Archivo de la etiqueta: partitocracia y gracias

Don y condena de SSS

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Sorayexit.

Abandona la política el político más poderoso de España (sin distinción de sexo) desde Manuel Godoy, si hemos de creer las palabras de su archienemigo Margallo. Ciertamente, hasta Soraya Sáenz de Santamaría ningún cargo público había acumulado en su persona tantas competencias ni colocado a tantos fieles en puntos decisivos del Estado. Su modesta presencia contrastaba con el temor que llegó a inspirar su nombre en el pasillo del Congreso o en el de una redacción, pero ya se sabe que la historia está plagada de bajitos temibles.

El brazo ejecutor del marianismo -aquella que suplía de buen grado la tendencia a la inacción del jefe- comunica al nuevo líder que lo deja. No tenía otra salida, puesto que su permanencia puramente testimonial en el grupo parlamentario y en el partido habría resultado humillante para quien fue dueña y señora de esa bancada durante una década. El vencedor siempre pone las condiciones, y al perdedor siempre le parecen inasumibles. Encontramos precedentes en Íñigo Errejón y Eduardo Madina, derrotados respectivamente por Pablo Iglesias y Pedro Sánchez, aunque solo Madina renunció al escaño para hacer carrera en la privada. A Soraya no le faltarán ofertas jugosas, pero también podría reintegrarse a su plaza de abogada del Estado.

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11 septiembre, 2018 · 11:59

Los clones imposibles

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False friends.

Al periodista político, aunque no lo confiese, le apasiona la competición tanto como al periodista deportivo, y encuentra estos días estímulo en la pugna de Rivera y Casado por el liderazgo del centroderecha como antaño lo encontró en calcular el sorpasso de Podemos al PSOE. En columnas y tertulias cundió el latiguillo del descolocamiento de Cs tras la moción, básicamente porque se había interiorizado que ganaría las elecciones, pero la sonrisa del destino sanchista descolocó más bien a Iglesias, reducido a muleta política de Sánchez y al cuarto puesto demoscópico. Ahora bien, el descolocado mayor fue Rajoy, que pasó a recolocarse en Santa Pola.

A Casado le impulsó su resonante victoria en las caníbales primarias del PP, y el periodismo político se dispuso cómodamente a reeditar la plantilla mental del bipartidismo. Con la ayuda de Sánchez, que se apresuró a invitar a palacio al joven líder del PP. Pero si la crisis económica mató el bipartidismo, la crisis catalana impedirá que resucite. Porque ambos, PP y PSOE, son corresponsables desde Moncloa de la gradual retirada del Estado en Cataluña.

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3 septiembre, 2018 · 9:39

Pablo Casado: el parto de un líder

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El relevo.

La victoria de Pablo Casado no debería sorprender a nadie. Si la fortuna ayuda a los audaces y si la política occidental está recorrida por el rechazo al elitismo inercial de las estructuras tradicionales de poder, cabía esperar que Soraya Sáenz de Santamaría fuera apeada del puente de mando en cuanto se le permitiera elegir a la militancia. Es lo malo de dejar votar a la gente, que acaba votando lo que le da la gana. Lo que mejor le llega.

Casado ha podido levantar en mes y medio un liderazgo propio porque tenía un líder dentro, largamente gestado, que el tapón marianista impedía salir. Durante su energizante discurso -una pieza notable de oratoria, directa al corazón del compromisario y a las piernas del público, que no pudo evitar ponerse en pie hasta cinco veces-, el orador sudaba no porque Soraya tuviera secuestrados a sus hijos, como apuntó un malvado tuitero, sino porque estaba de parto: estaba alumbrando al próximo presidente del partido.

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Un resumen de mi largo diálogo con Gistau en COPE

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22 julio, 2018 · 12:23

La hora de Darwin ha sonado en el PP

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Solo puede quedar un@

Hemos visto la renuncia de un Papa, la abdicación de un Rey y el despido de un seleccionador la víspera del Mundial. ¿Por qué no íbamos a ver a seis candidatos del PP luchar a tumba abierta por el cetro de Génova 13, allí donde toda dedocracia tuvo su asiento y toda férrea disciplina hacía su habitación? De don Mariano criticamos mucho su preferencia por el estar y su desprecio por el ser, pero estar estaba, de un modo tan incorpóreo como inequívoco -algo parecido a la gracia divina o a la Agencia Tributaria-, y todos lo sabían. De manera que durante la década impávida del marianismo (2008-2018), en el PP solo se ha movido la cinta de correr del jefe. Ahora no hay jefe, ni cinta, ni órdenes que seguir ni estribillo que corear: solo un vacío alienante que ha convertido a una tropa regular, amante de la geometría y del cuarto mandamiento, en una selva donde se emboscan los capos de guerrillas rivales que ocultan tatuajes feroces debajo de la chaqueta.

