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Marxismo de derechas

Cabe preguntarse si España sigue siendo un país para abuelos. A juzgar por las lágrimas vertidas durante la pandemia, que se cebó con los pulmones exhaustos de nuestros mayores, uno habría dicho que sí. Pero últimamente no deja de crecer tal rencor contra el bumérido que ya se exhibe como credencial ideológica y marcador de clase. Se venden bien los libros que parten de la premisa de que los hijos vivirán peor que los padres para luego ajustar cuentas. No me interesa ahora compartir o refutar esa tesis: me limito a constatar el nuevo materialismo dialéctico que se extiende sobre los escombros woke de la guerra cultural. Vuelve el marxismo clásico, pero vuelve por la derecha. La revuelta de los que no tienen contra los que tienen se escenifica a diario en las redes, enconando las emociones y redirigiendo el voto hacia la extrema derecha en toda Europa. Desde Freud el hijo ha querido matar al padre, pero es que ahora quiere matar también al abuelo. A cualquiera que haya gozado del privilegio de la propiedad inmobiliaria, de la utopía de un ascensor social en funcionamiento, del puesto de trabajo de lo tuyo y del fin de mes sin recurso al crédito o al ansiolítico. La querencia narrativa de la especie por la falacia de la suma cero contribuye a aliviar la frustración personal por la vía mítica de la culpa colectiva: yo no tengo mucho porque ellos han tenido demasiado. Si la cosa sigue así y la muchachada no hereda pronto, se alzarán pronto voces en la derecha juvenil exigiendo expropiaciones a la venezolana.

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9 mayo, 2026 · 9:54

Sémper vive

Hay que reconocer que Borja Sémper ha vuelto más guapo de la muerte. Hace diez meses recibió la tétrica embajada de la vieja dama y palideció como cualquiera. Hay un diagnóstico que suena como una detonación y luego propone un calvario con incierto cálculo de vida. Si «es benigno» son las dos palabras más bonitas del inglés según Woody Allen, nosotros creíamos que las tres peores del castellano eran estas otras: «cáncer de páncreas».

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6 mayo, 2026 · 18:16

Milagro en San Blas

He sabido por un reportaje de Olga Sanmartín que aún existe la fe en el progreso. Que la esperanza en un futuro mejor está justificada en España, a pesar de que los tribunales rebosan de corruptos que juraron regenerarla. Resulta que en el país de los apagones y los descarrilamientos, donde el único presupuesto actualizado es el que permite maquillar cada día la jeta anfractuosa del presidente, hay familias que no se pueden permitir creencias lujosas como esa de que la meritocracia son los padres, según denuncian los hijos pijos de los papás progres en sus libros sin lectores y en sus mítines sin votantes. La cultura del esfuerzo continúa viva precisamente allí donde se percibe la falta de alternativa a través de un carné del PSC. Por ejemplo en el distrito madrileño de San Blas.

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29 abril, 2026 · 19:19

Un gobierno de las cosas

Cuando caiga merecidamente este Gobierno, antes por ridículo propio que por odio ajeno, habría que desear que lo sustituyera su contrario. Pero lo contrario del sanchismo no es la derecha, ni siquiera la ultraderecha, ni mucho menos el fascismo ubicado a la derecha de la extrema derecha pasando por el centro. Lo contrario del sanchismo es la realidad.

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14 marzo, 2026 · 9:23

La culpa de Vox es del PP

Seamos serios: Azcón no ha perdido dos escaños por invitar a Vito Quiles a un mitin. La mayoría de analistas liberales responsabiliza al PP de que crezca Vox. «No tienen estrategia». «No ponen líneas rojas». «No saben comunicar». Este pobrecito hablador mismamente ha incurrido en una o varias de esas afirmaciones inerciales que obedecen a un prejuicio muy extendido en España a izquierda y derecha: si te engañan una vez, la culpa es de quien te engaña; si te engañan dos veces, la culpa es tuya; si te engañan tres, la culpa es del PP.

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9 febrero, 2026 · 18:16

Ojalá esta lucha sea real, porque su lucha claro que lo es

La imagen que ve usted encima de estas líneas parece demasiado hermosa par ser veraz. Una mujer joven, rabiosamente atractiva, respondiendo al fuego de la represión con la lumbre de la irreverencia: la efigie del tirano se consume mientras prende el libérrimo cigarro. La tiranía se apaga a medida que el placer se enciende: el futuro naciendo de las cenizas del pasado. El machismo teocrático muriendo en las llamas del placer femenino. No cabe mayor desafío a un régimen demasiado triste para ser considerado siquiera medieval.

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10 enero, 2026 · 11:11

Estambul o la negación de la identidad a manos de la historia

No fatigaré por piedad el número infinito de las diferencias que separan Estambul de Torre Pacheco. Bastará decir una sola: Estambul desafía como ninguna otra ciudad el apetito de homogeneidad que viene de serie con el animal humano. En la noche de los tiempos fuimos cableados para sobrevivir agrupándonos en tribus idénticas, definiendo el perímetro instintivo de lo propio y el comienzo amenazante de lo ajeno. Los disturbios raciales o culturales son el eco de ese recelo prehistórico que los reformadores morales de la especie impugnan cada tanto, con poco éxito. Y sin embargo hay lugares tan cargados de historia -es decir, de mezcla- que se burlan perezosamente de cualquier añoranza de pureza. Y por tanto, de la posibilidad misma de la xenofobia. Y en consecuencia, de todo proyecto nacionalista. Que equivale a arar en el Bósforo.

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21 julio, 2025 · 8:56

Paréntesis o péndulo: Feijóo o Sánchez

Que el sanchismo sea un paréntesis en la historia de España. Esto ha prometido Alberto Núñez Feijóo, y si es capaz de cumplirlo no haría falta prometer nada más. El discurso del 6 de julio de 2025 será el rasero por el que habremos de medirlo cuando alcance La Moncloa. Es un listón elevado, porque fue un buen discurso. Sus frases provenían de un lugar más fiable que la ideología: del temperamento reconocible de un paisano de Os Peares, mínima aldea que resumen un río caudaloso y un ferrocarril reciclado en museo. No es ciertamente un sitio al que uno va sino más bien del que uno se va. Él se fue pronto de allí camino del internado, y más tarde de la facultad. Luego marchó a Madrid a trabajar en los gobiernos de Aznar, y después volvió para gobernar la Xunta. Pero tampoco la Xunta era su destino final. Se mudó a Madrid para liderar el PP, pero Madrid ha tardado tres años en mudarse a Feijóo, si entendemos Madrid como el rompeolas del poeta: el punto donde se abren y se cierran los paréntesis de la historia. El emigrante conquistó finalmente su trabajosa condición de candidato de todas las Españas el pasado domingo.

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8 julio, 2025 · 8:37