Archivo de la etiqueta: todo el pasado del PSOE por delante

El kairós de Rivera

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Abrir la puerta.

Retratar con un solo movimiento la disposición de Pablo Casado a sumar por España y la credibilidad de Pedro Sánchez cuando niega el plan de forzar elecciones a su mayor gloria personal. La jugada estaba tan clara que solo sorprende el momento elegido. ¿Por qué Albert Rivera ha esperado hasta el final? Esta es la pregunta, claro. Y hay razones para explicar por qué.

La primera es que su previsión -como la de la inmensa mayoría de los analistas que se asomaron a los resultados de abril- daba por hecha una investidura de Pedro Sánchez con sus socios de la moción de censura. Era lo lógico, por la trayectoria de Sánchez y porque con Rivera no, botaba Ferraz. Sánchez se sentó a esperar las elecciones de mayo, en las que Podemos quedó malherido. Y luego viajó por Europa, donde le convencieron de que era el último eslabón de la estirpe de Willy Brandt -y nos creemos que se lo creyera-, pero que para seguir siéndolo debía prescindir de tratos con esos pelanas marxistas que le habían hecho presidente gratis. Con un Tsipras hemos tenido bastante, le comunicó Bruselas.

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17 septiembre, 2019 · 10:21

El juego del solitario

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El jugador.

El PP gobernaba con mayoría absoluta, el PSOE preparaba primarias y Pedro Sánchez, ascendido por Pepiño Blanco de concejal de oposición a diputado de gallinero, miró en su interior y decidió que reunía las condiciones necesarias para liderar el partido de Felipe González. Un compañero más formado que él -hoy convenientemente purgado- le preguntó qué le hacía pensar eso. Y Sánchez, en aquel instante ya histórico, con su respuesta entregó a la posteridad la formulación más acabada de su pensamiento político: “¿Y por qué yo no?”

 

Qué lema de campaña para este PSOE desnaturalizado, reducido a la voluntad de un aventurero de sí mismo, ajeno a la aptitud moral que permite distinguir entre la descomposición del Estado-nación y un experimento sociológico de Mercedes Milá. “Españoles errados: por qué yo no”. El lema de las segundas elecciones, pero también el de las terceras de febrero. Porque Podemos seguirá siendo imprescindible en noviembre para investir a Sánchez y porque es estúpido creer que Rivera, asumido el coste de su numantinismo, se rendirá a las presiones. Que es lo que secretamente persigue Sánchez forzando la repetición: el blanqueamiento por asedio y la anulación de la alternativa para una década. Entretanto España permanecerá paralizada otro medio año como mínimo, destruyendo empleo, escarbando en el suelo del deterioro institucional e hipotecando el futuro a la monomanía fascinante de un solo hombre que no supo compartir el poder con socialistas, como para aprender a compartirlo con humanos de otro partido. Su guionista cree estar escribiendo El ala oeste, pero le está saliendo la tercera temporada de Mindhunter. El sanchismo no es materia de politólogos sino de psicólogos forenses.

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14 septiembre, 2019 · 14:37

La piedra de los fracasos

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Escollos maxilares.

El problema es usted, señor Sánchez. Su Persona. Federico siempre me dice que no, que el problema es el PSOE mismo, pero yo creo que Page no hubiera hecho esa moción de censura. Ni la cumbre de Pedralbes. Ni habría legitimado a Bildu. Ni demonizado a Cs. El PSOE padeció a Zapatero, pero aún dio a Javier Fernández. Hoy el escollo de España, la piedra en la que España tropieza una y otra vez desde 2016, se llama Pedro. Y sobre su jeta de feldespato, donde la crispación mandibular esculpe abdominales fuera de sitio en las fotos de perfil, se levanta la iglesia sanchista, secta de Estado entregada al apostolado de la discordia. O usted o el caos.

