La izquierda inmóvil

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Inmóviles.

La izquierda está desmovilizada, quién la movilizará. ¿Será Pedro Sánchez el movilizador que la movilice? ¿Será Pablo Iglesias? Sospecho que no será ninguno, porque para moverse es imprescindible saber al menos dos cosas: el punto de partida y el punto al que se quiere llegar. Iglesias viene del comunismo del siglo XX, pero de momento no ha podido cruzar 1989. Y Sánchez viene de Pozuelo y se dirige hacia donde gire en ese momento la brújula del deseo de Jack Sparrow, de rumbo tan tornadizo como la ocasión de Maquiavelo.

Nos tenían dicho que la derecha es inmóvil y la izquierda móvil. El marianismo mineral se encarga de corroborar lo primero. Las encuestas, de desmentir lo segundo. Movilizar a la izquierda es un lema preocupante porque debería formar un pleonasmo y sin embargo reconoce una derrota. El simple hecho de que gobierne la derecha debería bastar para mantener movilizada a la izquierda, pero eso no sucede, quizá porque contra el irritante Aznar se vivía mejor que contra el cachazudo Rajoy. Los politólogos arguyen que la mejoría económica y el patriotismo reactivo tras la agresión separatista componen un escenario desfavorable para el discurso de izquierdas; pero en lugar de cambiar su discurso, don Pedro y don Pablo tratan de cambiar el escenario, es decir, la escaleta de las tertulias y los temas de las portadas. El argumento de los politólogos es cruel, porque presupone que la izquierda española no tiene sentido fuera de una recesión galopante, un colapso institucional o una corrupción africana. Que la catástrofe es la zona de confort de la izquierda. Y que a poco que mejoren las cosas o se ondee la rojigualda, los indignados abandonan la plaza y regresan apesadumbrados al sofá de la abstención.

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El bueno (Báñez), el feo (Roger Torrent) y el malo (Ernest Maragall) en La Linterna de COPE

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22 enero, 2018 · 12:41

Elegías antimadridistas

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Muso en estado de espera.

El lunes más triste del año vino a alegrármelo una declaración de Chus Visor a Pedro Simón: “El Real Madrid es la cosa que menos soporto de la vida”. De un famoso editor de poesía uno espera emociones hondas e inefables, pozos de melancolía como los que riegan el dolor de un Leopardi o un Celan. Pero resulta que la angustia existencial de Visor se la causa un equipo de fútbol: el Real Madrid. Es ver una camiseta blanca y ponerse a musitar las nanas de la cebolla, que por otra parte es el vegetal atlético por antonomasia. Adorno no creía que fuera posible la poesía después de Auschwitz y Chus Visor se preguntará si después de doce copas de Europa tiene sentido seguir editando poemarios.

Que el Real Madrid sea la cosa que menos soporta de la vida un editor del Atleti constituye uno de los escasos consuelos que le van quedando al aficionado merengue. Todo lo demás es pena negra y nostalgia del vino y de las rosas. El madridista lleva en su militancia un don y una condena: el don de poder celebrar más títulos que nadie y la condena de no poder celebrar que los pierdan sus rivales. Ojalá fuera tan fácil como limitarse a decir: “Bueno, al menos el Atleti tampoco ganará la Champions este año”. Pero el madridista que diga eso para sus adentros no experimentará ningún alivio. Al madridista sólo le conmueve lo que deja de ganar el Madrid, mientras que lo que deje de ganar el Atleti le deja perfectamente frío. Quizá por la costumbre.

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16 enero, 2018 · 10:34

Disidentes de género

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Feminismos.

Esta semana hemos aprendido que el feminismo no divide el mundo entre machistas y víctimas, sino entre americanas y francesas. O entre militantes de una causa minuciosamente codificada y disidentes que reciben de las primeras una clase de rencor solo reservada a agentes contrarrevolucionarios. Y efectivamente, a la espera de que las máquinas tomen conciencia de sí mismas, el feminismo constituye la última revolución de Occidente.

