Archivo de la etiqueta: fascismo son los otros

Iglesias, Pablo

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Celebrity comunista.

Iglesias Turrión, Pablo Manuel. Político español, Madrid 1978. Nació el año de la concordia constitucional y en la misma cuna se lo tomó como un ultraje. Hijo único, mimado por sus padres, luz de su vida, fuego de sus entrañas. La lengua emprende un largo viaje desde las brumas obreras para bautizarlo: Pa-blo-I-gle-sias. Pronto se sintió predestinado. Le habían puesto nombre de fundador, así que debía encontrar algo que fundar. Su adolescencia fue tan intensa que no pudo superarla. Ahí sigue, la coleta blanca, rememorando aquellos años de tierno fanatismo en que sopesó entrar en el seminario de Soria. Pero le gustaban demasiado las mujeres, así que buscó la vía para limitar la libertad y la propiedad ajenas sin dejar de disfrutar de las propias: ingresó en la iglesia comunista.

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31 mayo, 2020 · 22:13

Luto oficial por los vivos

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Precursor.

Debemos ser agradecidos con la calidad del debate parlamentario al día de hoy, porque su recuerdo infundirá ternura comparado con el nivel que alcanzará mañana. Cada día que pasa España se desliza un poco más por la pendiente gelatinosa de la polarización. Su desembocadura es una ciénaga tan infame como familiar, donde dos españoles eternos se matan entre sí. La gente ha sido golpeada por la muerte y ahora lo está siendo por la ruina: la primera causa un dolor que paraliza, pero la segunda añade la indignación que moviliza.

Otoño verá el estallido de movilizaciones urgidas por la primera miseria. El miedo y la ira volverán a cotizar muy alto en el mercado de la demoscopia y los partidos, por su propia naturaleza, correrán a atizarlo más para disputarse una subida en las encuestas. Pronto la única diferencia de la España poscovid con la de los años 30 será que hoy la vida humana se ha revalorizado tanto desde entonces que de momento no puede liquidarla un virus ideológico, sino uno estrictamente biológico.

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27 mayo, 2020 · 17:27

El discreto encanto de la cacerola

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¿Hordas de Núremberg?

A las 20.30 el rotor del helicóptero patrullero se pone a crepitar sobre los tejados del centro de Madrid. Falta media hora para la cacerolada convocada como cada día en esa inverosímil Bastilla que es la calle de Núñez de Balboa, una vía estrecha del mitológico barrio de Salamanca surcada por vecinos indescifrables: unos dicen que son pijos ridículos, otros que fascistas peligrosos. No desentrañaremos el misterio de su identidad a través de las imágenes estratégicamente editadas de las redes sociales: habrá que ir a estudiarlos de cerca.

Madrid permanece en fase cero, pero los madrileños hacen un uso abiertamente inescrupuloso de la franja deportiva de la tarde. Todo dios echado a la calle en shortsy camiseta de tirantes, en pareja o en trío, adultos y adolescentes, cerca o muy cerca. Es inevitable pensar que en realidad el Gobierno concede el progreso de fase porque sabe que la primavera es incontenible. Las ganas de vivir tras dos meses de confinamiento rebasan el estado de alarma. Uno se pregunta para qué es necesario golpear cacerolas si no hay forma de protesta más poderosa que salir al sol, juntarse más de lo debido, reírse ante la policía con un amigo que a todas luces no es el conviviente. La rebeldía de la vieja normalidad, si no fuera por las mascarillas.

Remontando Goya aparece la primera furgoneta policial en el cruce con Serrano. Goya con Serrano, ya ven ustedes: el nuevo Beirut. Una chavala que va con dos amigas les dice que se olviden, que no piensa ir a la cacerolada, que tiene que ir a mirar una tienda. A la altura de Núñez de Balboa topamos con dos lecheras más y cuatro agentes expectantes. Cogemos el rebufo de una familia abanderada de rojo y gualda, percusión de cazo y cubierto, y la seguimos por la acera hasta darnos cuenta de que aquello no es una manifa: aquello es una romería. Niñas de bandera, señoras intachables dándole a una señal de tráfico con las llaves de casa, a lo sumo un señor más irritado de lo normal palmeando la tapa de un contenedor. Aquella se para a mirar el escaparate de una boutique sin dejar de darle al cazo; pero le da con moderación, como quien toca el triángulo en la Filarmónica de Viena. En el aire se detectan tres marcas cruzadas de perfume. Estas no son las hordas encuadradas de Núremberg que nos habían prometido los tuiteros antifascistas.

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27 mayo, 2020 · 13:12

Lo que ve Sánchez

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Como se ve él.

Donde tú tropiezas con una mentira, él encuentra un hecho alternativo. Donde tú exiges la especial responsabilidad aparejada al estado de alarma, él disfruta de la embriagadora sensación del mando único. Donde tú oyes la homilía cargante de un cursi de teleprómpter, él aprovecha una nueva ocasión para solidificar consignas en el cerebro del espectador. Donde tú compruebas su creciente aislamiento parlamentario, él prepara el próximo chantaje -él o el fascismo- y subasta otro retal del Estado. Donde tú ves una imparable degradación institucional, por la que una ministra militante promociona a fiscal general en funciones de escudo y una veintena de directores generales son colocados a dedo sin hacer oposiciones, él extiende la tela de araña del favor debido. Donde tú ves a un hortera, él ve aviones depositándole en Doñana. Donde tú quieres ver barones socialistas con vestigios de dignidad, él rememora apenas el mal sueño de aquellos insufribles perdedores a los que silenció para siempre en los estatutos. Donde tú descubres a un arribista sin lecturas, él contempla a un candidato socialdemócrata a presidir el Consejo de Europa. Donde tú señalas al plagiario, él localiza el engorroso trámite que necesitaba para trepar en el partido. Donde tú recuerdas la advertencia de Rubalcaba, él vierte otra palada de tierra y otra lágrima de hipocresía.

