Roca: Rey e Infanta

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Real sitio.

Aquella mañana Felipe VI recibió en Zarzuela a Meritxell Batet y a Manuel Cruz, presidentes de las Cámaras, y aquella tarde Juan Carlos I recibió en Las Ventas el brindis de Andrés Roca Rey, figura del momento. Y visto el espectáculo de la víspera en las Cortes, ya no cabe descartar que el ruedo ibérico se haya trasladado a San Jerónimo y la sede de la verdadera soberanía a la muñeca de un torero. Rumiaba la paradoja desde el real sitio que me había guardado Zabala, exactamente detrás de don Juan Carlos y de la infanta Elena. Hasta ahora, y exceptuando las sesiones con la Reina Letizia en Fundéu, lo más cerca que había estado de la Casa fue en el avión de la Undécima con Froilán. ¿O fue en la Duodécima? Se me mezclan en la memoria del jubiloso ayer.

Los aficionados se paraban en la escalera a posar calibrando su selfie con Rey al fondo, alarde de vulgaridad que uno no esperaba encontrar en una plaza de toros, porque uno siempre ha encontrado en los toros a la gente más educada del mundo. Con insultante diferencia respecto del fútbol, sin ir más lejos. Me quedé con las ganas de preguntar a don Juan Carlos si vio lo del Congreso por la tele, la verdad. Pero habría sido como preguntar a Benedicto XVI por la entrevista de Évole a Francisco.

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23 mayo, 2019 · 17:28

Pestífero lamedal

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“Si me necesitas ya sabes”.

Si una diputada parecida a Jane Austen se dispone a presidir el pleno, será fácil que todo lo que ocurra después resulte escandaloso. Pero si es el mismo Valle-Inclán el encargado de abrir la sesión constitutiva de las Cortes, ya nada de lo que venga luego debería sorprendernos. Con este magistral manejo de las expectativas -a la baja- arrancó la XIII Legislatura en un Parlamento feo, poco católico y demasiado sentimental. Y sin embargo Agustín Zamarrón, nombre del diputado socialista identificado con el padre del esperpento así en la barba como en el verbo, fue el parlamentario más exquisito de la mañana. Un caballero de otro tiempo que instaba a sus señorías a «dejar expedito el pasillo» en evitación de colas tan largas como «las del pan en época de carestía», y deliciosas apelaciones por el estilo. Nos quitamos el cráneo ante un diputado capaz de declarar que «se hiere al pueblo cuando se habla con simpleza».

El problema del pueblo es que ya no existe. Ahora hay tribus en liza, y lo que hiere a una tribu reconforta a otra. Lo expresó bien Meritxell Batet en su discurso inaugural: «Somos del pueblo, no somos el pueblo». Pero su voluntarioso llamamiento a la tolerancia vino precedido de una permisividad culpable ante el grotesco espectáculo de unas fórmulas de acatamiento humillantes para cualquier español que aprecie su democracia, contestadas con las pataletas patrioteras de los voxeros -un 155 acústico-, estratégicamente colocados en la chepa de Pedro Sánchez. Uno mira ese hemiciclo tomado por carlistas de todos los partidos, incluido el de Pisarello, que ya no sé cuál es, y no está seguro de que contenga más creyentes en el 78 que ateos o escépticos. Con esa yunta de bueyes y jabalíes mal puede arar recto la presidenta Batet. Más le vale olvidar los tacticismos electorales y suspender ya a los diputados presos o nunca empezará a revestirse de la mínima autoridad que pide el cargo. Que se fije en Marchena.

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22 mayo, 2019 · 10:04

Cuándo se jodió el PP

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El Chernobyl del PP.

El PP tiene dos almas, la aznarista y la marianista, pero no sabemos si habrá una tercera: la casadista. Casado es un aznarista de corazón que fue ascendido a portavoz por Rajoy para competir en los medios con las caras jóvenes de Cs, de modo que estaba en la posición ideal para integrar las dos almas en mismo proyecto. Ahora bien, uno no hace política en el aire sino en el terreno mutante de la realidad, y no todos se adaptan igual a las inclemencias del tiempo y del espacio. Con el calendario en contra, Casado escogió la lealtad a falta del liderazgo -el buen líder sabe armonizar a los diferentes- y bajo esa obsesión elaboró unas listas iconoclastas que, junto con la cizaña de la ambigüedad y la corrupción, purgaban también el grano de la experiencia. Hoy este PP se estrena en el Congreso sin equipo económico reconocible, y eso es imperdonable para su electorado. Al error orgánico añadió luego el estratégico. Se equivocó primero de aliado, desempolvando a Aznar para seducir a los votantes de Vox; perdió 71 escaños, experimentó una súbita epifanía centrista a la mañana siguiente y ahora se equivoca de adversario, movilizando a Rajoy para confrontar con Cs. Fruto de su errático vagar entre dos almas es la frase sonambúlica que pronunció ayer: “No tener complejos es lo que nos hace moderados”. Que es algo así como decir que no comer verdura es lo que nos hace vegetarianos.

