Daenerys Ibárruri

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Totalitarismo.

De Juego de Tronos -rindámonos a las referencias de nuestro tiempo- solo he sido capaz de extraer dos lecciones políticas. La primera equivale a una vieja ley histórica que el adagio latino enunciaba así: Corruptio optimi pessima. La corrupción de los mejores es la peor. Nadie tan bello como Lucifer. El aristócrata degenera en tirano desde el caso emblemático de Calígula. Luego la buena cuna fue sustituida por las buenas intenciones, es decir, por la ideología. Por eso prefiero la cínica variante de Voltaire -“Lo mejor es enemigo de lo bueno”- y la precisión visionaria de Rilke: “Todo ángel es terrible”. Toda rubia cabalga un dragón. Toda utopía proyectada a un futuro siempre impuntual se cobra un precio abusivo en el presente concreto, razón de que Camus dejara de ser comunista.

Porque Juego de Tronos puede leerse también como la enésima constatación del sangriento naufragio de todas las revoluciones. El comunismo, la utópica persecución de la armonía universal, cuesta cien millones de muertos y muchos más de miserables supervivientes, pero aún hay fantasiosos jinetes de dragones a los que la factura les parece asumible en comparación con una aurora de fraternidad que cautiva y nunca asoma. Basta una crisis económica para regresar religiosamente a la promesa de una igualdad imposible y seducir a unos cuantos votantes tan inexorablemente condenados a la frustración como los espectadores imprudentemente enamorados de Daenerys. El primero de ellos -el primero de su nombre- fue Pablo Iglesias, que se presentaba como khaleesi anticasta de los españoles; o sea, no estaba enamorado de Daenerys sino de sí mismo, cosa que sospechábamos. Ahora que el guion arroja el único final posible para esa loca con trenzas embriagada de poder, Iglesias tuitea su decepción. Acusa el reflejo que le devuelve el espejo de la historia. Al fin y al cabo, Daenerys no es más que un Maduro sin bigote. Otra Pasionaria.

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18 mayo, 2019 · 12:44

Carmena, cariño caníbal

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Canibalismo.

Manuela Carmena es una mujer de 75 años que está convirtiendo ambas categorías -el sexo y la edad- en su mejor argumento para merecer el voto de los madrileños. Y hace bien. Primero porque las razones identitarias no admiten refutación: ella es, en efecto, una mujer de 75 años. Segundo porque el cebo ya le funcionó la primera vez: la dulce estampa de abuela de la democracia movilizó al absentista huérfano de un regazo matriarcal. Y tercero porque si lo personal es lo político, a quién carajo puede importarle que carezca de cualquier balance de gestión.

Sería estúpido negarle a Carmena sus aciertos: reducir la deuda -nunca es tarde para abrazar el liberalismo, así sea por incompetencia presupuestaria-, bendecir la ambiciosa reforma del Bernabéu o traicionar a Podemos hasta partirlo por la mitad. Sospecho que estos méritos innegables no los valora su clientela natural tanto como yo mismo, igual que valoro la labor de zapa desplegada por las infinitas facciones paleomarxistas de Ahora Madrid contra la propia alcaldesa a lo largo de estos cuatro años, con Sánchez Mato a la cabeza de la quinta columna: quién sabe qué disparates habría podido consumar ese equipo municipal de haber gobernado bajo el principio adulto de unidad de acción.

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14 mayo, 2019 · 11:08

El casting de la posteridad

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Leviatán.

-Lo ves, ¿no?

Explicaba lo que para él era evidente y remataba así cada lección para cerciorarse de que para mí también lo era. Blandía la pinza del índice y el pulgar en gesto característico, mientras achinaba los ojos de replicante de regreso de Orión, esos ojos que parecían las ranuras de una persiana por donde se filtrase el crepúsculo de un gran poder. “Lo ves, ¿no?” Y a veces no lo veía, pero tampoco me habría atrevido a interrumpir a Rubalcaba, que estaba sentado a mi izquierda, en el mismo restaurante donde Rajoy se resignó a perder la Moncloa y el partido. Ese Rajoy con el que mi interlocutor había tejido delicadamente el último tapiz del 78, que fue la sucesión en la Corona.

