Archivo de la etiqueta: Florentino Pérez

Libertad de rotación

15057599753524Las rotaciones de Zidane son como la libertad de expresión: las defendemos siempre que el titular coincida con nuestra opinión. En cambio cuando Zidane decide censurar a Kroos o a Modric -que ya hay que ser libre para eso- porque compra el excéntrico argumento de que también son humanos y necesitan descanso, o cuando el equipo rotado a conciencia empata en Levante, enseguida nos lanzamos al culo del francés para escrutar a fondo, menear la cabeza con ademán de hortelano y concluir que la flor que allí brotaba firme y cuajada de títulos se marchita ya sin remedio.

Pero a quien todavía conserva algún respeto por los hechos le resulta evidente que Zinedine Zidane, con su sonrisa preventiva y sus comparecencias susurradas, está llevando a cabo la revolución más profunda en el banquillo blanco desde que uno tiene memoria. Hasta ahora, las rotaciones las imponía la fatalidad: las lesiones, la depresión de una estrella porque se iba a divorciar o porque no conseguía divorciarse, las resacas rebautizadas como gastroenteritis por higiene mediática, las predilecciones verticales del presidente.

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19 septiembre, 2017 · 10:41

El tanga de la Cibeles

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Mocita madrileña.

Una serie de catastróficas victorias está malcriando a toda una generación de niños madridistas. Van a crecer pensando que la vida era esto, que consiste en una piñata de cuatro títulos al año con los que uno se presenta luego en el cole a perdonar la existencia de sus amiguitos antimadridistas. Estos días azules y este sol de la infancia no durarán siempre, niño blanco; pero tampoco te sé decir cuándo acabarán. Porque uno mira a Zidane, que es el niño más grande de todos, con su insondable sonrisa de custodio del santo grial, y no le adivina un declive próximo a este equipo de leyenda. Estos jugadores están creando más felicidad de la que la realidad es capaz de sostener, según todos los filósofos. Están cronificando la ilusión.

Quizá por eso su avión volvía de Cardiff en silencio: porque rumiaban los héroes la contrapartida del éxito rotundo, que siempre es una decepción futura. O quizá es que estaban molidos, pues ganar por ganar resulta agotador. Tiene más mérito comer sin hambre. Se diría que en el estómago de estos futbolistas habita una tenia insaciable que les pide copas a cambio de no torturarles por dentro. Su líder y su emblema se llama Cristiano, el goleador caníbal.

La mañana del triunfo se prestaba a religiosas consideraciones a la altura de la iglesia de San Juan Bautista. Una hoja parroquial anunciaba: “The kingdom come”. Premonición o no, horas después se certificó el advenimiento del reino madridista a Europa; hegemonía muy poco cristiana, pues cuando el Madrid salta al campo, la caridad se la deja fuera. No reparte la gloria con nadie. Muy cerca se alza el National Stadium, un campo cuidadosamente escondido entre tabernas para prevenir que nadie llegue sobrio a una final. Llegaban sedientos los aficionados tras una notable caminata, pues los accesos por coche al centro estaban cortados por barricadas de seguridad. En Cardiff hemos visto armas que solo existían en los videojuegos, pero la amenaza real se preparaba en Londres.

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5 junio, 2017 · 11:55

El hábito de lo extraordinario

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Canta la cólera musa…

La grandeza del Real Madrid no consiste, como creen los madridistas, en imponerse a todos sus rivales, sino en vencerse primero a sí mismo. Nadie duda ya de que Cardiff instala la hegemonía blanca en el fútbol mundial. Pero si el ciclo de Di Stéfano tiranizó Europa sin fisuras, esta moderna hegemonía en color admite la zozobra y el improperio en propia meta. Quizá el Madrid sea lo suficientemente ancho como para contener la negación de sí mismo, porque gana a menudo poco minutos después de que los madridistas lo hayan desahuciado. Así fue en Lisboa, así en Milán y así en Cardiff hasta que Cristiano marcó el segundo.

Olía el estadio a hierba fresca, que es el napalm del Madrid. Empezó la final cómo empiezan todas, tímidas, indecisas, huyendo del sí como niñas recatadas. Dybalase movía grácil con sus calcetines a media asta, y la afición turinesa disponía de un fondo más amplio -y un madridismo más pipero- para hacerse oír. A la final le faltaba guionista. Tenía que ser Cristiano. Pero la tijera de Mandzukic desató el thriller. Rajoy, que ve estos partidos incorporado -suspense que en el escaño no es capaz de provocarle la oposición-, se atusó la barba, mientras Cifuentes comentaba la amarilla a Ramos, que venía a ser como el precio de la alegría. Al descanso ni siquiera la lucidez balcánica de Mijatovic se atrevía a profetizar un final feliz.

