Archivo de la etiqueta: Telepantoja e ingeniería social

Muerte de un supremacista

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El fin coherente de un fanático.

No me quito de la cabeza el chupito de la muerte de Slobodan Praljak. Un general anciano recibe en pie la noticia de su condena y decide expresar su rechazo del modo más categórico entre los posibles. Ciertamente, Praljak era un hombre familiarizado con la muerte. La administró sin escrúpulo en Bosnia, de donde trató erradicar la presencia musulmana con instrucciones diáfanas a sus soldados antes de salir de caza: “No mostréis compasión por nadie”. No la mostraron. ¿Pero la mostró él consigo mismo ante el tribunal de La Haya? ¿Es su suicidio un acto de cobardía o de valor?

Sobre todo fue un acto de suprema vanidad. O de vanidoso supremacismo. Otros criminales balcánicos se suicidaron discretamente en sus celdas, pero no en vano Praljak había sido cineasta y profesor de filosofía. Quizá pretendía proyectarse a la posteridad como Sócrates posmoderno, tomando la cicuta en televisión, consciente de que no podía torcer la razón legal pero sí obtener una victoria catódica. Que sus cálculos no eran descabellados lo prueba el solemne minuto de silencio que el parlamento croata guardó tras confirmarse el fallecimiento. La alquimia nacionalista solo necesita un drama y una imagen para convertir la abyección en heroísmo.

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Vuelve El bueno (Íñigo de la Serna), el feo (Iceta) y el malo (el frío) en La Linterna de COPE

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5 diciembre, 2017 · 10:29

Sospechosos habituales

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El 

Kevin Spacey fue un actor estadounidense nacido en Nueva Jersey y hallado muerto en la clínica The Meadows, Arizona, donde había ingresado para tratarse la adicción al sexo que precipitó su caída en Hollywood. Comenzó a despuntar en los 80, encarnando papeles secundarios para televisión, pero no mereció el reconocimiento de la industria hasta mediados de la década siguiente, cuando obtuvo su primera estatuilla por Sospechosos habituales. Condición esta, la de sospechoso habitual, que la ironía macabra del destino convirtió en insoportable hasta que el círculo tragicómico quedó cerrado. Antes, tuvo ocasión de tocar la gloria con el Oscar por su papel protagonista en American Beauty, considerada el reverso satírico del sueño americano, vaciado por el hedonismo.

Las redes sociales han recibido con alivio la noticia de su fallecimiento. “Ya no podrá seguir toqueteando a jovencitos”, ha tuiteado Pamela Anderson. “Nadie puede celebrar la muerte de otro ser humano, pero mentiría si confesara que siento tristeza”, declara en su muro la joven musa del nuevo feminismo, Emma Watson. Y en su acostumbrado tono provocador, el enfant terrible de la Alt-Right gay, Milo Yiannopoulos, ha lamentado no poder cruzarse ya con Spacey en algún sórdido rincón de un estudio en penumbra para calentar a otro hipócrita del partido de Clinton antes de huir y dejarle con las ganas.

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Vuelve El bueno (Albert Rivera), el feo (camiseta de la Selección) y el malo (Sánchez Mato) en La Linterna de COPE

Agradezco esta reseña que Santos Sanz Villanueva hace en El Cultural de mis “Crónicas biliares”, porque me coloca donde siempre quise estar: “entre la seriedad doctoral y la informalidad insolente”

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13 noviembre, 2017 · 20:34

Carlismo de cacerola

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Nacionalistas de ayer y de siempre.

Si Foxá nunca les perdonó a los comunistas haber tenido que hacerse falangista, don Mariano nunca les perdonará a los indepes haber tenido que hacer política. Porque el 155 está a mil millas de la inercia funcionarial en que Rajoy de ordinario mece su poder: el 155 impone el desenvolvimiento puro de la facultad ejecutiva. Se comprende su vértigo bartlebyano ante la llamada de la acción y por eso sujeta fuerte el brazo del PSOE, para compartir responsabilidades y de paso vengarse de las urgencias de Rivera, a quien sin embargo ha acabado dándole la razón a regañadientes.

