Archivo de la etiqueta: VOX Dei

Carta a un centrista exiliado

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Fabricantes de dragones.

Querido A. Espero que Sri Lanka te trate bien y que tu estómago se haya adaptado al abuso de las especias. El mío no termina de adaptarse al nuevo tiempo español. Va sucediendo todo lo que te anticipé. No tiene mérito: la política aquí es muy previsible. Solo dejó de serlo en la Transición, cuando aconteció lo excepcional: la reconciliación. Pero las aguas van volviendo a su cauce histórico. A sus dos cauces de siempre.

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21 enero, 2020 · 10:07

El viaje de Iglesias de la cal al confeti

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Lágrimas contra el fascismo.

Lloraba Pablo Iglesias porque el llanto es hoy la única forma de hacer política y porque su pasado de activista acababa de morir para siempre. Lloraba Pablo, y nadie recogía esas lágrimas que podrían curar las desigualdades de este país cuyo nombre no debe nombrarse. Este país en el que a partir de ahora las mujeres no morirán apalizadas y los gays bajarán de las grúas de las que pendían hasta hoy para amarse libremente. Los ricos transferirán sus rentas a los pobres. El llanto de Pablo fecundará los campos yermos por el odio de la derecha y sus primeros efectos fertilizantes se advertían ya en la indumentaria de Monedero, al que le ha florecido un traje con corbata.

Los cielos han sido asaltados y conviene moverse por ellos como si fuéramos ángeles habituales. No es que Vallecas quede lejos: es que en Galapagar no caben toda una vicepresidencia y cuatro ministerios. Pero conservemos la llaneza publicitaria en la histórica hora, camaradas. Mantengamos el tuteo: “Pedro, te deseo que tengas el mejor tono pero también la mayor firmeza democrática”. O sea, golpeemos todo lo duro que nos deje la aritmética, pero que siga pareciendo que somos las víctimas. Leninismo de manual de resistencia.

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7 enero, 2020 · 20:14

Hugo Vox

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Estética.

El personal pierde el tiempo escandalizándose con las ideas de Vox cuando lo más interesante de Vox no son sus ideas, bastante viejas, sino las formas novedosas que las envuelven. El éxito de Vox es principalmente estético. El nacionalismo es una fuerza poderosa pero demasiado mostrenca, y por eso necesita estilistas más que ninguna otra para adecentar sus modales primitivos, ese credo rudo que esencialmente reza que yo soy mejor que tú porque estoy aquí antes que tú. Hugo Boss, por ejemplo, diseñaba unos uniformes estupendos para soldados alemanes que luego tenían que hacer cosas feas, pero las hacían embutidos en la imagen misma de la marcialidad. Y Heidegger, primera inteligencia del siglo XX, quizá no se paró demasiado a examinar la bondad de las soflamas de Hitler porque estaba enamorado de sus manos.

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15 diciembre, 2019 · 19:00

Si te preocupa Vox, entonces

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Militancia.

Si te preocupa Vox, lo primero que tienes que hacer es respetar a sus votantes. Ahorrarte esa estúpida superioridad moral que solo añade entusiasmo a su militancia, forjada en el orgullo de catacumba. La marginación da combustible al populismo, y el sentido de pertenencia a una España ridiculizada opera en el voxero como antaño la conciencia de barriada en el obrero. Sobre nacionalista y confesional, Vox es una causa identitaria cuyo éxito depende del vínculo no mediatizado entre el líder y su grey, y esa identificación emocional se aviva en la persecución y languidece en el argumento.

