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Cuándo se jodió el PP

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El Chernobyl del PP.

El PP tiene dos almas, la aznarista y la marianista, pero no sabemos si habrá una tercera: la casadista. Casado es un aznarista de corazón que fue ascendido a portavoz por Rajoy para competir en los medios con las caras jóvenes de Cs, de modo que estaba en la posición ideal para integrar las dos almas en mismo proyecto. Ahora bien, uno no hace política en el aire sino en el terreno mutante de la realidad, y no todos se adaptan igual a las inclemencias del tiempo y del espacio. Con el calendario en contra, Casado escogió la lealtad a falta del liderazgo -el buen líder sabe armonizar a los diferentes- y bajo esa obsesión elaboró unas listas iconoclastas que, junto con la cizaña de la ambigüedad y la corrupción, purgaban también el grano de la experiencia. Hoy este PP se estrena en el Congreso sin equipo económico reconocible, y eso es imperdonable para su electorado. Al error orgánico añadió luego el estratégico. Se equivocó primero de aliado, desempolvando a Aznar para seducir a los votantes de Vox; perdió 71 escaños, experimentó una súbita epifanía centrista a la mañana siguiente y ahora se equivoca de adversario, movilizando a Rajoy para confrontar con Cs. Fruto de su errático vagar entre dos almas es la frase sonambúlica que pronunció ayer: “No tener complejos es lo que nos hace moderados”. Que es algo así como decir que no comer verdura es lo que nos hace vegetarianos.

Así que Casado tiene lo suyo, que es mucho y puede serlo todo. Pero él no es el culpable del hundimiento. El marianismo conspirativo que aguarda un descalabro el 26-M para sustituirlo por Feijóo interpreta la debacle del 28-A como un espaldarazo a su burocrática, abúlica, inercial concepción de la política. Pensar así supone añadir soberbia a la ceguera. Porque los exvotantes del PP huyen de la radiación de un estallido que se registró la tarde exacta en que un bolso reemplazó la voluntad del líder del centroderecha, ocupado en una humillante sobremesa de cálculo y alcohol. Ahí se jodió el PP. Ahí se hizo pedazos. Por esa herida sangra el español que aún confió en Rajoy cuando ya se acumulaban incumplimientos y escándalos por mero pánico a la alternativa que la moción entronizó. Y se la lamerá durante años, porque nunca se habían reído así de él. Nunca.

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21 mayo, 2019 · 13:04

Un Sánchez contra Rivera hasta 2023

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Oposición.

Mira que el truco se veía a kilómetros. Mira que lo habíamos avisado. Mira que todos sabemos que en España gana la derecha únicamente cuando la izquierda se queda en casa. Mira que escribimos que Sánchez besaba cada noche un póster de Santi Abascal, cuyos mítines inflamaban al pueblo elegido tanto como movilizaban en su contra a los aterrados progres. Vox ha sido el regalo incalculable que se encontró el candidato menos querido de la historia del PSOE: fragmentó a su alternativa y aglutinó en torno a Sánchez el voto útil de la izquierda. Todo estaba sobradamente advertido, como también que a Vox la vida de escaño se le antojará bastante menos épica que las cabalgadas en campaña, así que prevemos una pronta domesticación de nuestros patrióticos jinetes, cuyo voto resultará baldío esta legislatura dada la correlación de fuerzas. Siempre podrán decir que nadie les venció en la categoría de mítines multitudinarios; los mismos mítines que sirvieron para llenar de votos las sacas socialistas como no las habrían llenado ni los mítines del PP ni los de Cs. Pero hay otra España de decibelio bajo y razón tímida que se expresa a solas en una urna, y resulta que es más numerosa.

