
Nos quejamos de Rufián, pero la gran esperanza del antitrumpismo es Alexandra Ocasio-Cortez. Topo con este narcótico titular: «AOC 2028: ¿puede Ocasio-Cortez salvar a la izquierda?». El arranque de la pieza compendia todo lo que está mal en la izquierda, en el periodismo y en la Vía Láctea: «Alexandria Ocasio-Cortez, AOC para el mundo, no necesita presentación. A sus 35 años y con casi 9 millones de seguidores en Instagram, es un icono de la resistencia progresista». Se suponía que ya no presentábamos a nadie diciendo que no necesita presentación; se suponía que el número de seguidores no avala el genuino liderazgo (a menos que queramos confiar el futuro de nuestras naciones a gurús de las criptos y estrellas del porno); y se suponía que resistir al trumpismo es incompatible con cebar el negocio de sus tecnooligarcas. Pero lo malo no es ser un icono de la resistencia progresista: lo malo es convertirse en un icono de la resistencia a la alfabetización.