Una tarde de finales del año pasado me llamó Eduardo Madina. Me dijo que Rubalcaba había leído algo mío y quería conocerme. Confieso la ilusión sentida a una edad en que la mitomanía ya no genera excesivas ilusiones, por más que siga apasionándome la actualización diaria de los códigos fijados por Maquiavelo. Crecí bajo la leyenda Rubalcaba, bajo la resonancia temible de aquel apellido que murmuraban en voz baja los etarras en los pisos francos y que maldecían todos los aquejados de manía persecutoria. Lo que no significa que, en efecto, Rubalcaba no los persiguiera alguna vez.

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12 mayo, 2019 · 22:10

Me pareció ver un lindo gatito

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La sonrisa del destino.

A las dos de la tarde de ayer Moncloa distribuyó una foto del encuentro entre Sánchez y Casado que resulta letal para la verosimilitud de la farsa cainita que ambos llevaban ensayando diez meses y cuyo estreno, el último domingo de abril, logró la suspensión de la incredulidad de gran número de abstencionistas. La obra llevaba por título No pasarán esta vez, y versionaba un famoso drama de los años 30 con Pedro Sánchez en el papel de galán antifascista. Un público impresionable que no pisaba el cine desde la Transición se tragó el montaje entero, y las consecuencias se advierten en la inocultable satisfacción con que posa el laureado protagonista. En la foto, Sánchez sonríe como el gato que acaba de comerse al canario y Casado sale de espaldas, aunque no cuesta imaginar que también está sonriendo, porque Casado sonríe cuando ataca, cuando defiende y cuando persigue el empate, que es lo que hace desde que tiene 66 escaños. Pero lo interesante de la foto es la sonrisa de Sánchez, que proclama un relajamiento poscoital, la clase de expresión que no puede impostarse y que solo aflora tras un esfuerzo sudoroso de representación con final feliz. Sánchez ha encarnado al fin la sonrisa del destino que le auguró Iglesias cuando ejercía de profeta ceñudo.

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7 mayo, 2019 · 11:58

María en Príncipe Pío

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Twitter.

Han linchado a María Rey por decir Franco en vez de Napoleón a propósito del 2 de mayo. Hay que reconocer que hemos progresado mucho y ya no te fusilan con nocturnidad al pie de la montaña de Príncipe Pío, pero los que disparan siguen haciéndolo embozados, hurtando el rostro como los pintó Goya para vaticinar que el horror moderno sería industrial y anónimo como lo es la trolería tuitera. Si las redes entrañan un peligro totalitario no es por el grado de violencia sino por la imposibilidad de identificar a sus responsables. Por eso Eichmann en Jerusalén parecía un probo funcionario, una pieza desalmada en un engranaje automático. El fin de la responsabilidad individual es el fin de la civilización.

El tuitero que disfruta haciendo escarnio representa un tipo humano despreciable, pero tan viejo como el público festivo que madrugaba para coger sitio en la plaza donde esa mañana se programaba ejecución y al día siguiente mercado de abastos. La pulsión punitiva, el deseo de castigar al otro -especialmente si el castigado es más famoso que el castigador- supone la oportunidad de aliviar algo la propia irrelevancia mediante el desahogo de un narcisismo imbécil, porque hay que ser imbécil para creer que María Rey ignora de verdad que Franco no existía en 1808. Los trols -salvo los más estólidos- sabían bien que se trataba de un lapsus, pero reconocerlo y contenerse les habría arruinado el goce del ajuste de cuentas ideológico aprovechando que la memoria histórica pasaba por el Manzanares. Otras veces las balas provienen de la trinchera opuesta, la que se presume faro del progreso y resulta más cruel porque a la vesania une la superioridad moral, lo que bloquea cualquier remordimiento. Y así, por el mísero placer de unos parafílicos escondidos, estamos poniendo perdida el ágora del siglo XXI que se suponía que era internet.

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5 mayo, 2019 · 18:48

El Sánchez con el que sueño

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¿Qué Sánchez será Sánchez?

Reconozco que contra Sánchez se vive estupendamente, así que deberían aguardarme como mínimo cuatro años más de felicidad. Pero tampoco me importaría sacrificar mi placer personal en el altar de la geometría variable y posicionarme algún día a favor de Sánchez. No solo para saber lo que se siente militando del lado del Periodismo, o sea, ascendiendo de la umbría caverna al cielo socialdemócrata por la escala luminosa del rayo del progreso, sino porque eso significaría que incluso Sánchez puede ser distinto de Sánchez si se dan las condiciones adecuadas. Y eso brindaría una esperanza decisiva a todo adulto atrapado en una identidad inmadura de la que ansía liberarse.

