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Réquiem por Ciudadanos

Ahora que muere Ciudadanos es justo redactar un epitafio a la altura de su mejor momento y no de este penoso braceo en pos del último madero del Atlántico. Cs es la historia de una triple rebeldía: contra el rodillo nacionalista, contra el anquilosamiento bipartidista, contra la infección populista; formidables enemigos que hoy brindan por su ocaso. El español mezquino entierra magníficamente bien porque le alivia la reducción de la competencia. Pero hubo unos años, entre 2015 y 2018, en que Cs logró proponer a la política española la mejor versión de sí misma. Se empezó a cuestionar la legitimidad de los nacionalistas para seguir extorsionándonos. Producía bochorno nombrar a Franco o al comunismo: el futuro ofrecía retos más interesantes que el pasado. La escena de dos capos políticos repartiéndose a los jueces se reveló de súbito como lo que es: una vergüenza. Si hasta se discutía el contrato único o la mochila austriaca en las tertulias, por Dios.

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21 marzo, 2021 · 21:43

Nuestros huerfanitos

Por culpa de Dickens sabemos que no hay nada más navideño que un niño huérfano, pero cunde este diciembre una orfandad adicional, que es la orfandad política. La pandemia no solo ha truncado la esperanza de vida de demasiada gente sino también su expectativa electoral. Proliferan los huérfanos de izquierdas, de centro y de derechas. Los votantes conservadores se sintieron abandonados cuando Casado rompió con Abascal; los socialdemócratas, capitaneados como antaño por Felipe y Guerra, reconocen su desapego del sanchismo, que ya no acepta como socio a nadie que crea en la Constitución; y los liberales, como de costumbre, no se ponen de acuerdo sobre si los decepcionó más Rivera aproando hacia la derecha o Arrimadas contravolanteando hacia la izquierda. De modo que la abstención se ha convertido en el partido que, por su transversalidad, mejor representa hoy a los españoles.

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14 diciembre, 2020 · 9:42

Entrevista a Albert Rivera

Albert Rivera es un político muerto pero un hombre resucitado. La muerte política le sienta singularmente bien. «Se le ha quitado el velo que tenía en la mirada», cuenta uno de sus colaboradores. Uno que soportó a su lado la minuciosa destrucción -otros dirán autodestrucción- del líder liberal. Rivera llevó a Ciudadanos al cielo en abril y al infierno en noviembre, previo paso por un purgatorio que ahora se atreve a confesar. Entrevistar hoy a Rivera es constatar no lo que la política hace con los hombres, sino lo que deja de hacerles cuando los libera. Crónica se encuentra con él en la Casa de América, por donde dicen que ronda el fantasma de una niña que seguramente también es abstencionista de Cs. 

Todo español, especialmente los que jamás le votaron, tiene su propia teoría sobre las causas del hundimiento naranja.Pero es al autor de Un ciudadano libre (Espasa) a quien hay que preguntar cuándo se jodió Cs. Él aduce cuatro causas.

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27 septiembre, 2020 · 11:43

Seguir odiando a Cs

Cs

Fascismo morado.

Por qué nos odian tanto, me preguntó una militante de Cs con la cara surcada de lágrimas y hedor a pis encostrado en el pelo tras el último Orgullo. Ensayé para calmarla unas nociones sobre cainismo histórico, el convergente rencor de dos Españas que se ensaña con quien se interpone en la orgía del antagonismo. Diserté sobre la territorialidad del animal de partido, que no tolera la competencia de un espécimen anfibio, capaz de nutrirse del liberalismo económico en el coto diestro y del progresismo social en la finca zurda. Conjeturé que el éxito del centro jacobino amenazaría el más turbio y pingüe negocio del 78: el cambalache de PP y PSOE con el nacionalismo centrífugo. Recurrí, en fin, a la disonancia cognitiva, que complica las confortables categorías de lo español con que nos manejamos sintéticamente por el mundo, en plan rojos y fachas. Acopiaba así razones para explicar esa agresividad pavloviana que a izquierda y derecha aún desata un Cs menguado, pero mis palabras no lograban modificar su gesto de dolorida incomprensión, de víctima que no puede entender por qué lo es.

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10 marzo, 2020 · 10:08

Huerfanitos de España

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Narcisismo.

No hay coquetería como la del huérfano político. Ese articulista de fondo, ese tuitero de superficie que llora a toda hora su no me representan o su dejaron de representarme, se alejaron de mi ojo de diamante y de mi culo de marfil y así les va. Hablamos de los exquisitos, españoles ideales a los que la pobre medida de la España real nunca acaba de complacer. A menudo son tipos valiosos, aunque demasiado conscientes de su valía. Y después de toser su desaliento se complacen en su pecho colorado, según escribió César Vallejo en el poema que da nombre a esta columna.

