Archivo de la etiqueta: cosas de la democracia

El casting de la posteridad

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Leviatán.

-Lo ves, ¿no?

Explicaba lo que para él era evidente y remataba así cada lección para cerciorarse de que para mí también lo era. Blandía la pinza del índice y el pulgar en gesto característico, mientras achinaba los ojos de replicante de regreso de Orión, esos ojos que parecían las ranuras de una persiana por donde se filtrase el crepúsculo de un gran poder. “Lo ves, ¿no?” Y a veces no lo veía, pero tampoco me habría atrevido a interrumpir a Rubalcaba, que estaba sentado a mi izquierda, en el mismo restaurante donde Rajoy se resignó a perder la Moncloa y el partido. Ese Rajoy con el que mi interlocutor había tejido delicadamente el último tapiz del 78, que fue la sucesión en la Corona.

Una tarde de finales del año pasado me llamó Eduardo Madina. Me dijo que Rubalcaba había leído algo mío y quería conocerme. Confieso la ilusión sentida a una edad en que la mitomanía ya no genera excesivas ilusiones, por más que siga apasionándome la actualización diaria de los códigos fijados por Maquiavelo. Crecí bajo la leyenda Rubalcaba, bajo la resonancia temible de aquel apellido que murmuraban en voz baja los etarras en los pisos francos y que maldecían todos los aquejados de manía persecutoria. Lo que no significa que, en efecto, Rubalcaba no los persiguiera alguna vez.

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12 mayo, 2019 · 22:10

Albert Rivera y la política rocanrol

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Política.

El fichaje de Ángel Garrido por Ciudadanos a cuatro días de unas elecciones generales que entre otras cosas dirimirán el liderazgo del centroderecha es un capítulo de Netflix. Tiene de todo. Él se enteró por la prensa de que Casado no contaba con él y por la prensa se ha enterado Casado de que Garrido se va con Rivera después de haber firmado su conformidad con el puesto número 4 en las listas del PP a las europeas. Pero Garrido solo pierde dinero -en Bruselas se vive bien-, porque el respeto de su ex partido ya sentía haberlo perdido cuando le sustituyeron por Díaz Ayuso, cuyas sentencias públicas están más cerca de Yogi Berra (“Es difícil hacer predicciones, especialmente sobre el futuro”) que de Eleanor Roosevelt. El barón que no cedió al chantaje del taxi y empezó en UCD puede vender afinidad a Cs.

La maniobra de Garrido desnuda una venganza fría, cariñosamente planeada, que expresa en toda su impactante crudeza hasta qué punto el 28-A no dirime solo la permanencia de Pedro Sánchez en el poder sino el liderazgo del centroderecha que se disputan Rivera y Casado. Disputa que afloró con virulencia en los debates: el primero lo ganó Rivera y en el segundo estuvo mejor Casado, pero el golpe de mano del líder naranja a la mañana siguiente entierra esos ecos triunfales junto con la insidia ya ociosa de su entendimiento poselectoral con el PSOE. Rivera ya no quiere ser la bisagra de nadie ni jugar a centro impoluto: quiere acercarse al PP hasta rebasarlo. Que eso revele un delirio de grandeza o el instinto de quien ha olido sangre -el PP sufre por añadidura la hemorragia hacia Vox, adonde se ha marchado hasta el autor del logo de la gaviota- lo dirán las urnas. Pero de momento ha conseguido que de aquí a las elecciones se hable de su aspiración a liderar la alternativa al sanchismo. Se llama guerra psicológica.

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24 abril, 2019 · 18:31

Votar a Barrabás

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“¿Y qué hago con Jesús?”

Entonces Pilato dio a elegir al pueblo entre Jesús y Barrabás, porque era costumbre por pascua indultar a un preso, y el pueblo eligió: “A ese no, suelta a Barrabás”. “¿Y qué hago con Jesús?”, empezó a rendirse el político. “Crucifícalo”, sentenció la voz del pueblo, voz de Dios, voz de ángeles unívocos que siempre terminan siendo ángeles exterminadores.

He aquí, evangélicamente fijado, el eterno mecanismo del referéndum del que jamás aprenderemos. La degradación de la democracia a oclocracia, o mandato directo de la masa. El sometimiento de la letra clara de la ley al espíritu turbio de la opinión pública. La confirmación de la greguería de Ramón que avisa de que un tumulto no es más que un bulto que les suele salir a las multitudes. Ese bulto que bulle en los escraches y crece tumoral en las redes, aplastando el criterio bienintencionado de los políticos débiles. Los del siglo I como los del XXI.

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21 abril, 2019 · 20:36

Soñar con Santi, despertar con Pedro

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“Vota a Vox y hazme reír”.

