Irene Polo o la nueva nostalgia del viejo periodismo

Ya sé que la degradación parlamentaria es el último consenso que nos queda. Y que todos los plenos llevan invariablemente aparejado el adjetivo «bronco». Desde estas páginas yo mismo he contribuido modestamente a extender esa nefasta impresión sobre el estado de nuestra oratoria nacional, incluida la plurinacional. Pero aun así debo confesar que durante años yo me levantaba feliz cada miércoles, me hacía el café, agarraba la libreta y me sumergía en el metro. Y cuando emergía en Sevilla (la estación, no la ciudad), si la ocasión prometía dosis excepcionales de violencia verbal me embargaba una incomprensible expectativa y una anacrónica reverencia por el viejo caserón de San Jerónimo.

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25 mayo, 2026 · 19:29

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