Archivo de la etiqueta: casta de nuevo cuño

El nadador

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Un político valiente.

No era el más erudito ni el más piadoso, pero era un político valiente. Le gustaba nadar y debatir, y se aferró a ambas destrezas cuando, veinteañero, le encomendaron el liderazgo de la rebelión entonces testimonial contra la hegemonía pujolista. Siempre a contracorriente. Se encaró el primero con el padrino de Cataluña y sus innumerables hijos, del acomplejado Montilla al demencial Puigdemont pasando por el sibilino Mas. Empezó a ganar votos hace 13 años y en el instante en que dejó de hacerlo, el domingo pasado, abandonó cargo y escaño para devolverles a los suyos el tiempo que la política les robó. “Quiero seguir siendo feliz. Permitidme que siga mi camino”.

La política española no es un lugar donde hoy se pueda ser feliz; solo en el necio vomitorio de la red social, allí donde babean su espeso resentimiento todos los caínes sin sexo ni fortuna, se puede creer que compense su ejercicio. Entre todos hemos conseguido que así sea. Pero hubo unos años, entre el 15-M y la moción de censura, en que una generación de españoles contrajo un vínculo con una idea al fin ilusionante de la representación pública. Rivera bajó desde Cataluña y llegó hasta Cádiz, desplegando un discurso antiguo pero nuevo -eso será siempre el liberalismo en España- que hizo decir a muchos: “Por fin voto para saber que existo”. Una desaforada voluntad de hombre de acción le llevaba a fundar estrategias sobre expectativas aún no creadas, y ese ha sido su error como también su acierto: un líder origina su propio espacio, no espera a heredarlo. Su carácter era imposible porque estaba forjado bajo un fuego que nunca se apaga: la quemazón de criarse odiado por vecinos racistas y no tolerarlo. Su misión no consistía en la simpatía mendicante de los icetas sino en el coraje borde de ser libre, por el que ha de pagarse un alto precio.

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11 noviembre, 2019 · 18:14

Ruido y furia en noviembre

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Estado actual del pacto.

Para saber quién ha ganado un debate uno no debe pensar jamás en lo que sentenciaría un periodista y menos un tuitero. Uno debe pensar en un ciudadano que no lee periódicos ni está en las redes sociales y alimenta su espíritu con dudas y televisión. A él se dirige este debate y solo por él cobra sentido un espectáculo tan alejado de Sócrates y tan cercano a Supervivientes. Ese ciudadano ahorra mucho en categorías politológicas y decide el voto por sensaciones estrictamente televisivas.

Esas sensaciones le dijeron ayer cosas distintas sobre los candidatos de las que venían contando los medios. No porque los medios mientan, sino porque los candidatos mutaron para hablarle estrictamente al dudoso que se sentaba delante de la pantalla. Así, Sánchez se olvidó por unos minutos de Sánchez y se puso a vender dureza en Cataluña con materiales saqueados del programa de Cs y del PP. Casado aparcó el neomarianismo y adoptó el tono más belicoso de sus tiempos lampiños para cortar la progresión demoscópica de Vox. Rivera se alejó del Rivera de abril, que principalmente pegaba a la izquierda, para golpear también a la derecha a cuenta de la corrupción y asentar perfil de centro. Iglesias se distanció del papel de monaguillo del PSOE para erigirse en su confesor, esforzándose sin éxito por extraer de Sánchez el pecado de la gran coalición. Pero la gran transformación la protagonizó Abascal, que dijo las mismas cosas imposibles sobre las autonomías e inmorales sobre los inmigrantes pero sin corbata y con aplomo de padre de la Constitución, solo que de una Constitución que no tiene nada que ver con la nuestra. Nos había prometido un tigre pero acabó criticando los subfusiles y pidiendo exhumaciones dignas para los represaliados de la guerra: como viaje televisivo al centro no está mal.

