Archivo de la etiqueta: El poder desgasta a quien no lo tiene

Los abrazos rotos de Rivera y Rajoy

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Enemistad íntima.

El CIS con intención de voto ejerce sobre los parlamentarios el mismo efecto que la acumulación del bote sobre los concursantes de Pasapalabra: la audiencia sube y con ella la tensión en el plató -perdón, en el hemiciclo-, pero al final todo se reduce a saber quién se llevará el dinero. Quién dispondrá dentro de año y medio de los recursos del Estado, que eso es ganar unas elecciones. Bajo la presión del botín las rivalidades se polarizan y las alianzas se disuelven. La alianza entre Albert Rivera y Mariano Rajoy nunca estuvo presidida por la confianza mutua, pero hoy ya sólo les une un desdén ensordecedor. Se aprecia sobre todo en los furiosos aplausos con que la bancada pepera corona las réplicas de don Mariano, que ha desempolvado su retranca más afilada consciente de lo mucho que la necesita la moral de su tropa, abatida por los sondeos. Y junto con la ironía, Rajoy recupera sus coloquialismos arcaizantes: si en Sevilla cargó contra los “parlanchines”, en la sesión de control llamó a Rivera “aprovechategui”. Lo cual vendría a confirmar el decisivo influjo de Supergarcía en la formación intelectual del presidente.

No es que Rivera rompa con Rajoy: el cordial desprecio que se profesan es ya viejo. Lo que se dirime es el bote, o sea, el voto crecido de los hartos de nacionalismo, el descontento del personal con un 155 flácido que no ha servido más que para pagar las facturas de la Generalitat; si para colmo se han pagado las que no se debían es otro cordial debate mantenido entre Llarena y Montoro, ya parece que apaciguado. Es el Consejo de Ministros quien está aplicando este 155, y de poco sirve que arguya obediencia a lo pactado con Cs y PSOE para diluir responsabilidades, porque unos están en la oposición y el poder lo ejerce el Gobierno. Cuando el PP se escuda en que Rivera y Sánchez desaconsejaban a Rajoy el 155 está primero subrayando su impotencia, y ocultando después con cuquería el desarrollo de los acontecimientos. Ese titular ocupaba nuestra portada el 3 de septiembre: tres días después los separatistas dieran el infame golpe parlamentario contra la oposición, pisoteando los derechos de Arrimadas y de Iceta entre otros, jornadas que lógicamente extinguieron los miramientos centristas y socialistas con el polémico artículo. “Cuando las circunstancias cambian, yo cambio con ellas. ¿Usted qué hace?”, desafiaba Keynes. Acusa Rajoy a Rivera de oportunista, pero que un político llame oportunista a otro recuerda un poco a Guardiola despachando a los jugadores del Madrid por “atletas”. En el sentido de la oportunidad consiste, desde Maquiavelo, el arte mismo de la lucha por el poder.

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10 mayo, 2018 · 9:16

El opio rojo del profeta Karl

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Liberal frustrado.

Una noble tradición liberal obliga a estudiar a Karl Marx con el singular afecto que se reserva a los hijos descarriados. Cumplieron con ella inteligencias tan poco marxistas como las de Schumpeter, Berlin y Aron, y leyéndolos uno aprende que a los verdaderos portavoces del liberalismo les guía siempre el respeto intelectual por el adversario formidable. A Marx hay que respetarlo porque nació hace dos siglos en Tréveris pero su criatura renace desde entonces bajo ropajes nuevos tras cada derrota, con la misma tozudez con que el capitalismo se reinventa un segundo después de que la última crisis persuada a sus ingenuos enemigos de que es la definitiva.

Llamamos marxismo a una profecía equivocada que sin embargo no pierde capacidad de sugestión entre las nuevas generaciones que vienen a estrenar el mundo, sin reparar en que el mundo llevaba ya encima muchas revoluciones antes de que Galileo se asomara al telescopio. Cada liberal aporta su etiología de la recurrente fascinación marxista. Aron fue el primero que advirtió en Marx una teología sustitutiva, una droga para intelectuales que relevaba el cristianismo tradicional, descartado como opio del pueblo pero saqueado conceptualmente por el materialismo histórico. Criado en una familia de judíos convertidos al protestantismo, Marx reelabora una promesa de felicidad más que una ideología, funda una religión laica más que un programa filosófico. A partir de él, los hombres podrán tenerse por seguros exponentes de la razón científica sin tener que privarse de su atávico anhelo de trascendencia. Encontrarán su iglesia peregrina en la clase obrera, sus clérigos en los intelectuales del partido, su demonio en el empresariado, su tentación en el desclasamiento burgués, su ascesis en la lucha de clases, su martirio en la represión, su paraíso en la perfecta sociedad igualitaria.

