Archivo de la etiqueta: El chavismo nunca muere

La hoguera de las identidades

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Fascismo ante una estatua antifascista.

Hemos visto a las conciencias más comprometidas de Occidente vandalizar el monumento a Churchill en Londres y amenazar el de Lincoln en Washington después de que las estatuas de Fray Junípero aparecieran decapitadas en California. Si yo tuviera que escribir un libro sobre el espíritu de nuestro tiempo, elegiría esta anécdota para elevarla a categoría moral. ¿Qué significa que los adalides más contrastados de la libertad sean víctimas de la purga retrospectiva de sus compatriotas?

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9 junio, 2020 · 14:14

No odiéis a Sánchez

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Torrentismo.

Ya me gustaría no escribir sobre Sánchez, ocupación menestral que da una pena que tizna cuando estalla según Miguel Hernández. Pero no a todas las generaciones les es dado atestiguar la transformación de su democracia en un comedero de patos, encabezado por el Gran Cormorán.

El mecanismo mental de Sánchez no es más sofisticado que el de un chupete: es un niño que tiraniza a los demás para satisfacer su capricho y que desconoce cualquier noción de responsabilidad. Pero por si se me escapara algo me he puesto a ver la serie que le recomendó a su compay Iglesias, Baron noir. Esperaba encontrar maniobras políticas de una diabólica sofisticación, pero me he encontrado con una serie llena de ingenuidad por comparación con el brutalismo institucional del caso Marlaska, sin ir más lejos. En Baron noir, de hecho, los ministros de izquierdas dimiten cuando la mierda rebosa la bañera. La serie es de 2016 y se nota: el partido socialista francés aún existía y Trump aún no había enseñado a los líderes-niño de este mundo que los límites son para los perdedores.

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6 junio, 2020 · 15:39

Iglesias, Pablo

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Celebrity comunista.

Iglesias Turrión, Pablo Manuel. Político español, Madrid 1978. Nació el año de la concordia constitucional y en la misma cuna se lo tomó como un ultraje. Hijo único, mimado por sus padres, luz de su vida, fuego de sus entrañas. La lengua emprende un largo viaje desde las brumas obreras para bautizarlo: Pa-blo-I-gle-sias. Pronto se sintió predestinado. Le habían puesto nombre de fundador, así que debía encontrar algo que fundar. Su adolescencia fue tan intensa que no pudo superarla. Ahí sigue, la coleta blanca, rememorando aquellos años de tierno fanatismo en que sopesó entrar en el seminario de Soria. Pero le gustaban demasiado las mujeres, así que buscó la vía para limitar la libertad y la propiedad ajenas sin dejar de disfrutar de las propias: ingresó en la iglesia comunista.

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31 mayo, 2020 · 22:13

El escudo de Pablo Iglesias

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El poder.

Cada vez que Pablo Iglesias habla del escudo social me lo imagino subido a él como Abraracúrcix, soportado por dos mucamos de Galapagar. Ese escudo desde el que habla le sostiene en la cumbre de la jerarquía política y de la clase burguesa, encaramado a ella en virtud del mismo sistema que detesta. La economía de mercado y la democracia parlamentaria premiaron su innegable talento para el espectáculo con nómina mullida, hogar amplio y prole numerosa. Un español afortunado que capeará la recesión mejor que la mayoría.

A la irreductible tribu que comparte sus supersticiones -pero no su posición- se dirige un vídeo entrañable que culpa al neoliberalismo unicornial, a Amancio Ortega, a Pablo Casado y a Tutatis de que España se haya convertido en la mayor morgue de Europa, solo por detrás de otro país cogobernado por el populismo, y de que ambas economías se enfrenten al tsunami financiero con los cimientos arenosos de una deuda colosal mientras el capitalismo coreano da ejemplo al mundo de la única eficiencia posible. El vídeo es tan zafio, apela a una emocionalidad tan primaria que hasta podría funcionar, como funcionan la pornografía o los memes de skaters chocando contra cosas, pero algo falla ahí. A poco que el galo confinado en su piso de barrio se pare a pensar, empezará a enfadarse. Reconoce el sermón, la letanía de los de arriba y los de abajo, pero años después el predicador ya no le habla desde la plaza sino desde un ministerio. Nuestro currante varado en un ERTE agudiza ahora el oído y descubre que Yolanda Díaz está celebrando entre risas la misma flexibilidad laboral que le enseñaron a odiar cuando la defendía Fátima Báñez. Y entonces siente la tentación de cagarse en el escudo. Y si a la depresión por confinamiento le sumamos la esquizofrenia de un Gobierno que pretende ejercer el poder y encabezar la agitación, escondiendo su recorte de mañana en el recorte de ayer, entonces en este manicomio estallará pronto la revolución. Y no será la de su vídeo retro.

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5 abril, 2020 · 22:33

Habla un juez

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Entierro de Montesquieu.

“Ya sabemos que vienen a por nosotros. Llevan tiempo abonando el terreno, vendiendo el relato del Ejecutivo progresista contra los jueces reaccionarios. Se extiende la doctrina Iglesias: la voluntad popular reside en el poder del líder, no en las leyes. Pero Iglesias ya no es un bolivariano de tertulia sino el vicepresidente. Y un vicepresidente sin memoria, porque el mismo Marchena contra el que arremete fue el ponente que archivó las dos querellas contra Podemos por financiación chavista. Y las desestimó por hacer lo contrario de lo que le acusa Iglesias: antepuso la ley a cualquier consideración ideológica. Porque técnicamente Podemos no es lo mismo que la Fundación CEPS. Pudo haberle buscado las vueltas y destruir la carrera de Iglesias, pero es un penalista de prestigio. Y pertenece al mismo Supremo que tumbó el recurso de la familia Franco, endureció la pena de la Manada o rebajó la rebelión a sedición. Entonces bramó la derecha.

