Archivo de la etiqueta: opio marxista

Lo que queda de ETA

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Intelectuales no parecen.

De su arsenal más mortífero nunca se desprenderá ETA por dos razones. La primera porque no se trata de armamento material sino espiritual, es decir, de las ideas que inspiraron sus series de asesinatos. Unas ideas -el nacionalismo y el comunismo- que se han revelado demasiado eficaces para fomentar el crimen masivo -y después justificarlo- como para que sigamos creyendo que no son intrínsecamente perversas. El nacionalismo es la guerra, sentenció Mitterrand, y el terrorismo tan sólo es la modalidad cobarde y low cost de la guerra. El comunismo, por su parte, santifica el robo, pero como la gente se resiste a que le roben lo que es suyo, al final hay que matarla para quitárselo, como tiene muy bien explicado Federico Jiménez Losantos.

ETA hacía muy bien lo propio del nacionalismo y del comunismo. Pero no puede entregar su ideología por una segunda razón: porque nadie se lo ha pedido. Y no se lo piden porque la suya es, con coquetas gradaciones, la misma necrófila ideología que aún profesan demasiados. Si la derrota de ETA no sirve para echar una gruesa palada de tierra sobre sus pretextos teóricos, que se resisten a morir, habremos perdido una oportunidad histórica para secar la fuente profunda y recurrente del terror.

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11 abril, 2017 · 19:52

La vigencia de José Antonio

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El político de moda.

Un fantasma familiar recorre Europa y se parece mucho a José Antonio Primo de Rivera. Su obra política fue resumida en un fogonazo de magnesio de Foxá: «La Falange es una hija adulterina de Carlos Marx e Isabel la Católica». Aquí solemos destacar más la maternidad nacionalcatólica de la criatura que su paternidad anticapitalista. ¿Cuántos tiernos votantes de Podemos, de esos que han oído hablar de patria por primera vez a Pablo Iglesias -¿alguien recuerda semejante palabra en boca de Rajoy?-, enmudecerían al descubrir que el lema del fascista Ledesma no reclamaba casta, Ibex y palcos sino «patria, pan y justicia»?

Cuando el Valle de los Caídos vuelve periódicamente a las tertulias lo hace siempre a propósito de Franco y no de su joven vecino de huesa, que es el que realmente está de moda. Luchó contra «una derecha que conserva hasta lo injusto y una izquierda que destruye hasta lo bueno». José Antonio estaba convencido de que a los pueblos los mueve la fe de los poetas, no la razón de los burócratas. Y así es, por desgracia: la tecnocracia parece replegarse en todo Occidente ante el retorno de las naciones como unidades de destino en lo americano, lo británico, lo francés y hasta lo catalán. No se trata de la nación cívica, que nace de un contrato respetado entre ciudadanos, sino de la psicológica: la nación como comunidad política imaginada o sentida. Desde ese presupuesto puramente desiderativo nada impide a Gibraltar constituirse en nación, ni tampoco a Getafe, como sospechaba Camba.

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11 abril, 2017 · 19:47

ETA y Daesh: terror comparado

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Dos terrorismos.

La casualidad, concepto desprestigiado en la era de la conspiranoia, ha cosido dos terrorismos distintos al boletín informativo: el etarra, que es noticia porque reivindica que se desarma, y el yihadista, que es noticia porque reivindica que le basta armarse con un coche y un cuchillo. Pero las diferencias entre ambas factorías de terror no se limitan a su vigencia -una muere, otra renace- o a su metodología. El asesino de txapela no es menos fanático que el de turbante, y ambos se figuran soldados al servicio de una comunidad imaginaria; pero entre uno y otro se abre una brecha filosófica de siglos que marca el paso civilizatorio de la teocracia a la laicidad, de la tribu a individuo, del más allá al más acá.

Todo fanatismo postula una teoría unívoca de la salvación: una soteriología. Así como el yihadista aspira al califato universal, el etarra mataba para instaurar su propio paraíso: una Euskal Herria étnicamente pura e ideológicamente comunista. Pero el etarra -y en general el terrorista occidental de inspiración nacionalista o anarquista- planeaba sus atentados para salir de ellos con vida, al grito de gudari huido sirve para otra guerra. Sus asesinatos siempre incluían plan de fuga. Y si era detenido, se meaba encima en cuanto notaba la mano de un guardia civil esposándole. Ese pis es el fluido de una desesperación laica, porque el etarra anhela vivir en su edén terrenal de caseríos blancos y verdes colinas, no en un dudoso jardín de huríes abstractas.