Si te preocupa Vox, deja de llamar fascistas a sus votantes, porque no lo son en absoluto, pero sobre todo porque esa palabra ya no significa nada, ya solo produce una furiosa vanidad en el emisor y una indiferencia sonriente -cuando no jactancia- en el receptor. Vox aporta el calor de una identidad compacta a votantes demasiado enfadados para transigir con el arte de lo posible y demasiado inocentes para valorar la belleza de lo impuro. La virginidad política del voxero no es algo de lo que debas reírte, porque es entonces cuando se transmuta rápidamente en fanatismo. Vale más compartir la pedagogía de la experiencia. Es fácil, si eres de derechas, culpar a las autonomías, la inmigración o el feminismo de frustraciones propias pero ajenas a esas causas. Uno aprende que las autonomías existen porque España ya era plural en el medievo y no se vuelve plural en 1978 por instaurar las autonomías, que por lo demás soportan el gasto del bienestarismo y conceden refugio al madrileño o al andaluz temeroso del abrazo de Sánchez e Iglesias. Uno aprende que es mentira que los varones blancos heteros estén amenazados cuando trata a la primera mujer maltratada, y lo confirma cuando trata a la segunda. Uno advierte que Omar, el hacendoso jardinero de la urbanización de sus padres, puede un día ser apalizado por patriotas que del listado de apellidos árabes de Abascal dedujeron el permiso oficial a su xenofobia. Uno descubre que los partidos que gritan no gobiernan, que influyen solo mientras dura la novedad y que los que gobiernan deben traicionar sus viejos gritos porque para ese efecto civilizador se concibió el sistema. Uno acepta, en fin, que sus impuestos financien subvenciones de más a cambio de que reduzcan desigualdades que partirían la sociedad en tribus resentidas.

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19 noviembre, 2019 · 10:16

Ruido y furia en noviembre

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Estado actual del pacto.

Para saber quién ha ganado un debate uno no debe pensar jamás en lo que sentenciaría un periodista y menos un tuitero. Uno debe pensar en un ciudadano que no lee periódicos ni está en las redes sociales y alimenta su espíritu con dudas y televisión. A él se dirige este debate y solo por él cobra sentido un espectáculo tan alejado de Sócrates y tan cercano a Supervivientes. Ese ciudadano ahorra mucho en categorías politológicas y decide el voto por sensaciones estrictamente televisivas.

Esas sensaciones le dijeron ayer cosas distintas sobre los candidatos de las que venían contando los medios. No porque los medios mientan, sino porque los candidatos mutaron para hablarle estrictamente al dudoso que se sentaba delante de la pantalla. Así, Sánchez se olvidó por unos minutos de Sánchez y se puso a vender dureza en Cataluña con materiales saqueados del programa de Cs y del PP. Casado aparcó el neomarianismo y adoptó el tono más belicoso de sus tiempos lampiños para cortar la progresión demoscópica de Vox. Rivera se alejó del Rivera de abril, que principalmente pegaba a la izquierda, para golpear también a la derecha a cuenta de la corrupción y asentar perfil de centro. Iglesias se distanció del papel de monaguillo del PSOE para erigirse en su confesor, esforzándose sin éxito por extraer de Sánchez el pecado de la gran coalición. Pero la gran transformación la protagonizó Abascal, que dijo las mismas cosas imposibles sobre las autonomías e inmorales sobre los inmigrantes pero sin corbata y con aplomo de padre de la Constitución, solo que de una Constitución que no tiene nada que ver con la nuestra. Nos había prometido un tigre pero acabó criticando los subfusiles y pidiendo exhumaciones dignas para los represaliados de la guerra: como viaje televisivo al centro no está mal.

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5 noviembre, 2019 · 10:42

Y Vox se hizo oír

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Puros.

Vox hizo en Murcia lo que debía porque Vox no es un partido sino un púlpito, una plataforma moral en pos de hacerse oír. Nació para arrogarse la pureza que la derechita cobarde y la veleta naranja habrían perdido: esos dos apelativos constituyen su más exitosa aportación a la política española, con ellos se disparó en Vistalegre. Pero cuando por imperativo poselectoral tiene que acercarse a los impuros, Vox pierde su razón de ser. Que nunca fue la lucha contra el separatismo y la izquierda -para eso ya hay profesionales experimentados- sino la reprobación de PP y Cs. Porque a todo buen predicador le motiva más castigar al hereje que convertir al pagano.

