Archivo de la etiqueta: casta de nuevo cuño

España es de todos, rompe tu parte

15409862084889.jpg

Rompiéndola.

Desde la moción de censura vivimos en el campo semántico de la ruptura, y en congruencia la palabra clave de la sesión de control fue el verbo romper. Pedro Sánchez rompe relaciones con Pablo Casado (aunque luego rompe esa ruptura para ofrecerle un pacto presupuestario); Casado acusa a Sánchez de romper con la Constitución y le pide que rompa con los que rompen España; Albert Rivera rompe la unidad de acción con el PP en la Mesa del Congreso; Pablo Iglesias teme que Sánchez rompa su pacto monclovita con membrete y todo para ponerle los cuernos con la oposición constitucionalista. En España todos rompen menos los que tienen que romper, que es ERC con el partido mutante de Puigdemont: siempre nos cuentan que están a puntito de dejarlo, pero al final terminan volviendo como las parejas cobardes.

No rompió Casado con su tono duro y su profusión metafórica: las madrasas catalanas, el lodo de TV3, el caballo de Troya sanchista en el sistema del 78 y el tigre por cabalgar del independentismo, que no es el de Blake: “Tigre, tigre, luz prendida en los bosques de la noche, ¿qué mano inmortal, qué ojo pudo idear tu terrible simetría?”. Pero ese tigre no es español porque en España manda el federalismo asimétrico del PSOE, por el cual unos españoles que no quieren serlo son más iguales que otros. Sánchez no ha leído a Blake, así que le respondió a Casado con el armamento convencional: extremismo, crispación… y corrupción, servida por la garganta profunda de Villarejo que apunta a Cospedal. Los audios fecales prestaron al Gobierno una munición que se le acabaría si Cospedal dimitiera, concediendo con ello a Casado la baza de aumentar la presión sobre Dolores Delgado; es lo que intentó Beatriz Escudero, que cuando habla agarra al reposabrazos como si lo fuera a despedazar, pero con María Dolores en el escaño su pólvora nace mojada.

Leer más…

Anuncios

Deja un comentario

5 noviembre, 2018 · 15:41

Las dos Carolinas

1410743058-k3hH--620x349@abc

La derrota.

Dos Carolinas: Punset y Bescansa. Una profesión: la política. Y un abismo entre ambas. La valenciana, tras probar otras militancias, aterriza de pie sobre un Cs en expansión: diputada, portavoz, miembro de la Ejecutiva y eurodiputada. Cuando las cosas en su partido no marchan como quisiera, inicia una aproximación a otras, digamos, sensibilidades que culmina en una romería en coche oficial a Waterloo. Cinco minutos antes de que la echen, fabrica una coartada de canónico victimismo: machismo inaguantable y nacionalismo español. Dos cargos que, si no se prueban, destapan el refugio más concurrido del pícaro español. Su catadura se aclara cuando le preguntan si devolverá su jugosa acta de eurodiputada.

A la gallega no se le conocen carnés previos a Podemos. De hecho es fundadora del partido. Cuando la tensión entre otros dos fundadores, Iglesias y Errejón, se le hace insoportable, decide no alinearse. Critica públicamente la deriva soberanista del partido en la crisis catalana. El oficialismo termina de arrinconarla cuando le atribuye maniobras para desbancar al líder. Es relegada al gallinero y desaparece de los medios. En un último intento por sobrevivir, disputa las primarias al candidato oficialista y pierde. Acto seguido, anuncia que concluirá su trabajo en las comisiones, entregará el acta y volverá a dar clase.

Leer más…

Deja un comentario

28 octubre, 2018 · 23:01

De la urnofobia al emoticono

15318388363335

Urnófobo.

