
Para la mitad de los españoles Santiago Abascal no dejará nunca de ser un fascista inmutable, y hace bien el líder de Vox en despreciar ese prejuicio goyesco. Como hace bien Pedro Sánchez en despreciar a quienes le llaman socialcomunista, como si para ser tal cosa no hiciera falta profesar un rígido credo ideológico, perfectamente incompatible con los gelatinosos principios del todavía presidente. Pero debemos reconocer que los cambios de opinión no han sido tan habituales en Abascal como en Sánchez. Por eso reviste gran interés el reposicionamiento que parece haber emprendido el líder del tercer partido del país. De acusar al PP de ser «el PSOE azul» a pactar cuatro gobiernos bajo premisa de «absoluta mano tendida». Y de alinearse con cada disparate de Trump a criticarle abiertamente por su machistada contra Meloni: «El señor Trump se está equivocando. No se puede tratar a los aliados como vasallos».













