
Nos gusta cuando la podemia habla del «espacio», ese delicado eufemismo aeronáutico que les ahorra confesar lo que son. Es como si en el fondo ellos también prefirieran un corrupto a un comunista -valga la redundancia-, y eso que la última cabeza de cartel del Espacio conserva el carné del partido y hasta redactó un prólogo cuqui del Manifiesto. Desde que a doña Yolanda le fue aplicada la entrañable autocrítica del piolet, el Espacio anda huérfano de liderazgo capaz no de tomar el cielo por asalto sino de evitar que pretenda tomarlo un camarada con menos trienios que tú en la eterna burocracia de la revolución pendiente. Mónica, Colau, Emilio Delgado, Urtasun, Maíllo, Irene y hasta Rufián han peleado por el puesto en una suerte de método Gronhölm arbitrado por cantautores.













