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Quién teme a Gerard Piqué

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Gerard jugueteando.

Resulta difícil cifrar el número aproximado de madridistas que se han sentido ofendidos de veras por las provocaciones del entrañable Piqué. La teoría de la gota que colma el vaso choca, en el caso del contumaz esposo de Shakira, con la doctrina de la tuerca pasada de rosca. Personalmente pertenezco al segundo grupo: al de los madridistas a los que don Gerard no puede ya indignar porque no son capaces de mirarle sin ternura. La que merece un muchacho voluntarioso que, por mucho tesón que pone en su cruzada, todavía no ha sido recompensado siquiera con alguna de las cuatro capitanías del Barça. El tiempo pasa, y todos los expertos recomiendan haber sido como mínimo cuarto capitán si se aspira un día a la presidencia de tu club. Dicen que está dejando las timbas de póker y los salivazos sobre compañeros: la progresión es la adecuada. Sinceramente no nos explicamos qué más tiene que hacer este chico.

Sin embargo, es posible que sus travesuras todavía logren soliviantar al sector más emocional del madridismo. Quizá muchos de estos aficionados de natural combativo se hayan preguntado estos días por qué el presidente del Real Madrid no sale a atajar las insidias del bocachancla habitual, especialmente desde que el Barça anunciara que las comparte y respalda institucionalmente. Yo estoy en disposición de avanzar lo que les contestaría Florentino Pérez: «El Real Madrid es demasiado grande como para rebajarse a librar una guerra sucia. Todo lo que hiciéramos hoy en ese sentido sería materia de arrepentimiento mañana, porque quien más tiene que perder en estos casos siempre es quien más prestigio arriesga. Yo pediría al madridismo que no pierda el sentido de la proporción. Somos el Real Madrid».

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El bueno (Montoro), la fea (Pastor) y el malo (Puigdemont) en La Linterna de COPE

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3 abril, 2017 · 11:16

Pax Zidania

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El yin y el yang.

Confieso que me senté a ver el derbi de Manchester con espíritu olímpico, o sea, creyéndome por encima de la rivalidad MouPep que tanta satisfacción me dio en los días felices de la trinchera. Pero fue verlos saludarse y una pulsión reptiliana que creía extinguida comenzó a moverse desde lo hondo de su cueva primordial. A los 15 minutos ya estaba agarrado a la botella, y para cuando el maldito árbitro pitó el descanso me había partido tres uñas contra el reposabrazos y proyectado un par de denuncias ante el TC.

Mi yo racional diría que Pep impuso su juego el tiempo suficiente para que la reacción honorable y visceral de los de Mou equilibrase el partido. Pero un juicio tan ecuménico palidece frente al apasionamiento que todavía desencadena el choque entre estos dos profetas de nuestra era. Con toda humildad, dejo consignada la involuntaria terquedad de mi mourinhismo, solo aliviada por una simétrica prevalencia del antimourinhismo que ni los comentaristas de Movistar acertaban a reprimir. En alguna capa profunda de la psique colectiva nos seguimos rigiendo por la dialéctica Guardiola-Mourinho, quizá por la misma razón por la que los niños recuerdan mejor los crímenes del Antiguo Testamento que los perdones del Nuevo.

Vayamos con la Pax Zidania, esos 15 partidos consecutivos que el Madrid no ganaba en Liga desde Muñoz. Cristiano salió, recibió y marcó. Y fue sustituido en el 65 por Karim, que aprovechó para entrenar disparos al larguero. ¿Muestra Zidane intenciones de dosificar a CR o solo se preocupa de su lesión? La bolsa de hielo sobre la santa rodilla argüía lo segundo.

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11 septiembre, 2016 · 13:08

ZZ contra los narcisos

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“Cómo no voy a sonreír, si soy Zidane”.

Le preguntan a Zidane si se arrepiente de poner tanto a Cristiano, o de reservarle tan poco. Ante semejante cuestionamiento de su criterio cualquier entrenador -qué tiempos aquellos en que sólo lo hacía Mourinho– como mínimo habría inquirido por el nombre del periodista, estilo Pablemos, pero Zidane va y contesta que sí, que qué quieres que te diga. Si el riesgo comporta que se te lesione el crack pues me arrepiento a veces, claro.

Se lo vuelven a preguntar en la siguiente rueda de prensa, que si está seguro. Y responde que Cristiano es intocable porque sus números cantan, pero que debe dar banquillo a su ansia estadística porque si fuera por el interesado jugaría desde el hospital. Entre medias ha mediado un razonamiento impecable y un parte médico de leve sobrecarga. Matemáticas, razón, ciencia: he aquí las armas limpias con las que Zidane se enfrenta a la prensa.

