Archivo de la etiqueta: fe y fútbol

Una estrella arde y se llama Vinicius

Todos menos nuestros cuñados sabían que Vinicius acabaría congelando las muecas de los burlones y poniendo solemne fecha de caducidad a sus propios memes. La única duda era cuándo. Eligió para hacerlo al mejor rival y la mejor competición. Dos clubes dinásticos, 19 Champions sobre el tapete y un calambre brasileño corriendo por la banda que electrocutó el partido y chamuscó su leyenda de delantero romo, ayuno de puntería. Hemos dicho alguna vez que nadie ha fallado tan bien como Vinicius, y a partir de este Madrid-Liverpool deberemos dejar de celebrar sus fallos para aplaudir sus goles.

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8 abril, 2021 · 9:39

Dinos, Diego, de quién eres

Todo vestidito de blanco, remataría un villancico sarcástico con su adicción. Pero lo que importa, a la vista de todas las identidades mendicantes que en la misma tarde del miércoles echaron a volar en círculos sobre el mito, es la pregunta. ¿A quién pertenece Maradona? ¿A los tertulianos deportivos? ¿A los comunistas? ¿A la indignación de los aliados feministas? ¿A la camorra? ¿Al nacionalismo peronista? A cualquiera menos a sus deudos, porque los dioses no tienen familia. A quien de ningún modo pertenecía Maradona era al irrelevante Diego Armando. Eso fue así desde muy pronto -«Prefiero la gloria a la plata», declaraba en Boca- y eso fue lo que lo mató, según estaba escrito.

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29 noviembre, 2020 · 21:28

Solari el reformista

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Reforma o muerte.

Solari sacó a Cristo esperando el milagro, pero el milagro lo hizo Ceballos y luego pidió perdón. Son gestos y nombres que alojan la vivencia madridista en una esfera religiosa, siempre entre el tormento y el éxtasis, entre el apocalipsis y la resurrección, entre Isco y Vinicius. De la primera vuelta de la Liga podemos concluir el infierno que vivió Lopetegui y el purgatorio por el que atraviesa Solari, con la fe puesta en el paraíso de la Champions. Pero no seremos como falsos mesías que predican una esperanza vana: reconozcamos que tocar el cielo está jodido este año.

La ventaja del purgatorio, como saben los teólogos, es que cumplido su plazo sólo se puede ir a mejor. Esa conciencia desesperada de finitud es la que convierte a Solari en un entrenador interesante: como sabe que está de paso, se atreve a subordinar la diplomacia a la libertad de decisión. Es como el político que emprende reformas profundas con el alivio que da no presentarse a las próximas elecciones. Luego obtendrá resultados o no, y si los obtiene igual hasta concurre a los comicios de verano y gana su continuidad.

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15 enero, 2019 · 11:26

Blanca catedral

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Hughes, Marta del Riego, Ángel del Riego y Jorge Bustos (o sea, yo).

[Reproduzco a continuación mi prólogo a La Biblia blanca, de Ángel y Marta del Riego Anta, editorial Córner]

No sabemos si la publicación de una biblia madridista, valga la redundancia, es una obsesión de fanáticos o una empresa propia del Renacimiento. Pero si se trata de tender un puente entre los Ultra Sur y el cardenal Cisneros, yo quiero formar parte de tan santo pontificado. Mis credenciales son inequívocas: el madridismo, bajo la forma militante del mourinhismo, constituyó mi última religión profesada con fervor, es decir, sin respeto, con verdadero espíritu de cruzada. La vida lo atempera a uno y lo vuelve más cínico y quizá más sabio, pero yo no puedo olvidar la pasión personalmente exaltante que coloreó aquellos días de ruido y furia. Después de aquello gané cuatro copas de Europa seguidas, y en las cuatro finales estuve en el estadio, pero no me importa reconocer que ya nunca volveré a vivir el fútbol con la intensidad del sacro trienio en que Yahvé fue del Madrid y Mourinho su profeta. Aquellos pentecostés en que el Espíritu bajaba en lenguas de fuego y prendía la sala de prensa. Aquellos clásicos que parecían guerras de religión rodadas por Mel Gibson y donde echábamos las semanas posteriores recontando cadáveres, arrastrando los suyos por el barro y dándoles a los nuestros cristiana sepultura.

Hay muchas especies de fe, pero solo una religión verdadera. No lo dijo un papa sino Kant, que no era precisamente de los que mojaban la pluma en agua bendita. Hay muchas aficiones y luego está el aficionado del Real Madrid, que es el único club verdadero, con su curia vaticana y sus parroquias de barrio. Como toda religión verdadera el Real Madrid sufre cismas periódicos, es agitado por heresiarcas ambiciosos y telepredicadores sombríos, sucumbe a travesías por el desierto durante las cuales el pueblo es tentado por la idolatría y finalmente conoce el restablecimiento de la ortodoxia en el cónclave de los socios, que siguen siendo los dueños de su fe y de su templo.

Ahora bien: la religión madridista no es ecuménica. No practica el entendimiento buenista entre todas las confesiones y la redistribución del palmarés, sino la hegemonía más rapaz, una suerte de dominación feudal, aristocrática pero inmisericorde. En esto se separa del imperativo categórico de Kant, que ruega a los madridistas que no ganen todo aquello que les gustaría ganar a los demás, y abraza en su lugar la voluntad de poder de Nietzsche, que no reconoce más criterio moral que la conquista perpetua, el eterno retorno de las copas de Europa. El madridismo, por tanto, no es un credo evangélico –mucho menos protestante: este sería el del Atleti– salvo por una frase: “Al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene”.

