Archivo de la etiqueta: Albert Rivera

Del contubernio al tubérculo

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Tardá en su Lepanto particular.

Reconforta que los debates que llevan tiempo en la calle desemboquen naturalmente en el Parlamento, sede de la representación ciudadana. Nos referimos al debate sobre la tortilla de patata, que incendia las redes desde hace años. Cómo cocinamos la tortilla. Con cuánta patata. Y de qué variedad, pues el tubérculo es un vegetal identitario: está la patata valenciana reivindicada por Baldoví, la euskopatata de Esteban, el cachelo galaico, la papa canaria o la patata caliente de Puigdemont, que tiene cinco días para decidir si la quiere con cebolla. O sea, con el 155.

Sabemos que el debate se produce porque la receta de la tortilla española quedó demasiado imprecisa en el título octavo de la Constitución. A diferencia de la tortilla francesa, que no lleva patata y por tanto goza de mayor uniformidad, la tortilla española corre siempre el peligro de descomponerse como Míster Potato, ese juguete que tratado a golpes (de Estado) acaba perdiendo los ojos, las narices y el bigote porque cada una de estas extremidades decide proclamarse juguete soberano. Queda entonces un cuerpo ocre y mutilado que sería Castilla. Abandono ya la fiebre metafórica, pero es que ya no sabe uno cómo explicar a los niños el concepto de soberanía nacional.

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12 octubre, 2017 · 13:49

El cielo ya se toma por bufido

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Don Francisco Igea, diputado en Cortes.

En el lapso de una jornada el Congreso basculó abruptamente de un polo a otro de la oratoria, arte que declina como digna expresión de la vida pública frente al ascenso irresistible del meme y el gif. El martes por la tarde el señor Francisco Igea, médico y diputado por Ciudadanos, intervino memorablemente en la Cámara para desmontar la alegre invitación al suicidio asistido de Podemos (¡justicia poética!: ¿qué es el populismo sino un delicioso suicidio en grupo?), cuyo activista en jefe extrae las propuestas de ley de los muros de Facebook. Si queda ahí fuera algún interesado en la retórica clásica, que busque en YouTube el excepcional discurso de Igea, preciso de conocimiento, poderoso de carácter, profundo de sensibilidad. El penúltimo ejemplo de cómo la palabra bien temperada aún puede pulsar la nota más humanista de la acción política y conducirla al bien moral.

A la mañana siguiente, el activista en jefe se enfundó una chaqueta pero olvidó lavarse la boca, de modo que concatenó una ristra de exabruptos perdularios que le aseguraban el escandalito cotidiano en redes y tertulias, además de las interjecciones eufóricas de sus chikos del maíz, porque hace mucho que renunció a ampliar su electorado. Y eso que el fondo de la pregunta era pertinente: por qué abusa el Gobierno del veto presupuestario en lugar de buscar el acuerdo para legislar. Pero Pablo Iglesias es como el hermano tonto del rey Midas: todo lo que toca lo convierte en mierda. Ahora ya ni se esfuerza en impostar grandilocuencia chavista: ahora el cielo se toma por bufido. El miércoles que viene ya debería tomar la palabra su perro, calculo.

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23 marzo, 2017 · 8:52

Rajoy, césar de una ‘vetocracia’

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La tribuna recibiendo a su hombre.

En los idus de marzo españoles Julio César habría muerto también, pero de aburrimiento. Que es más cruel. Este miércoles coincidía la rendición de cuentas por el Consejo Europeo con la sesión de control al Gobierno, lo que alargó la matinal parlamentaria hasta llevar a varios diputados al borde de la inanición. Qué raudal de palabras, señores. Qué desafío a la noción misma de estoicismo. Red Bull debería mandar un camión cisterna en estos casos para despertar al personal. Cada cual sobrevivió como pudo: Madina hizo girar continuamente el boli, Errejón cruzó las piernas y agitó compulsivamente el tobillo derecho sobre el muslo izquierdo, Soraya se fue hundiendo en el sillón hasta desaparecer del todo, en C’s practicaron el sincorbatismo (menos Rivera y Roldán) y Antón Gómez-Reino, de En Marea, ensayó aplicadamente desde el escaño su intervención, que resultó una salmodia de enormidades como «fosa común» y «Casa de Alba», no necesariamente en la misma frase. Pero así es la pluralidad democrática que nos hemos dado, con todos sus portavoces en bucle a la espera de su momento warholiano. Muchas más mañanas como la de hoy y el golpe de Estado lo dan los de dentro.

