Archivo de la etiqueta: Franco

Por quién aplauden los comparsas

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Corea.

Los españoles ya venían preocupados, pero ahora que han visto al coro norcoreano romperse las manos aplaudiendo al timonel lo están mucho más. Cualquiera que conserve la vergüenza y el criterio no ve en la imagen del recibimiento -¡advenimiento!- en Moncloa o en el Congreso la gratitud que una nación atribulada profesa a su salvador, sino el alivio coyuntural de una casta de desesperados al rescate de sus propios cargos. Qué mal lo han tenido que ver -qué mal lo siguen viendo- para que sus señorías acepten el papel de requetés de lista cerrada en semejante No-Do de posguerra.

Si el acuerdo europeo es bueno, la manera más directa de sospechar de su bondad es que Iván Redondo necesite montarle una coreografía. La estafa se verá mejor el 1 de octubre, el día después de que expiren los ERTE y una ola de españoles confusos se precipite al paro que hoy les esconden. Pero octubre para el sanchismo es un plazo geológico, estrictamente inconcebible. No sabe cómo sobrevivirá a mañana como para pensar en otoño, amigos.

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22 julio, 2020 · 16:52

Las orejas alfa de Pedro Sánchez

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Alfa.

Hemos vivido largo tiempo en la ignorancia. La sombra del oscurantismo franquista aún se proyecta sobre nuestros juicios políticos. Nos ha impedido, por ejemplo, reparar en la excelencia auricular del sanchismo. Si Ian Gibson nos enseñó quién era Lorca, ha tenido que venir otro hispanista británico, John Carlin, para reconciliarnos con lo mejor de nuestro presente, que son las orejas de Sánchez. Solo un biógrafo de Mandela podía revelarnos su “forma de rombo, con un punto aerodinámico” que le recuerda la cola de un avión. “Quizá sean señal de macho alfa, que Sánchez lo es, o quizá le ayuden a conservar energía durante los 10 kilómetros que cuentan que corre cada día”. Nos preside una mezcla de atleta, fresco de Buonarroti y elástico semental.

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30 junio, 2020 · 10:12

¡Pedro, Pedro, encadénanos!

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Madera de autócrata.

Al final el pobre Sánchez no va a tener más remedio que aprovechar la pandemia para instaurar una autocracia. Se lo está pidiendo el pueblo español a gritos, dice Tezanos en esa carta del tarot pagada con nuestros impuestos que antes llamábamos barómetro del CIS. En ella el partido culpable de la peor gestión por número de muertes del planeta le saca diez puntos a la oposición. Y en ella dos de cada tres españoles ruegan a Sánchez e Iglesias que los salven de sí mismos, de esa estúpida credibilidad que les lleva a zamparse bulos reaccionarios como indios precolombinos que cambian el oro de su confianza por el cristal coloreado de la posverdad. Los encuestados suplican que se les expropie la libertad de información y la centralice papá Estado, igual que a los niños se les tapan los enchufes, no se vayan a llevar una descarga.

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16 abril, 2020 · 10:16

Nuestra pasión según Sánchez

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Getsemaní.

Yo estaba deseando equivocarme. Estaba deseando que del interior de Pedro Sánchez la pandemia extrajera un pedacito insospechado de Adolfo Suárez. Y que sobre ese pedacito, a falta de mayor estatura, se pudiera edificar no unos Pactos de La Moncloa, que solo son el indicio retórico de que Iván Redondo ha cambiado El ala oeste por Cuéntame, sino al menos un proyecto de ley compartido, una legislación de emergencia que prepare mejor a España para sobrevivir a la devastación económica que está a punto de conocer.

Pero un perro loco no es un oso amoroso ni lo puede ser. Todo lo que ha conseguido Sánchez en su vida política se lo debe al sectarismo. La dimisión antes que abstenerse ante Rajoy, el sometimiento antes que la magnanimidad con el susanismo, la genuflexión ante Torra antes que romper el cordón sanitario a la derecha, el abrazo al neocomunismo antes que el acercamiento al centro. Y en estas llegó el Covid-19. Y yo pensé que adonde no lo impulsaba la virtud podría empujarle la peor tragedia nacional desde la Guerra Civil. Y me senté a ver el debate con una nube de esperanza. Pues bien. Ya sé que tampoco 50.000 muertos y siete millones de parados serán suficientes para cambiar a Sánchez. Vista la intervención de esa neófita en lecturas y catedrática en odios de la que Javier Fernández tan justificadamente se avergüenza hoy, ya podemos ir concluyendo que no solo nos iremos al carajo, sino que durante la debacle todas las energías del Gobierno se concentrarán en machacar a la oposición. El alacrán solo quiere picar a la rana que le vadea el río, aunque nos hundamos todos.

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9 abril, 2020 · 20:45

El energúmeno

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Enemigo del régimen.

