Archivo de la categoría: Otros

Entrevista en Europa Press

fotonoticia_20170816122827_260

[Me entrevista la agencia Europa Press a cuenta de Crónicas biliares, pero también hablamos de columnismo, de pijoprogres y del santo nombre del Real Madrid]

El periodista Jorge Bustos reúne en ‘Crónicas biliares’ (Círculo de Tiza) ensayos escritos con “unos cínicos 25 años” en los que muestra una mirada particular respecto a temas que le preocupan como el periodismo, la crisis o la literatura. También hay en este libro un espacio para el análisis crítico de la sociedad, como cuando en uno de los textos habla de que “los antisistema no son más que gamberros adinerados”.

“Lo que sí sabía ya hace diez años, que es cuando escribí esa frase, es que me repugnan los revolucionarios de salón que no arriesgan nada porque saben que al final el sistema les perdonará sus travesuras, a menudo con nómina pública y últimamente hasta con escaño. Esa indignación primermundista es épica de Decathlon”, ha señalado en una entrevista con Europa Press el autor.

Leer más…

Deja un comentario

17 agosto, 2017 · 13:45

Salvad a las benditas cucarachas

DFkZ8n-XYAAtOj_.jpg-large

Firma invitada.

Dicen que la genética acabará consumando nuestro anhelo de perfección. Que la ciencia avanzará tanto trecho que los hombres no envejecerán, ni los niños nacerán con los ojos marrones si sus padres los prefieren azules, ni los estudiantes deberán esforzarse para aprender porque máquinas serviciales lo sabrán todo por ellos. Que ningún narciso tendrá ya que preocuparse de filtrar sus autofotos porque, se mire como se mire, saldrá siempre guapísimo.

Dicen incluso que los nuevos algoritmos son capaces de redactar noticias mejor que cualquier falible becario. Y un día, quizá pronto, la inteligencia artificial escribirá columnas de opinión. Y las escribirá tan ponderadas e ignífugas, tan acompasadas a la fenomenal marcha del planeta que ninguna red arderá con ellas, ni el trol más esquinado podrá satisfacer con la madre del autor su triste piromanía. El progreso terminará por abolir la historia como trata de cancelar la enfermedad, y ya no sufriremos por amor, porque solo se ama lo imperfecto, y ya nunca más nos inquietará el futuro, porque el tiempo habrá sido detenido. La ternura, como la información, serán anacronismos.

Me pregunto si incluso entonces llegará el día en que el periodismo se vuelva innecesario. Si extinguidas las malas noticias –las únicas que merecen un lugar en la portada–, un provecto nativo digital, nostálgico del Twitter y del Facebook de su adolescencia, apagará la luz de la última redacción y echará el cierre, como aquellos copistas medievales que mentaban entre dientes el desaprensivo ingenio de Juan Gutenberg.

Imaginaos que los periodistas dejaran de existir no por la cicatería de los clientes, ni por el colapso final del hábito lector –que requiere una concentración tan demodé–, sino porque dejaran de existir las propias noticias. ¡Qué magnífica noticia sería que el progreso volviera superfluo el periodismo! Claro que alguien tendría que dar la noticia del fin de las noticias, y de las opiniones que se nutren de las noticias. Seguramente un periodista coriáceo como las cucarachas –alguien feo, un superviviente del holocausto de belleza que se nos viene encima–, uno que aprendió que los hombres mienten y se dañan a veces sin obtener nada cambio.

Yo, señores, nunca me sentí periodista. Me gustaban demasiado las palabras y sus filos –«la travesura suficiente para lastimar vanidades», diría Wenceslao– como para cumplir con honor la promesa de objetividad del oficio. Pero ahora sé que no he querido ser otra cosa en mi vida que uno de esos escritores de ABC que inspiraban a don Torcuato, al decir de Azorín, «el respeto al desenvolvimiento de su personalidad y la defensa tenaz del redactor combatido injustamente». Porque a los redactores se les sigue combatiendo injustamente. A los frentes clásicos de la política y la empresa se les ha venido a unir la grillera totalitaria de los ofendidos, que censura mejor que ningún palco. Si algún crédito asiste a los apocalípticos lo concede la rabia digital que no tolera la idea, ni el valor, ni el nombre, ni el salario debido a la faena. Me importa muy poco si escribiremos en papel o en grafeno. Me importa solo que perdure en la cima un puñado de humanistas que respete a sus escritores de periódicos –más cuando son atrabiliarios, punzantes, imperfectos– como a la última estirpe de libertad que va a quedar sobre la faz de la tierra.