El capitalismo se reinventa segundos después de que cada crisis engendre al enésimo profeta de su final. Pero también el marxismo resucita cíclicamente parasitando el márketing político, la preceptiva literaria o la mismísima teología (de la liberación). Hoy se ha alojado en el feminismo que, como toda revolución moderna, parte del dogma fundacional de Marx: “No es la conciencia la que determina el ser, sino el ser social el que determina la conciencia”. Es decir: ninguna ciudadana nace libre, porque nace mujer, y su primer deber es emanciparse del patriarcado como el primer deber del proletariado es sacudirse el yugo del capital. Al negar toda potencia espiritual -el revolucionario niega que la idea de un genio pueda cambiar el mundo… salvo la suya-, Marx redujo drásticamente el margen de interpretación de la conducta humana. Todos los burgueses piensan como piensan por ser burgueses, y todos los machos piensan como piensan por ser machos. Ayer ningún obrero escapaba a su clase y hoy ninguna mujer escapa a su género.

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El bueno (UME), el feo (Pedro Sánchez) y el malo (Pablo Iglesias) en La Linterna

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13 enero, 2018 · 12:53

Paloma, tercer león de las Cortes

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Paloma Santamaría, guardiana del Congreso, con Herrero de Miñón.

A cualquiera que frecuente el Congreso no le costará reconocer en esta fotografía a la persona que ostenta el mayor rango de representación institucional. Se trata de Paloma, la mítica ujier de San Jerónimo, entregando sus pertenencias a don Miguel Herrero de Miñón. Que es uno de los tres padres vivos de la Constitución y que acudió ayer a inaugurar la comisión para el estudio de la probabilidad de la hipótesis de su reforma. Paloma lleva más de tres décadas al pie del cañón de la soberanía nacional. Lo ha visto todo, pero no cuenta nada. Paloma es el tercer león de las Cortes, la metáfora diligente de nuestro 78, ajado pero firme.

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11 enero, 2018 · 11:38

Esperando a Moisés

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Genio o villano y viceversa.

El Real Madrid es un equipo que no te prepara para la decepción. Hay otros que sí lo hacen, incluso con derramamiento poético. La épica del derrotado arraiga en zonas húmedas, pero el Madrid es de clima seco y se ha pasado toda la vida prometiendo secamente una sola cosa: la victoria. Ni juego bonito ni identidad castiza ni política narcisista: promete títulos. El año pasado cumplió con creces su promesa, pero nada hace pensar que 2018 vaya a parecerse mucho a 2017.

El madridismo mira a Zidane, se rasca la coronilla y al final prorrumpe en una opinión. El pipero irreformable, de natural amnésico, ya lo tiene claro: pregunta a voces quién es ese calvo afásico que se sienta en el banquillo del Real Madrid. El madridista oficial tiene su opinión, pero también tiene dudas y mira a los lados antes de pronunciar sentencia.

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9 enero, 2018 · 11:14

Los Reyes son los niños

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Ilusión.

Cuando uno es niño y llegan los Reyes, se pregunta por qué no pueden ser todos los días igual de maravillosos. Cuando uno es adulto y llegan los Reyes, se pregunta por qué no pueden ser todos los días igual de maravillosos. En el primer caso, uno es el inocente destinatario de la maravilla y no se plantea cómo ha sido posible. En el segundo, uno es el estratega de esa ilusión y no deja de maravillarse de la bendita ingenuidad de los niños ni de la excepcional cooperación de los adultos, capaces de urdir con minucioso celo un monumental engaño colectivo por un día. Cada 6 de enero celebramos la madre de todas las operaciones posverdaderas, una enorme mentira piadosa que contamos a los niños para recabar su alegría, del mismo modo que el político populista cuenta su trola al votante en la esperanza de recabar su voto.