Vox es una emoción política que invierte el 15-M: de indignados a dignísimos. Por eso debería reventar también la investidura en Madrid, pues donde impera la Dignidad sobra el arte de lo posible. Cinco horas negociaron en Cartagena para luego recibir el espinoso telefonazo que ordenaba pegarle fuego a todo, la llama purificadora de la venganza. Contra el PP por el papel trucado que les coló Almeida la víspera de su toma de posesión, pero sobre todo contra Cs, partido contra el que Vox alcanza su plena justificación espiritual. Que la política no es lo suyo lo prueba que ni exija condiciones programáticas -si son asumibles Vox carece de sentido y si son propias de Vox no se pueden asumir- y ya ni mendigue sillas: solo pide respeto. Incluso cariño. Cuando insulta a Rivera no es por odio sino por despecho, porque ansía su aprobación, porque no les quiere como quieren ser queridos. Nada de sexo rápido y olvidable con libertinos afrancesados: ellos anhelan santo matrimonio y firma ante vicario. De la épica a la lírica. Vinieron a emular al Mío Cid y hoy musitan las rimas más cornudas de Bécquer.

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7 julio, 2019 · 23:02

Los guisantes de Vox

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Otro político.

El gallinero no es el lugar que Vox merece en el hemiciclo no ya por su número de escaños sino de horas de conversación pública. Vox ha recuperado el foco perdido tras el pinchazo electoral gracias a los tiernos desvelos de la izquierda, que necesita que la amenaza inverosímil de Vox sea creíble para que la amenaza inminente de Frankenstein II sea excusable. Por eso comete un error Adriana Lastra enviando al gallinero a la sigla de cuya presencia intimidante depende, por contraste, la inmunidad mediática del sanchismo. Me lo explicó una dirigente del PP cuando Podemos irrumpió en las Cortes y el primer impulso de la Mesa fue mandarlos al gallinero: “¡Pero si lo que nos interesa es que se les vea!”. Fue así como Pablo Iglesias y compañía fueron recolocados en lugar mas céntrico. Tania, Errejón o Bescansa perderían visibilidad más tarde, pero eso ya fue un asunto de familia.

A medida que el discurso de Abascal, Espinosa o Monasterio se modera -solo un tramposo negará que ya no dicen las mismas cosas que en campaña-, redoblan sus relatos apocalípticos las brigadas sanchistas de la opinión. En Andalucía han brindado dos años de estabilidad al Gobierno de PP y Cs sin que se pueda señalar a cambio una sola imposición reaccionaria. A la factoría argumental de Moncloa, sin embargo, le bastan las fotos y le sobran los hechos, razón de que invente que PP y Cs se están radicalizando cuando lo cierto es que Vox acaba de aceptar un aumento de gasto en las partidas de lucha contra la violencia machista, veletismo de madurez que solo cabe aplaudir.

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17 junio, 2019 · 22:00

María en Príncipe Pío

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Twitter.

Han linchado a María Rey por decir Franco en vez de Napoleón a propósito del 2 de mayo. Hay que reconocer que hemos progresado mucho y ya no te fusilan con nocturnidad al pie de la montaña de Príncipe Pío, pero los que disparan siguen haciéndolo embozados, hurtando el rostro como los pintó Goya para vaticinar que el horror moderno sería industrial y anónimo como lo es la trolería tuitera. Si las redes entrañan un peligro totalitario no es por el grado de violencia sino por la imposibilidad de identificar a sus responsables. Por eso Eichmann en Jerusalén parecía un probo funcionario, una pieza desalmada en un engranaje automático. El fin de la responsabilidad individual es el fin de la civilización.

El tuitero que disfruta haciendo escarnio representa un tipo humano despreciable, pero tan viejo como el público festivo que madrugaba para coger sitio en la plaza donde esa mañana se programaba ejecución y al día siguiente mercado de abastos. La pulsión punitiva, el deseo de castigar al otro -especialmente si el castigado es más famoso que el castigador- supone la oportunidad de aliviar algo la propia irrelevancia mediante el desahogo de un narcisismo imbécil, porque hay que ser imbécil para creer que María Rey ignora de verdad que Franco no existía en 1808. Los trols -salvo los más estólidos- sabían bien que se trataba de un lapsus, pero reconocerlo y contenerse les habría arruinado el goce del ajuste de cuentas ideológico aprovechando que la memoria histórica pasaba por el Manzanares. Otras veces las balas provienen de la trinchera opuesta, la que se presume faro del progreso y resulta más cruel porque a la vesania une la superioridad moral, lo que bloquea cualquier remordimiento. Y así, por el mísero placer de unos parafílicos escondidos, estamos poniendo perdida el ágora del siglo XXI que se suponía que era internet.

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5 mayo, 2019 · 18:48