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Marta Sorlí: “Compromís, a diferencia de Podemos, pasó de la protesta a la propuesta”

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Marta Sorlí.

Se queja Marta Sorlí (Castellón, 1986) de que profetizaron la quema de iglesias el día que Compromís llegó al poder. «Llevamos dos años gobernando y no hemos quemado ninguna», asegura la joven diputada del partido o coalición de partidos que vicepreside la Generalitat valenciana. Y es verdad que Mónica Oltra no ha quemado ninguna iglesia; si acaso ha quemado a Iglesias, Pablo, más de una vez con su manía de no bailarle el agua tan dócilmente como otras fuerzas de izquierda del Congreso. Porque hay que reconocer que Compromís tiene vida propia. Se desmarcó del grupo parlamentario de Unidos Podemos. Se negó a abandonar el hemiciclo cuando Iglesias decidió que el cadáver aún tibio de Rita Barberá no merecía un minuto de silencio. Y cuando don Pablo presentó su moción de censura, Joan Baldoví le pidió que la retirara hasta que contara con apoyos. ¿Deslealtad? ¿Moderación traidora? Más bien madurez. Sorlí, sin decirlo así, explica muy bien la diferencia entre populismo e izquierda institucional: «En el fondo estamos de acuerdo en muchísimas cosas, pero Compromís tiene más trayectoria y ha hecho una evolución de la protesta a la propuesta. Podemos está aún en la primera fase, y ahí discrepamos».

Marta Sorlí tiene claro que no se metió en política para eternizarse en la pose adolescente sino para mejorar con propuestas reales la vida de las personas. «La política institucional es muy diferente a la política de oposición. Aquí tenemos más margen de libertad que en las Cortes Valencianas. No creo que se haya perdido frescura allí, donde se están haciendo políticas transgresoras, pero es cierto que de la Mónica Oltra de las camisetas a la vicepresidenta Oltra hay un camino, para mí positivo». Para ella seguro que también. Y parece que los sondeos también aplauden la maduración que a otros se les resiste.

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15 agosto, 2017 · 12:35

Zurda fobia a España

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Duelo de soberanías con Despeñaperros al fondo.

Entre Pedro y Susana ha estallado la paz, y lo sentimos. Su pelea era la última esperanza que nos quedaba de limitar algún día el número de naciones que contiene España. Ahora proliferarán las soberanías al norte de Despeñaperros, cada una con su hecho diferencial y su identidad histórica, que es la manera genial que ha encontrado Sánchez de llenar la España vacía. A falta de individuos físicos, la va a petar de espectros nacionales. Cada mañana los españoles actualizaremos en el teléfono el diseño territorial del Estado, igual que consultamos la previsión meteorológica, más que nada para no invadir a nadie sin querer al salirnos de la M-50.

A la amenazada especie del socialista ilustrado -ese lince ibérico atropellado una y otra vez por el sanchismo- le frustra la degradación de su vieja sigla. Por eso se va Madina. Pero antes de derramar lágrimas socialdemócratas debería preguntarse por el momento exacto en que empezó a joderse el PSOE, vencido hoy bajo el peso de una letal hispanofobia que se remonta -como explica María Elvira Roca– a la traición de los afrancesados, ganados por rencor o por dinero para la causa extranjera de la leyenda negra. A Pedro Sánchez no le cabe siquiera el mérito de resultar original o decisivo en el natural progreso de ese daño; lo único que él ha descubierto es una capa desconocida de dureza en el rostro vulgar del trepa ibérico.

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31 julio, 2017 · 8:43

Poesía y contabilidad

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Gil de Biedma, poeta catalán y español.

Que la independencia iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde. Como todos los indepes, yo vine a llevarme el Estado por delante. Estos versos habrá de repetirse dentro de unos años, desde el áspero regazo de la madre de todas las resacas, el crédulo culpable del Procés; ese populismo con lindes que le robó el corazón solo hasta el instante exacto en que amenazó con tocarle el bolsillo. Vendrán entonces tiempos buenos para la lírica del género elegíaco: quisimos dejar huella, marcharnos de España entre aplausos, aunque ya entonces sospechábamos las dimensiones del teatro. Fue una obra total, rememorarán los nostálgicos: nosotros escribíamos el guion, nosotros lo representábamos y nosotros nos aplaudíamos a nosotros mismos. Pero al final asomó la insoportable verdad: la producción corría a cargo del FLA. Es decir, del propio Estado, que un día decidió bajar el telón.