Mes y medio después de la moción donde debió hacerlo, Pedro Sánchez presentó en el Congreso su programa de Gobierno, o su programa electoral. Eligió para ello el Día Mundial del Emoticono, y en eso nadie va a discutirle la coherencia: el emoticono es un invento de los ingenieros de Silicon Valley para ahorrarnos el esfuerzo del lenguaje articulado y el sanchismo es un invento de los spin doctors de Moncloa para ahorrarse el trámite de gobernar con escaños. ¿Estamos ante un Gobierno corto o ante un spot largo? ¿Vale la pena indignarse por las amenazas a la enseñanza concertada o a la industria del diésel? ¿Cuántas de las reformas anunciadas se llevarán finalmente a término? Es la pregunta que en estos momentos se están haciendo la momia de Franco en la huesa de Cuelgamuros y los defraudadores acogidos a la amnistía fiscal en el confortable anonimato del que Sánchez ya no quiere sacarles.

El presidente del Gobierno es un hombre audaz, pues hace falta audacia para llegar a presidente como ha llegado, pero a cambio padece dos miedos paralizantes: a los periodistas y a los votantes. De los primeros teme las preguntas, y para eso envía a las ruedas de prensa a sus ministras, y de los segundos teme la intención de voto, y para eso coloca en los fogones del CIS a don Tezanos, que llega con el mandil puesto y el carné en la boca. A este síndrome sanchista del pánico electoral lo ha bautizado Hughes como urnofobia, contra la cual solo se conoce un tratamiento: el dinero público, que ya se sabe que no es de nadie. El plan es comprar en el mínimo tiempo posible el máximo número de voluntades con cargo al bolsillo del contribuyente. Puede intentarlo porque recibe una España que crece al 3% y porque Calviño ha rogado a sus colegas bruselenses que hagan la vista gorda mientras engrasa con más déficit la campaña de las autonómicas. Y así es como, Sánchez, gobernando con los Presupuestos del centro-derecha, rinde tributo a la sentencia de Josep Pla, que advirtió que el socialismo es un lujo pagado por el capitalismo.

Leer más…

1 comentario

17 julio, 2018 · 18:15

Sánchez sale a relucir

15302940405715

Reluciendo.

Hace unos días Fernando Savater se preguntaba si este Gobierno era brillante o solo reluciente. La distinción resulta decisiva: el efecto parece el mismo pero sus causas no pueden ser más opuestas. Brillante es la luz que nace internamente y se comparte hacia fuera: ejerce un efecto centrífugo. Reluciente es el atributo que un agente exterior presta a quien por sí mismo carece de brillo: se trata de un efecto centrípeto. La facultad brillante es activa e imperecedera; la condición reluciente es pasiva y efímera. Alguien brillante irradia un talento que le es propio, mientras que para relucir basta con reflejar la luz que solícitamente proyectan desde fuera. Desde, por ejemplo, Televisión Española, primer reflector del Estado.

Ni siquiera la insensata confianza que Pedro Sánchez deposita en sí mismo es suficiente para fiar su duración en La Moncloa a la fotogenia de sus manos. Él ya se ve cualificado no para gobernar España sino para reemplazar a Merkel en el liderazgo de Europa, pero sus asesores, cuyo trabajo exige alguna familiaridad con el realismo, lo han rodeado de ministros brillantes entre los cuales el jefe aparezca como un candidato al menos reluciente. Y si el Gabinete falla, pues la realidad es sombría, queda la ficción, el asalto al órgano de propaganda por excelencia desde que lo fundara Franco: RTVE. Por colocar a su nuncio ideológico en la santa sede de la doctrina gubernamental andan matándose a puerta cerrada los distintos apéndices de la criatura frankensteiniana que censuró a Rajoy, cada uno según su tamaño: las piernas de Podemos, un brazo de ERC, el otro de PDeCAT, la cabeza del PNV y las manos… de Sánchez. Llamamos a eso negociación, con púdico eufemismo, pero el espectáculo nos evoca los documentales predatorios de La 2. Con los periodistas de plantilla en el papel de ñus y con la despolitización en el caldero de los caníbales de sigla.

Leer más…

El bueno (Morenés), el feo (Marlaska) y el malo (Jorge Fernández) en La Linterna de COPE

Deja un comentario

2 julio, 2018 · 10:03

Significante Sánchez

15284743389171

Cartel electoral.