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5 noviembre, 2019 · 10:42

La dimisión de Pedro Sánchez

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Piscopatía.

Qué vas a hacer si sacas un solo escaño menos que en abril. Qué vas a hacer, piedra en el camino, y que harán los aventureros afines a tu causa: la del resentimiento nacido del fracaso. Decidiste forzar otras elecciones la misma noche en que abriste el regalo que no merecías, porque solo expresaba el rechazo a Vox. Y creíste que el pueblo te quería, pero que aún debía quererte más. Ahora pretendes que te voten los españoles que no votaron bien y que te invista el Parlamento que ya te ha tirado cuatro veces. Ni la derecha ni el centro ni la izquierda ni el nacionalismo se fían de ti, porque los has engañado a todos. No es que mientas constantemente: es que estás privado de la facultad de reconocer una verdad, de fijar un compromiso, de expresar un sentimiento sincero. Es el destino del político robot. Cada día te cargan un programa en el disco duro: neoliberal en Wall Street y populista con las pensiones; plurinacional en Pedralbes y españolazo en Extremadura aunque te equivoques de jamón, porque a veces la máquina se gripa. Pero qué vas a hacer si, aunque hayas rendido a tus zapatones de Joker a una abrumadora escuadra de medios públicos y privados, sigues sin subir en los sondeos. Qué vas a hacer con tu vida si pierdes el Gobierno. Eres capaz de seguir de secretario general, como me insinuó aterrado uno de las Juventudes que espera tu caída, como tantos buenos socialistas.

Traicionaste a Rubalcaba -eso fue antes de sobreactuar en su funeral- lanzando a escondidas tu candidatura a primarias. Susana te puso en la silla con condiciones y también la traicionaste. Estalló el multipartidismo y llegó el bloqueo, y los tuyos tuvieron que echarte de Ferraz cuando te disponías a dar un pucherazo tras un biombo, porque solo echándote podían desbloquear España. Te hiciste bolivariano para seducir a una militancia que apenas reprimía la admiración por aquel Iglesias. Y ahora pierdes el sueño si te lo nombran. Te encaramaste al poder pactando con los mismos golpistas a los que acababas de aplicar el 155 con Rajoy, pero no convocaste las elecciones prometidas hasta que lo que queda del PSOE se rebeló contra tus cesiones al separatismo y este te tumbó los presupuestos. Ahora prometes estabilidad y gasto al mismo tiempo con tal de que la recesión te pille a cubierto en Moncloa.

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13 octubre, 2019 · 22:23

Tezanos ve principios

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Avistador.

Ayer tuve ocasión de escuchar a Tezanos hablar de los principios de Pedro Sánchez. Sucedió en lo de Ana Rosa, donde es sabido que puede suceder cualquier cosa, incluso que alguien aviste los principios de Sánchez. Ana Rosa debería plantearse rebautizar su programa como Área 51.

El caso es que se me ocurrió preguntar al bueno de don José Félix cómo afectaría al electorado del PSOE que Sánchez aplicara el 155. Fue entonces cuando nuestro sociólogo de cabecero -el cabecero del colchón de Moncloa- restó relevancia a las consecuencias electorales del 155, pues Pedro Sánchez se mueve “por principios”. Lo que Tezanos no especificó es que se mueve por los principios de los demás, y por eso resultan tan móviles como los criterios metodológicos del CIS: siempre al gusto de su cliente, que para eso le puso ahí y que no cambia de principios porque nunca los ha tenido, razón de que se vea obligado a plagiarlos. Todo en Sánchez se explica por el plagio, del doctorado a la trayectoria política. Primero le plagió el discurso populista a Pablo Iglesias para recuperar el poder en Ferraz y atraer a los separatistas a la moción de censura. Y ahora que retoña la insurrección en Cataluña se dispone a plagiarle el discurso antinacionalista a Albert Rivera.

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29 septiembre, 2019 · 23:43

Los abortos de la nostalgia

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Contra lo establecido.