Qué envejecido se le vio en la investidura, señor Sánchez. Qué meteórico deterioro. Una cana por cada no, una arruga por cada alarde de resistencia. Y de fondo el murmullo secreto del motor que le mueve: la revancha. Tachar cada noche otro palito en la pared de Moncloa y clavar otro alfiler en el muñeco vudú de los que decían que no valía. Cómo se parecían el jueves sus ojos vidriosos a los de aquel octubre en Ferraz.

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27 julio, 2019 · 14:19

M. Sánchez

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Marianos.

Cada día que pasa Pedro Sánchez se parece más a Mariano Rajoy, con la diferencia de que Rajoy sacó su oposición y Sánchez no escribió su tesis. El poder, sin embargo, termina borrando los matices y allanando la memoria. Ahora toca decir que Sánchez, el chico de Pepiño, es en realidad el heredero de Willy Brandt. Pero si algún doctorado corresponde en justicia a Sánchez es el de la impostura: es maestro indiscutible en rentabilizar méritos ajenos en provecho propio. Ganó las primarias con el discurso de Iglesias y las elecciones gracias al megáfono de Abascal, y hoy sigue gobernando -es un decir- con los presupuestos de Montoro y la reforma laboral de Báñez. La obsesión por el marketing la tomó de Rivera, empezando por aquel gabinete-spot con ministro astronauta. Y ahora ansía confundirse con el hombre al que regeneró de golpe hace un año. Nace así el marianismo sanchista, prórroga de una acreditada forma de durar en Moncloa por el galaico método de ocultarse, no meterse en política y relativizar todo problema menos el único relativo de veras: la amenaza bufa de la ultraderecha. Al menos el espantajo rojo que agitaba don Mariano tenía 71 escaños; el dragón facha de Sánchez apenas llegó a 24.

Aciertan los de mantenimiento instalando el programa marianista en el disco duro de Sánchez, porque Rajoy mostró el camino para conservar el puesto tras el fin del bipartidismo: o yo o elecciones, que también soy yo. Así fue como Rajoy logró torcer la voluntad de Rivera y luego la del PSOE, del que se desmarcó el maverick del no es no para demostrar que la vetocracia funciona, razón de que no quiera que los demás se la apliquen a él. ¿Logrará Sánchez -que tiene los mismos insuficientes 123 escaños- reeditar en 2019 el verano de 2016? La campaña para invertir la carga de la responsabilidad y que sea Cs el que se abstenga ya está en marcha, pero cuando el sanchismo insiste en jugar a los buzos con Rivera, como en aquella peli de De Niro, comete dos errores de cálculo: confunde a los opinadores con los votantes, que le dieron 57 escaños a Cs por presentarse como alternativa al sanchismo; e ignora que Rivera vive bajo presión cómodo como nadador en una piscina.

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11 junio, 2019 · 10:11

El casting de la posteridad

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Leviatán.

-Lo ves, ¿no?

Explicaba lo que para él era evidente y remataba así cada lección para cerciorarse de que para mí también lo era. Blandía la pinza del índice y el pulgar en gesto característico, mientras achinaba los ojos de replicante de regreso de Orión, esos ojos que parecían las ranuras de una persiana por donde se filtrase el crepúsculo de un gran poder. “Lo ves, ¿no?” Y a veces no lo veía, pero tampoco me habría atrevido a interrumpir a Rubalcaba, que estaba sentado a mi izquierda, en el mismo restaurante donde Rajoy se resignó a perder la Moncloa y el partido. Ese Rajoy con el que mi interlocutor había tejido delicadamente el último tapiz del 78, que fue la sucesión en la Corona.

Una tarde de finales del año pasado me llamó Eduardo Madina. Me dijo que Rubalcaba había leído algo mío y quería conocerme. Confieso la ilusión sentida a una edad en que la mitomanía ya no genera excesivas ilusiones, por más que siga apasionándome la actualización diaria de los códigos fijados por Maquiavelo. Crecí bajo la leyenda Rubalcaba, bajo la resonancia temible de aquel apellido que murmuraban en voz baja los etarras en los pisos francos y que maldecían todos los aquejados de manía persecutoria. Lo que no significa que, en efecto, Rubalcaba no los persiguiera alguna vez.