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7 mayo, 2018 · 8:48

Tanto todo para nada

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Una época.

Me lancé sobre el teclado dispuesto a levantar acta del apocalipsis. Los partidos dinásticos del 78 pagan con la esterilidad su larga endogamia y mueren sin descendencia. Sus albaceas ajustan cuentas en sórdidos rincones o se disputan una herencia demediada. Los legisladores, encuadrados en falanges preelectorales -de esa rancia estirpe que adivina una rendición en cada pacto-, ya no legislan. El presidente se contrarreforma a sí mismo con tal de sobrevivir un año más. El Ejecutivo se desempodera en favor del Judicial, contra el que a su vez conspira la opinión efervescente del pueblo digital, receloso de toda autoridad ilustrada, ajeno a otra soberanía que la de su santa piel. Las identidades estabulan a los ciudadanos que sienten nostalgia de la comunidad perdida y olvidan los privilegios de la libertad ganada. La saturación de oferta material acicatea la demanda espiritual, las viejas luchas retornan a los nuevos corazones y vuelve a reivindicarse el colectivo -la clase, el género, hasta el barrio- sin renunciar ni por asomo al tecnificado ideal del individuo urbano. La incomprensible fe en el poder de la política, semilla de inexorables frustraciones, convive con la razón meritocrática, constatada por quienes progresan desentendiéndose de la prensa. La sociedad nunca fue tan mestiza, pero señalamos su creciente polarización; las empresas se globalizan, pero corremos a refugiarnos en el proteccionismo; la vida humana se alarga cada vez más, pero al cabo termina, y los hombres, como advertía Camus, no mueren felices.

Luego, a mitad de artículo, me paré a pensar. ¿Y si un minuto después del apocalipsis pasara lo de siempre, lo que suele pasar en estos casos, es decir, que no pase nada? Porque el pueblo opina y los jueces juzgan, pero lo malo sería que los jueces se limitaran a opinar mientras el pueblo dicta sentencia. Y los partidos nacen, pero también mueren, y del abono en que los sume su descomposición brota otro partido. Y los presidentes sobreviven, pero solo un poco más, porque Galicia hace mucho que dejó de dar dictadores. Y los nacionalistas chantajean, pero ninguna cesión los ha alejado un centímetro del estatuto legal de comunidad autónoma. Y florecen las pancartas en primavera, pero desde aquel mayo en París sabemos que la revolución solo es un cambio de amos en el peor de los casos; y en el mejor, una manera sexy de airear la intimidad, esa que Lacan llamó extimidad: la intimidad que reforzamos cuando la exhibimos. Hoy los revolucionarios se presentan a las elecciones y se quedan embarazados de gemelos.

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El bueno (Carmen Quintanilla), el feo (Cristina Cifuentes) y el malo (La Manada)

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2 mayo, 2018 · 19:28

Cristóbal Montoro: “Acepto que al PP le pasa algo, pero su problema no es Rajoy”

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El poder desgasta… al que no lo tiene.

Dicen que la austeridad ha muerto, que la recuperación habita entre nosotros. Que las arcas públicas rebosan como los pantanos, listas para el jubiloso trasvase de dinero público. «Éste es precisamente el momento de mayor peligro», advierte Cristóbal Montoro (Jaén, 1950) desde su despacho de la histórica sede de Hacienda en la calle Alcalá, donde ha pasado tantos años que ya no mira los cuadros: son los cuadros los que le miran a él. Ninguno de aquellos ilustres mostachudos alcanzó a elaborar 15 presupuestos generales del Estado. Vigila su espalda -como la del Rey en Zarzuela- un retrato de Carlos III. Sobre su mesa reposan una tableta, un abrecartas y el último número de The Economist. Montoro se ha cambiado de despacho porque en el suyo están de reformas. Por fin hay dinero para remozar la fachada.

