Archivo de la etiqueta: héroes de nuestro tiempo

El gólgota de Fandiño

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La muerte nunca abandona la mente del guerrero.

Al antitaurino le asisten dos argumentos no desdeñables. El primero es el dinero y su dulce servidumbre: la generosidad con que el lobby animalista riega la tabarra religiosa del activismo pocahontas, mientras los aficionados sostienen su libertad no ya contra la presión ajena sino contra el bolsillo propio. Que el poderoso caballero de Quevedo también manda en la izquierda lo prueba la hija de Chávez, la comunista más rica de Venezuela, que no ha labrado su fortuna a golpe de hilo y aguja como la yaya costurera del rastafari de Podemos, ése que desfiló ante Rajoy y le sacó el mismo gesto que pondría Fraga al paso de Ángel Garó. En el país donde hasta la metástasis se ideologiza -y la ideología se metastatiza-, si don Amancio quiere que sus donaciones sean aceptadas que pruebe a financiar la lucha contra el toro en lugar de la lucha contra el cáncer. Al cabo los dos matan, como sabe ya en su gloria Iván Fandiño.

El segundo argumento del antitaurino reivindica el amor a la vida. La vida del animal, se entiende, con quien por pura consanguineidad el animalista empatiza antes que con el torero. Pero el torero mejor que nadie sabe que su oficio trata con la muerte como el de panadero lo hace cada mañana con la levadura. Se trata de una rutina bárbara y anacrónica, por supuesto, porque la propia persistencia de la muerte se nos antoja un escándalo inaceptable en los sonrosados tiempos de Instagram y el envejecimiento abolido. Pero el matador de toros asume la utilidad filosófica de su sacerdocio para recordarnos a todos, en un mundo donde todo es mercancía, que todavía hay hombres que tasan su ideal al precio más alto.

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19 junio, 2017 · 11:27

Ignacio es nuestro nombre

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Héroe, pero humano.

El peligro de afirmar que Ignacio Echeverría es un héroe consiste en que lo aleja demasiado de nosotros, los comunes. Héroe lo llama la izquierda y héroe la derecha, y esa rara unanimidad española quizá no responda sin más a la admiración que cosechan los seres extraordinarios, sino también al deseo inconfesable de exculpar la cobardía de los demás. Ante el hombre que lleva a cabo una acción heroica decimos: “Es que es un héroe”. Y nos quedamos más tranquilos: nosotros ya no tenemos por qué serlo porque no estamos hechos de la misma pasta.

Pero Ignacio no es un héroe porque estuviera labrado en madera noble, porque naciera bueno o recibiera una educación esmerada. Todo eso facilita la excelencia moral, pero no es suficiente para enfrentarse a tres yihadistas armado de un monopatín y unos cojones como los de un victorino, si se me tolera el despatarre. El heroísmo indefectible, ese que se supone que resulta necesariamente de la suma de genética, virtud y valor, ya no sería heroísmo. La ecuación áurea requiere todavía de otras dos variables más: la libertad y la razón. Un héroe es alguien que, aun en décimas de segundo, toma libre y conscientemente la decisión de contradecir el primer instinto del animal humano, que como en cualquier otro animal es sobrevivir, por preferir la supervivencia de otro.

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El bueno (Ignacio Echeverría), la fea (Lorena Ruiz-Huerta) y EL MALO (Jorge Bustos) en La Linterna de COPE 

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9 junio, 2017 · 9:46

El tanga de la Cibeles

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Mocita madrileña.

Una serie de catastróficas victorias está malcriando a toda una generación de niños madridistas. Van a crecer pensando que la vida era esto, que consiste en una piñata de cuatro títulos al año con los que uno se presenta luego en el cole a perdonar la existencia de sus amiguitos antimadridistas. Estos días azules y este sol de la infancia no durarán siempre, niño blanco; pero tampoco te sé decir cuándo acabarán. Porque uno mira a Zidane, que es el niño más grande de todos, con su insondable sonrisa de custodio del santo grial, y no le adivina un declive próximo a este equipo de leyenda. Estos jugadores están creando más felicidad de la que la realidad es capaz de sostener, según todos los filósofos. Están cronificando la ilusión.

Quizá por eso su avión volvía de Cardiff en silencio: porque rumiaban los héroes la contrapartida del éxito rotundo, que siempre es una decepción futura. O quizá es que estaban molidos, pues ganar por ganar resulta agotador. Tiene más mérito comer sin hambre. Se diría que en el estómago de estos futbolistas habita una tenia insaciable que les pide copas a cambio de no torturarles por dentro. Su líder y su emblema se llama Cristiano, el goleador caníbal.

