Archivo de la etiqueta: cosas de la democracia

Catalanes que sueñan tiranos

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Ensoñaciones.

Cuando supe de la unánime apuesta del Supremo por el poder de las ficciones, recordé la descripción que hace Hannah Arendt del súbdito ideal de un régimen totalitario: “No es el nazi convencido o el comunista convencido, sino personas para quienes la distinción entre hecho y ficción, entre lo verdadero y lo falso, ya no existe”. Sujetos banales, ebrios de emociones y capados de razón cuya propia inconsciencia es el aceite que engrasa la maquinaria del mal. Son operarios robotizados en la cadena de montaje de su república en conserva, y no pueden levantar la cabeza de la mercancía que manipulan y con la que comercian desde hace años. Pero cuando la maquinaria de las mentiras se detiene, pongamos que al topar con la ley, los súbditos más ingenuos -que son siempre los más violentos- acusan el golpe contra el principio de realidad. Toda herida sirve para cobrar conciencia, en este caso la de haber sido engañados. Y entonces se ponen a buscar culpables, incapaces por su propia banalidad de reconocerse a sí mismos como los estúpidos necesarios para el éxito de cualquier timo. Y ahí los tenemos, tomando conciencia en las calles a su manera, que es la manera primitiva de la especie recién separada del mono: descubriendo el fuego.

Por eso es infame comparar los disturbios de Cataluña con los de Hong Kong. En esta esquina democrática del Mediterráneo unos sujetos totalitarios que ignoran que lo son luchan por destruir un sistema pluralista para instaurar un monocultivo identitario. En aquella esquina autoritaria del Pacífico unos sujetos celosos de sus libertades luchan por conservarlas contra el avance de un régimen de partido único. Pero siendo esto así, la sucursal catalana del PSOE aún funambulea entre pluralismo y nacionalismo, entre libertad e identidad, entre España y China. Es el mismo partido que llamaría montapollos a los demócratas hongkoneses como hace con Ciudadanos, que tuvo que fundarse para amparar el derecho a la existencia en Cataluña de catalanes españoles traicionados por el PSC.

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17 octubre, 2019 · 17:36
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Golpistas posmodernos.

Y el fallo confirmó las filtraciones, porque para eso son las filtraciones. Quien filtra persigue un efecto, generalmente político; en este caso, amortiguar la reacción del separatismo en víspera de unas elecciones inciertas. ¿Hasta dónde llegará la reacción? Serán jornadas de airadas protestas porque el Movimiento -la única mayúscula que se merece una ideología en España desde 1975- no puede reconocer que la sentencia es infinitamente menos dura de lo que podría haber sido. Y porque a ese tugurio aún no ha llegado el aguafiestas que encienda la luz y mande a los borrachos a casa antes de ponerse a barrer el suelo de la autonomía de serpentinas fascistoides. Aún puede estirarse la épica ebria de los irresponsables unos días más. Luego vendrá la resaca, pero que nadie se preocupe: será el mismo Estado que pretendieron quebrar el que garantice el ibuprofeno para todos.

Se llevarán los titulares los 13 años para Junqueras por un delito de sedición con malversación; los 12 de Romeva, Bassa y Turull; los 11 de Forcadell, los 10 de Forn y Rull o los nueve de los Jordis. Suenan contundentes y desde luego lo serían si los cumplieran. Pero -y aquí viene la clave de la sentencia- el Supremo ha desestimado la petición de la Fiscalía de que los condenados cumplieran al menos la mitad de su pena antes de poder beneficiarse del tercer grado.

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14 octubre, 2019 · 21:22

Nuestro Areta

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Carlos Santos como Germán Areta.

Por la calle oscura de una gran ciudad de un país en transición baja un hombre que no es oscuro ni grande ni mudable. Se llama Germán Areta. Parece un hombre común, ciudadano de una dictadura que agoniza, pero no se hace ilusiones respecto del futuro: conoce la maldad y se opone a ella por instinto, y entiende que la vigencia de ese enfrentamiento no depende de la forma del Estado sino del corazón podrido de los hombres; y por cierto, de no pocas mujeres. Hace tiempo que no duerme bien pero eso no merma la vigilia de sus sentidos, que son la materia prima de su negocio: detective privado.

