Archivo de la etiqueta: Telepantoja e ingeniería social

El juego del solitario

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El jugador.

El PP gobernaba con mayoría absoluta, el PSOE preparaba primarias y Pedro Sánchez, ascendido por Pepiño Blanco de concejal de oposición a diputado de gallinero, miró en su interior y decidió que reunía las condiciones necesarias para liderar el partido de Felipe González. Un compañero más formado que él -hoy convenientemente purgado- le preguntó qué le hacía pensar eso. Y Sánchez, en aquel instante ya histórico, con su respuesta entregó a la posteridad la formulación más acabada de su pensamiento político: “¿Y por qué yo no?”

 

Qué lema de campaña para este PSOE desnaturalizado, reducido a la voluntad de un aventurero de sí mismo, ajeno a la aptitud moral que permite distinguir entre la descomposición del Estado-nación y un experimento sociológico de Mercedes Milá. “Españoles errados: por qué yo no”. El lema de las segundas elecciones, pero también el de las terceras de febrero. Porque Podemos seguirá siendo imprescindible en noviembre para investir a Sánchez y porque es estúpido creer que Rivera, asumido el coste de su numantinismo, se rendirá a las presiones. Que es lo que secretamente persigue Sánchez forzando la repetición: el blanqueamiento por asedio y la anulación de la alternativa para una década. Entretanto España permanecerá paralizada otro medio año como mínimo, destruyendo empleo, escarbando en el suelo del deterioro institucional e hipotecando el futuro a la monomanía fascinante de un solo hombre que no supo compartir el poder con socialistas, como para aprender a compartirlo con humanos de otro partido. Su guionista cree estar escribiendo El ala oeste, pero le está saliendo la tercera temporada de Mindhunter. El sanchismo no es materia de politólogos sino de psicólogos forenses.

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14 septiembre, 2019 · 14:37

Nos están suicidando

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Blanca Fernández Ochoa.

El 19 de julio de 2017 un hombre célebre que se encontraba de cacería en una finca cordobesa apoyó en el suelo la culata de un rifle del calibre 270, inclinó el tórax sobre la boca del cañón y apretó el gatillo. Bastaron horas para que todos los titulares contemplasen el suicidio, y bastó un solo día para que dos digitales de izquierda -depositaria oficial de la compasión- titularan: “Miguel Blesa, otra muerte sospechosa relacionada con la corrupción» y «La muerte de Blesa pone a salvo su botín”. A nadie le preocupó entonces ni su esposa ni su hija. Se trataba de un banquero corrupto de derechas. El eslabón más débil en la cadena antropológica de la empatía.

La cobertura de la desaparición de Blanca Fernández Ochoa ha acusado un terror secular al tabú del suicidio, paliado once días después por eufemismos del tipo “muerte no violenta no accidental”. Pero aquel terror lo inspiraba el juicio inquisitorial de la profesión y el corazón palpitante del público, unidos ambos, emisor y receptor, en la hipocresía colectiva que toca la entraña de nuestra nación católica y sentimental, donde durante siglos se excluyó a los suicidas de los cementerios decentes. Ese estigma dura. La santa indignación tuitera contra el morbo nace de un compartido hondón religioso que exige los paños calientes de la fe -sigamos creyendo que vive, y si no que fue un accidente, y si no que está en el cielo- para amordazar las implacables conclusiones de la razón. Y sí, el periodismo siempre ha trabajado con las emociones, pero se supone que no debe consentir que las emociones trabajen por él. Con Blesa era fácil, porque aquel hombre no emocionaba a nadie.

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8 septiembre, 2019 · 22:12

La cofradía del Santo Relato

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El puto amo.

Nos gustan las series basadas en hechos reales, como Chernobyl, pero nos irrita la política real basada en series de ficción, como las negociaciones para la investidura de Sánchez. Que también resultaron tóxicas. Pero el vertido de desafección que se extenderá por septiembre tampoco es responsabilidad del inquilino de Doñana, o de Quintos de Mora, o de Moncloa, sino de todos nosotros. Porque seguimos esperando de la política actual las cosas que le pedíamos a la política analógica.

Asumamos ya que el móvil inteligente y las redes sociales han invertido las proporciones de la vieja receta. Antes un político se pasaba el 80% del tiempo tomando decisiones y el 20% interpretando un papel; hoy se conforma con que el BOE no le joda los posados. El mejor epitafio del marianismo lo escribió anticipadamente Tajani: “A mí me gusta Mariano, que no habla muchísimo pero hace muchísimo”. Es posible que Rajoy ni hiciera ni hablara, pero no hacer ni decir nada ya es una forma de hacer algo, y si lo que no se hace es muchísimo, entonces es muchísimo lo que se hace no haciendo muchísimo, dicho sea como tributo sintáctico al expresidente.

