Archivo de la etiqueta: partitocracia y gracias

Ruido y furia en noviembre

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Estado actual del pacto.

Para saber quién ha ganado un debate uno no debe pensar jamás en lo que sentenciaría un periodista y menos un tuitero. Uno debe pensar en un ciudadano que no lee periódicos ni está en las redes sociales y alimenta su espíritu con dudas y televisión. A él se dirige este debate y solo por él cobra sentido un espectáculo tan alejado de Sócrates y tan cercano a Supervivientes. Ese ciudadano ahorra mucho en categorías politológicas y decide el voto por sensaciones estrictamente televisivas.

Esas sensaciones le dijeron ayer cosas distintas sobre los candidatos de las que venían contando los medios. No porque los medios mientan, sino porque los candidatos mutaron para hablarle estrictamente al dudoso que se sentaba delante de la pantalla. Así, Sánchez se olvidó por unos minutos de Sánchez y se puso a vender dureza en Cataluña con materiales saqueados del programa de Cs y del PP. Casado aparcó el neomarianismo y adoptó el tono más belicoso de sus tiempos lampiños para cortar la progresión demoscópica de Vox. Rivera se alejó del Rivera de abril, que principalmente pegaba a la izquierda, para golpear también a la derecha a cuenta de la corrupción y asentar perfil de centro. Iglesias se distanció del papel de monaguillo del PSOE para erigirse en su confesor, esforzándose sin éxito por extraer de Sánchez el pecado de la gran coalición. Pero la gran transformación la protagonizó Abascal, que dijo las mismas cosas imposibles sobre las autonomías e inmorales sobre los inmigrantes pero sin corbata y con aplomo de padre de la Constitución, solo que de una Constitución que no tiene nada que ver con la nuestra. Nos había prometido un tigre pero acabó criticando los subfusiles y pidiendo exhumaciones dignas para los represaliados de la guerra: como viaje televisivo al centro no está mal.

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5 noviembre, 2019 · 10:42

Riña de seis

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Mintiendo.

Iba a volver el bipartidismo, aseguraban los tertulianos del bipartidismo -qué bien se vivía, suspiran-, y en esas parió Errejón. De modo que tenemos seis partidos nacionales dispuestos en formación de combate de tres contra tres que a la vez se aprestan al fratricidio intrabloque con españolísima fruición. Los viejos (PP y PSOE) contra los nuevos (Podemos y Cs) y los novísimos (Vox y Errejón) también contra los nuevos y alineados con los intereses de los viejos. Con semejante riña hexapartita usted lo primero que debe hacer es no fiarse de ningún tertuliano, empezando por mí, y mucho menos de encuesta alguna, todas impotentes y efímeras como los amores de barra. La situación es estrictamente impredecible, los españoles desprecian a los políticos solo un poco menos que a los periodistas y el cuento lleno de ruido y furia que no significa nada no tiene final porque únicamente un idiota puede escribirlo, aunque entre los propagandistas de Moncloa hay algún adicto a la farsa convencido de ser Shakespeare.

Pero como detesto el cacareo populista de los cobardes que socializan la culpa entre todos los políticos, iré por partes. El relato de Iglesias vende izquierda genuina, recupera la épica de la derrota de los humillados por los socialtraidores de siempre y hasta incorporó en el último momento algún giro vistoso como una coalición temporal revisable. Lo hizo, sabiendo que Sánchez se burlaría, por lo mismo que Rivera ofreció su abstención a cambio de marginar al partido de ETA, a quién se le ocurre pedirle eso a Sánchez. Iglesias y Rivera buscaban empezar la campaña desnudando la soberbia de un carácter vengativo que entiende el poder como destrucción del adversario después de purgar al compañero, única razón de que haya forzado el 10-N. Vox va de quitarse los últimos complejos -¡quedaba alguno!-, fotografiarse con Salvini y que sea lo que Dios quiera, literalmente. Errejón va de izquierda hospitalaria y sensible, venid a mí los que huís de la berrea de los dos machos alfa. Casado ha descubierto el poder de la elipsis, ese silencio que administra el buen narrador, pero no puede llegar a noviembre sin pronunciar palabra y las dos que más pronuncia, España Suma, suenan a abrazo del oso, a cierre de filas bipartidista, a reloj parado en 2015.

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24 septiembre, 2019 · 11:41

El kairós de Rivera

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Abrir la puerta.

Retratar con un solo movimiento la disposición de Pablo Casado a sumar por España y la credibilidad de Pedro Sánchez cuando niega el plan de forzar elecciones a su mayor gloria personal. La jugada estaba tan clara que solo sorprende el momento elegido. ¿Por qué Albert Rivera ha esperado hasta el final? Esta es la pregunta, claro. Y hay razones para explicar por qué.