(Publicado en los diarios de Vocento, incluyendo ABC, el martes 25 de julio de 2017)

Deja un comentario

26 julio, 2017 · 14:14

Dos entrevistas

jorge-bustos-en-zendaSOBRE JORGE BUSTOS Y LA HIJA DE LOS CLUTTER

Hay poco pudor en las páginas de este libro, bastante poco. Será porque nadie en su sano juicio querría releerse en voz alta o enseñar fotos suyas, de niño, abrazado a un osito de felpa. Y algo de eso tiene Crónicas biliares, el libro que Jorge Bustos acaba de publicar con Círculo de Tiza. Pero bueno, es él. Que Jorge Bustos es un arrogante es algo que hasta él admite de buena gana. Alguien a quien sus arrebatos de prosista le pueden y que sin embargo sobrevive al exceso de confianza por su capacidad de hacer humanismo a contrarreloj: desde hablar de la alineación de Zidane hasta revisitar las fábulas de Esopo. Y eso, a su manera, adjetiva, explica y hasta redime.

Leo a Jorge Bustos desde mucho antes de su fichaje como columnista de El Mundo,  y lo hago sólo para estar en desacuerdo con él. Algo así como una terapia con sanguijuelas. Esa forma rara de empatía que pueden entablar quienes se llevan la contraria. He llegado incluso a pensar que la discrepancia se ha convertido en una secreta amistad y una modalidad respeto. ¡Jorge, por Dios!, exclamo ante el papel poroso de sus glosas futboleras de los lunes y qué decir de sus opiniones sobre asuntos tan variados que abarcan desde los vestidos de la Pedroche en año nuevo hasta las mociones de censura. ¡Jorge, por Dios!, digo llevándome la mano a la coronilla. Pero regreso, siempre regreso. Y esa es la razón de este encuentro.

Leer más…

Afilada entrevista me hace aquí, a partir del minuto 15, Cristina López Schlichting en COPE

Deja un comentario

23 julio, 2017 · 17:25

Tres cortesías

IMG_1598 2

Sanguinetti, Bustos, Olmos.

[Doy noticia a continuación

No éramos muchos, pero tampoco importaba. En Tipos infames, una librería madrileña cercana a Tribunal con una barra de bar a mano izquierda y las paredes llenas de libros, el periodista Jorge Bustos, que escribe en El Mundo, presenta un libro que no es nuevo. Porque Crónicas biliares, editado por Círculo de Tiza, es un compendio de artículos no publicados y escritos hace casi diez años, entre 2008 y 2009, cuando moría cada tarde trabajando en un periódico local de Vicálvaro, informando sobre acontecimientos triviales como las operaciones de asfaltado.

No ha pasado tanto tiempo, pero ha ocurrido mucho. “Este libro es un artefacto verbal”, dice Bustos, como quien comienza a andar. El libro es un cúmulo de crónicas impregnadas de soberbia, de frases sentenciosas, de verdades sostenidas con ferocidad por un joven que había leído mucho, pero había vivido poco. “La soberbia es un motor literario poderosísimo”, dice tajante. “Quizá sea el único motor”.

Leer más…

 

ENTREVISTA EN RADIO 3

El periodista Jorge Bustos está acostumbrado a provocar incendios, él huye de etiquetas y dice que cuando era joven esa rabia con la que escribe era peor. Círculo de Tiza publica sus primeras Crónicas biliares, lo trae Víctor Guerrero. A partir del minuto 10.04.

 

ENTREVISTA EN RADIO NACIONAL

En La buena vida, con Ángel Antonio Herrera, nos acompaña el periodista Jorge Bustos, autor del libro Crónicas biliares (Círculo de tiza). Aquí se oye.

Deja un comentario

7 julio, 2017 · 14:09

Dos entrevistas

retrato-de-jorge-bustos

El autor, postureando para la foto.