Yo, que soy un empedernido buscador de transversalidad, he detectado en la infancia el gran valor transversal de nuestro tiempo. Todo el mundo está de acuerdo -cineastas, diputados, pedagogos, penalistas, locutores y monjas- en que la ilusión de un niño es sagrada. El propio Jesucristo pensaba así y, no siendo amigo de condenar a nadie, pormenorizó la pena apropiada a aquel que contamine el alma de un niño: “Más le valdría que le colgaran una piedra al cuello y lo arrojaran al mar”. La sacralidad de la infancia atraviesa siglos. Y hoy, cuando presumimos de laicidad, el dogma no sólo no ha remitido, sino que se extiende a la adolescencia e invade la mayoría de edad. Pixelamos sus rostros. Vigilamos a sus profesores. Anticipamos sus traumas. Les privamos de sus tareas. Multamos a las televisiones que no observan el horario infantil. Y ampliamos la feliz irresponsabilidad del infante hasta que cada ciudadano se convence de que los derechos preexisten a los deberes.

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El bueno (Juan Carlos I), el feo (Junqueras) y el malo (‘El Chicle’)

 

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6 enero, 2018 · 10:31

Odiar a los pobres

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Otro amigo de los pobres.

La Fundéu, donde pasamos pocos pero doctos ratos juntos, ha elegido aporofobia como palabra del año. Es un compuesto griego que vale traducir por rechazo a los pobres y que acuñó Adela Cortina con benemérito propósito de denuncia. Yo se la escuché hace unos años a Jesús Caldera, que andaba por entonces regularizando inmigrantes en el gobierno de Zapatero. Pese a la novedad de su significante, su significado es tan antiguo como la xenofobia o aversión al extranjero, incluyendo al charnego de Tabarnia. Ahora bien, aporofobia, lo que se dice aporofobia, la experimentan todos los bolsillos. Es un recelo transversal que habita en el clasismo de los ricos tanto como en la esperanza de los pobres, que maldicen su condición, y cuyo mayor deseo es dejar de ser pobres. Porque la pobreza no le gusta a nadie salvo a los franciscanos y a los comunistas, dos vocaciones que tienden a desaparecer en cuanto llega la prosperidad. El hedonismo vacía las iglesias y las sedes de partido, pero el comunismo descubrió la manera de garantizarse la vigencia del negocio: fabricar pobres en cantidades industriales para luego correr a socorrerlos. Por eso Maduro es el empresario del año. Se empieza expropiando edificios y se acaba privatizando la democracia. Porque toda propiedad es un robo… menos cuando robas tú.

Esto del orgullo de mandar en la propia hambre, tan cantado por la mala literatura de lucha de clases escrita con buenos sentimientos burgueses, insulta la inteligencia de la famélica legión, que ni quiere ser legión sino individuo, ni quiere seguir famélica sino escalar de clase. Nada asquea tanto como ver a un próspero progresista recetar para los demás la fracasada ideología de la que él mismo se guardó muy cucamente para amasar su fortuna. Ese fariseo que prescribe la vida en Esparta mientras se queda a vivir en Atenas. Ese turista del ideal que lucha por doce causas en pijama, que debería ser el uniforme del tuitero concienciado. Pero hace falta odiar mucho a los pobres para querer salvarlos del capitalismo.

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El bueno (Tabarnia), el feo (Rafa Mayoral) y el malo (Jordi Pujol Ferrusola)

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30 diciembre, 2017 · 11:26

A los que susurra Sananda

JUNTS PER CATALUNYA ACTO EN PARETS DEL VALLÉS (BARCELONA)

Telemisa belga.

En los años 50 vivía en Chicago una señora llamada Dorothy Martin que se comunicaba personalmente con alienígenas. En uno de sus coloquios ultraterrenos le fue revelada la fecha del fin del mundo, que acontecería un 21 de diciembre de 1954. Martin fundó una secta, los buscadorianos, y les confió el secreto que ella misma había recibido de boca del mismo Sananda, dios alienígena, una suerte de Jesucristo alien con el que ella mantenía tan amigables conversaciones, del mismo modo que Dolores Ibárruri se hizo tan devota de Stalin como antes lo había sido de la Virgen de la Begoña.

Doña Dorothy era una oradora persuasiva y sus oyentes andaban sedientos de fe, de modo que la secta se consolidó. Algunos de sus miembros vendieron sus propiedades, abandonaron sus trabajos y se centraron en preparar sus almas para el 21-D de 1954: el día en que el platillo volante de Sananda bajaría del cielo para salvar del apocalipsis a sus elegidos.

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25 diciembre, 2017 · 11:10