A usted le estarán dando la turra con una frase de este tenor literal: “¡Vaya con la nueva política!”. O de este: “¡Echo de menos el bipartidismo!”. Es probable, si nos ponemos dramáticos, que usted mismo la haya pronunciado. Sería usted el tonto útil de una astuta operación por la que los que han mandado siempre, han robado casi siempre o han bloqueado el cortijo para no compartirlo consiguen aparecer como las víctimas de la situación. El truco funciona por esa confusión entre temporalidad y causalidad que los lógicos escolásticos llamaron post hoc ergo propter hoc: los problemas de estabilidad empezaron con el fin del bipartidismo, luego la culpa es de los nuevos partidos. Pero si acercamos la lupa al bonito tapiz de la propaganda descubriremos las costuras.

Podemos y Ciudadanos no irrumpieron con fuerza en el Congreso por las ayudas de Maduro o el cariño del Ibex: lo hicieron porque conectaron con los intereses de una nueva generación de españoles cuyas necesidades -precariedad, transparencia, modernidad, transversalidad- eran sistemáticamente orilladas por el bipartidismo. Total si esos no votan, pensaban sus estrategas. Hasta que votaron. Con esos votos Podemos pactó con el PSOE, apuntaló autonomías socialistas y gobernó ciudades importantes; que su ineficiente gestión fuera castigada o que el orgullo de su líder frustrara la coalición no debe opacar el hecho crudo de que Sánchez debe todo su poder a Iglesias, que negoció la moción con los independentistas y le dio gratis el sí. Rivera, por su parte, apoyó la investidura de Sánchez en 2016; y cuando Sánchez bloqueó la salida, hizo girar la bisagra hacia el sí a Rajoy a cambio de una regeneración que Rajoy despreció. Pagó esa displicencia con la censura, pero aun entonces Cs votó en contra. Y después ha compensado con su apoyo territorial la caída estrepitosa del PP. Pese a esto, la campaña de Sánchez va de matar a Iglesias y la de Casado de matar a Rivera.

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22 septiembre, 2019 · 23:34

Opiniones de Errejón

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¿Liberal-populismo?

Errejón me contó cosas que no cupieron en la entrevista. Le pregunté por la disciplina de partido. “Los partidos levantan muros enormes por los cuales todo lo que se dice fuera es estupidez o conspiración y todo lo que se dice dentro tiene sentido. El síndrome de la fortaleza sitiada es una máquina mala de selección de talento. Todo se vuelve sospechoso y se mide la importancia de las posiciones por el grado de aquiescencia. Por eso el PP y el PSOE no vieron venir el estallido del 15-M, que se fraguó desde 2008 y no estalló hasta 2011. Y esa tradición bipartidista ha contagiado al resto de formaciones. Para eso se creó la figura del independiente, para dirigirse a la sociedad con gente que se le parezca un poco más. Porque hay que mantener el poder interno, pero luego ganar votos fuera. Si solo tienes la ética de las convicciones puedes ser un fanático, y si solo tienes la de la responsabilidad puedes acabar siendo un cínico”.

Le pregunté por la serie Chernóbil. “Desmonta el falso dilema entre libertad y eficacia: siempre hay momentos de excepción donde algunos proponen suspender las libertades y concentrar el poder de decisión para ser más rápidos. Chernóbil muestra que la libertad no es solo una preocupación moral que atañe a quienes tienen la vida solucionada, sino que es la condición para que se desarrollen las mejores capacidades humanas. Sin libertad ya no prima la mejor solución sino la más obediente. La libertad no es un amor abstracto, es lo que permite que prosperen las mejores ideas y no las más cómodas para el poder”.

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16 agosto, 2019 · 14:02

La piedra de los fracasos

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Escollos maxilares.

