Naturalmente que volverán las oscuras golondrinas a colgar de los balcones de los periódicos sus nidos de mierda, corrupción y enfrentamiento. Pero eso no hará que olvidemos el puñado de hermosas imágenes y sabias palabras y testimonios conmovedores que la escena española ofreció al mundo durante la semana papal. Para percibir los efectos benéficos del paso de León por nuestro país no hace falta otra fe que la que habíamos perdido en nosotros mismos. En nosotros, los españoles. Que habíamos olvidado la Escuela de Salamanca.
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Héroe de madrugada

Todos los aficionados a dividir a las personas en dos tipos sabemos que hay dos tipos de personas: las que madrugan y las que no. Pero lo que muchos no saben, ni siquiera lo sospechan, es que hay dos tipos de personas dentro del tipo de las personas que madrugan: las que madrugan lo normal y las que madrugan en serio. Recientemente, por mi desempeño radiofónico en la cadena Cope, he entrado a formar parte de este segundo tipo. Llevo nueve obstétricos meses levantándome a las cuatro de la mañana de lunes a viernes. Y en este tiempo de epifanía he tenido acceso a una verdad poco divulgada, o divulgada superficialmente: la superioridad moral del madrugador extremo.
La grandeza descalza: vida y ejemplo de Cayetana de Alba

La aristocracia de la sangre conserva en sus mejores ejemplos un sentido moral que escapa a las sensibilidades más vulgares -que no tienen por qué ser las más democráticas- y que se resume en el célebre adagio de dos palabras: nobleza obliga. La distinción que las comunidades humanas han otorgado al apellido tiene raíces en las obras: un coraje excepcional demostrado hace siglos en el campo de batalla, o la abnegación de una vida de servicio a los demás, o incluso el primer Mundial ganado por tu selección.
La noche oscura en que Julio se convirtió en otro

No fue un periodista deportivo -la estirpe mejor dotada para el epíteto- quien le puso a Julio Rodríguez el sobrenombre de «ángel de Adamuz». Fue Carmelo, el padre de uno de los viajeros a los que Julio rescató del jeroglífico de hierro del primer vagón del Alvia.
Francia declina, España sestea

Para humillar el orgullo de Francia antes no había más remedio que batirse bajo el sol de Bailén o cruzar la Línea Maginot por las Ardenas. Ahora basta con subirse a una scooter y presentarse en el Louvre a las nueve y media de la mañana por la fachada que da al Sena, elevarse en la grúa de una furgoneta de reformas, cortar la ventana con una radial, acopiar las joyas que quepan en la mano y salir zumbando por donde has venido aunque en la huida pierdas la corona de una emperatriz. No niego que el robo del Louvre sea de película, pero del cine quinqui.
Entre el galgo de Paiporta y el ciclón de Teruel

Si de lo que se trata es de apuntalar la coherencia de una línea editorial, habrá que salir en defensa del fichaje de Belén Esteban por parte de una televisión pública ahormada a imagen de Pedro. Después de la exclusiva de este periódico ya nadie pondrá en duda la continuidad ética y estética entre el presidente del Gobierno y la reina de la telebasura. Dios cría a chonis con horteras y el dinero público los junta.
El Atlántico ético: Canarias como hogar del espíritu

Cada generación tiene el deber moral de descubrir el Mediterráneo, pero inmediatamente después debería ponerse a descubrir el Atlántico. El lugar adecuado para hacerlo es un archipiélago nacido de una perfecta colaboración entre los cuatro elementos: el fuego que lo alumbró y que aún lo amenaza, el mar del que emergió y que lo circunda, la tierra que lo nutre y el aire que lo conserva. Los romanos las creyeron habitadas por perros salvajes, así que las llamaron Canarias.