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2 septiembre, 2019 · 11:18

El mundo de Javi Poves

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Medievo.

Cada día más gente piensa que el hombre no ha llegado a la Luna, que el feminismo es suyo o que Pedro Sánchez es de izquierdas. La fe renace, y los cartesianos yacen sin crédito bajo libros de papel. Las redes sociales son púlpitos calvinistas donde entablan sus guerras de religión predicadores con grado en negacionismo y máster en hoguera. El más conmovedor de todos es el exfutbolista Javi Poves. Con 25 años expuso sus razones para dejar el fútbol en La Nueva España: “En vez de tanto 15-M y tanta hostia, hay que ir a los bancos y quemarlos, cortar cabezas. Así de claro”. Su alma adánica salida de una novela de Dostoievski no soportó el descubrimiento de que el fútbol es un negocio, así que pidió que no le pagaran por transferencia, después devolvió el coche que le puso el Sporting y al fin abandonó su carrera. Manolo Preciado le dijo que tenía una pedrada en la cabeza. Pero él estaba convencido de que la pedrada la tenían todos los demás, que es lo que piensan los santos, los locos y los comunistas.

Han pasado los años y hoy Javi Poves preside el Flat Earth FC, antiguo Móstoles, que ya nos dio al alcalde que se levantó contra Napoleón y ahora nos regala al visionario que desmiente a Galileo. Poves proclama que la tierra es plana, que Pedro Duque es un impostor -como astronauta, no como ministro, que en esto quizá habría consenso- y que su club es el único que no está geolocalizado, porque una cosa es que la tierra sea plana y otra que no podamos encontrar en ella algún lugar donde escondernos. Móstoles, sin ir más lejos. Los medios llevan semanas riéndose de las geniales teorías de Poves, que se ha prestado a las entrevistas con la contumacia del buen hereje. Confieso que las he oído y leído todas. Confieso que el caso Poves me fascina. Y finalmente está ocurriendo lo que me temía: el escepticismo povesiano se extiende. Nadie cree ya que Poves defienda lo que defiende por convicción, sino por una calculada estrategia de publicidad para su equipo. Su mentalidad de resistencia a lo evidente ha vencido.

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22 julio, 2019 · 10:01

El farsante al que llaman Banksy

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Farsa posmo.

Acabo de volver de Roma, que no es una ciudad que necesite un mural de Banksy para ponerse en el mapa. Pero Venecia tampoco lo es, y sin embargo si la última Bienal mereció un espacio en los medios fue gracias a una performance del ubicuo grafitero. En ella interpretaba a un artista urbano que despliega en la plaza de San Marcos un collage de cuadros que componen la odiosa imagen de un crucero irrumpiendo en el Gran Canal. Acerada crítica del turismo de masas, concluyeron los analistas. También se le atribuyó la figura de un crío con una antorcha como las que prenden los inmigrantes rescatados en el Mediterráneo. Conmovedora denuncia de la fosa común que se abre a las pies de Europa, tuitearon los más sensibles desde la panza de Europa. Ah, oh. Genio.

Sabemos que Banksy no es un artista precisamente por la automática y universal aceptación que cosechan sus pintadas. Lo suyo es arte solo en la misma medida en que lo de Sergio Ramos es coleccionismo. Con la diferencia de que Ramos no finge escándalo ante la eterna relación entre dinero y arte, componenda que ya Giotto censuró con bastante más credibilidad -y mejor dibujo- que el del spray. Tampoco es novedoso el cuco intento de hacer pasar por transgresión la pura catequesis. Banksy no epata a nadie con sus ternuristas jeremiadas contra la sociedad de consumo o la maldad del corazón humano; al contrario, adula los instintos morales más primarios. Nada genera hoy consensos más inmediatos -y lucrativos- que deplorar el turismo que todos practicamos o declarar el pacifismo por el que ninguno nos hacemos misioneros. Madrid acumula en unos metros algunos de los cuadros más sublimes del mundo, pero me temo que Banksy abriría un concurrido itinerario para estetas de Instagram con solo dejarse caer por Lavapiés y pintar un mantero lloroso en un muro desconchado.

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9 junio, 2019 · 23:41

Daenerys Ibárruri

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Totalitarismo.