Se gana la vida lidiando por dinero con la declarada miseria del prójimo, pero no acepta cualquier encargo aunque le sirviera para empezar una nueva vida en un buen piso a la vera del Retiro. Le sobra valentía para castigar a un maltratador que le dobla en tamaño tanto como para desafiar a un plutócrata vicioso, y le falta el sentimentalismo preciso para disculpar a una mujer que se niega a salvarse a sí misma. Se las arregla para averiguar la verdad sin tender más trampas que las justas, porque su mirada fija accede al alma de su interlocutor como una sonda infalible. Llega, observa y comprende. Pero no juzga.

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5 octubre, 2019 · 17:06

Pedro Frankenstein de Beukelaer

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El Pensador.

Había una vez un apuesto candidato que quería ser príncipe, pero solo podía serlo besando unos sapos muy feos de color amarillo y morado. Así que los besó, y todos en el reino le vieron besarlos, y él sentía vergüenza de haberlos besado. Pero como ya era el príncipe, lanzó desde palacio una campaña contra una plaga de sapos más feos que los suyos, de un verde intenso, y el pueblo tuvo miedo y creyó la versión de palacio, aunque su inquilino seguía necesitando a sus sapos para reinar. El príncipe viajó por Europa, donde odian a los batracios, y decidió que él era un europeo demasiado guapo para depender de ningún sapo, así que hizo un discurso de investidura destinado a “hombres y mujeres libres e iguales en armonía con la naturaleza”. Pero entonces los sapos amarillos y morados que le habían llevado a palacio se sintieron repudiados y dolidos. Y ahora todo el reino aguarda el final del cuento: no se sabe si el príncipe tendrá que volver a comerse sus sapos o provocará elecciones para que el pueblo le reconozca como príncipe absoluto, cosa que es muy difícil porque el sapo verde ya no da tanto miedo como antes.

Pedro Sánchez nos ha contado un cuento de investidura tan fantasioso que las taquígrafas de las Cortes iban ruborizándose al transcribirlo. Rubalcaba, que era científico, aportó la taxonomía precisa del engendro –Frankenstein-, pero Iván Redondo, que es guionista de ficción, se empeña en vendernos al Príncipe de Beukalaer. ¿Cómo se pasa del verde monstruoso al rubio angelical? Pues negando la realidad como los niños: tapándose la cabeza con la manta para no ver al elefante morado en la habitación. Eso ha sido el discurso de Sánchez. Un acarreo de solemnidad plúmbea, clamorosas omisiones -¿Cataluña? ¿No está eso debajo del país de Emmanuel?-, estomagante cursilería y propuestas legislativas muy por encima de sus posibilidades parlamentarias. Tengo anotadas una Ley de Startups, un Estatuto del Trabajador y la Trabajadora, un Estatuto del Artista (y la Artista), una Ley de Igualdad de Trato (esta vez no de Trata), un reconocimiento del Derecho a Jugar de los Niños, otro del Derecho a Respirar Aire Limpio, una ¡Ley de Plásticos de Un Solo Uso! y hasta una Ley de Libertad de Conciencia. Que jurídicamente es algo así como una normativa de Respiración Espontánea. Todo ello en medio de amargos lamentos por “tres años de bloqueo político”, expresión que en boca del padre de todos los noes motivó el respingo de Pablo Casado, que se giró asombrado hacia Teodoro García Egea para luego abstenerse de verbalizar la fascinante desvergüenza del hombre que va a gobernarnos.

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22 julio, 2019 · 17:13

Fuego y cenizas en Ciudadanos

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Un adiós sonoro.

