Archivo de la etiqueta: beatería nacionalista

Bajo el peso de la gran boina

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Baldoví, un valenciano desesperado por Montoro.

Amaneció el Congreso de los Diputados bajo una boina gigantesca, pero no era atmosférica sino foral. Era la gran txapela del Cupo vasco, que sigue cubriendo los cráneos privilegiados del septentrión peninsular exactamente como en tiempos de Cánovas. La boina de polución que tizna el cielo de Madrid es más reciente, pero me temo que los madrileños respiraremos oxígeno hiperbárico, como Raúl en aquella cabina donde dormía para estirar su carrera, antes de que los vascos o los navarros renuncien a su derecho a ser superiores. Porque, efectivamente, el privilegio vasco-navarro es el único supremacismo consagrado expresamente por la Constitución. Qué le vamos a hacer, dirán los padres patrios, si en aquellos años ETA ponía cien muertos al año encima de la mesa de negociación.

Amenábar estará lamentando que Aitor Esteban haya destripado el suspense de la lotería de este año: ya sabemos todos que el gordo -1.400 millones de euros- ha caído íntegro en Euskadi. Las cámaras habrá que mandarlas a los batzokis, donde ya están festejando que podrán tapar agujeros del tamaño de una galaxia, que por otra parte es la medida común en el mismo Bilbao. Sin embargo, Esteban se cuidó de mentar el asunto y preguntó por la ley de secretos oficiales a cuenta del Piolín. A Rajoy le faltaron reflejos para contestar: “Pero Aitor, qué secretos vamos a tener entre nosotros, ladrón”.

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22 noviembre, 2017 · 20:19

La campaña Python

lifeofbrian

Próxima lista de Juntos por el Sí.

Hubo un tiempo en que los procesionarios ofrecían orgullosamente las muñecas a las cámaras. ¡Podéis encarcelarnos, no tenemos miedo! Y en grupo llevaban razón, porque individualmente sabían que su orgullo corría a cargo de la libertad y hacienda de sus representantes. De ahí las lágrimas vertidas en el parque de la Audiencia y los cafés sorbidos de incógnito en Bruselas. En un furgón no cabe la voluntad de un pueblo, pero hay espacio de sobra para varios consejeros.

Los patriotas, como los borrachos, siempre dicen la verdad, aunque luego no quieren responsabilizarse de lo dicho y de lo hecho. La patria es un alcohol que hay que consumir con moderación. Cuando la perdemos, empezamos a sentir que para nosotros no rigen las leyes, la de gravedad en primer lugar. Y a la gravedad le da igual que creamos en ella o no. El borracho se proclamará independiente de ella, pero ella nunca se independiza del borracho, y cuenta con maneras dolorosas de recordarle su tenaz soberanía.

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Vuelve El bueno (Lamela y Llarena), el feo (Santi Vila) y el malo (Dante Fachin) en La Linterna de Cope

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4 noviembre, 2017 · 11:07

Cuando el humo se disipe

15091224181931.jpgCuando el humo se disipe deberían quedar en pie algunas certezas distinguibles, de contornos nítidos, recortadas contra el polvo retórico que nos asfixia. Debería quedar en pie la diferencia entre el Gobierno y el Estado, y entre la formalidad democrática y la innegable emoción del nacionalpopulismo. Deberíamos también haber atisbado los límites de la política, que son tan anchos como los del amor, pues sólo limitan con lo penal. Cuando el humo se disipe habremos recordado por qué se representa a la diosa no con una balanza y una zanahoria, sino con una balanza y una espada, porque sin fuerza no hay justicia. Y habremos aprendido a desconfiar de la soberana voluntad de los niños, que desconocen la amargura por las plegarias atendidas, para reclamar los tratos entre hombres, a quienes las frustraciones enseñaron que la vida va en serio sin necesidad de tachar rayas en la pared de una celda.

Pero sobre todo deberíamos aprender a separar a los pueblos de los mesías que creen acaudillarlos, porque no hemos asistido a la caída de Cataluña sino a la de algunos catalanes demasiado decisivos. Los pueblos, queridos niños, no se independizan. Los pueblos no tienen derechos. Ellos no deciden pasar a sus plurales habitantes por la horma de una lengua o una etnia. Los pueblos no luchan, no desafían las leyes, no obedecen mandatos populares, no son el juguete de una dialéctica cósmica. Los pueblos no van a la cárcel, porque el derecho no contempla responsabilidades abstractas y colectivas sino concretas e individuales. Los pueblos no son libres, ni esclavos. Los pueblos, como mucho, figuran en los mapas, y porque hay cartógrafos que los dibujan. Es el hombre solo, empujado por móviles febriles, el que se revela en este histórico drama, que en el mejor de los casos es la obra de actores conscientes de sus actos e inconscientes de su destino, como escribió Raymond Aron a propósito de la guerra.

