Archivo de la etiqueta: Telepantoja e ingeniería social

La cofradía del Santo Aplauso

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Rito.

Cada tarde los españoles salen a sus balcones, los que los tienen, y a sus ventanas todos los demás para aplaudir al pelotón de sanitarios que está salvando la civilización. Les aplaudimos a ellos, desde luego; pero en cada detonación vespertina también nos estamos aplaudiendo a nosotros mismos. No porque tengamos nada de lo que enorgullecernos, sino por miedo. Porque tenemos mucho que perder y necesitamos invocar a quien puede evitar que lo perdamos. Con el batir de palmas espantamos el silencio opresivo de nuestras calles y los malos pensamientos que germinan en él. La profilaxis nos ha vedado todos los rituales colectivos, incluyendo aquel que inauguró la civilización: enterrar a nuestros muertos. Así que hemos tenido que inventarnos uno lo suficientemente distante y lo suficientemente cálido como para mantener vivo el espíritu de comunidad, sin el que propiamente es imposible llamarse humano.

Cuando la peste asolaba Europa, los hombres se agruparon en hermandades para implorar la intercesión divina. Hoy la fe no la ponemos tanto en tallas y advocaciones como en médicos y enfermeras, pero la fragilidad y la gratitud que confesamos con las manos es la misma. Antes juntábamos las palmas para rezar, hoy las batimos para aplaudir. La pandemia ha fundado una nueva hermandad: la cofradía del Santo Aplauso. Su misa se celebra cada día a las ocho en punto de la tarde y no dura más de cinco minutos. Sus fieles son de toda clase, edad, sexo, raza, ideología y condición. Y sin embargo, cada cual aplaude a su manera.

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22 marzo, 2020 · 22:32

Del amor y sus edades

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Enigma.

Clavó el símil Gimferrer porque la mecánica del amor es tan vasta como el océano, pero la edad ayuda a sacar algunas conclusiones. Al delicado asunto de quererse le corresponden quizá tres fases artísticas. Por una ingenua confusión entre la química y la poesía que se comprende más tarde, al amor se accede por el romanticismo. Pinitos becquerianos, candados en un puente, pop lastimero, falta de apetito y hasta navajazos a un árbol. Esas muescas platónicas hoy se inscriben en la red: los tecnoadolescentes actuales llaman crush a esa tierna afección que se crece en la falta de correspondencia no de la persona deseada, sino del amor propio. Las tonterías que llegan a hacerse en semejante estado son inenarrables. Ortega, que define el amor como la entrega por encantamiento, sostiene que eso ocurre porque la atención que roba el ser amado se resta de nuestro suministro habitual de inteligencia. El coeficiente sufre una mengua drástica. Esto se advierte muy bien desde fuera, pero conviene ser piadoso con los infectados.

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17 febrero, 2020 · 10:47

La paradoja de la celebridad

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Persona o leyenda.

En la muerte de Kobe Bryant, bajo el elogio unánime al que nos convoca siempre la tragedia, hemos leído semblanzas contradictorias del finado. Bryant era un hombre amable y cálido, siempre dispuesto a atender a los medios incluso en el idioma materno del reportero, sobre todo si era español o italiano. Pero Bryant era también un atleta frío y arrogante, cuya ambición cegaba a menudo sus miramientos con el prójimo. ¿Quién de los dos era Bryant?

Bryant sería frío y cálido, amable y arrogante, porque más allá de la longitud de onda de cada cual, todos los vivos somos ondulantes. Ocurre que las celebridades están más expuestas que los anónimos al juicio categórico. No se trata solo del viejo mecanismo de la idolatría humana, que disfruta renegando de los mismos dioses que fabricó, ritual antropológico del que se nutre la industria del corazón. Se trata de que una persona célebre, en la sociedad hiperconectada, nunca logrará que el predicado de su personalidad se imponga al predicado de su celebridad. A todo sujeto famoso le faltarán los atributos propios. El famoso es por definición indefinible. Y cuanto más famoso es alguien, menos sabe nadie cómo es en realidad. A esta irritante aporía podríamos llamarla paradoja de la celebridad.

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28 enero, 2020 · 10:22

Carta a un centrista exiliado

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Fabricantes de dragones.

Querido A. Espero que Sri Lanka te trate bien y que tu estómago se haya adaptado al abuso de las especias. El mío no termina de adaptarse al nuevo tiempo español. Va sucediendo todo lo que te anticipé. No tiene mérito: la política aquí es muy previsible. Solo dejó de serlo en la Transición, cuando aconteció lo excepcional: la reconciliación. Pero las aguas van volviendo a su cauce histórico. A sus dos cauces de siempre.

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21 enero, 2020 · 10:07

Tezanos ve principios

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Avistador.

Ayer tuve ocasión de escuchar a Tezanos hablar de los principios de Pedro Sánchez. Sucedió en lo de Ana Rosa, donde es sabido que puede suceder cualquier cosa, incluso que alguien aviste los principios de Sánchez. Ana Rosa debería plantearse rebautizar su programa como Área 51.