«Estamos viviendo el mejor momento económico de nuestra historia. Con tres años más por este camino nos pondríamos a la cabeza del mundo. Nunca la empresa española había llegado hasta este grado de internacionalización, por ejemplo. ¿Cuál es el riesgo? ¿Qué puede estropearlo todo?». Aquí hace una pausa y esboza su famosa sonrisa de malo de cómic: «¡La política!»

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16 abril, 2018 · 9:04

La primavera es otro bulo

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¿Es perenne Rajoy?

La mañana parlamentaria estuvo dedicada al tema de nuestro tiempo, que son las fake news. Su influencia escala del país al continente, del continente al hemisferio y del hemisferio al planeta: en lugar de conspirar contra un gobierno ya aspiran a alterar el orden cósmico, y en vez de limitarse a acortar legislaturas se proponen alargar el invierno. Y no sólo el de nuestro descontento, sea este feminista, permanente revisable, pensionista o mediopensionista. La gélida Rusia tiene que estar detrás de esta primavera que ha sido anunciada oficialmente pero no ha querido presentarse.

Todos en el hemiciclo se tiran los bulos a la cabeza. Irene Montero rescató algunos ya clásicos, como los hilillos del Prestige o las armas de Irak, y Soraya Sáenz de Santamaría respondió con uno bien reciente: la muerte del mantero Mbaye a manos del capitalismo y no de la cardiopatía. Rivera recordó el arriesgado optimismo de Montoro, que nos tiene prometido que no hemos pagado de nuestros bolsillos “ni un euro” del aquelarre de los golpistas, cuando no su pensión completa en Ginebra o Waterloo; optimismo cuyo fundamento hoy está bajo la lupa del juzgado número 13 de Barcelona, donde se malician que quizá no sea un euro sin dos millones. La vicepresidenta le reprochó a Rivera su “cintura” con el independentismo, que mira que exhibe elasticidad la cintura de Rivera en muchas cosas, pero hombre, ni el ancho monte de orégano de la trola parece capaz de dar cobijo a una presunta connivencia de Ciudadanos con los indepes. En cuanto a Rufián, que ha perdido la inspiración al mismo ritmo que la república perdía candidatos viables y hoy nos tiene a dieta de esposas o impresoras, fue enfrentado por Zoido al espejo de sus contradicciones: está en contra de la policía pero a favor de los mossos, clama contra la politización de la justicia a no ser que te politices -como Vidal– hacia el bando correcto y aplaza cada día aquella esperanzadora promesa de dejar el escaño en el plazo ya vencido de 18 meses. El escaño español de Rufián es su prisión permanente revisable.

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21 marzo, 2018 · 21:04

Pensiones: un agujero negro en busca de divulgador

Congreso debate pensiones

Rajoy jugando en casa.

Inventaron la divulgación científica porque la ciencia, literalmente, no hay Dios que la soporte. O sea, lo mismo que un pleno sobre pensiones, asunto donde el equilibrio presupuestario ejerce de ciencia y las calles agitadas por yayos indignados se encargan de la divulgación. En homenaje a Hawking, que hizo bastante bien las dos cosas, Mariano Rajoy se propuso descifrar el principal problema de la física constitucional, que es el agujero negro de las pensiones. Un enigma planteado en sus exactos términos por el veterano taxista que me llevó al Congreso: “Quieren subir las pensiones y bajar los impuestos. Y eso sólo se puede hacer de una manera: engañándonos”. No hay más preguntas, señoría.

Pero las hubo, y todas retóricas. El clima entre prelectoral y poscensor que impera en la política española no admite ya la altura moral exigida por los creadores del Pacto de Toledo. Todos y cada uno de los portavoces deploraron retóricamente el perjuicio que el partidismo causa a los derechos de nuestros abuelos mientras procedían a la minuciosa demonización del adversario. Es que un pleno sobre pensiones no sirve para nada, del mismo modo que la ciencia no se hace en platós: se hace en la aséptica serenidad del laboratorio, que un día fue el Pacto de Toledo.

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14 marzo, 2018 · 15:05

La inmersión aprieta, y además ahoga

Sesión de control al Gobierno

Perfil alto.

