Archivo de la etiqueta: Españoleando

Crisparse no es para el verano

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Morse.

La encuesta que publicaba este diario coincide con otras en augurar el retorno del bipartidismo, lo cual significaría que no estamos tan crispados como dicen. Tras unos años experimentales el personal se va reagrupando en torno a los malos conocidos y abandona sus escarceos excitantes pero fugaces con los extremos del espectro político. PSOE y PP son máquinas fiables de generar decepción, y el español regresa siempre a ellas porque, igual que pasa con las gafas de colores, se cansa rápido de las formas excesivamente vanguardistas de decepción que trajeron los nuevos partidos. Echa de menos que le defrauden como antes. “Yo soy muy selectivo con mi voto. No quiero jugármela con incumplimientos demasiado novedosos. Por muy tentadora que resulte la idea de que te estafe alguien distinto, lo mejor será confiar en aquellos en los que ya sabíamos que no podemos confiar”, se dice el español. De modo que ya se prepara para encomendar a PSOE y a PP la madre de todas las decepciones, nada menos que la reconstrucción económica del país tras la devastación pandémica.

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23 junio, 2020 · 10:20

Manolo y Anna

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España.

Dos temores atávicos gobiernan la opinión pública en España: el miedo a que te llamen facha y el miedo a que dejen de considerarte de izquierdas. Parecen el mismo miedo pero no lo es, porque el primero se combate sacrificando la razón y el segundo sacrificando la valentía.

El primer arquetipo es Manolo, español de orden, conservador por inercia, votante automático del PP, propietario de un Land Rover diésel con el que sale a cazar cuando puede y asiduo a una timba semanal de póker donde no faltan el cubata, el jamón y los chistes verdes. Le gusta la Constitución y tararea el himno en los partidos. Se ha pasado toda la vida siendo Manolo sin traumas, pero hoy percibe el creciente desprecio de la oficialidad a su forma de vida. Entonces surge un astuto partido que le susurra no solo que la manolidad es legítima, sino además que la no-manolidad es propia de malos españoles. Ese partido dice cosas con las que Manolo antes no estaba de acuerdo, pero las acaba asumiendo porque le gustaría parecerse al líder de ese partido que, cuando es atacado, no se rebaja a explicarse sino que redobla la agresividad. Manolo ha hallado al fin la manera de espantar su miedo a no ser aceptado: salir al ataque de los que no son como él. Que el miedo cambie de bando. La sensación de viajar en esa espiral es embriagadora. Ahora sigue la política cada día a través de redes y chats.

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22 junio, 2020 · 9:50

Luto oficial por los vivos

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Precursor.

Debemos ser agradecidos con la calidad del debate parlamentario al día de hoy, porque su recuerdo infundirá ternura comparado con el nivel que alcanzará mañana. Cada día que pasa España se desliza un poco más por la pendiente gelatinosa de la polarización. Su desembocadura es una ciénaga tan infame como familiar, donde dos españoles eternos se matan entre sí. La gente ha sido golpeada por la muerte y ahora lo está siendo por la ruina: la primera causa un dolor que paraliza, pero la segunda añade la indignación que moviliza.

Otoño verá el estallido de movilizaciones urgidas por la primera miseria. El miedo y la ira volverán a cotizar muy alto en el mercado de la demoscopia y los partidos, por su propia naturaleza, correrán a atizarlo más para disputarse una subida en las encuestas. Pronto la única diferencia de la España poscovid con la de los años 30 será que hoy la vida humana se ha revalorizado tanto desde entonces que de momento no puede liquidarla un virus ideológico, sino uno estrictamente biológico.

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27 mayo, 2020 · 17:27

El discreto encanto de la cacerola

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¿Hordas de Núremberg?

A las 20.30 el rotor del helicóptero patrullero se pone a crepitar sobre los tejados del centro de Madrid. Falta media hora para la cacerolada convocada como cada día en esa inverosímil Bastilla que es la calle de Núñez de Balboa, una vía estrecha del mitológico barrio de Salamanca surcada por vecinos indescifrables: unos dicen que son pijos ridículos, otros que fascistas peligrosos. No desentrañaremos el misterio de su identidad a través de las imágenes estratégicamente editadas de las redes sociales: habrá que ir a estudiarlos de cerca.

Madrid permanece en fase cero, pero los madrileños hacen un uso abiertamente inescrupuloso de la franja deportiva de la tarde. Todo dios echado a la calle en shortsy camiseta de tirantes, en pareja o en trío, adultos y adolescentes, cerca o muy cerca. Es inevitable pensar que en realidad el Gobierno concede el progreso de fase porque sabe que la primavera es incontenible. Las ganas de vivir tras dos meses de confinamiento rebasan el estado de alarma. Uno se pregunta para qué es necesario golpear cacerolas si no hay forma de protesta más poderosa que salir al sol, juntarse más de lo debido, reírse ante la policía con un amigo que a todas luces no es el conviviente. La rebeldía de la vieja normalidad, si no fuera por las mascarillas.

Remontando Goya aparece la primera furgoneta policial en el cruce con Serrano. Goya con Serrano, ya ven ustedes: el nuevo Beirut. Una chavala que va con dos amigas les dice que se olviden, que no piensa ir a la cacerolada, que tiene que ir a mirar una tienda. A la altura de Núñez de Balboa topamos con dos lecheras más y cuatro agentes expectantes. Cogemos el rebufo de una familia abanderada de rojo y gualda, percusión de cazo y cubierto, y la seguimos por la acera hasta darnos cuenta de que aquello no es una manifa: aquello es una romería. Niñas de bandera, señoras intachables dándole a una señal de tráfico con las llaves de casa, a lo sumo un señor más irritado de lo normal palmeando la tapa de un contenedor. Aquella se para a mirar el escaparate de una boutique sin dejar de darle al cazo; pero le da con moderación, como quien toca el triángulo en la Filarmónica de Viena. En el aire se detectan tres marcas cruzadas de perfume. Estas no son las hordas encuadradas de Núremberg que nos habían prometido los tuiteros antifascistas.