La mañana del triunfo se prestaba a religiosas consideraciones a la altura de la iglesia de San Juan Bautista. Una hoja parroquial anunciaba: “The kingdom come”. Premonición o no, horas después se certificó el advenimiento del reino madridista a Europa; hegemonía muy poco cristiana, pues cuando el Madrid salta al campo, la caridad se la deja fuera. No reparte la gloria con nadie. Muy cerca se alza el National Stadium, un campo cuidadosamente escondido entre tabernas para prevenir que nadie llegue sobrio a una final. Llegaban sedientos los aficionados tras una notable caminata, pues los accesos por coche al centro estaban cortados por barricadas de seguridad. En Cardiff hemos visto armas que solo existían en los videojuegos, pero la amenaza real se preparaba en Londres.

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5 junio, 2017 · 11:55

El hábito de lo extraordinario

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Canta la cólera musa…

La grandeza del Real Madrid no consiste, como creen los madridistas, en imponerse a todos sus rivales, sino en vencerse primero a sí mismo. Nadie duda ya de que Cardiff instala la hegemonía blanca en el fútbol mundial. Pero si el ciclo de Di Stéfano tiranizó Europa sin fisuras, esta moderna hegemonía en color admite la zozobra y el improperio en propia meta. Quizá el Madrid sea lo suficientemente ancho como para contener la negación de sí mismo, porque gana a menudo poco minutos después de que los madridistas lo hayan desahuciado. Así fue en Lisboa, así en Milán y así en Cardiff hasta que Cristiano marcó el segundo.

Olía el estadio a hierba fresca, que es el napalm del Madrid. Empezó la final cómo empiezan todas, tímidas, indecisas, huyendo del sí como niñas recatadas. Dybalase movía grácil con sus calcetines a media asta, y la afición turinesa disponía de un fondo más amplio -y un madridismo más pipero- para hacerse oír. A la final le faltaba guionista. Tenía que ser Cristiano. Pero la tijera de Mandzukic desató el thriller. Rajoy, que ve estos partidos incorporado -suspense que en el escaño no es capaz de provocarle la oposición-, se atusó la barba, mientras Cifuentes comentaba la amarilla a Ramos, que venía a ser como el precio de la alegría. Al descanso ni siquiera la lucidez balcánica de Mijatovic se atrevía a profetizar un final feliz.

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4 junio, 2017 · 12:38

El animal vuelve a casa

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Animal en su hábitat.

Cardiff es una ciudad brumosa y fabril sitiada por la campiña. Sobre tanta hierba parece imposible no imaginarse a Gareth Bale galopando, feliz entre vacas mudas y homenajes patrióticos. Y sin embargo ayer el príncipe deportivo de Gales velaba armas en el sofá de un hotel, charlando con viejos amigos, distendiendo los músculos en la víspera del galope final. No le importan, pensábamos mirándole, los minutos de juego de los que finalmente disponga; le importa que cuando pare de correr vuelva la vista y confirme que el Real Madrid ha ganado doce Copas de Europa.

La expedición blanca amaneció poseída del optimismo que le consiente la historia. Todas las finales que la Juve lleva perdidas las ha ganado el Madrid, y alguna más. “Me daba más miedo el Atleti, donde defendían todos”, confiesa Roberto Carlos tomándose el primer café del día, aún en Barajas. Compara plantillas y concluye que hay razones poderosas para el sosiego. Una se llama Benzema, que parece más delgado desde que se filtró entre tres defensas en el Calderón; otra es Cristiano, que oscilaba ayer entre la sonrisa y la franca carcajada. Y está el nuevo look mohicano de Ramos, tan hortera que todo el madridismo respiró aliviado al corroborar la intacta autoestima de su capitán.

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4 junio, 2017 · 12:35

El madridismo existencial

Adios al primer grande de la historia del futbol, hasta siempre Don Alfredo Di Stefano

Contigo empezó todo.

El madridista se lleva la mayor sorpresa de su vida cuando despierta al uso de razón y descubre a su alrededor personas que no son del Real Madrid. De esa delicada epifanía tarda mucho en reponerse, si llega a hacerlo, porque él ama a sus semejantes y desea lo mejor para ellos. Pero terminará asumiendo la herejía con un encogimiento de hombros y acaso un vago ademán filantrópico con el que quiere expresar su comprensión de la debilidad humana. No es que se sienta superior a los demás; es que ha tenido la fortuna de pertenecer al mejor club del mundo, lo cual significa que el resto de equipos son peores que el suyo.