Nadie se irá del PSOE por los pactos con Bildu como se ha ido Toni Roldán de Cs por entenderse con Vox. Del enfado del marianismo con Casado tras su giro conservador solo supimos por una filtración periodística. El bipartidismo lleva años sin que uno de los suyos lave los trapos sucios en público. Pero precisamente ese superior nivel de exigencia justificó el nacimiento y la expansión de un nuevo partido de centro reformista, que soñó con la pureza como todos los adolescentes. El problema de la virginidad en política es que mantenerla demasiado tiempo lo único que consigue es aumentar la expectativa de su pérdida. Y cuando sucede, apareces en la portada de todas las revistas.

Roldán se ha subido a un atril y ha hecho lo único que jamás hace un político profesional: soltar todo lo que lleva dentro. La cruda honestidad de su discurso de despedida demuestra, de hecho, que él entró en Cs sin que la mentalidad de partido llegara a entrar en él. Es de los muy pocos que está estaba en el hemiciclo perdiendo dinero y un brillante futuro en la universidad o la empresa. No necesita el sillón: se va porque se niega a seguir tragando los sapos de la estrategia de competición por la derecha. Es verdad que ya se los tragó cuando votó a favor del veto a Sánchez en la Ejecutiva, y que estuvo en Colón -de donde salió con mal cuerpo, como la mayoría de dirigentes de Cs-, y que contribuyó decisivamente a armar el Gobierno de la Junta de Andalucía que acaba de aprobar unos buenos presupuestos con el apoyo de Vox, mucho más barato de lo esperado. Pero se ha imaginado cuatro años -¿ocho?- de oposición al sanchismo desde el flanco derecho y no ha podido resistirlo. “Al final uno se tiene que poder reconocer en el espejo cada mañana”, explicaba el hoy ex diputado a quien le preguntaba por los rumores de su inminente salida.

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25 junio, 2019 · 8:03

Hagan política

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Política.

La única verdad que deben contemplar los aficionados al diseño de pactos poselectorales no es el cordón sanitario al PSOE, ni la foto de Colón, ni los entrañables órdagos de Podemos y Vox. Estos marcos mentales, tan coloridos, pertenecen a la prehistoria electoral, remoto periodo comprendido entre mayo de 2015 y mayo de 2019 en que se trataba de evitar a toda costa la consideración del votante como mayor de edad. Pero es hora de abandonar la infancia. La única verdad, españoles, es que la campaña ha muerto. Los votantes han repartido nuevas cartas y los partidos jugarán nuevas bazas. Hay un puñado de ciudades y al menos cinco autonomías en disputa: Madrid, Castilla y León, Aragón, Murcia, Navarra. Ciudadanos decidirá con quién manda en todas ellas. A esa capacidad de decisión que Podemos ha perdido se le llama poder, y el poder en manos de Rivera no es algo que tranquilice ni al PSOE ni al PP. Tampoco a los politólogos acostumbrados a que mande el PSOE o el PP, autómatas binarios que profetizan la desaparición de Cs un minuto antes de que se abran las urnas y Cs mejore notablemente sus resultados; momento en que se apresuran a pedir dimisiones. Pero la politología es hija de la ufología y el papel cuché, y nadie es del todo responsable de sus obsesiones.

El vetusto engranaje del maniqueísmo nacional empezó a griparse ayer cuando Arrimadas anunció un comité negociador de gobiernos constitucionalistas (incluyendo al PSOE) que jubilaba la socorrida plantilla mental de las-tres-derechas. En ese preciso instante Cs volvió a parecer peligrosamente socialdemócrata a los conservadores sin dejar de exhibir un amenazante perfil conservador a los ojos de los socialistas. Todo depende del punto del mapa donde se libre la batalla y se pueda defender el propio programa. La portavocía de Mesquida y los mensajes de Villacís balizan la misma intención: diálogo a derecha… y a izquierda. Cuando las elecciones pasan, la vida inteligente -ondulante, diría Pla– recobra su honorable lugar en la política.

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28 mayo, 2019 · 10:44

El Sansón de Galapagar

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El ayer.

