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Dimensiones de la conciencia histórica

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Aron.

Durante demasiados años corrió por los círculos de la intelligentsia francesa un malvado chascarrillo: “Más vale equivocarse con Sartre que acertar con Aron“. Quería decirse que la inteligencia fría, insobornable, desapasionadamente exacta del gran liberal judío no podía competir en atractivo con la personalidad arrolladora, magnética y brillante de aquella Juana de Arco laica que fue Jean Paul Sartre. Pero el tiempo pasa, el magnetismo personal muere y quedan solo las palabras, que en el caso de Sartre a menudo testimonian compromisos indecentes con ideologías criminales, mientras que la obra de Aron crece con cada acierto democrático formulado cuando ningún rédito daba formularlos.

A Aron no le desvelaba acumular el glamour del intelectual estrella, sino la responsabilidad social del filósofo: “La filosofía es el diálogo entre los medios y el fin, entre el relativismo y la verdad. El filósofo permanece fiel a sí mismo en la medida en que rechaza el sacrificio de uno de los términos, cuya contradictoria solidaridad caracteriza la condición del hombre que piensa”. Sartre pasó de largo entre los millones de muertos sacrificados como puros medios en el altar final de la sociedad sin clases; Aron, como Camus, no los perdió de vista jamás. Equivocarse con Sartre no es más que equivocarse, sin más.

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11 diciembre, 2017 · 16:03

Entrevista en Europa Press

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[Me entrevista la agencia Europa Press a cuenta de Crónicas biliares, pero también hablamos de columnismo, de pijoprogres y del santo nombre del Real Madrid]

El periodista Jorge Bustos reúne en ‘Crónicas biliares’ (Círculo de Tiza) ensayos escritos con “unos cínicos 25 años” en los que muestra una mirada particular respecto a temas que le preocupan como el periodismo, la crisis o la literatura. También hay en este libro un espacio para el análisis crítico de la sociedad, como cuando en uno de los textos habla de que “los antisistema no son más que gamberros adinerados”.

“Lo que sí sabía ya hace diez años, que es cuando escribí esa frase, es que me repugnan los revolucionarios de salón que no arriesgan nada porque saben que al final el sistema les perdonará sus travesuras, a menudo con nómina pública y últimamente hasta con escaño. Esa indignación primermundista es épica de Decathlon”, ha señalado en una entrevista con Europa Press el autor.

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17 agosto, 2017 · 13:45

Ganemos Mónaco

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Es capitalista, solo que aún no lo sabe.

Este concejal ya célebre, Zapata, que se va de Podemos harto de tener que compartir su soldada con las insaciables bocas del activismo zurdo. Le exigían una cuota específica para financiar el partido de Iglesias, pero él pretextaba que ya contribuía a su facción propia dentro de Ahora Madrid. La cosa se resuelve en expediente y baja, y con suerte y tiempo en epifanía liberal.

Que un comunista tenga una relación conflictiva con el dinero es tan lógico como que un puritano la tenga con el sexo. Todos nos obsesionamos con aquello que nos prohíben. Freud dedicó su vida a tasar el precio subconsciente de la convivencia social, que paga el animal humano con la moneda cara de los deseos reprimidos. Luego cada cual gestiona como puede los desajustes entre sacrificio y gratificación.

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El bueno (Javier Fernández), el feo (Zapata) y la mala (Carmena) en La Linterna de COPE

El Debate de TVE de esta semana: Miguel Ángel Blanco, Venezuela, salarios y más

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14 julio, 2017 · 11:51

Lo que queda de ETA

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Intelectuales no parecen.

De su arsenal más mortífero nunca se desprenderá ETA por dos razones. La primera porque no se trata de armamento material sino espiritual, es decir, de las ideas que inspiraron sus series de asesinatos. Unas ideas -el nacionalismo y el comunismo- que se han revelado demasiado eficaces para fomentar el crimen masivo -y después justificarlo- como para que sigamos creyendo que no son intrínsecamente perversas. El nacionalismo es la guerra, sentenció Mitterrand, y el terrorismo tan sólo es la modalidad cobarde y low cost de la guerra. El comunismo, por su parte, santifica el robo, pero como la gente se resiste a que le roben lo que es suyo, al final hay que matarla para quitárselo, como tiene muy bien explicado Federico Jiménez Losantos.

ETA hacía muy bien lo propio del nacionalismo y del comunismo. Pero no puede entregar su ideología por una segunda razón: porque nadie se lo ha pedido. Y no se lo piden porque la suya es, con coquetas gradaciones, la misma necrófila ideología que aún profesan demasiados. Si la derrota de ETA no sirve para echar una gruesa palada de tierra sobre sus pretextos teóricos, que se resisten a morir, habremos perdido una oportunidad histórica para secar la fuente profunda y recurrente del terror.

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11 abril, 2017 · 19:52

La vigencia de José Antonio

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El político de moda.

Un fantasma familiar recorre Europa y se parece mucho a José Antonio Primo de Rivera. Su obra política fue resumida en un fogonazo de magnesio de Foxá: «La Falange es una hija adulterina de Carlos Marx e Isabel la Católica». Aquí solemos destacar más la maternidad nacionalcatólica de la criatura que su paternidad anticapitalista. ¿Cuántos tiernos votantes de Podemos, de esos que han oído hablar de patria por primera vez a Pablo Iglesias -¿alguien recuerda semejante palabra en boca de Rajoy?-, enmudecerían al descubrir que el lema del fascista Ledesma no reclamaba casta, Ibex y palcos sino «patria, pan y justicia»?

