Archivo de la etiqueta: fascismo son los otros

Nostalgia de guerra civil

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Futuro.

Y si la política no fuera ya sino una rama de la industria del entretenimiento. Y si el votante primermundista solo ansiara divertirse como se divertían en Weimar, cuando nuestros bisabuelos se liberaron de esos corsés parlamentarios llamados partidos. Y si el consenso ya aburre a las ovejas con derecho a voto que sienten envidia de las cabras montesas. Y si el estrés, la ansiedad y la depresión explicaran hoy el voto mejor que el paro, la educación o las pensiones. Si es así, si el cerebro del animal humano no puede soportar más de tres generaciones de paz tediosa, entonces habremos de repetir la primera mitad del siglo XX, bajo cuya lluvia de metralla resultaba imposible aburrirse. El estallido de la Gran Guerra sorprendió a Durkheim en Francia: allí constató que los psiquiátricos se vaciaban a la misma velocidad con que el ardor guerrero incendiaba los corazones de los franceses. Estamos hechos para pelear, portamos la agresividad como un estúpido apéndice que el progreso ha hecho inservible pero que nos duele como un miembro fantasma. Cuando no peleamos nos ponemos tristes, apáticos o furiosos. Y cuando algún demagogo rescata el lenguaje de la tribu llamando a la batalla contra el enemigo, por muy abstracto que el enemigo sea, no podemos evitar erguir nuestras peludas orejas de mono y escuchar hipnotizados.

Esos hombres fuertes nos dicen que ya hemos alcanzado el máximo de futuro que podemos tolerar. Que es hora de volver al confort del pasado aunque ese pasado sea un mito, un recuerdo inducido políticamente. Desde el Renacimiento el individuo ha ido emancipándose de su familia, su nación, su raza, su credo y hasta su sexo; terminó matando a Dios y mirad adonde nos ha llevado aquel deicidio: al suicidio como primera causa de muerte violenta en Occidente. La democracia liberal es insatisfactoria, pero el odio cura la depresión. El gregarismo narcotiza la conciencia. La libertad es un lujo para los pocos que pueden asumir la intransferible responsabilidad de sus errores.

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24 marzo, 2019 · 23:44

Cibeles estelada

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Mitología.

Un separatista en gayumbos llegó más lejos el sábado que Raúl en toda su gloria: se subió a la Cibeles y colgó de la diosa una estelada en feroz duelo de mitologías. El combate en favor de los restos del procés se parece al combate contra los restos de Franco porque ambos suceden en el plano del símbolo. Hay un catalán irremediablemente capturado por la leyenda que cree que el referéndum vinculante es el decimotercer trabajo de Hércules. Fijémonos en la imagen de ese alpinista estelado que trepa al regazo de la diosa madre del madridismo convencido de que es un astronauta del Institut Nova Història hollando un planeta desconocido y plantándole su bandera. No creo que el constitucionalismo -¡ni el madridismo!- pueda aspirar a mayor reconocimiento que el de este entrañable paleto de canillas desnudas con derecho a voto que ha consumado el delirio de la confusión entre política y religión, entre realidad y deseo, entre hombres y dioses.

Pensemos que nuestro separatista vino de lejos para hacer lo que hizo. Se tomó sus molestias. Trazó un plan y lo ejecutó con la determinación que sólo nos asiste cuando nos quedamos en calzoncillos ante una mujer, aunque sea una mujer de piedra. Ella, atónita, ni siquiera parpadeó. Se encomendó a la libertad de expresión consignada en la Carta Magna mientras rezaba con los labios inmóviles para que el trance pasara rápido y algún mortal caritativo procediera a retirarle pronto el trapo aquel de sus santos hombros.

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19 marzo, 2019 · 11:55

Blanco común y corriente

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Un nazi normal y corriente.

Brenton Tarrant, el carnicero de Nueva Zelanda, no es más que “un hombre blanco común y corriente, de 28 años, nacido en Australia de una familia de clase trabajadora, que ha decidido tomar una medida para asegurar el futuro de su gente”. Así se presenta y no dudo que así sea. Nunca dejará de aterrarnos la distancia que separa nuestra visión del fascista, definida por sus crímenes, de la visión que el fascista tiene de sí mismo, definida por la inofensiva retórica de la normalidad. Ese trecho inconcebible desafió la inteligencia de Arendt hasta que no tuvo más remedio que concederle su nombre exacto: banalidad del mal. La guerra digital ha devaluado la semántica del fascismo, pero siempre llega el día en que redescubrimos consternados que un solo nazi es un asunto muy serio, como hoy saben las familias de los 49 ciudadanos australianos que profesaban el credo equivocado para Tarrant.