Hubo un tiempo en que el PSOE ganaba elecciones para formar gobiernos y ahora forma gobiernos para ganar elecciones, sentencia Rodríguez Braun. ¿Pero qué clase de gobierno aproxima una victoria electoral? Pues uno que se cuide mucho de ser socialista. Uno que, sirviéndose de la popularidad de la sigla y la funcionalidad del aparato, cosa la brecha abierta entre partido añejo y votante actual con una descarada operación de vaciado de lo propio y suplantación de lo ajeno. Se queja Iglesias de que este Gobierno es un guiño indisimulado al centro y a la derecha. Y lleva razón.

Pedro Sánchez ha podido culminar esa operación porque es un significante vacío, un político cuántico cuyo exterior admite las posiciones sucesivas de la socialdemocracia tradicional, el populismo anticasta o el liberalismo patriótico mientras en su interior permanece fija la energía de la voluntad de poder. Es la fantasía de cualquier spin doctor, la boca hecha agua de Pigmalión. Pero el triunfo de su ambición no se explica sin la crisis de representación de la socialdemocracia y sin el miedo a las urnas que atenaza a los actores convencionales. Sánchez es presidente porque lo han querido PP -por eso no dimitió el jueves Rajoy-, PSOE y PNV. Si Gustavo Bueno hubiera presenciado su llegada al poder y la composición de su gabinete, quizá habría advertido una maniobra de cierre categorial: la restricción del campo de juego político a los márgenes establecidos en 1978. Dos partidos de turno y un árbitro nacionalista.

Leer más…

El bueno (Mariano Rajoy), el feo (nuevos partidos) y el malo (separatismo)

2 comentarios

10 junio, 2018 · 23:26

Los minutos de la basura del 78

14991057407112

Últimos especímenes del 78.

Lo que vimos ayer, entre pellizcos de incredulidad, no fue la agonía de un político que parecía crónico, tan identificado con el tiempo que parecía gobernar como nos gobiernan las estaciones: por imperativo cósmico. Lo que vimos ayer no fue la derrota de un orador tan experimentado que podía batir con el florete de su sarcasmo la descarga de artillería dispuesta frente a él por todos sus enemigos. Lo que vimos ayer no fue la traición al viejo muñidor de pactos imposibles, que confiaba en la lealtad comprada con dinero público sin sospechar que siempre hay alguien dispuesto a elevar la suma destinada al bolsillo de tu efímero aliado. Lo que vimos ayer no fue el garbo terminal, ciertamente admirable, con que un presidente apuñalado seguía dibujando molinetes retóricos en el aire antes de retirarse a morir oscuramente en su despacho. Lo que vimos ayer no fue la muerte política de un mineral, con toda la cobardía de los minerales que pesan pero no sienten, que caen pero no se arrojan.

No. Lo que vimos ayer fue el operístico estertor de un sistema -de una república dirían los franceses, de un régimen dirán los populistas- que ha consistido básicamente en que durante 40 años dos fuerzas antagónicas se alternaban en el poder español al arbitrio de un partido antiespañol. La coherencia narrativa en que a veces se complacen las historias de los pueblos exigía un final quintaesenciado: el de un firmante de la intervención de Cataluña pidiendo perdón a Joan Tardà por ser español y parecerlo. A su lado, efectivamente, Rajoy será siempre un español, vicio del que Sánchez se está quitando a toda velocidad por orden de sus nuevos dietistas de etnia mejorada.

Leer más…

Respondo a las preguntas de Letras Libres sobre cómo hemos cambiado

1 comentario

1 junio, 2018 · 9:23

Régimen del 78 a 30 años

15266666157015.jpg

La madurez del doctrinario.

Una pregunta ha atormentado siempre al rojo de corazón: por qué hay obreros que votan a la derecha. O al centro, que para el rojo fetén es indistinguible de la derecha. Como resulta demográficamente imposible que todos los votantes de PP y Cs sean pijos -los pijos serán millonarios pero no hay millones de pijos-, el rojo conoce la modesta posición de muchos de ellos. Pero no le entra en su dogmática cabeza.

