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Mourinho aún aprende

Por si tuviéramos poca tensión en precampaña, Mourinho acaba de deslizar sus rodillas victoriosas por el césped del Camp Nou. En términos culturales ese gesto está peligrosamente cerca del neocolonialismo. En términos políticos supone la continuación del 155 por medios balompédicos. Y en términos electorales podría traducirse en un nuevo repunte de Aliança Catalana, que explota como nadie el eterno vaivén de la arrogancia al agravio que resume la psique de un buen culé. Pero no estoy aquí para recrearme en la gloriosa victoria de mi equipo sino para señalar sus causas morales, de las que se derivan las mejoras tácticas. Si el Madrid ganó en Barcelona fue porque alguien recuperó a esos jugadores para el compromiso colectivo, pero cuidando de no anular su talento individual. Ese hombre se llama José Mourinho.

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27 octubre, 2026 · 19:06

Duelo en Chamartín

El Madrid es el único club del mundo que ofrece más espectáculo cuando pierde. Precisamente porque la victoria del Madrid se da por sentada: es la dulce rutina y la feroz exigencia que Santiago Bernabéu inscribió en su naturaleza. Pero en esta ocasión, por primera vez en dos décadas, la crisis del Madrid se ha canalizado a través de un proceso electoral de los que hacen afición, nunca mejor dicho. La campaña ha tenido todo lo que le pedimos a una campaña: eslóganes brillantes, mentiras groseras, populismo desorejado, golpes de efecto, notarios atónitos, fichajes estelares, entrevistas contraprogramadas, ataques cruzados y teorías de la conspiración. La cosa ha quedado vista para la sentencia de los socios, que votarán este domingo por Florentino Pérez o por Enrique Riquelme.

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5 junio, 2026 · 11:12

El Madrid sin primavera o la segunda venida de Mourinho

Un fantasma vuelve a recorrer Europa: es el fantasma de José Mourinho. Los medios mejor informados aseguran que el técnico portugués ya ha hablado con varios de los que serán sus jugadores la próxima temporada. Otros medios, tan bien informados o mejor que los anteriores, saben de buena tinta que Toni Kroos –el alemán más extrañado desde la muerte de Goethe– trata en estos instantes de persuadir a mi tocayo Klopp de que acepte el pacto fáustico que supone entrenar al Real Madrid. Hay quien afirma finalmente que el puesto de Kroos no sería el de correveidile sino el de director deportivo, si es que existe alguna diferencia.

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2 mayo, 2026 · 10:00

La sangre del cordero

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El Innombrable.

Y el pueblo de Israel embadurnó el dintel de sus puertas con la sangre del cordero, de un cordero turco por más señas, y así logró que el ángel exterminador nacido en Setúbal pasara de largo al ver la marca de una nueva victoria en Europa. Nada como la invocación del terrible nombre de Mourinho para poner a este vestuario a competir como debe. Desde el primer minuto la actitud fue otra, y no había terminado ese minuto cuando el Madrid ya había malgastado la primera de la treintena de ocasiones que acumularía durante un partido con marchamo de apocalíptico como un episodio del Antiguo Testamento. Llegaremos al Nuevo cuando el equipo meta algún gol más, pero la historia de la redención no se escribe en unos días. Paciencia.

El cierre de filas de los jugadores en torno a su buen pastor, Zidane, obró el milagro de la intensidad, la movilidad, las líneas juntas y el centro del campo bien poblado, aunque las espaldas de Ramos y Marcelo evocaban por momentos la plaza barcelonesa de Urquinaona: un territorio abandonado a la anarquía. Menos mal que esta vez Courtois decidió demostrar por qué su fichaje nunca fue un capricho: tres paradas de mérito le devolvieron esa jeta de De Gaulle que tanto respeto infunde.

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23 octubre, 2019 · 10:28

Blanca catedral

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Hughes, Marta del Riego, Ángel del Riego y Jorge Bustos (o sea, yo).