Pedro Sánchez le ha dado una entrevista a Ferreras, que venía de discutir con Pablo Iglesias, que venía de abroncar a Ferreras por no someter a su morada aprobación la candidatura de los tertulianos de La Sexta. Sánchez no hará eso, me refiero a abroncar periodistas, pero solamente porque no lo necesita. Le basta agitar el espantajo de la ultraderecha cada cinco segundos y esperar a que el miedo le haga todo el trabajo. Pero no exactamente el miedo a Vox -en realidad bastan cuatro vídeos suyos para mudarlo en ternura- sino el miedo a que los amigos de Fulano sospechen que Fulano no se deja la piel combatiendo el fascismo como un Schindler de Twitter. Y esta es la madre del cordero movilizador de la izquierda: el pánico tan español al qué dirán. He ahí la levadura secreta de la receta de Tezanos.

De modo que la campaña sanchista es el agujero de un donut que Santi viene a arrancar de la boca de nuestros hijos hambrientos a la hora de la merienda. Ese agujero negro devora las dos únicas cuestiones verdaderamente importantes que se dirimen el 28-A: la continuidad de la soberanía única de la Nación y la disposición de nuestra economía para aguantar el embate de la recesión que viene. De ninguna de las dos cosas puede hablar Sánchez sin que se le caiga la cara de vergüenza por sus pecados plurinacionales -en los que cada tanto reincide el subconsciente de un Iceta o una Lastra– o por su infame compra de votos con cargo al mayor déficit de la zona euro. Así que sale, habla de la ultraderecha y se esconde otra vez, fiado de que la mera alusión a la sigla maldita active los resortes pavlovianos del personal en el sentido deseado.

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10 abril, 2019 · 17:23

Poderoso Marchena

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Un juez.

A Ruano, que era un hipocondríaco tremendo, le bastaba saber que Marañón estaba en la ciudad para sentirse mucho mejor. Algo parecido nos pasa con Manuel Marchena. Vivimos más tranquilos desde que sabemos que se sienta cuatro días a la semana a impartir justicia en el blanco palacio de la plaza de la Villa de París. Por eso confiamos en que el juicio se alargue todo lo posible y permita a Marchena seguir desplegando durante mucho tiempo esa letal ternura que glosaba Latorre y que tanta esperanza lleva a nuestros corazones desencantados. El día que se acabe este juicio dejaremos de ver a Marchena en televisión y todos nos sentiremos un poco más vulnerables, y ya no encontraremos consuelo hasta que los nacionalistas den otro golpe de Estado y Marchena se siente otra vez a juzgarlo.

Marchena es un hombre poderoso, pero hombres poderosos ahora los hay por todas partes. Los hay hasta en las redes sociales. Nuestro tiempo propende a entronizar a los horteras y a oscurecer a los excelentes. En una época en que el Ejecutivo recae sobre un Sánchez y el Legislativo se distribuye entre siervos mudos y folclóricas chillonas, contemplar a Marchena en el cotidiano ejercicio de su sereno poder devuelve todo su sentido al cacareado sintagma del Estado-de-derecho. Ante Marchena parecen lo mismo Rajoy y Rufián, Junqueras y Soraya, Ortega Smith y Trapero: a todos iguala la autoridad inapelable del presidente del tribunal. Es la clase de autoridad que no puede fingirse ni atribuirse a un cargo pasajero, sino que emana de una aleación exacta de temple y conocimiento que hasta los golpistas reconocen de forma instintiva y a la que concedemos el nombre de prestigio. Hay en la crianza de nuestro juez la proporción precisa de seda canaria y acero vasco, de cortesía y contundencia, humanidad flexible y sólida institución. Un pedante, un payaso o un salvapatrias lucha ante el mundo por parecer culto, ingenioso o patriota, pero cuando declara o interviene bajo la grávida mirada de Marchena termina delatando su triste verdad de pedante, de payaso o de salvapatrias. Y sobre esa paciente epifanía se edifica a diario el relato fugitivo de los hechos y se dirime el peso odioso de la responsabilidad. Se hace, en fin, justicia.

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26 marzo, 2019 · 10:51

Sánchez vs Rivera: ‘animal instinct’

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Inconciliables.

La legislatura comenzó con don Mariano sobreviviendo entre las ruinas del bipartidismo, y termina con Sánchez braceando bajo los ojos impasibles del separatismo. Se declara la guerra total entre cinco partidos nacionales condicionados por su posición en la ruleta del casino D’ Hondt, donde nacionalistas catalanes y vascos hacen de banca: siempre ganan.

