Votar a Barrabás

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“¿Y qué hago con Jesús?”

Entonces Pilato dio a elegir al pueblo entre Jesús y Barrabás, porque era costumbre por pascua indultar a un preso, y el pueblo eligió: “A ese no, suelta a Barrabás”. “¿Y qué hago con Jesús?”, empezó a rendirse el político. “Crucifícalo”, sentenció la voz del pueblo, voz de Dios, voz de ángeles unívocos que siempre terminan siendo ángeles exterminadores.

He aquí, evangélicamente fijado, el eterno mecanismo del referéndum del que jamás aprenderemos. La degradación de la democracia a oclocracia, o mandato directo de la masa. El sometimiento de la letra clara de la ley al espíritu turbio de la opinión pública. La confirmación de la greguería de Ramón que avisa de que un tumulto no es más que un bulto que les suele salir a las multitudes. Ese bulto que bulle en los escraches y crece tumoral en las redes, aplastando el criterio bienintencionado de los políticos débiles. Los del siglo I como los del XXI.

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21 abril, 2019 · 20:36

27 renglones de Olivetti

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In memoriam.

De sus mejillas cóncavas y sus pantalones abolsados uno solo podía sacar la conclusión de que Alcántara había burlado a la muerte por pura falta de incentivos. ¿Qué quedaba en él, en ese cuerpo esquemático en donde la carne había sido completamente devorada por las palabras, en donde el espíritu había borrado el rastro de la biología, que pudiera seguir interesándole a la muerte? “Solo se me ocurre a mí / pasarme toda la vida / viendo la muerte venir”, había escrito para convencernos de que no era inmortal, aunque a esas alturas ninguno le creíamos. En cada nuevo cumpleaños nos daba las gracias por acudir a su entierro, pero lo decía armado de un Ducados y un dry martini, y su estampa de metódico hedonista arruinaba la credibilidad de la necrológica. Al final tenía que concedernos que el hígado le había salido bueno, pero a lo mejor es que no tenía hígado, ni estómago, ni páncreas, ni otras vísceras ordinarias, impropias del poeta del artículo que hoy España llora no como cuando fallece un artesano sino como cuando se extingue un oficio; no cuando se va el hombre sino cuando concluye una estirpe.

Si también Alcántara puede morirse no sabemos muy bien qué seguimos haciendo aquí, llenando columnas de papel en el siglo del grafeno y del streaming. El columnista es un desalmado que vende su cerebro a cucharadas en la esperanza de que lectores curiosos remuevan con ellas su café cada mañana. La grandeza de Alcántara proviene de la aguda conciencia de su propia contingencia, de su reverendo tesón de teclista, una humildad amarrada a la Hispano Olivetti -27 renglones diarios, cada tarde después de comer, durante más de medio siglo- que a partir de un número determinado de trienios proclama el santo respeto al lector mucho más que la vanidad del autor. Otros se encaraman a un púlpito para encender la llama matutina de la democracia, que se apagaría fatalmente sin su fatua brasa de cada día; él se conformaba con llevar a su ávida grey la fórmula precisa de la columna, que ha de combinar la noticia, el ensayo y el poema con un aderezo general de humor y melancolía. Nadie como él mezclaba esos ingredientes de ardua alquimia, y a muchos que lo intentan sin saber les cuesta una llamarada en las narices.

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18 abril, 2019 · 18:04

Y la pegada cambió de bando

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Pelea en el barro.

Un debate a seis puede ser cualquier cosa menos un debate, pero esto ya lo saben todos ustedes, que no se sientan ante el televisor en la campaña más polarizada del siglo para oír argumentos sino para calibrar gestos, ponderar reflejos, aplaudir sarcasmos, maldecir presencias o extrañar ausencias. Fue una velada de boxeo en la que el cartel de los asaltos lo paseaban dos varones medrosos –Aitor Esteban y Gabriel Rufián– y los guantazos corrían de parte de dos mujeres capaces de redefinir ellas solas los roles tradicionales de género sin cobrar un solo euro de ninguna asociación.