Para Rajoy, fondista reconocido, todo esto no es más que entrenamiento. Si un día hay otro presidente -y el madroño centenario del Jardín Botánico pierde una hoja solo de pensarlo-, que sepa que su principal reto dialéctico no será aguantar la agudeza de las preguntas de la oposición, sino su número. Pero don Mariano habla en el Congreso literalmente como si estuviera en el salón de su casa, y no nos referimos a Moncloa sino a Sanxenxo. En esa tribuna de madera, que conoce a Rajoy desde que era árbol -la tribuna, no Rajoy-, uno asiste a un despliegue estupefaciente de autoestima mariana, kévlar anímico. Pronuncia «Bresit», bisbisea como quien hace calceta, explota ese raciocinio perogrullesco como de personaje de Pla que identifica verdades definitivas: «Todos queremos dinero para hacer cosas», «Europa no está tan mal», «Gastar más de lo que se ingresa en general no es bueno», «Algo haremos bien». Y te rindes, claro. Hoy un ujier me llamó la atención por no retener la carcajada. Pero no solo reímos los cronistas: lo hace toda la bancada del PP -donde Maíllo ejerce de regidor del aplauso orgánico- y buena parte de la oposición, empezando por Iglesias. Y esa es la victoria sibilina de don Mariano: cuando le dan tiempo para explayarse, acaba cuajando en el cerebro de la audiencia la pegajosa impresión de que su poder es tan natural como la gravedad o las cosechas. Sabes que lo ha vuelto a hacer cuando miras a los diputados de Podemos o Esquerra (Tardà le sacaría de nuevo su mejor y más soberana réplica) y están abismados en el iPhone.

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16 marzo, 2017 · 9:46

Cuando Don Quijote es de centro

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La asamblea que refundó Ciudadanos.

El día después de que Donald Trump ganara las elecciones, Albert Rivera fue entrevistado por Ana Rosa Quintana y afirmó que la confrontación ideológica en nuestro tiempo ya no se establece entre izquierda y derecha, sino entre los partidarios de la sociedad abierta y los nostálgicos de la sociedad cerrada. Esta convicción gana coherencia a la vista del giro político oficializado este fin de semana en la cuarta asamblea general de su partido, que será recordada como la del entierro de Ciutadans, catalán y socialdemócrata, y el alumbramiento del nuevo Ciudadanos. Que no es más que una herramienta nacional con vocación europea diseñada para combatir desde el pragmatismo reformista las dos amenazas que se ciernen sobre el orden demoliberal: el populismo y el nacionalismo.

De modo que la refundación obrada por el líder centrista -con porcentajes de apoyo verdaderamente abusivos- persigue una drástica ampliación del campo de batalla, más que un cambio de armamento ideológico: Rivera se mira en el espejo canadiense de Trudeau, en el promisorio horizonte de Macron y declara que se siente compatriota de un belga y que espera no morirse antes de ver realizados los Estados Unidos de Europa. El liberalismo progresista recién abrazado no es más que el elástico molde de una ambición que puede causar sonrojo, pero que de momento es la única responsable de haber consolidado un notable espacio de centro allí donde fracasaron ambiciones no menores como las de Adolfo Suárez o Rosa Díez.

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6 febrero, 2017 · 11:28

Ciudadanos ya tiene sexo

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El centro es la sombra entre dos claridades excesivas.

Los partidos nacen, crecen, se reproducen y gobiernan o mueren. Pero para reproducirse necesitan unos genitales desarrollados, es decir, unas ideas reconocibles. Ciudadanos era un partido joven que corría el riesgo de alcanzar la edad de merecer sin que los pretendientes lo hubieran sexado todavía. ¿Es de izquierdas o de derechas? ¿Prioritariamente catalán o ya netamente español?

Desde que comenzara a expandirse, los analistas se han divertido levantándole la falda o bajándole los pantalones con curiosidad. Dudaban del sexo de la criatura, porque un partido de centro es un exotismo tan desconcertante en España como un negro albino en el Congo. Por eso, Albert Rivera afrontaba la cuarta Asamblea General del partido que preside desde 2006 con el objetivo declarado de «definir los atributos del centro político en España». Y los ha definido. No es niño, ni niña. Es liberal progresista.

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6 febrero, 2017 · 11:22

¿Ven a Rajoy preocupado?

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La viva imagen del estrés.