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24 marzo, 2017 · 10:59

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La única y verdadera Casa del Terror, en Budapest.

En el número 60 de la elegante avenida Andrássy, en el corazón de Budapest, se alza un edificio oscuro y macizo que se ofrece a los turistas bajo la excitante denominación de Casa del Terror. No es que el nombre esté mal elegido: después de recorrer sus estancias concluimos que son los parques de atracciones los que se equivocan. La Casa del Terror de Budapest no contiene ficción sostenida por actores sino historia derramada por verdugos. Y fueron los mejores verdugos de todos los tiempos.

Primero llegaron al edificio los fascistas del Partido de la Cruz Flechada, cuyo entusiasmo en la persecución, ejecución y deportación de conciudadanos judíos admiró al propio Hitler. Después los comunistas visitaron el local, descubrieron que se adaptaba perfectamente a sus necesidades y se pusieron a torturar a enemigos del pueblo sacados del mismo pueblo. El celo revolucionario de la AVH, la policía política húngara, era la envidia de la Stasi. De modo que el terror nazi sólo se distinguió del terror rojo en el color de la chaqueta: literalmente, los militantes fascistas se cambiaron de uniforme con el triunfo de la URSS (un vestidor de la Casa documenta el meteórico travestismo que descose flechas y borda estrellas) para no dejar de ser húngaros completos y eficientes.

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21 marzo, 2017 · 16:31

¿Bódalo, otro Gramsci?

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Che Guevara de botijo y alpargata.

Llevaba un tiempo Podemos sin hacer eso que llaman marcar la actualidad, o sea, hablarle a un leño, montarle una cacería tuitera a un periodista crítico, beberse una pepsi en lugar de una maléfica coca cola o dejar sin aplauso parlamentario a un invitado del Gobierno. Nueva política, o sea. Así que don Iglesias se puso a cavilar cómo recuperar la iniciativa, toda vez que la opinión de Errejón cría telarañas en el gallinero y que el feminismo de Irene no da para más. Necesitaba algo contundente y entonces pensó en Bódalo, cuya contundencia no admite dudas desde que quedó avalada por los tribunales.

Que Pablo Iglesias se baje al penal de Jaén a saludar a un camarada es un plan de finde tan plausible como llevar flores a la tumba de tus deudos. Más discutible nos parece que pretenda convertir al preso en el Gramsci del 78, un titán de la lucha de clases que estaría en el trullo “por hacer sindicalismo” y no por tener la mano tan larga al menos como su intestino. Al concejal de Jaén en Común, terror de las confiterías más que de los latifundios -sus asaltos a supermercados siempre nos infundieron la sospecha de que planeaba merendar gratis-, no solo le separa del autor de los Cuadernos de la cárcel un cuerpo mejor alimentado, sino sobre todo una mente trágicamente desnutrida. La que le susurra que la justicia social se alcanza a hostias. La última la recibió un concejal socialista, pero ya acumulaba tres condenas por destrozar una heladería de Úbeda donde despachaba una mujer embarazada, por agredir a varios policías durante un asalto a la Consejería de Agricultura y por zurrar a un discrepante durante un acto de Amaiur.

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6 marzo, 2017 · 10:49

La burbuja de la sospecha

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“¡Ellos sí dicen las cosas como son!”

La próxima burbuja que estallará en España, y en cualquier lugar con wifi, no será la del ladrillo sino la de la sospecha. Cuando el pastor del Lacio veía el relámpago y oía el trueno, sabía que Júpiter se había enfadado. Cuando el aborigen digital lee que ha bajado el paro, que la inmigración beneficia a la economía o que a una presentadora le gustan los escotes, su alma rústica pero taimada de aldeano global deduce pronto que el Gobierno miente, que los bárbaros vienen a robarle la identidad y que los directivos de televisión chulean a doncellas sin conciencia de género. A este estadio en que la pregunta de Groucho -“¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?”- ha dejado de ser un chiste lo llaman posverdad, que no es más que la rehabilitación general de los prejuicios. Pero la fe en la posverdad necesita primero de la sospecha preventiva, especialmente sensible a la voz institucional, al oprobioso agente del establishment. Ockham metido a tuitero no necesitaría una navaja sino una motosierra.

