Archivo de la etiqueta: héroes de nuestro tiempo

Poderoso Marchena

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Un juez.

A Ruano, que era un hipocondríaco tremendo, le bastaba saber que Marañón estaba en la ciudad para sentirse mucho mejor. Algo parecido nos pasa con Manuel Marchena. Vivimos más tranquilos desde que sabemos que se sienta cuatro días a la semana a impartir justicia en el blanco palacio de la plaza de la Villa de París. Por eso confiamos en que el juicio se alargue todo lo posible y permita a Marchena seguir desplegando durante mucho tiempo esa letal ternura que glosaba Latorre y que tanta esperanza lleva a nuestros corazones desencantados. El día que se acabe este juicio dejaremos de ver a Marchena en televisión y todos nos sentiremos un poco más vulnerables, y ya no encontraremos consuelo hasta que los nacionalistas den otro golpe de Estado y Marchena se siente otra vez a juzgarlo.

Marchena es un hombre poderoso, pero hombres poderosos ahora los hay por todas partes. Los hay hasta en las redes sociales. Nuestro tiempo propende a entronizar a los horteras y a oscurecer a los excelentes. En una época en que el Ejecutivo recae sobre un Sánchez y el Legislativo se distribuye entre siervos mudos y folclóricas chillonas, contemplar a Marchena en el cotidiano ejercicio de su sereno poder devuelve todo su sentido al cacareado sintagma del Estado-de-derecho. Ante Marchena parecen lo mismo Rajoy y Rufián, Junqueras y Soraya, Ortega Smith y Trapero: a todos iguala la autoridad inapelable del presidente del tribunal. Es la clase de autoridad que no puede fingirse ni atribuirse a un cargo pasajero, sino que emana de una aleación exacta de temple y conocimiento que hasta los golpistas reconocen de forma instintiva y a la que concedemos el nombre de prestigio. Hay en la crianza de nuestro juez la proporción precisa de seda canaria y acero vasco, de cortesía y contundencia, humanidad flexible y sólida institución. Un pedante, un payaso o un salvapatrias lucha ante el mundo por parecer culto, ingenioso o patriota, pero cuando declara o interviene bajo la grávida mirada de Marchena termina delatando su triste verdad de pedante, de payaso o de salvapatrias. Y sobre esa paciente epifanía se edifica a diario el relato fugitivo de los hechos y se dirime el peso odioso de la responsabilidad. Se hace, en fin, justicia.

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26 marzo, 2019 · 10:51

Zidane nunca se fue

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Vuelve.

Vuelve Zidane y vuelve ya mismo, y la noticia no es tanto lo primero como lo segundo. Sabíamos que la elección oscilaba en las últimas horas entre Zidane o Mourinho, la cabeza o el corazón, el consenso o el conflicto, el voto racional o el voto de castigo. Ni Pochettino ni Klopp se habían puesto realmente a tiro de contrato ni el Real Madrid se podía permitir otro Lopetegui. De modo que el retorno del francés se imponía como la feliz recomposición de un matrimonio natural que nadie sabe a ciencia cierta todavía por qué se rompió.

Es posible que Zidane tenga ahora que explicar de una vez la razón de su ruptura. En todo caso quedará bien explicada con la elocuencia de los hechos: con sus descartes y con sus fichajes este verano. Pero si los segundos matrimonios son victorias de la esperanza sobre la experiencia, ambas conviven en el regreso de quien le dio al Madrid nueve títulos en dos años y medio. El entrañable antimadridismo, gran parte del cual milita sin saberlo dentro del madridismo, se ha apresurado a descalificar la vuelta de Zidane con científicos argumentos del tipo “nunca segundas partes fueron buenas” o “es un gestor de egos que tiene flor”.

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12 marzo, 2019 · 13:48

El privilegio del coraje

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Coraje.

Las guerras civiles en Occidente aún son culturales. Dos se están librando hoy, una en la izquierda y otra en la derecha.

En el primer frente tenemos a los neomarxistas tratando de pinchar las múltiples burbujas divisivas de los identitarios, explicándoles que lo que determina su conciencia solo puede ser su clase social y no la fluidez de su género, ni el abono semanal a la batucada saharaui, ni su arrebatada piedad por las focas. Militancias tan atomizadas les escamotean su destino histórico, que es unirse como precarios del mundo en la lucha final contra el neoliberalismo globalizado. Se trata de una guerra melancólica que ya se perdió en París en 1968, cuando los hijos de la paz descubrieron que sus anhelos los satisfacía mejor el mercado que el Estado, pero su lucha me inspira más simpatía que la de quien pide el sufragio para el gran simio; al fin y al cabo, Adam Smith y Karl Marx comparten la convicción de que la emancipación del hombre empieza por sus condiciones materiales.