El problema es usted, señor Sánchez. Su Persona. Federico siempre me dice que no, que el problema es el PSOE mismo, pero yo creo que Page no hubiera hecho esa moción de censura. Ni la cumbre de Pedralbes. Ni habría legitimado a Bildu. Ni demonizado a Cs. El PSOE padeció a Zapatero, pero aún dio a Javier Fernández. Hoy el escollo de España, la piedra en la que España tropieza una y otra vez desde 2016, se llama Pedro. Y sobre su jeta de feldespato, donde la crispación mandibular esculpe abdominales fuera de sitio en las fotos de perfil, se levanta la iglesia sanchista, secta de Estado entregada al apostolado de la discordia. O usted o el caos.

Qué envejecido se le vio en la investidura, señor Sánchez. Qué meteórico deterioro. Una cana por cada no, una arruga por cada alarde de resistencia. Y de fondo el murmullo secreto del motor que le mueve: la revancha. Tachar cada noche otro palito en la pared de Moncloa y clavar otro alfiler en el muñeco vudú de los que decían que no valía. Cómo se parecían el jueves sus ojos vidriosos a los de aquel octubre en Ferraz.

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27 julio, 2019 · 14:19

Pedro Frankenstein de Beukelaer

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El Pensador.

Había una vez un apuesto candidato que quería ser príncipe, pero solo podía serlo besando unos sapos muy feos de color amarillo y morado. Así que los besó, y todos en el reino le vieron besarlos, y él sentía vergüenza de haberlos besado. Pero como ya era el príncipe, lanzó desde palacio una campaña contra una plaga de sapos más feos que los suyos, de un verde intenso, y el pueblo tuvo miedo y creyó la versión de palacio, aunque su inquilino seguía necesitando a sus sapos para reinar. El príncipe viajó por Europa, donde odian a los batracios, y decidió que él era un europeo demasiado guapo para depender de ningún sapo, así que hizo un discurso de investidura destinado a “hombres y mujeres libres e iguales en armonía con la naturaleza”. Pero entonces los sapos amarillos y morados que le habían llevado a palacio se sintieron repudiados y dolidos. Y ahora todo el reino aguarda el final del cuento: no se sabe si el príncipe tendrá que volver a comerse sus sapos o provocará elecciones para que el pueblo le reconozca como príncipe absoluto, cosa que es muy difícil porque el sapo verde ya no da tanto miedo como antes.

Pedro Sánchez nos ha contado un cuento de investidura tan fantasioso que las taquígrafas de las Cortes iban ruborizándose al transcribirlo. Rubalcaba, que era científico, aportó la taxonomía precisa del engendro –Frankenstein-, pero Iván Redondo, que es guionista de ficción, se empeña en vendernos al Príncipe de Beukalaer. ¿Cómo se pasa del verde monstruoso al rubio angelical? Pues negando la realidad como los niños: tapándose la cabeza con la manta para no ver al elefante morado en la habitación. Eso ha sido el discurso de Sánchez. Un acarreo de solemnidad plúmbea, clamorosas omisiones -¿Cataluña? ¿No está eso debajo del país de Emmanuel?-, estomagante cursilería y propuestas legislativas muy por encima de sus posibilidades parlamentarias. Tengo anotadas una Ley de Startups, un Estatuto del Trabajador y la Trabajadora, un Estatuto del Artista (y la Artista), una Ley de Igualdad de Trato (esta vez no de Trata), un reconocimiento del Derecho a Jugar de los Niños, otro del Derecho a Respirar Aire Limpio, una ¡Ley de Plásticos de Un Solo Uso! y hasta una Ley de Libertad de Conciencia. Que jurídicamente es algo así como una normativa de Respiración Espontánea. Todo ello en medio de amargos lamentos por “tres años de bloqueo político”, expresión que en boca del padre de todos los noes motivó el respingo de Pablo Casado, que se giró asombrado hacia Teodoro García Egea para luego abstenerse de verbalizar la fascinante desvergüenza del hombre que va a gobernarnos.

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22 julio, 2019 · 17:13