
Dijeron de ella que tenía la voz de vidrio molido, porque cantaba como si estuviera masticando cristales, pero no siempre la tuvo así. El momento más importante en la carrera musical de Bonnie Tyler, la metamorfosis vocal que la catapultaría a un éxito improbable, coincidió con el más reservado de los pronósticos médicos. Ya había lanzado un par de singles prometedores cuando notó ciertas molestias en la garganta. Le encontraron unos nódulos y decidió pasar por quirófano. Pero la operación quirúrgica a la que se sometió a finales de los setenta para que se los extirparan aconsejaba mutismo absoluto durante seis semanas. Y eso era demasiado tiempo para una galesa dicharachera que nunca supo escatimar sus emociones.