Cada vez que alguien proponga asegurar el futuro de la gente deberíamos llamar a la policía. Cada vez que alguien presuma de ser una persona normal, incluso mayoritaria, deberíamos pedirle cita en el psicólogo y poner sobre aviso al perito judicial. De la condición “común y corriente” el cuerdo no presume: la sobrelleva mientras se esfuerza por trascenderla en pos del mejoramiento personal. Quien invoca enfáticamente el sentido común suele estar fabricando la coartada para una aberración inminente con la que ha decidido mejorar a la fuerza al prójimo en vez de empezar por él mismo. Todo criminal invoca la virtud, pero solo se la exige a tiros a los demás.

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17 marzo, 2019 · 22:58

Manual de dopaje

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Rasputín Redondo.

Esta del dopaje electoral fue una metáfora afortunada, de gran eficacia contra el PP de Mariano Rajoy, reconocido aficionado al ciclismo. Tan eficaz que un juez amigo de la ministra Delgado -de quien se rumorea que irá en la cabecera de la manifa del 8-M con una pancarta que proclame “¡Éxito asegurado!”- certificó ese dopaje a título lucrativo en las campañas de Pozuelo y Majadahonda, que no son precisamente etapas reina, y al PP terminaron echándolo de la competición. O sea, de La Moncloa. No deja de entrañar cierta justicia poética que ahora sea la última marianista, Ana Pastor, quien recupere la acusación de dopaje contra el verdugo de Rajoy, con la diferencia de que Sánchez no dopa su campaña con dinero B sino directamente con el presupuesto general del Estado, que se confunde con el Gobierno, que se confunde con el partido, que se confunde con el candidato. Sánchez es el ciclista oficial del Estado español e Iván Redondo es su Eufemiano Fuentes.

Por la exclusiva de EL MUNDO hemos sabido que Redondo anda redondeando el manual de dopaje presidencial, que consiste en detraer recursos de todos los niveles de la Administración no solo a mayor gloria de su cliente sino en perjuicio de todos sus adversarios. Ministerios, funcionarios, periodistas de RTVE, sociólogos del CIS: todo agente es reclutado, toda munición es bienvenida y la guerra no ha hecho más que empezar. Ni siquiera Twitter se libra del cíclope monclovita, que con el ojo omnisciente patrulla y con la mano larga descuelga un teléfono. Pero así se conduce nuestro Gobierno de centro liberal-socialdemócrata con ribetes weberianos, contra el que solo un fascista osaría alzar su trifálica voz.

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5 marzo, 2019 · 10:14

Las nueces de Arzalluz

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El árbol y las nueces.

Si a Monedero le fluyó un Orinoco por los lagrimales cuando Chávez palmó, Iglesias se ha licuado en condolencias por la marcha de “un dirigente de estatura política gigantesca” llamado Arzalluz. La fascinación del neomarxismo mesetario por el PNV es uno de los engendros más vistosos de nuestro zoo de malformaciones ideológicas. Uno se hace de izquierdas para luchar contra el privilegio de los ricos sostenido por la explotación de las clases trabajadoras y la excepción fiscal, que es exactamente lo que gracias al cupo viene haciendo el PNV desde la Transición. Privilegio que Arzalluz arrancó a los constituyentes con la preciosa cooperación de ETA. ¿Dices, Bustos, que la actual prosperidad de Euskadi, envidiable como una Dinamarca cantábrica, se debe en alguna medida a niños destripados por bombas, hombres desnucados a balazos y mujeres enviudadas tras el giro de una llave en el contacto del coche familiar? Sí: digo justo eso. Porque la violencia no solo es eficaz en política: es muy eficaz. Por eso Arzalluz les dijo a los polimilis que no se les ocurriera disolverse, que él negociaba mejor el Estatuto de Guernica con determinadas fotografías encima de la mesa. Eso es el PNV, queridos niños.

Hoy, colonizado hasta el último caserío, los tentáculos de la criatura del padre Xabier abrazan la imaginación de los leninistas amables que no confiesan su embeleso, salvo aquella vez en que a Iglesias le grabaron loando la perspicacia de ETA por rebelarse contra la continuación camuflada del franquismo que sería el régimen del 78. En la fantasía de un mitómano acneico de póster del Che, un rojo sin violencia no es más que un socialdemócrata chupatintas. La voladura de Carrero marca el clímax de esa libido criminal que palpita en la entrepierna del buen comunista. Pero Iglesias y los politólogos afines no admiran al PNV por su Dios y sus leyes viejas, por el racismo ridículo o el historicismo de boina calada, sino por la implacable retícula de su poder. El PNV ha establecido la identidad partido-patria propia de las sociedades totalitarias sin dejar de respetar formalmente las garantías democráticas. ¿Alguien concibe que la gaviota pepera fuera asumida por todos los madrileños? Así ocurrió con la ikurriña diseñada por Arana. La hegemonía se ha cumplido. Gramsci era vasco y no lo sabía.

