Archivo de la etiqueta: Telepantoja e ingeniería social

Elogio del tertuliano

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Tertulia, que algo queda.

La purga de tertulianos desafectos al sanchismo evoca de inmediato la purga de tertulianos desafectos al sorayismo. Así ha sido siempre y así seguirá siendo con mayor o menor cainismo si un inverosímil boom de ventas de Stuart Mill u otra ley electoral no lo remedian. ¿Pero es el tertuliano una continuación del político por otros medios, es decir, por los de comunicación?

Veamos. El tertuliano es un animal de varia estatura y sexo irrelevante que habla de todo y come tres veces al día, a no ser que le coincida con una tertulia, en cuyo caso se alimenta del catering de la cadena. Posee dos antenas invisibles en el occipucio con las que recoge datos decisivos para su supervivencia, como la clase de relación que mantiene tal presentador con tal político. Su pelaje es suave al tacto del productor, aunque tendrá que erizarlo cuando enfoque la cámara y no le apetezca discutir.

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12 septiembre, 2018 · 8:30

El preso Zaplana

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Un animal.

Sobre el preso Zaplana pesan dos cargos: uno de blanqueo que debe acreditarse y otro de leucemia que ya está diagnosticado. Puesto que últimamente ha pasado por un trasplante de médula, una neumonía vírica, una trombosis venosa profunda y una bronquiolitis aguda, parece que su expediente lo resolverá antes la biología que la Justicia. Pero la posibilidad de que Zaplana muera en la cárcel no ablanda el corazón insobornable de la Audiencia Provincial de Valencia, que ha rechazado por cuarta vez su petición de excarcelación por razones humanitarias. ¡Humanitarias! ¡El PP! Como si un tío del PP fuera un ser humano. Si la humanidad no es un atributo que nuestra opinión pública se avenga a predicar de un pepero inocente, imagine usted de un pepero corrupto. Presuntamente corrupto, por concederle la precisión, ya que no la libertad.

El resentimiento poscrisis y la colaboración carroñera de las teles alteraron el viejo orden moral de las tablas mosaicas, de tal forma que el séptimo mandamiento escaló de posición, en ocasiones -como la de Bolinaga– por encima del quinto. Hoy un (presunto) corrupto del PP es una basura indigna de empatía, un judío de Varsovia en 1940. ¿Qué tendrá que ver uno del PP que robó el dinero de los valencianos con uno del PSPV o Compromís que robó el dinero de los valencianos? ¡Que la leucemia lo pudra en la cárcel! Lo dicen como lo sienten. Lo sienten porque les han enseñado a sentirlo. Les han contado que el PP es una maquinaria fascista que trabaja desde 1936 para arrebatarles la prosperidad. Y en ese odio hallan justificación para su existencia miserable, y en ese fuego se consumen cada día, esperando la revancha.

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7 septiembre, 2018 · 9:40

Pedro Páramo llega al Valle

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Las manos del demiurgo.

El realismo mágico lo inventó Juan Rulfo, García Márquez lo popularizó e Iván Redondo lo metió en La Moncloa, desde donde cada día nos cuentan el cuento del hombre de tuits legendarios y manos milagrosas que comparte con el cacique Pedro Páramo el nombre de pila y la obsesión por los muertos, Franco sobre todo. La legislatura avanza como una novela picaresca, género generoso que permite al protagonista cabalgar toda contradicción con tal de satisfacer su afán de medro. Nuestro personaje no viene de Comala sino de Pozuelo, pero sus hazañas ya nutren el canon de la literatura fantástica. Encarna el cambio pero gobierna con los presupuestos de PP y Cs; trae a voces el Aquarius pero improvisa calladamente centros de internamiento en Algeciras; apoyó el 155 pero corteja a Torra; invoca el consenso parlamentario pero fomenta un presidencialismo de nuevo rico; formuló en La Sexta el ataque a Prisa más crudo que se recuerda pero hoy recibe el solícito calor de ambos grupos; cargaba en la oposición contra la afición marianista al decretazo antes de redoblarla en el poder; cultiva el desenfado indumentario pero no se priva de ninguna residencia de rancio abolengo -de Doñana a Quintos de Mora-; y se presenta como la regeneración mientras propaga el clientelismo de sigla y ampara sus escapadas a conciertos en el secreto de Estado. Lleva camino de convertir a Lázaro de Tormes en Bernarda Alba.

Todo en el sanchismo es de plástico, salvo la ambición, pero su liderazgo siliconado es hijo de la época. Muchos bautizaron este consejo de ministros como un brillante escaparate, cuando se trata de un espejo favorecedor: un reflejo perfecto para la vanidad moral del votante contemporáneo. ¿Quién no quiere luchar contra Franco, salvar a un náufrago, esquilar al empresario obeso para socorrer al niño pobre, ayudar a bien morir al próximo Ramón SampedroSánchez, o quien escribe su relato, ha entendido que para ganar elecciones hay que estimular la glándula del narcisismo, masajear el mejor concepto que el elector tiene de sí y ahorrarle a toda costa la retrógrada deferencia de tratarle como adulto. Si votas Sánchez votarás a tu mejor yo, tu yo feminista, solidario, ecológico, guapo. De las cosas de comer ya se encargan en Bruselas, donde prefieren la prosa naturalista.