Cayetana Álvarez de Toledo salió de su esquina como salía Tyson en los 80; la ministra Montero tenía un plan, la consabida impostura del estadismo sanchista, pero como decía Tyson todo el mundo tiene un plan hasta que le cae el primer puñetazo. “Es una anomalía que no esté aquí Sánchez, ese vanidoso útil del separatismo, de coraje discutido y discutible…” Y a partir de ahí hacia arriba. Abusó de sus turnos de palabra tanto como del hígado del adversario, que unas veces eran las Montero y otras veces era Rufián. Solo una vez trató de defender la propuesta fiscal del PP, pero no acertó a desgranarla bien. Y qué coño, ha vuelto a la política para disfrutar. Protagonizó el momento más tenso de la noche con Irene Montero, que cometió el error fatal de tratar a Álvarez de Toledo como si fuera la caricatura de Álvarez de Toledo que el feminismo de tea ardiente quema a escondidas en sus aquelarres digitales. Pero topó con carne, hueso y cerebro. La estrategia de frontalidad de la candidata popular le asegura el foco del debate. Acaso entraña un único riesgo, que no sé si lo es en estos tiempos: una irradiación de suficiencia que atraerá a muchos y disuadirá a otros.

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17 abril, 2019 · 11:25

La década sanchista

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Plurinacionalizando.

Tan antigua y profunda es la pasión de España por la guerra civil que se las ha arreglado para reducir a la pugna de dos únicos bandos unas elecciones a las que concurren cinco partidos nacionales. El 28-A ha quedado configurado como un revival posmoderno y tristísimo de las dos Españas, donde los nietos de los vencedores se han cansado de esperar las credenciales democráticas extendidas en régimen de monopolio desde hace décadas por los nietos de los vencidos.

Una garrafal polarización se ha larvado durante años en el subsuelo de lo establecido. Era un rumor de fondo al que el marianismo puso sordina y al que el sanchismo se la ha quitado por cálculo electoral: ahora señala a voces a su criatura desenterrada para espanto de almas bellas en busca de cantautor. Si Franco no sale de la montaña, la montaña sale al encuentro de Franco.

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16 abril, 2019 · 11:04

Contra los periodistas y otros contras

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Karl Kraus.

Al vitriólico Karl Kraus (1874-1936) la vida austriaca le parecía un “bello cadáver”. En Berlín comen ostras, decía, pero en Viena se contentan con ver comer ostras a los demás. Había nacido en el seno de una familia judía acomodada, pero un insobornable espíritu de contradicción le impedía valorar el discreto encanto de la burguesía, cuyos vicios -en especial la mezquindad de imaginación y la cursilería- fustigó sin piedad. Cargó lo mismo contra la decadencia imperial austrohúngara que contra el pangermanismo nacionalista con valentía y lucidez proféticas, y sin privarse ni por un instante de paladear la más refinada oferta cultural de Europa, que bullía en la Viena primisecular. Pocos nombres como el suyo están tan asociados a la cultura vienesa, a la literatura de café -ese género netamente vienés del folletón que tanto recuerda a nuestro columnismo costumbrista-, a la emergencia de las vanguardias en todos los órdenes del arte y el pensamiento: del dodecafonismo al psicoanálisis, del expresionismo a la Bauhaus.

Y sin embargo se erigió al mismo tiempo en un icono de la sátira, del pesimismo y de la misantropía: era un liberal que escribía con el tono ácido del reaccionario. A su imagen temible contribuyó en buena medida su actividad periodística al frente de la revista Die Fackel (La antorcha), que editó y redactó casi en solitario durante 37 años. Cada una de sus entregas, que no dejaban títere con cabeza, era esperada con avidez por genios tan dispares como Wittgenstein, Musil, Schönberg o Canetti.

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16 abril, 2019 · 10:47

El abril de la tercera España

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El chico de Pepiño.

Antes de que una formidable máquina de propaganda lo convirtiera en el nieto no reconocido de Azaña, cuando no era más que el chico aventajado de Pepiño, Sánchez obtuvo por dos veces los peores resultados de la historia del PSOE. Algo muy evidente había en él que no gustaba a los votantes de izquierdas, que si de algo saben es de calibrar el grado de autenticidad en el penúltimo mesías enviado a representarles. Pero por aquella época, auténtico parecía Iglesias.