Veamos. Sánchez tiene 123 escaños y suma 175 con Podemos, PNV, CC, Compromís y un señor enviado a Madrid por Revilla, nuestro primer populista, el hombre de Altamira de la política espectáculo. Yo mismo, que soy uno de los antisanchistas más reconocibles del país, podría experimentar una tímida floración de sanchismo si Sánchez se comprometiera a no pactar con ERC ni Bildu el resto de la legislatura, aunque ello le obligase a trabajar alianzas más arduas y respetuosas con la Constitución y la decencia. A ello le ayudaría Iglesias, que ahora va de cura obrero del 78 poseído por el ánima de Pérez-Llorca.

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30 abril, 2019 · 11:29

Un Sánchez contra Rivera hasta 2023

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Oposición.

Mira que el truco se veía a kilómetros. Mira que lo habíamos avisado. Mira que todos sabemos que en España gana la derecha únicamente cuando la izquierda se queda en casa. Mira que escribimos que Sánchez besaba cada noche un póster de Santi Abascal, cuyos mítines inflamaban al pueblo elegido tanto como movilizaban en su contra a los aterrados progres. Vox ha sido el regalo incalculable que se encontró el candidato menos querido de la historia del PSOE: fragmentó a su alternativa y aglutinó en torno a Sánchez el voto útil de la izquierda. Todo estaba sobradamente advertido, como también que a Vox la vida de escaño se le antojará bastante menos épica que las cabalgadas en campaña, así que prevemos una pronta domesticación de nuestros patrióticos jinetes, cuyo voto resultará baldío esta legislatura dada la correlación de fuerzas. Siempre podrán decir que nadie les venció en la categoría de mítines multitudinarios; los mismos mítines que sirvieron para llenar de votos las sacas socialistas como no las habrían llenado ni los mítines del PP ni los de Cs. Pero hay otra España de decibelio bajo y razón tímida que se expresa a solas en una urna, y resulta que es más numerosa.

Si en tiempos volátiles cada cita con las urnas examina también el crédito de los periódicos, podemos presumir de que el nuestro sale reforzado del 28-A. Porque ha pasado exactamente lo que dijimos que pasaría. La crisis de representatividad en la política occidental favorece la emergencia de opciones populistas que fomentan un voto expresivo, identitario, poco cerebral, si es que alguna vez se votó solo con el cerebro. Con todo, España no es por fortuna ni la América de Trump ni la Inglaterra del Brexit, y es culpa de no pocos tertulianos -sospechosamente coincidentes con el argumentario de Moncloa- haber sobredimensionado adrede la riada de Vox que finalmente se ha quedado en 24 escaños. Como tampoco fue tal la cacareada remontada de Unidas Podemos, lo que abre la puerta a un relevo en la dirección morada de tal modo que Pablo pueda al fin practicar menos el paternalismo de Estado y más el de chalé.

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29 abril, 2019 · 13:55

La España de la idea

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La rabia o la idea.

Cuando Cs comenzó su expansión por España, quedaban tres años para que el nacionalismo tratara de separar de un golpe a los puros de los mestizos y a los ricos de los pobres. Por eso su discurso, sin olvidar la resistencia a la ingeniería social pujolista que les hizo nacer -nacer para sobrevivir-, se centraba en la impugnación de la trampa bipartidista. En la que necesariamente caía el españolito que venía al mundo por falta de opciones. Una amiga me dio entonces una razón singular para votar a Cs: “Votaré para saber que existo”. Había votado al PSOE y al PP, le gustaban cosas de unos y otros, y no quería resignarse a parecer facha cuatro años y roja los cuatro siguientes. El apoyo al partido que reivindica la ciudadanía se convertía así en voto identitario: “No soy lo que queréis que sea: ni la tesis de unos ni la antítesis de otros”. El futuro, tercia Hegel, pertenece a quienes logran la síntesis.

El resurgimiento deliberado de las dos Españas en esta campaña devuelve vigencia a esa rebeldía. La moción abrió una brecha en el constitucionalismo y Sánchez, una vulgar criatura de aparato obsesionada con el poder a cualquier precio, cavó más honda la zanja cada viernes para lucrarse de ese maniqueísmo: a un lado los fachas, al otro él. Y cada miércoles, en el Congreso, apuntaba a Rivera como el mayor obstáculo para el crédito de su relato, empujándolo al bando conservador para quedarse el votante de centro, el que hace frontera con el PSOE. El que mañana lo decide todo. El que, si no se traga la propaganda gubernamental y apoya a Cs, desaloja a Sánchez.

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28 abril, 2019 · 17:39