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29 febrero, 2020 · 12:28

Lecciones para el celibato ajeno

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De risas entre bambalinas.

La ideología del PP es como el celibato de los curas: quienes más acaloradamente lo cuestionan son quienes jamás se plantearían abrazarlo. Con Cs ocurre lo mismo solo que peor, porque una parte lo ve siempre demasiado de derechas y la otra parte lo ve siempre demasiado de izquierdas, y al final no lo votan ni los viejos exquisitos ni los nuevos conservadores, razón que explica su centrismo incurable tanto como su pobre expectativa en la España bipolar. La educación política del español ha consistido en oír que el fascismo es Aznar, luego Rajoy, luego Rivera, luego Casado, y cuando llega Abascal el término está tan gastado que Pablo Iglesias, el nieto de Manuel, admirador de los “logros sociales” del Caudillo, tiene que ir por ahí diciendo “ultraultraderecha” después de echarse unas risas de extranjis con Espinosa de los Monteros.

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25 febrero, 2020 · 10:08

El centro ha muerto, ¡viva el centro!

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El túnel.

El hundimiento de Ciudadanos es la sinécdoque del hundimiento de la democracia del 78, que anoche expiró a eso de las diez de una gélida noche de noviembre. Ha muerto a manos de los sospechosos habituales, la izquierda y la derecha, las dos únicas maneras permitidas de ser español a excepción de la independentista.

Albert Rivera llevó el partido a la gloria en abril y lo ha conducido a la UVI ahora, pero cada bando ofrece explicaciones contradictorias entre sí. Para unos le mató el veto a Sánchez en primavera, para otros haberlo levantado en septiembre. En realidad da lo mismo. Rivera, detestado ya por todos los nacionalismos, declaró además la guerra a las dos maquinarias de poder más formidables del Estado -Génova y Ferraz-, al tiempo que despreciaba al populismo conservador. Ningún quijote sale victorioso de semejante arremetida contra gigantescos molinos.

Se convirtió en el enemigo número uno de todo el país. Fue masacrado durante meses. Se lanzaron campañas públicas y subterráneas para convertir su imagen personal en un comedero de cormoranes. Cometió el error de aislarse, desentenderse de los cuadros del partido y pasar de la prensa. Pero ninguno de esos errores alcanzaba a justificar el delirante tratamiento al que fue sometido en los medios; al final ya el perro Lucas generaba el mismo escándalo que la cal viva de los GAL. Rivera perdió el derecho a ser escuchado, pese a que en la recta final, recuperado ya el discurso originario, entregó algunas de las mejoras muestras de su oratoria.

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12 noviembre, 2019 · 11:05

El nadador

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Un político valiente.

No era el más erudito ni el más piadoso, pero era un político valiente. Le gustaba nadar y debatir, y se aferró a ambas destrezas cuando, veinteañero, le encomendaron el liderazgo de la rebelión entonces testimonial contra la hegemonía pujolista. Siempre a contracorriente. Se encaró el primero con el padrino de Cataluña y sus innumerables hijos, del acomplejado Montilla al demencial Puigdemont pasando por el sibilino Mas. Empezó a ganar votos hace 13 años y en el instante en que dejó de hacerlo, el domingo pasado, abandonó cargo y escaño para devolverles a los suyos el tiempo que la política les robó. “Quiero seguir siendo feliz. Permitidme que siga mi camino”.

La política española no es un lugar donde hoy se pueda ser feliz; solo en el necio vomitorio de la red social, allí donde babean su espeso resentimiento todos los caínes sin sexo ni fortuna, se puede creer que compense su ejercicio. Entre todos hemos conseguido que así sea. Pero hubo unos años, entre el 15-M y la moción de censura, en que una generación de españoles contrajo un vínculo con una idea al fin ilusionante de la representación pública. Rivera bajó desde Cataluña y llegó hasta Cádiz, desplegando un discurso antiguo pero nuevo -eso será siempre el liberalismo en España- que hizo decir a muchos: “Por fin voto para saber que existo”. Una desaforada voluntad de hombre de acción le llevaba a fundar estrategias sobre expectativas aún no creadas, y ese ha sido su error como también su acierto: un líder origina su propio espacio, no espera a heredarlo. Su carácter era imposible porque estaba forjado bajo un fuego que nunca se apaga: la quemazón de criarse odiado por vecinos racistas y no tolerarlo. Su misión no consistía en la simpatía mendicante de los icetas sino en el coraje borde de ser libre, por el que ha de pagarse un alto precio.

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11 noviembre, 2019 · 18:14