El caso es que se me ocurrió preguntar al bueno de don José Félix cómo afectaría al electorado del PSOE que Sánchez aplicara el 155. Fue entonces cuando nuestro sociólogo de cabecero -el cabecero del colchón de Moncloa- restó relevancia a las consecuencias electorales del 155, pues Pedro Sánchez se mueve “por principios”. Lo que Tezanos no especificó es que se mueve por los principios de los demás, y por eso resultan tan móviles como los criterios metodológicos del CIS: siempre al gusto de su cliente, que para eso le puso ahí y que no cambia de principios porque nunca los ha tenido, razón de que se vea obligado a plagiarlos. Todo en Sánchez se explica por el plagio, del doctorado a la trayectoria política. Primero le plagió el discurso populista a Pablo Iglesias para recuperar el poder en Ferraz y atraer a los separatistas a la moción de censura. Y ahora que retoña la insurrección en Cataluña se dispone a plagiarle el discurso antinacionalista a Albert Rivera.

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29 septiembre, 2019 · 23:43

El juego del solitario

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El jugador.

El PP gobernaba con mayoría absoluta, el PSOE preparaba primarias y Pedro Sánchez, ascendido por Pepiño Blanco de concejal de oposición a diputado de gallinero, miró en su interior y decidió que reunía las condiciones necesarias para liderar el partido de Felipe González. Un compañero más formado que él -hoy convenientemente purgado- le preguntó qué le hacía pensar eso. Y Sánchez, en aquel instante ya histórico, con su respuesta entregó a la posteridad la formulación más acabada de su pensamiento político: “¿Y por qué yo no?”

 

Qué lema de campaña para este PSOE desnaturalizado, reducido a la voluntad de un aventurero de sí mismo, ajeno a la aptitud moral que permite distinguir entre la descomposición del Estado-nación y un experimento sociológico de Mercedes Milá. “Españoles errados: por qué yo no”. El lema de las segundas elecciones, pero también el de las terceras de febrero. Porque Podemos seguirá siendo imprescindible en noviembre para investir a Sánchez y porque es estúpido creer que Rivera, asumido el coste de su numantinismo, se rendirá a las presiones. Que es lo que secretamente persigue Sánchez forzando la repetición: el blanqueamiento por asedio y la anulación de la alternativa para una década. Entretanto España permanecerá paralizada otro medio año como mínimo, destruyendo empleo, escarbando en el suelo del deterioro institucional e hipotecando el futuro a la monomanía fascinante de un solo hombre que no supo compartir el poder con socialistas, como para aprender a compartirlo con humanos de otro partido. Su guionista cree estar escribiendo El ala oeste, pero le está saliendo la tercera temporada de Mindhunter. El sanchismo no es materia de politólogos sino de psicólogos forenses.

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14 septiembre, 2019 · 14:37

Nos están suicidando

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Blanca Fernández Ochoa.

El 19 de julio de 2017 un hombre célebre que se encontraba de cacería en una finca cordobesa apoyó en el suelo la culata de un rifle del calibre 270, inclinó el tórax sobre la boca del cañón y apretó el gatillo. Bastaron horas para que todos los titulares contemplasen el suicidio, y bastó un solo día para que dos digitales de izquierda -depositaria oficial de la compasión- titularan: “Miguel Blesa, otra muerte sospechosa relacionada con la corrupción» y «La muerte de Blesa pone a salvo su botín”. A nadie le preocupó entonces ni su esposa ni su hija. Se trataba de un banquero corrupto de derechas. El eslabón más débil en la cadena antropológica de la empatía.

La cobertura de la desaparición de Blanca Fernández Ochoa ha acusado un terror secular al tabú del suicidio, paliado once días después por eufemismos del tipo “muerte no violenta no accidental”. Pero aquel terror lo inspiraba el juicio inquisitorial de la profesión y el corazón palpitante del público, unidos ambos, emisor y receptor, en la hipocresía colectiva que toca la entraña de nuestra nación católica y sentimental, donde durante siglos se excluyó a los suicidas de los cementerios decentes. Ese estigma dura. La santa indignación tuitera contra el morbo nace de un compartido hondón religioso que exige los paños calientes de la fe -sigamos creyendo que vive, y si no que fue un accidente, y si no que está en el cielo- para amordazar las implacables conclusiones de la razón. Y sí, el periodismo siempre ha trabajado con las emociones, pero se supone que no debe consentir que las emociones trabajen por él. Con Blesa era fácil, porque aquel hombre no emocionaba a nadie.

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8 septiembre, 2019 · 22:12

La cofradía del Santo Relato

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El puto amo.

Nos gustan las series basadas en hechos reales, como Chernobyl, pero nos irrita la política real basada en series de ficción, como las negociaciones para la investidura de Sánchez. Que también resultaron tóxicas. Pero el vertido de desafección que se extenderá por septiembre tampoco es responsabilidad del inquilino de Doñana, o de Quintos de Mora, o de Moncloa, sino de todos nosotros. Porque seguimos esperando de la política actual las cosas que le pedíamos a la política analógica.

Asumamos ya que el móvil inteligente y las redes sociales han invertido las proporciones de la vieja receta. Antes un político se pasaba el 80% del tiempo tomando decisiones y el 20% interpretando un papel; hoy se conforma con que el BOE no le joda los posados. El mejor epitafio del marianismo lo escribió anticipadamente Tajani: “A mí me gusta Mariano, que no habla muchísimo pero hace muchísimo”. Es posible que Rajoy ni hiciera ni hablara, pero no hacer ni decir nada ya es una forma de hacer algo, y si lo que no se hace es muchísimo, entonces es muchísimo lo que se hace no haciendo muchísimo, dicho sea como tributo sintáctico al expresidente.

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2 septiembre, 2019 · 11:18