“No soy optimista”, me decía esta mañana un dirigente popular. “Ojalá me equivoque, pero esto tiene pinta de que vamos a abrirnos en canal. Entiendo a Alberto: para qué cambiar una vida feliz por semejante fango”. Y es verdad. Pero quien piensa así no es un político de raza, la clase de animal que se ducha cada día pensando en la pausa dramática que guardará entre el quinto y el sexto párrafo de su discurso de investidura. Ese don destructivo, ese instinto letal que le susurra por las noches los mejores trucos para arruinarle la vida a su compañero de partido quizá despierte recelo en la población civil, pero háganme caso: necesitamos gente así. La democracia necesita gente así. Ellos no son culpables de ser como son: tan solo portan una pulsión primaria que selecciona a los más aptos para resistir la erosión de la intemperie política. En el PP ha sonado la hora de Darwin, y solo puede quedar uno. O una. Y cuando lo haga, sabremos que no podía liderar el partido una persona distinta de la que ganó el congreso, porque habrá hecho todo lo imaginable para hacerlo; del mismo modo que hoy ya sabemos que Núñez Feijóo no está hecho del fuego devorador que arde en los líderes genuinos.

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20 junio, 2018 · 13:33

Significante Sánchez

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Cartel electoral.

Hubo un tiempo en que el PSOE ganaba elecciones para formar gobiernos y ahora forma gobiernos para ganar elecciones, sentencia Rodríguez Braun. ¿Pero qué clase de gobierno aproxima una victoria electoral? Pues uno que se cuide mucho de ser socialista. Uno que, sirviéndose de la popularidad de la sigla y la funcionalidad del aparato, cosa la brecha abierta entre partido añejo y votante actual con una descarada operación de vaciado de lo propio y suplantación de lo ajeno. Se queja Iglesias de que este Gobierno es un guiño indisimulado al centro y a la derecha. Y lleva razón.

Pedro Sánchez ha podido culminar esa operación porque es un significante vacío, un político cuántico cuyo exterior admite las posiciones sucesivas de la socialdemocracia tradicional, el populismo anticasta o el liberalismo patriótico mientras en su interior permanece fija la energía de la voluntad de poder. Es la fantasía de cualquier spin doctor, la boca hecha agua de Pigmalión. Pero el triunfo de su ambición no se explica sin la crisis de representación de la socialdemocracia y sin el miedo a las urnas que atenaza a los actores convencionales. Sánchez es presidente porque lo han querido PP -por eso no dimitió el jueves Rajoy-, PSOE y PNV. Si Gustavo Bueno hubiera presenciado su llegada al poder y la composición de su gabinete, quizá habría advertido una maniobra de cierre categorial: la restricción del campo de juego político a los márgenes establecidos en 1978. Dos partidos de turno y un árbitro nacionalista.

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El bueno (Mariano Rajoy), el feo (nuevos partidos) y el malo (separatismo)

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10 junio, 2018 · 23:26

Los minutos de la basura del 78

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Últimos especímenes del 78.

Lo que vimos ayer, entre pellizcos de incredulidad, no fue la agonía de un político que parecía crónico, tan identificado con el tiempo que parecía gobernar como nos gobiernan las estaciones: por imperativo cósmico. Lo que vimos ayer no fue la derrota de un orador tan experimentado que podía batir con el florete de su sarcasmo la descarga de artillería dispuesta frente a él por todos sus enemigos. Lo que vimos ayer no fue la traición al viejo muñidor de pactos imposibles, que confiaba en la lealtad comprada con dinero público sin sospechar que siempre hay alguien dispuesto a elevar la suma destinada al bolsillo de tu efímero aliado. Lo que vimos ayer no fue el garbo terminal, ciertamente admirable, con que un presidente apuñalado seguía dibujando molinetes retóricos en el aire antes de retirarse a morir oscuramente en su despacho. Lo que vimos ayer no fue la muerte política de un mineral, con toda la cobardía de los minerales que pesan pero no sienten, que caen pero no se arrojan.