Cuando llegamos al hemiciclo y no vimos a Errejón en su escaño, todos pensamos que lo habían encerrado en el lavabo y que Mayoral le estaba haciendo la autocrítica con su enorme pañuelo palestino. Quia: solo llegaba tarde. En el día después de su discrepancia poco holandesa con el compañero secretario general tocaba exagerar la nota de normalidad. Incluso de mutua admiración: Errejón aplaudió con ganas la interpelación de Iglesias sobre la subida de la luz -y fue una pregunta bien preparada, con propuestas de un intervencionismo disparatado pero al menos no completamente demagógicas- y don Pablo aplaudió la pregunta de su número dos sobre la pérdida de puestos de España en el índice de Transparencia Internacional. No da para un Príncipe de Asturias de la Concordia pero algo es algo. Diputados de todos los partidos se daban a la tertulia: ¿sobreactuación o rencor sincero? «Yo lo vi todo y había mucho teatro. En el escaño, que es territorio neutral, con tantos fotógrafos gratis… Y lo han conseguido: solo hay que ver las portadas de los periódicos», opinaba un ministro. Porque Podemos es ya como el reality de anoche: un comentario socorrido en la oficina del que pueden participar lo mismo el jefe que el becario. «La cosa está difícil, pero no hay que dramatizar», trataba de matizar la propia Irene Montero, testigo privilegiada. Pero la impresión general es que la pelea interna lastra ridículamente su tarea de oposición: los acuerdos del bipartidismo les cogen con la pólvora mojada en lágrimas adolescentes.

Sorprendió la agresividad de Rivera contra Rajoy a propósito del saqueo de las cajas (41.000 millones), para el que pide una comisión de investigación. «Dejen de meter la basura debajo de la alfombra: ya huele». Es la cuña que ha encontrado el líder centrista para abrir hueco entre PP y PSOE. Don Mariano no se dio por ofendido y recordó a su socio que la reestructuración bancaria se ha completado con éxito. Manzanas traigo. Más incisiva estuvo Soraya con el monotema de Tardá, que debería preguntar por la industria de la butifarra hasta que termine de esfumarse la polvareda levantada por Vidal, el Snowden del Procés. La vicepresidenta no dejó pasar el balón y remató a placer, abonando el terreno para su comparecencia de la tarde con Arrimadas. En C’s se afronta la asamblea con marianil tranquilidad, aunque escoger Coslada para oficializar el giro liberal no entusiasma a algún dirigente partidario de mayor glamour.

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2 febrero, 2017 · 12:47

Políticos en Navidad

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Congreso del partido.

Todos los partidos felices se parecen, pero todos son desdichados a su manera cuando se acercan los cónclaves respectivos, que es donde se reparte el poder orgánico. La partidocracia ibérica no da para el debate de Keynes contra Hayek; se parece más a una corrala de Lavapiés donde quien tiene menos quiere más y quien tiene más desea conservarlo todo. Lo que no se les puede negar a nuestros políticos es representatividad: cuando se ciernen sobre nuestras cabezas las cenas de Navidad, los cuatro grandes partidos se comportan como cualquier familia española, con histéricas discusiones entre primas, intentos de marginación del abuelo y ponencias insufribles del cuñado.

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13 diciembre, 2016 · 12:24

Albert el Incontestado

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Rivera delante, Ana Rosa detrás.

Me pregunto por qué Albert Rivera es el único de los cuatro líderes que no tiene contestación interna. No será porque el centro carezca de tradición cainita desde la conjura contra Suárez. Tampoco porque Rivera no haya desafiado la resistencia de su tripulación con un pilotaje casi temerario, maniobrando de izquierda a derecha a gran velocidad por la autopista atascada del bipartidismo, lo cual suele dejar en la cuneta a algún perplejo de lengua larga o a despechados con cuentas pendientes. Quia: si algo se censura en C’s es su presidencialismo, pero nadie ha podido encontrar en la sigla naranja las disputas de liderazgo que estos días marcan las informaciones sobre PP, PSOE y Podemos, en un rango de gresca que va de lo cenacular a lo verdulero.

Miremos a don Mariano: alto, incombustible y pétreo como un hórreo, que acaba de sofocar -“Me siento con fuerzas, con ganas, con ilusión y con determinación”- cualquier urgencia en sus disciplinados renovadores de boca de piñón. Sin embargo, el dedazo retráctil del affaire Soria y la pringosa terquedad de Barberá nos enseñó una reacción más transparente que de costumbre en la derecha española, a cargo de los vicesecretarios menos comprometidos generacionalmente con el marianismo. Y Feijóo posa a solas en los carteles, muy consciente de los beneficios electorales de su soledad cuando la alternativa es la mala compañía.

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Me tocó pinchar esta mañana en Herrera en COPE y elegí estas cuatro canciones

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23 septiembre, 2016 · 11:14