
El PP tiene razones para el optimismo: su marca húngara ha infligido una derrota humillante al mentor ideológico (y mecenas crediticio) de Vox, y en Andalucía las encuestas contemplan ya la reedición de la absoluta de Juanma Moreno. La estridencia ideológica agota, la economía vuelve a importar y en la calle Rajoy se hace bastantes más selfis que Zapatero, que necesita escaparse escoltado al monte de El Pardo cuando quiere estirar las piernas o hacer negocios, no necesariamente por ese orden.