Así que Casado tiene lo suyo, que es mucho y puede serlo todo. Pero él no es el culpable del hundimiento. El marianismo conspirativo que aguarda un descalabro el 26-M para sustituirlo por Feijóo interpreta la debacle del 28-A como un espaldarazo a su burocrática, abúlica, inercial concepción de la política. Pensar así supone añadir soberbia a la ceguera. Porque los exvotantes del PP huyen de la radiación de un estallido que se registró la tarde exacta en que un bolso reemplazó la voluntad del líder del centroderecha, ocupado en una humillante sobremesa de cálculo y alcohol. Ahí se jodió el PP. Ahí se hizo pedazos. Por esa herida sangra el español que aún confió en Rajoy cuando ya se acumulaban incumplimientos y escándalos por mero pánico a la alternativa que la moción entronizó. Y se la lamerá durante años, porque nunca se habían reído así de él. Nunca.

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21 mayo, 2019 · 13:04

Daenerys Ibárruri

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Totalitarismo.

De Juego de Tronos -rindámonos a las referencias de nuestro tiempo- solo he sido capaz de extraer dos lecciones políticas. La primera equivale a una vieja ley histórica que el adagio latino enunciaba así: Corruptio optimi pessima. La corrupción de los mejores es la peor. Nadie tan bello como Lucifer. El aristócrata degenera en tirano desde el caso emblemático de Calígula. Luego la buena cuna fue sustituida por las buenas intenciones, es decir, por la ideología. Por eso prefiero la cínica variante de Voltaire -“Lo mejor es enemigo de lo bueno”- y la precisión visionaria de Rilke: “Todo ángel es terrible”. Toda rubia cabalga un dragón. Toda utopía proyectada a un futuro siempre impuntual se cobra un precio abusivo en el presente concreto, razón de que Camus dejara de ser comunista.

Porque Juego de Tronos puede leerse también como la enésima constatación del sangriento naufragio de todas las revoluciones. El comunismo, la utópica persecución de la armonía universal, cuesta cien millones de muertos y muchos más de miserables supervivientes, pero aún hay fantasiosos jinetes de dragones a los que la factura les parece asumible en comparación con una aurora de fraternidad que cautiva y nunca asoma. Basta una crisis económica para regresar religiosamente a la promesa de una igualdad imposible y seducir a unos cuantos votantes tan inexorablemente condenados a la frustración como los espectadores imprudentemente enamorados de Daenerys. El primero de ellos -el primero de su nombre- fue Pablo Iglesias, que se presentaba como khaleesi anticasta de los españoles; o sea, no estaba enamorado de Daenerys sino de sí mismo, cosa que sospechábamos. Ahora que el guion arroja el único final posible para esa loca con trenzas embriagada de poder, Iglesias tuitea su decepción. Acusa el reflejo que le devuelve el espejo de la historia. Al fin y al cabo, Daenerys no es más que un Maduro sin bigote. Otra Pasionaria.

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18 mayo, 2019 · 12:44

Carmena, cariño caníbal

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Canibalismo.

Manuela Carmena es una mujer de 75 años que está convirtiendo ambas categorías -el sexo y la edad- en su mejor argumento para merecer el voto de los madrileños. Y hace bien. Primero porque las razones identitarias no admiten refutación: ella es, en efecto, una mujer de 75 años. Segundo porque el cebo ya le funcionó la primera vez: la dulce estampa de abuela de la democracia movilizó al absentista huérfano de un regazo matriarcal. Y tercero porque si lo personal es lo político, a quién carajo puede importarle que carezca de cualquier balance de gestión.

Sería estúpido negarle a Carmena sus aciertos: reducir la deuda -nunca es tarde para abrazar el liberalismo, así sea por incompetencia presupuestaria-, bendecir la ambiciosa reforma del Bernabéu o traicionar a Podemos hasta partirlo por la mitad. Sospecho que estos méritos innegables no los valora su clientela natural tanto como yo mismo, igual que valoro la labor de zapa desplegada por las infinitas facciones paleomarxistas de Ahora Madrid contra la propia alcaldesa a lo largo de estos cuatro años, con Sánchez Mato a la cabeza de la quinta columna: quién sabe qué disparates habría podido consumar ese equipo municipal de haber gobernado bajo el principio adulto de unidad de acción.

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14 mayo, 2019 · 11:08

El casting de la posteridad

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Leviatán.

