Naturalmente que volverán las oscuras golondrinas a colgar de los balcones de los periódicos sus nidos de mierda, corrupción y enfrentamiento. Pero eso no hará que olvidemos el puñado de hermosas imágenes y sabias palabras y testimonios conmovedores que la escena española ofreció al mundo durante la semana papal. Para percibir los efectos benéficos del paso de León por nuestro país no hace falta otra fe que la que habíamos perdido en nosotros mismos. En nosotros, los españoles. Que habíamos olvidado la Escuela de Salamanca.
Españoles que intuyan luz en la oscuridad

No es la cultura del enfrentamiento sino la del encuentro la que genera estabilidad. No debemos caer en la tentación de ganar popularidad avivando el fuego de la polarización. Los enfoques identitarios pueblan el mundo de fantasmas. Se necesitan hombres y mujeres que intuyan en la oscuridad la luz.
Con cuatro sentencias rotundas fijó León XIV el guion moral de su visita apostólica a una España que vuelve por desgracia machadiana a ser el trozo de planeta por donde vaga errante la sombra de Caín. La primera autoridad moral del mundo estrechó la mano de la penúltima -seamos piadosos con PS en lo que dure el santo viaje- y también la de Felipe VI, a quien se le ve notoriamente cómodo en la cercanía de León, como si hablaran un mismo lenguaje institucional. Este Papa es estadounidense pero es hispanoamericano, luego es español. Por eso citó enseguida al Big Four del santoral patrio: Santiago, Juan de la Cruz, Íñigo de Loyola y Teresa de Jesús. Cuatro nombres incalculables que no solo cambiaron la historia de la fe sino también de la literatura. Así lo reconoció el Rey: «La fe católica está enraizada en nuestro país, y sin ella nuestra historia y nuestra cultura no se entenderían». La mejor izquierda siempre lo comprendió; la peor derecha nunca lo valoró.
Auschwitz y el derecho a ir vestidos con nuestra propia piel

Lo primero que llama la atención de Auschwitz-Birkenau es el orden. La llanura rasa, el cielo bajo, la rectitud de las alambradas, la perfecta geometría de los barracones. Hasta ese momento el terror había sido producto del caos. La orgía revolucionaria, el fuego arrasador, el torbellino de la artillería, la carne trinchada por las bayonetas, los terrones destripados por las bombas.
Duelo en Chamartín

El Madrid es el único club del mundo que ofrece más espectáculo cuando pierde. Precisamente porque la victoria del Madrid se da por sentada: es la dulce rutina y la feroz exigencia que Santiago Bernabéu inscribió en su naturaleza. Pero en esta ocasión, por primera vez en dos décadas, la crisis del Madrid se ha canalizado a través de un proceso electoral de los que hacen afición, nunca mejor dicho. La campaña ha tenido todo lo que le pedimos a una campaña: eslóganes brillantes, mentiras groseras, populismo desorejado, golpes de efecto, notarios atónitos, fichajes estelares, entrevistas contraprogramadas, ataques cruzados y teorías de la conspiración. La cosa ha quedado vista para la sentencia de los socios, que votarán este domingo por Florentino Pérez o por Enrique Riquelme.
Ítaca puede esperar

A poca celebridad que haya ganado un periodista español, hace tiempo que su vida consiste en responder a ciudadanos espontáneos que lo paran por la calle para preguntarle cuánto tiempo le queda a Pedro Sánchez. En el supermercado, en el gimnasio, en el aeropuerto, en la cola del cajero, en el desenfadado banquete de una primera comunión uno sabe que alguien se presentará de improviso, le tocará el hombro y volcará toda su ansiedad antisanchista sobre ese rostro o esa voz que le suena de algo, aunque no sepa exactamente de qué. Solo saben que nosotros sabemos, o eso creen, y desean ardientemente que usemos nuestro saber futurológico para acortarles el horizonte de su angustia.