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10 diciembre, 2018 · 11:46

El candado de la libertad

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Oscuro objeto de deseo del conspirador.

Sirve el latín no solo para que a los oriundos de Cabra los llamen egabrenses, sino también para cincelar el sentido de la civilización en un puñado de eufónicas palabras: Legum servi sumus ut liberi esse possimus. En castellano no suenan tan bien, pero proclaman la misma verdad: «Somos esclavos de la ley para poder ser libres». La paradoja formulada por Cicerón hace 21 siglos ha guiado a todos los pueblos que quisieron ser libres y adivinaron la única manera de conseguirlo: ser al mismo tiempo iguales ante la ley.

A menudo enfrentamos la libertad a la igualdad para diferenciar el ideal propio de la derecha de la vocación por la que lucharía la izquierda. Pero esta dicotomía no deja de ser una trampa pedagógica tendida por nuestra mente binaria, porque la igualdad no es otra cosa que la igual libertad entre ciudadanos. Al final todos luchamos por la libertad, por igualarnos en autonomía, para que la libertad de partida que asiste al pobre se parezca lo más posible a la que disfruta el rico, sin someter la de ninguno por el camino ni impugnar la disparidad de resultados que necesariamente se sigue del ejercicio del albedrío y el capricho de la genética. Esa doble condición inseparable, la de ser libres e iguales como españoles, es la que consagra la Constitución de 1978.

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6 diciembre, 2018 · 10:11

Si pudiera un español

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Cecilia.

Si pudiera un español decir su nombre -si se atreviera-, no diría ley, bienestar, 78: el año de su formal Constitución. España es otra cosa, no es abstracta, un edificio que se hunde a nuestros ojos cada lunes y se reforma sin problemas el domingo. España es una cueva de flamenco que un gitano cínico fatiga para engaño del guiri que le paga mientras sueña que canta entre los grandes. España es una mujer embarazada, y es un viejo tendido que se muere con un velo implacable en las meninges que le veda recordar lo que fue España. Es la cólera de abril del nuevo rico, que tiene que pagar IRPF, y calcula el coste de la trampa y acaba -porque hay leyes- desistiendo. España es tu lucha contra el cáncer, y es el órgano donado que establece un pacto caballero entre un difunto y un vivo prorrogado. España es un lugar que prohíbe España para que unos españoles no se enfaden: les dijeron que tienen que ser algo distinto. España es la madrastra del exilio, que antaño fue exterior pero que dura en la amarga conciencia del votante. España es la santa siesta de Cecilia que nadie duerme ya, si no es para fomento del turismo, y es un pícaro que refunda su partido, y es la fe del hidalgo empobrecido que no sabe qué hacer con su casona al precio que escaló la plusvalía. España es un patio de colegio, es un público instituto que descubre un poema ancestral a un influencer, la mina que se figura parador, la huerta trasvasada de rencores. Será también el llanto de otra madre, el beso inaugural del niño feo, la joven que concreta su valía. No hay un hombre que en España lo haga todo, pero más de uno hay convencido de que sí. España es el oficio feroz de tertuliano, el crédito ilocalizable del tuitero, España es un periódico aún impreso que se apresta todavía a la batalla. España es un locutor huracanado, un cotilleo que sabemos unos pocos, es una milicia sosegada, es un obispado que cree en Dios. España es un hortera de bolera, y es un sindicalista inasequible a la mezcla de la patria con la clase, y es un gay feliz que ama en España. Es la tierra del comunista convertido, y de un minúsculo fascista reincidente, y de un empeño de seguir viviendo juntos. España es el brócoli y el toro, de Nadal es la raqueta (y también el escobón), y un dédalo de cristianos contra moros, y una blanca judería cuya pista aún persigue la pasión del hispanista. España es un marco incomparable, es un país de pandereta, es un tópico encerrado en otro tópico despeñándose por el club de la comedia. España es la urbe y el vacío, es mía es tuya es de quien caga en los muertos más frescos de esta España, meseta asomada al mare nostrum, eterno Madrid-Barça donde nunca la sangre llega al río.

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14 octubre, 2018 · 21:42

Amar al odioso Cristiano

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Nostalgia y alivio.

Ya es curioso que el momento en que más se echa de menos a Cristiano Ronaldo coincida con el momento en que con mayor alivio se airea su salida. El adiós de CR, por ejemplo, ha permitido a sus compañeros respirar sin permiso y redistribuir las faltas y los penaltis como buenos socialdemócratas. Extrañan sus goles, claro, pero el inmenso vacío que ha dejado su tiránico talento se ha llenado rápido de confesiones, paredes, bromas y otras pruebas de libertad. Ahora bien, estas contradicciones solo extrañarán fuera del madridismo: en su interior la esquizofrenia se vive desde hace décadas con gran naturalidad, así como en ocasiones señaladas toda gran familia quiere y detesta a la misma persona sin dar explicaciones al vecino.