Un día paseaba Heine con un amigo por el interior de una grandiosa catedral europea. Su amigo, abrumado por la belleza que levantaron nuestros antepasados, comparó tanta magnanimidad con la mediocridad de su tiempo y le preguntó entristecido a Heine por qué los europeos ya no eran capaces de edificar catedrales. El gran poeta alemán respondió: “Nosotros, los modernos, no tenemos más que opiniones, y para elevar una catedral gótica se necesita algo más que una opinión”. Efectivamente: se necesita una fe. Por eso el Madrid continúa levantando por todo el continente orejonas como catedrales: París, Madrid, Bruselas, Stuttgart, Glasgow, Bruselas otra vez, Ámsterdam, París, Glasgow otra vez, Lisboa, Milán, Cardiff, Kiev. Al fin y al cabo, todo el mundo tiene una opinión, pero solo el Madrid tiene trece copas de Europa.

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15 noviembre, 2018 · 14:02

El madridismo según Paulo Coelho

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La sabiduría del guerrero de La Luz.

El Real Madrid posterior a Cristiano y a Zidane es todavía un enigma para el cual solo Paulo Coelho tiene la respuesta. Pero si le preguntamos nos contestará que nosotros no encontramos las respuestas sino que las respuestas nos encuentran a nosotros, o una mierda sonrosada por el estilo, con lo que seguiremos como estábamos, o peor.

Quienes saben de fútbol afirman que Lopetegui está empezando a conferir al Madrid un patrón reconocible de juego, basado en la presión alta, el control del balón y las asociaciones rápidas y móviles. Pero los que saben de madridismo, que es una ciencia arcana y tan relacionada con el fútbol como con el cincado electrolítico, andan rezongando por ahí su aburrimiento crónico y su orfandad no reparada en el mercado. Yo ya escribí antes del verano que ningún fichaje podrá sustituir al portugués, pero el personal no perdona que no se fracase intentándolo, porque tras un desembolso fastuoso y estéril uno se indigna muchísimo mejor, que al fin y al cabo es de lo que se trata.

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21 agosto, 2018 · 12:21

Normas para la chilena perfecta

15227913002198Todos hemos soñado con marcar un gol de chilena. Me refiero a una chilena perfecta, una chilena rara como una gema, como el oro de los buscadores febriles. La chilena es el último ochomil de los remates, el himalaya del gol. El cabezazo imperial, la falta ajustada, el disparo por la escuadra e incluso el taconazo burlón son golazos de ley. Pero la chilena es lo máximo, todos los niños sueñan con ella, y cuando dejan de ser niños alargan la infancia figurándose que aún tienen edad para marcarla si les llegara el balón adecuado.

Los niños que crecimos con la chilena de Hugo Sánchez al Logroñés siempre la reputamos la chilena perfecta. Por la altura alcanzada en el escorzo, por la plasticidad del movimiento, por la parábola implacable del balón. Recordamos también aquella de Ezquerro. Pero la de Hugo cuajó un modelo, era la chilena platónica materializada en el mundo. Ese molde ideal saltó anoche en mil pedazos en el minuto 64 de un Juventus-Real Madrid.

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4 abril, 2018 · 9:24

La pizarra ha muerto

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Lampard en el Chelsea.

Parece ser que el Chelsea desea que Frank Lampard sea su entrenador. Cuando me enteré, no me sorprendió. Y cuando no me sorprendió, me sorprendí de que no me sorprendiera. Lampard fue un famoso jugador del Chelsea y es una perfecta incógnita como entrenador. El Chelsea es un club al que sus recientes triunfos ubican en la élite del fútbol europeo: está por tanto obligado a procurar seguir ganando títulos. Y está al parecer convencido de que Lampard es el entrenador idóneo para cumplir con esa obligación.

No podemos culpar al Chelsea de que se fije en Lampard, como no podemos culpar al Barça de que se fijara en un Guardiola por contrastar, o al Atleti de que se fijara en un Simeone al cual sólo el coraje se le suponía, o al Madrid de que se aferrara al genio de la volea de Glasgow para escapar de la pizarra mojada de Benítez, un técnico con fama de técnico y nula capacidad de empatía, razón por la cual cuando llegó todos le exageremos el pedigrí madridista. Y lo hicimos porque el relato de nuestros tiempos lo exige. Hoy se reclama el ser, no el saber. Por eso gana Trumpy por eso durante unos años van a perder todos los candidatos que se presenten a las elecciones con exceso de competencia. El resentimiento ha convertido el mérito en un demérito, pero no tiene por dónde atacar los colores de una camiseta. Nuestros colores.

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13 marzo, 2018 · 11:05

Mas polvo enamorado

15186487887429Mira que lo del Real Madrid en las noches de Champions ya no debería cogernos por sorpresa. Mira que llevan siglos los poetas advirtiéndonos de que la muerte y el amor son la misma cosa. Pero no lo habíamos entendido del todo hasta ayer, con el Bernabéu oscilando entre el sexo y la ceniza, entre San Valentín y la Cuaresma. Finalmente el Madrid se ajustó a los cánones litúrgicos y pasó de la penitencia a la resurrección, como suele hacer varias veces en una misma eliminatoria.

Conscientes de la crisis religiosa que atravesaba la afición, el equipo saltó al campo como si ya hubiera perdido el partido de ida. Es decir, con ese espíritu de remontada que sostiene al Madrid cuando el cuerpo no responde como debiera. Era la actitud más pertinente, porque se trataba de remontar una temporada entera. Y se hizo, a la espera de París y sus caprichos.

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15 febrero, 2018 · 15:39