Marxismo de derechas

Cabe preguntarse si España sigue siendo un país para abuelos. A juzgar por las lágrimas vertidas durante la pandemia, que se cebó con los pulmones exhaustos de nuestros mayores, uno habría dicho que sí. Pero últimamente no deja de crecer tal rencor contra el bumérido que ya se exhibe como credencial ideológica y marcador de clase. Se venden bien los libros que parten de la premisa de que los hijos vivirán peor que los padres para luego ajustar cuentas. No me interesa ahora compartir o refutar esa tesis: me limito a constatar el nuevo materialismo dialéctico que se extiende sobre los escombros woke de la guerra cultural. Vuelve el marxismo clásico, pero vuelve por la derecha. La revuelta de los que no tienen contra los que tienen se escenifica a diario en las redes, enconando las emociones y redirigiendo el voto hacia la extrema derecha en toda Europa. Desde Freud el hijo ha querido matar al padre, pero es que ahora quiere matar también al abuelo. A cualquiera que haya gozado del privilegio de la propiedad inmobiliaria, de la utopía de un ascensor social en funcionamiento, del puesto de trabajo de lo tuyo y del fin de mes sin recurso al crédito o al ansiolítico. La querencia narrativa de la especie por la falacia de la suma cero contribuye a aliviar la frustración personal por la vía mítica de la culpa colectiva: yo no tengo mucho porque ellos han tenido demasiado. Si la cosa sigue así y la muchachada no hereda pronto, se alzarán pronto voces en la derecha juvenil exigiendo expropiaciones a la venezolana.

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9 mayo, 2026 · 9:54

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