Si en tiempos volátiles cada cita con las urnas examina también el crédito de los periódicos, podemos presumir de que el nuestro sale reforzado del 28-A. Porque ha pasado exactamente lo que dijimos que pasaría. La crisis de representatividad en la política occidental favorece la emergencia de opciones populistas que fomentan un voto expresivo, identitario, poco cerebral, si es que alguna vez se votó solo con el cerebro. Con todo, España no es por fortuna ni la América de Trump ni la Inglaterra del Brexit, y es culpa de no pocos tertulianos -sospechosamente coincidentes con el argumentario de Moncloa- haber sobredimensionado adrede la riada de Vox que finalmente se ha quedado en 24 escaños. Como tampoco fue tal la cacareada remontada de Unidas Podemos, lo que abre la puerta a un relevo en la dirección morada de tal modo que Pablo pueda al fin practicar menos el paternalismo de Estado y más el de chalé.

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29 abril, 2019 · 13:55

La España de la idea

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La rabia o la idea.

Cuando Cs comenzó su expansión por España, quedaban tres años para que el nacionalismo tratara de separar de un golpe a los puros de los mestizos y a los ricos de los pobres. Por eso su discurso, sin olvidar la resistencia a la ingeniería social pujolista que les hizo nacer -nacer para sobrevivir-, se centraba en la impugnación de la trampa bipartidista. En la que necesariamente caía el españolito que venía al mundo por falta de opciones. Una amiga me dio entonces una razón singular para votar a Cs: “Votaré para saber que existo”. Había votado al PSOE y al PP, le gustaban cosas de unos y otros, y no quería resignarse a parecer facha cuatro años y roja los cuatro siguientes. El apoyo al partido que reivindica la ciudadanía se convertía así en voto identitario: “No soy lo que queréis que sea: ni la tesis de unos ni la antítesis de otros”. El futuro, tercia Hegel, pertenece a quienes logran la síntesis.

El resurgimiento deliberado de las dos Españas en esta campaña devuelve vigencia a esa rebeldía. La moción abrió una brecha en el constitucionalismo y Sánchez, una vulgar criatura de aparato obsesionada con el poder a cualquier precio, cavó más honda la zanja cada viernes para lucrarse de ese maniqueísmo: a un lado los fachas, al otro él. Y cada miércoles, en el Congreso, apuntaba a Rivera como el mayor obstáculo para el crédito de su relato, empujándolo al bando conservador para quedarse el votante de centro, el que hace frontera con el PSOE. El que mañana lo decide todo. El que, si no se traga la propaganda gubernamental y apoya a Cs, desaloja a Sánchez.

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28 abril, 2019 · 17:39

Albert Rivera y la política rocanrol

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Política.

El fichaje de Ángel Garrido por Ciudadanos a cuatro días de unas elecciones generales que entre otras cosas dirimirán el liderazgo del centroderecha es un capítulo de Netflix. Tiene de todo. Él se enteró por la prensa de que Casado no contaba con él y por la prensa se ha enterado Casado de que Garrido se va con Rivera después de haber firmado su conformidad con el puesto número 4 en las listas del PP a las europeas. Pero Garrido solo pierde dinero -en Bruselas se vive bien-, porque el respeto de su ex partido ya sentía haberlo perdido cuando le sustituyeron por Díaz Ayuso, cuyas sentencias públicas están más cerca de Yogi Berra (“Es difícil hacer predicciones, especialmente sobre el futuro”) que de Eleanor Roosevelt. El barón que no cedió al chantaje del taxi y empezó en UCD puede vender afinidad a Cs.

La maniobra de Garrido desnuda una venganza fría, cariñosamente planeada, que expresa en toda su impactante crudeza hasta qué punto el 28-A no dirime solo la permanencia de Pedro Sánchez en el poder sino el liderazgo del centroderecha que se disputan Rivera y Casado. Disputa que afloró con virulencia en los debates: el primero lo ganó Rivera y en el segundo estuvo mejor Casado, pero el golpe de mano del líder naranja a la mañana siguiente entierra esos ecos triunfales junto con la insidia ya ociosa de su entendimiento poselectoral con el PSOE. Rivera ya no quiere ser la bisagra de nadie ni jugar a centro impoluto: quiere acercarse al PP hasta rebasarlo. Que eso revele un delirio de grandeza o el instinto de quien ha olido sangre -el PP sufre por añadidura la hemorragia hacia Vox, adonde se ha marchado hasta el autor del logo de la gaviota- lo dirán las urnas. Pero de momento ha conseguido que de aquí a las elecciones se hable de su aspiración a liderar la alternativa al sanchismo. Se llama guerra psicológica.

