Archivo de la etiqueta: fe y razón

El hombre y la cruz

15224283936396

Intuición popular.

Hay muchas maneras de entender el cristianismo, pero muchas más de no entenderlo. La manera marxista de desfigurar a Jesucristo en realidad ya la practicaron Pedro o Juan, que esperaban de su mesías el mando de la revolución pendiente contra los romanos, que eran los neoliberales de la época. Cristo respondía con metáforas íntimas a las ansias de acción de su pupilaje, pero hasta Pablo nadie supo muy bien cómo interpretarlas. Dado que la reforma interior no entretiene tanto como derrocar gobiernos ajenos, la política volvió pronto a parasitar la fe y las confundió durante siglos, hasta que la revolución burguesa separó la iglesia del Estado.

Nació entonces la manera liberal de despreciar la única fe sobre la que fue posible su democrático triunfo. Adam Smith no era un ejemplo de devoción pero sabía que el egoísmo del mercado encontraba un saludable contrapeso en la moral cristiana. Hoy sus seguidores menos lúcidos o más fatuos creen que los vuelve más liberales rasgarse las vestiduras por una bandera a media asta en Jueves Santo, o pedir la retirada de los crucifijos de las aulas concertadas, sin reparar en que de ese símbolo cuelga el que dijo que la verdad nos haría libres y que todos nacemos iguales. O sea, el puro credo liberal.

Leer más…

Anuncios

1 comentario

1 abril, 2018 · 21:08

Los Reyes son los niños

15151812570183

Ilusión.

Cuando uno es niño y llegan los Reyes, se pregunta por qué no pueden ser todos los días igual de maravillosos. Cuando uno es adulto y llegan los Reyes, se pregunta por qué no pueden ser todos los días igual de maravillosos. En el primer caso, uno es el inocente destinatario de la maravilla y no se plantea cómo ha sido posible. En el segundo, uno es el estratega de esa ilusión y no deja de maravillarse de la bendita ingenuidad de los niños ni de la excepcional cooperación de los adultos, capaces de urdir con minucioso celo un monumental engaño colectivo por un día. Cada 6 de enero celebramos la madre de todas las operaciones posverdaderas, una enorme mentira piadosa que contamos a los niños para recabar su alegría, del mismo modo que el político populista cuenta su trola al votante en la esperanza de recabar su voto.

Yo, que soy un empedernido buscador de transversalidad, he detectado en la infancia el gran valor transversal de nuestro tiempo. Todo el mundo está de acuerdo -cineastas, diputados, pedagogos, penalistas, locutores y monjas- en que la ilusión de un niño es sagrada. El propio Jesucristo pensaba así y, no siendo amigo de condenar a nadie, pormenorizó la pena apropiada a aquel que contamine el alma de un niño: “Más le valdría que le colgaran una piedra al cuello y lo arrojaran al mar”. La sacralidad de la infancia atraviesa siglos. Y hoy, cuando presumimos de laicidad, el dogma no sólo no ha remitido, sino que se extiende a la adolescencia e invade la mayoría de edad. Pixelamos sus rostros. Vigilamos a sus profesores. Anticipamos sus traumas. Les privamos de sus tareas. Multamos a las televisiones que no observan el horario infantil. Y ampliamos la feliz irresponsabilidad del infante hasta que cada ciudadano se convence de que los derechos preexisten a los deberes.

Leer más…

El bueno (Juan Carlos I), el feo (Junqueras) y el malo (‘El Chicle’)

 

2 comentarios

6 enero, 2018 · 10:31

La fe de los perseguidos

15139684562665.jpg

Barcelona en Navidad.

Hemos hablado mucho de victimismo últimamente, pero la verdad es que el victimismo empezó en el portal de Belén. La revolución cristiana consiste en un oxímoron cósmico: postular que el Creador puede nacer en una cuadra. Es decir, que el poder absoluto equivale a la humildad absoluta. Esta idea repugna a la razón, a la de los romanos entonces y a la nuestra ahora. Pero la potencia de esta paradoja atraviesa la historia del mundo y perdura lo mismo en su ortodoxia vaticana que en sus herejías laicas, de las cuales el marxismo ha sido la más famosa. La promesa de que el Reino de los Cielos -o la sociedad sin clases- pertenece a los humillados de la tierra sigue vigente entre nosotros desde que los románticos se encargaron de revestirla de la poesía más sublime y de la actitud más desafiante: es romántico todo aquel que canoniza la derrota de sí mismo a manos del orden establecido. Cuanto más derrotado, más invencible es uno. A través de líricos procesos de victimización los pueblos se dotaron de identidad, y de esa identidad doliente extrajeron las fuerzas para ejecutar sus venganzas aplazadas, míticas o históricas, tanto da. Así los hombres inventamos el nacionalismo, que sobrevivió a la posmodernidad, y que hoy se ofrece como cálido refugio a los aterrorizados por la intemperie global.