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23 agosto, 2018 · 10:04

Electrolatino feminista

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Ana Guerra.

Era cuestión de tiempo -cinco meses- que el 8-M alcanzara también a la canción del verano, género durante demasiado tiempo dominado por convencionales estallidos de hedonismo solar, tu piel morena, machito de yate, cinturas locas y cópulas de playa, con lo incómoda que es la arena al contacto de tejidos íntimos. Pero al éxito dionisiaco de Despacito le está relevando este año el moralismo naif de Ana Guerra y Juan Magán, cuyo tema Ni la hora funda, si no me equivoco, la vanguardia pop del electrolatino feminista.

En efecto, si hasta ahora a la estrella del mainstream estival le pedíamos una voz aceptable pero sobre todo un cuerpo contundentemente normativo, a la estrella del futuro ya no le bastará el atractivo físico sino que debe acompañarlo del moral. Hoy la moral pública está en manos del feminismo, que fija los pecados -del mortal al micromachista-, gradúa las penitencias, pone coto a los instintos y prescribe la redención del aliado previo sacramento de la confesión en redes. En el caso de Ana Guerra, que ronda la edad media de la tuitera militante, el capitalismo vuelve a demostrar su diabólica inteligencia casando el eterno ánimo de lucro con la obediencia a los nuevos mandamientos. Me gusta ser una zorra, de las Vulpes, difícilmente sonaría hoy en una barbacoa de sensitivos mileniales. En cambio, las adolescentes tararean unos versos -“Hola, mira qué bien me va sola / Nadie a mí me controla / Y aunque me lo pidas, ya no te doy ni la hora”- que ya formuló Olé Olé con mayor beligerancia, mejor humor y mucho menos puritanismo.

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22 julio, 2018 · 12:15

Sánchez sale a relucir

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Reluciendo.

Hace unos días Fernando Savater se preguntaba si este Gobierno era brillante o solo reluciente. La distinción resulta decisiva: el efecto parece el mismo pero sus causas no pueden ser más opuestas. Brillante es la luz que nace internamente y se comparte hacia fuera: ejerce un efecto centrífugo. Reluciente es el atributo que un agente exterior presta a quien por sí mismo carece de brillo: se trata de un efecto centrípeto. La facultad brillante es activa e imperecedera; la condición reluciente es pasiva y efímera. Alguien brillante irradia un talento que le es propio, mientras que para relucir basta con reflejar la luz que solícitamente proyectan desde fuera. Desde, por ejemplo, Televisión Española, primer reflector del Estado.

Ni siquiera la insensata confianza que Pedro Sánchez deposita en sí mismo es suficiente para fiar su duración en La Moncloa a la fotogenia de sus manos. Él ya se ve cualificado no para gobernar España sino para reemplazar a Merkel en el liderazgo de Europa, pero sus asesores, cuyo trabajo exige alguna familiaridad con el realismo, lo han rodeado de ministros brillantes entre los cuales el jefe aparezca como un candidato al menos reluciente. Y si el Gabinete falla, pues la realidad es sombría, queda la ficción, el asalto al órgano de propaganda por excelencia desde que lo fundara Franco: RTVE. Por colocar a su nuncio ideológico en la santa sede de la doctrina gubernamental andan matándose a puerta cerrada los distintos apéndices de la criatura frankensteiniana que censuró a Rajoy, cada uno según su tamaño: las piernas de Podemos, un brazo de ERC, el otro de PDeCAT, la cabeza del PNV y las manos… de Sánchez. Llamamos a eso negociación, con púdico eufemismo, pero el espectáculo nos evoca los documentales predatorios de La 2. Con los periodistas de plantilla en el papel de ñus y con la despolitización en el caldero de los caníbales de sigla.

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El bueno (Morenés), el feo (Marlaska) y el malo (Jorge Fernández) en La Linterna de COPE

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2 julio, 2018 · 10:03

Dos años de manicura

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Sánchez y la Mano de Sánchez.

La legislatura de Pedro Sánchez ha resultado más bien una manicura. En ella lo importante no son las leyes, cuya confección exige mayorías parlamentarias, sino las manos, para las que basta un fotógrafo con tendencia a la mitomanía. Las manos de Sánchez están a punto de cobrar vida autónoma, de emanciparse del propio Sánchez así como los socios de Sánchez quieren emanciparse de España, y en estos juegos de manos o manicura federal asimétrica consumiremos los dos próximos años. Sin olvidarnos -por supuesto- de Franco, en cuyas manos descarnadas ya no queda ni la mitad de la determinación que el community manager de Moncloa aprecia en las de Sánchez, porque si quedara algo igual no le molestaban en otros 40 años.