Como del palmarés no cabe discutir, porque las matemáticas no se dejan opinar, queda graduar los decibelios del sentimiento. ¿Es el Madrid una pasión? Quien compare ciertas tardes gélidas del Bernabéu con el sudor y la fiebre en las gradas de otras aficiones menos habituadas a la victoria se inclinará por dudarlo. Hay días, muchos días, en que el Madrid gana por inercia funcionarial como el deber absurdo de un personaje kafkiano. Gana porque esa camiseta lleva ganando toda la vida y no va a dejar de hacerlo justo ahora. Gana porque sabe que debe ganar y punto. Y hay aficionados a los que eso no les basta, como hay españoles que ya no recuerdan la época en que la achicoria suplía al café y las alpargatas de lavandera estaban muy lejos de presagiar los Jimmy Choo de ejecutiva. A los entrañables tribuneros de la pipa y de la queja les recordamos: también su Madrid pasó 30 años sin ganar una Champions. Y el jubiloso hecho de que ahora las gane con renovada facilidad -acorde con el linaje que fundó su gloria- no debería borrar la memoria latente de la frustración, del capricho de la suerte, de los labios de cobra del triunfo.

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31 mayo, 2017 · 12:29

Ferraz: tarde para la ira

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La segunda venida.

La paz está sobrevalorada. El futuro también. El militante no ha venido a traer la paz, sino la guerra, y no tiene ningún interés en garantizar el porvenir sino en ajustar cuentas con el pasado. Porque eso es lo que se ventilaba en las primarias socialistas: el cuarto cerrado del Comité de octubre donde se corrompía un cadáver insepulto. Lo dejaron tanto tiempo ahí que terminó levantándose y echando a andar. Y metiéndole 10 puntos a la autora del crimen. Porque así es como ha decidido ver a Susana -un funeral en los ojos traía ayer a la sala de prensa- la mayoría de la militancia. Si el futuro es dudoso, si hemos de morir, al menos moriremos con las culpas repartidas y las afrentas vengadas.

Con el retorno de Sánchez el PSOE se asegura de que tiene todo el pasado por delante. Con una salvedad: don Pedro es un político tan tornadizo que nadie puede pronosticar su próxima encarnación. Sus votantes piden guadaña, pero en Ferraz cundía anoche la opinión de que manejará la revancha con prudencia. Ya es tarde para la ira: todo apunta a que cubrir el PSOE dejará de pertenecer al periodismo de sucesos. Ahora Pedro enterrará la chupa de rebelde y desempolvará la camisa socialdemócrata. Escabechará algunas cabezas orgánicas -tiene que dar carnaza a los suyos- y removerá cargos del grupo parlamentario, pero pactará la no agresión con los barones. Se equivocaría Iglesias si madrugara el entusiasmo: Sánchez no se ha arrancado los hilos del aparato socialista para acabar supeditado a la ambición de su competidor populista. No presentará una moción que no tenga atada. Rajoy puede llegar a 2019 con sus socios presupuestarios. Eso decepcionaría mucho a los que han repuesto furiosamente a Pedro en el trono de Ferraz, pero no podrán alegar que desconocían la cintura líquida de su ídolo.

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22 mayo, 2017 · 11:47

Cristiana sepultura

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El tirano.

Desde hace años el Real Madrid acostumbra a formar con un orden ofensivo llamado BBC. Son tres jugadores bastante buenos que han dado unos cuantos títulos al Madrid. El resultado del mantenimiento de ese orden equivale al que obtenemos de su negación: el Madrid gana en Champions jugando con la BBC o sin ella. La BBC es la tesis de un Madrid dialéctico que, forzado a rotar por lesión o por capricho técnico, acaba ofreciendo una misma síntesis, es decir, la hegemonía europea. Si este año el Madrid conquista la Liga, o la Champions, o ambas, nadie podrá explicar cómo lo ha hecho a falta de Hegel, que está muerto. El Madrid, en cambio, en primavera y en Europa, suele estar vivo.

Era Isco el jugador propuesto por el pueblo para suplir a Bale, y Zidane, que no por votar a Macron deja de ser pueblo, atendió la demanda con tanta solicitud como perseverancia probó alineando a Benzema, a quien las tricoteuses esperan a pie de guillotina. Tampoco Cristiano se salva del furor iconoclasta: duele recordar que lo tasan mejor los antimadridistas con su miedo que el ‘pipero’ con su cicatería. No sólo cumplió en su avatar de ariete biónico sino que recuperó su memoria de extremo profundo: desborde y centro. Cristiano tiene con el gol la relación del tirano con el poder. En el segundo tuvo tiempo de vestirse de mameluco antes de fusilar a Oblak. Por fardar de banquillo Zidane sacaría después a Asensio y Lucas, pero bastó un solo hombre para dar Cristiana sepultura al Atleti.

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3 mayo, 2017 · 10:50