Por eso votar nacionalista es un acto de fe. No del votante en sus líderes sino en sí mismo, en su identidad amenazada. No es un examen de gestión sino un ejercicio de autoafirmación. Y afirmarse pasa por proclamarse más vencido que los demás. Cuanto más humillado, más reforzado: me atacan luego existo. De ahí el estadio místico alcanzado por el preso Junqueras, y las misas paganas -el amarillo litúrgico de la romería penal es como el morado de la cuaresma- en que el pastor Puigdemont convirtió los mítines de campaña, con el plasma en funciones de altar sobre el que se obra el milagro de la personación del ascendido a Bruselas. Ni Cs, partido eminentemente racional, negará que su triunfo se gestó en las charnegas conciencias de los marginados por el supremacismo.

Leer más…

1 comentario

23 diciembre, 2017 · 19:37

Dos papas y un imán

not_3102_f13786

Un humanista.

El Papa regresa de El Cairo después de recordarle al gran imán que la caridad es «el único extremismo que se permite a los creyentes». Lo dijo en Al Azhar, lugar al que llaman universidad, más bien la catedral del islam suní. No presumo: tampoco es que en Políticas de la Complu se use mucho la razón. Yo celebro las palabras de Francisco; el problema es que las celebre también el imán Al Tayeb, en vez de comprometerse a desautorizar la intransigencia de algunas fatuas dictadas desde Al Azhar.

Que no todos los musulmanes son terroristas es una obviedad insuficiente; falta secar la fuente textual de la herejía terrorista. Falta que los propios imanes condenen la literalidad de los versos violentos del Corán, igual que los papas han ido reinterpretando en un sentido espiritual los pasajes más incendiarios de la Biblia. Falta que el islam retorne a Averroes, donde se detuvo su ilustración y de donde partió la de Tomás de Aquino.

Leer más…

1 comentario

2 mayo, 2017 · 12:43

El estruendo de la muerte

14920994592001

 El final. O el origen.

Hay dos cosas que los hombres no podemos mirar de frente, advertía La Rochefoucauld: el sol y la muerte. Son las mismas dos cosas que han marcado el carácter español, y que quizá aún lo sigan marcando, como demostrarían los auges respectivos del turismo, que vive de la luz del sol, y de las procesiones, que reviven la sombra de la muerte. A las sensibilidades afrancesadas, sin embargo, les molesta la intensidad solar tanto como les asquea la imaginería necrófila de los pasos de Semana Santa, cuya emoción demasiado palpitante les está vedada. El cristianismo es la religión de lo encarnado, de lo divino anatómicamente expresado, y ya se sabe que la visión de la carne cruda siempre causará escándalo en el hedonista cartesiano, que tiene algo de vegano espiritual. Ahora bien, ni el sol ni la muerte hacen distingos según nuestro grado de sofisticación intelectual. Podemos buscar consuelo a nuestra mortalidad en el hilo musical dodecafónico de una gastroteca o en la bizarría de un canto legionario: todos moriremos igualmente. Y a menudo nos admira el temple sereno del gañán en la hora dolorosa, mientras que el alma exquisita incurre en patéticas cursilerías al primer golpe serio de la vida.

– Desconfíe usted de las metafísicas dulzarronas. Una filosofía a través de cuyas páginas no se oiga el formidable estruendo de la carnicería universal no es una filosofía.

Ni tampoco una religión, olvidó apostillar Schopenhauer, que amaba el barroco español, su conceptismo y su desengaño. Para el recuerdo de la carnicería universal sirven muy bien los corresponsales, pero a veces no hace falta viajar por televisión hasta Siria sino que basta un cadáver prematuro en Ferraz. Ahí se llora seguramente con más franqueza, porque el kilómetro sentimental se mide en centímetros, pero también porque tenemos firmado con la muerte el pacto fantástico y pueril de no mirarla de frente hasta la vejez, que es cuando empezamos a asomar la cabecita por el embozo de la sábana para ojear resignadamente la habitación vacía. Morir antes, irse a los 46 por ejemplo -no digamos ya en la infancia-, nos parece una traición de la vida. Como si la tuviéramos garantizada. Como si pudieran luego nuestros llorosos deudos acudir a alguna ventana de reclamaciones en esta sociedad bienestarista donde se reglamentan hasta los derechos humanos de las mascotas. Andan los científicos atareados en la legislación del derecho a la inmortalidad, interrupción del envejecimiento creo que lo llaman, y les deseamos toda la suerte del mundo. Que el redoble de ninguna cofradía les importune mientras trabajan.

Leer más…

2 comentarios

16 abril, 2017 · 18:55

La democracia sentimental

p01gmyb4

Stuart Mill. Un liberal leyendo es el colmo de la subversión.

