
Había una sola manera de que el PSOE saliese a competir el 29-N: Pedro no se presenta y cede la cabeza de cartel a Carlos Cuerpo. No bastaría para retener el poder, pero sí para venderlo más caro. Devorado por una crisis que se negó a admitir hasta que ya solo pudo evitar la bancarrota sacando la motosierra, Zapatero intentó una jugada similar dejando el sitio a Rubalcaba en un noviembre parecido a este de hace 15 años. No funcionó, pero el resultado del vicepresidente fue mucho mejor del que habría obtenido el carbonizado presidente, si me permiten el contrafáctico.