El restablecimiento del orden constitucional en Cataluña será arduo, porque allí vive gente tan española que sabe de buena tinta que la juez Lamela es Rajoy con peluca, de quien dependerían en el fondo todos los poderes del Estado, a exacta semejanza de la Cataluña unívoca y compacta que anhelan construir. El latino entiende mal la separación de poderes más o menos desde Julio César. Sufre menos disonancias cognitivas si vive persuadido de que hay un hombre en España que lo hace todo, de modo que Rajoy prende los bosques y entrulla a los Jordis. Esta granítica sospecha revela un alma de súbdito resabiado cuyo pánico a que lo tomen por idiota no hace sino confirmar que lo es. Su recelo preventivo opera menos por interés malicioso que por química estupidez: jamás le perdonaremos a la gran industria de la necedad que ha sido el Proceso que nos haya robado la fe en la maldad humana. Tan literaria.

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El bueno (Cantó), el feo (Ábalos) y el malo (Soto del Real) en La Linterna de COPE

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23 octubre, 2017 · 13:30

Más chutes no

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Nacionalismo en vena.

La reforma constitucional (RC) es un plato de setas holandesas que customiza las alucinaciones en función del perfil ideológico del consumidor. En el conservador la RC desata temores infantiles, en el socialista obra un placebo federal, en el liberal dispara fantasías igualitarias y en el nacionalista agita directamente la libido del Estado propio. Es la misma mierda, pero a cada cual le sugiere una movida mental diferente de acuerdo con su trauma particular. La RC es muy adictiva -se vende muy bien por las esquinas de las tertulias-, y por eso mismo debe ser administrada con responsabilidad y siempre a resguardo de la policía, o al menos con la mayoría de los magistrados del Tribunal Constitucional a tu favor.

La RC está especialmente contraindicada para el español porque el español es un pozo de traumas históricos, la mitad de ellos fabricados en casa y la otra mitad comprados al extranjero. Su identidad atraviesa una adolescencia perpetua, y ya sabemos lo que hace la droga con los chicos sin autoestima. Pero a cambio el español se apasiona con facilidad por la semántica, a veces hasta el punto de alimentarse de ella cuando falta el pan. Usted dice en España reforma constitucional o endurecimiento del código penal y es probable que gane unas elecciones sin que nadie le pregunte por qué no empezamos por cumplir las leyes existentes. “¡Yo no voté esta Constitución!”, aúllan los caminantes blancos del adanismo. En España se puede ser gilipollas, pero lo que no se tolera es ser un gilipollas pasado de moda.

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El bueno (Aybar), el feo (Iglesias) y el malo (los Jordis) en La Linterna de COPE

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16 octubre, 2017 · 11:08

Absteneos, esclavos

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El abstencionista que no se queje.

De la agonía de Francia en brazos del nazismo a Chaves Nogales le admiró la sencillez del proceso, que fue de muerte natural. “Un pueblo puede caer en la esclavitud sin que el autobús haya dejado de pasar por la esquina a la hora exacta, sin que se interrumpan los teléfonos, sin que los trenes se retrasen ni los periódicos dejen de publicar una edición”. Los teléfonos sobre todo: una caída de Whatsapp suficientemente prolongada causaría un levantamiento popular que las condiciones laborales del becario de un chef no logrará nunca. La rebelión de las masas no la desata la igualdad abstracta sino la incomodidad física generalizada. Venezuela hoy, por ejemplo, tras casi dos décadas de obvio despotismo.

Que los europeos del siglo XXI, desmemoriados por la absorbente juguetería electrónica, repitan el suicidio del XX solo depende de que siga consolidándose en ellos “la falta de imaginación colectiva” que ya adujo Chaves en 1940. La imaginación no es la facultad cursi del 68 sino un deber cívico, casi una premisa del sufragio. Alguien sin ilustración para figurarse distopías totalitarias no debería acercarse a una urna, y sin embargo todos necesitamos que se acerque. A media tarde de ayer, la participación resultaba ridículamente baja tratándose de unas elecciones que decidían el futuro del continente. El francés medio sesteaba en casa, pulsando F5, esperando la emoción del peligro que moviera su culo hasta el colegio electoral. Una dictadura sentimental le lleva a confundir la democracia con Eurovisión. El abstencionista a menudo se juzga superior al vulgo engañado por un sistema que no le representa, pero solo es otro esclavo mudo de la corriente mayoritaria. No es el elegante escéptico que se cree sino otro yonqui de la pureza, otro marginal tirado en la acera de una vieja ideología. Como si el juego no consistiera en votar el mal menor.

