Archivo de la etiqueta: España y yo somos así

No es mi Lopetegui, sino nuestro Lopetegui

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Entrenador blanco, bestia negra.

La noticia ha detonado con la potencia de las realidades no aventuradas, de las negociaciones no roturadas previamente por la opinión pública; de ahí la estupefacción. Los tertulianos han -hemos- fracasado otra vez, lo cual permite extraer dos conclusiones: que llamar a esto sociedad de la información no es más que una benévola exageración y que los tertulianos deportivos sólo se diferencian de los economistas en que sus pronósticos del pasado no están patrocinados por entidades bancarias sino por cuchillas de afeitar.

En defensa de mi oscuro gremio sólo puedo constatar una obviedad: Lopetegui no figuraba en ninguna quiniela porque tiene trabajo, y uno suficientemente vistoso y recién renovado. En estos momentos trata de ganar un Mundial. Pero bajo el radar, una clave lo explicaría todo: la confianza en los jugadores del Real Madrid que desde que sucedió a Vicente del Bosque ha caracterizado al vasco. Hubo un tiempo -nostalgia de La Masía- en que la plantilla del Barça aportaba la columna vertebral de España; hoy la forman los únicos españoles que han levantado varias Copas de Europa seguidas, lo cual parece sensato. Sergio Ramos, capitán de España como del Real Madrid, guarda la mejor de las relaciones con el todavía seleccionador. También Carvajal habla maravillas de él. Visto así, todo se antoja racional: Lopetegui internacionaliza preferentemente a jugadores blancos y los internacionales blancos le corresponden otorgándole su favor ante la directiva, que vagaba en el más confuso de los desconsuelos desde el abrupto adiós de Zidane.

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13 junio, 2018 · 10:10

Entrevista a Federico Jiménez Losantos: “Dejé de ser marxista por ser español”

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Federico.

No hay necesidad alguna de presentar al comunicador más influyente de la derecha española en las últimas tres décadas. Pero sí la hay de leer ‘Memoria del comunismo. De Lenin a Podemos’ (La Esfera de los Libros), porque librará a muchos incautos de perder el tiempo y la moral por culpa del vigente influjo de la ideología más criminal de la historia. Losantos la profesó, salió con vida y aquí explica cómo lo hizo.

Presentas el comunismo como una «teología de la sustitución». Aron y Steiner afirman que más que una ideología, es una religión política. ¿Sin catolicismo no hay comunismo?

En mi generación sin duda. El catolicismo popular español tiene unos ingredientes -igualitarismo, ayudar al débil, obras de misericordia…- que entre nosotros estaban profundamente arraigadas. El protestante se salva por la fe; el católico, por la fe y por las obras. El católico, cuando deja de creer en Dios, tiene que seguir creyendo en hacer el bien. Russell decía que el comunismo se parece más al islam porque es una religión despótica, que te organiza la vida, mientras que el catolicismo, al creer en el libre albedrío, te deja libertad para hacer el bien o no. Si la salvación no llega en el más allá de la religión, tiene que venir en el más acá de la política, que en el comunismo se vive como una forma de redención: propia y de los demás.

Eres de los pocos que se ha leído entero ‘El capital’. Dedicaste años a la formación teórica: Engels, Althusser, Derrida, Foucault… ¿Cómo recuperas el castellano limpio en el que hoy escribes tras semejante exposición a la jerga marxiana?

Mi tesis doctoral sobre las acotaciones en los esperpentos de Valle-Inclán la hice a base de Kristeva, Barthes y los formalistas rusos, porque entonces la filología seguía la senda de la semiología, que era una mezcla de marxismo y psicoanálisis. En esa época escribía muy mal, por eso no he publicado nunca mi tesis. Esa jerga universitaria debería ser delictiva. Uno necesita aprender a escribir claro, no para presumir de que escribes sino para que alguien te lea, y eso es lo más difícil. Tienes que ir a los clásicos españoles, que es donde se aprende realmente a escribir.

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5 febrero, 2018 · 11:28

Iñigo Alli: “Mi hija me despertó a la fragilidad de la vida”

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Íñigo Alli.