JORGE BUSTOS: “EL COLUMNISMO ES COMO EL MADRID: CUANTO MÁS LO ATACAN, MÁS SE IMPONE”

Ha llegado lejos en el periodismo sin claudicar ante los dogmas del maniqueísmo imperante ni tomar como objeto de culto el esnobismo estético de la cultura de moda. Aun conociendo sus epicentros, bordeando sus núcleos. Un riesgo que suma mérito y coherencia a su propuesta, ¿o no es tan dogmático el que abraza un precepto sin condición como aquel que piensa en que bajo tal sesgo todos son iguales, y renuncia la compañía? Jorge Bustos (Madrid, 1982) es un tipo tan desclasado y complejo que puede permitirse el lujo de triunfar en la página de la prensa nacional con lectores, que no es lo mismo que hacerlo con seguidores, o con palmeros. Una cultura poco común en su generación y una mirada original con la que abordar el diario de España son las claves de su personalidad. Una personalidad cuyo estilo incorpora lo mejor del ensayismo y del articulismo español. Y europeo. Occidental, vaya. De Steiner a Camba.

Bustos acaba de publicar, aunque escrito con diez años de antelación, Crónicas biliares –editorial Círculo de Tiza-, una recopilación de breves divagaciones, ensayos, reflexiones sobre sus circunstancias, con una caótica unidad de relación temática entre ellos. El estilo, algo más ampuloso del que ofrece en sus columnas de El Mundo, o el de aquellas lejanas crónicas y extensos artículos de Zoom News, Jot Down o Revista de Libros, acaso sorprenda al lector habitual. No es defecto o inconveniente, aunque la forma varía respecto del Bustos de hoy, el fondo se mantiene idéntico: depuración y voluntad de estilo en la elaboración de la prosa y fino pensamiento en su envoltorio.

Con Bustos no se habla, se conversa, y a pesar de que no somos primerizos en el asunto, el respeto se impone. También la certeza de saber que cualquier respuesta generará ironía, sapiencia, gusto, agudeza: un buen rato para el lector. “Lo que no puede uno ser, si es que ama la placidez, es periodista, porque a todos les gusta matar al mensajero”, escribe Jorge Bustos en una de las páginas de Crónicas biliares. Y con el ánimo de rechazar la comodidad, con ganas de que maten al mensajero, nos acercamos a su encuentro.

–Este libro lo escribiste a los veinticinco y lo publicas metido ya en la treintena. ¿Te reconoces en sus páginas?

Ese ha sido el reto. Desempolvarlo, releerlo y podarlo para adaptarlo a mi yo actual, pero con dos premisas: no añadir nada y respetar mi voz de entonces. Eso supuso preservar algunas páginas que no me representan, ni por pensamiento ni por estilo. Pero también descubrí que, en algunos aspectos, yo era mucho mejor que ahora. Ha sido un ejercicio inquietante, a veces claustrofóbico, a veces entusiasta.

–Pueden darse dos opciones: o que naciste viejoven o que no has madurado desde entonces. Creo que es lo primero. Y que presumes de ello.

Un viejoven está exonerado del deber de madurar, de modo que la primera opción excluye la segunda. Y sí, yo fui educado para prescindir de las vergonzantes gilipolleces de la adolescencia. Y lo hice. Luego he ido conciliando, como Benjamin Button.

Leer más…

 

BUSTOS: UN LEÓN EN EL CUERPO DE UN GATITO

Crónicas biliares (Círculo de Tiza), el tercer libro de Jorge Bustos es, a la vez, la explicación y el negativo fotográfico de todo lo que hemos leído hasta ahora de su autor. Es la explicación porque cuenta de dónde salió Bustos con sus obsesiones y sus temas. Y es el negativo porque el dibujo se reconoce pero los blancos y los negros aparecen del revés.

Hace 10 años, cuando escribió Crónicas biliares. Bustos tenía veintitantos y hacía periodismo por carreteras secundarias. Se sentía como un león encerrado en el cuerpo de un gatito y escribía en casa, de noche, porque algo tenía que hacer con sus delirios de grandeza. «Veamos. Había terminado la carrera de Teoría de la Literatura dos años atrás; tenía la cabeza infestada de teorías estéticas, novela de vanguardia y autores europeos ilegibles a los que quería parecerme. Pero mi lado pragmático me había inducido a huir de la academia y meterme en el periodismo, lo que ya entonces, año 2007, era difícil. Solo encontré hueco en un periódico local con sede en Vicálvaro».

Leer más…

Deja un comentario

27 junio, 2017 · 10:33

El madridismo existencial

Adios al primer grande de la historia del futbol, hasta siempre Don Alfredo Di Stefano

Contigo empezó todo.