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24 abril, 2019 · 18:31

Animal Rivera

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Un político.

Albert Rivera es un animal político, pero es un animal acorralado. Una partida ambidiestra de cazadores obsesionados con el pedigrí ideológico asedia su madriguera centrista: le exigen que salga a la luz y entregue sus votos. Que reconozca de una vez que España no es país para centro, ni jardín para anfibios que asuman el aborto, la eutanasia, el matrimonio gay o los permisos de paternidad sin dejar de promover la moderación fiscal y la unidad de España. La política ibérica se organiza en cotos vedados desde tiempo inmemorial pero Rivera es un predador cimarrón, nacido en campo abierto, que invade los terrenos de los demás para llevarse sus votos sin permiso. Hizo el pacto del abrazo con Sánchez y por tanto no es de fiar para la derecha; hizo presidente a Rajoy antes de ir a terceras elecciones y por tanto no es de fiar para la izquierda. Si no pacta, su partido es inútil; si pacta, es volátil. Quizá debería rendirse y acabar de una vez con su forma furtiva de existencia, renunciar a vivir adaptándose al medio como una fiera desesperada a la que le han cambiado de hábitat como mínimo tres veces: el pujolismo, el marianismo, el sanchismo. A todos ha sobrevivido, pero quizá debería dejarse ir resignadamente hacia una madurez confortable de chalé, bando o bisagra. Una vida española, al fin y al cabo.

El animal Rivera, sin embargo, no acepta su destino. Que según los que hacen las encuestas solo puede ser la sala de trofeos de los cazadores convencionales. A la entrada de su madriguera le han pintado esvásticas, signos masónicos y lazos amarillos. Le advierten de que ahí dentro escasea el oxígeno y de que pronto tendrá que salir, y entregarse. Sus 13 años de merodeo por el páramo agreste de Caín tocan a su fin. Esta vez desaparecerá.

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9 abril, 2019 · 11:02

Cs en la diana

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Objetivo a batir.

Cada mañana Pedro Sánchez besa el póster de Santiago Abascal que tiene en el despacho y clava otro alfiler en el muñeco vudú que representa a Albert Rivera. ¿Pensamiento mágico? No: demoscopia y ley de D’ Hondt. Para seguir en el poder -gobernar es otra cosa-, Sánchez necesita que Vox continúe haciendo lo que mejor hace: ahondar la fragmentación del centro-derecha y asustar al votante progre para que no se le ocurra quedarse en el sofá. Mariano Rajoy también besaba la pantalla de La Sexta en aquellas noches gloriosas de Pablo Iglesias que lograron dividir a la izquierda y movilizar el voto del miedo al miliciano. Y como es mentira que la derecha sea más pragmática que la izquierda, su voto estomacal al Señor de los Caballos servirá para blindar a Sánchez en el cargo tras el 28-A.

A no ser, claro, que fracase la furiosa demonización de Cs, que en Andalucía le robó votos decisivos. Con PP-Vox enfrente, el sanchismo gobernaría tranquilo; pero la cuña naranja hace frontera con el voto socialista que no perdona a Sánchez no ya su pecado original al pactar la censura con Puigdemont sino su forzosa reincidencia frankensteiniana a partir de mayo, indultos mediante y consumadas la purga en PDeCAT y la alianza entre ERC y Bildu. Cuanto más gruesa la cuña naranja, más menguada la expectativa sanchista; cuanto más delgada, más segura la polarización que beneficia al bipartidismo. Así que urge aniquilar a Ciudadanos: de eso va esta campaña. El PP martilleará los oídos de sus dudosos con que Rivera se pirra por abrazar a Sánchez y el PSOE los de los suyos con que Rivera es indistinguible de Abascal. El acusado, entretanto, sueña un pacto andaluz, donde de momento no hay gais colgados de grúas ni mujeres recluidas en cocinas.

