
Parece que Francia ha dejado de ser un paraíso poblado por gente que cree vivir en un infierno. Parece que esta vez hay gente decidida a convertir Francia en un infierno de verdad.

Parece que Francia ha dejado de ser un paraíso poblado por gente que cree vivir en un infierno. Parece que esta vez hay gente decidida a convertir Francia en un infierno de verdad.

Nos gusta cuando la podemia habla del «espacio», ese delicado eufemismo aeronáutico que les ahorra confesar lo que son. Es como si en el fondo ellos también prefirieran un corrupto a un comunista -valga la redundancia-, y eso que la última cabeza de cartel del Espacio conserva el carné del partido y hasta redactó un prólogo cuqui del Manifiesto. Desde que a doña Yolanda le fue aplicada la entrañable autocrítica del piolet, el Espacio anda huérfano de liderazgo capaz no de tomar el cielo por asalto sino de evitar que pretenda tomarlo un camarada con menos trienios que tú en la eterna burocracia de la revolución pendiente. Mónica, Colau, Emilio Delgado, Urtasun, Maíllo, Irene y hasta Rufián han peleado por el puesto en una suerte de método Gronhölm arbitrado por cantautores.

Los griegos llamaban apoteosis al proceso de conversión de un mortal en un dios. Hércules es el caso paradigmático, como los césares en Roma. Es una operación que ese animal religioso presuntuosamente publicitado como sapiens no sabe dejar de hacer, tampoco quienes habitamos las sociedades secularizadas del siglo XXI, si bien la calidad de nuestros dioses ha empeorado bastante desde las cosmogonías de Hesíodo. La última mortal en ser ascendida al olimpo atendía por María del Carmen Abascal, madrileña de 87 años muerta en el hospital dos semanas después de ser desahuciada. Su muerte no extingue el culto sino que lo inaugura. Santa súbita, canonización laica, altares de plástico, coros de canción protesta por liturgia responsorial.

En estos momentos hay un puñado de sanchistas cuerdos rezando para que el paciente que se cree Napoleón recién escapado de Elba no despierte del engaño hasta el 29 de noviembre, cuando ya sea demasiado tarde para él pero no para ellos. Me refiero a los responsables de haber doblegado la natural resistencia de Pedro a sacrificarse por el interés general. Mi hipótesis es esta: el patrón no veía nada clara la tertulianesca «ventana de oportunidad». Su agudísimo instinto de conservación acertaba al indicarle que la tal Maricarmen jamás arrastraría a una masa suficiente de izquierdistas como para volver verosímil la remontada. Nadie mejor que nuestro Munitis de tren inferior blindado y regate siempre corto sabe que el ciclo informativo de la noticia más escandalosa no supera las 72 horas; algo más si se cronifica artificialmente mediante una perroflautada en Sol; y bastante más si los que acampan son diez mil marroquíes en Ceuta. Por eso el submarinista de La Mareta prefería apurar el plan fijado durante aquellos días de apnea despreocupada: atrincherarse en el búnker hasta el próximo agosto. Carpe diem.

Aprovechando el paso cojo de Macron por España, reconozcamos a los franceses el mérito de haber inventado la tragedia revolucionaria original en 1789 y también su repetición como farsa en mayo de 1968. Desde Maidán en 2014 ya no quedan europeos capaces de lo primero, pero epígonos incruentos y efímeros del 68 surgen regularmente en nuestras ciudades primermundistas, empezando por los propios franceses con aquellos chalecos amarillos.

Hace 15 años acampó en Sol una generación indignada con el precio de la vivienda y la corrupción de los partidos. Si según Ortega cada generación dura 15 años, la nueva ha vuelto a rebelarse por lo mismo década y media después, porque en España nunca cambian los problemas sino sus puntuales remediadores, que terminan siendo peores que la enfermedad. El 15-M solo solucionó el problema de una vivienda, la de Pablo Iglesias e Irene Montero, que tres churumbeles después pretenden seguir viviendo de la candidez del indignado español, que ni se crea ni se destruye. Solamente se transforman sus sedicentes portavoces: Podemos, Sumar, Frente Amplio. No sabemos cómo de amplio será esta vez, pero el frentismo se les supone.

La semana en la que Maricarmen (ya es irónico que se apellide Abascal) fue desahuciada al cuarto intento, dos décadas después de la extinción legal de su contrato de alquiler, en España no se desató una guerra dialéctica entre la derecha y la izquierda, como todos habríamos esperado. El españolito está criado en el fratricidio como el esquimal en el hielo, y por eso cada nueva generación de celtíberos ya viene avisada por Machado de que unos u otros han de helarle el corazón. Lo que no sospechó el poeta es que a veces la víscera no te la hiela la mitad ajena, esa España odiosa de los otros, sino tu propia mitad cuando a su vez se parte por la mitad, proceso de mitosis tumoral que caracteriza a las células enfermas y a las legislaturas socialistas en fase avanzada de agonía.

Cuando Zapatero salió a gorrazos de Moncloa se encontró con el mismo problema que acuciaba a los hidalgos venidos a menos en la Extremadura del siglo XVI. «¿Y ahora de qué voy a vivir?», se preguntaba el prohombre. Es cierto que el camposanto de proboscídeos conocido como Consejo de Estado que hoy pastorea una célebre jurista egabrense le brindaba una sinecura vitalicia, además de las prebendas que corresponden a todo jefe de gobierno español: oficina, escolta, secretaria. Pero aquellas dignidades insípidas dejaron pronto de satisfacer las ambiciones vitales de don José Luis, del mismo modo que Hernán Cortés se negaba a perseguir acomodo en las grandes casas de la nobleza sevillana. Ni Cortés ni Zapatero nacieron con alma de burócrata. Por eso se aventuraron ambos allende el Atlántico, camino del oro y de la gloria que a uno pudieran darle los indios y al otro los populistas.
GAZPACHO CON TABASCO
blog personal de un cierto jarroson
“Cada vez que se encuentre usted del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar”. M. Twain
“Cada vez que se encuentre usted del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar”. M. Twain
you are so cute when you are frustrated, dear
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