Cuando el Valle de los Caídos vuelve periódicamente a las tertulias lo hace siempre a propósito de Franco y no de su joven vecino de huesa, que es el que realmente está de moda. Luchó contra «una derecha que conserva hasta lo injusto y una izquierda que destruye hasta lo bueno». José Antonio estaba convencido de que a los pueblos los mueve la fe de los poetas, no la razón de los burócratas. Y así es, por desgracia: la tecnocracia parece replegarse en todo Occidente ante el retorno de las naciones como unidades de destino en lo americano, lo británico, lo francés y hasta lo catalán. No se trata de la nación cívica, que nace de un contrato respetado entre ciudadanos, sino de la psicológica: la nación como comunidad política imaginada o sentida. Desde ese presupuesto puramente desiderativo nada impide a Gibraltar constituirse en nación, ni tampoco a Getafe, como sospechaba Camba.

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11 abril, 2017 · 19:47

ETA y Daesh: terror comparado

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Dos terrorismos.

La casualidad, concepto desprestigiado en la era de la conspiranoia, ha cosido dos terrorismos distintos al boletín informativo: el etarra, que es noticia porque reivindica que se desarma, y el yihadista, que es noticia porque reivindica que le basta armarse con un coche y un cuchillo. Pero las diferencias entre ambas factorías de terror no se limitan a su vigencia -una muere, otra renace- o a su metodología. El asesino de txapela no es menos fanático que el de turbante, y ambos se figuran soldados al servicio de una comunidad imaginaria; pero entre uno y otro se abre una brecha filosófica de siglos que marca el paso civilizatorio de la teocracia a la laicidad, de la tribu a individuo, del más allá al más acá.

Todo fanatismo postula una teoría unívoca de la salvación: una soteriología. Así como el yihadista aspira al califato universal, el etarra mataba para instaurar su propio paraíso: una Euskal Herria étnicamente pura e ideológicamente comunista. Pero el etarra -y en general el terrorista occidental de inspiración nacionalista o anarquista- planeaba sus atentados para salir de ellos con vida, al grito de gudari huido sirve para otra guerra. Sus asesinatos siempre incluían plan de fuga. Y si era detenido, se meaba encima en cuanto notaba la mano de un guardia civil esposándole. Ese pis es el fluido de una desesperación laica, porque el etarra anhela vivir en su edén terrenal de caseríos blancos y verdes colinas, no en un dudoso jardín de huríes abstractas.

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24 marzo, 2017 · 10:59

Andrássy 60

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La única y verdadera Casa del Terror, en Budapest.

En el número 60 de la elegante avenida Andrássy, en el corazón de Budapest, se alza un edificio oscuro y macizo que se ofrece a los turistas bajo la excitante denominación de Casa del Terror. No es que el nombre esté mal elegido: después de recorrer sus estancias concluimos que son los parques de atracciones los que se equivocan. La Casa del Terror de Budapest no contiene ficción sostenida por actores sino historia derramada por verdugos. Y fueron los mejores verdugos de todos los tiempos.

Primero llegaron al edificio los fascistas del Partido de la Cruz Flechada, cuyo entusiasmo en la persecución, ejecución y deportación de conciudadanos judíos admiró al propio Hitler. Después los comunistas visitaron el local, descubrieron que se adaptaba perfectamente a sus necesidades y se pusieron a torturar a enemigos del pueblo sacados del mismo pueblo. El celo revolucionario de la AVH, la policía política húngara, era la envidia de la Stasi. De modo que el terror nazi sólo se distinguió del terror rojo en el color de la chaqueta: literalmente, los militantes fascistas se cambiaron de uniforme con el triunfo de la URSS (un vestidor de la Casa documenta el meteórico travestismo que descose flechas y borda estrellas) para no dejar de ser húngaros completos y eficientes.

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21 marzo, 2017 · 16:31

¿Bódalo, otro Gramsci?

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Che Guevara de botijo y alpargata.

Llevaba un tiempo Podemos sin hacer eso que llaman marcar la actualidad, o sea, hablarle a un leño, montarle una cacería tuitera a un periodista crítico, beberse una pepsi en lugar de una maléfica coca cola o dejar sin aplauso parlamentario a un invitado del Gobierno. Nueva política, o sea. Así que don Iglesias se puso a cavilar cómo recuperar la iniciativa, toda vez que la opinión de Errejón cría telarañas en el gallinero y que el feminismo de Irene no da para más. Necesitaba algo contundente y entonces pensó en Bódalo, cuya contundencia no admite dudas desde que quedó avalada por los tribunales.

Que Pablo Iglesias se baje al penal de Jaén a saludar a un camarada es un plan de finde tan plausible como llevar flores a la tumba de tus deudos. Más discutible nos parece que pretenda convertir al preso en el Gramsci del 78, un titán de la lucha de clases que estaría en el trullo “por hacer sindicalismo” y no por tener la mano tan larga al menos como su intestino. Al concejal de Jaén en Común, terror de las confiterías más que de los latifundios -sus asaltos a supermercados siempre nos infundieron la sospecha de que planeaba merendar gratis-, no solo le separa del autor de los Cuadernos de la cárcel un cuerpo mejor alimentado, sino sobre todo una mente trágicamente desnutrida. La que le susurra que la justicia social se alcanza a hostias. La última la recibió un concejal socialista, pero ya acumulaba tres condenas por destrozar una heladería de Úbeda donde despachaba una mujer embarazada, por agredir a varios policías durante un asalto a la Consejería de Agricultura y por zurrar a un discrepante durante un acto de Amaiur.

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6 marzo, 2017 · 10:49