[Reproduzco a continuación mi prólogo a La Biblia blanca, de Ángel y Marta del Riego Anta, editorial Córner]

No sabemos si la publicación de una biblia madridista, valga la redundancia, es una obsesión de fanáticos o una empresa propia del Renacimiento. Pero si se trata de tender un puente entre los Ultra Sur y el cardenal Cisneros, yo quiero formar parte de tan santo pontificado. Mis credenciales son inequívocas: el madridismo, bajo la forma militante del mourinhismo, constituyó mi última religión profesada con fervor, es decir, sin respeto, con verdadero espíritu de cruzada. La vida lo atempera a uno y lo vuelve más cínico y quizá más sabio, pero yo no puedo olvidar la pasión personalmente exaltante que coloreó aquellos días de ruido y furia. Después de aquello gané cuatro copas de Europa seguidas, y en las cuatro finales estuve en el estadio, pero no me importa reconocer que ya nunca volveré a vivir el fútbol con la intensidad del sacro trienio en que Yahvé fue del Madrid y Mourinho su profeta. Aquellos pentecostés en que el Espíritu bajaba en lenguas de fuego y prendía la sala de prensa. Aquellos clásicos que parecían guerras de religión rodadas por Mel Gibson y donde echábamos las semanas posteriores recontando cadáveres, arrastrando los suyos por el barro y dándoles a los nuestros cristiana sepultura.

Hay muchas especies de fe, pero solo una religión verdadera. No lo dijo un papa sino Kant, que no era precisamente de los que mojaban la pluma en agua bendita. Hay muchas aficiones y luego está el aficionado del Real Madrid, que es el único club verdadero, con su curia vaticana y sus parroquias de barrio. Como toda religión verdadera el Real Madrid sufre cismas periódicos, es agitado por heresiarcas ambiciosos y telepredicadores sombríos, sucumbe a travesías por el desierto durante las cuales el pueblo es tentado por la idolatría y finalmente conoce el restablecimiento de la ortodoxia en el cónclave de los socios, que siguen siendo los dueños de su fe y de su templo.

Ahora bien: la religión madridista no es ecuménica. No practica el entendimiento buenista entre todas las confesiones y la redistribución del palmarés, sino la hegemonía más rapaz, una suerte de dominación feudal, aristocrática pero inmisericorde. En esto se separa del imperativo categórico de Kant, que ruega a los madridistas que no ganen todo aquello que les gustaría ganar a los demás, y abraza en su lugar la voluntad de poder de Nietzsche, que no reconoce más criterio moral que la conquista perpetua, el eterno retorno de las copas de Europa. El madridismo, por tanto, no es un credo evangélico –mucho menos protestante: este sería el del Atleti– salvo por una frase: “Al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene”.

Un día paseaba Heine con un amigo por el interior de una grandiosa catedral europea. Su amigo, abrumado por la belleza que levantaron nuestros antepasados, comparó tanta magnanimidad con la mediocridad de su tiempo y le preguntó entristecido a Heine por qué los europeos ya no eran capaces de edificar catedrales. El gran poeta alemán respondió: “Nosotros, los modernos, no tenemos más que opiniones, y para elevar una catedral gótica se necesita algo más que una opinión”. Efectivamente: se necesita una fe. Por eso el Madrid continúa levantando por todo el continente orejonas como catedrales: París, Madrid, Bruselas, Stuttgart, Glasgow, Bruselas otra vez, Ámsterdam, París, Glasgow otra vez, Lisboa, Milán, Cardiff, Kiev. Al fin y al cabo, todo el mundo tiene una opinión, pero solo el Madrid tiene trece copas de Europa.

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15 noviembre, 2018 · 14:02

Quién teme a Gerard Piqué

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Gerard jugueteando.

Resulta difícil cifrar el número aproximado de madridistas que se han sentido ofendidos de veras por las provocaciones del entrañable Piqué. La teoría de la gota que colma el vaso choca, en el caso del contumaz esposo de Shakira, con la doctrina de la tuerca pasada de rosca. Personalmente pertenezco al segundo grupo: al de los madridistas a los que don Gerard no puede ya indignar porque no son capaces de mirarle sin ternura. La que merece un muchacho voluntarioso que, por mucho tesón que pone en su cruzada, todavía no ha sido recompensado siquiera con alguna de las cuatro capitanías del Barça. El tiempo pasa, y todos los expertos recomiendan haber sido como mínimo cuarto capitán si se aspira un día a la presidencia de tu club. Dicen que está dejando las timbas de póker y los salivazos sobre compañeros: la progresión es la adecuada. Sinceramente no nos explicamos qué más tiene que hacer este chico.