El madridista se lleva la mayor sorpresa de su vida cuando despierta al uso de razón y descubre a su alrededor personas que no son del Real Madrid. De esa delicada epifanía tarda mucho en reponerse, si llega a hacerlo, porque él ama a sus semejantes y desea lo mejor para ellos. Pero terminará asumiendo la herejía con un encogimiento de hombros y acaso un vago ademán filantrópico con el que quiere expresar su comprensión de la debilidad humana. No es que se sienta superior a los demás; es que ha tenido la fortuna de pertenecer al mejor club del mundo, lo cual significa que el resto de equipos son peores que el suyo.

Como del palmarés no cabe discutir, porque las matemáticas no se dejan opinar, queda graduar los decibelios del sentimiento. ¿Es el Madrid una pasión? Quien compare ciertas tardes gélidas del Bernabéu con el sudor y la fiebre en las gradas de otras aficiones menos habituadas a la victoria se inclinará por dudarlo. Hay días, muchos días, en que el Madrid gana por inercia funcionarial como el deber absurdo de un personaje kafkiano. Gana porque esa camiseta lleva ganando toda la vida y no va a dejar de hacerlo justo ahora. Gana porque sabe que debe ganar y punto. Y hay aficionados a los que eso no les basta, como hay españoles que ya no recuerdan la época en que la achicoria suplía al café y las alpargatas de lavandera estaban muy lejos de presagiar los Jimmy Choo de ejecutiva. A los entrañables tribuneros de la pipa y de la queja les recordamos: también su Madrid pasó 30 años sin ganar una Champions. Y el jubiloso hecho de que ahora las gane con renovada facilidad -acorde con el linaje que fundó su gloria- no debería borrar la memoria latente de la frustración, del capricho de la suerte, de los labios de cobra del triunfo.

Leer más…

Deja un comentario

31 mayo, 2017 · 12:29

Las dos musas de Raúl del Pozo

FullSizeRender

[Reproduzco a continuación el prólogo que escribí para El último pistolero, el último libro de Raúl del Pozo, que ya está en las librerías bajo el benemérito sello de Círculo de Tiza. Fue un honor]

Tiene escrito Raúl del Pozo que no piensa ir a ningún entierro sino al suyo propio. Pero miente porque no fue al de Umbral pero sí estuvo en el de Ruano, donde declaró solemnemente que ya no se divertiría tanto hasta que muriera Azorín. De modo que Raúl evita los entierros por una complicada penitencia que consiste en no reírse de un mundo irrisorio, el muerto el primero. Y en esto no hace sino prolongar la risa escalofriante de la calavera barroca, que es una de sus musas. Porque la prosa de Raúl abreva en el Siglo de Oro sin ninguna prosopopeya, con la familiaridad con que la amante indecorosa usurpa cada noche nuestro cepillo de dientes. No muchos columnistas pueden aún mentar a Quevedo sin mancharse la boca. A mí de momento sólo se me ocurre uno, y se llama Raúl del Pozo.

Pero asiste a Raúl el capricho de otra musa, que no es negra y clasicista sino callejera y solar, y que se llama periodismo. Si el columnista umbraliano es aquel que lleva todos los días flores a su propia tumba, Raúl jamás se ha preocupado de cebar el cementerio de las frases brillantes, esas que hoy son y mañana se echan al fuego, junto con el resto del periódico un día de barbacoa. Voltaire nos recomendó cultivar nuestro jardín y Baudelaire nos dio a libar las flores del mal, pero ni Voltaire nació asomado a la ferocidad de las hoces del Júcar ni Baudelaire se peleó con los chulos de la calle de Huertas, donde la redacción de Pueblo revolvía, al decir de los mayores, los vicios y las ambiciones del oficio con un descaro legendario. Ahora bebemos fuera de la redacción, Raúl, pero bebemos.

Conocí al autor mucho después de empezar a leerle. Fue el 23 de abril de 2014, un año antes de recalar yo en El Mundo. La revista Leer organizaba por el día del libro una charla sobre la crónica parlamentaria como género literario. Invitó de ponentes a Víctor Márquez Reviriego, a Raúl del Pozo y al incrédulo abajofirmante. Allí declaró Raúl su deuda con Azorín, y por modestia no añadió –lo hago yo ahora– que suya es la estirpe que nace en Larra, se arremolina con Ramón, fluye por Ruano y cae en cascada a partir de Umbral. De ese manantial tiene que beber quien quiera probar la corriente más fresca de nuestras letras recientes, que es el columnismo; no digamos ya quien quiera escribirlo.