La primera es que su previsión -como la de la inmensa mayoría de los analistas que se asomaron a los resultados de abril- daba por hecha una investidura de Pedro Sánchez con sus socios de la moción de censura. Era lo lógico, por la trayectoria de Sánchez y porque con Rivera no, botaba Ferraz. Sánchez se sentó a esperar las elecciones de mayo, en las que Podemos quedó malherido. Y luego viajó por Europa, donde le convencieron de que era el último eslabón de la estirpe de Willy Brandt -y nos creemos que se lo creyera-, pero que para seguir siéndolo debía prescindir de tratos con esos pelanas marxistas que le habían hecho presidente gratis. Con un Tsipras hemos tenido bastante, le comunicó Bruselas.

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17 septiembre, 2019 · 10:21

Pedro Frankenstein de Beukelaer

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El Pensador.

Había una vez un apuesto candidato que quería ser príncipe, pero solo podía serlo besando unos sapos muy feos de color amarillo y morado. Así que los besó, y todos en el reino le vieron besarlos, y él sentía vergüenza de haberlos besado. Pero como ya era el príncipe, lanzó desde palacio una campaña contra una plaga de sapos más feos que los suyos, de un verde intenso, y el pueblo tuvo miedo y creyó la versión de palacio, aunque su inquilino seguía necesitando a sus sapos para reinar. El príncipe viajó por Europa, donde odian a los batracios, y decidió que él era un europeo demasiado guapo para depender de ningún sapo, así que hizo un discurso de investidura destinado a “hombres y mujeres libres e iguales en armonía con la naturaleza”. Pero entonces los sapos amarillos y morados que le habían llevado a palacio se sintieron repudiados y dolidos. Y ahora todo el reino aguarda el final del cuento: no se sabe si el príncipe tendrá que volver a comerse sus sapos o provocará elecciones para que el pueblo le reconozca como príncipe absoluto, cosa que es muy difícil porque el sapo verde ya no da tanto miedo como antes.

Pedro Sánchez nos ha contado un cuento de investidura tan fantasioso que las taquígrafas de las Cortes iban ruborizándose al transcribirlo. Rubalcaba, que era científico, aportó la taxonomía precisa del engendro –Frankenstein-, pero Iván Redondo, que es guionista de ficción, se empeña en vendernos al Príncipe de Beukalaer. ¿Cómo se pasa del verde monstruoso al rubio angelical? Pues negando la realidad como los niños: tapándose la cabeza con la manta para no ver al elefante morado en la habitación. Eso ha sido el discurso de Sánchez. Un acarreo de solemnidad plúmbea, clamorosas omisiones -¿Cataluña? ¿No está eso debajo del país de Emmanuel?-, estomagante cursilería y propuestas legislativas muy por encima de sus posibilidades parlamentarias. Tengo anotadas una Ley de Startups, un Estatuto del Trabajador y la Trabajadora, un Estatuto del Artista (y la Artista), una Ley de Igualdad de Trato (esta vez no de Trata), un reconocimiento del Derecho a Jugar de los Niños, otro del Derecho a Respirar Aire Limpio, una ¡Ley de Plásticos de Un Solo Uso! y hasta una Ley de Libertad de Conciencia. Que jurídicamente es algo así como una normativa de Respiración Espontánea. Todo ello en medio de amargos lamentos por “tres años de bloqueo político”, expresión que en boca del padre de todos los noes motivó el respingo de Pablo Casado, que se giró asombrado hacia Teodoro García Egea para luego abstenerse de verbalizar la fascinante desvergüenza del hombre que va a gobernarnos.

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22 julio, 2019 · 17:13

Fuego y cenizas en Ciudadanos

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Un adiós sonoro.

Nadie se irá del PSOE por los pactos con Bildu como se ha ido Toni Roldán de Cs por entenderse con Vox. Del enfado del marianismo con Casado tras su giro conservador solo supimos por una filtración periodística. El bipartidismo lleva años sin que uno de los suyos lave los trapos sucios en público. Pero precisamente ese superior nivel de exigencia justificó el nacimiento y la expansión de un nuevo partido de centro reformista, que soñó con la pureza como todos los adolescentes. El problema de la virginidad en política es que mantenerla demasiado tiempo lo único que consigue es aumentar la expectativa de su pérdida. Y cuando sucede, apareces en la portada de todas las revistas.

Roldán se ha subido a un atril y ha hecho lo único que jamás hace un político profesional: soltar todo lo que lleva dentro. La cruda honestidad de su discurso de despedida demuestra, de hecho, que él entró en Cs sin que la mentalidad de partido llegara a entrar en él. Es de los muy pocos que está estaba en el hemiciclo perdiendo dinero y un brillante futuro en la universidad o la empresa. No necesita el sillón: se va porque se niega a seguir tragando los sapos de la estrategia de competición por la derecha. Es verdad que ya se los tragó cuando votó a favor del veto a Sánchez en la Ejecutiva, y que estuvo en Colón -de donde salió con mal cuerpo, como la mayoría de dirigentes de Cs-, y que contribuyó decisivamente a armar el Gobierno de la Junta de Andalucía que acaba de aprobar unos buenos presupuestos con el apoyo de Vox, mucho más barato de lo esperado. Pero se ha imaginado cuatro años -¿ocho?- de oposición al sanchismo desde el flanco derecho y no ha podido resistirlo. “Al final uno se tiene que poder reconocer en el espejo cada mañana”, explicaba el hoy ex diputado a quien le preguntaba por los rumores de su inminente salida.

