Archivo de la etiqueta: todo el pasado del PSOE por delante

El casting de la posteridad

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Leviatán.

-Lo ves, ¿no?

Explicaba lo que para él era evidente y remataba así cada lección para cerciorarse de que para mí también lo era. Blandía la pinza del índice y el pulgar en gesto característico, mientras achinaba los ojos de replicante de regreso de Orión, esos ojos que parecían las ranuras de una persiana por donde se filtrase el crepúsculo de un gran poder. “Lo ves, ¿no?” Y a veces no lo veía, pero tampoco me habría atrevido a interrumpir a Rubalcaba, que estaba sentado a mi izquierda, en el mismo restaurante donde Rajoy se resignó a perder la Moncloa y el partido. Ese Rajoy con el que mi interlocutor había tejido delicadamente el último tapiz del 78, que fue la sucesión en la Corona.

Una tarde de finales del año pasado me llamó Eduardo Madina. Me dijo que Rubalcaba había leído algo mío y quería conocerme. Confieso la ilusión sentida a una edad en que la mitomanía ya no genera excesivas ilusiones, por más que siga apasionándome la actualización diaria de los códigos fijados por Maquiavelo. Crecí bajo la leyenda Rubalcaba, bajo la resonancia temible de aquel apellido que murmuraban en voz baja los etarras en los pisos francos y que maldecían todos los aquejados de manía persecutoria. Lo que no significa que, en efecto, Rubalcaba no los persiguiera alguna vez.

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12 mayo, 2019 · 22:10

El Sánchez con el que sueño

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¿Qué Sánchez será Sánchez?

Reconozco que contra Sánchez se vive estupendamente, así que deberían aguardarme como mínimo cuatro años más de felicidad. Pero tampoco me importaría sacrificar mi placer personal en el altar de la geometría variable y posicionarme algún día a favor de Sánchez. No solo para saber lo que se siente militando del lado del Periodismo, o sea, ascendiendo de la umbría caverna al cielo socialdemócrata por la escala luminosa del rayo del progreso, sino porque eso significaría que incluso Sánchez puede ser distinto de Sánchez si se dan las condiciones adecuadas. Y eso brindaría una esperanza decisiva a todo adulto atrapado en una identidad inmadura de la que ansía liberarse.

Veamos. Sánchez tiene 123 escaños y suma 175 con Podemos, PNV, CC, Compromís y un señor enviado a Madrid por Revilla, nuestro primer populista, el hombre de Altamira de la política espectáculo. Yo mismo, que soy uno de los antisanchistas más reconocibles del país, podría experimentar una tímida floración de sanchismo si Sánchez se comprometiera a no pactar con ERC ni Bildu el resto de la legislatura, aunque ello le obligase a trabajar alianzas más arduas y respetuosas con la Constitución y la decencia. A ello le ayudaría Iglesias, que ahora va de cura obrero del 78 poseído por el ánima de Pérez-Llorca.

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30 abril, 2019 · 11:29

Las brigadas de Caín

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Mirada sanchista.

Los brigadistas de Sánchez enviados a salvarnos del fascismo parecen nerviosos. El número de votantes que está respondiendo a la llamada a filas gubernamental para combatir al dragón tricéfalo podría ser menor del que se airea. Si se trata de dragones al personal le sobra con Juego de Tronos, mero neorrealismo al lado del no es no de Sánchez a los independentistas (emoticono de llorar de risa), los cuales ya ni disimulan su gana de investirlo.

Con lo bien que estaba saliendo la farsa. Después de agitar el espantajo de Franco desde el minuto uno, de recuperar el lenguaje años 30 de “las derechas”, de hacerse la foto en la tumba de Machado como si le hubiera leído y de camuflar bajo coartadas sociales su afición bahamondiana al decretazo, el tinglado da señales de fatiga. Sería una catástrofe que al cuento de Caperucita se le descubriera el lobo en la semana culminante.

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23 abril, 2019 · 10:15

El abril de la tercera España

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El chico de Pepiño.