El Resistente subió a la tribuna con su mejor traje de estadista, citó a Churchill -chupito-, se lamentó de la intransigencia que afea este valle de lágrimas y continuó mintiendo como si lo fueran a prohibir por decreto ley. Cargó contra el influjo de la ultraderecha en los partidos institucionales, en clara alusión a PP y Cs con Vox, pero olvidando estratégicamente al «Le Pen español» que le hizo presidente, le tumbó los Presupuestos y le volverá a abrir la puerta de Moncloa si salen los números y a Torra le conviene. Deploró «la simplicidad de la soluciones binarias: un sí o un no», en la esperanza de que nadie le recuerde aquel «no es no» con el que bloqueó España. Reivindicó «la labor parlamentaria»; hablaba el recordman del decretazo que, con las Cortes disueltas, planea descargar la última palada de decretos demagógicos sobre las espaldas de la Diputación Permanente para hurtar a la oposición cualquier posibilidad de debate. Presumió de diplomacia en Gibraltar, momento en que resonaron las carcajadas de May y la presidenta lituana. Se arrogó el liderazgo europeo del reconocimiento a Guaidó, cuando tardó 12 días en hacer lo que Tajani reclamaba desde la tarde del juramento. Y presumió de una regeneración que solo cumplieron el pobre Màxim y la pardilla Montón; a los sucesivos titulares de sociedades instrumentales del Gobierno se les aplicó la doctrina PepuPepo, diría Celaá-, por la cual regenerar tiene un límite y el que resiste gana.

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28 febrero, 2019 · 11:32

Un colchón de lazos amarillos

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El pasado y el futuro de Sánchez.

Sabemos que hemos entrado en campaña porque el Gobierno redobla su oposición a la oposición. Si a Pedro Sánchez ya era difícil pillarle en una verdad en periodo ordinario, ahora todos sus guionistas en La Moncloa y en las redacciones amigas se van a poner a competir con Irene Lozano en el Gran Certamen de Autoficción del Sanchismo, concurso de cuentos que dirimirá quién viste mejor al maniquí de paradigma de la moderación y el constitucionalismo.

Volvía Sánchez al Congreso -lo pisa tan poco que imaginamos a un ujier susurrándole: “España, presidente, hoy está en España”- y Pablo Casado le recibió con obligada cita de Fray Luis antes de someterlo a su ya clásica fórmula de pregunta-racimo, del Aquarius a Cuba, de la desaceleración a la feria de vanidades del ya inmortal Manual de resistencia. Coronó su diatriba en alto: “Empaquete el colchón, señor Sánchez, porque lo sacará de La Moncloa en dos meses”. Larga ovación de los suyos. Por la unanimidad militar de las palmas en los grupos parlamentarios también advertimos que estamos en campaña, pese a que muchos saben que son los últimos aplausos con que pelotean al líder: susanistas y marianistas -Celia Villalobos la primera- van a la purga de cabeza.

Sánchez replicó a Casado usando la técnica Carmen Calvo, un desafío al principio lógico de no contradicción que consiste en llamar retrógrado al adversario y a continuación reprocharle que crispe e insulte. El sanchismo ha hecho de la desfachatez un arte desahogado por el que puede separar a conveniencia a Pedro Sánchez del presidente Sánchez o al dialogante Torra del racista Torra, y así todo.

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20 febrero, 2019 · 13:27

Las venas abiertas de Andalucía

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La sonrisa del destino.

He comprendido por qué al Parlamento andaluz, soberbio edificio, lo llaman Hospital de las Cinco Llagas. Cuenten ustedes: PSOE, PP, Cs, Adelante Andalucía y Vox. El pentapartidismo se estrena en la comunidad más poblada como anticipo de la fragmentación nacional por la que se desangra el orden bipartidista. Pongamos el dedo en cada llaga, de menor a mayor, para palpar como el incrédulo Tomás el alcance de nuestra esperanza en una incierta resurrección de la estabilidad política.

Vox es una herida nueva que, al decir de su portavoz Serrano, sangra por culpa de una “dictadura ideológica intrusiva y totalitaria” que, para abreviar, podemos llamar progresismo. El juez voxero se estrenó con un previsible discurso desacomplejado, que es lo mismo que decir contradictorio. Defiende la sana rivalidad antes de cargar contra los “fascistas disfrazados de demócratas”. Proclama su respeto al amor LGTBI para luego reivindicar el derecho del niño a tener papá y mamá. Exige una educación unitaria en todo el Estado cuando su programa postula un PIN parental que permitiría a los padres separatistas sacar a sus hijos de las clases de castellano. Niega el origen cultural de la violencia machista pero reclama que la prensa titule con la nacionalidad extranjera de los maltratadores, lo que delata una sólida fe en la violencia estructural contra la mujer… siempre que el culpable sea estructuralmente moro o rumano. Y afirma representar al pueblo modesto pero propone un libertarismo fiscal que beneficia primeramente a las mismas oligarquías contra las que erige su llameante populismo. Son, creo yo, gajes propios de la bisoñez o el fervor que se irán puliendo al contacto con la realidad, aunque igual me paso de optimista.

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17 enero, 2019 · 9:39