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12 mayo, 2019 · 22:10

El Sánchez con el que sueño

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¿Qué Sánchez será Sánchez?

Reconozco que contra Sánchez se vive estupendamente, así que deberían aguardarme como mínimo cuatro años más de felicidad. Pero tampoco me importaría sacrificar mi placer personal en el altar de la geometría variable y posicionarme algún día a favor de Sánchez. No solo para saber lo que se siente militando del lado del Periodismo, o sea, ascendiendo de la umbría caverna al cielo socialdemócrata por la escala luminosa del rayo del progreso, sino porque eso significaría que incluso Sánchez puede ser distinto de Sánchez si se dan las condiciones adecuadas. Y eso brindaría una esperanza decisiva a todo adulto atrapado en una identidad inmadura de la que ansía liberarse.

Veamos. Sánchez tiene 123 escaños y suma 175 con Podemos, PNV, CC, Compromís y un señor enviado a Madrid por Revilla, nuestro primer populista, el hombre de Altamira de la política espectáculo. Yo mismo, que soy uno de los antisanchistas más reconocibles del país, podría experimentar una tímida floración de sanchismo si Sánchez se comprometiera a no pactar con ERC ni Bildu el resto de la legislatura, aunque ello le obligase a trabajar alianzas más arduas y respetuosas con la Constitución y la decencia. A ello le ayudaría Iglesias, que ahora va de cura obrero del 78 poseído por el ánima de Pérez-Llorca.

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30 abril, 2019 · 11:29

Las brigadas de Caín

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Mirada sanchista.

Los brigadistas de Sánchez enviados a salvarnos del fascismo parecen nerviosos. El número de votantes que está respondiendo a la llamada a filas gubernamental para combatir al dragón tricéfalo podría ser menor del que se airea. Si se trata de dragones al personal le sobra con Juego de Tronos, mero neorrealismo al lado del no es no de Sánchez a los independentistas (emoticono de llorar de risa), los cuales ya ni disimulan su gana de investirlo.

Con lo bien que estaba saliendo la farsa. Después de agitar el espantajo de Franco desde el minuto uno, de recuperar el lenguaje años 30 de “las derechas”, de hacerse la foto en la tumba de Machado como si le hubiera leído y de camuflar bajo coartadas sociales su afición bahamondiana al decretazo, el tinglado da señales de fatiga. Sería una catástrofe que al cuento de Caperucita se le descubriera el lobo en la semana culminante.

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23 abril, 2019 · 10:15

El abril de la tercera España

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El chico de Pepiño.

Antes de que una formidable máquina de propaganda lo convirtiera en el nieto no reconocido de Azaña, cuando no era más que el chico aventajado de Pepiño, Sánchez obtuvo por dos veces los peores resultados de la historia del PSOE. Algo muy evidente había en él que no gustaba a los votantes de izquierdas, que si de algo saben es de calibrar el grado de autenticidad en el penúltimo mesías enviado a representarles. Pero por aquella época, auténtico parecía Iglesias.

Entonces Pedro se puso a estudiar a Pablo. Y fue adoptando su marco mental guerracivilista a medida que iba expulsando lastre institucional de la sigla histórica anteriormente conocida como PSOE. Hubo resistencia, claro. Hubo incluso una victoria efímera de la razón weberiana encarnada por Javier Fernández. Pero el virus anidaba ya en las bases y la enfermedad populista se propagó según lo calculado hasta reponer en el trono de Ferraz a una criatura de aparato travestida de guerrillero anticapi. ¿Que cómo pudo colar? Supongo que por lo mismo que un chico generosamente apesebrado por Esperanza Aguirre puede presentarse como azote de las oligarquías. La razón y la memoria son lujos de gente serena, y España hoy es el álbum íntimo de una adolescente excitada.

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16 abril, 2019 · 10:43