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4 junio, 2017 · 12:38

El animal vuelve a casa

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Animal en su hábitat.

Cardiff es una ciudad brumosa y fabril sitiada por la campiña. Sobre tanta hierba parece imposible no imaginarse a Gareth Bale galopando, feliz entre vacas mudas y homenajes patrióticos. Y sin embargo ayer el príncipe deportivo de Gales velaba armas en el sofá de un hotel, charlando con viejos amigos, distendiendo los músculos en la víspera del galope final. No le importan, pensábamos mirándole, los minutos de juego de los que finalmente disponga; le importa que cuando pare de correr vuelva la vista y confirme que el Real Madrid ha ganado doce Copas de Europa.

La expedición blanca amaneció poseída del optimismo que le consiente la historia. Todas las finales que la Juve lleva perdidas las ha ganado el Madrid, y alguna más. “Me daba más miedo el Atleti, donde defendían todos”, confiesa Roberto Carlos tomándose el primer café del día, aún en Barajas. Compara plantillas y concluye que hay razones poderosas para el sosiego. Una se llama Benzema, que parece más delgado desde que se filtró entre tres defensas en el Calderón; otra es Cristiano, que oscilaba ayer entre la sonrisa y la franca carcajada. Y está el nuevo look mohicano de Ramos, tan hortera que todo el madridismo respiró aliviado al corroborar la intacta autoestima de su capitán.

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4 junio, 2017 · 12:35

El madridismo existencial

Adios al primer grande de la historia del futbol, hasta siempre Don Alfredo Di Stefano

Contigo empezó todo.

El madridista se lleva la mayor sorpresa de su vida cuando despierta al uso de razón y descubre a su alrededor personas que no son del Real Madrid. De esa delicada epifanía tarda mucho en reponerse, si llega a hacerlo, porque él ama a sus semejantes y desea lo mejor para ellos. Pero terminará asumiendo la herejía con un encogimiento de hombros y acaso un vago ademán filantrópico con el que quiere expresar su comprensión de la debilidad humana. No es que se sienta superior a los demás; es que ha tenido la fortuna de pertenecer al mejor club del mundo, lo cual significa que el resto de equipos son peores que el suyo.

Como del palmarés no cabe discutir, porque las matemáticas no se dejan opinar, queda graduar los decibelios del sentimiento. ¿Es el Madrid una pasión? Quien compare ciertas tardes gélidas del Bernabéu con el sudor y la fiebre en las gradas de otras aficiones menos habituadas a la victoria se inclinará por dudarlo. Hay días, muchos días, en que el Madrid gana por inercia funcionarial como el deber absurdo de un personaje kafkiano. Gana porque esa camiseta lleva ganando toda la vida y no va a dejar de hacerlo justo ahora. Gana porque sabe que debe ganar y punto. Y hay aficionados a los que eso no les basta, como hay españoles que ya no recuerdan la época en que la achicoria suplía al café y las alpargatas de lavandera estaban muy lejos de presagiar los Jimmy Choo de ejecutiva. A los entrañables tribuneros de la pipa y de la queja les recordamos: también su Madrid pasó 30 años sin ganar una Champions. Y el jubiloso hecho de que ahora las gane con renovada facilidad -acorde con el linaje que fundó su gloria- no debería borrar la memoria latente de la frustración, del capricho de la suerte, de los labios de cobra del triunfo.

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31 mayo, 2017 · 12:29

Quién teme a Gerard Piqué

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Gerard jugueteando.

Resulta difícil cifrar el número aproximado de madridistas que se han sentido ofendidos de veras por las provocaciones del entrañable Piqué. La teoría de la gota que colma el vaso choca, en el caso del contumaz esposo de Shakira, con la doctrina de la tuerca pasada de rosca. Personalmente pertenezco al segundo grupo: al de los madridistas a los que don Gerard no puede ya indignar porque no son capaces de mirarle sin ternura. La que merece un muchacho voluntarioso que, por mucho tesón que pone en su cruzada, todavía no ha sido recompensado siquiera con alguna de las cuatro capitanías del Barça. El tiempo pasa, y todos los expertos recomiendan haber sido como mínimo cuarto capitán si se aspira un día a la presidencia de tu club. Dicen que está dejando las timbas de póker y los salivazos sobre compañeros: la progresión es la adecuada. Sinceramente no nos explicamos qué más tiene que hacer este chico.