Entonces Pedro se puso a estudiar a Pablo. Y fue adoptando su marco mental guerracivilista a medida que iba expulsando lastre institucional de la sigla histórica anteriormente conocida como PSOE. Hubo resistencia, claro. Hubo incluso una victoria efímera de la razón weberiana encarnada por Javier Fernández. Pero el virus anidaba ya en las bases y la enfermedad populista se propagó según lo calculado hasta reponer en el trono de Ferraz a una criatura de aparato travestida de guerrillero anticapi. ¿Que cómo pudo colar? Supongo que por lo mismo que un chico generosamente apesebrado por Esperanza Aguirre puede presentarse como azote de las oligarquías. La razón y la memoria son lujos de gente serena, y España hoy es el álbum íntimo de una adolescente excitada.

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16 abril, 2019 · 10:43

Soñar con Santi, despertar con Pedro

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“Vota a Vox y hazme reír”.

Pedro Sánchez le ha dado una entrevista a Ferreras, que venía de discutir con Pablo Iglesias, que venía de abroncar a Ferreras por no someter a su morada aprobación la candidatura de los tertulianos de La Sexta. Sánchez no hará eso, me refiero a abroncar periodistas, pero solamente porque no lo necesita. Le basta agitar el espantajo de la ultraderecha cada cinco segundos y esperar a que el miedo le haga todo el trabajo. Pero no exactamente el miedo a Vox -en realidad bastan cuatro vídeos suyos para mudarlo en ternura- sino el miedo a que los amigos de Fulano sospechen que Fulano no se deja la piel combatiendo el fascismo como un Schindler de Twitter. Y esta es la madre del cordero movilizador de la izquierda: el pánico tan español al qué dirán. He ahí la levadura secreta de la receta de Tezanos.

De modo que la campaña sanchista es el agujero de un donut que Santi viene a arrancar de la boca de nuestros hijos hambrientos a la hora de la merienda. Ese agujero negro devora las dos únicas cuestiones verdaderamente importantes que se dirimen el 28-A: la continuidad de la soberanía única de la Nación y la disposición de nuestra economía para aguantar el embate de la recesión que viene. De ninguna de las dos cosas puede hablar Sánchez sin que se le caiga la cara de vergüenza por sus pecados plurinacionales -en los que cada tanto reincide el subconsciente de un Iceta o una Lastra– o por su infame compra de votos con cargo al mayor déficit de la zona euro. Así que sale, habla de la ultraderecha y se esconde otra vez, fiado de que la mera alusión a la sigla maldita active los resortes pavlovianos del personal en el sentido deseado.

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10 abril, 2019 · 17:23

Animal Rivera

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Un político.

Albert Rivera es un animal político, pero es un animal acorralado. Una partida ambidiestra de cazadores obsesionados con el pedigrí ideológico asedia su madriguera centrista: le exigen que salga a la luz y entregue sus votos. Que reconozca de una vez que España no es país para centro, ni jardín para anfibios que asuman el aborto, la eutanasia, el matrimonio gay o los permisos de paternidad sin dejar de promover la moderación fiscal y la unidad de España. La política ibérica se organiza en cotos vedados desde tiempo inmemorial pero Rivera es un predador cimarrón, nacido en campo abierto, que invade los terrenos de los demás para llevarse sus votos sin permiso. Hizo el pacto del abrazo con Sánchez y por tanto no es de fiar para la derecha; hizo presidente a Rajoy antes de ir a terceras elecciones y por tanto no es de fiar para la izquierda. Si no pacta, su partido es inútil; si pacta, es volátil. Quizá debería rendirse y acabar de una vez con su forma furtiva de existencia, renunciar a vivir adaptándose al medio como una fiera desesperada a la que le han cambiado de hábitat como mínimo tres veces: el pujolismo, el marianismo, el sanchismo. A todos ha sobrevivido, pero quizá debería dejarse ir resignadamente hacia una madurez confortable de chalé, bando o bisagra. Una vida española, al fin y al cabo.

El animal Rivera, sin embargo, no acepta su destino. Que según los que hacen las encuestas solo puede ser la sala de trofeos de los cazadores convencionales. A la entrada de su madriguera le han pintado esvásticas, signos masónicos y lazos amarillos. Le advierten de que ahí dentro escasea el oxígeno y de que pronto tendrá que salir, y entregarse. Sus 13 años de merodeo por el páramo agreste de Caín tocan a su fin. Esta vez desaparecerá.

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9 abril, 2019 · 11:02