
Hace dos meses parecía rigurosamente imposible que Juanma Moreno revalidase la mayoría absoluta. El auge de Vox y la pura dificultad estadística de repetir la carambola de hace cuatro años aconsejaban al PP andaluz que fuera reclutando a la brigada Aranzadi de la letra pequeña y acopiando ibuprofenos para negociar con Abascal el contrato leonino de la investidura. No sé si las guerras intestinas en Vox o las guerras exteriores de Trump son la causa última del estancamiento del partido, pero las elecciones en Castilla y León lo confirmaron por vez primera y todas las encuestas lo reflejan hoy. El PP acaricia en la comunidad más poblada de España una libertad sin las ataduras de la prioridad nacional. De hecho el lío provocado por el dichoso sintagma beneficia a Moreno por el afluente izquierdo: no pocos exvotantes socialistas escogerán la papeleta azul para emanciparla de la verde.






