía que concedernos que el hígado le había salido bueno, pero a lo mejor es que no tenía hígado, ni estómago, ni páncreas, ni otras vísceras ordinarias, impropias del poeta del artículo que hoy España llora no como cuando fallece un artesano sino como cuando se extingue un oficio; no cuando se va el hombre sino cuando concluye una estirpe.

Si también Alcántara puede morirse no sabemos muy bien qué seguimos haciendo aquí, llenando columnas de papel en el siglo del grafeno y del streaming. El columnista es un desalmado que vende su cerebro a cucharadas en la esperanza de que lectores curiosos remuevan con ellas su café cada mañana. La grandeza de Alcántara proviene de la aguda conciencia de su propia contingencia, de su reverendo tesón de teclista, una humildad amarrada a la Hispano Olivetti -27 renglones diarios, cada tarde después de comer, durante más de medio siglo- que a partir de un número determinado de trienios proclama el santo respeto al lector mucho más que la vanidad del autor. Otros se encaraman a un púlpito para encender la llama matutina de la democracia, que se apagaría fatalmente sin su fatua brasa de cada día; él se conformaba con llevar a su ávida grey la fórmula precisa de la columna, que ha de combinar la noticia, el ensayo y el poema con un aderezo general de humor y melancolía. Nadie como él mezclaba esos ingredientes de ardua alquimia, y a muchos que lo intentan sin saber les cuesta una llamarada en las narices.

Leer más…

Deja un comentario

18 abril, 2019 · 18:04

Hoy es siempre todavía

85303072-59cc-43a6-a1cd-ffb865275a4d 2

Amigos de Alcántara.

No es lo mismo vivir que durar, musita Manuel Alcántara, que acaba de cumplir 90 años, la mano izquierda sobre el Ducados y la derecha aferrada al cono invertido de su copa de cristal. Un camarero temerario se propone servirle agua -¡agua!- y Alcántara, indignado, le sacude un manotazo. Mirándole uno deja de respetar a Raymond Chandler: el líquido vital de los hombres cansados ya no es el café sino el dry martini, cuchillo que saluda a Alcántara cada mañana desde las entrañas mismas de la literatura. Vamos a concederle que el hígado le salió bueno; si todas las piezas le hubieran salido igual, reflexiona, habría tenido un harén. No quiere reconocer que ya lo tiene, porque cada columna que escribimos hoy se asienta sobre el cimiento de su muñeca decana y sarmentosa.

08c5a7a2-6de7-4c2b-b58f-90282accff1c 2

El ‘Dry Maestrini’.

Alcántara nos dice, modesto, que no sabe cómo agradecernos que hayamos venido a su entierro. Pero se delata cuando afirma que se es más joven a los 91 que a los 90, pues el mal duende patrulla la aduana psicológica del cero, cifra mortífera. De modo que el año que viene estará más joven todavía. Habla Alcántara en sentencias, prolongando por los rincones luminosos de su Málaga la voz andaluza de un Séneca de folio al día. La última que vez que lo vi, tan perenne como ayer, me reveló que el ser humano no es gran cosa, aunque ha tenido buena prensa. Mejor prensa de la que ha escrito Alcántara pienso yo que es imposible, si bien me ronda la duda de que Alcántara sea humano. A lo sumo demasiado humano.

Leer más…

El bueno (Felipe VI), el feo (Ric Costa) y el malo (Baltasar Garzón) en La Linterna de COPE

Deja un comentario

27 enero, 2018 · 9:10

Contra el columnismo

15062826959855

Mi periódico.

A mi amigo Garabito le han montado un escrache precioso por no guardar debida reverencia a la perspectiva de género a la hora de avanzar el cartel de un congreso de columnistas. Lo cierto es que, como hace todos los años, llamó a varias mujeres columnistas de justa fama pero, o no podían confirmarle aún su presencia o declinaron la invitación porque no deseaban coincidir con según qué nombres. Algunas adujeron razones que Garabito es demasiado caballero para hacer públicas, según reclamaría la moda actual, que es una temporada de transparencias que no cesa. Pero tal como rasea la inteligencia cuando zumba en formación de enjambre, tampoco merece la pena. Así que Garabito, pese a no haber cumplido los 30, ya acumula secretos valiosos de un oficio cuya facilidad para la miseria resulta perfectamente transversal. Ellos y ellas, de derechas y de izquierdas.

De las vanidades perpetuamente ofendidas de un oficio que se sostiene sobre la firma propia uno ya reúne la íntima experiencia que le devuelve el espejo desde sus más tiernas publicaciones. Uno es columnista, y uno es por ello seguramente insoportable. No tanto por macho como por abajofirmante. Por eso sospecho que indigna menos la falta de paridad que la irrelevancia, mitigada por la ilusión de una causa civil. Sobre el despreciable espécimen del feminista predador -ese sujeto que primero clama al cielo herido de Beauvoir y luego manda el privado juguetón a la primera que dijo me gusta-, otros escribirán mejor que yo.

Leer más…

1 comentario

25 septiembre, 2017 · 16:21