Que nuestro cerebro ve lo que quiere ver y no lo que tiene delante ya no es una novedad científica, pero el 2016 la ha elevado a novedad política. Para este año se prevé que los pulmones cibernéticos que inflan la burbuja de la sospecha sigan soplando. Hoy no creemos en la libertad, pese a que nunca nos ofrecieron más opciones; ni en la prosperidad, pese a que ninguna generación disfrutó de tantos bienes; ni en la paz, pese a que jamás vivimos más seguros. No es libre ningún periodista, porque todos reciben la consigna que condiciona su empleo. No es honrado ningún político, porque protege su interés de casta, vieja o nueva. Un autor de éxito no puede serlo de mérito. Nuestra sociedad al completo es un teatro de marionetas. ¿Quién maneja los hilos? Escoja usted al candidato que más sospechas le infunda: Cebrián, Soros, el neoliberalismo, Florentino, Bilderberg, Madrit, el mundialismo, el Ibex, el franquismo latente, algún italiano, la socialdemocracia, el heteropatriarcado, la masonería, el 78, los buenos viejos tiempos, la profesora y la indiscutible manía que le tiene al niño. Hasta la ANC confía más en la magia de Melchor que en la eficacia del Procés.

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El bueno (la ONG de Pontejos), el feo (la alcaldesa de Vic) y el malo (Trillo) de esta semana en La Linterna de COPE

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6 enero, 2017 · 11:29

La casa de Pili Zabala

elkarrekin-podemos-pilar-zabala-eitb_ediima20160912_0637_5Al debate político le incumbe mucho más la casa de Zabala y su connotación próspera que la condición de víctima del GAL y su connotación trágica. Porque la que se presenta a unos comicios autonómicos no es Pili Zabala, con su mochila de emociones, sino la candidata de Podemos, con su programa electoral. Por supuesto, si Podemos la eligió fue por lo primero, porque el populismo no trabaja con realidades -¡ya ni siquiera con promesas!- sino con símbolos. Y por eso mismo saltó la preocupación en el partido cuando Zabala enseñó su bonita vivienda: resultaba que tenían a la casta metida hasta la cocina. Y aún sobraba espacio para Izquierda Anticapitalista y cuatro o cinco confluencias.

Siguiendo el verso patriótico de Aresti, Zabala ha defendido su casa. Pero no porque sea la de su padre, sino porque ella tuvo un día que vendimiar y cuidar ancianos para ganarse la vida, después mereció una jugosa subvención por accidente y “a partir de ahí todo lo que yo he venido realizando ha demostrado mi solvencia económica y mi capacidad de gestionarla”, ha confesado a El País. Es decir, una hermosa reivindicación de la economía social de mercado que permite el ascenso de clase hasta la altura de una casa como la que goza doña Pilar.

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19 septiembre, 2016 · 12:36

Otro otoño sin épica

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Aquellos veranos previos a la revolución.

Un tópico periodístico de mucha fortuna solía advertir de otoños calientes a la vuelta de veranos pachorreros. El articulista en cuestión avizoraba crisis larvadas y estallidos sociales cerniéndose sobre septiembre como la distancia letal, inexorable, que la ciudad interpondrá con el romance de chiringuito. El otoño se convertía así en el cascabel apocalíptico que agitaba otra serpiente de verano. Y la rentrée se pintaba tanto más tremenda cuanto menos noticioso iba resultando agosto.

Este año, sin embargo, uno no está siendo lo suficientemente alarmado por artículos casandristas, quizá porque ya hay bastante noticia con las negociaciones de investidura y bastante alarma con la perspectiva de unas terceras elecciones. Pero es que además el principal agente agitador de los últimos veranos ya no inspira ese terror mediático de ratón en el tobillo de la Castafiore, sino que vegeta como lagarto entre dos pieles. A los chicos del blitz del maíz se les ha agostado finalmente la revolución, cuya expectativa tantas columnas estivales socorría. Ni tienen los votos, ni la cohesión, ni la fiscalidad al corriente como para soñar octubres rojos, aunque sus cachorros menos domesticables apenas disimulan la gana de volver a montar la quechua en Sol si como parece acaban mandando los de siempre, los que se empeña en elegir el pueblo contumaz.

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12 agosto, 2016 · 20:47