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23 abril, 2016 · 13:47

Terrorismo machista, dicen

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Esto sí fue terrorismo.

Una diputada de Podemos se ha disculpado así por mezclar el asesinato de Miguel Ángel Blanco con el último crimen machista acaecido en Zaragoza: «A pesar de relacionarse emocionalmente por su efecto en mí, la comparación es desafortunada».

Sí, su comparación resulta tan desafortunada como su sintaxis, pero siendo deleznable la expresión lingüística de la diputada no lo es tanto como la operación psicológica que la precedió, y que ella misma define como una «relación emocional». Estas cosas suceden por creer que el sintagma inteligencia emocional es algo más que un oxímoron. En la mente de la diputada de Podemos bulliría el voluntarioso concepto terrorismo machista segundos antes de formular su infame analogía, pero al obrar así solo reflejaba la penetración social que tal concepto absurdo está logrando, a despecho de la inteligencia de loros y cacatúas.

El terrorismo machista no existe. Existe el terrorismo, y existen los crímenes machistas. Pero no hay algo como una organización de criminales que van matando mujeres para reivindicar la causa del patriarcado. El terrorista elige a víctimas anónimas o simbólicas para extender con fines propagandísticos el pánico que enorgullezca a su facción, mientras que el machista mata a alguien a quien conoce íntimamente, y hasta consumar su crimen huye celosamente de toda publicidad. Si se suicida lo hace por desesperación culpable, no porque esté convencido de que le aguardan las 72 gratificantes huríes del paraíso coránico. Una víctima de ETA nunca amó a su verdugo; una víctima de su ex marido sí. No hay comandos de ex maridos organizados para asesinar, y no se alojan en pisos francos sino en una casa que fue hogar antes de romperse. Constatemos en fin que el maltrato se antoja el único problema no político en España: ningún otro suscita tanto consenso y ninguno se resiste tan tercamente a la unidad de acción en su contra, con una tasa de víctimas que no amaina año a año.

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Mi tributo a Umberto Eco en El Parnasillo de Herrera en COPE

Chat en El Mundo con Iñako Díaz-Guerra a cuenta del derbi

Comentario en COPE sobre el teatro de Sánchez que viene

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26 febrero, 2016 · 10:39

Ante la duda, echar al entrenador

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“Pregúntame. A ver de qué eres capaz”

El día después de las elecciones estaba uno invitado a la copa de prensa en el Bernabéu. Supongo que la convocaron para ese día en la esperanza de que los periodistas -deportivos, pero periodistas al cabo- se olvidaran un poco de Benítez y se distrajeran algo con la resaca electoral. Y al principio funcionó, pues creo que no fui yo el único que se acercó a Florentino para preguntarle por la tabla del bipartidismo y la quiniela de los pactos.

-Yo sobre todo sé de política.

-Lo sé, presidente. Por eso.

Su teoría sobre quién debe y quién va a gobernar España -la distinción es solo aparente, o no- no es materia de esta columna, así que procederemos a consignar las opiniones de Florentino Pérez en materia de fútbol, que tan escaso interés revisten para él y para mí. Confieso que logré retenerlo en una esquina solitaria durante unos minutos, pero enseguida empezaron a sumarse compañeros y ya hubo que hablar de fútbol y del Real Madrid, como en un bar cualquiera. Lo cierto es que en los corrillos con reporteros el presidente apuntaló al entrenador como solo hace cuando tiene decidido echarle. Con mucha mayor convicción defendió el legado de Mourinho -“intensidad, intensidad”- y lamentó el annus horribilis que acaba con 2015. También habló de los árbitros y aún más de la prensa, que son dos famosas obsesiones florentinianas. Y madridistas en general, a qué engañarse. Yo le dije lealmente que el presidente del Real Madrid no debería bajar al barro a forcejear con los plumillas en esas ruedas suyas que hacen llorar al gatito de Gento, pero creo que no le convencí.

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2 enero, 2016 · 11:39

¿Existe Benítez?

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“¿Llegaré al turrón?”

A un 2014 fastuoso le sucedió un 2015 olvidable siguiendo los cánones pendulares de la ciclotimia madridista. Ahora toca marejada y los medios hacen quinielas desahogadísimas sobre si volverá antes Ancelotti o Mourinho. Lo extraño es que no incluyan a Susana Díaz, que es la que tiene más papeletas. Desde el rutinario ojo del huracán, Florentino ha tirado de sabio marianismo y ha enunciado una verdad indiscutible:

-Mourinho ahora mismo no, porque tenemos a Benítez.