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26 mayo, 2020 · 11:58

Anguita en los cielos

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Superstición criminal.

España no ha despedido a Julio Anguita con el balance que reclama la trayectoria de un político sino con la devoción que reserva a las vidas de sus santos. Se le ha juzgado por sus virtudes, no por sus ideas, por suerte para él. Profesaba el dogma comunista, que no es una opción ideológica sino una religión política, una sharía para obreros tan exigente que solo se ha podido imponer por la violencia y de la que sus clérigos públicos terminan renegando en sus dachas privadas. Nuestro finado, sin embargo, logró aplicársela hasta el final, regresando del foro de San Jerónimo al desempeño de maestro y al metro cuadrado de un piso cordobés. A diferencia de sus más lacrimosos herederos nunca cedió al canto de sirena del chalé, lo que despertó la admiración de la burguesía, y nunca pactó con el realismo de los socialtraidores, lo que le aseguró la idolatría de los feligreses de la hoz y el martillo, y de tantos sentimentales incurables con alma de cantautor que aún confunden la esperanza con la experiencia y la morbosa belleza de la derrota con la fuerza cegadora de la razón. Bien está mientras sigan perdiendo; el día que ganen, la poesía la escribiremos todos los demás, solo que con las uñas en la tabla de un barracón.

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19 mayo, 2020 · 10:19

Nostalgia del soberano

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Historia de la pasión de mandar.

Es conocida la sentencia con que el psicoanalista Jacques Lacan despachó las revueltas estudiantiles de 1968: “La aspiración revolucionaria no tiene otra oportunidad que desembocar, siempre, en el discurso del amo. La experiencia ha dado pruebas de ello. Ustedes, como revolucionarios, aspiran a un amo. Lo tendrán”. A la luz del diagnóstico lacaniano se explica bien la indudable pertinencia de esta indagación de Manuel Arias Maldonado (Málaga, 1974) en la naturaleza filosófica de la ola populista que recorre el mundo. Que no sería más que una añoranza de soberanía, epílogo de una utopía sesentayochista donde, tras los sucesivos desencantos de la posmodernidad, la ilusión hubiera dejado paso a la rabia. Buscaba su amo el 15-M –y la figura que lo capitalizó hoy es un vicepresidente de vocación iliberal poco disimulada– y buscaba el suyo el 1-O en Cataluña, y si no lo encontró fue porque los jueces lo impidieron.

Arias Maldonado no ha tenido tiempo de considerar el impacto de la pandemia del coronavirus en su libro, pero las derivas autoritarias en aras de la seguridad que está favoreciendo el Covid-19 no vienen sino a corroborar su tesis: el Estado hobbesiano vuelve a estar de moda, así sea retóricamente, ante el pánico desatado por la enfermedad.

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18 mayo, 2020 · 10:53

No mientas, binario

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Él o él.

¿Lo oyes? Es el péndulo que tienes por cabeza. Viaja de una posición a su contraria impulsado por la propaganda, que solo se transmite en el vacío del juicio propio. Pararse a pensar, decimos, porque es difícil pensar en movimiento, pero tu cabeza no para de dar bandazos para acallar esos acúfenos que Aristóteles llamó término medio.

Te pongo ejemplos. Cuestionar el estado de alarma no es fomentar la propagación del virus: hay leyes que permiten gobernar la desescalada sin laminar derechos fundamentales ni deprimir la economía. Llamar asesino al PP por resistirse al chantaje perpetuo no es hacer periodismo: es dártelas de ilustrado cuando estás quemando brujas. Defender que las autonomías recuperen todas sus competencias no significa debilitar la unidad de España: tan solo reconocer que el mando único de Sánchez ha fracasado y que España es la nación que su Constitución dice que es: descentralización administrativa, soberanía indivisible. Desear moderación fiscal no significa subastar el Estado de bienestar: tan solo acotar la tendencia parasitaria de esas clases no productivas llamadas partidos políticos. Creer en el mercado no significa que el Estado no deba comparecer en situaciones excepcionales, siempre y cuando intervenga con eficacia y retroceda con prontitud a sus tasados cuarteles para que renazca la libertad, y con ella la única prosperidad posible.

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4 mayo, 2020 · 19:55

Usted. Sí, usted

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Servidumbre voluntaria.

Usted. Sí, usted. No mire a los lados. Usted, ciudadano ejemplar, que hoy echará el día apostado en el balcón avistando irresponsables. Desaprensivos, diría Marlaska. Esa gente que no es como usted, que incumple las reglas que el Gobierno -asesorado por los expertos- impone por nuestro bien. Mire allí. ¿Qué hace ese matrimonio con su bomba vírica de la mano? ¡Está prohibido! ¿Qué desescalada va a haber si la gente no respeta nada? Le indigna ese español de pandereta que no se somete tan gustosamente como usted al monitor de Marlaska. Usted obedece porque es un patriota de verdad, modelo de sumisión, y delata a sus vecinos por la más institucional de las razones. Usted descubre hoy a diez personas juntas y ve un atentado, experimenta la misma sensación que si ve a un viejo tocando a un niño. Se ha adaptado como plastilina al molde de la nueva normalidad que dictan los que mandan, a los que debemos ayudar a reeducarnos mejor. Usted declara que le preocupa el rebrote y quizá calla que le revienta que el vecino disfrute de mayor libertad que usted. En estas circunstancias la libertad es un riesgo que no nos podemos permitir, se justifica usted. Así que o todos iguales o llamo a la policía.

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3 mayo, 2020 · 22:58