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30 octubre, 2017 · 10:10

Cómo disuadir a tu lunático

Carles Puigdemont

Lunático contemporáneo.

A algún federalista con humor se le ocurrió diseñar los pasillos del Senado al estilo náutico, de modo que los despachos semejan camarotes y los senadores soportan la sensación de trabajar en el Titanic. Sin embargo, no es el Senado el que se hunde, y menos ahora que ha encontrado su drástica utilidad, sino la autonomía de Cataluña que el 78 restauró, que el separatismo ha arruinado y que el 78 ha de volver a restaurar ahora. Cuenta con una potente bomba de agua que lleva un número de serie: 155. Y un precinto intacto. Nadie sabe manejar esa bomba. Nadie quería aprender. Mienten -o desconocen el marianismo- quienes imputan al PP unas ganas locas de someter a Cataluña. No imaginé el discurso de Sáenz de Santamaría en boca de Cromwell, y no por la ronca ejecución sino por el tono funeral: una mezcla palpable de fatalidad histórica, pereza infinita y ese pánico a lo desconocido característico de los altos funcionarios del Estado.

La vicepresidenta prescindió de toda vibración, refirió sobriamente los hitos de la revuelta e insistió en lo obvio con un punto de cansancio: no se trata de instaurar un centralismo secretamente codiciado, sino de que la peña cumpla la ley en todas partes, tanto si habla catalán como si aspira las eses. Recordó una verdad jurídica esencial que agoniza bajo la catarata de catequesis catalanista: las competencias de la Generalitat no emanan de la sangre de Wilfredo el Velloso sino de la Constitución. No hay una legalidad medieval ininterrumpida y previa al hecho fundacional de nuestra democracia, que es el referéndum constituyente que convocó a todos los españoles, incluidos los catalanes, hace 40 años. El poder de Puigdemont no proviene de los cojones peludos de un remoto señor feudal en cota de malla, sino de un contrato social contemporáneo. Pero la gente solo escucha al abogado cuando llega una multa a casa o cuando planea el divorcio. Y Soraya debería saberlo. De don Carles no esperaríamos ni que saliera de la cárcel habiéndose aprendido las provincias de Andalucía.

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27 octubre, 2017 · 18:25

Carlismo de cacerola

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Nacionalistas de ayer y de siempre.

Si Foxá nunca les perdonó a los comunistas haber tenido que hacerse falangista, don Mariano nunca les perdonará a los indepes haber tenido que hacer política. Porque el 155 está a mil millas de la inercia funcionarial en que Rajoy de ordinario mece su poder: el 155 impone el desenvolvimiento puro de la facultad ejecutiva. Se comprende su vértigo bartlebyano ante la llamada de la acción y por eso sujeta fuerte el brazo del PSOE, para compartir responsabilidades y de paso vengarse de las urgencias de Rivera, a quien sin embargo ha acabado dándole la razón a regañadientes.

El restablecimiento del orden constitucional en Cataluña será arduo, porque allí vive gente tan española que sabe de buena tinta que la juez Lamela es Rajoy con peluca, de quien dependerían en el fondo todos los poderes del Estado, a exacta semejanza de la Cataluña unívoca y compacta que anhelan construir. El latino entiende mal la separación de poderes más o menos desde Julio César. Sufre menos disonancias cognitivas si vive persuadido de que hay un hombre en España que lo hace todo, de modo que Rajoy prende los bosques y entrulla a los Jordis. Esta granítica sospecha revela un alma de súbdito resabiado cuyo pánico a que lo tomen por idiota no hace sino confirmar que lo es. Su recelo preventivo opera menos por interés malicioso que por química estupidez: jamás le perdonaremos a la gran industria de la necedad que ha sido el Proceso que nos haya robado la fe en la maldad humana. Tan literaria.

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El bueno (Cantó), el feo (Ábalos) y el malo (Soto del Real) en La Linterna de COPE

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23 octubre, 2017 · 13:30

Del contubernio al tubérculo

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Tardá en su Lepanto particular.