Pero basta pronunciar el nombre azufroso de Mourinho para que el contador de visitas online comience a echar humo. Y los comentaristas ya hacen cábalas sobre la salida de Cristiano y Ramos y la karankización del mismísimo Arbeloa. En todo caso, para que vuelva Mourinho al Madrid lo primero que hay que gestionar es el retorno de Guardiola al Barça. Sin némesis la tragedia no funciona, y corremos todos el riesgo de que aquella bonita historia se termine repitiendo como farsa. En Barcelona están acostumbrados, e incluso han habilitado a esos efectos un teatro en el mismo Parlament; pero la modestia mesetaria solo alcanza para programar vodeviles y astracanes.

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19 diciembre, 2015 · 11:31

Charlando sobre fútbol y letras con Hughes

El vídeo completo de nuestra charla, cortesía de la Fundación Manuel Alcántara y moderada por Rafa Porras, en el marco incomparable de Málaga:

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2 octubre, 2015 · 10:42

Benítez o la llegada del Mesías

De la ley a la ley.

De la ley a la ley.

Según el chiste judío, el oficio más seguro del mundo es el de vigilante de la llegada del Mesías. Pues bien: el oficio más inseguro del mundo es el de entrenador del Real Madrid, cuya duración es tan quimérica como la conquista de todas las ediciones de Champions que resten hasta el fin de los tiempos. Y aún ganándolas todas, seguramente el equipo lo haría con un míster diferente cada dos años, como máximo. ¿Por qué es así el Madrid?

En realidad no es una característica privativa del Madrid. Si nos pusiéramos filosóficos, actitud temeraria cuando se mete uno en un bar (que eso es hablar del Madrid), diríamos que la sociedad del espectáculo es una superestructura del consumismo que acelera el deterioro de la imagen pública, y hay pocas imágenes en Occidente más expuestas al fuego devorador de la opinión pública que la del entrenador de turno del Real Madrid Club de Fútbol. El circo mediático se alimenta de la novedad con bulimia destructiva y trata a profesionales como estrictos fusibles: solo sirven mientras dan luz. Lo intentó explicar Casillas: “Hay gente que sencillamente se cansa de tu cara”. No es tan sencillo en tu caso, Iker, pero algo de eso hay, más allá de que a los 34 se pierden los reflejos y, definitivamente, la esperanza de aprender a salir por alto. Sobre el modo en que una leyenda devino un quiste, el santo un traidor, el Jekyll de la campechanía un Hyde de la delación podríamos escribir un libro, pero ese descenso a las sentinas del cainismo merengue y la venalidad periodística no está pagado.

Iker no es ni mucho menos el mayor culpable del año en blanco, y cada minuto que pase fuera del Madrid -si toma este verano la decisión correcta- contribuirá a restituirle la devoción que merece su mito erguido en Glasgow y Suráfrica. Que es uno de los grandes lo prueba el hecho de que se va a ir mal, lo mismo que Di Stéfano o Raúl. Dejando de lado su (no) concurso, el Madrid de Ancelotti funcionó tan solo a ráfagas, algunas épicas, pero el problema del huracán cuando amaina es que deja una calma insoportable. El bar sí la soporta, incluso la ama, y por eso se evacuan estos días en las barras de la capital comentarios como el que oí esta mañana: “Yo no lo habría echao, era formal y educado como el que más”. A este respecto evoca Hughes el consejo sabio de su preparador: “Si por las mañanas, camino del despacho, el personal es simpático y te da los buenos días, es que lo estás haciendo mal”. Y si te aplaude la prensa especializada, ya no digamos. Ahí está el caso de Luis Enrique, desahuciado por la prensa culé y hoy el español con más capacidad de ajustar cuentas pendientes desde Fernando VII.

Cómo no iba a caernos bien Carletto, por favor. Qué hombre tan admirable y qué entrenador tan guadianesco, capaz de la gesta de Múnich y de las capitulaciones ante Barça o Atleti. La pura verdad -y uno, sin ser periodista deportivo, alguna fuente tiene en ese club- es que Ancelotti perdió la confianza de la directiva cuando dejó ir la Liga de 2014 que redondeaba un triplete para la historia: el primero del Real Madrid. El cabezazo de Ramos (y sobre todo el siguiente de Bale, del que se habla menos) amarró al buen Carlo al banquillo, y el vistoso juego de la primera vuelta de esta Liga parecía que lo atornillaba. Pero un odioso axioma del fútbol determina que esto es como acaba, nunca como empieza. Y la temporada la acabaron los jugadores en el pasillo que va del diván del psicólogo a la enfermería del fisio. Nada nuevo en la esquizoide historia blanca, porque el mandato fijo de la excelencia no puede arrojar mentes equilibradas. Ancelotti la tiene, y esa ha sido su tumba en un club que vive del vértigo perpetuo; Mourinho no la tenía, y ha sido el más longevo en el puesto en lo que va de siglo.

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