
Mientras invocamos a Pitita Ridruejo para decidir si nos conviene la llegada del apocalipsis por culpa de la inteligencia artificial, el fantasma de la guerra de toda la vida recorre inadvertidamente Europa. Alemania revisa su red de búnqueres y enumera camas para atender a posibles heridos. Polonia despliega batallones en su frontera. Se cavan trincheras en los países bálticos. Suecia ensaya operaciones relámpago de despliegue de tropas. Luxemburgo cierra su aeropuerto por amenaza de drones. Dinamarca acusa a un buque de guerra ruso de hostigar a uno de sus helicópteros con bengalas. Reino Unido recomienda a su población almacenar agua y víveres. Hasta Suiza, el inocente paraíso (fiscal) que inventó el reloj de cuco, aprueba una nueva estrategia de seguridad y defensa.