En política se debería entrar como entró Íñigo Alli (Pamplona, 1973): urgido por el amor a una hija discapacitada y fichado directamente por el Gobierno. Nada de hacer carrerita pegando carteles desde el primer acné, adulando al jefe de turno y alcanzando al fin un lugar en el paraíso de las listas. Nuestro hombre gozaba de un puesto de directivo en Caja Navarra y había fundado una familia con su esposa Isabel. Todo marchaba según lo previsto. Hasta que despertó a «la fragilidad de la vida» cuando hace ahora ocho años la pequeña Inés vino al mundo con síndrome de Down. Entonces comprendió que no podemos elegir todas las bazas pero sí la forma de jugarlas. Y Alli, que era bancario, se hizo activista: decidió que un cromosoma de más no tenía por qué significar felicidad de menos y fundó Síndrome Up, una asociación que propugnaba un cambio de enfoque en el tratamiento de los discapacitados. «Se trataba de abandonar esa visión paternalista tan en boga y centrarse en la persona, en su singularidad».

El eco de aquel proyecto se extendió pronto por toda la comunidad. Y un día recibió una llamada. Era Yolanda Barcina, presidenta de Navarra, ofreciéndole un puesto en su gobierno para que hiciera desde dentro lo que ya estaba haciendo desde fuera. «No le costó convencerme. Era la gran oportunidad que estaba pidiendo a gritos desde hacía dos años: la posibilidad de cambiar las cosas desde las instituciones. No dudé, por más que nos tocara una época dura de recortes y de ajustes. Era justo lo que quería hacer: ayudar a la gente más jodida», explica con navarra contundencia.

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31 agosto, 2017 · 20:54

El lopeteguismo va a llegar

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“No soy yo, eres tú”.

El lopeteguismo es un movimiento que todavía no ha nacido pero que quizá deberíamos ayudar a parir. Antes hemos de reconocernos como uno más entre los millones de españoles en bañador que el pasado julio chasqueó la lengua con desaprobación cuando salió su nombre del cónclave sucesorio del Marqués. ¿Lopetegui? ¿Pero qué ha hecho Lopetegui salvo trabajarse a Villar?, exclamamos todos apresuradamente. Como si hacerse amigo de Villar fuera tan sencillo o tan irrelevante. Y sin embargo don Julen, a la paciencia de acumular trienios en la Federación, añade ya dos méritos extraordinarios por opuestos: hospedar a Casillas en el Oporto y desalojar a Casillas de la Selección.

Ustedes saben que el debate sobre Casillas, esa Casillomaquia que duró lo que una legislatura estándar (2012-2016), no fue sino el preludio del bloqueo institucional que tiene congelado el Parlamento pero ardiendo Twitter. Discutiendo sobre Casillas entrenamos los músculos linguales que necesitábamos para poder pedalear ahora en las tertulias sobre el no de Sánchez y el aguante de Rajoy. La controversia casillil acabó formando un coágulo en la portería de la nación que don Vicente no se atrevió a sajar, pese a haber optado ya por De Gea. Pero en cuanto Lopetegui accedió al cargo apartó a Casillas como quien saca las tropas de Irak. El armisticio dio fruto, los litigantes confesaron su agotamiento y de momento parece que al fin ha estallado la paz, reforzada por la buena impresión que dejó el juego del equipo contra Bélgica. El lopeteguismo, por tanto, va a llegar, lo que en España no significa en absoluto que vaya a durar, sino que engendrará su contrario, el antilopeteguismo, y en esa nueva guerra entretendremos el rato hasta el Mundial de Rusia.

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4 septiembre, 2016 · 13:11

Bienaventurados los fieles

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“¡Ramón, que no fue en Lepanto!”

La fidelidad al propio estilo es una norma de gran prestigio entre los aprendices de escritor, entre los trompetistas de jazz y entre los equipos de fútbol que profesan el tiquitaca. En cambio los economistas, con Keynes a la cabeza, son más partidarios de adaptar su opinión a las circunstancias; por no hablar de los profetas de la nueva política, en la que la coherencia está tan valorada como la castidad en un Erasmus. Y sin embargo en ocasiones los fieles acaban heredando el reino de los cielos, o al menos los octavos de final de la Eurocopa. Y con el liderazgo del grupo casi asegurado.

España fue idéntica a sí misma en todo menos en su frustrante unocerismo. Contra los turcos los goles les fueron dados a los españoles en pago de su sostenida ejemplaridad. Morata fue Villa al fin, vio premiado ese fútbol suyo hecho de voluntad y ángulos rectos, torpe y generoso como un pívot, agónico como un Sánchez Vicario del remate. La habilidad la pone Silva, la profundidad es cosa de Alba y Juanfran, la seguridad viene blindada por Busquets. Qué decir de Piqué, que cerró una modélica primera parte subiendo a la boca de gol. Pero es que todos estuvieron bien contra una Turquía que no era precisamente la que mancó a Cervantes, digámoslo todo.

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18 junio, 2016 · 13:12

El proceso del señor Ñ

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Iniesta, donde nace el sentido.

