Sobre el autor

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Jorge Bustos

Nació en Madrid en 1982 bajo el signo de sagitario. De pequeño se obsesionó con la sintaxis. Estudió Clásicas y Teoría de la Literatura en la Complutense, y logró que su expediente llamara la atención del jurado en los Premios Nacionales de Fin de Carrera de 2005. Traducir a Virgilio y escribir crítica para revistas –incluso fundarlas: aquella Silencios que fue la mejor en su género– siempre le pareció más decente que hacer versos antibelicistas, pero el pragmatismo lo echó en brazos de lo que Connolly llamaba la buglosa azul, o sea, la llamada de clarín del periodismo, con sus rápidos ingresos y su estéril preceptiva: “Aquello que está hecho para que se lea una sola vez raramente puede leerse más de una vez, y el periodista tiene que aceptar el hecho de que su trabajo, por su misma actualidad, está excluido de cualquier participación en el mañana”. A los diecinueve vio por primera vez su firma impresa: era un boletín de crítica literaria de la agencia Aceprensa, donde colaboraría durante años, pues pensó, al revés que Steiner, que de la frustración del crítico podría surgir un novelista. En la editora Estrenos 21, su primer contrato, redactaba lo mismo campañas sobre hipotecas del Santander que análisis sobre Operación Triunfo, y es posible que sean la misma cosa. Coordinó para el Ministerio de Educación una web de narrativa contemporánea, lo que le permitió dar réplica a la voz ebria de algunos de nuestros escritores más reputados (no dará nombres). De El Distrito, periódico local de Madrid donde se inició precariamente en el periodismo político, pasó a La Gaceta de los Negocios, luego adquirida por Intereconomía. En este grupo fue reportero en la revista Época, redactor de Nacional y columnista, cronista viajero, contraportadista de La Gaceta, también tertuliano televisivo y radiofónico. Cinco años después, en abril de 2013, salió de allí con algún estrépito que la memoria de lo mejor amortiguará más pronto que tarde. Se propuso en adelante sostenerse ofertando la pluma mercenaria al mejor postor. Mantuvo colaboración periódica con Suma Cultural, Zoom News, Jot Down Cultural Magazine, Nueva Revista, Revista Leer y Revista de Libros entre otras –y en este blog se dio cuenta de cada encargo completado con éxito–, sin perjuicio de que nuevos interesados se fueran sumando a la fiesta. Aún no podía permitirse el lujo de desdeñar los debates catódicos o radiofónicos cuando le requerían, así en Al Rojo Vivo de La Sexta, Las Mañanas de Radio Nacional de España o Diario de la Noche de Telemadrid. Fue reclutado como crítico literario de El Cultural de El Mundo. Demostró asimismo su madridismo radical en tertulias deportivas, de Real Madrid TV a El Chiringuito y La Goleada de 13TV, aunque teme que nunca se avillanará lo suficiente para triunfar de veras delante de una cámara. Para compensar las horas de televisión debutó en diciembre de 2014 como conferenciante en Caixa Fórum con una sesuda disertación sobre las raíces culturales del futuro, y en la primavera de 2015 publicó La granja humana (Ariel), su primer libro: una relectura de fábulas clásicas a caballo entre el columnismo irónico y el ensayismo ético. En la primavera de 2016 publica el segundo, El hígado de Prometeo (Nobel), un ramillete de diatribas contra la estupidez posmoderna que quedó finalista del XXII Premio Internacional de Ensayo Jovellanos. En mayo de 2017 ve la luz su vitriólico dietario de juventud, Crónicas biliares, prosa experimental que espera no motive ninguna demanda.

Finalmente, el 16 de enero de 2015 recibió la llamada del director del diario El Mundo, Casimiro García-Abadillo, y ató gustosamente su destino a las páginas del periódico de Unidad Editorial como cronista, columnista, reportero y lo que tengan a bien mandar. El puesto soñado, el contrato indefinido, la felicidad completa. En el verano de 2015 fue requerido por Carlos Herrera para colaborar en Cope, emisora con la que ha cerrado un contrato de dedicación exclusiva, así como por Mediaset para la tertulia política de El programa de Ana Rosa. En junio de 2017 entró a formar parte del consejo asesor de la Fundéu. Entre El Mundo, Cope, Telecinco y La Sexta (Ferreras le llamó para Al Rojo Vivo antes que nadie) repartía su tiempo profesional, sin abandonar labores puntuales de crítico y articulista en El Cultural, Nueva RevistaLeer, ni tampoco las tertulias futboleras y militantes de Real Madrid TV. Hasta que en septiembre de 2017 fue nombrado jefe de opinión de El Mundo.

Bustos, señores, no es malo, aunque no le faltarían motivos para serlo. Tampoco es tonto, y esto es lo primero que debería empezar a cambiar: en esta vida, recomendaba Ramón, hay que ser un poco tonto porque si no lo son solo los demás y no nos dejan nada. Dará puntual noticia aquí de sus intentos.

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