De Juego de Tronos -rindámonos a las referencias de nuestro tiempo- solo he sido capaz de extraer dos lecciones políticas. La primera equivale a una vieja ley histórica que el adagio latino enunciaba así: Corruptio optimi pessima. La corrupción de los mejores es la peor. Nadie tan bello como Lucifer. El aristócrata degenera en tirano desde el caso emblemático de Calígula. Luego la buena cuna fue sustituida por las buenas intenciones, es decir, por la ideología. Por eso prefiero la cínica variante de Voltaire -“Lo mejor es enemigo de lo bueno”- y la precisión visionaria de Rilke: “Todo ángel es terrible”. Toda rubia cabalga un dragón. Toda utopía proyectada a un futuro siempre impuntual se cobra un precio abusivo en el presente concreto, razón de que Camus dejara de ser comunista.

Porque Juego de Tronos puede leerse también como la enésima constatación del sangriento naufragio de todas las revoluciones. El comunismo, la utópica persecución de la armonía universal, cuesta cien millones de muertos y muchos más de miserables supervivientes, pero aún hay fantasiosos jinetes de dragones a los que la factura les parece asumible en comparación con una aurora de fraternidad que cautiva y nunca asoma. Basta una crisis económica para regresar religiosamente a la promesa de una igualdad imposible y seducir a unos cuantos votantes tan inexorablemente condenados a la frustración como los espectadores imprudentemente enamorados de Daenerys. El primero de ellos -el primero de su nombre- fue Pablo Iglesias, que se presentaba como khaleesi anticasta de los españoles; o sea, no estaba enamorado de Daenerys sino de sí mismo, cosa que sospechábamos. Ahora que el guion arroja el único final posible para esa loca con trenzas embriagada de poder, Iglesias tuitea su decepción. Acusa el reflejo que le devuelve el espejo de la historia. Al fin y al cabo, Daenerys no es más que un Maduro sin bigote. Otra Pasionaria.

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18 mayo, 2019 · 12:44

Elogio del tertuliano

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Tertulia, que algo queda.

La purga de tertulianos desafectos al sanchismo evoca de inmediato la purga de tertulianos desafectos al sorayismo. Así ha sido siempre y así seguirá siendo con mayor o menor cainismo si un inverosímil boom de ventas de Stuart Mill u otra ley electoral no lo remedian. ¿Pero es el tertuliano una continuación del político por otros medios, es decir, por los de comunicación?

Veamos. El tertuliano es un animal de varia estatura y sexo irrelevante que habla de todo y come tres veces al día, a no ser que le coincida con una tertulia, en cuyo caso se alimenta del catering de la cadena. Posee dos antenas invisibles en el occipucio con las que recoge datos decisivos para su supervivencia, como la clase de relación que mantiene tal presentador con tal político. Su pelaje es suave al tacto del productor, aunque tendrá que erizarlo cuando enfoque la cámara y no le apetezca discutir.

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12 septiembre, 2018 · 8:30

El preso Zaplana

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Un animal.

Sobre el preso Zaplana pesan dos cargos: uno de blanqueo que debe acreditarse y otro de leucemia que ya está diagnosticado. Puesto que últimamente ha pasado por un trasplante de médula, una neumonía vírica, una trombosis venosa profunda y una bronquiolitis aguda, parece que su expediente lo resolverá antes la biología que la Justicia. Pero la posibilidad de que Zaplana muera en la cárcel no ablanda el corazón insobornable de la Audiencia Provincial de Valencia, que ha rechazado por cuarta vez su petición de excarcelación por razones humanitarias. ¡Humanitarias! ¡El PP! Como si un tío del PP fuera un ser humano. Si la humanidad no es un atributo que nuestra opinión pública se avenga a predicar de un pepero inocente, imagine usted de un pepero corrupto. Presuntamente corrupto, por concederle la precisión, ya que no la libertad.

El resentimiento poscrisis y la colaboración carroñera de las teles alteraron el viejo orden moral de las tablas mosaicas, de tal forma que el séptimo mandamiento escaló de posición, en ocasiones -como la de Bolinaga– por encima del quinto. Hoy un (presunto) corrupto del PP es una basura indigna de empatía, un judío de Varsovia en 1940. ¿Qué tendrá que ver uno del PP que robó el dinero de los valencianos con uno del PSPV o Compromís que robó el dinero de los valencianos? ¡Que la leucemia lo pudra en la cárcel! Lo dicen como lo sienten. Lo sienten porque les han enseñado a sentirlo. Les han contado que el PP es una maquinaria fascista que trabaja desde 1936 para arrebatarles la prosperidad. Y en ese odio hallan justificación para su existencia miserable, y en ese fuego se consumen cada día, esperando la revancha.

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7 septiembre, 2018 · 9:40