Sin embargo, es posible que sus travesuras todavía logren soliviantar al sector más emocional del madridismo. Quizá muchos de estos aficionados de natural combativo se hayan preguntado estos días por qué el presidente del Real Madrid no sale a atajar las insidias del bocachancla habitual, especialmente desde que el Barça anunciara que las comparte y respalda institucionalmente. Yo estoy en disposición de avanzar lo que les contestaría Florentino Pérez: «El Real Madrid es demasiado grande como para rebajarse a librar una guerra sucia. Todo lo que hiciéramos hoy en ese sentido sería materia de arrepentimiento mañana, porque quien más tiene que perder en estos casos siempre es quien más prestigio arriesga. Yo pediría al madridismo que no pierda el sentido de la proporción. Somos el Real Madrid».

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El bueno (Montoro), la fea (Pastor) y el malo (Puigdemont) en La Linterna de COPE

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3 abril, 2017 · 11:16

Florentino quería al Bayern

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Otro sicario de Flóper.

Finalmente se confirmó el amaño del sorteo que varios medios venían profetizando desde 1902 y el Real Madrid pudo elegir a su rival en cuartos de final de la Champions. Florentino Pérez escogió esta vez al Bayern de Múnich para poder devolverle a Xabi Alonso el vinilo de Belle & Sebastian que se dejó olvidado un día en la guantera del autobús. Se rumorea que aprovechará igualmente el cruce con los bávaros para entregarle al devoto Ancelotti una postal del skyline de Toledo firmada por el cardenal primado.

Es igual lo que ocurra. Los hechos tienen hoy tanto prestigio como el colesterol. El conspiranoico ibérico seguirá pensando que el Real Madrid amaña sorteos como cree a pies juntillas en la trama de puros y chisteras garabateada por don Iglesias y en la orgía con mermelada y perro de aquella fan de Ricky Martin. El caso es que a Zidane le toca medirse con su mentor en la temporada de la Décima, dos técnicos de escuela italiana e impar experiencia que ofrecerán la eliminatoria más ardua y espectacular de todas. No parece descabellado arriesgar que de semejante Mühlberg saldrá el ganador del título.

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El bueno (Urkullu), el feo (De la Serna) y el malo (Mayer) en La Linterna de COPE

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21 marzo, 2017 · 16:25

El cielo de CR puede esperar

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El Renacido.

Por descabellado que parezca, hay razones para defender la renovación del máximo goleador de la historia del Real Madrid. El señor de los 371 goles en 360 partidos saldrá del club con 36 años. Una edad provecta para un futbolista, aunque no para un atleta biónico. Se recela del renovado porque está faltando a su estadística de gol y pico por partido. La aprensión viene motivada por el propio Cristiano Ronaldo, que lleva siete años malcriando a la afición y abaratando el mérito del gol a fuerza de derrocharlo.

La decadencia de Cristiano es debatible, sobre todo antes de cada hat-trick. Pero que haya perdido desborde no debería anticiparle la jubilación. Hoy Messi juega andando porque sabe muy bien cuándo tiene que acelerar y concentra en ese instante todos sus recursos. Lo que preocupa a los madridistas es si Cristiano aprenderá a compensar su pérdida de velocidad y regate con una mayor inteligencia posicional: ser igual de letal por experiencia y no por poderío. Yo creo que ya lleva tiempo alternando voracidad rematadora con juego interior, como si dentro del cártel del gol que forma la BBC se estuviera produciendo un trasvase de papeles: Cristiano delega la potencia en Bale pero toma la asociación de Benzema. Falta saber qué rol le queda a Karim, con Morata apretando fuerte, pero ese es otro debate.

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La mejor reseña, porque Alberto Gordo conoce mi pasado y mi presente, sobre El hígado de Prometeo es esta de El Cultural

14955926_610145169172539_7972725584819944398_nUna entrevista gratísima, más bien una charla, la que tuve con Elia Rodríguez en Es Radio, a partir del minuto 50

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8 noviembre, 2016 · 10:28