Los usos marianistas fijaban las comparecencias en el Congreso después de los consejos europeos para informar de lo tratado a sus señorías; Sánchez comparece antes, lo cual tiene sentido en países que pactan su política exterior con sentido de Estado, como Alemania, y carece de él en países donde hasta el 4-4-2 se ideologiza, como España. ¿Por qué Sánchez viene al Congreso a hablar de Europa si al final de la sesión no se vota una posición común? Sencillo: porque todo el tiempo que gaste hablando de Merkel y Macron es tiempo que gana sin hablar de financiación autonómica, reforma laboral y otros engorros impracticables con 84 diputados. Los presidentes españoles tradicionalmente han dedicado su primer mandato al patio interior para proyectarse internacionalmente a partir de su segunda estadía monclovita, pero Sánchez está invirtiendo las prioridades; o más bien está tratando de opacar las servidumbres de lo doméstico con los destellos del fuselaje del Falcon: «No me vengáis con un presidente de Diputación valenciano que me estoy pegando con Salvini, paletos». O quizá no está muy seguro de que vaya a disponer de un segundo mandato.

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28 junio, 2018 · 10:46

Hacia la reforma mental

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Identidad en marcha.

Lleva razón lleva Dolores Delgado cuando encarece la necesidad de una “reforma mental”. Yo soy muy partidario de las reformas mentales, a condición de que no las dirijan ingenieros sociales con nómina de Estado -por ejemplo, un ministro de Justicia- sino la conciencia a solas con un libro o una idea, dos animales en peligro de extinción bajo el incendio identitario que está deforestando la inteligencia. ¿Guerra cultural o democracia deliberativa? Según Lilla, la primera enfrenta identidades desesperadas por obtener reconocimiento mientras que la segunda admite la posibilidad ilustrada de la persuasión. Por eso degenera el debate público: porque es imposible hablar con un género, dialogar con una orientación sexual, discutir con el orgullo nativo. Las identidades serán laicas pero imponen la jaculatoria y la genuflexión. Todo lo que no sea hincar la rodilla y recitar el catecismo constituye anatema. Así, si un tribunal aprecia escaso riesgo de reincidencia y fuga en cinco condenados por abuso sexual, de inmediato calle y poder claman machismo al unísono. Es decir, postulan una deformación moral, un sesgo injusto, una intimidad psíquica no sostenida por pruebas. Y si las pruebas no sostienen la acusación de machismo a una magistrada que cambia el voto, que se jodan las pruebas. Habrá que reformar a los togados para que sus mentes aprendan a adaptar los juicios a los prejuicios.

No sorprende que políticos, periodistas y otros adictos al selfi moral se sumen al alegre linchamiento de la «justicia patriarcal». Los jueces son los últimos villanos de este cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia, que no significa nada pero da votos, clics y likes. Menguado el poder ejecutivo por la transferencia de soberanía y domesticado el legislativo por la ley de hierro de la partidocracia, el poder judicial resiste apenas como último refugio de la autoridad, de la capacidad de decisión racional e independiente. ¿Cuánto tiempo seguirá resignándose al malvado papel que le adjudica la indignación de las identidades insatisfechas? Cuando la Justicia abandone los hechos y los códigos para atenerse a los sentimientos y a las redes sociales habremos completado el retorno a Salem. Entonces el patriarcado será como la brujería: haberlo haylo. Y todo agnóstico será castigado.

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El bueno (Cospedal), el feo (Casado) y el malo (Soraya) en La Linterna de COPE

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25 junio, 2018 · 9:56

Jauría eres tú

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De dioses a animales.

Qué es jauría, dices mientras Màxim clava en nuestra conciencia su dimisión del banco azul: jauría eres tú. Quien no es de izquierdas de joven no tiene corazón y quien no ha sumado su ladrido al coro de canes indignados por la mera existencia de la luna no tiene Twitter. En la calle digital reina la agresividad por defecto y ya no quedan tejados para gatos indiferentes: hoy todos somos perros comprometidos.

Al divino Màxim le ha sucedido, invirtiendo la secuencia darwinista, el zoológico Guirao, que considera a los animales iguales al hombre «en inteligencia, en sensibilidad y en derecho a la vida», con los problemas penales que semejante convicción les crea a los asadores. Si corren malos tiempos para la lírica es por el intrusismo de la política, cada día más cursi, de ahí que el progresismo del ministro supere el del poeta César Vallejo, quien en el poema que titula estas columnas ponía nuestra pena en observación como signo distintivo de lo humano: «Considerando también / que el hombre es en verdad un animal / y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza…» A don Guirao no le damos en la cabeza con nuestra tristeza sino con nuestros impuestos (bien sabe Màxim que son lo mismo), y por eso anuncia la solemne bajada del IVA cultural… semanas después de que lo bajara el PP por exigencia de Cs.

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17 junio, 2018 · 23:25