Manuel Arias Maldonado (Málaga, 1974) no es un politólogo sino un filósofo político. La diferencia entre ambos oficios es la misma que separa al interiorista del arquitecto. Arias es un académico cuya kantiana ambición es toda la que quepa en la consideración científica de la política. Su trabajo trasciende el corral patrio para dialogar con homólogos extranjeros sobre desafíos estructurales de la democracia occidental. Cabe resumirlos en uno: el giro afectivo que alienta en la emergencia de populismos, identitarismos y otros ismos primiseculares. Este libro es el acta más exhaustiva que se ha levantado sobre la sentimentalización de la política, y no solo porque conste de 71 páginas de aparato crítico.

El optimismo ilustrado ha sido desmentido por los últimos descubrimientos de la neurociencia (por si hiciera falta alguna prueba añadida al mar de sangre del siglo XX). No somos lo que los ilustrados creyeron que seríamos. En realidad nunca fuimos racionales. Somos sujetos postsoberanos en quienes la emoción suplanta sistemáticamente a la razón en la toma de decisiones. Cuando el establishment amenazado por el populismo de izquierdas o de derechas parece refugiarse en el despotismo ilustrado o cuestiona el sufragio universal, el autor propone partir de la aceptación de nuestra condición para mejorar la democracia sin sustituirla ni por el elitismo ni por la revolución.

Leer más…

Deja un comentario

6 marzo, 2017 · 14:39

Retrato de un ‘indepe’

133234-944-550

Emoción política al desnudo.

Tomemos un independentista cualquiera. Lo han llamado Jordi porque así se llamaba su abuelo. En la misma cuna recibe Jordi el crisma de una identidad, la catalana, que dura ya un milenio, en el transcurso del cual asombró al mundo con la mística abulense, la redacción del Quijote, el descubrimiento de América o la defensa fallida de Barcelona. Ese cuerpo místico que es la catalanidad, de la cual Jordi no es otra cosa que un nuevo operario, se expresa a través de la lengua catalana, de la cual Jordi chapurreará alrededor de 50 palabras a partir de los dos años, según las últimas estadísticas. Es posible que en sus primeras parrafadas se le deslicen balbuceos de una lengua extranjera, hablada por pastores que no han visto el mar. Pero los pediatras autóctonos aseguran que no hay razón para alarmarse: la confusión a esas edades es natural. Ya se corregirá en los patios de la escuela, siempre que estén vigilados por verdaderos patriotas.

Pasado un tiempo Jordi aprenderá a leer y a escribir. Su uso de razón se desarrollará en la tierna oscuridad de las raíces, a imagen del tallo de un calçot, por más que los insidiosos afirmen que también se cultivan en Consuegra. Pronto estará Jordi capacitado para distinguir el bien del mal, el catalán del español, el Barça del Madrid, la emancipación pendiente del DNI vigente. Con las primeras fiebres de la adolescencia despertará al interés por las chicas y por la política, se enamorará, perderá toda virginidad ideológica y le romperán el corazón, pero Catalunya nunca le abandonará. La bandera íntima de las cuatro barras nunca le helará el corazón, que es el órgano donde Jordi tiene radicado el compromiso de país, liberando el cerebro para los negocios.

Leer más…

El bueno (Rivera), la fea (Bescansa) y el malo (Mas) en La Linterna de COPE

1 comentario

3 febrero, 2017 · 11:14

Nadal no es español

federer-nadal.jpg

Quién es la némesis de quién.

Quizá sea Rafael Nadal el único español que merece el retrato de un genio muerto. Nadal aún está con nosotros, pero ya no viven los pintores que habrían podido dar a su figura la posteridad que reclama. Un Romero de Torres, un Zuloaga o ese Sorolla que un día, viajando por la conmovedora melancolía de Castilla, anotó: “Las cosas adquieren aquí un vigor extraordinario. Una figura en pie en esta gran planicie toma las proporciones de un coloso”. Nadal no es castellano, pero sobre la meseta acotada de una pista de tenis se antoja el coloso vertical, sobrehumano, de Sorolla.

Tampoco vive ya David Foster Wallace, que en 2006 elevó la rivalidad Nadal-Federer a categoría antropológica: “Nadal es la némesis de Federer. Se enfrentan la virilidad apasionada del sur de Europa contra el arte intrincado y clínico del Norte. Dionisio y Apolo. Cuchillo de carnicero contra escalpelo”.

Pero si Nadal es el mejor deportista español de la historia no es porque cumpla los tópicos idiosincrásicos de los que ni siquiera el talento de DFW se salvó, sino porque los ha negado minuciosamente. Nadal no es una masa armoniosa de músculo con un corazón latino de sangre caliente pegado a la piel: es sobre todo una mente poderosa y maquinal, que cursa órdenes precisas a sus extremidades y que no consiente que las circunstancias alteren el rigor imbatible de su mecanismo. No es el espartano estereotipado: ejecuta sus exclamaciones como un ingeniero planifica desagües a la tensión generada en la expectativa previa al golpeo.

Leer más…

Deja un comentario

29 enero, 2017 · 10:53