Harán falta las mejores plumas de la narrativa barretinera para presentar a las futuras generaciones un relato tolerable de semejante ridículo. El censurado Morán revelaba en su artículo el pensamiento inconfesable que circula estos días entre los guionistas de la farsa: “Solo un muerto salvaría a Cataluña”. Y así es. Lo que eleva una opereta bufa a la categoría de drama épico es la intervención del hecho trágico. Pero qué tanque vas a mandar contra un Turull, por el amor de Dios. No merecen ni aquel madrugón en Perejil. Basta, y sobra, un pelotón de contables, como dice Ignacio Camacho.

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26 julio, 2017 · 14:08

Gol-Pep de Estado

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En el interior de la urna, el conocimiento jurídico de Pep.

La prueba de que el separatismo ha degenerado en folclore, tipo pan con tomate o castillos humanos, la aportan los dos costaleros que apuntalan los últimos sillares de su ruinoso prestigio: un cantautor protesta y un entrenador de fútbol. Por un lado está Lluís Llach, que ha pasado de cantar contra Franco a repartir estacazos de advertencia sobre los funcionarios que permanezcan leales a la ley. Y luego está Josep Guardiola, Pepe Hucha en traducción, que ha pasado de defender la camiseta de la Roja -no consta que lo llevaran a los mundiales a punta de pistola- a cargar contra los «abusos de un Estado autoritario». Si está aludiendo a la Duodécima y a la Liga, comprendemos su frustración: la hegemonía del Real Madrid empieza a resultar ciertamente abusiva. Y para colmo el único título que puede celebrar su Barça colonial lo entrega el Rey de la metrópoli.

Cualquiera activista de Unicef que oiga a Pep hablar de «persecución de derechos» pensará que se refiere a los niños usados en cadenas humanas y televisiones públicas para revestir de ternura kitsch la propaganda de un plan de expropiación de soberanía. Pero suponemos que don Pep no se refiere a ellos, ni a los derechos escolares de los castellanoparlantes, ni a la maniobra venezolana con que han excluido a la oposición del debate parlamentario en su propia cámara. Ni tampoco a las comisiones que financiaron durante décadas al partido que aún lidera el golpe.

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12 junio, 2017 · 14:26

La nación a pitos

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Palco y tribu.

No gana el Barça para disgustos. Primero encarcelan a su presidente más votado. Después Messi suma a sus cinco Balones de Oro una condena firme del Supremo, palmarés ya inalcanzable. Para remate, el equipo del procés se alza con el título que lleva el nombre de un monarca español. Su roussoniana afición, ajena a las prolijidades jurídicas de la transitoriedad, lo celebró jubilosa, y el capitán recogió agradecido el trofeo de manos del Rey en lugar de devolverlo cabalmente, como haría el delegado de cualquier colonia orgullosa de su lucha.

Sí, se pitó el himno. Y esa pitada es lo más cerca que va a estar el separatismo de dar un golpe de Estado. Emitir un silbido prolongado al sudado abrigo de la masa no constituye, digamos, la clase de gesta que pintaría Delacroix. El Derecho Comparado no tiene noticia de ninguna nación que lograra constituirse en Estado a base de pitidos. Don Felipe en esos trances aparece con rostro serio, pero por dentro se encontrará devorado por la ternura. Sabe que ningún Borbón reciente se enfrentó a republicanos más inofensivos.

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29 mayo, 2017 · 12:00

Carta de una vaca a Rajoy

14957389784645Estimado presidente:

Me presento. Soy una vaca sin papeles, me llamo ‘Margarita‘ y le escribo desde el corredor de la muerte de las vacas. Como aficionado a los refranes sabrá que uno no es de donde nace sino de donde pace, y yo he pacido toda mi vida en Cataluña. Sin embargo, a ojos de la Generalitat no soy lo suficientemente catalana como para seguir viva: carezco de una trazabilidad clara, al parecer. Represento un peligro para la salud de mis conciudadanos, que no deben mezclarse con especies no homologadas. Yo no sé a qué le suena todo esto, pero a mí desde luego me recuerda a Himmler, aunque él al menos ponía mucho cuidado al entrar en casa cuando regresaba tarde del trabajo para no despertar a su canario.

Concernida por la delicada situación en que me encuentro, comprenderá que haya seguido con el máximo interés el intercambio epistolar que usted ha protagonizado con mi president, el señor Puigdemont. Hablan ustedes de soberanía, de voluntad de entendimiento, de responsabilidad institucional; pues bien, apelo a mi condición de bóvido residente en un Estado de Derecho para terciar con intención constructiva en la disputa. Porque mi caso puede ser el de muchos, y mi vida está en manos del Govern como la de todas mis paisanas.

