El Gran Hedor: del Londres victoriano a la España de Ábalos

En el verano de 1858 una ola de mierda ascendió del Támesis y envolvió a los orgullosos habitantes del Londres victoriano. Aquel verano pasó a la historia como el Gran Hedor. El escritor más sensible del momento, Charles Dickens, describió el río como «una alcantarilla mortal fluyendo por el corazón de la ciudad». No exageraba: la capital del Imperio británico, en el apogeo mismo de su poder, olía tan mal que al contacto con el fétido abrazo del río la gente enfermaba, o incluso moría. Los londinenses que se acercaban demasiado a la orilla del Támesis se mareaban, se desmayaban o experimentaban náuseas tan fuertes que vomitaban allí mismo, engrosando la capa de 45 centímetros de excrementos humanos, cadáveres de perros y ratas, vertidos industriales, productos químicos derivados del tratamiento del cuero y sangre de las reses sacrificadas incesantemente en los mataderos urbanos.

Leer más…

1 comentario

14 abril, 2026 · 20:13

Una respuesta a “El Gran Hedor: del Londres victoriano a la España de Ábalos

  1. Avatar de Postrimerías Postrimerías

    Un amigo viajero por Marruecos me informó de lo compactas que eran las ciudades allá, sin chorreo de distritos industriales excepto por la ocasional fábrica de Roca. La loza sanitaria es un invento que mitiga la indeleble, diaria escatología del humanico promedio. Turguénev comentó a la madre de la Viardot y parece ser que abuela de un hijo suyo como se sentía llegado a los sesenta: como uno de esos cubículos que, a excepción de la Inglaterra de entonces, rezumaban humanidad. A lo que la mujer, sevillana, le dejó con un refrán bien español: ‘Hasta el rabo, todo es toro’

Deja un comentario