No. Lo que vimos ayer fue el operístico estertor de un sistema -de una república dirían los franceses, de un régimen dirán los populistas- que ha consistido básicamente en que durante 40 años dos fuerzas antagónicas se alternaban en el poder español al arbitrio de un partido antiespañol. La coherencia narrativa en que a veces se complacen las historias de los pueblos exigía un final quintaesenciado: el de un firmante de la intervención de Cataluña pidiendo perdón a Joan Tardà por ser español y parecerlo. A su lado, efectivamente, Rajoy será siempre un español, vicio del que Sánchez se está quitando a toda velocidad por orden de sus nuevos dietistas de etnia mejorada.

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Respondo a las preguntas de Letras Libres sobre cómo hemos cambiado

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1 junio, 2018 · 9:23

Por qué legislar pudiendo pelear

No sería justo decir que sus señorías regresaron este miércoles de vacaciones, porque algunas han estado ocupadas en la Diputación Permanente o elaborando iniciativas de sus respectivos grupos. Pero para el gran público, el diputado español solo trabaja cuando se le ve pegarse con otro diputado español. Y eso que tanto echábamos de menos es lo que se reanudó tras el largo parón navideño. Hasta Pablo Iglesias volvió antes a los platós que las sesiones de control al Parlamento. Por cierto que don Pablo escogió un retorno canónico y preguntó por la corrupción, que siempre será una pregunta pertinente mientras en algún lugar Camps siga siendo imputado y mientras en algún tiempo don Mariano siga despertándose después del dinosaurio de Monterroso, que ya ha perdido cualquier esperanza de sobrevivirle.

Por parte del PSOE, que nos amenaza con una “ofensiva legislativa”, abrió fuego Margarita Robles a cuenta de la brecha salarial. Le dio así a Rajoy la oportunidad de enmendar su marianismo ante Alsina -“No nos metamos en eso”- y reconocer al menos la existencia de la brecha susodicha merced a los papeles que le habría pasado Dolors Montserrat. Por algo se empieza.

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El autor, por Moeh Atitar para El Español.

Esta entrevista que me hace la temible Lorena G. Maldonado en El Español

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8 febrero, 2018 · 11:47

Odiar a Ciudadanos

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El centro.

Hay buenas razones para odiar a Ciudadanos y esta semana han aflorado algunas de ellas. A medida que el partido de Albert Rivera se va aproximando a la idea que se propuso defender en el congreso refundacional de Coslada del pasado febrero, cuando renunció a la socialdemocracia para abrazar el liberalismo, la inquina transversal de la partidocracia española irá confluyendo en un mismo y ancho cauce de resentimiento. Quienes conocemos un poco a los spin doctors de los partidos establecidos -y a sus clientes- nos explicamos muy bien que anden todos afanándose en dibujar sobre la foto de Rivera un bigote hitleriano, o en señalar su lampiño amateurismo, pero eso no se debe solo a las encuestas. Se debe a la odiosa disonancia cognitiva que la consolidación del centro crea en los detentadores del discurso político, sean de izquierdas o de derechas, nacionalistas o populistas. Hay por tanto razones profundas para odiar a Cs, pero todas las que hay se pueden resumir en dos: la libertad y la igualdad.

Libertad es una palabra que suena bien pero cuyo significado casi nadie comparte porque entraña dolorosas renuncias. Desear ser libre significa primero atribuirse la capacidad de responder por las propias decisiones, lo cual te exilia para siempre del confortable país de la queja, y significa después asumir que cada decisión tomada excluye todas las alternativas. Decidir es renunciar. Solo cuando eres niño lo quieres todo, pero la vida te enseña -a menudo demasiado tarde- que lo primero que debes elegir son los descartes, lo que no quieres ser, de modo que un día puedas vivir reconciliado con el hombre del espejo con el que finalmente te quedaste. La libertad a menudo depara soledad, intemperie sentimental, mediática o parlamentaria. La compañía da calor pero enajena la voluntad, a veces a inquilinos indeseables. Solo amamos lo que elegimos tener. Por eso la propiedad privada vence siempre al colectivismo: porque a la larga nadie quiere vivir sin amor. Lenin nunca amó y de ahí su réplica: libertad, para qué.

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Vuelve El bueno (Joan Baldoví), el feo (Aitor Esteban) y la mala (Nuria de Gispert) a La Linterna de COPE

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25 noviembre, 2017 · 11:25