Todos coincidimos en que el partido contra los checos fue, efectivamente, kafkiano. Pero la esencia de lo kafkiano no está -como podría creerse- en La metamorfosis, porque eso supondría que La Roja amaneció ayer convertida en algo distinto de sí misma y la verdad es que vimos lo de siempre. La obra que realmente define lo kafkiano es El proceso, que desarrolla una causa tan minuciosa como absurda, tan racional como insignificante, y ahí España bordó el término: esa burocracia de pases sin remate, ese tiquitaca intransitivo, esa reiteración del casi pero tampoco. El fútbol de España es procesual, como muchas manifestaciones del arte contemporáneo donde lo importante es la materia y no la figuración. La ocasión y no el gol.

Morata encarna muy bien esa pasión ciega de la voluntad, ese esfuerzo tan centrado en marcar que acaba llevándose al linier por delante o rematando al muñeco a pase milimetrado de Silva. Todo el sentido nacía en Iniesta, toda frustración en Cesc y Nolito. El centrocampista del Chelsea se ha vuelto conservador y ahora, según se aproxima al área, más que asistir se dedica a defender las pensiones; también algún balón que se colaba dentro en la segunda parte, seamos justos. Una España rentista por momentos, estática en su hidalguía de gloria pasada, como si la victoria se rifara en uno de esos sondeos de popularidad que gana Garzón.

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14 junio, 2016 · 11:34

Así vigilamos a Putin en el Báltico

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En el hangar de la Victoria de Samotracia.

Alpha Scramble, Alpha Scramble! ¡Alerta, alerta!

Son las 11.05 del sábado 19 de marzo y el megáfono de la base militar de Siauliai, norte de Lituania, llama a los pilotos españoles para que corran a los hangares, suban a dos Eurofighters listos para despegar y averigüen por qué el radar ha detectado una traza irregular tan cerca de la frontera con Rusia. Si se tratara de un simulacro, de un entrenamiento rutinario, el megáfono habría anunciado: “Tango scramble, Tango scramble“. Pero ha dicho Alpha, el término técnico para una operación real.

Desde que el destacamento español llegó aquí el pasado diciembre, se han producido tres salidas Alpha. La primera la motivaron dos aeronaves de la Fuerza Aérea Rusa, que fueron interceptadas y devueltas a su ruta. De las otras dos no se dieron detalles. Esta hace la cuarta, y da la casualidad de que sucede con periodistas delante. Los mandos tienen prohibido darnos demasiada información: tan solo nos confirman que se ha detectado una traza sin identificar sobre aguas internacionales. Pero parece obvio que detrás de cada una de estas invasiones del espacio aéreo aliado están los traviesos aparatos de Putin.

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15 abril, 2016 · 18:48

Hombres buenos

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Banderas en la nieve. Destacamento Vilkas, Lituania, 19-III-16.

Escribo desde una ciudad nívea y remota llamada Siauliai, en el corazón de Lituania, donde un destacamento español lidera la misión de vigilancia aérea de la OTAN en el Báltico, al mando del teniente coronel Ballesta. Lituania es una pequeña nación orgullosa de su independencia reconquistada al comunismo, pero temerosa de que don Vladimiro haga ahora con ella lo mismo que ya ha hecho con Ucrania. El orgullo nacional de Lituania no es incompatible con la humildad necesaria para reconocer que carece de fuerza para defenderse de Rusia. Yo no soy futurista, pero les aseguro que hay pocos estremecimientos comparables a la crepitación atmosférica que causa el motor de un Eurofighter Typhoon en carrera de despegue. Dos veces al día, seis días a la semana durante cuatro meses, suena en los oídos de los habitantes de Siauliai esta nana maternal. Porque así suena la civilización cuando sale a patrullar cargada de cosas que hacen «pum». Hasta Colau se emocionaría.

Los pilotos de esos cazas son españoles. No se enrolaron, sospecho, para acabar defendiendo la integridad territorial de Lituania, pero tampoco es su misión establecer las alianzas estratégicas, sino de los políticos. El centenar de hombres y mujeres destacados aquí cumple a diario con tareas minuciosas, y dedica el tiempo libre a hablar con sus hijos por Skype o a ir a jugar con los niños sin familia de un orfanato cercano. Y hay una sobrecogedora continuidad moral entre el teniente coronel Ballesta que recibe el informe de vuelo de un caza letal y el mismo teniente coronel Ballesta arrodillado horas después entre muñecas para conquistar la sonrisa de un huérfano lituano.

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22 marzo, 2016 · 20:02