Antes de que una formidable máquina de propaganda lo convirtiera en el nieto no reconocido de Azaña, cuando no era más que el chico aventajado de Pepiño, Sánchez obtuvo por dos veces los peores resultados de la historia del PSOE. Algo muy evidente había en él que no gustaba a los votantes de izquierdas, que si de algo saben es de calibrar el grado de autenticidad en el penúltimo mesías enviado a representarles. Pero por aquella época, auténtico parecía Iglesias.

Entonces Pedro se puso a estudiar a Pablo. Y fue adoptando su marco mental guerracivilista a medida que iba expulsando lastre institucional de la sigla histórica anteriormente conocida como PSOE. Hubo resistencia, claro. Hubo incluso una victoria efímera de la razón weberiana encarnada por Javier Fernández. Pero el virus anidaba ya en las bases y la enfermedad populista se propagó según lo calculado hasta reponer en el trono de Ferraz a una criatura de aparato travestida de guerrillero anticapi. ¿Que cómo pudo colar? Supongo que por lo mismo que un chico generosamente apesebrado por Esperanza Aguirre puede presentarse como azote de las oligarquías. La razón y la memoria son lujos de gente serena, y España hoy es el álbum íntimo de una adolescente excitada.

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16 abril, 2019 · 10:43

Cs en la diana

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Objetivo a batir.

Cada mañana Pedro Sánchez besa el póster de Santiago Abascal que tiene en el despacho y clava otro alfiler en el muñeco vudú que representa a Albert Rivera. ¿Pensamiento mágico? No: demoscopia y ley de D’ Hondt. Para seguir en el poder -gobernar es otra cosa-, Sánchez necesita que Vox continúe haciendo lo que mejor hace: ahondar la fragmentación del centro-derecha y asustar al votante progre para que no se le ocurra quedarse en el sofá. Mariano Rajoy también besaba la pantalla de La Sexta en aquellas noches gloriosas de Pablo Iglesias que lograron dividir a la izquierda y movilizar el voto del miedo al miliciano. Y como es mentira que la derecha sea más pragmática que la izquierda, su voto estomacal al Señor de los Caballos servirá para blindar a Sánchez en el cargo tras el 28-A.

A no ser, claro, que fracase la furiosa demonización de Cs, que en Andalucía le robó votos decisivos. Con PP-Vox enfrente, el sanchismo gobernaría tranquilo; pero la cuña naranja hace frontera con el voto socialista que no perdona a Sánchez no ya su pecado original al pactar la censura con Puigdemont sino su forzosa reincidencia frankensteiniana a partir de mayo, indultos mediante y consumadas la purga en PDeCAT y la alianza entre ERC y Bildu. Cuanto más gruesa la cuña naranja, más menguada la expectativa sanchista; cuanto más delgada, más segura la polarización que beneficia al bipartidismo. Así que urge aniquilar a Ciudadanos: de eso va esta campaña. El PP martilleará los oídos de sus dudosos con que Rivera se pirra por abrazar a Sánchez y el PSOE los de los suyos con que Rivera es indistinguible de Abascal. El acusado, entretanto, sueña un pacto andaluz, donde de momento no hay gais colgados de grúas ni mujeres recluidas en cocinas.

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12 marzo, 2019 · 13:54

Sostiene Sánchez

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Performance.

¡Qué escándalo, Pedro Sánchez usando el atril de Moncloa para lanzar el primer mitin de campaña! Pero por Dios, que es Pedro Sánchez, el hombre de la urna tras el biombo en Ferraz, aquel al que todo escrúpulo democrático le resultó siempre ajeno. Ni una sola institución de los españoles ha dejado sin colonizar la ambición sanchista, desde la propia figura de la moción de censura -que estipula un programa constructivo y no una simple mayoría de rechazo- hasta los aviones y residencias del Estado; desde el CIS hasta Correos pasando por RTVE; desde el uso alternativo del Parlamento hasta el abuso obsceno del decreto ley. Y no ha avanzado en el magreo con relator de la Constitución porque fueron los suyos los que dijeron no es no.

Al cabo de nueve meses el sanchismo ha parido al fin las urnas por pura necesidad y no por deseo del padre de la criatura. Se trata de un parto inducido por los mismos sementales que le sedujeron una tarde de mayo: los separatistas. Ellos le llevaron a Moncloa y ellos le obligan a disolver las Cortes tumbándole los Presupuestos. Y ahora toca urdir un relato fantasioso para que los votantes hagan caso a Sánchez y no a sus propios ojos. Ahora toca mentir como si no hubiera un mañana tras el 28 de abril.