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19 enero, 2020 · 22:14

Total respaldo de Sánchez

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Fría diplomacia.

¿Oiga, Juan Guaidó? Sí, soy Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España. Sí, yo soy el presidente del Gobierno. ¿Cómo estás, Juan? Perdona que te tutee, estoy en Davos, en plan informal. Precisamente acabo de hablar con Iván Duque, el colombiano. Dice que allí tienen campos de niños venezolanos prostituyéndose por comida. Menudo lío, ¿eh? Le has echado cojones, muchacho, las cosas como son. Tienes mi total respaldo. ¿Tu reconocimiento? Hombre, esas cosas llevan sus trámites, Juan. Somos Europa, aquí no funcionamos así. Cuba no te reconoce y por algo será, paseé por el Malecón hace poco y es una maravilla. ¿Trudeau? ¡A Begoña le cayó fenomenal! En principio no iba a acompañarme pero no sabes la barrila que me dio, fan del canadiense hasta la histeria, chico.

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27 enero, 2019 · 23:34

¿Puede curarse un populista?

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Burgués.

¿Y si Pablo Iglesias hubiera dejado realmente de ser chavista? Es más. ¿Y si hubiera dejado de serlo hace mucho, antes incluso de que la paternidad doble y la propiedad inmobiliaria precipitasen su ingreso en la madurez vital? ¿Y si la reivindicación del patriotismo liberal de Torrijos con que Errejón nos sorprendió en Twitter respondiera a una curiosidad cierta por tradiciones ideológicas ajenas y a una revisión resignada de los prejuicios propios? Deberíamos estar abiertos a la posibilidad de que el populismo se cure, porque se cura.

Ya sé que imputar sinceridad a consumados intérpretes de teatro político comporta un riesgo supremo para el honor de todo buen español, que tolera cualquier cosa menos que le tomen por ingenuo. De mí no se ríe ni mi padre: esta es la frase más idiosincrásica que se pronuncia en España desde tiempos de Calderón. Pero el orgullo es el báculo de la ceguera: le permite a uno sentirse más listo que el resto mientras permanece en la densa, confortable oscuridad. Y sigue ciego su camino, que diría nuestro Holbach. Cuando el Iglesias senatorial -el que recibe los escraches- manifestó que ya no se reconoce en las opiniones del Iglesias venezolano -el que los ejecutaba-, la reacción en el entorno conservador fue de general escepticismo. Y es lógico, no ya por el crédito en la impostura de que goza el personaje sino porque lo propio de la mente conservadora es el rechazo a los cambios que desafíen la comodidad de sus implacables taxonomías. Iglesias es comunista y siempre lo será, y si apostata de su fe bolivariana tan solo está posando para la cámara demoscópica por el descalabro andaluz.

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15 diciembre, 2018 · 14:52

Odiar a los pobres

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Otro amigo de los pobres.

La Fundéu, donde pasamos pocos pero doctos ratos juntos, ha elegido aporofobia como palabra del año. Es un compuesto griego que vale traducir por rechazo a los pobres y que acuñó Adela Cortina con benemérito propósito de denuncia. Yo se la escuché hace unos años a Jesús Caldera, que andaba por entonces regularizando inmigrantes en el gobierno de Zapatero. Pese a la novedad de su significante, su significado es tan antiguo como la xenofobia o aversión al extranjero, incluyendo al charnego de Tabarnia. Ahora bien, aporofobia, lo que se dice aporofobia, la experimentan todos los bolsillos. Es un recelo transversal que habita en el clasismo de los ricos tanto como en la esperanza de los pobres, que maldicen su condición, y cuyo mayor deseo es dejar de ser pobres. Porque la pobreza no le gusta a nadie salvo a los franciscanos y a los comunistas, dos vocaciones que tienden a desaparecer en cuanto llega la prosperidad. El hedonismo vacía las iglesias y las sedes de partido, pero el comunismo descubrió la manera de garantizarse la vigencia del negocio: fabricar pobres en cantidades industriales para luego correr a socorrerlos. Por eso Maduro es el empresario del año. Se empieza expropiando edificios y se acaba privatizando la democracia. Porque toda propiedad es un robo… menos cuando robas tú.

Esto del orgullo de mandar en la propia hambre, tan cantado por la mala literatura de lucha de clases escrita con buenos sentimientos burgueses, insulta la inteligencia de la famélica legión, que ni quiere ser legión sino individuo, ni quiere seguir famélica sino escalar de clase. Nada asquea tanto como ver a un próspero progresista recetar para los demás la fracasada ideología de la que él mismo se guardó muy cucamente para amasar su fortuna. Ese fariseo que prescribe la vida en Esparta mientras se queda a vivir en Atenas. Ese turista del ideal que lucha por doce causas en pijama, que debería ser el uniforme del tuitero concienciado. Pero hace falta odiar mucho a los pobres para querer salvarlos del capitalismo.

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El bueno (Tabarnia), el feo (Rafa Mayoral) y el malo (Jordi Pujol Ferrusola)

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30 diciembre, 2017 · 11:26