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12 marzo, 2019 · 13:54

Sánchez vs Rivera: ‘animal instinct’

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Inconciliables.

La legislatura comenzó con don Mariano sobreviviendo entre las ruinas del bipartidismo, y termina con Sánchez braceando bajo los ojos impasibles del separatismo. Se declara la guerra total entre cinco partidos nacionales condicionados por su posición en la ruleta del casino D’ Hondt, donde nacionalistas catalanes y vascos hacen de banca: siempre ganan.

El Resistente subió a la tribuna con su mejor traje de estadista, citó a Churchill -chupito-, se lamentó de la intransigencia que afea este valle de lágrimas y continuó mintiendo como si lo fueran a prohibir por decreto ley. Cargó contra el influjo de la ultraderecha en los partidos institucionales, en clara alusión a PP y Cs con Vox, pero olvidando estratégicamente al «Le Pen español» que le hizo presidente, le tumbó los Presupuestos y le volverá a abrir la puerta de Moncloa si salen los números y a Torra le conviene. Deploró «la simplicidad de la soluciones binarias: un sí o un no», en la esperanza de que nadie le recuerde aquel «no es no» con el que bloqueó España. Reivindicó «la labor parlamentaria»; hablaba el recordman del decretazo que, con las Cortes disueltas, planea descargar la última palada de decretos demagógicos sobre las espaldas de la Diputación Permanente para hurtar a la oposición cualquier posibilidad de debate. Presumió de diplomacia en Gibraltar, momento en que resonaron las carcajadas de May y la presidenta lituana. Se arrogó el liderazgo europeo del reconocimiento a Guaidó, cuando tardó 12 días en hacer lo que Tajani reclamaba desde la tarde del juramento. Y presumió de una regeneración que solo cumplieron el pobre Màxim y la pardilla Montón; a los sucesivos titulares de sociedades instrumentales del Gobierno se les aplicó la doctrina PepuPepo, diría Celaá-, por la cual regenerar tiene un límite y el que resiste gana.

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28 febrero, 2019 · 11:32

Rufián, Borrell y el silencio de los corderos

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El príncipe y el mendigo.

Tardaremos años en coser el desgarro institucional que está produciendo el sanchismo, esa agencia de viajes matrimonial con cargo al dinero de los españoles y a los votos de quienes odian serlo. “La cuestión no es que Rufián sea un portero de discoteca carnicero, porque eso ya lo sabíamos, el problema es que el carnicerito abre y cierra la válvula del regulador que te proporciona oxígeno para seguir en La Moncloa”. Este whatsapp no me lo manda un diputado de la oposición: me lo manda un diputado que lo fue todo en el PSOE y que sabe que será purgado en las próximas listas. Está condenado al silencio de los corderos y a mí me gustaría que lo rompiera en público, pero al menos él no es como otros susanistas que se rebajan a pelotear a Adriana Lastra en la esperanza de prorrogar su nómina pública. A Lastra, que en vez de salir en defensa de Borrell se apresuró a disculpar al matón de ERC que “tan solo amagó” con escupirle cuando pasó a su lado. Pero claro, Josep tiene su carrera hecha y Adriana es… Adriana.

El pánico a perder el escaño amordaza la voluntad de los culos de carné pero todavía no embota sus inteligencias tanto como para no convenir en la terrible degradación, en la vileza parlamentaria de esta bochornosa hora española en la que solo la ausencia de pistolas nos distancia de los años 30, cuando Pasionaria amenazaba al banco de la oposición directamente con el asesinato. Respecto de eso el escupitajo constituye un progreso, ciertamente. Mejor un zoo de llamas escupidoras que un cementerio.

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21 noviembre, 2018 · 14:00