-Lo ves, ¿no?

Explicaba lo que para él era evidente y remataba así cada lección para cerciorarse de que para mí también lo era. Blandía la pinza del índice y el pulgar en gesto característico, mientras achinaba los ojos de replicante de regreso de Orión, esos ojos que parecían las ranuras de una persiana por donde se filtrase el crepúsculo de un gran poder. “Lo ves, ¿no?” Y a veces no lo veía, pero tampoco me habría atrevido a interrumpir a Rubalcaba, que estaba sentado a mi izquierda, en el mismo restaurante donde Rajoy se resignó a perder la Moncloa y el partido. Ese Rajoy con el que mi interlocutor había tejido delicadamente el último tapiz del 78, que fue la sucesión en la Corona.

Una tarde de finales del año pasado me llamó Eduardo Madina. Me dijo que Rubalcaba había leído algo mío y quería conocerme. Confieso la ilusión sentida a una edad en que la mitomanía ya no genera excesivas ilusiones, por más que siga apasionándome la actualización diaria de los códigos fijados por Maquiavelo. Crecí bajo la leyenda Rubalcaba, bajo la resonancia temible de aquel apellido que murmuraban en voz baja los etarras en los pisos francos y que maldecían todos los aquejados de manía persecutoria. Lo que no significa que, en efecto, Rubalcaba no los persiguiera alguna vez.

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12 mayo, 2019 · 22:10

Me pareció ver un lindo gatito

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La sonrisa del destino.

A las dos de la tarde de ayer Moncloa distribuyó una foto del encuentro entre Sánchez y Casado que resulta letal para la verosimilitud de la farsa cainita que ambos llevaban ensayando diez meses y cuyo estreno, el último domingo de abril, logró la suspensión de la incredulidad de gran número de abstencionistas. La obra llevaba por título No pasarán esta vez, y versionaba un famoso drama de los años 30 con Pedro Sánchez en el papel de galán antifascista. Un público impresionable que no pisaba el cine desde la Transición se tragó el montaje entero, y las consecuencias se advierten en la inocultable satisfacción con que posa el laureado protagonista. En la foto, Sánchez sonríe como el gato que acaba de comerse al canario y Casado sale de espaldas, aunque no cuesta imaginar que también está sonriendo, porque Casado sonríe cuando ataca, cuando defiende y cuando persigue el empate, que es lo que hace desde que tiene 66 escaños. Pero lo interesante de la foto es la sonrisa de Sánchez, que proclama un relajamiento poscoital, la clase de expresión que no puede impostarse y que solo aflora tras un esfuerzo sudoroso de representación con final feliz. Sánchez ha encarnado al fin la sonrisa del destino que le auguró Iglesias cuando ejercía de profeta ceñudo.

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7 mayo, 2019 · 11:58

María en Príncipe Pío

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Twitter.

Han linchado a María Rey por decir Franco en vez de Napoleón a propósito del 2 de mayo. Hay que reconocer que hemos progresado mucho y ya no te fusilan con nocturnidad al pie de la montaña de Príncipe Pío, pero los que disparan siguen haciéndolo embozados, hurtando el rostro como los pintó Goya para vaticinar que el horror moderno sería industrial y anónimo como lo es la trolería tuitera. Si las redes entrañan un peligro totalitario no es por el grado de violencia sino por la imposibilidad de identificar a sus responsables. Por eso Eichmann en Jerusalén parecía un probo funcionario, una pieza desalmada en un engranaje automático. El fin de la responsabilidad individual es el fin de la civilización.

El tuitero que disfruta haciendo escarnio representa un tipo humano despreciable, pero tan viejo como el público festivo que madrugaba para coger sitio en la plaza donde esa mañana se programaba ejecución y al día siguiente mercado de abastos. La pulsión punitiva, el deseo de castigar al otro -especialmente si el castigado es más famoso que el castigador- supone la oportunidad de aliviar algo la propia irrelevancia mediante el desahogo de un narcisismo imbécil, porque hay que ser imbécil para creer que María Rey ignora de verdad que Franco no existía en 1808. Los trols -salvo los más estólidos- sabían bien que se trataba de un lapsus, pero reconocerlo y contenerse les habría arruinado el goce del ajuste de cuentas ideológico aprovechando que la memoria histórica pasaba por el Manzanares. Otras veces las balas provienen de la trinchera opuesta, la que se presume faro del progreso y resulta más cruel porque a la vesania une la superioridad moral, lo que bloquea cualquier remordimiento. Y así, por el mísero placer de unos parafílicos escondidos, estamos poniendo perdida el ágora del siglo XXI que se suponía que era internet.

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5 mayo, 2019 · 18:48