
Aprovechando el paso cojo de Macron por España, reconozcamos a los franceses el mérito de haber inventado la tragedia revolucionaria original en 1789 y también su repetición como farsa en mayo de 1968. Desde Maidán en 2014 ya no quedan europeos capaces de lo primero, pero epígonos incruentos y efímeros del 68 surgen regularmente en nuestras ciudades primermundistas, empezando por los propios franceses con aquellos chalecos amarillos.