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El bueno (Zoido), la fea (Concepción Espejel) y el malo (Rosell) en La Linterna de COPE

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26 mayo, 2017 · 10:43

Puigdemont en Cibeles

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La relación de Puigdemont con la ley.

No entiendo las críticas a la alcaldesa por haber invitado a Carles el Pilós a vender su golpe de Estado a plazos en Cibeles. Lo malo no es que el president sea recibido en Madrid; lo malo es que se vaya, que no se quede el tiempo suficiente para experimentar sensaciones desconocidas para él como el respeto a la ley, el decoro institucional, el pluralismo político o la limpia carencia de identidad terruñera que caracteriza a los madrileños. Si don Carles se quedara aquí a vivir una temporada, quizá descubriría que es posible sobrellevar la existencia sin pedir un Estado propio cada cinco minutos. Es posible incluso que experimentase una emancipación personal de su tiránico deseo de emancipación nacional. No sería el primer político ultramontano que al mudarse a la metrópoli para ocupar su escaño termina ventilando su aldea mental, colgando el nacionalismo como quien cuelga unos hábitos arcaicos y entregándose a una provechosa mundanidad.

Madrid provoca dos reacciones: el ansia dominguera de huir y el anhelo insoportable de volver. Madrid siempre ha sido una capital especialmente acogedora con sus odiadores porque se deja odiar con ternura, como esa madre que encaja sonriente en el regazo las pataditas del bebé quejoso. Así que la progresista Carmena sólo prolonga una maternal tradición. Ninguna ciudad del mundo se deja detestar con tanto amor por quienes la cubren de monstruosas atribuciones, desde central lechera a meseta cavernaria, sin olvidarnos del clásico fascismo, y eso que a Franco le costó bastante más entrar en Madrid que en Barcelona. Ahora entra aquí otro descontento con la legalidad vigente -mucho más inofensivo que el general, no comparemos-, y estamos seguros de que pasará un rato agradable, se le tratará con la deferencia debida, expondrá su delirio sin interrupciones y se marchará bien desayunado y mejor atendido, cuando no entre aplausos.

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22 mayo, 2017 · 11:57

‘Amadís’ Sánchez

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A la izquierda, la realidad; a la derecha, Pedro Sánchez.

Una legislatura es eso que transcurre entre derrota y derrota de Pedro Sánchez, y cada vez transcurre menos tiempo. En Sánchez se inspiraron los Python para su caballero negro de la mesa cuadrada, aquel que profería contra su adversario amenazas tanto más terribles cuantas menos extremidades le iban quedando, hasta que fue reducido a un tronco con cabeza y proclamó eufórico su victoria. También don Pedro cabalga de nuevo a lomos de sus avales y el gozo le revienta por las cinchas del caballo, como a Alonso Quijano tras ser armado caballero. Ya contábamos con el entusiasmo que el quijotismo apareja en su locura; cuesta más explicar la satisfacción de quien apuesta por un loco. El problema no es Sánchez, sino el que avala a Sánchez. Españoles: ¿quién avala al avalista? Todo militante del PSOE dispuesto a avalar a Sánchez debería presentar primero su nómina en el banco, como se hace al firmar una hipoteca de riesgo; adjuntar el psicotécnico sería ya opcional.

Pedro Sánchez es un trapisondista entrañable, más terco de lo frecuente, ayuno de consciencia y sobrado de cintura, que se refuta a sí mismo sin sonrojo tres veces al día porque sabe que la memoria del pueblo dura bastante menos que su resentimiento (el del pueblo, no el suyo, que también). Sánchez es un personaje de novela picaresca, y que lo hayan alzado al género de la caballería andante -“¡no es no!”, grita mientras acomete los molinos de la trama- solamente se comprende por el rencor contra Susana, mucho más estimulante que el recuerdo de voto en dos elecciones generales, por no irnos a los programas, que no recuerda ni quien se los escribió. Amadís Sánchez se ha metido otra vez en la carrera por el trono de Ferraz porque le adornan dos atributos españolísimos: el odio al rico y el amor a los difuntos. Aquí siempre hemos reservado los mejores elogios a los muertos; si además el cadáver resulta ser un mártir del Ibex, lo lloramos con tanto sentimiento que somos capaces de resucitarlo. He ahí Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi etcétera. Total, cualidades de estadista nadie le adivina tampoco a la presidenta de Andalucía, donde las personas con empleo y sin cargos por corrupción gozan de la categoría ufológica de avistamiento.

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La buena (Báñez), la fea (Susana) y el malo (Montoro) en La Linterna de COPE

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5 mayo, 2017 · 11:31