Pero aun así el vecino reclama explicaciones, y el periodismo debe dárselas. Es lo que hicieron el domingo en estas páginas Orfeo Suárez y Esteban Urreiztieta en un reportaje denso de información y ágil de ritmo que desvelaba el paradójico misterio de la marcha del máximo goleador de la historia del Madrid: un misterio nacido de la absoluta transparencia. Cristiano ha resultado ser exactamente quien aparentaba. No hay enigma posible en la marcha de Cristiano como no lo hay en Cristiano mismo, leyenda viva labrada a golpe de evidentes abdominales, un exhibicionista de su propia fuerza de voluntad. Huérfano prematuro, de cuna miserable, aislado pronto por la exigencia competitiva y una fama inverosímil, su determinación de ser el mejor necesitó un rasero inequívoco para medir el afecto y lo encontró en el dinero. Su ventaja es que se puede contar; su desventaja, que nunca deja de contarse. Nunca es suficiente porque el dinero es una metáfora caníbal que devora el valor de las cosas que no tienen precio.

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2 octubre, 2018 · 10:40

El tesón del refugiado

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“No tiene físico para el fútbol profesional”.

Luka Modric tenía seis años cuando su padre le trajo la noticia del asesinato del abuelo, acribillado en el monte por las milicias serbias. La familia lio el petate y se refugió con otros miles de croatas en el hotel Kolovare. El parking de ese hotel de refugiados de guerra fue el potrero donde pulió su toque el pequeño dálmata: allí se acostumbró a controlar el balón bajo el estallido de los morteros. Era un niño serio y poco desarrollado, 15 centímetros más bajito que sus compañeros, y algunos ojeadores pensaron con gran sensatez y ningún acierto que carecía de condiciones para llegar al fútbol profesional. Pero todos acudían a verle jugar.

Su infancia transcurrió en un hotel y narra la consabida historia de unos padres obreros que lo sacrifican todo a esa apuesta siempre acechada por el engaño del amor: mi hijo será una estrella. Nada físico permitía respaldar tal esperanza, pero aquel chaval atesoraba a cambio ese poderoso recurso espiritual que en croata llaman dispet. Sus biógrafos Puertas y Azpitarte lo traducen por tenacidad, una suerte de empecinamiento en la propia superación. Porque el talento sin disciplina es como el vino sin botella: se desparrama.

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25 septiembre, 2018 · 10:43

No veréis nada parecido a CR

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El gol.

Iba a escribir de Luis Enrique, pero quién es Luis Enrique cuando Cristiano Ronaldo se va del Real Madrid. Se marcha el máximo goleador de la historia del mejor club de fútbol de la historia, y lo hace de la manera inhóspita que este equipo singular reserva a sus leyendas, de Di Stéfano a Raúl o Casillas. Nadie verdaderamente grande se irá bien del Madrid mientras el Madrid sea el campo de estrellas que promete su himno. Los griegos miraban el firmamento, unían constelaciones y creaban mitologías que siempre terminaban mal para sus héroes más inolvidables; el Madrid es la mitología futbolística más evocadora de nuestro tiempo, y de vez en cuando necesita alimentar nuestra fantasía con dolorosos sacrificios.

Las mentes prosaicas aducirán la codicia, la ambición, el narcisismo, la incomprensión de la grada, el hartazgo de la directiva o el celo de Hacienda. Bien está: el Ronaldo que se marcha solo es un hombre, y los hombres están modelados de ese barro. Pero el Ronaldo que pasa a permanecer en la memoria del aficionado solo podrá agigantarse con el tiempo, liberado de la necesidad de satisfacer el estólido presente sin historia de las mentes mediocres. Hoy es el día en que los devoradores de pipas con memoria de pez tóxico de estanque del Retiro aplauden la marcha del mismo al que extrañarán en octubre antes de pedir la quema del palco en diciembre si la mitología blanca no acierta a proveer de otro titán. Que era un egocéntrico, dicen, como si la egolatría no fuera la premisa de lo extraordinario, o siquiera de lo relevante. Que estaba acabado, explican, pugnando por alejar de sí la terrible sospecha de que nadie suplirá sus 50 goles por año. Que ya está bien de dar mal ejemplo a los niños, rezongan los infinitos moralistas que nos patrullan, como si los niños no reconociesen a un igual en Cristiano: alguien tan caprichoso y confiado en su poder como ellos mismos, solo que él marcaba en todos los recreos de Europa. Si Nietzsche viviera habría señalado en CR el advenimiento del superniño.

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11 julio, 2018 · 9:06