El Congreso no legisla porque sus señorías están demasiado ocupadas instando a legislar. Pero esa es costumbre muy añeja, no puede decirse que importune a don Mariano. Por eso sorprendió su tono de este miércoles, más desabrido que de ordinario. Hubo dos momentos en la sesión de control en que no reconocimos al Rajoy flemático cuyo aliento hiela los problemas cuando se los arroja a la cara la oposición. Primero un casi cordial Pablo Iglesias le recordó muy pertinentemente que la Constitución obliga al Gobierno a someter las cuentas del Estado a debate en la sede de la soberanía, pero Rajoy le espetó: “Déjeme a mí hacer presupuestos y usted dedíquese a otras cosas”. Nadie que aprecie su patrimonio le entregaría a Iglesias la gestión de su contabilidad, pero ese no es su estilo, presidente. Tampoco lo es la prepotencia con que acalló la atinada pregunta sobre el menguante poder adquisitivo de las pensiones de Íñigo Alli, que topó con este desplante olímpico: “Todos compartimos sus buenas intenciones, pero yo tengo que gobernar”. Nadie lo diría mirando el BOE. ¿Qué fue de la exitosa saga del orador celta y la retranca perdida? A ver si, como le vino a decir Margarita Robles, está empezando a tomar conciencia de que ya tiene todo el pasado por delante.

Pero fuera de Rajoy, la diana de los zascas -iba a poner venablos, pero qué quieren- la sujetaron por turnos Catalá, Montoro y Méndez de Vigo. El ministro de Justicia se destapó con una fogosidad muy ajena a sus burocráticas hechuras. La culpa fue primero de Artemi Rallo (PSOE), que se desgañitó llamando “integrista y homófoba” a María Elósegui con tanta saña que al cuarto alarido ya estábamos todos completamente seguros de que María Elósegui es una bellísima persona. No quieren a Luis de Guindos porque no es mujer, pero tampoco quieren a Elósegui porque no es de izquierdas ni tampoco a Elena Valenciano porque no es sanchista. Sobre lo que quiere este PSOE se podrían rodar los más enigmáticos anuncios de compresas. Catalá perdió luego los papeles en Irán y en Venezuela cuando Errejón le hizo una observación exacta y bastante comedida sobre la corrupción: que la crónica de esta legislatura discurra eminentemente por el género de tribunales lastra toda la iniciativa política del Gobierno. Por cierto que De Guindos protagonizó un desaire cómico en los pasillos, donde se colocó a la espera de que le hicieran caso los periodistas, arremolinados en torno a Albert Rivera. La escena medía con precisión la actual cotización mediática de PP y Cs: un canutazo del próximo vicepresidente del BCE interesa bastante menos que la guerra abierta entre azules y naranjas.

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21 febrero, 2018 · 14:19

Muerte de un supremacista

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El fin coherente de un fanático.

No me quito de la cabeza el chupito de la muerte de Slobodan Praljak. Un general anciano recibe en pie la noticia de su condena y decide expresar su rechazo del modo más categórico entre los posibles. Ciertamente, Praljak era un hombre familiarizado con la muerte. La administró sin escrúpulo en Bosnia, de donde trató erradicar la presencia musulmana con instrucciones diáfanas a sus soldados antes de salir de caza: “No mostréis compasión por nadie”. No la mostraron. ¿Pero la mostró él consigo mismo ante el tribunal de La Haya? ¿Es su suicidio un acto de cobardía o de valor?

Sobre todo fue un acto de suprema vanidad. O de vanidoso supremacismo. Otros criminales balcánicos se suicidaron discretamente en sus celdas, pero no en vano Praljak había sido cineasta y profesor de filosofía. Quizá pretendía proyectarse a la posteridad como Sócrates posmoderno, tomando la cicuta en televisión, consciente de que no podía torcer la razón legal pero sí obtener una victoria catódica. Que sus cálculos no eran descabellados lo prueba el solemne minuto de silencio que el parlamento croata guardó tras confirmarse el fallecimiento. La alquimia nacionalista solo necesita un drama y una imagen para convertir la abyección en heroísmo.

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Vuelve El bueno (Íñigo de la Serna), el feo (Iceta) y el malo (el frío) en La Linterna de COPE

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5 diciembre, 2017 · 10:29