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27 mayo, 2020 · 13:12

Revolución en mocasines

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Revolucionario.

La equívoca categoría del pijo la inventó Tolstoi cuando escribió esa estupidez de que todas las familias felices se parecen pero las desgraciadas lo son cada una a su manera. Siempre hubo variedades exóticas en la felicidad, mientras que hoy recorre el mundo una misma desgracia matando a ricos y pobres antes de ponerse a igualarlos por abajo. El resentimiento de clase que mueve el pequeño corazón de la izquierda cañí tiende a confundir la clase con la ideología, y por eso no repara en que hay pijos de derechas como pijos de izquierdas, ni en que estos segundos a menudo tienen más dinero y viven en mejores barrios que los primeros, cuando no en los mismos, culpa que los atormenta y que purgan votando a Podemos o lamiéndole la alarma a Sánchez, cuya ideología conocida es la sanchista. En cuanto a Podemos, no ha sido más que el atajo que tomó el hatajo de Somosaguas para escalar de clase sin abrazar la coherencia ni renunciar a la ideología.

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17 mayo, 2020 · 23:07

Usted. Sí, usted

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Servidumbre voluntaria.

Usted. Sí, usted. No mire a los lados. Usted, ciudadano ejemplar, que hoy echará el día apostado en el balcón avistando irresponsables. Desaprensivos, diría Marlaska. Esa gente que no es como usted, que incumple las reglas que el Gobierno -asesorado por los expertos- impone por nuestro bien. Mire allí. ¿Qué hace ese matrimonio con su bomba vírica de la mano? ¡Está prohibido! ¿Qué desescalada va a haber si la gente no respeta nada? Le indigna ese español de pandereta que no se somete tan gustosamente como usted al monitor de Marlaska. Usted obedece porque es un patriota de verdad, modelo de sumisión, y delata a sus vecinos por la más institucional de las razones. Usted descubre hoy a diez personas juntas y ve un atentado, experimenta la misma sensación que si ve a un viejo tocando a un niño. Se ha adaptado como plastilina al molde de la nueva normalidad que dictan los que mandan, a los que debemos ayudar a reeducarnos mejor. Usted declara que le preocupa el rebrote y quizá calla que le revienta que el vecino disfrute de mayor libertad que usted. En estas circunstancias la libertad es un riesgo que no nos podemos permitir, se justifica usted. Así que o todos iguales o llamo a la policía.

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3 mayo, 2020 · 22:58

Calienta que sales, español

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Confinados.

Hay que ver qué bien se confina el español. Soporta con senequismo el encierro más largo y estricto del mundopese a los resultados más desmoralizadores del mundo. Para romper esta disciplina prusiana hace falta ir como el alcalde de Badalona.

Oímos estos días encendidos elogios a la cívica mansedumbre de un pueblo al que el tópico quiere bravo como el toro. Aquí no hay libertarios que salgan con la segunda enmienda en la boca y el Winchester en la mano a pagar el estúpido precio del contagio a cambio de una romántica autonomía; aquí solo hay tímidos pensionistas que empiezan a asomarse a los medios a decir que serán ancianos pero no imbéciles, que ya saben lo que hay fuera y que si les permiten salir a pasear sabrán cuidarse como han cuidado de la generación que hoy ejerce el mando. Si el latín define al imbécil (im-becillis, diminutivo de baculum) por la falta de bastón, alguien sin apoyo para sostenerse y avanzar, parece evidente que los imbéciles etimológicos están en el Gobierno y no en la sociedad. Sujetos tan fatuos que se dirigen a los ciudadanos como si fueran infantes -etimológicamente: los sin voz-, convencidos de su inmunodeficiencia moral porque solo ella justifica el sometimiento. La premisa del populismo dicta que el pueblo siempre es inocente porque así siempre necesitará un conductor, aunque cojee. Sin responsabilidad para qué la libertad, según reconoció el ídolo genocida del ministro de Consumo. Por eso se les ve felices encadenando estados de alarma, momento schmittiano donde el mediocre arribista puede sentirse soberano. Imbécil y debacle, por cierto, comparten etimología.

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26 abril, 2020 · 22:43

Máscaras bajo tierra

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Iberia sumergida.

El tren irrumpe en escena como salido de la película de los Lumière. El confinamiento es una fuente de realismo mágico que restaura un mundo primordial, antiquísimo, previo al coronavirus, cuando las cosas se acababan de inventar y aún no tenían nombre. Así, una estación del metro de Madrid ofrece hoy en hora punta el espectáculo inédito de un andén vacío y demudado. Cuando un brusco traqueteo anuncia la llegada del convoy y su morro picudo asoma por un extremo del túnel, estamos tentados de señalarlo con el dedo para poder identificarlo.

Madrid encuentra en su red de metro uno de sus orgullos más fundados. Extensa, renovada, eficiente. Bajo la pandemia sigue mostrándose a la altura de su reputación, pero nos preguntamos si el derroche está justificado cuando en el interior de sus vagones se cuentan las cabezas enmascaradas como los postes de teléfono en la llanura castellana. Cada tres o cuatro minutos llega puntualmente el metro, se sube nadie, se baja uno o ninguno, suena la bocina y reemprende su marcha melancólica hacia otra estación desierta. Quizá no solo sea bueno que el metro de Madrid conserve su cadencia suiza sino que quizá sea balsámico. Ojalá todo el Estado funcionara como el metro.

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20 abril, 2020 · 11:18