Archivo de la etiqueta: Telepantoja e ingeniería social

Todo sobre las madres que apuraron su amor hasta las heces

El escritor argentino Santiago Gerchunoff ha dado a la imprenta un librito provocador titulado En la era de los niños cosa (Lengua de Trapo). La intención del autor, padre él mismo de dos hijas, es rescatar a los niños de la voluntad cosificadora de sus amantísimos padres, víctimas de una tiránica cultura del emprendimiento o materialismo histérico, que diría José Luis Pardo. Inglés, alemán, chino, guitarra, teatro, taller de inteligencia emocional, pin parental, geolocalización durante el día, audiolibro por la noche. Gerchunoff pretende devolver a los niños la autonomía que les está robando este extendido complejo de Pigmalión que concibe al vástago como una posibilidad de enmienda a las falencias vitales de papá o de mamá.

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20 junio, 2026 · 9:16

Bad Bunny y La Casita del terror

Vuelve uno de Auschwitz y se encuentra con la polémica de La Casita de Bad Bunny. Si usted puede leer íntegro este artículo, se debe a que es suscriptor de EL MUNDO, y esa condición lo eleva automáticamente por encima de la clase de gente que pagaría por figurar en uno de esos rituales colectivos de regresión neolítica que algunos dan en llamar conciertos. Una sensibilidad bien formada jamás financiaría voluntariamente el sometimiento de sus tímpanos a la purga de Benito, y tampoco permitiría que su onda martirial alcanzase a sus allegados. Imagine exponer a un hijo o a una sobrina a semejante estallido de guturalidad primitiva, ese foco de hantavirus sónicos que se ha esparcido por Madrid con el permiso del Ayuntamiento y ante la pasividad de Amnistía Internacional. Por mi parte, recién aterrizado como estoy del infierno concentracionario, solo acierto a dar gracias a Yahvé de que el reguetón no se hubiera inventado en tiempos de Rudolf Höss.

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3 junio, 2026 · 12:17

Vigencia del burlador

Cabe preguntarse hasta dónde habría llegado Pedro Sánchez con el físico de Gaspar Zarrías. El hombre que todavía preside el Gobierno español debe seguramente su carrera política a la clase de desparpajo que fomenta la apostura. Lo que viene siendo el chulo madrileño de toda la vida, o sea. El cuajo del burlador, por acogernos al canon sevillano, que delata una ausencia olímpica de escrúpulos para seducir sin permiso y negarlo después. Un narciso nato acentuado por la costumbre de llegar y vencer, y que por eso mismo no sabe lidiar con la frustración. Cuando le oigo hablar, con esa oquedad de odre que falsea cada una de sus sílabas, siempre me acuerdo de la frase que se le escapó a cierto diputado socialista menos agraciado que él, compañero de salidas nocturnas en los dulces tiempos de las Juventudes: «Cómo se nota que este no ha tenido que hablar para ligar». Efectivamente, si Pedro suena a falso es porque nunca necesitó trabajarse la credibilidad discursiva o la empatía emocional para satisfacer un instinto.

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1 junio, 2026 · 15:58

Honestidad florentinista

Quien siempre guardó rencor a Florentino airea ahora su miserable oportunismo. Pero la crítica honesta pertenece hoy a los florentinistas, que seguimos negándonos a creer que Florentino Pérez se merezca la rueda de prensa de Florentino Pérez. De esas cenizas humeantes cabe rescatar el propósito de llevar a la UEFA el caso Negreira, porque hacer justicia siempre es pertinente, aunque no hacía falta aguardar a la traición de Laporta con la Superliga. Pero convocar elecciones ahora solo puede obedecer a la necesidad de invocar el amparo de los socios en un momento crítico. Dicen que se trata de reventar la candidatura del tal Riquelme antes de que cuaje. Pero el Florentino que conocemos no teme a sus rivales: le basta otra orejona para imponerse por aclamación una vez más. Y esta es la señal preocupante: ¿tan difícil ve la reconquista de Europa que prefiere blindarse antes en el cargo?

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13 mayo, 2026 · 17:18

Calma, nos pide Fernando Simón

El periodismo consiste a veces en explicar a los españoles que Fernando Simón sigue en el mismo cargo público donde ya lo sorprendió un misionero con ébola y una pandemia de coronavirus. Tampoco ha hecho falta desplegar grandes dotes de investigación: hemos sabido que Simón sigue haciendo de Simón -y cobrando por ello- porque el propio Simón ha hecho un llamamiento a la calma social, amenazada ahora por el brote de hantavirus a bordo del Hondius. El problema de los llamamientos a la calma de Simón es que ya solo consiguen tranquilizar a los virus, que no se animan a propagarse hasta que oyen a don Fernando reduciendo su actividad oficial a uno o dos casos.

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9 mayo, 2026 · 9:51

Anatomía del quilismo

Cometemos el error de juzgar a Vito Quiles subidos al pedestal de la deontología. Abrazados a la cariátide del periodismo con la misma ciega ferocidad con que la nueva mucama de doña Begoña se encarama a la chepa del muchacho en el último gran meme nacional. El solemne corsé de lo corporativo estrangula las neuronas: así nunca vamos a comprender la naturalidad con la que la chavalería acepta el quilismo como sucedáneo válido del periodismo. Para eso debemos olvidarnos del manual académico del oficio, igual que si queremos conducir por Madrid sin estrellarnos renunciaremos a las consignas del examen teórico.

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1 mayo, 2026 · 17:34

Todo el poder para la DGT

Siempre que se aproxima un periodo vacacional las radios se ponen a emitir los entrañables anuncios de la Dirección General de Tráfico. Usted sabe: la voz cavernosa, el victimario atormentado, el frenazo seguido del impacto, la fúnebre nota sostenida del electrocardiograma. Son fábulas morales adscritas a un género negrísimo, entre el lienzo de Solana y el catecismo del padre Astete: unos ejercicios espirituales encomendados cíclicamente a ciertos espíritus severos que cada año escapan de la cripta de algún convento barroco, guionizan el escalofriante spot de la temporada y retornan discretamente al inframundo.

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6 abril, 2026 · 16:36

Cuerpo toma cuerpo

Se habla mucho de las carencias de los tertulianos pero no se cita su ventaja más indiscutible. Y no se cita porque ni los espectadores ni los oyentes se benefician de ella tanto como el propio tertuliano. Me refiero a la posibilidad de rozarse intelectualmente con extraños y contraer alguna idea provechosa a consecuencia de ese roce clandestino. El tertuliano no aprende ni enseña nada durante la tertulia, pero no es descabellado que lo haga antes o después, porque comparte espacio y tiempo con otros tertulianos fuera del alcance de la cámara o del micro. Por tanto en condiciones favorables al despliegue transparente de una cierta honestidad. Lo único que echo de menos de mi avatar tertuliano, ya felizmente superado, es esa ocasión para la charla incruenta con otros jornaleros de la opinión audiovisual en la salita o en el taxi. A veces uno confirmaba allí la impresión surgida en el fragor de la tertulia; otras veces la matizaba.

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31 marzo, 2026 · 16:09