Hasta ahora la respuesta ortodoxa consistía en deplorar la falta de conciencia de clase del proletariado, embrutecido por el sueño escasamente épico de querer vivir como el señorito. Pero ni siquiera una toma de conciencia tan académica como la de los fundadores de Podemos ha resistido el enésimo choque con la vida real. Pablo Iglesias e Irene Montero tuvieron un hijo ideológico, llamado Podemos, pero después concibieron dos hijos biológicos, y asimilaron entonces la lección inaugural de la madurez humana: que en la dialéctica entre ideología y biología, siempre gana la segunda. Siempre. Ahora tendrán que asimilarlo sus votantes, que les han hecho mucho más ricos a ellos de lo que ellos han hecho a sus votantes. Y por eso la gente -perdón, la Gente- vota a Rajoy y Rivera. Incluso a Sánchez, que ya tarda en irse a vivir bajo el puente de Juan Bravo para recoger el voto del desengaño. Yo me temo que el chalet de La Navata va a ser para el Podemos de Iglesias lo que la boda de El Escorial fue para el PP de Aznar. Tendemos a confundir los apocalipsis personales con los colectivos, y de ahí se nutre el populismo; pero también tomamos por general prosperidad la nuestra propia, y de ahí nace la desafección.

Leer más…

1 comentario

20 mayo, 2018 · 11:44

Tanto todo para nada

15248495545558

Una época.

Me lancé sobre el teclado dispuesto a levantar acta del apocalipsis. Los partidos dinásticos del 78 pagan con la esterilidad su larga endogamia y mueren sin descendencia. Sus albaceas ajustan cuentas en sórdidos rincones o se disputan una herencia demediada. Los legisladores, encuadrados en falanges preelectorales -de esa rancia estirpe que adivina una rendición en cada pacto-, ya no legislan. El presidente se contrarreforma a sí mismo con tal de sobrevivir un año más. El Ejecutivo se desempodera en favor del Judicial, contra el que a su vez conspira la opinión efervescente del pueblo digital, receloso de toda autoridad ilustrada, ajeno a otra soberanía que la de su santa piel. Las identidades estabulan a los ciudadanos que sienten nostalgia de la comunidad perdida y olvidan los privilegios de la libertad ganada. La saturación de oferta material acicatea la demanda espiritual, las viejas luchas retornan a los nuevos corazones y vuelve a reivindicarse el colectivo -la clase, el género, hasta el barrio- sin renunciar ni por asomo al tecnificado ideal del individuo urbano. La incomprensible fe en el poder de la política, semilla de inexorables frustraciones, convive con la razón meritocrática, constatada por quienes progresan desentendiéndose de la prensa. La sociedad nunca fue tan mestiza, pero señalamos su creciente polarización; las empresas se globalizan, pero corremos a refugiarnos en el proteccionismo; la vida humana se alarga cada vez más, pero al cabo termina, y los hombres, como advertía Camus, no mueren felices.

Luego, a mitad de artículo, me paré a pensar. ¿Y si un minuto después del apocalipsis pasara lo de siempre, lo que suele pasar en estos casos, es decir, que no pase nada? Porque el pueblo opina y los jueces juzgan, pero lo malo sería que los jueces se limitaran a opinar mientras el pueblo dicta sentencia. Y los partidos nacen, pero también mueren, y del abono en que los sume su descomposición brota otro partido. Y los presidentes sobreviven, pero solo un poco más, porque Galicia hace mucho que dejó de dar dictadores. Y los nacionalistas chantajean, pero ninguna cesión los ha alejado un centímetro del estatuto legal de comunidad autónoma. Y florecen las pancartas en primavera, pero desde aquel mayo en París sabemos que la revolución solo es un cambio de amos en el peor de los casos; y en el mejor, una manera sexy de airear la intimidad, esa que Lacan llamó extimidad: la intimidad que reforzamos cuando la exhibimos. Hoy los revolucionarios se presentan a las elecciones y se quedan embarazados de gemelos.

Leer más…

El bueno (Carmen Quintanilla), el feo (Cristina Cifuentes) y el malo (La Manada)

Deja un comentario

2 mayo, 2018 · 19:28