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3 marzo, 2019 · 22:26

Poemas en los semáforos

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Errejón rodeado por errejones.

El escrache que sufrió el otro día Íñigo Errejón en el barrio de Hortaleza era el cinematográfico cierre que necesitaba aquella película de Fernando León de Aranoa sobre Podemos. El documental épico concluye en epílogo dramático: elegía por un partido moribundo. Si los violinistas del Titanic hubieran sido de extrema izquierda no habrían tocado mejor en el naufragio de Podemos que esos muchachos airados a los que la sedicente fuerza del cambio prometió un futuro que no estaba en disposición de pagarles, básicamente porque la primera condición de la utopía exige que sea incalculable. La segunda, que no pueda morir. Por eso se hunde Podemos pero se mantiene intacta la fantasía obrerista de sus más devotos exvotantes.

La madurez de Errejón ha consistido en tener que encajar a pie de calle -para estos casos Iglesias cuenta con seguridad de Estado a la puerta de la dacha- los feos dicterios que le dedicaron aquella tarde: “Habéis ganado un sillón en el Congreso y habéis dejado tirados a los trabajadores. Además de un carril bici, poemas en los semáforos y un par de gilipolleces más, habéis hecho poco. ¡Traidores, garrapatas, vendeobreros!” El candidato trató de defenderse pero ni pudo ese día ni podrá nunca, porque el registro callejero y adolescente excluye el ámbito institucional y adulto. No le estaban proponiendo reformas: le estaban reclamando la revolución. Le pasaban al cobro la factura impagable del asalto a los cielos. Exactamente lo mismo que los fundadores de Podemos hicieron cuatro años atrás con los socialtraidores del PSOE. Errejón ha recorrido más rápido que otros la distancia que le separaba del político convencional, pero en Hortaleza se reencontró con el Errejón que fue: aquel que montaba escraches a políticos convencionales y no este que los recibe. Y se llevó el mismo disgusto que Dorian Gray cuando topó en el desván con su retrato.

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24 febrero, 2019 · 23:29

Sostiene Sánchez

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Performance.

¡Qué escándalo, Pedro Sánchez usando el atril de Moncloa para lanzar el primer mitin de campaña! Pero por Dios, que es Pedro Sánchez, el hombre de la urna tras el biombo en Ferraz, aquel al que todo escrúpulo democrático le resultó siempre ajeno. Ni una sola institución de los españoles ha dejado sin colonizar la ambición sanchista, desde la propia figura de la moción de censura -que estipula un programa constructivo y no una simple mayoría de rechazo- hasta los aviones y residencias del Estado; desde el CIS hasta Correos pasando por RTVE; desde el uso alternativo del Parlamento hasta el abuso obsceno del decreto ley. Y no ha avanzado en el magreo con relator de la Constitución porque fueron los suyos los que dijeron no es no.

Al cabo de nueve meses el sanchismo ha parido al fin las urnas por pura necesidad y no por deseo del padre de la criatura. Se trata de un parto inducido por los mismos sementales que le sedujeron una tarde de mayo: los separatistas. Ellos le llevaron a Moncloa y ellos le obligan a disolver las Cortes tumbándole los Presupuestos. Y ahora toca urdir un relato fantasioso para que los votantes hagan caso a Sánchez y no a sus propios ojos. Ahora toca mentir como si no hubiera un mañana tras el 28 de abril.

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17 febrero, 2019 · 10:56

Colón activa el tictac contra Sánchez

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La parte liberal.

La víspera dormí mal. Carezco de experiencia sobre el terreno en los Balcanes o Sudán del Sur, y sin embargo mi periódico se empeñaba en enviarme a cubrir una manifestación que según el PSOE y sus terminales mediáticas iba a convertir la Plaza de Colón en Nüremberg 1933. Claro que mis miedos se mezclaban con la promesa de la adrenalina: 36 años escuchando alertas antifascistas y por fin amanecía la jornada epifánica en que iba a conocer el rostro de la bestia.

Nada más llegar, sin embargo, me topé con una señora que regateaba con el vendedor de banderas estratégicamente apostado junto al Museo de Cera. Donde debían resonar las botas encontraba más bien mocasines, y la única muestra de agresividad que pude anotar la protagonizó una niña de seis años que llamaba “golpista” a su hermanito por haberle efectivamente golpeado bajo la condenatoria mirada de su madre. La niña habría leído la palabra en el cartel de “Golpistas, a prisión” adherido al pedestal de la estatua de Blas de Lezo, un lugar de lo más pertinente para esa proclama. Como pertinente parecía el título de la serie que Netflix publicitaba en la fachada del edifico Barclays: “Examen de conciencia”. Una necesidad colectiva tras ocho meses de sanchismo.

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11 febrero, 2019 · 11:05