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17 febrero, 2019 · 10:56

Manual de venganza

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El momento y el semblante de la jura: 1 de octubre de 2016.

Lamento que Sánchez no haya escrito su libro porque solo Sánchez puede explicar la mente de Sánchez. Por muy cercana a él que se sienta Irene Lozano, ningún hagiógrafo puede arañar el blindaje de sus emociones o justificar el sentido de sus bandazos. Una súbita luz, sin embargo, me ha revelado la arcana razón de su comportamiento, esa que los analistas persiguen sin éxito porque se obstinan en encontrarle una lógica política a lo que solo es una afección psicológica.

No digo que Sánchez esté loco. Gente que le conoce me insiste a menudo en un trastorno clínico de personalidad narcisista, pero grandes líderes de la historia lo han sufrido en igual o mayor grado: la psicopatía no te convierte sin más en Napoleón, como queda demostrado a la vista de un Sánchez. Además hace falta talento. Y no es lo mismo ser Napoleón que ir voceándolo por el psiquiátrico. Lo que explica esta olímpica defecación en la ética de la responsabilidad que llamamos sanchismo es una desdicha personal que en algunos caracteres echa negras raíces: la expulsión de tu propia tribu. Cuando los socialistas echaron a Sánchez en octubre de 2016 no sabían lo que estaban creando. Cierto: no podían seguir bajo su mando si aspiraban a conservar una identidad política reconocible, pero no se ocuparon de desactivar también la espoleta retardada de las primarias, que en tiempos de cólera populista no son sino una garantía de darwinismo invertido para la supervivencia del más tóxico. Y así, Sánchez regresó al trono de Ferraz.

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10 febrero, 2019 · 11:04

‘Pedrisco’ Sánchez cae sobre el 78

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Para vislumbrar urnas ha de achinar los ojos.

Todo esto no es más que un paréntesis de furia hasta que el inminente ciclo electoral decida la vigencia de la España del 78. En 2020 sabremos si se destruye del todo o se refunda: lo que quieran los votantes. Entretanto, el sanchismo es una corta legislatura maniquea o un largo musical para mileniales en el que la oposición carga con el papel de villano y el protagonista teatraliza su propia grandeza como si nunca fuera a caer el telón. Hoy le tocaba lucir a Pedro Sánchez el traje de estadista europeo. Y si uno prescindiera de sus hechos y de sus alianzas, si uno cayera por primera vez en el hemiciclo, no podría sino asentir a declaraciones tan juiciosas como que los rupturistas del Brexit deberían reflexionar o que la estabilidad es un valor muy importante del europeísmo. Pero el actor que llegó al poder y se mantiene en él con los votos del rupturismo catalán y del populismo eurófobo no puede pretender que le creamos el amigo más fiable de Juncker y Tajani. Ya hemos dicho que todo en Sánchez es falso, empezando por su voz y terminando por sus transfusiones de sangre.

El obstinado maniquí que nos gobierna estuvo este miércoles de visita oficial en España antes de volver al aire, de donde no bajará ya hasta Navidad porque sabe que dejarse ver mucho le perjudica y porque teme que si pisa suelo español lo metan en el Senado a explicar el plagio de su tesis. “Yo siempre he creído que la política consiste en convertir los ideales en realidad”, dijo, y puede decirlo porque el ideal de nuestro Kennedy comprado en los chinos se reducía a dormir en Moncloa como fuera. La pregunta es cuánto tiempo más dormirá en palacio y en qué estado amanecerán las instituciones del país después de su última noche allí. En el pasillo todos los reporteros coinciden en la misma apuesta: Sánchez no aprobará sus Presupuestos por la lealtad indepe al relato de sus presos, pero le da lo mismo porque culpará a todos los demás de tener que prorrogar los de Rajoy para apurar hasta el último día de poltrona, confiando en que la opinión pública haya sido domada en su favor para entonces.

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24 octubre, 2018 · 17:10