Reconforta que los debates que llevan tiempo en la calle desemboquen naturalmente en el Parlamento, sede de la representación ciudadana. Nos referimos al debate sobre la tortilla de patata, que incendia las redes desde hace años. Cómo cocinamos la tortilla. Con cuánta patata. Y de qué variedad, pues el tubérculo es un vegetal identitario: está la patata valenciana reivindicada por Baldoví, la euskopatata de Esteban, el cachelo galaico, la papa canaria o la patata caliente de Puigdemont, que tiene cinco días para decidir si la quiere con cebolla. O sea, con el 155.

Sabemos que el debate se produce porque la receta de la tortilla española quedó demasiado imprecisa en el título octavo de la Constitución. A diferencia de la tortilla francesa, que no lleva patata y por tanto goza de mayor uniformidad, la tortilla española corre siempre el peligro de descomponerse como Míster Potato, ese juguete que tratado a golpes (de Estado) acaba perdiendo los ojos, las narices y el bigote porque cada una de estas extremidades decide proclamarse juguete soberano. Queda entonces un cuerpo ocre y mutilado que sería Castilla. Abandono ya la fiebre metafórica, pero es que ya no sabe uno cómo explicar a los niños el concepto de soberanía nacional.

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12 octubre, 2017 · 13:49

‘Llorard’ Piqué

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Llanto supremacista.

Caía la tarde del domingo ominoso cuando en la redacción alguien ahogó un grito de terror:

Piqué está llorando!

De inmediato se formó en torno a la pantalla un remolino de periodistas incrédulos, con lo caro que se ha puesto sorprenderse. Pero no mentía. Era Gerard Piqué y estaba llorando. Los motivos por los que rompe a llorar un multimillonario, casado con una atractiva estrella del pop, que se gana la vida jugando -al fútbol, al póker, a la consola-, siempre despiertan una natural curiosidad. Entre hipadas, los ojos hinchados como si acabara de perder dos Champions seguidas, don Gerard balbució un deseo largo tiempo reprimido de expresión nacional que hasta la fecha habíamos creído satisfecho, y hasta avalado por un par de Eurocopas y un Mundial.

Nos engañábamos. Piqué no era el muchacho risueño de carcajada abierta, aficionado a bromear en Twitter y a proyectar cariñosos escupitajos sobre los compañeros para regocijo general de su nutrida audiencia. Esa no era más que la máscara profesional de un hombre atormentado por un drama interior, por un amor que no se atreve a decir su nombre. Piqué vestía la camiseta de España como los gays se casaban en la era victoriana: para salvar las apariencias. Piqué es el Oscar Wilde del derecho a decidir -de hecho afeó a Rajoy que no supiera hablar inglés-, y con sus lágrimas no hacía otra cosa que escribir su particular De profundis: «¡Los catalanes no somos los malos, queremos simplemente votar!».

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3 octubre, 2017 · 11:04

Llora, catalán, y conquistarás el mundo

A2-85931633.JPGEl argumento del 1 de octubre de 2017 es el amor. Algunos se quedarán con las cargas policiales y las urnas arrancadas, y los cinturones negros del victimismo aprovecharán la legítima violencia del Estado para invertir la energía del golpe y presentar al defensor de la ley como al allanador de su morada, sin dejar de ejercer un ápice de violencia propia. Pero esa llave de judo a la democracia parecerá el abrazo de un amante, y de eso se trata.

Nos tienen advertido que el fin del mundo no se consumará con una explosión, sino con un gemido. De igual modo, la democracia mediática de la posmodernidad no muere bajo los porrazos de la policía, sino por un beso filmado a tiempo. El pueblo es muy enamoradizo: se va con cualquier descarado que sepa cortejar su vulnerable autoestima. Y ese beso fundacional termina siempre posándose sobre la mejilla de un caudillo oportuno y cachondo, con esa forma de hablar -ese cinematográfico relato- tan irresistible que nos persuade del divorcio con la democracia liberal, ese marido estable pero aburrido con el que la masa ya no siente placer.

Esto es lo que está pasando, una vez más, en una pequeña parte de un continente que ha proyectado la misma puta película cientos de veces, interpretada por actores diferentes, explotada lucrativamente por remakes que nunca acaban de escarmentarnos, porque cada día nacen nuevas generaciones que desconocen el final.

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Me entrevistan en la radio largo y tendido sobre columnismo

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1 octubre, 2017 · 23:07