
El zapaterazo está sometiendo a la izquierda a un volumen insoportable de disonancia cognitiva. Es una enfermedad autoinmune, una revuelta del pastor contra las ovejas, algo así como si un ejército de tunos armados de tenedores gigantes se pusiera a rayar las vidrieras de la catedral de León. La no izquierda no entiende ese dolor, porque jamás ha idealizado a un gobernante tan nefasto como José Luis Rodríguez, pero para entender a sus paisanos del otro lado del muro le bastaría imaginar, qué sé yo, a Mayor Oreja brindando con Josu Ternera en una herriko de Azpeitia, o a Rajoy detenido por menudeo de hachís en Lavapiés. El opio de la izquierda es la superioridad moral, y a todos esos yonquis del dedito levantado la UDEF les acaba de detallar la clase de mierda que estaban consumiendo. Por eso el zapaterazo puede provocar más síndromes de abstinencia que la heroína.