El lector que vague por la acrópolis que tiene en las manos constatará con asombro que todas las columnas siguen en pie. Esta terca resistencia desafía el dicterio de Connolly, que escribió que el periodismo, por su propia naturaleza, estaba excluido de cualquier participación en el mañana. Este libro participa del mañana tan bien como del pasado reciente, y ello se debe creo yo al envidiable concurso de las dos musas citadas. Si el lector sólo encontrara aquí literatura, aún podría pasear los ojos por una hermosa naturaleza muerta. Si el lector solo hallara periodismo, no traería cuenta talar más árboles para reimprimir estas piezas. Pero han de saber ustedes que a la madera así invertida no le pudo caber mayor honor.

Posee nuestro columnista el don de la frase perfecta, lo cual no es ninguna suerte, porque puede ahogar el sentido bajo los arrullos de sirena del ritmo, el látigo de la esdrújula y el fogonazo ninja que deja la nada cuando se disipa el humo. A Raúl le ha importado siempre significar, y por eso huye de la abstracción y se aferra a las cosas pequeñas. Se le llama ahora a esto, con verborrea de coach mingafría, salir de la zona de confort. Raúl sale de ella como de las metáforas inútiles y de los funerales: porque se encontraría demasiado cómodo. Por eso en su última reencarnación se ha inventado un columnismo de confidencia y de exclusiva, y cada día llama o le llaman los primeros políticos de este país no para conminarle a observar un off the record sino para rogarle que lo transgreda, con la negrita bien clara. Tampoco se me ocurre otro a quien esto se le consienta.

De manera que la contraportada de El Mundo, que un día por semana me honra compartir con él, atrapa el ruido de la calle para no ensordecernos con los violines llagados del narcisismo. Y a veces afina tanto el radar de su escritura que pulsa el latido de la Españeta eterna. De esa finura nace esta antología. Yo les diría a los estudiantes de Periodismo que se olvidaran por un puto día del trending topic, del posicionamiento SEO y del número de visitas y aprendieran de Raúl a usar el lenguaje, que es lo que les dará de comer, si no se les adelanta un colombiano con más y mejores lecturas. Yo, si me dejaran, les tiraría este libro como Cela –que tanto quiso a nuestro columnista– le tiró un día mil pesetas a un mendigo a la salida de un lujoso restaurante: “¡Toma, anda, para que escarmientes!”

Al estilo de Raúl unas veces le sopla la musa cheli del casticismo que sabe demasiado fuerte para el tecnolenguaje aséptico de ahora, esa sopa Childs cuyo éxito universal cifraba Camba precisamente en una insipidez que a nadie disgusta. Y otras veces le toca el arpa la musa elevada de Grecia y de Roma, y entonces me lo imagino alzado sobre coturnos y cubierto con la túnica, con un agujero oportuno para la pija. Porque la sicalipsis a menudo embravece su imaginario y todavía epata a las burguesas, y quizá a alguna duquesa. Hay días en que uno no sabe si Del Pozo es un Bradomín guapo, bolchevique y sentimental y días en que se nos aparece como un golfista perfectamente british. Aunque con el golf no admite bromas y se cabrea si lo tildan de elitista: lo es, pero porque la élite no va en la clase sino en la inteligencia. Yo confieso que a veces la audacia de Raúl me ha hecho envejecer de golpe por comparación: en los cócteles y en las columnas, en el Manolo y por teléfono: “Bustos, por vender más un día nos pedirán que salgamos en la contra haciéndonos una paja”. En tanto llega tan gozoso apocalipsis, quiero dejar aquí mi nota admirada por un hombre que es pura raza de las letras, que incluso habla en pedazos redondos de escritura y que permanece incólume mientras el mundo –¡mi mundo!– se va rápidamente licuando entre balbuceos de ágrafos digitales.

 Madrid, 1 de febrero de 2017

Deja un comentario

9 mayo, 2017 · 10:36

Dos entrevistas

Bustos1jpg_ECDIMA20170310_0005_21

El autor de este blog.

Olvidé subir aquí un par de entrevistas que tuvieron a bien hacerme recientemente. Las cuelgo ahora por si entrañasen algún interés, y por dejarlas indexadas en el archivo de mis Cortesías.

La primera es de los jóvenes compañeros de El Reverso, revista online de metaperiodismo a la que deseo toda la fortuna que la pasión de sus promotores merece.

La segunda es la más exhaustiva que nunca me han hecho, y se publicó en El Confidencial Digital. El mérito o la paciencia fueron de Álvaro Sánchez León y de su fotógrafo, Álvaro García Fuentes.

1 comentario

11 abril, 2017 · 21:46