Archivo de la etiqueta: bajad las armas

El desastre de Chernóbil o la letal toxicidad de la mentira

Ella se acababa de casar con Vasili, un bombero guapo al que despertaron de noche para apagar el fuego que se declaró en la madrugada del 26 de abril de 1986. Ella, Liusia, vio la explosión, llamas altas en el cielo iluminado de repente. Sintió un calor horroroso porque ardía el alquitrán derretido del techo de la central. Sobre él los bomberos caminaron desavisados mientras trataban de sofocar las llamas, en medio de un fulgor invisible cien veces más letal que la nube de Hiroshima. En mitad de la noche fueron para allá sin los trajes de lona, con lo primero que cogieron, en camisa. Obedecían órdenes como buenos soviéticos. Nadie les avisó. Nadie les dijo que no era un incendio como otro cualquiera.

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25 abril, 2026 · 10:37

La grandeza descalza: vida y ejemplo de Cayetana de Alba

La aristocracia de la sangre conserva en sus mejores ejemplos un sentido moral que escapa a las sensibilidades más vulgares -que no tienen por qué ser las más democráticas- y que se resume en el célebre adagio de dos palabras: nobleza obliga. La distinción que las comunidades humanas han otorgado al apellido tiene raíces en las obras: un coraje excepcional demostrado hace siglos en el campo de batalla, o la abnegación de una vida de servicio a los demás, o incluso el primer Mundial ganado por tu selección.

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18 abril, 2026 · 9:51

Esperando a los chinos

Por primera vez desde que un ambicioso puñado de etruscos del Lacio comenzó a expandirse, la próxima potencia dominante podría no ser occidental. Más allá de la multipolaridad salvaje de la Edad Media, a partir del Renacimiento el mundo no ha conocido otra hegemonía que la de Europa o la de su esqueje americano: Estados Unidos.

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17 abril, 2026 · 16:14

El Gran Hedor: del Londres victoriano a la España de Ábalos

En el verano de 1858 una ola de mierda ascendió del Támesis y envolvió a los orgullosos habitantes del Londres victoriano. Aquel verano pasó a la historia como el Gran Hedor. El escritor más sensible del momento, Charles Dickens, describió el río como «una alcantarilla mortal fluyendo por el corazón de la ciudad». No exageraba: la capital del Imperio británico, en el apogeo mismo de su poder, olía tan mal que al contacto con el fétido abrazo del río la gente enfermaba, o incluso moría. Los londinenses que se acercaban demasiado a la orilla del Támesis se mareaban, se desmayaban o experimentaban náuseas tan fuertes que vomitaban allí mismo, engrosando la capa de 45 centímetros de excrementos humanos, cadáveres de perros y ratas, vertidos industriales, productos químicos derivados del tratamiento del cuero y sangre de las reses sacrificadas incesantemente en los mataderos urbanos.

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14 abril, 2026 · 20:13

Retorno a Waugh: ‘the love that makes us one’

La tarde del jueves, que aquí en la campiña inglesa llaman Maundy Thursday, entré en una iglesia anglicana a conocer sus oficios. La liturgia no es muy distinta de la católica, con la salvedad de que los ingleses se toman quizá demasiado a pecho la observación de San Agustín: «Quien canta reza dos veces». El caso es que se pasan la misa interpretando himnos que el cura dirige con seguridad de barítono: más que misal, tienen repertorio. Uno de esos himnos, escrito por un tal Brian Wren (¿inspiraría al protagonista de los Monty Python?), terminaba así: «The love that makes us one«.

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6 abril, 2026 · 16:40

Un drama de Benavente o los conflictos del mal querer

No tenemos tantos premios Nobel en España como para poder permitirnos despreciar a ninguno. Puede que la obra del primero de todos, don José Echegaray -del que tanto se burlaron los modernistas- nos quede definitivamente lejos, anclada en un romanticismo tardío y declamatorio que vuelve imposible su rescate.

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28 marzo, 2026 · 10:13

Cómo reaccionar con alegría a una cagada de paloma

El orador despacha su discurso con el automatismo municipal que da la costumbre. Sus frases se concatenan sin esfuerzo ni pasión, parecen brotar del mecanismo oculto que tracciona las escaleras del metro de Madrid cuando no se estropean. Él adquirió esa mecánica destreza cantándole temas al preparador de abogados del Estado. Es una retórica monótona, quizá demasiado fría en estos tiempos de emotivismo a flor de red, pero a cambio imprime a sus intervenciones cierta solidez industrial, una fluidez sintáctica que contrasta con los balbuceos sincopados que cualquier cronista parlamentario debe tolerar cada semana.

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21 marzo, 2026 · 10:14

No es elegante hacer la guerra en zapatillas

Ocurrió el miércoles a la salida del velorio de Raúl del Pozo donde tanto nos divertimos en su nombre, porque él no soportaba a los solemnes. Estábamos Latorre y yo saliendo de Casa Ciriaco, que juntó a comer al todo Madrid bajo la mirada burlona de Camba, atento a la dispar comensalía desde su retrato de la pared. Que yo recuerde había un general, dos poetas de periódico, un capitán de novela, nuestra concejala de cultura, una estrella de rock en la intimidad, el valido del presidente y la última comunista del país.

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14 marzo, 2026 · 9:25