Rajoy votó en Aravaca y no había una sola cámara esperándole. No hemos visto esa imagen. Y a nadie parece haberle importado. Esta atroz indiferencia hacia quien malversó como presidente el mayor poder territorial de la historia del PP (2011-2015) vale como metáfora del tiempo político que se abre, del cual el centroderecha parece tan excluido como lo estuvo el PSOE durante su travesía del desierto. Vuelve a cumplirse el efecto Mateo, que citaba Mostaza: al que tiene, que es Sánchez, se le dará, y al que no tiene aun lo que tiene le será arrebatado. Si la voz del pueblo es la voz de Dios, la moraleja es que Dios no perdona a quienes se dejan el poder en un bar. Los barones que mataron a Sánchez hoy imperan gracias a su censura y su manejo del calendario.

Pablo Casado heredó la ruina y en las generales quedó a la intemperie, expuesto como un nudista en un funeral. Pasó el mes temblando, implorando la misma carambola de Andalucía, donde la implantación territorial de su partido le permitió ganar perdiendo. Y los dioses de Galapagar se la han concedido. La balsámica victoria en la capital se la deberá siempre Casado a Iglesias, que lanzó a Sánchez Mato contra Carmena en la operación más narcisa y contraproducente desde que Sansón se tiró el templo encima solo por aplastar también a los filisteos. Para que el símil termine de ser exacto, el aún líder de Podemos debería cortarse la coleta. Porque fue el gran derrotado de la noche en que observó la drástica mengua de su poder. No solo pierde todas las llamadas alcaldías del cambio (las mareas pasan a denominarse las resacas): es que su más significado contradictor, Kichi, es el único que retiene el mando en plaza. Si Iglesias no consigue que Sánchez le cobije en el ministerio soñado -si era improbable antes, tras esta debacle más-, en Vistalegre III le va a tocar hacer el papel de Robespierre. El del final, no el del principio.

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27 mayo, 2019 · 12:15

Pestífero lamedal

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“Si me necesitas ya sabes”.

Si una diputada parecida a Jane Austen se dispone a presidir el pleno, será fácil que todo lo que ocurra después resulte escandaloso. Pero si es el mismo Valle-Inclán el encargado de abrir la sesión constitutiva de las Cortes, ya nada de lo que venga luego debería sorprendernos. Con este magistral manejo de las expectativas -a la baja- arrancó la XIII Legislatura en un Parlamento feo, poco católico y demasiado sentimental. Y sin embargo Agustín Zamarrón, nombre del diputado socialista identificado con el padre del esperpento así en la barba como en el verbo, fue el parlamentario más exquisito de la mañana. Un caballero de otro tiempo que instaba a sus señorías a «dejar expedito el pasillo» en evitación de colas tan largas como «las del pan en época de carestía», y deliciosas apelaciones por el estilo. Nos quitamos el cráneo ante un diputado capaz de declarar que «se hiere al pueblo cuando se habla con simpleza».

El problema del pueblo es que ya no existe. Ahora hay tribus en liza, y lo que hiere a una tribu reconforta a otra. Lo expresó bien Meritxell Batet en su discurso inaugural: «Somos del pueblo, no somos el pueblo». Pero su voluntarioso llamamiento a la tolerancia vino precedido de una permisividad culpable ante el grotesco espectáculo de unas fórmulas de acatamiento humillantes para cualquier español que aprecie su democracia, contestadas con las pataletas patrioteras de los voxeros -un 155 acústico-, estratégicamente colocados en la chepa de Pedro Sánchez. Uno mira ese hemiciclo tomado por carlistas de todos los partidos, incluido el de Pisarello, que ya no sé cuál es, y no está seguro de que contenga más creyentes en el 78 que ateos o escépticos. Con esa yunta de bueyes y jabalíes mal puede arar recto la presidenta Batet. Más le vale olvidar los tacticismos electorales y suspender ya a los diputados presos o nunca empezará a revestirse de la mínima autoridad que pide el cargo. Que se fije en Marchena.

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22 mayo, 2019 · 10:04