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8 mayo, 2017 · 13:24

Condenada Cassandra

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La barítona y su arma.

Lo primero que me sorprendió de la entrevista que ayer le hizo Ferreras a Cassandra Vera, la tuitera condenada a un año de prisión por la Audiencia, fue el timbre de su voz. Confieso que esperaba algo más melódico, o menos pedregoso, pero en todo caso no se me ocurriría bromear al respecto de la condición trans de la entrevistada, porque yo soy un hombre de mi tiempo. Lo segundo que me sorprendió es que ella no recordara haber escrito tuits como los que se reproducían a la derecha de la pantalla durante la entrevista:

-Esperemos que Cristina Cifuentes muera antes de las doce, será un puntazo que muera en el aniversario del pioletazo a otra rata.

Cuando uno logra cuajar un aforismo tan redondo, suele acordarse. Pero también es verdad que la condenada acumula tantos frutos de su versátil y caudaloso ingenio que no ha de ser fácil responsabilizarse de cada uno. “Qué pena que en el tapón de los San Fermines (sic) no haya muerto nadie”. Es otra delicada pieza de su orfebrería mental.

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31 marzo, 2017 · 11:27

Trump, el superniño

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Trumpismo a partir de 5 años.

Trump dejará de ser noticia cuando empiece a comportarse como un adulto. Cuando se convierta en el perro que muerde niños y supere el niño grande y platino que muerde perros tan reputados como la CIA, el FBI o la prensa. No será la justicia federal la que acabe con Trump, sino la justicia poética: la televisión lo construyó y la televisión lo destruirá el día que se comporte como un presidente de EEUU. Entonces llamará la atención de los medios por haberse normalizado, y el ciclo de la vida, en su caso tan remolón, se habrá cumplido.

Pero mientras forcejea con la adolescencia, Trump sirve como rutilante escaparate del infantilismo que hoy define la sociedad occidental. Si Nietzsche pronosticó el advenimiento del superhombre en el siglo XX, al XXI solo podría diagnosticarle la hegemonía del superniño. Así, el superniño Donnie anuncia que por primera vez desde 1921 el presidente no acudirá a la cena de corresponsales porque en una edición anterior se metieron con él, le hicieron pupa. El pretexto oficial no es más elaborado: no va porque la prensa es el “enemigo del pueblo”; de un pueblo que él encarna perfectamente. Pero he aquí que la flauta del burro tuitero emite el sonido casual de una verdad. Porque si por pueblo entendemos el populoso orgullo de la ignorancia y la red victoriosa del prejuicio sobre el hecho, entonces la prensa debe ser su enemigo jurado, por supuesto. Y si se queda sin lectores, habrá muerto con ilustrada dignidad.

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27 febrero, 2017 · 12:53

El unicornio educativo

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Gabilonfo, Del Castillo, Aguirre, Bustos y Suárez Pertierra.

Si el tiempo que dedicamos en España a debatir sobre el deterioro de la educación lo empleáramos en educarnos, quizá ya no tendríamos que dedicar más tiempo a debatir sobre el deterioro de la educación. Pero como la educación sigue deteriorándose y aún no hemos perdido como especie la curiosidad por los primeros principios -todo se andará-, ayer echamos la mañana debatiendo sobre la asignatura pendiente de la educación en España, título del tercer encuentro del ciclo de ideas que organiza Unidad Editorial.

Que nadie extraiga de este exordio una conclusión precipitada. No es que crea que la educación no es importante: es que creo que es lo único importante. Tanto que quizá sea un error dejarla en manos de pedagogos. El mayor error del régimen del 78 no es la politización de la justicia, ni la cultura del pelotazo, ni que Gran Hermano haya alcanzado la decimoséptima edición impunemente: es haber abandonado la legislación educativa en manos de la moderna pedagogía.

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21 febrero, 2017 · 9:14