Sin embargo, es posible que sus travesuras todavía logren soliviantar al sector más emocional del madridismo. Quizá muchos de estos aficionados de natural combativo se hayan preguntado estos días por qué el presidente del Real Madrid no sale a atajar las insidias del bocachancla habitual, especialmente desde que el Barça anunciara que las comparte y respalda institucionalmente. Yo estoy en disposición de avanzar lo que les contestaría Florentino Pérez: «El Real Madrid es demasiado grande como para rebajarse a librar una guerra sucia. Todo lo que hiciéramos hoy en ese sentido sería materia de arrepentimiento mañana, porque quien más tiene que perder en estos casos siempre es quien más prestigio arriesga. Yo pediría al madridismo que no pierda el sentido de la proporción. Somos el Real Madrid».

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El bueno (Montoro), la fea (Pastor) y el malo (Puigdemont) en La Linterna de COPE

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3 abril, 2017 · 11:16

Pax Zidania

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El yin y el yang.

Confieso que me senté a ver el derbi de Manchester con espíritu olímpico, o sea, creyéndome por encima de la rivalidad Mou–Pep que tanta satisfacción me dio en los días felices de la trinchera. Pero fue verlos saludarse y una pulsión reptiliana que creía extinguida comenzó a moverse desde lo hondo de su cueva primordial. A los 15 minutos ya estaba agarrado a la botella, y para cuando el maldito árbitro pitó el descanso me había partido tres uñas contra el reposabrazos y proyectado un par de denuncias ante el TC.

Mi yo racional diría que Pep impuso su juego el tiempo suficiente para que la reacción honorable y visceral de los de Mou equilibrase el partido. Pero un juicio tan ecuménico palidece frente al apasionamiento que todavía desencadena el choque entre estos dos profetas de nuestra era. Con toda humildad, dejo consignada la involuntaria terquedad de mi mourinhismo, solo aliviada por una simétrica prevalencia del antimourinhismo que ni los comentaristas de Movistar acertaban a reprimir. En alguna capa profunda de la psique colectiva nos seguimos rigiendo por la dialéctica Guardiola-Mourinho, quizá por la misma razón por la que los niños recuerdan mejor los crímenes del Antiguo Testamento que los perdones del Nuevo.

Vayamos con la Pax Zidania, esos 15 partidos consecutivos que el Madrid no ganaba en Liga desde Muñoz. Cristiano salió, recibió y marcó. Y fue sustituido en el 65 por Karim, que aprovechó para entrenar disparos al larguero. ¿Muestra Zidane intenciones de dosificar a CR o solo se preocupa de su lesión? La bolsa de hielo sobre la santa rodilla argüía lo segundo.

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11 septiembre, 2016 · 13:08

ZZ contra los narcisos

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«Cómo no voy a sonreír, si soy Zidane».

Le preguntan a Zidane si se arrepiente de poner tanto a Cristiano, o de reservarle tan poco. Ante semejante cuestionamiento de su criterio cualquier entrenador -qué tiempos aquellos en que sólo lo hacía Mourinho– como mínimo habría inquirido por el nombre del periodista, estilo Pablemos, pero Zidane va y contesta que sí, que qué quieres que te diga. Si el riesgo comporta que se te lesione el crack pues me arrepiento a veces, claro.

Se lo vuelven a preguntar en la siguiente rueda de prensa, que si está seguro. Y responde que Cristiano es intocable porque sus números cantan, pero que debe dar banquillo a su ansia estadística porque si fuera por el interesado jugaría desde el hospital. Entre medias ha mediado un razonamiento impecable y un parte médico de leve sobrecarga. Matemáticas, razón, ciencia: he aquí las armas limpias con las que Zidane se enfrenta a la prensa.

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23 abril, 2016 · 13:47