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25 junio, 2019 · 8:03

Entrevista falsa a Rivera

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Resistente.

Albert Rivera lleva días confinado dentro de un reactor nuclear. Sobrevive de momento a la radiación, pero Sánchez confía en achicharrarlo un poco más antes de relevarle en otro Chernóbil: el de una legislatura dependiente de Podemos y ERC. ¿Siente la presión, señor Rivera? Bueno, mi carrera es una historia de resistencia a la presión. ¿Pero no se ha bunquerizado en una posición que la opinión pública no entiende? Yo no conozco a la opinión pública nada más que cuando abro las urnas. ¿No conoce a Francesc de Carreras? Mucho. Pero con Cs empezó a equivocarse al poco de su fundación, y desde entonces no ha parado. ¿No nació Cs para dar estabilidad al bipartidismo? El PSOE nació para ayudar a los obreros y hoy es el partido preferido del Ibex y aliado de la burguesía soberanista vasca y catalana. A mí me votaron para oponerme a Sánchez, no para hacerle presidente. ¿Pero no cree que un Gobierno de PSOE y Cs sería bueno para España? Lo sería, claro, peroal frente del PSOE ahora hay un tipo tan interesado en cogobernar con Cs como yo en pactar con Otegi. Otra cosa es que su orwelliano aparato de propaganda difunda que se muere por moderarse mientras entrega Navarra y Baleares al nacionalismo. Sánchez es Sánchez. Y es irremediable.

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24 junio, 2019 · 10:15

Un colchón de lazos amarillos

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El pasado y el futuro de Sánchez.

Sabemos que hemos entrado en campaña porque el Gobierno redobla su oposición a la oposición. Si a Pedro Sánchez ya era difícil pillarle en una verdad en periodo ordinario, ahora todos sus guionistas en La Moncloa y en las redacciones amigas se van a poner a competir con Irene Lozano en el Gran Certamen de Autoficción del Sanchismo, concurso de cuentos que dirimirá quién viste mejor al maniquí de paradigma de la moderación y el constitucionalismo.

Volvía Sánchez al Congreso -lo pisa tan poco que imaginamos a un ujier susurrándole: “España, presidente, hoy está en España”- y Pablo Casado le recibió con obligada cita de Fray Luis antes de someterlo a su ya clásica fórmula de pregunta-racimo, del Aquarius a Cuba, de la desaceleración a la feria de vanidades del ya inmortal Manual de resistencia. Coronó su diatriba en alto: “Empaquete el colchón, señor Sánchez, porque lo sacará de La Moncloa en dos meses”. Larga ovación de los suyos. Por la unanimidad militar de las palmas en los grupos parlamentarios también advertimos que estamos en campaña, pese a que muchos saben que son los últimos aplausos con que pelotean al líder: susanistas y marianistas -Celia Villalobos la primera- van a la purga de cabeza.

Sánchez replicó a Casado usando la técnica Carmen Calvo, un desafío al principio lógico de no contradicción que consiste en llamar retrógrado al adversario y a continuación reprocharle que crispe e insulte. El sanchismo ha hecho de la desfachatez un arte desahogado por el que puede separar a conveniencia a Pedro Sánchez del presidente Sánchez o al dialogante Torra del racista Torra, y así todo.

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20 febrero, 2019 · 13:27

Manual de venganza

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El momento y el semblante de la jura: 1 de octubre de 2016.

Lamento que Sánchez no haya escrito su libro porque solo Sánchez puede explicar la mente de Sánchez. Por muy cercana a él que se sienta Irene Lozano, ningún hagiógrafo puede arañar el blindaje de sus emociones o justificar el sentido de sus bandazos. Una súbita luz, sin embargo, me ha revelado la arcana razón de su comportamiento, esa que los analistas persiguen sin éxito porque se obstinan en encontrarle una lógica política a lo que solo es una afección psicológica.

No digo que Sánchez esté loco. Gente que le conoce me insiste a menudo en un trastorno clínico de personalidad narcisista, pero grandes líderes de la historia lo han sufrido en igual o mayor grado: la psicopatía no te convierte sin más en Napoleón, como queda demostrado a la vista de un Sánchez. Además hace falta talento. Y no es lo mismo ser Napoleón que ir voceándolo por el psiquiátrico. Lo que explica esta olímpica defecación en la ética de la responsabilidad que llamamos sanchismo es una desdicha personal que en algunos caracteres echa negras raíces: la expulsión de tu propia tribu. Cuando los socialistas echaron a Sánchez en octubre de 2016 no sabían lo que estaban creando. Cierto: no podían seguir bajo su mando si aspiraban a conservar una identidad política reconocible, pero no se ocuparon de desactivar también la espoleta retardada de las primarias, que en tiempos de cólera populista no son sino una garantía de darwinismo invertido para la supervivencia del más tóxico. Y así, Sánchez regresó al trono de Ferraz.

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10 febrero, 2019 · 11:04