A un señor con boina que invocaba su derecho constitucional a expresarse libremente lo han arrancado cuatro policías de la puerta de Ferraz. Era previsible: a quién se le ocurre amar a España ante la sede del PSOE. Es como si dos lesbianas empiezan a comerse la boca delante de una mesa de Vox, con la diferencia de que a las dos lesbianas no les pasará absolutamente nada. El nuevo guardián del nuevo Estado, Monedero, ha sancionado lo que en 2015 habría tildado de represión policial al amparo de la Ley Mordaza con este canto al orden y la ley: “Ahora hay Estado de derecho. A ese energúmeno le han detenido por resistencia a la autoridad. Por ponerse violento con la policía”. Fraga lloraría de alegría en su tumba por la conversión de este hijo descarriado si no fuera porque Monedero nunca descreyó de la razón de la fuerza mientras la empleara el bando adecuado contra el enemigo eterno. A la izquierda ahora hegemónica lo que le jode de Franco no es que se saltara la ley -¡esa obsesión de quienes judicializan los conflictos!- sino que ganara la guerra.

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6 enero, 2020 · 11:50

El señor de las moscas

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Tótem y tabú.

Hemos dado a Franco tanto poder que desde su pijama de madera removido sigue decidiendo quién entra en la historia de España después de él. Sánchez, por ejemplo, ha necesitado cambiar sus huesos de sitio para que se le recuerde por algo. Y el próximo socialista que llegue al poder, que naturalmente será todavía más antifranquista que Sánchez -la primera Ley del Heroísmo Socialista establece que la intensidad de su lucha contra Franco es directamente proporcional al tiempo transcurrido desde la muerte del dictador-, deberá derribar la cruz de Cuelgamuros si quiere merecer su nota al pie en los anales de la democracia. Me dice Raúl del Pozo que quienes de verdad sufrieron el franquismo no tienen ninguna gana de acordarse, pero es que Raúl, como buen comunista, no pertenece a un mundo de farsantes solemnes que necesitan exhibir la utilidad de su impuntual ideología.

Respecto de Franco caben los cínicos y los creyentes. Entre los cínicos está el guionista electoral que programa un circo para tapar malos sondeos y comprueba satisfecho que a su toque de silbato todos los hijos freudianos de España se ponen a hacer cola para matar al padre o al abuelo, no vayan a decir. Entre los creyentes están los que se duelen como magdalenas de una profanación y los que creen que acaban de vencer por fin en la batalla del Ebro: la democracia les debe una por sus tuits sobre el Fin de la Anomalía. Qué espectáculo, oigan. Reinas del drama rojiazul, beatas y pasionarias unidas en un mismo caudal de llanto por ellas mismas. Prefiero la carcajada cínica de Iván Redondo dirigiendo el show desde el panel de mando.

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27 octubre, 2019 · 21:43

La veleta blaugrana

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Barça y Franco: historia de una amistad.

A Francisco Franco no le gustaba el fútbol pero le gustaban el Athletic de Bilbao, el Barcelona y el Atlético de Madrid, que entonces se llamaba Atlético Aviación. Del primero admiraba el carácter vasco, que a su generalísimo juicio encarnaba la quintaesencia de lo español, el soporte racial de ese rancio concepto de furia española que cuajó en los Juegos Olímpicos de Amberes. «Hasta el año que viene», bromeaba Gainza con el dictador al recoger en 1958 la Copa del Generalísimo en Chamartín. De la plantilla del Barça el favorito del Caudillo era Samitier, al que llamaba Sami desde que el habilidoso centrocampista le mandó una carta confesándole su fervoroso falangismo para hacerse perdonar el catalanismo de ayer. Estas mudanzas son muy humanas y Franco, desde luego, las comprendía bien; de hecho las provocaba. Y luego estaba el Atleti, claro: el equipo del bando nacional, dirigido por los mandos de la aviación rebelde. Aún recuerdo a mi abuelo, aviador y de las JONS, animando a Baltazar en un polvoriento televisor a finales de los 80. En cuanto al Real Madrid, Franco lo usó con fines propagandísticos como usó el gol de Marcelino contra la URSS, pero no le quedaba más remedio que respetar la autonomía de Bernabéu, que no paró hasta echar del palco al histriónico Millán-Astray. El fundador de la Legión llegó a retar a duelo a Bernabéu, pero lo cierto es que no volvió más. Y además era del Atleti.

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8 octubre, 2019 · 10:49

Nuestro Areta

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Carlos Santos como Germán Areta.

Por la calle oscura de una gran ciudad de un país en transición baja un hombre que no es oscuro ni grande ni mudable. Se llama Germán Areta. Parece un hombre común, ciudadano de una dictadura que agoniza, pero no se hace ilusiones respecto del futuro: conoce la maldad y se opone a ella por instinto, y entiende que la vigencia de ese enfrentamiento no depende de la forma del Estado sino del corazón podrido de los hombres; y por cierto, de no pocas mujeres. Hace tiempo que no duerme bien pero eso no merma la vigilia de sus sentidos, que son la materia prima de su negocio: detective privado.

Se gana la vida lidiando por dinero con la declarada miseria del prójimo, pero no acepta cualquier encargo aunque le sirviera para empezar una nueva vida en un buen piso a la vera del Retiro. Le sobra valentía para castigar a un maltratador que le dobla en tamaño tanto como para desafiar a un plutócrata vicioso, y le falta el sentimentalismo preciso para disculpar a una mujer que se niega a salvarse a sí misma. Se las arregla para averiguar la verdad sin tender más trampas que las justas, porque su mirada fija accede al alma de su interlocutor como una sonda infalible. Llega, observa y comprende. Pero no juzga.

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5 octubre, 2019 · 17:06